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Aprender a sentir Por Alex Doherty “El loco fascista no puede llegar a ser inofensivo si sólo se detecta, según las circunstancias políticas predominantes, en los alemanes o italianos y no también entre los estadounidenses y los chinos; si no se es capaz de detectarlo en uno mismo; si no nos familiarizamos con las instituciones sociales que lo incuban diariamente ". Wilhem Reich, The Mass Psychology of Fascism (1) En ‘Life and Death’ la feminista radical estadounidense Andrea Dworkin nos cuenta una conversación que mantuvo en cierta ocasión con su padre sobre el racismo: “Me dijo que él tenia sentimientos racistas contra los negros, a lo que le contesté que era imposible ya que él era un defensor de los derechos civiles. Él me reveló entonces la clase de sentimientos que tenía y por qué eran malos. También me explicó que como profesor, y más tarde como tutor, había trabajado con niños negros y tuvo que asegurarse de que sus sentimientos racistas no les hicieran daño. Aprendí de mi padre que tener esos sentimientos no los justifica; que las “buenas personas” tiene malos sentimientos y que eso no contribuye a que los sentimientos sean menos malos; que enfrentarse al racismo es una proceso, algo en lo que una persona debe implicarse de forma activa. Son malos sentimientos y las “buenas” personas tienen la responsabilidad de enfrentarse a ellos” (2). Lo que resulta llamativo de los comentarios de su padre es lo poco familiares que resultan. ¿Con qué frecuencia hemos escuchado a alguien admitir que tiene sentimientos racistas? ¿O admitir que es sexista, homófobo o que tiene cualquier otro tipo de prejuicio? La mayoría de nosotros (incluido yo mismo) con demasiada frecuencia seguimos la línea de la joven Dworkin- “como estoy a favor de los derechos civiles no puedo tener sentimientos racistas”. O “dado que apoyo el feminismo no puedo tener actitudes sexistas”. De acuerdo con esta manera de enfocar el asunto el prejuicio no es una cuestión emocional o institucional sino más bien una cuestión de lógica. Es obvio que los prejuicios y los comportamientos opresivos se fomentan mediante ciertas actitudes institucionales y se controlan con otras. No obstante, la naturaleza de muchas de las organizaciones creadas por la izquierda organizada durante años sugiere que o bien la cuestión no se ha comprendido bien o sólo a un nivel muy superficial. Ciertos ambientes sociales e institucionales ayudan no sólo a fomentar nuestras más obvias tendencias negativas como el sexismo y el racismo, sino también otros males menos obvios, como la competitividad para alcanzar el reconocimiento y el aplauso. Resulta chocante que mientras quienes nos sentimos de izquierdas nos lanzamos rápidamente a criticar a los miembros de las facciones rivales por su supuesta vanidad y tendencias dominantes, pocos estamos dispuestos a admitir nuestras propias ambiciones y nuestra necesidad de reconocimiento y aplauso. Además, el carácter profundamente debilitante de nuestro entorno institucional y social hace poco plausible que el mero reconocimiento de nuestras tendencias negativas sea suficiente para que desaparezcan. Desde la más tierna infancia se nos obliga a percibirnos a nosotros mismos y a nuestros compañeros en continua competencia. En la escuela se nos anima no sólo a buscar las alabanzas de los que tienen autoridad, sino que se nos enseña a auto valorarnos en comparación con otros, por ejemplo, lo cercanos que estamos de ser los mejores en una materia determinada. Pero lo profesores no sólo fomentan tal comportamiento sino que llegan a conseguir que los propios niños creen entidades jerárquicas. En todas las clases de deporte durante mi época escolar, los profesores de educación física seleccionaban a dos de los mejores jugadores de fútbol y les pedían que ellos a su vez eligieran entre los miembros de la clase para formar dos equipos. Como es lógico, seleccionaban primero a los mejores jugadores, dejando a los peores para el final, con lo que de hecho establecían unas categorías jerárquicas especialmente duras. Por suerte, yo era de los medianos de la clase y por ello me libré de ese tipo de humillaciones, y de los probables efectos psicológicos y emocionales que no resulta difícil imaginar. Las diversas formas de educación social e institucional