juamp2301
Usuario (Argentina)
Les paso un artículo que me pareció interesante sobre el El libro negro del psicoanálisis. Es de la fecha de su publicación. El libro negro ¿del Psicoanálisis? por Lic. Rosa Aksenchuk El pasado 1º de septiembre la editorial parisina Les Arènes publicó en Francia “Le livre noir de la psychanalyse” (”El libro negro del psicoanálisis”), una obra colectiva que congregó a historiadores, filósofos, médicos e investigadores de distintos países quienes, junto con Catherine Meyer -su compiladora y editora- se encargan de continuar y propagar una enconada campaña de desprestigio al psicoanálisis iniciada en EE.UU. hace unas décadas. The Freud War -tal es uno de los nombres que recibe esta “legión”- está integrada por historiadores (entre ellos Mikkel Borch-Jacobsen, uno de los autores de (Le Livre Noir) quienes bajo la autodenominación de “revisionistas” intentaron prohibir enseñanzas, exposiciones y alusiones al Psicoanálisis, entre ellas una exposición sobre Freud en la Biblioteca del Congreso de Washington en el año 1996. En una entrevista concedida por La Nación el 14 de septiembre, Borch-Jacobsen anuncia el fin del Psicoanálisis. “Freud y sus teorías inverosímiles -dice- tienen sus días contados”. Apoyándose en la investigación “detectivesca” de dos casos clínicos, el de Anna O. y el del “Hombre de las Ratas”, y en una lectura carente de profundidad de algunos textos freudianos, Borch-Jacobsen retrata a Freud como un individuo poco fiable que manipuló a su antojo datos clínicos, un propagandista que se arrogó la pretensión de un saber absoluto sobre la psiquis, inventó personajes y mintió, pues “afirmó con frecuencia haber curado pacientes sin que fuera cierto”. La teoría psicoanalítica es considerada por el autor como “vacía”, “una nebulosa sin consistencia” y que “pudo propagarse como lo hizo y adaptarse a contextos diferentes”. Un golpe bajo. Acusar a Freud de mentiroso es tanto más grave cuanto que tuvo la honestidad de publicar tanto sus descubrimientos como sus vacilaciones, tanteos y desaciertos. Mucho sería ambicionar una lectura a la letra de la obra freudiana por parte de estos autores, pero no considero excesivo pretender que se respeten ciertos operadores lógicos de lectura, sin los cuales es imposible desimaginarizar la clínica y evitar rebajar a anécdotas la dignidad de una lógica, como por ejemplo, el concepto de realidad psíquica, entre otros. Algunos de los textos, publicados en el Le Nouvel Observateur (1), permiten comprobar esta dilapidación de la obra del fundador del Psicoanálisis, a quien ajustician in absentia -parafraseando a Freud- y con una evidente falta de competencia para un abordaje serio y profundo como la lectura de la obra freudiana requiere. (1) Ce que dit “le Livre noir de la psychanalyse”. Le Nouvel Observateur, 1 septembre 2005, nº 2130 – Textos como “La fausse guérison de l’Homme aux loups” (”La falsa curación del Hombre de los lobos”, Frank Sulloway. Como partidarios de las TCC (terapias cognitivo-comportamentales nacidas en 1960 en EE.UU), los representantes de Le Livre Noir incitan al público a desconfiar de los tratamientos psicoanalíticos en pos de promocionar psicoterapias convenientes para el establishment, combinadas con antidepresivos y formateados a medida para ayudar a gestiones de salud a bajar los costos. Los psicólogos cognitivos reconocen la eficacia y las ventajas del tratamiento psicofarmacológico de la depresión. Pese a ello, Aaron Beck -su fundador- advierte sobre el hecho de que “los progresos alcanzados en la comprensión de los procesos biológicos subyacentes a los estados depresivos, no parece haberse traducido en una disminución estadística de la incidencia de la depresión en cuanto a frecuencia o gravedad. Cada vez se producen más y mejores antidepresivos, pero la tasa de depresiones y suicidios no sólo no ha disminuido sino que ha crecido”. (2) (2) Barros, Marcelo. La depresión: ¿Un error de juicio? – En Hojas clínicas 4. Publicación de la Cátedra Clínica de Adultos, UBA. Las TCC se centran en el síntoma, en un problema determinado, y en el aspecto manifiesto. Son técnicas de aprendizaje y de condicionamiento como los cuestionarios, algunas técnicas aversivas, las del modelling, el método de tratamientos del autismo ABA (Ivar Lovaas), etc. Desde el Psicoanálisis ponemos en entredicho la eficacia del aprendizaje. En una de sus finas ironías Lacan dice que alguien puede aprender a tocar el piano pero después va a ver su pareja y ahí empieza a aprender como Gribouille. (3) (3) Un personaje francés que a pesar de todo consejo y enseñanza siempre está haciendo “trastadas”. François Sauvagnat, Profesor de Psicopatología de la Universidad de Rennes, destaca que “el método comportamentalista” para el tratamiento del autismo ABA (Ivar Lovaas) es tanto más inquietante cuanto que una de sus versiones se utilizó “para rehabilitar” presos de guerra a Vietnam (algunos de ellos han muerto) (Levy L. 1968, Cotter L. H. 1967 et 1968; Sobsey D. 1993). El tribunal supremo del Canadá el año pasado juzgó que tal método no debía financiarse sobre fondos públicos. Otro método de terapia cognoscitivo fue utilizado por psicólogos militares para torturar recientemente presos de guerra en Irak; al menos uno de los jóvenes fallecidos de la escuela de Columbine había seguido una terapia cognoscitiva. (4) (4) La lettre de François Sauvagnat à Ursula Gauthier du Nouvel Observateur – Pr François Sauvagnat, Université de Rennes (Psychopathologie) – (Une réponse argumentée aux présentations du “Livre noir de la psychanalyse”) http://1libertaire.free.fr/LivreNoirPsy11.html El sitio web de Human Rights Watch amplía al respecto: “Las técnicas de interrogatorio brutales y coercitivas, por ejemplo forzar los presos a permanecer en posiciones dolorosas e incómodas y privarlos de sueño durante largos períodos, se utilizan regularmente en los centros de detención por todas partes en Irak“. El informe previo del General-Comandante Antonio Taguba había descrito “numerosos casos de exacciones obvias”, sádicos e injustificados “constituyentes” de las exacciones sistemáticas e ilegales sobre los presos de Abou Ghraib. Otro informe del Pentágono había descrito 44 acusaciones de crímenes de guerra a Abou Ghraib. Un informe del CICR concluyó que en las secciones de la prisión de Abou Ghraib reservadas a la información militar, “los métodos de dificultad física y psicológica utilizados por los interrogadores parecían formar parte de los procedimientos normales utilizados por los miembros de la información militar para obtener consentimientos y arrancar información”. (5) (5) http://hrw.org/french/docs/2005/04/27/usint10546.htm Para la promoción de estas terapias, los representantes de Le Livre Noir destacan que las TCC son más “eficaces” y “científicamente fundamentadas” por ser “evaluables” y “mensurables” con el debido rigor metodológico de la psicología científica. Una pregunta creo oportuna: ¿Qué los autoriza a considerar que una tendencia norteamericana en cuanto a psicoterapia deba regir el mundo? Cabe destacar que la OMS clasificó a los EE.UU. en el puesto 37 a nivel mundial (”overall goal attainment”, Informe del año 2000). Además, y contrariando sus afirmaciones, queda claro que el Psicoanálisis no se propone como una weltanschaunung (6), Freud lo acentuó en varios lugares de su obra, no pretende ser una cosmovisión, sabemos que una construcción intelectual unitaria del mundo impide al sujeto interrogación alguna acerca de su deseo. (6) Freud, S. Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis. Lección XXXV: “El problema de la concepción del mundo”. Tampoco es una ciencia. Es imposible una evaluación conforme con los criterios utilizados en los estudios clásicos, es decir en el principio, durante y hacia el final del tratamiento que influiría inevitablemente en el curso del trabajo analítico. Además, ¿qué podría garantizar la veracidad y lealtad de los resultados de una evaluación realizada por los propios detractores del psicoanálisis? Cabe señalar que la publicación de Le Livre Noir viene a la zaga de otros episodios acaecidos en Francia, la demanda Accoyer de reglamentación del ejercicio de las psicoterapias y un informe del INSERM (7), que marcando una neta superioridad de las TCC por sobre las teorías relacionales, fue retirado por el ministro de salud Philippe Douste Blazy quien ante una asamblea reunida en París concluyó que una sociedad debe reconocer que no existe una única respuesta al sufrimiento psíquico. (7) Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica. Miller afirma al respecto: “El psicoanálisis no puede ser evaluado sino por lo pacientes”. (8) (8) Jacques-Alain Miller responde a los anti-Freud. Le point, 22/09/05, n°1723, página 80. ¿Por qué estas almas caritativas alertan con tanto empeño al público sobre los peligros del psicoanálisis? El paisaje puede aclararse si se tiene en cuenta su idilio con la industria farmacológica. En varios lugares puede encontrarse material sobre este asunto. Uno de amplia difusión en Francia es el blog que dedica al debate Pierre Assouline, escritor y periodista del periódico Le Monde donde señala a Philippe Pignarre como adversario resuelto del psicoanálisis ligado durante mucho tiempo a un gran grupo farmacéutico y con estrecha vinculación con -al menos- algunos de los representantes del Livre Noir. (9) (9) Le république des livres. Le blog de Pierre Assouline. http://passouline.blog.lemonde.fr/livres/2005/10/feu_sur_freud.html Cabe aclarar que el Psicoanálisis no está reñido ni con la ciencia ni con la tecnología, que son algunas de las vías que encuentra el ser humano para enfrentar lo real. Lo que resulta inaceptable es la compilación canallesca de embustes que estos anti-Freud disfrazan con una falsa invocación a la ciencia, tan falaz cuanto que la ciencia les importa tan sólo como etiqueta para “garantizar” el producto que venden y al precio de nuestra propia subjetividad. Como señala Roudinesco: “reducen al hombre a una cosa y al sujeto a una mercancía, pretendiendo obedecer con ello a los principios de un nuevo humanismo científico”. (10) (10) Roudinesco refiere aquí a los revisionistas como uno de los elementos principales de esta pulsión (impulso) evaluadora generalizada que ha invadido las sociedades liberales. En otro pasaje de la entrevista, Borch-Jacobsen afirma que en los EEUU. el psicoanálisis “está completamente borrado del mapa en los departamentos de Psiquiatría y Psicología de todas las universidades”. Una exploración vía Internet permite constatar lo contrario, con la salvedad que en los programas de algunas universidades norteamericanas recibe la denominación de Psicoterapias Psicodinámicas. Aún cuando el Psicoanálisis atraviese un momento de crisis, cuyas causas los autores solapadamente no evocan, no es cierto que haya perdido vigencia. Roudinesco informa, al respecto, en una nota publicada el 29 de agosto (11) que está sólidamente implantado en 41 países y en vías de expansión en los países del antiguo bloque soviético donde se había prohibido, incluso en el mundo árabe e islámico. (11) Elisabeth Roudinesco. Note de lecture et commentaire du Livre noir de la psychanalyse. Pour information, Paris, le 29 août 2005. Si bien el intento de desacreditación al Psicoanálisis es antiguo y conocido por los psicoanalistas de todas las épocas, el ataque de los autores de Le Livre Noir es de tal virulencia que orilla el insulto. A todos los psicoanalistas, desde Freud a nuestros días y de todas las tendencias, le imputan haber cometido una “catástrofe sanitaria” al impedir el desarrollo de tratamientos médicos de sustitución en toxicómanos (10.000 muertes en Francia, señalan) y haber aplicado tortuosas interpretaciones a padres de niños autistas desconociendo la etiología “neurofisiológica” de esta patología. (12) (12) Ce que dit “Livre noir de la psychanalyse”, Le Nouvel Observateur, 1 septembre 2005, nº 2130. En su afán de causar impacto y ganar adeptos y “clientes” (13) recurren, en este caso, al sensacionalismo reflejado en las cifras y a acusaciones dirigidas no a la parte implicada sino a toda una disciplina. (13) Carl Rogers prefiere utilizar el término cliente en lugar de paciente. Para enero se anuncia la publicación de otro libro que prolongaría ciertas argumentaciones de Le Livre Noire. El citado Borch-Jacobsen y Sonu Shamdasani (autor de varias obras sobre Jung) serían sus autores. Lo que más molesta, creo, no es tanto la mordacidad retórica de sus declaraciones sino la invocación a la ciencia y al pretendido rigor de razonamiento científico que no es respetado por ellos mismos, de modo tal que presentan como verdades aserciones puramente hipotéticas o graves acusaciones sin un fundamento empírico serio. Aún así, tales invectivas no logran desacreditar la teoría, por el contrario, sus intentos son fallidos. Lo absurdo de sus enunciados, sumado a distorsiones, observaciones abusivas, afirmaciones infundadas y críticas moralistas, convierten a Le Livre Noir en un reality show más próximo a una caza de brujas que a un trabajo científico. [*] Psicoanalista. Licenciada en Psicología. Universidad de Buenos Aires. Editora Asociada de la Revista Observaciones Filosóficas. http://www.observacionesfilosoficas.net. Directora de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires http://www.psikeba.com.ar/. Coordinadora de Arès Atención Psicológica: http://www.arespsi.com.ar. E-mail: [email protected] Cita :http://soydondenopienso.wordpress.com/2007/12/01/el-libro-negro-del-psicoanalisis/
Este post es parte de una respuesta ante una crítica surgida de un post anterior (sobre el "Libro negro del Psicoanálisis" y la respuesta que daba una psicoanalista ante su surgimiento) y que me parece que tiene una importancia tal que es preciso darle un lugar privilegiado, ya que en mi opinión da en el blanco, a su manera, con respecto a la discusión sostenida desde sus inicios entre el psicoanálisis y otras prácticas psi que se manifiestan abiertamente en su contra. En otros tiempos, en nombre de su peligrosidad, y hoy, además, en nombre de la Ciencia, lo que lleva la discusión a un terreno respetable (aunque no siempre se manifiesten con claridad los supuestos científicos que subyacen a la crítica). Esta discusión ha derivado actualmente en un estado tal que nada tendría que envidiarle a la maldición de Babel, consecuencia inevitable si consideramos que la base de toda comunicación es siempre el malentendido. Sin embargo, éste no es motivo suficiente para desestimarla, ya que hay prácticas concretas en juego y una dimensión ética de gran importancia, ya que se trata de la vida de los que acuden a los psi lo que está en juego en ella. La crítica textual que me incita a escribir es la siguiente: "basta de defender lo indefendible. soy psicologo y ayude a muchos pacientes con la TCC..el psicoanalisis es solo un dogma,quienes lo quieran que lo defiendan, solo pierden su tiempo y lo peor es que perjudican a sus pacientes...la salud mental no es un juego..." No es una crítica desconocida para nadie, se encuentra cada vez más instalada en el sentido común, y como tal merece ser escuchada, sobre todo proviniendo de una persona con autoridad, con título certificado por una Universidad, del cual yo carezco. Si se me solicitaran mis credenciales para participar de esta discusión, sólo podria sacar mi trabajo como Acompañante Terapéutico y como Docente de psicología, para mostrar que me encuentro mínimamente legitimado. Por lo cuál osé aventurar sino una respuesta, al menos una visión de esta problemática sustentada en mi experiencia. A considerar a título de opinión entonces, que espera ser recibida y elaborada por alguien, por lo tanto, contestada. Comencé en estos términos: "coincido con vos.. la salud mental no es un juego.. particularmente no hago clínica psicológica, tendría que ser psicólogo para eso, lo que no quiere decir que no me preocupe por estudiar la psicología y sus contradicciones.. trabajo en dos campos concretos, ya que de concretos se trata en esta cuestión de la ayuda: educación y acompañamiento terapéutico. son dos campos que tienen sus especificidades, especialmente el segundo, que se encuentra mayoritariamente en dependencia de la línea de trabajo que adopte el psiquiatra, psicólogo, terapista ocupacional, médico, o el profesional que requiera el uso de este último dispositivo.. sería algo así como una especie de prótesis, de sostén del yo, para aumentar su capacidad de resiliencia, concepto muy de moda en estos días (también utilizado en educación, pero esa es otra historia que se va por las ramas, aunque se puedan establecer relaciones considerables)" A partir de allí me adentré de lleno en la cuestión que más me había resonado del mensaje, la cateogoría de "salud mental". "Es algo que nos afecta a todos, que todos tenemos presente en algún momento, ya que es el ideal a alcanzar.. y es también un ideal problemático ya que su definición no deja de ser imprecisa, por más que definir a la salud como un estado de bienestar biológico psicológico y social tenga su importancia.." Parece ser que esta cuestión conceptual de la "salud mental" es uno de los pivotes sobre los cuales gira el no-diálogo del problema. Personalmente, es una noción que vivo como contradictoria, ya que no dejo de encontrar contradicciones en el modo en que este concepto es manejado por cada profesional. Siempre aparece algo impreciso en esto del bienestar, que no deja que se determine con rigurosidad. No es lo mismo el