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gutentag

Usuario (Uruguay)

Primer post: 21 feb 2009Último post: 21 feb 2009
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Poemas de Pedro Juan Gutierrez
ArteporAnónimo2/21/2009

No me pidan que calle Escribo dentro del fuego metido en las llamas desnudo y descalzo pisando las brazas al rojo vivo Sólo quiero dejar mis palabras humildes Un legajo más Entre tanto horror de este siglo Intento relajarme practicar yoga/ el canto del lama convencerme de que todo podría ser peor Los que mandan me piden que sonría que no escriba mi verdad ni sea pesimista/ quieren evitar el contagio Y yo les digo: no soy pesimista sólo soy escéptico un simple hombre más con el corazón lleno de amor y de ternura Quiero decir un hombre vulnerable Herido y sangrando como todos a mi alrededor Sólo que yo tengo voz y puedo cantar No me pidan que calle en medio del desastre En la boca del lobo Algunos de mis amigos mejores los más honrados y honestos se suicidaron No resistieron la avalancha Algunas de mis mujeres las más dulces y suaves ahora son ácidas y corrosivas Estoy en la boca del lobo y no sé qué hacer intento ganar tiempo Será el instinto de conservación El fantasma de Kavafis Los influjos de la luna Escucho los cantos gregorianos en el crepúsculo con un vaso de ron en la mano y un tabaco / y miro al mar El asco y la mierda se disuelven en la luz dorada Y mi mujer / que limpia la casa alejada de todo me dice no bebas solo prepárame un trago ponle limón y miel de abeja. Pequeña fiesta Me gusta estar solo y en silencio en mi casa por la noche Estoy solo con un trago de ron y todo va bien De todos modos la soledad no es absoluta Somos suficientes en la fiesta Estoy yo Está Dios Y está el teléfono Hombre que olfatea a su mujer Yo estoy construido con los colmillos de la serpiente y el aullido del lobo y el brillo del pez y la astucia del tigre y la potencia del toro Yo soy un relincho salvaje de los dioses y un corazón de cordero de donde mana sangre roja y caliente Yo soy ese hombre que atraviesa la ciudad para mirarte a los ojos y oler tu piel y respirar profundamente y meterse dentro de ti hasta tocar tus huesos y decirte esto es todo lo que puedo hacer Material antipoético El panorama de este verano es desolador abundan las cucarachas las moscas y guasasas de la mierda la peste a basura podrida y a fosas derramadas en las calles los ratones pequeños / dicen que también hay ratas enormes Hay avisos / vacunas gratis contra la leptospirosis En el Malecón un edificio se ladeó como la torre de Pisa y la gente salió huyendo Ahora unos hombres lo derriban con mucho cuidado / piedra a piedra porque puede desplomar y enterrar a los vecinos En fin el panorama es pavoroso bajo el sol y el calor La ciudad antipoética Nicanor Parra tendría que visitarla Gente agobiada y de mal humor Borrachos sentados en las aceras esperando la nada Y los poetas en baja No hay nada hermoso que cantar una desgracia para los poetas Todo es mierda Así es imposible escribir poesía nutritiva poesía alimenticia poesía que haga exclamar a las damas sensibles ¡oh, qué gran poeta estupendo es un clásico! No / nada de eso La vida antipoética gana terreno y establece cabezas de playa en cada corazoncito que logra atrapar Y yo desgraciadamente no puedo mirar sólo al mar Al mar salvador azul Al eterno bellísimo brillante mar. Poemas visuales "Un escritor siempre se desdobla una y otra vez. Y vive bajo presión. Sólo de ese modo agotador puede meterse bajo la piel de cada uno de sus personajes, escribir desde adentro y producir libros convincentes. Lo que quiero decir es que mis libros no los escribo yo. Los escriben los personajes que los habitan. Supongo que es bueno facilitar el diálogo entre los lectores y esos tipos casi siempre desesperados y desolados que hacen equilibrios al borde del abismo y con los que juego a los desaparecidos como hacía Houdini: a veces ellos me habitan. Otras veces yo los penetro y me acomodo como un alien entre sus costillas. A Balzac le preguntaron: “¿Qué es un personaje de novela?”. Y respondió: “Puede ser cualquier persona de la calle, pero es alguien que va hasta el límite de sí mismo. Ninguno de nosotros va nunca hasta el límite. Tenemos miedo de la cárcel o de espantar a nuestros semejantes”. George Simenon redondeó más la idea: “La novela consiste en crear un grupo social alrededor de un personaje central, y al autor sólo le queda meterse en la piel del personaje”. Así que esta es la filosofía de este espacio: jugar como niños, sin objetivos ni aspiraciones trascendentales. Sólo el juego entre los lectores y estos personajes un poco trascuerdos que pueblan mis libros." http://www.pedrojuangutierrez.com/

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cuento de Pedro Juan Gutierrez/No soporto a Shakespeare
ArteporAnónimo2/21/2009