que sufrimos- y que ayudan a formar nuestra personalidad- no deberían subestimarse y es un gran error suponer que semejante educación pierde su influencia cuando se reconoce su naturaleza. Es probable que nuestras relaciones con los compañeros sean aún más significativas en el desarrollo de neurosis y tendencias autoritarias: el acoso en las escuelas británicas continúa siendo una epidemia con consecuencias a menudo desastrosas , aunque sólo preocupe a los medios de comunicación cuando se llega a un elevado nivel de violencia o al suicidio. Otro efecto del marco social e institucional en el que vivimos, que me parece recibe escasa atención, es el de incapacitar o debilitar nuestras emociones positivas. Reproducimos cotidianamente no sólo al loco fascista de Reich sino a personas emocionalmente empobrecidas. Hace un año, precisamente, pasé unos días en la ocupada Cisjordania, El grupo con el que viajaba estuvo en Belén, Ramala, Hebrón y varias aldeas palestinas. Nos reunimos con gentes cuyos parientes habían sido asesinados durante la Intifada y con familias a quienes habían demolido sus casas. Hablando con sinceridad, no puedo decir que el viaje suscitara sentimientos muy diferentes de los que había experimentado al leer las noticias sobre el conflicto. La cercanía de la opresión y el sufrimiento no me proporcionó una visión nueva ni una comprensión más profunda. Ni tuve miedo en momento alguno. Hebrón está dominado por una pequeña colonia israelí, habitada por unos centenares de colonos religiosos de Gush Emunin (N.T.:Bloque de los Creyentes). Estos colonos armados que hostigan constantemente a la población local están “protegidos” por miles de soldados israelíes. Cerca del antiguo mercado- hace tiempo abandonado por los locales- hay checkpoints controlados por soldados israelíes armados hasta los dientes. En los edificios altos que lo rodean, hay camuflados nidos de ametralladoras de las Fuerzas Armadas Israelíes. A pesar de un ambiente tan amenazador nunca sentí miedo. En efecto, con frecuencia siento más miedo al pasear por ciertas zonas de mi ciudad, Liverpool, que el que experimenté mientras lo hacía por Hebrón. Mi incapacidad de sentir lo que considero que hubieran sido las emociones apropiadas durante el tiempo que pasé en Cisjordania me perturbó y me llevó a dos posibles conclusiones: 1. Soy un monstruo incapaz de experimentar emociones como la aflicción y el miedo. 2. Mi educación me ha preparado mal para reaccionar adecuadamente. Tal vez no sea yo quien debe juzgar si soy un monstruo insensible. Pero parece probable que la incapacidad emocional de la que hice gala es un fenómeno inducido y no algo congénito. A pesar de considerarme de izquierdas desde mi temprana edad, como muchos chicos de mi generación, la mayor parte de mi infancia la pasé jugando a la guerra, luchando, viendo películas violentas y disfrutando con fantasías violentas. Mientras un niño palestino es probable que responda a los soldados israelíes con miedo y cólera, la respuesta de un joven británico sería la del entusiasmo y la admiración. Debo pensar que las imágenes dominantes del militarismo que ofrecen los medios de comunicación le confirieron un aura de respeto a los soldados a pesar de mi conocimiento de los numerosos crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas Israelíes. Sospecho que si me hubiera encontrado con un terrorista de Hamas me hubiera sentido más atemorizado. En ‘Message Received’, Greg Philo presenta un estudio sobre la repercusión en los niños de la violencia en televisión. El estudio analiza cómo respondieron los niños ante la película ‘Pulp Fiction’ y subraya las reacciones emocionales muy negativas que describían: “La mayoría de los niños identificaron a los asesinos como gente guay y los no guay eran los asesinados, o a quienes se percibía como gente débil...Cinco niños destacaron a Vincent y Jules como a los más guay. Para ello, dieron numerosos argumentos, algunos de lo cuales estaban relacionados con el estilo, como “sus trajes”, “la forma en que habla y actúa Vincent”. Otro niño comentó que Vincent y Jules “nunca cometen errores”. Otro decía que “Jules no es tímido en su forma de relacionarse con la gente”, y otro más habló de su imagen de auto-confianza. Otra importante cualidad de los guay era la de “no asustarse” y, relacionada