bienestar para cualquier persona, e incluso cabría preguntarse de si se trata de un concepto adecuado para una Ciencia. En mi práctica docente, el concepto de salud aparece también relacionado con el bienestar, por poco que se lo discuta. Este bienestar viene por lo general acompañado de reivindicaciones sociales y políticas de todo tipo, lo que debería bastar para advertir sobre la no-ingenuidad del concepto de salud -con más razón aún sobre su no-objetividad- sino de su carácter ético-político. Como tal, definible siempre en cada situación concreta, según los ideales que cada quien profese. En mis preocupaciones en torno a este concepto de salud he recurrido a diversas fuentes, diversas concepciones que se tienen de la misma, desde las propuestas por la OMS hasta las sus concepciones explícitamente politizadas (psicología de la liberación, por ejemplo). También he transitado por la interminable clasificación de los trastornos de la salud mental que nos ofrece el DSM (haciendo referencia con "intermibale" a que estas clasificaciones se han venido siempre reordenando, desde los inicios de la psiquiatría, según el criterio ordenador que surge como hegemónico en cada período histórico. El DSM ya está lanzando su quinta versión basada en un criterio fenoménico-estadístico). No desconozco todo ese campo, todos esos intentos, y tampoco los rechazo. Me parece bien que existan terapias basadas estrictamente en la consideración de un síntoma, según el modelo de la semiología médica. Después de todo, el malestar subjetivo busca siempre diferentes vías de resolución, que no siempre pasan por el ámbito psi (supongo que está de más aclararlo). La eliminación radical del síntoma por parte de las TCC no es algo que se encuentre en discusión, es un hecho de experiencia. Si hablamos de predilecciones personales en el acompañamiento terapéutico, por ejemplo, veo grandes posibilidades para los desarrollos en psicología sistémica. Ahora bien, ya que de la psicología mundialmente hegemónica no restan dudas sobre su eficacia (debido a que su eficacia se mide precisamente por el criterio de la eliminación del síntoma, una cuestión que no podría medirse en psicoanálisis ya que su eficacia no apunta allí, algo que debería tenerse en cuenta a la hora de cualquier pretensión de comparación), me gustaría situar mi opinión desde aquello que es rechazado, honestamente en algunos casos, y no sin cierta vehemencia en otros. Es decir, que en este conjunto de cosas, sigo apostando fundamentalmente al psicoanálisis. Una apuesta sustentada en que es la única praxis que ha dado lugar a la subjetividad, un lugar central, que ha permitido formalizarla estrictamente a partir de relaciones que se dan en y por el lenguaje, y ha permitido ordenar los efectos que de estas relaciones se desprenden, a fin de estar advertidos sobre las posibles consecuencias de nuestros actos (en mi caso, me refiero a mis actos en tanto acompañante terapéutico, claro está). Tengo además, intereses teóricos, el psicoanálisis ha permitido reinsertar el problema de la subjetividad en diferentes campos (sociología, política, antropología, lingüística, teatro y literatura, economía incluso); es otro motivo por el cual recurro a él, ninguna disciplina ha brindado mejor formalización de la subjetividad en mi opinión (subjetividad que jamás es individual, sino que es subjetividad siempre en relación social mediada por el lenguaje -involucra en este sentido no sólo a un sujeto deseante sino una dimensión histórico-social). El hecho de que sea un recorrido difícil el que el psicoanálisis propone para adentrarse en estas cuestiones, no significa que sea indefendible, mucho menos incomprensible. Sobre su caracter científico me gustaría resaltar algunas cuestiones, con la intención de aclarar un poco (aclararme y aclarar a alguien, ya que la escritura tiene ese efecto) los términos del debate. No exhaustivamente, pero sí algunas afirmaciones que lleven a pensar sobre la naturaleza acertada de algunas críticas y lo gratuita de otras. Por si quedan dudas, repito, que escribiré con la mayor claridad posible (aún a riesgo de desvirtuar algunas cuestiones), sustentandome en el saber psicoanalítico, en especial, el lacaniano (sin por ello citar textualmente a Lacan, y tratando de evitar en la medida de lo posible los términos psicoanalíticos que serían necesarios para exponer las cosas con rigurosidad). Esta es la cita de la respuesta que di en el posteo anterior: "Sobre su fundamento epistemológico: Es necesario comprender que no se trata de hipotético-deductivismo (modelo propuesto por Popper, modelo a ser interrogado, baste leer a su discípulo Lakatos), sino que se trata de una reelaboración de la dialéctica teniendo en cuenta la materialidad del lenguaje, materialidad que puede advertirse en toda relación humana, a condición de no creerse que lo material es sólo aquello que se puede tocar -incluir en esta materialidad las relaciones fonemáticas y las leyes de su ordenamiento formalizadas por la lingüística-. Sobre lo generalizable: Este no es el punto más controvertido que podría presentar el psicoanálisis, pero es una de las cuestiones que se esgrimen en su contra. El resultado de muchas décadas de intentar incluir la subjetividad en el discurso de la ciencia ha dado como resultado un saber teórico que es generalizable a cualquier experiencia humana. Es generalizable, pero no es estrictamente aplicable, ya que no se trata de un saber técnico. El psicoanálisis ha producido, como uno de sus resultados, un saber que permite situar coordenadas, según un modelo sustentado en tres registros de inscripción para toda experiencia. Hablo de Real-Simbólico-Imaginario, que son las categorías utilizadas por Lacan para formalizar la teoría, pero que trascienden en cierto modo el saber parcial del psicoanálisis. Toda experiencia humana puede ordenarse en base a estos tres registros y sus modos particulares de funcionamiento, aunque sea el registro de lo real el que se resiste a una formalización. En cuanto a la estrategia del análisis, es también generalizable. Hay puntos estratégicos que un analista debe respetar (remitirse a Lacan), lo que determina que en su estrategia no sea tan libre como en su táctica. Como todos sabemos, una estrategia se define en función de un objetivo (y de una ética por tanto): apostar a la dimensión deseante de todo sujeto es la analítica (hasta podría pensarse algo de esta cuestión del deseo desde el concepto de "agenciamiento" de Deleuze -filósofo en oposición al psicoanálisis, aclaro-) Sobre la singularidad de cada experiencia: Esta es la cuestión más problemática, y por la cual el psicoanálisis ha renunciado a sus pretenciones de pertenecer al discurso de la Ciencia. No es que no recurra a ese discurso, posee un saber y una estrategia general -al menos en el psicoanálisis tal como Lacan lo reinventó-. El problema surge cuando ese saber se muestra impotente para ser aplicado a una subjetividad que sería su objeto. De ahí la necesidad del término "sujeto", ya que no puede ser totalmente objetivido, esto sería desconocer su ex-sistencia e introducirlo en el estrecho campo de nuestros prejuicios. El sujeto que acude, ya que la dimensión del deseo y del goce están siempre presentes, no se deja objetivizar bajo un saber universal. Si bien el analista, desde su lugar de teórico, posee dicho saber, en su clínica deberá ajustarse a una estrategia que permita que se despliegue la subjetividad del analizante (o el paciente en las psicologías de inspiración médica). No es que el síntoma no pueda erradicarse directamente (fueron los primeros intentos de Freud), sino que es la subjetividad de cada cual la que sostiene a esos síntomas. En la medida en que a dicha subjetividad (con sus modos de funcionamiento estrictamente singulares, a construir cada vez en cada análisis, caso por caso) se le permita su expresión, se podrá intervenir según las reglas fijadas para la experiencia analítica. Como puede verse, es ilógico, pretender someterse a la exigencia de la Aplicación que propone la Ciencia, cuando de lo que se trata es de la reinvención de la teoría en cada caso singular, única forma de transformar la subjetividad según el deseo de cada analizante (y no del analista). El síntoma adquiere solamente un valor secundario que será transformado como efecto de esta praxis. Esto lleva al psicoanálisis a sostener que no se trata de una ciencia, por más que su fundamentación recurra al discurso científico, sino más bien de algo más cercano a un arte. O, en todo caso, una ciencia de lo particular, que se reinventa en el caso por caso según principios generales sólidamente establecidos. ¿A qué lleva todo esto? Primero: no todo el mundo puede pasar por un psicoanálisis. Esto cada analista