No soporto a Shakespeare Pedro Juan Gutiérrez Al fin me decidí y empecé a despejar mi biblioteca. Lo hago cada cuatro o cinco años. Calculé que podía eliminar la mitad de los libros y quedarme con tres mil y pico de ejemplares. O menos. Si tuviera valor podría dejar sólo los diccionarios y unos veinte libros. Lo demás no merece la pena. Quizás el año próximo acumulo más decisión y los desaparezco todos. Sé que cada día me acerco más a mi punto de saturación. Hice una gran pila frente a la puerta de entrada, en el pasillo de la escalera. Los voy a regalar poco a poco. Ya casi terminaba. Serían las once de la mañana. Llegó una señora. Rubia, muy delgada, de ojos azules, educada y sonriente. Tenía que ser americana. Con su marido. Igual de típico. Podían tener sesenta y tantos años bien llevados. Fugazmente pensé en un caballo y una yegua de Kentucky. Unos hermosos ejemplares pura sangre. Subían la escalera sudando y resoplando, y se presentaron. Se presentó ella, en español. Él sólo me dio un apretón de manos muy brusco, y me dijo: «Hi.» –Buenos días. Mi nombre es Margaret Gifford. Él es Thomas. Somos de South Dakota. Rapid City, y... –Por favor, entren y refresquen. Tomen aire. Les ofrecí agua. Hablamos de lo usual: el ascensor siempre roto y los insoportables ocho pisos, la oscuridad claustrofóbica de la escalera, el calor y la humedad. Quedaron fascinados con el paisaje del mar desde la azotea. Y asombrados con el resto. Desde arriba parece una ciudad bombardeada. Margaret me dijo: –Lamentamos esta intromisión, pero pasamos unas vacaciones en Montego Bay, y no resistí la tentación de dar un salto a La Habana. Ehh..., bueno, seré sincera. En realidad, lo había pensado muy bien. Viví aquí los mejores años de mi vida. –¿Aquí en La Habana? –Here, here. En este penthouse. Hace muchos años. De 1953 a 1957. –Ya no son penthouses. Ahora son doghouses. –Oh, sorry. Todo está en ruinas. Éste era un edificio elegante. ¿Qué ha sucedido? No comprendo. Yo sí comprendía todo. Comprendía demasiado. Y guardé silencio. Buscó en su bolso y sacó un sobre amarillo con viejas fotos en blanco y negro. En todas aparecía una joven sonriente, bonita y despreocupada. Vestía como las modelos de Lana Lobells. Faldas anchas y plisadas. Blusas blancas y vaporosas, con discretos lacitos y encajes en medio del pecho. Collares de perlas blancas plásticas, que vendían en los Ten Cent, de Woolworth. –Esta joven soy yo. –Era muy bonita. –Oh, gracias. Fueron unos años preciosos. Aprendí español. Tuve mi primer amor, mi primer trabajo. Mis mejores años, ciertamente. –Pues yo he tenido aquí mis peores años. Y quizás los mejores también. –¿Desde cuándo vive aquí? –Desde el ochenta y seis. Hace quince años. –Mucho tiempo. Yo viví sólo cuatro años. ¡Maravillosos! –¿Y los peores? –Oh, no es saludable recordar. –Dígame. –Comenzaron cuando regresé a Rapid City. Me arrepentiré siempre. No debí irme jamás de aquí. Fue como... abandonar el paraíso..., oh... Me pareció un poco perturbada. Desvió la mirada hacia el mar. Guardó las fotos. Se alisó el pelo. –¿Desean un café? –Oh, no. Es una molestia. –No es molestia. Hice café. Thomas no aceptó. Sólo bebía agua mineral de una botella que traía en una mochila. Margaret no se molestó en traducir nada para su marido. Él sacó una cámara y nos tomó fotos en la azotea. Hizo algunas del paisaje. Mientras, Margaret y yo hablamos un poco más. –En los tres penthouses sólo vivíamos americanos. Sin niños ni perros. –Lo sé todo. La última americana murió hace pocos años. –Es un lugar hermoso. Nunca he vivido en un sitio tan bello. –Sí, es un privilegio. –¿Usted conoció a una americana aquí? –No, no. Yo no quería dar detalles. En boca cerrada no entran moscas. Pero lo sabía todo. Uno de los americanos vecinos de ella terminó en la cárcel, con una larga condena de veinte años, por un asunto muy feo. La otra vivió los últimos años de su vida aterrada y enclaustrada, con muchas rejas y candados. Finalmente nunca supe si era agente comunista internacional, perseguida por el FBI, según me dijo en una ocasión. O si –según otras versiones– era nazi profesional, que trabajó en un campo de concentración alemán. Igualmente perseguida, rastreada y amenazada de muerte. Finalmente murió de un modo atroz. Fueron dos vidas agónicas y terribles. Yo lo sé todo. Pero aún no es el momento de escribir sobre esos dos americanos. No tengo vocación de kamikaze. Quizás Margaret se salvó a tiempo, pero no se lo imagina. Nos miramos y sonreímos en silencio. Ya era suficiente. Margaret se disculpó y se marcharon. En la puerta echó un vistazo a la pila de libros. Había un tomo de Shakespeare encima. Lo cogió y me preguntó: –¿Y éste lo bota también? –Sí. No soporto a Shakespeare. –Oh, usted es un hereje. –Total y absoluto. Sonrió dulcemente y me pareció una mujer encantadora. El mundo está lleno de mujeres encantadoras. Aparecen siempre. Colocó el libro sobre los otros y comenzaron a descender la escalera cuidadosamente. Repitieron algunas frases de cortesía y despedida. Yo también pronuncié un par de frases corteses y cerré la puerta. Fuente: http://www.pedrojuangutierrez.com/

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