con ella, la capacidad de controlarse y controlar a los otros. Como comentaba uno de ellos: ‘Jules controla siempre’(3) Algunos niños también parecían percibir jerarquías entre la gente guay: “Fue interesante...que un niño nombrara a (Marsellus) Wallace como el personaje más guay. Yo le pregunté por qué Marsellus era más guay que Vincent y me contestó que ‘porque Vincent está un nivel por debajo de Marsellus’. La cuestión del control aparece muy clara- quienquiera que tenga más control es el más guay”... Los niños que valoraban el control y la fuerza como elementos para ser guay está claro que también identificaban la debilidad con no ser ‘guay’. Por ejemplo, el niño que citó a Marsellus Wallace como guay escribió que los que no son guay son “personas pequeñas, delgadas y frágiles”. El estudio, además, resalta que el glamour sirve para amortiguar o desviar otras formas alternativas de comprensión.: “La cuestión interesante es en qué manera las imágenes, el estilo y el entusiasmo que genera la película pueden ocultar otras posibles reacciones ante la crueldad y el asesinato. Es lo que una niña mencionó en su respuesta a la pregunta sobre cómo era posible que alguien que asesina a gente pueda ser guay. Era la niña que quería tener en su habitación fotos de John Travolta con un arma. En el primer momento, se quedó perpleja ante la pregunta, hizo una pausa mientras pensaba qué contestar. Esta fue su respuesta: “La película trata de que resulten guay y lo consigue. Si intentara mostrarlos violentos y horribles también lo sentiríamos así. Los disfrazan con su forma de vestir y andar, con trajes y corbatas que les hacen parecer guay, algo así como Soy el jefe y tengo el control...la violencia era molesta...pero resultaba...estoy buscando la palabra...como un camuflaje en relación con lo demás.” El estudio llega la conclusión que mientras la exposición a tales materiales no es probable que conduzca a un comportamiento violento puede contribuir a normalizar la peores formas de agresión, como el matonismo y otros comportamientos intimidatorios (4). En el caso de la violencia relacionada con los gansters, al menos nos podemos sentir tranquilos por el hecho de que en los medios de información se difunde una gran cantidad de valores contrarios. Los programas de noticias de TV, por ejemplo, no hacen parecer más atractiva la vida real de los gansters sino que, de hecho, los presentan como seres viles y sus acciones se condenan duramente. Esa es una diferencia en el tratamiento de los medios respecto a las fuerzas armadas británicas y a las estadounidenses, a quienes no sólo se presenta de forma atractiva en las películas sino en los noticiarios y documentales. En este caso, los mensajes con valores opuestos son casi inexistentes. Más aún, en películas como Pulp Fiction, aunque los personajes resulten atractivos, su violencia ni se suaviza ni se censura por lo que los espectadores, al menos, pueden experimentar sentimientos contradictorios hacia ellos. Esto contrasta de forma muy marcada con el tratamiento que se da a los militares en la realidad y en la ficción. El fenómeno de los periodistas “empotrados” ha recibido una enorme cobertura en los medios de información durante la invasión de Irak y en los inmediatos momentos posteriores. Muchos comentaristas de izquierda arguyen que este nuevo fenómeno representa un método particularmente insidioso de transmitir desinformación como si fueran noticias. Tanto si es verdad como si no lo es, no voy a tratarlo aquí pero la investigación sugiere que los británicos “empotrados”, salvo excepciones, no han sido influenciados en sus informaciones. Un estudio de la Universidad de Cardiff ha llegado a la conclusión de que, en sentido estricto, los empotrados fueron relativamente veraces. En comparación con los locutores de televisión, que han sido los más manipuladores, salen muy favorecidos. El efecto verdaderamente peligroso de los empotrados no está relacionado con el puramente propagandístico sino en que influyen de forma paliativa en nuestra percepción visual de la guerra.: “Uno de los límites principales impuestos a los empotrados fue, de hecho, la tradición de la emisoras británicas que- por razones dignas de encomio- imposibilita mostrar imágenes gráficas particularmente violentas. Los periodistas son muy conscientes de ello, y