bien lo sabe. el cuestionamiento radical de la subjetividad es algo que sólo vale para algunos sujetos. En otros, este es el caso de los psicóticos por ejemplo, un análisis llevaría a precipitarlo hacia la locura. Es un efecto muy real de la experiencia analítica, tristemente experimentado en los períodos de su constitución. Hoy, el modo del trabajo con las psicosis es diferente (es, por otra parte, la posibilidad de incluir un acompañamiento, donde este dispositivo en el que trabajo cobra un valor especial -al que le queden dudas que vea el trabajo que se lleva adelante en el Borda-). Segundo: El psicoanálisis no pretenderá ser ya una ciencia, ya que objetivizar al sujeto es aplastar su dimensión deseante en función de los intereses del terapeuta. Tercero: La cuestión de la salud mental se convierte en la cuestión de la posibilidad de elaboración y transformación del sufrimiento subjetivo según los recursos que pueda sostener la estructura de cada uno. Salud y cura son conceptos que deben ser transformados para integrarse a la lógica del psicoanálisis. Cuarto: Otros tipos de experiencia son utilizabes, incluso altamente recomendables, en los casos que no puedan pasar por un análisis, todo aquello que quede excluido del campo de las neurosis, que utilice otros mecanismos. Cuando se trata de adicciones, anorexias, para nombrar dos ejemplos, se recurren a otras técnicas que no son las del dispositivo analítico, pero siempre apostando por dar lugar a la dimensión subjetiva, tal como se entiende en el psicoanálisis y no en cualquier sentido común. Vale lo mismo para el trabajo en educación, en instituciones diversas (e históricamente en empresas, cuestión que fue más fuerte en USA). Posee un saber general utilizable en gran cantidad de experiencias, pero incluyendo a la subjetividad de modo tal que sea preciso reinventar la teoría y la estrategia ante cada situación particular cuando se exceden los límites del consultorio. Incluso se ha utilizado para el trabajo político (¿hay que aclarar que desde las élites dominantes y desde los mass-media se ha recurrido innumerables veces al psicoanálisis con el objetivo dominar las subjetividades? Tristemente la contracara del dispositivo analítico, es que su Aplicación social es siempre nefasta, cuestión que ha sabido explotarse durante mucho tiempo. Saber mirar aquí.) Quinto: Por último, no por ser el término de las consecuencias, sino para abreviar, la cuestión de la dirección de la cura, la dirección del tratamiento, el objetivo de la terapéutica, como quiera llamarse, queda circunscripto a una cuestión ética, y por lo tanto también política. Es una discusión que debe darse necesariamente en el campo de la psicología, para no quedar inmovilizados en una eterna disputa sobre el centramiento o no en el síntoma. Es estrictamente una cuestión de incumbencia profesional de los psicólogos y psicoanalistas, que lamentablemente no ha sido puesta en diálogo sincero en casi ninguna parte. Es un debate necesario y es, en ese sentido, lamentable que la discusión en torno a la Ciencia lo haya sofocado. Creo que es lo único que podría permitir situar a cada práctica psi en el lugar que le corresponde." ¿Qué pretendo con esto? No demasidas cosas, podría decir. Tal vez que le sirva a algún interesado en estas cuestiones (he visto varios en este sitio) para situar mejor los términos de un diálogo. Quisiera, como trabajador del campo de la salud (y también de la educación), ante la importancia del debate, que se evite la trampa de una lucha encarnizada en torno al síntoma y comience a plantearse en términos de la ética que sustenta a cada disciplina, de las oportunidades que abre cada una, de aquello que tiene por excluido, de sus posibilidades de realización (y por tanto, de las inconveniencias de su realización), de los efectos que cada cual provoca. Sólo de esta forma, creo yo, es posible evaluar la ética de cada profesional en su consultorio o ámbito de intervención, interrogando a la disciplina en la cual se inserta. Considerar que las TCC no pertenezcan al campo de la Ciencia es imposible (aunque su articulación con las psicologías cognitivas es algo posterior, primero surgieron como franco rechazo al psicoanálisis estadounidense). Habría que preguntarse, sin embargo, cuál es el modelo de Ciencia que sostienen (cualquiera que se haya preocupado por cuestiones epistemológicas sabrá que la práctica científica no tiene modelos únicos, ni siquiera métodos, sino diferentes ideales a alcanzar que no siempre se respetan). Reducir al psicoanálisis a una cuestión de oscurantismo, brujería, chamanismo, Gran Mentira, o como quiera nombrarse, no es válido en absolutamente ninguna posición científica honesta. Si algo debe regir la ética del intelectual es discutir una teoría aceptando previamente sus postulados, realizando un serio trabajo de investigación. Cuestión que muy pocas veces se ha realizado por parte de cognitivos comportamentales y de analistas, tal vez por una verdadera falta de interés. La salud mental no es un juego, es un concepto. Yo diría más bien que el malestar subjetivo no debería ser tratado como un juego. Planteado en esos términos, porque son los que me permiten orientar una praxis concreta en mi experiencia de acompañante. Con respecto a la salud mantengo mis reservas, lo he utilizado algunas veces como motivo de reivindicación política, pero veo en eso también un peligro, en nombre de la salud puede desatarse una lucha entre las más variadas tendencias de la adaptación social (las pasivas de sometimiento y las activas de transformación), una lucha que puede moverse en términos tan imprecisos que puede alojar simultaneamente, por poner un simple ejemplo históricamente significativo, a quienes sostienen la necesidad de la liberación sexual y a quienes sostienen la peligrosidad del sexo. Podrían encontrarse más. Las categorías éticas necesitan ser reevaluadas en el transcurso de un sincero debate. Espero que nadie se haya aburrido con estas palabras, y que los que entraron a curiosear encuentren alguna utilidad en ella. Queda abierto el espacio para comentar y para criticar.
Este post es parte de una respuesta ante una crítica surgida de un post anterior (sobre el "Libro negro del Psicoanálisis" y la respuesta que daba una psicoanalista ante su surgimiento) y que me parece que tiene una importancia tal que es preciso darle un lugar privilegiado, ya que en mi opinión da en el blanco, a su manera, con respecto a la discusión sostenida desde sus inicios entre el psicoanálisis y otras prácticas psi que se manifiestan abiertamente en su contra. En otros tiempos, en nombre de su peligrosidad, y hoy, además, en nombre de la Ciencia, lo que lleva la discusión a un terreno respetable (aunque no siempre se manifiesten con claridad los supuestos científicos que subyacen a la crítica). Esta discusión ha derivado actualmente en un estado tal que nada tendría que envidiarle a la maldición de Babel, consecuencia inevitable si consideramos que la base de toda comunicación es siempre el malentendido. Sin embargo, éste no es motivo suficiente para desestimarla, ya que hay prácticas concretas en juego y una dimensión ética de gran importancia, ya que se trata de la vida de los que acuden a los psi lo que está en juego en ella. La crítica textual que me incita a escribir es la siguiente: "basta de defender lo indefendible. soy psicologo y ayude a muchos pacientes con la TCC..el psicoanalisis es solo un dogma,quienes lo quieran que lo defiendan, solo pierden su tiempo y lo peor es que perjudican a sus pacientes...la salud mental no es un juego..." No es una crítica desconocida para nadie, se encuentra cada vez más instalada en el sentido común, y como tal merece ser escuchada, sobre todo proviniendo de una persona con autoridad, con título certificado por una Universidad, del cual yo carezco. Si se me solicitaran mis credenciales para participar de esta discusión, sólo podria sacar mi trabajo como Acompañante Terapéutico y como Docente de psicología, para mostrar que me encuentro mínimamente legitimado. Por lo cuál osé aventurar sino una respuesta, al menos una visión de esta problemática sustentada en mi experiencia. A considerar a título de opinión entonces, que espera ser recibida y elaborada por alguien, por lo tanto, contestada. Comencé en estos términos: "coincido con vos.. la salud mental no es un juego.. particularmente no hago clínica psicológica, tendría que ser psicólogo para eso, lo que no quiere decir que no me preocupe por estudiar la psicología y sus contradicciones.. trabajo en dos campos concretos, ya que de concretos se trata en esta cuestión de la ayuda: educación y acompañamiento terapéutico. son dos campos que tienen sus especificidades, especialmente el segundo, que se