actúan en consecuencia, lo que crea un problema que consiste, irónicamente, en la capacidad de los empotrados para llevar al espectador a la primera línea del frente. La cobertura que se da parece situarnos muy cerca de la realidad de la guerra pero excluye la cara fea de esa realidad...Esto se percibe en las respuestas que se dan en las encuestas y en los grupos de opinión que afirman que los empotrados llevan a sus cuartos de estar una visión “esterilizada”, casi de ficción, una versión de la guerra para la televisión. Las consecuencias ideológicas de esto son muy profundas. Puede ocurrir que los periodistas empotrados, a pesar de su habitual objetividad y valentía incuestionables, se vean forzados a producir un tipo de cobertura que, para algunos, puede hacer que la guerra sea más aceptable” (5). “Mucho antes de que pueda tener lugar una guerra termonuclear, tenemos que maltratar nuestra salud mental. Comencemos por los niños. Es imprescindible cogerlos a tiempo porque sin el más cuidadoso y rápido lavado de cerebro sus mentes sucias verían nuestras sucias jugarretas. Los niños no son todavía tontos pero tenemos que convertirlos en tan imbéciles como nosotros mismos, con un elevado coeficiente intelectul , si es posible. R.D. Laing En una sociedad imperial, la reducción de la capacidad de empatía de la población nacional es una necesidad funcional. Resulta dudoso creer que la violencia criminal en la que se implica el Estado británico de forma repetida, pudiera producirse si la totalidad de la población percibiera a nuestras víctimas como seres humanos reales y semejantes a nosotros. Esto mismo ocurre con la violencia interna en nuestra sociedad. Por ejemplo, la violencia endémica y los abusos sexuales que sufre la población femenina del Reino Unido no tendrían lugar sin la deshumanización (habitualmente de carácter sexual, propagada por los medios de comunicación y la industria pornográfica). Es un error suponer que las tendencias sexuales sádicas y la misoginia extrema son exclusivas de los violadores y de otros sujetos “desviados”; muy probablemente la mayoría de la población adulta masculina tiene, en mayor o menor grado, esas misma tendencias. Puede que no se muestren con un comportamiento especialmente violento pero es probable que incrementen el carácter deshumanizado y agresivo que el sexo ha asumido para mucha gente, para quienes la actividad sexual se parece cada vez más a la pornografía. Quienes no tenemos unas respuestas emocionales adecuadas ante el sufrimiento y la injusticia, reaccionamos a este hecho de formas variadas. En mi caso se produjeron sentimientos paranoicos en el sentido de que soy el único que me enfrento a este problema. Para otros tiene consecuencias diferentes. En las manifestaciones y en la organización de reuniones no es infrecuente encontrar activistas y participantes que tienen arrebatos emocionales que suenan falsos, o declaraciones de cólera o de dolor que uno intuitivamente siente que nacen no de auténticas emociones sino del deseo de expresar emociones que uno no siente. Mientras discutíamos sobre estos asuntos, una amiga mía me decía cuán diferentes había encontrado las manifestaciones a favor de Palestina de las de los trabajadores sociales en paro a las que había asistido. Me explicaba cómo la emoción de los trabajadores sociales sonaba auténtica comparada con la de algunos manifestantes por Palestina. Esto no es sorprendente porque no es sencillo aprender a emocionarse por un pueblo lejano y a quien en los medios se nos ha enseñado a verlo como casi infrahumano. Los trabajadores sociales en huelga, por contraste, protestaban por una injusticia que ellos y sus colegas estaban soportando. En los grupos de activistas en los que he estado implicado hemos intentado, conscientemente, diseñar nuestra estructura organizativa y nuestras actuaciones de forma que pudieran contrarrestar los comportamientos opresivos. A pesar de ello, en la mayoría de las ocasiones, no lo hemos acompañado de debates y discusiones abiertas sobre nuestras tendencias negativas y nuestras deficiencias emocionales. Por desgracia, la mayoría de nosotros invertimos sólo una pequeña parte de nuestro tiempo trabajando en instituciones con estructuras y características progresistas, y pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en instituciones