encuentra mayoritariamente en dependencia de la línea de trabajo que adopte el psiquiatra, psicólogo, terapista ocupacional, médico, o el profesional que requiera el uso de este último dispositivo.. sería algo así como una especie de prótesis, de sostén del yo, para aumentar su capacidad de resiliencia, concepto muy de moda en estos días (también utilizado en educación, pero esa es otra historia que se va por las ramas, aunque se puedan establecer relaciones considerables)" A partir de allí me adentré de lleno en la cuestión que más me había resonado del mensaje, la cateogoría de "salud mental". "Es algo que nos afecta a todos, que todos tenemos presente en algún momento, ya que es el ideal a alcanzar.. y es también un ideal problemático ya que su definición no deja de ser imprecisa, por más que definir a la salud como un estado de bienestar biológico psicológico y social tenga su importancia.." Parece ser que esta cuestión conceptual de la "salud mental" es uno de los pivotes sobre los cuales gira el no-diálogo del problema. Personalmente, es una noción que vivo como contradictoria, ya que no dejo de encontrar contradicciones en el modo en que este concepto es manejado por cada profesional. Siempre aparece algo impreciso en esto del bienestar, que no deja que se determine con rigurosidad. No es lo mismo el bienestar para cualquier persona, e incluso cabría preguntarse de si se trata de un concepto adecuado para una Ciencia. En mi práctica docente, el concepto de salud aparece también relacionado con el bienestar, por poco que se lo discuta. Este bienestar viene por lo general acompañado de reivindicaciones sociales y políticas de todo tipo, lo que debería bastar para advertir sobre la no-ingenuidad del concepto de salud -con más razón aún sobre su no-objetividad- sino de su carácter ético-político. Como tal, definible siempre en cada situación concreta, según los ideales que cada quien profese. En mis preocupaciones en torno a este concepto de salud he recurrido a diversas fuentes, diversas concepciones que se tienen de la misma, desde las propuestas por la OMS hasta las sus concepciones explícitamente politizadas (psicología de la liberación, por ejemplo). También he transitado por la interminable clasificación de los trastornos de la salud mental que nos ofrece el DSM (haciendo referencia con "intermibale" a que estas clasificaciones se han venido siempre reordenando, desde los inicios de la psiquiatría, según el criterio ordenador que surge como hegemónico en cada período histórico. El DSM ya está lanzando su quinta versión basada en un criterio fenoménico-estadístico). No desconozco todo ese campo, todos esos intentos, y tampoco los rechazo. Me parece bien que existan terapias basadas estrictamente en la consideración de un síntoma, según el modelo de la semiología médica. Después de todo, el malestar subjetivo busca siempre diferentes vías de resolución, que no siempre pasan por el ámbito psi (supongo que está de más aclararlo). La eliminación radical del síntoma por parte de las TCC no es algo que se encuentre en discusión, es un hecho de experiencia. Si hablamos de predilecciones personales en el acompañamiento terapéutico, por ejemplo, veo grandes posibilidades para los desarrollos en psicología sistémica. Ahora bien, ya que de la psicología mundialmente hegemónica no restan dudas sobre su eficacia (debido a que su eficacia se mide precisamente por el criterio de la eliminación del síntoma, una cuestión que no podría medirse en psicoanálisis ya que su eficacia no apunta allí, algo que debería tenerse en cuenta a la hora de cualquier pretensión de comparación), me gustaría situar mi opinión desde aquello que es rechazado, honestamente en algunos casos, y no sin cierta vehemencia en otros. Es decir, que en este conjunto de cosas, sigo apostando fundamentalmente al psicoanálisis. Una apuesta sustentada en que es la única praxis que ha dado lugar a la subjetividad, un lugar central, que ha permitido formalizarla estrictamente a partir de relaciones que se dan en y por el lenguaje, y ha permitido ordenar los efectos que de estas relaciones se desprenden, a fin de estar advertidos sobre las posibles consecuencias de nuestros actos (en mi caso, me refiero a mis actos en tanto acompañante terapéutico, claro está). Tengo además, intereses teóricos, el psicoanálisis ha permitido reinsertar el problema de la subjetividad en diferentes campos (sociología, política, antropología, lingüística, teatro y literatura, economía incluso); es otro motivo por el cual recurro a él, ninguna disciplina ha brindado mejor formalización de la subjetividad en mi opinión (subjetividad que jamás es individual, sino que es subjetividad siempre en relación social mediada por el lenguaje -involucra en este sentido no sólo a un sujeto deseante sino una dimensión histórico-social). El hecho de que sea un recorrido difícil el que el psicoanálisis propone para adentrarse en estas cuestiones, no significa que sea indefendible, mucho menos incomprensible. Sobre su caracter científico me gustaría resaltar algunas cuestiones, con la intención de aclarar un poco (aclararme y aclarar a alguien, ya que la escritura tiene ese efecto) los términos del debate. No exhaustivamente, pero sí algunas afirmaciones que lleven a pensar sobre la naturaleza acertada de algunas críticas y lo gratuita de otras. Por si quedan dudas, repito, que escribiré con la mayor claridad posible (aún a riesgo de desvirtuar algunas cuestiones), sustentandome en el saber psicoanalítico, en especial, el lacaniano (sin por ello citar textualmente a Lacan, y tratando de evitar en la medida de lo posible los términos psicoanalíticos que serían necesarios para exponer las cosas con rigurosidad). Esta es la cita de la respuesta que di en el posteo anterior: "Sobre su fundamento epistemológico: Es necesario comprender que no se trata de hipotético-deductivismo (modelo propuesto por Popper, modelo a ser interrogado, baste leer a su discípulo Lakatos), sino que se trata de una reelaboración de la dialéctica teniendo en cuenta la materialidad del lenguaje, materialidad que puede advertirse en toda relación humana, a condición de no creerse que lo material es sólo aquello que se puede tocar -incluir en esta materialidad las relaciones fonemáticas y las leyes de su ordenamiento formalizadas por la lingüística-. Sobre lo generalizable: Este no es el punto más controvertido que podría presentar el psicoanálisis, pero es una de las cuestiones que se esgrimen en su contra. El resultado de muchas décadas de intentar incluir la subjetividad en el discurso de la ciencia ha dado como resultado un saber teórico que es generalizable a cualquier experiencia humana. Es generalizable, pero no es estrictamente aplicable, ya que no se trata de un saber técnico. El psicoanálisis ha producido, como uno de sus resultados, un saber que permite situar coordenadas, según un modelo sustentado en tres registros de inscripción para toda experiencia. Hablo de Real-Simbólico-Imaginario, que son las categorías utilizadas por Lacan para formalizar la teoría, pero que trascienden en cierto modo el saber parcial del psicoanálisis. Toda experiencia humana puede ordenarse en base a estos tres registros y sus modos particulares de funcionamiento, aunque sea el registro de lo real el que se resiste a una formalización. En cuanto a la estrategia del análisis, es también generalizable. Hay puntos estratégicos que un analista debe respetar (remitirse a Lacan), lo que determina que en su estrategia no sea tan libre como en su táctica. Como todos sabemos, una estrategia se define en función de un objetivo (y de una ética por tanto): apostar a la dimensión deseante de todo sujeto es la analítica (hasta podría pensarse algo de esta cuestión del deseo desde el concepto de "agenciamiento" de Deleuze -filósofo en oposición al psicoanálisis, aclaro-) Sobre la singularidad de cada experiencia: Esta es la cuestión más problemática, y por la cual el psicoanálisis ha renunciado a sus pretenciones de pertenecer al discurso de la Ciencia. No es que no recurra a ese discurso, posee un saber y una estrategia general -al menos en el psicoanálisis tal como Lacan lo reinventó-. El problema surge cuando ese saber se muestra impotente para ser aplicado a una subjetividad que sería su objeto. De ahí la necesidad del término "sujeto", ya que no puede ser totalmente objetivido, esto sería desconocer su ex-sistencia e introducirlo en el estrecho campo de nuestros prejuicios. El sujeto que acude, ya que la dimensión del deseo y del goce están siempre presentes, no se deja objetivizar bajo un saber universal. Si bien el analista, desde su lugar de teórico, posee dicho saber, en su clínica deberá ajustarse a una estrategia que permita que se despliegue la subjetividad del analizante (o el paciente en las psicologías de inspiración médica). No es que el síntoma no pueda erradicarse directamente (fueron los primeros intentos de Freud), sino que es la subjetividad de cada cual la que sostiene a esos síntomas. En la medida en que a dicha subjetividad (con sus modos de funcionamiento estrictamente singulares, a construir cada vez en cada análisis, caso por caso) se le permita su expresión, se podrá intervenir según las reglas fijadas para la experiencia analítica. Como puede verse, es ilógico, pretender someterse a la exigencia de la Aplicación que propone la Ciencia, cuando de lo que se trata es de la reinvención de la teoría en cada caso singular, única forma de transformar la subjetividad según el deseo de cada analizante (y no del analista). El síntoma adquiere solamente un valor secundario que será transformado como efecto de esta praxis. Esto lleva al psicoanálisis a sostener que no se trata de una ciencia, por más que su fundamentación recurra al discurso científico, sino más bien de algo más cercano a un arte. O, en todo caso, una ciencia de lo particular, que se reinventa en el caso por caso según principios generales sólidamente establecidos. ¿A qué lleva todo esto? Primero: no todo el mundo puede pasar por un psicoanálisis. Esto cada analista bien lo sabe. el cuestionamiento radical de la subjetividad es algo que sólo vale para algunos sujetos. En otros, este es el caso de los psicóticos por ejemplo, un análisis llevaría a precipitarlo hacia la locura. Es un efecto muy real de la experiencia analítica, tristemente experimentado en los períodos de su constitución. Hoy, el modo del trabajo con las psicosis es diferente (es, por otra parte, la posibilidad de incluir un acompañamiento, donde este dispositivo en el que trabajo cobra un valor especial -al que le queden dudas que vea el trabajo que se lleva adelante en el Borda-). Segundo: El psicoanálisis no pretenderá ser ya una ciencia, ya que objetivizar al sujeto es aplastar su dimensión deseante en función de los intereses del terapeuta. Tercero: La cuestión de la salud mental se convierte en la cuestión de la posibilidad de elaboración y transformación del sufrimiento subjetivo según los recursos que pueda sostener la estructura de cada uno. Salud y cura son conceptos que deben ser transformados para integrarse a la lógica del psicoanálisis. Cuarto: Otros tipos de experiencia son utilizabes, incluso altamente recomendables, en los casos que no puedan pasar por un análisis, todo aquello que quede excluido del campo de las neurosis, que utilice otros mecanismos. Cuando se trata de adicciones, anorexias, para nombrar dos ejemplos, se recurren a otras técnicas que no son las del dispositivo analítico, pero siempre apostando por dar lugar a la dimensión subjetiva, tal como se entiende en el psicoanálisis y no en cualquier sentido común. Vale lo mismo para el trabajo en educación, en instituciones diversas (e históricamente en empresas, cuestión que fue más fuerte en USA). Posee un saber general utilizable en gran cantidad de experiencias, pero incluyendo a la subjetividad de modo tal que sea preciso reinventar la teoría y la estrategia ante cada situación particular cuando se exceden los límites del consultorio. Incluso se ha utilizado para el trabajo político (¿hay que aclarar que desde las élites dominantes y desde los mass-media se ha recurrido innumerables veces al psicoanálisis con el objetivo dominar las subjetividades? Tristemente la contracara del dispositivo analítico, es que su Aplicación social es siempre nefasta, cuestión que ha sabido explotarse durante mucho tiempo. Saber mirar aquí.) Quinto: Por último, no por ser el término de las consecuencias, sino para abreviar, la cuestión de la dirección de la cura, la dirección del tratamiento, el objetivo de la terapéutica, como quiera llamarse, queda circunscripto a una cuestión ética, y por lo tanto también política. Es una discusión que debe darse necesariamente en el campo de la psicología, para no quedar inmovilizados en una eterna disputa sobre el centramiento o no en el síntoma. Es estrictamente una cuestión de incumbencia profesional de los psicólogos y psicoanalistas, que lamentablemente no ha sido puesta en diálogo sincero en casi ninguna parte. Es un debate necesario y es, en ese sentido, lamentable que la discusión en torno a la Ciencia lo haya sofocado. Creo que es lo único que podría permitir situar a cada práctica psi en el lugar que le corresponde." ¿Qué pretendo con esto? No demasidas cosas, podría decir. Tal vez que le sirva a algún interesado en estas cuestiones (he visto varios en este sitio) para situar mejor los términos de un diálogo. Quisiera, como trabajador del campo de la salud (y también de la educación), ante la importancia del debate, que se evite la trampa de una lucha encarnizada en torno al síntoma y comience a plantearse en términos de la ética que sustenta a cada disciplina, de las oportunidades que abre cada una, de aquello que tiene por excluido, de sus posibilidades de realización (y por tanto, de las inconveniencias de su realización), de los efectos que cada cual provoca. Sólo de esta forma, creo yo, es posible evaluar la ética de cada profesional en su consultorio o ámbito de intervención, interrogando a la disciplina en la cual se inserta. Considerar que las TCC no pertenezcan al campo de la Ciencia es imposible (aunque su articulación con las psicologías cognitivas es algo posterior, primero surgieron como franco rechazo al psicoanálisis estadounidense). Habría que preguntarse, sin embargo, cuál es el modelo de Ciencia que sostienen (cualquiera que se haya preocupado por cuestiones epistemológicas sabrá que la práctica científica no tiene modelos únicos, ni siquiera métodos, sino diferentes ideales a alcanzar que no siempre se respetan). Reducir al psicoanálisis a una cuestión de oscurantismo, brujería, chamanismo, Gran Mentira, o como quiera nombrarse, no es válido en absolutamente ninguna posición científica honesta. Si algo debe regir la ética del intelectual es discutir una teoría aceptando previamente sus postulados, realizando un serio trabajo de investigación. Cuestión que muy pocas veces se ha realizado por parte de cognitivos comportamentales y de analistas, tal vez por una verdadera falta de interés. La salud mental no es un juego, es un concepto. Yo diría más bien que el malestar subjetivo no debería ser tratado como un juego. Planteado en esos términos, porque son los que me permiten orientar una praxis concreta en mi experiencia de acompañante. Con respecto a la salud mantengo mis reservas, lo he utilizado algunas veces como motivo de reivindicación política, pero veo en eso también un peligro, en nombre de la salud puede desatarse una lucha entre las más variadas tendencias de la adaptación social (las pasivas de sometimiento y las activas de transformación), una lucha que puede moverse en términos tan imprecisos que puede alojar simultaneamente, por poner un simple ejemplo históricamente significativo, a quienes sostienen la necesidad de la liberación sexual y a quienes sostienen la peligrosidad del sexo. Podrían encontrarse más. Las categorías éticas necesitan ser reevaluadas en el transcurso de un sincero debate. Espero que nadie se haya aburrido con estas palabras, y que los que entraron a curiosear encuentren alguna utilidad en ella. Queda abierto el espacio para comentar y para criticar.
Este post es parte de una respuesta ante una crítica surgida de un post anterior (sobre el "Libro negro del Psicoanálisis" y la respuesta que daba una psicoanalista ante su surgimiento) y que me parece que tiene una importancia tal que es preciso darle un lugar privilegiado, ya que en mi opinión da en el blanco, a su manera, con respecto a la discusión sostenida desde sus inicios entre el psicoanálisis y otras prácticas psi que se manifiestan abiertamente en su contra. En otros tiempos, en nombre de su peligrosidad, y hoy, además, en nombre de la Ciencia, lo que lleva la discusión a un terreno respetable (aunque no siempre se manifiesten con claridad los supuestos científicos que subyacen a la crítica). Esta discusión ha derivado actualmente en un estado tal que nada tendría que envidiarle a la maldición de Babel, consecuencia inevitable si consideramos que la base de toda comunicación es siempre el malentendido. Sin embargo, éste no es motivo suficiente para desestimarla, ya que hay prácticas concretas en juego y una dimensión ética de gran importancia, ya que se trata de la vida de los que acuden a los psi lo que está en juego en ella. La crítica textual que me incita a escribir es la siguiente: "basta de defender lo indefendible. soy psicologo y ayude a muchos pacientes con la TCC..el psicoanalisis