opresivas y en ambientes sociales que actúan contra lo mejor que hay en nuestra naturaleza, y que nos inculcan tendencias opresoras y anti-sociales. A ello hay que añadir que todos nosotros llevamos a nuestras espaldas el peso de años de educación institucional y expectativas familiares. Algunos, por supuesto, hemos sido más afortunados que otros y hemos crecido en un ambiente familiar que ha potenciado nuestras capacidades y ha favorecido lo mejor que hay en nosotros; otros, asimismo, hemos asistido a guarderías y escuelas que tenían un carácter progresista. Pero, incluso esos aspectos favorables sólo pueden considerarse un paliativo parcial ante el poder que el sistema de los medios de información estatales y corporativos ejerce contra el individuo. Nuestros diversos intentos de evadir los problemas son sin duda poco saludables para los individuos en cuestión, y secundariamente es peligroso para nuestro trabajo de poner en marcha un movimiento, lo que en consecuencia es peligroso para aquellos a quienes intentamos ayudar. A mí me han parecido profundamente inquietantes las expresiones de falsas emociones en ciertos activistas, lo cual incluso ha debilitado, hasta cierto punto, mi deseo de seguir en la organización. Si algo así ha influido en un activista relativamente comprometido, sus probables efectos en otras gentes son fáciles de imaginar. De ahí que nuestro fracaso al reconocer y luchar contra nuestras incapacidades emocionales pueda ser un factor que influya en nuestros fracasos para poner en marcha movimientos mayores y más comprometidos. Además, el fracaso al intentar ser más abiertos con respecto a estos asuntos puede conducir a la decepción entre activistas ya comprometidos. Hablando personalmente, ha habido momentos en los que he tenido la sensación de ser el único que se enfrentaba a esos problemas y que mis compañeros activistas eran, sin excepción, individuos por encima del bien y del mal, que no sufrían dificultades similares. Si se reflexiona sobre. claramente poco probable que sea así, pero en ausencia de debate es fácil ver cómo pueden aparecer tales paranoias acompañadas de decepción. Parafraseando a Dworkin, como con cualquier otra materia aprender a sentir, es un proceso, algo en el que la persona debe implicarse activamente. Para quienes están comprometidos en aliviar el sufrimiento extremo, este proceso puede parecer algo trivial, una introspección en la que no merece la pena invertir tiempo. No obstante, si nos tomamos en serio nuestra preocupación por acabar con el sufrimiento y la injusticia, resulta crucial reconocer y abordar los factores que retrasan la puesta en marcha de movimientos populares. En asuntos semejantes no sólo está en juego nuestro desarrollo personal sino también las vidas de millones de personas en el mundo. [email protected] Notas (1). Wilhem Reich, The Mass Pychology of Fascism, Souvenir Press, 1972, p.xv. (2). Andrea Dworkin, Life and Death, Virago, p.224. (3). Glasgow Media Group, Message Received, p.44. (4). Podemos ir más allá en la especulación sobre los efectos que esas películas pueden causar. Resulta deprimente, pero quizás es probable que incluso en la edad adulta nuestras relaciones personales y lo que hacemos para sentirnos atractivos sexualmente estén marcados por los medios de comunicación y por la cultura predominante en nuestra sociedad. El concepto de lo que resulta atractivo físicamente ha variado enormemente con el tiempo e incluso,hoy, es distinto en las diferentes sociedades, lo que indica que muchos de los atributos que se consideran atractivos son históricamente coyunturales. Puede que muchas de las cualidades de la personalidad que consideramos atractivas puedan ser asimismo parcialmente inducidas en lugar de innatas. (5). Se puede acceder al Informe en www.cardiff.ac.uk/jomec/en/school/39/180.html (6) R.D. Laing ; ‘The Politics of Experience and The Bird Of Paradise’, Penguin, 1967, p.49 Fuente http://www.zmag.org/Spanish/1205doherty.htm