es solo un dogma,quienes lo quieran que lo defiendan, solo pierden su tiempo y lo peor es que perjudican a sus pacientes...la salud mental no es un juego..." No es una crítica desconocida para nadie, se encuentra cada vez más instalada en el sentido común, y como tal merece ser escuchada, sobre todo proviniendo de una persona con autoridad, con título certificado por una Universidad, del cual yo carezco. Si se me solicitaran mis credenciales para participar de esta discusión, sólo podria sacar mi trabajo como Acompañante Terapéutico y como Docente de psicología, para mostrar que me encuentro mínimamente legitimado. Por lo cuál osé aventurar sino una respuesta, al menos una visión de esta problemática sustentada en mi experiencia. A considerar a título de opinión entonces, que espera ser recibida y elaborada por alguien, por lo tanto, contestada. Comencé en estos términos: "coincido con vos.. la salud mental no es un juego.. particularmente no hago clínica psicológica, tendría que ser psicólogo para eso, lo que no quiere decir que no me preocupe por estudiar la psicología y sus contradicciones.. trabajo en dos campos concretos, ya que de concretos se trata en esta cuestión de la ayuda: educación y acompañamiento terapéutico. son dos campos que tienen sus especificidades, especialmente el segundo, que se encuentra mayoritariamente en dependencia de la línea de trabajo que adopte el psiquiatra, psicólogo, terapista ocupacional, médico, o el profesional que requiera el uso de este último dispositivo.. sería algo así como una especie de prótesis, de sostén del yo, para aumentar su capacidad de resiliencia, concepto muy de moda en estos días (también utilizado en educación, pero esa es otra historia que se va por las ramas, aunque se puedan establecer relaciones considerables)" A partir de allí me adentré de lleno en la cuestión que más me había resonado del mensaje, la cateogoría de "salud mental". "Es algo que nos afecta a todos, que todos tenemos presente en algún momento, ya que es el ideal a alcanzar.. y es también un ideal problemático ya que su definición no deja de ser imprecisa, por más que definir a la salud como un estado de bienestar biológico psicológico y social tenga su importancia.." Parece ser que esta cuestión conceptual de la "salud mental" es uno de los pivotes sobre los cuales gira el no-diálogo del problema. Personalmente, es una noción que vivo como contradictoria, ya que no dejo de encontrar contradicciones en el modo en que este concepto es manejado por cada profesional. Siempre aparece algo impreciso en esto del bienestar, que no deja que se determine con rigurosidad. No es lo mismo el bienestar para cualquier persona, e incluso cabría preguntarse de si se trata de un concepto adecuado para una Ciencia. En mi práctica docente, el concepto de salud aparece también relacionado con el bienestar, por poco que se lo discuta. Este bienestar viene por lo general acompañado de reivindicaciones sociales y políticas de todo tipo, lo que debería bastar para advertir sobre la no-ingenuidad del concepto de salud -con más razón aún sobre su no-objetividad- sino de su carácter ético-político. Como tal, definible siempre en cada situación concreta, según los ideales que cada quien profese. En mis preocupaciones en torno a este concepto de salud he recurrido a diversas fuentes, diversas concepciones que se tienen de la misma, desde las propuestas por la OMS hasta las sus concepciones explícitamente politizadas (psicología de la liberación, por ejemplo). También he transitado por la interminable clasificación de los trastornos de la salud mental que nos ofrece el DSM (haciendo referencia con "intermibale" a que estas clasificaciones se han venido siempre reordenando, desde los inicios de la psiquiatría, según el criterio ordenador que surge como hegemónico en cada período histórico. El DSM ya está lanzando su quinta versión basada en un criterio fenoménico-estadístico). No desconozco todo ese campo, todos esos intentos, y tampoco los rechazo. Me parece bien que existan terapias basadas estrictamente en la consideración de un síntoma, según el modelo de la semiología médica. Después de todo, el malestar subjetivo busca siempre diferentes vías de resolución, que no siempre pasan por el ámbito psi (supongo que está de más aclararlo). La eliminación radical del síntoma por parte de las TCC no es algo que se encuentre en discusión, es un hecho de experiencia. Si hablamos de predilecciones personales en el acompañamiento terapéutico, por ejemplo, veo grandes posibilidades para los desarrollos en psicología sistémica. Ahora bien, ya que de la psicología mundialmente hegemónica no restan dudas sobre su eficacia (debido a que su eficacia se mide precisamente por el criterio de la eliminación del síntoma, una cuestión que no podría medirse en psicoanálisis ya que su eficacia no apunta allí, algo que debería tenerse en cuenta a la hora de cualquier pretensión de comparación), me gustaría situar mi opinión desde aquello que es rechazado, honestamente en algunos casos, y no sin cierta vehemencia en otros. Es decir, que en este conjunto de cosas, sigo apostando fundamentalmente al psicoanálisis. Una apuesta sustentada en que es la única praxis que ha dado lugar a la subjetividad, un lugar central, que ha permitido formalizarla estrictamente a partir de relaciones que se dan en y por el lenguaje, y ha permitido ordenar los efectos que de estas relaciones se desprenden, a fin de estar advertidos sobre las posibles consecuencias de nuestros actos (en mi caso, me refiero a mis actos en tanto acompañante terapéutico, claro está). Tengo además, intereses teóricos, el psicoanálisis ha permitido reinsertar el problema de la subjetividad en diferentes campos (sociología, política, antropología, lingüística, teatro y literatura, economía incluso); es otro motivo por el cual recurro a él, ninguna disciplina ha brindado mejor formalización de la subjetividad en mi opinión (subjetividad que jamás es individual, sino que es subjetividad siempre en relación social mediada por el lenguaje -involucra en este sentido no sólo a un sujeto deseante sino una dimensión histórico-social). El hecho de que sea un recorrido difícil el que el psicoanálisis propone para adentrarse en estas cuestiones, no significa que sea indefendible, mucho menos incomprensible. Sobre su caracter científico me gustaría resaltar algunas cuestiones, con la intención de aclarar un poco (aclararme y aclarar a alguien, ya que la escritura tiene ese efecto) los términos del debate. No exhaustivamente, pero sí algunas afirmaciones que lleven a pensar sobre la naturaleza acertada de algunas críticas y lo gratuita de otras. Por si quedan dudas, repito, que escribiré con la mayor claridad posible (aún a riesgo de desvirtuar algunas cuestiones), sustentandome en el saber psicoanalítico, en especial, el lacaniano (sin por ello citar textualmente a Lacan, y tratando de evitar en la medida de lo posible los términos psicoanalíticos que serían necesarios para exponer las cosas con rigurosidad). Esta es la cita de la respuesta que di en el posteo anterior: "Sobre su fundamento epistemológico: Es necesario comprender que no se trata de hipotético-deductivismo (modelo propuesto por Popper, modelo a ser interrogado, baste leer a su discípulo Lakatos), sino que se trata de una reelaboración de la dialéctica teniendo en cuenta la materialidad del lenguaje, materialidad que puede advertirse en toda relación humana, a condición de no creerse que lo material es sólo aquello que se puede tocar -incluir en esta materialidad las relaciones fonemáticas y las leyes de su ordenamiento formalizadas por la lingüística-. Sobre lo generalizable: Este no es el punto más controvertido que podría presentar el psicoanálisis, pero es una de las cuestiones que se esgrimen en su contra. El resultado de muchas décadas de intentar incluir la subjetividad en el discurso de la ciencia ha dado como resultado un saber teórico que es generalizable a cualquier experiencia humana. Es generalizable, pero no es estrictamente aplicable, ya que no se trata de un saber técnico. El psicoanálisis ha producido, como uno de sus resultados, un saber que permite situar coordenadas, según un modelo sustentado en tres registros de inscripción para toda experiencia. Hablo de Real-Simbólico-Imaginario, que son las categorías utilizadas por Lacan para formalizar la teoría, pero que trascienden en cierto modo el saber parcial del psicoanálisis. Toda experiencia humana puede ordenarse en base a estos tres registros y sus modos particulares de funcionamiento, aunque sea el registro de lo real el que se resiste a una formalización. En cuanto a la estrategia del análisis, es también generalizable. Hay puntos estratégicos que un analista debe respetar (remitirse a Lacan), lo que determina que en su estrategia no sea tan libre como en su táctica. Como todos sabemos, una estrategia se define en función de un objetivo (y de una ética por tanto): apostar a la dimensión deseante de todo sujeto es la analítica (hasta podría pensarse algo de esta cuestión del deseo desde el concepto de "agenciamiento" de Deleuze -filósofo en oposición al psicoanálisis, aclaro-) Sobre la singularidad de cada experiencia: Esta es la cuestión más problemática, y por la cual el psicoanálisis ha renunciado a sus pretenciones de pertenecer al discurso de la Ciencia. No es que no recurra a ese discurso, posee un saber y una estrategia general -al menos en el psicoanálisis tal como Lacan lo reinventó-. El problema surge cuando ese saber se muestra impotente para ser aplicado a una subjetividad que sería su objeto. De ahí la necesidad del término "sujeto", ya que no puede ser totalmente objetivido, esto sería desconocer su ex-sistencia e introducirlo en el estrecho campo de nuestros prejuicios. El sujeto que acude, ya que la dimensión del deseo y del goce están siempre presentes, no se deja objetivizar bajo un saber universal. Si bien el analista, desde su lugar de teórico, posee dicho saber, en su clínica deberá ajustarse a una estrategia que permita que se despliegue la subjetividad del analizante (o el paciente en las psicologías de inspiración médica). No es que el síntoma no pueda erradicarse directamente (fueron los primeros intentos de Freud), sino que es la subjetividad de cada cual la que sostiene a esos síntomas. En la medida en que a dicha subjetividad (con sus modos de funcionamiento estrictamente singulares, a construir cada vez en cada análisis, caso por caso) se le permita su expresión, se podrá intervenir según las reglas fijadas para la experiencia analítica. Como puede verse, es ilógico, pretender someterse a la exigencia de la Aplicación que propone la Ciencia, cuando de lo que se trata es de la reinvención de la teoría en cada caso singular, única forma de transformar la subjetividad según el deseo de cada analizante (y no del analista). El síntoma adquiere solamente un valor secundario que será transformado como efecto de esta praxis. Esto lleva al psicoanálisis a sostener que no se trata de una ciencia, por más que su fundamentación recurra al discurso científico, sino más bien de algo más cercano a un arte. O, en todo caso, una ciencia de lo particular, que se reinventa en el caso por caso según principios generales sólidamente establecidos. ¿A qué lleva todo esto? Primero: no todo el mundo puede pasar por un psicoanálisis. Esto cada analista bien lo sabe. el cuestionamiento radical de la subjetividad es algo que sólo vale para algunos sujetos. En otros, este es el caso de los psicóticos por ejemplo, un análisis llevaría a precipitarlo hacia la locura. Es un efecto muy real de la experiencia analítica, tristemente experimentado en los períodos de su constitución. Hoy, el modo del trabajo con las psicosis es diferente (es, por otra parte, la posibilidad de incluir un acompañamiento, donde este dispositivo en el que trabajo cobra un valor especial -al que le queden dudas que vea el trabajo que se lleva adelante en el Borda-). Segundo: El psicoanálisis no pretenderá ser ya una ciencia, ya que objetivizar al sujeto es aplastar su dimensión deseante en función de los intereses del terapeuta. Tercero: La cuestión de la salud mental se convierte en la cuestión de la posibilidad de elaboración y transformación del sufrimiento subjetivo según los recursos que pueda sostener la estructura de cada uno. Salud y cura son conceptos que deben ser transformados para integrarse a la lógica del psicoanálisis. Cuarto: Otros tipos de experiencia son utilizabes, incluso altamente recomendables, en los casos que no puedan pasar por un análisis, todo aquello que quede excluido del campo de las neurosis, que utilice otros mecanismos. Cuando se trata de adicciones, anorexias, para nombrar dos ejemplos, se recurren a otras técnicas que no son las del dispositivo analítico, pero siempre apostando por dar lugar a la dimensión subjetiva, tal como se entiende en el psicoanálisis y no en cualquier sentido común. Vale lo mismo para el trabajo en educación, en instituciones diversas (e históricamente en empresas, cuestión que fue más fuerte en USA). Posee un saber general utilizable en gran cantidad de experiencias, pero incluyendo a la subjetividad de modo tal que sea preciso reinventar la teoría y la estrategia ante cada situación particular cuando se exceden los límites del consultorio. Incluso se ha utilizado para el trabajo político (¿hay que aclarar que desde las élites dominantes y desde los mass-media se ha recurrido innumerables veces al psicoanálisis con el objetivo dominar las subjetividades? Tristemente la contracara del dispositivo analítico, es que su Aplicación social es siempre nefasta, cuestión que ha sabido explotarse durante mucho tiempo. Saber mirar aquí.) Quinto: Por último, no por ser el término de las consecuencias, sino para abreviar, la cuestión de la dirección de la cura, la dirección del tratamiento, el objetivo de la terapéutica, como quiera llamarse, queda circunscripto a una cuestión ética, y por lo tanto también política. Es una discusión que debe darse necesariamente en el campo de la psicología, para no quedar inmovilizados en una eterna disputa sobre el centramiento o no en el síntoma. Es estrictamente una cuestión de incumbencia profesional de los psicólogos y psicoanalistas, que lamentablemente no ha sido puesta en diálogo sincero en casi ninguna parte. Es un debate necesario y es, en ese sentido, lamentable que la discusión en torno a la Ciencia lo haya sofocado. Creo que es lo único que podría permitir situar a cada práctica psi en el lugar que le corresponde." ¿Qué pretendo con esto? No demasidas cosas, podría decir. Tal vez que le sirva a algún interesado en estas cuestiones (he visto varios en este sitio) para situar mejor los términos de un diálogo. Quisiera, como trabajador del campo de la salud (y también de la educación), ante la importancia del debate, que se evite la trampa de una lucha encarnizada en torno al síntoma y comience a plantearse en términos de la ética que sustenta a cada disciplina, de las oportunidades que abre cada una, de aquello que tiene por excluido, de sus posibilidades de realización (y por tanto, de las inconveniencias de su realización), de los efectos que cada cual provoca. Sólo de esta forma, creo yo, es posible evaluar la ética de cada profesional en su consultorio o ámbito de intervención, interrogando a la disciplina en la cual se inserta. Considerar que las TCC no pertenezcan al campo de la Ciencia es imposible (aunque su articulación con las psicologías cognitivas es algo posterior, primero surgieron como franco rechazo al psicoanálisis estadounidense). Habría que preguntarse, sin embargo, cuál es el modelo de Ciencia que sostienen (cualquiera que se haya preocupado por cuestiones epistemológicas sabrá que la práctica científica no tiene modelos únicos, ni siquiera métodos, sino diferentes ideales a alcanzar que no siempre se respetan). Reducir al psicoanálisis a una cuestión de oscurantismo, brujería, chamanismo, Gran Mentira, o como quiera nombrarse, no es válido en absolutamente ninguna posición científica honesta. Si algo debe regir la ética del intelectual es discutir una teoría aceptando previamente sus postulados, realizando un serio trabajo de investigación. Cuestión que muy pocas veces se ha realizado por parte de cognitivos comportamentales y de analistas, tal vez por una verdadera falta de interés. La salud mental no es un juego, es un concepto. Yo diría más bien que el malestar subjetivo no debería ser tratado como un juego. Planteado en esos términos, porque son los que me permiten orientar una praxis concreta en mi experiencia de acompañante. Con respecto a la salud mantengo mis reservas, lo he utilizado algunas veces como motivo de reivindicación política, pero veo en eso también un peligro, en nombre de la salud puede desatarse una lucha entre las más variadas tendencias de la adaptación social (las pasivas de sometimiento y las activas de transformación), una lucha que puede moverse en términos tan imprecisos que puede alojar simultaneamente, por poner un simple ejemplo históricamente significativo, a quienes sostienen la necesidad de la liberación sexual y a quienes sostienen la peligrosidad del sexo. Podrían encontrarse más. Las categorías éticas necesitan ser reevaluadas en el transcurso de un sincero debate. Espero que nadie se haya aburrido con estas palabras, y que los que entraron a curiosear encuentren alguna utilidad en ella. Queda abierto el espacio para comentar y para criticar.