Cada vez mas gente sabe quienes fueron los verdaderos autores de los mayores atentados terrroristas y cuales son sus intenciones, aunque hayan comprado a los medios de todo el mundo, no lo están logrando, lo sabemos! "Tendemos a cerrar nuestros ojos ante una verdad dolorosa... ¿Es lo que corresponde a hombres sabios, involucrados en una grande y ardua lucha por la libertad? ¿Estamos dispuestos a ser como aquellos que, teniendo ojos, no ven, y teniendo oídos, no escuchan? Por mi parte, por terrible que sea la angustia de espíritu que me cueste, estoy dispuesto a conocer toda la verdad; conocerla... ahora." Patrick Henry, 1775. La complicidad del pueblo estadounidense by Donna J. Thorne En esta era de guerra perpetua, de creciente tiranía interna, de tortura aprobada por el gobierno, de lucha al estilo nazi por la dominación en Oriente Próximo, se esperaría, por lo menos, una protesta audible del Pueblo que proclama su devoción resuelta a los ideales de libertad y justicia para todos. Sin embargo, en su mayor parte, USA sigue asumiendo en la tendencia dominante una posición de apatía, amargura, o silencio inexplicable. Al verse confrontada con hechos indiscutibles y evidencia científica que vinculan a funcionarios clave del gobierno con los ataques del 11-S, gente aparentemente inteligente, sensata, rechaza coléricamente y con aire desafiante dicha información sin pensarlo ni un momento. Personas sinceramente compasivas y amantes de la paz apoyan la criminal invasión de Iraq y cierran los ojos ante la matanza por USA de 600.000 civiles iraquíes, y prefieren creer en el mito de la supremacía estadounidense, en cuyo corazón está la noción de que sólo los extranjeros son capaces de semejantes atrocidades. Y ahora, después del 11-S y del establecimiento resultante de la Seguridad Interior, quienes solían ser decididos partidarios de los derechos cívicos toleran tranquilamente la deconstrucción gradual de la Constitución de USA bajo el pretexto de la protección, y por su cuenta y riesgo, desestiman cada vez más las estridentes advertencias y las señales de un creciente e inminente estado policial. Claramente, USA dominante se ha rendido a la subyugación de un gobierno enloquecido por el poder, despótico, cuyo control se sigue ampliando exponencialmente con cada nuevo rumor de un peligro inminente. ¿Por qué, cuando se ven confrontados por un historial negro sobre blanco de ofensas autocráticos, tantos estadounidenses sensatos ignoran o incluso apoyan al actual gobierno que allana tan abiertamente un camino tiránico hacia el infierno? ¿Estamos tan engañados por la retórica y por la propaganda armamentista, que ya no podemos distinguir la verdad de la ficción, permitiendo, si no favoreciendo al hacerlo, nuestra propia esclavización? No cabe duda de que existe un conjunto colectivo de circunstancias que explica la anuencia del pueblo estadounidense. Lo que sigue es la primera de una serie de exploraciones mediante las cuales la autora tratará de identificar posibles factores centrales que contribuyen a este azote de apatía en la sociedad estadounidense actual. Miedo, la Némesis de la racionalidad No se puede analizar la dinámica de una sociedad posterior al 11-S sin examinar una de sus características principales: el miedo, la ansiedad, el espanto, la aprensión... en una palabra el Terror. Para los que se benefician de su proliferación, el miedo es una moneda, una materia prima, un poderoso instrumento de mercadeo. Si uno tiene conciencia de los dispositivos mediante los cuales los dirigentes han cosechado históricamente el poder y el apoyo para cualquier guerra o agenda, uno puede discernir fácilmente cómo funcionan las mismas maquinaciones en la actualidad. Un ingrediente clave de toda movilización exitosa para la guerra o para la adquisición del poder es la explotación del miedo mediante la manipulación de la percepción. El 11 de septiembre de 2001, los medios corporativos y la elite gubernamental lanzaron una agresiva campaña política y mediática hacia y contra el pueblo estadounidense. Con la pericia de los magos de la publicidad, los abastecedores de miedo elevaron nuestra percepción de una amenaza inminente inundando las ondas con bytes de sonido continuos, repetitivos, fáciles de aprender, palabras cargadas de significados emocionalmente cargados: Bin Laden, talibanes, Eje del Mal, Sadam Husein, Amenaza del Terror, Terrorista..." con justo la intensidad suficiente para persuadir con éxito al pueblo estadounidense a que busque la seguridad a cualquier precio. El miedo generalizado y firmemente arraigado es el medio usado por el actual gobierno para lograr vender la "Guerra contra el Terror", y al dejar que florezca ha solidificado la cooperación mecanizada de las masas ya que nuestros dirigentes apelan a la más básica de las necesidades humanas - la seguridad. Han colocado el fundamento. Hoy en día, vuelven a anunciar la identificación de nuevas "amenazas" con una regularidad casi predecible. Ahora que el miedo está firmemente implantado en el inconsciente colectivo de USA, es empleado para racionalizar poderes dictatoriales sin precedentes de la Casa Blanca, para justificar la erosión de la privacidad y el despojo de derechos humanos que otrora eran tan religiosamente protegidos por la Constitución. Y por tanto, ¿qué se podía esperar de un gobierno cuya plataforma está construida sobre un substrato de miedo, fuera del miedo en sí? El miedo trata de silenciar a los disidentes. A medida que el Movimiento por la Verdad gana ímpetu y acumula credibilidad, los explotadores del miedo han comenzado a pregonar otra "amenaza" más para la Seguridad Nacional - las mentes inquisitivas. Es una noticia al mismo tiempo buena y mala. Ya no nos pueden ignorar. Temerosos de quedar al descubierto, los Zares de la Propaganda saben que hay que marcar y desacreditar a los buscan la verdad si la corrupción gubernamental y el fraude corporativo han de florecer con toda su furia. Dicho esto, hay que prepararse para una campaña intensificada de temor y miedo. Todo grupo o individuo que cuestione vocalmente la historia oficial del 11-S o que ejerza su derecho de exigir responsabilidad al gobierno será calificado de "anti-estadounidense y anti-patriótico." Una estrategia bien documentada de propagandistas a través de la historia moderna, disolviendo la credibilidad mediante la difamación es una táctica calculada utilizada para persuadir al público desinformado para que se niegue a escuchar, en efecto, para que siga desinformado. Queda por ver si esta línea de ataque tendrá éxito, y el éxito depende de cada individuo que postula la libertad. En cuanto al ansia humana de seguridad, el deseo natural de afiliación y aceptación trabaja a favor de la elite belicista, hambrienta de poder, porque sabe que sólo los más valientes de los valientes se atreverán a arriesgar el ostracismo por una causa noble. El miedo engendra miedo y embota la racionalidad. Bajo la influencia del miedo, el sistema nervioso autónomo tiene una reacción de lucha o huída. Tal vez esta reacción de una u otra clarifica el bipartidismo de esforzados luchadores por la libertad y los que son voluntariamente engañados. Los primeros se refuerzan con conocimientos. Los segundos, tienen tanto miedo de aniquilar ilusiones reconfortantes, que siguen defendiendo los crímenes de sus dirigentes seudo-conservadores, y al hacerlo, aplazan las ansiedades que seguramente acompañarían el esclarecimiento. Tan desesperados por creer en un Gran Hermano imaginariamente benévolo, Nosotros el Pueblo hacemos inconscientemente y a veces adrede oídos sordos a la verdad, y preferimos creer en una mentira. Nos arrullamos en la complacencia o en el sometimiento forzado. Permitimos que el miedo alimente una cultura de ignorancia silenciosa y de lealtad sin discernimiento que permite que florezcan los regímenes dictatoriales. Haríamos bien en recordar que una población atemorizada es fácilmente conducida,( y que los medios locales no son ajenos a los intereses de esta banda de piratas asesinos) Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=5817 Recomendado sobre el tema:http://www.taringa.net/posts/info/1133042/¿Nuevos-autoatentados-en-EEUU.html

Esto es un fragmento de un articulo mucho mas largo, que se puede descargar en word en el link de abajo La Teoría de las Elites e Inteligencia de banqueros. Cuando nos referimos a las “élites” seguimos el método del sociólogo estadounidense Wright Mills (1916-62) cuya obra completa se puede ver en el sitio y específicamente leer en “La Elite de Poder” Mills habla de una Elite compuesta de cinco sub-élites entrelazadas entre si y cuyos integrantes pueden rotar de una a otra, pero en cuyas acciones y campos de trabajo, sus integrantes trabajan en equipo y hacia metas comunes. Es lo que en el mundo de habla inglesa se conoce como el Establishment: a. Elite económica y financiera: industriales, banqueros y economistas. b. Elite de Medios de Comunicación: Dueños de los multi-medios, periodistas “es-trella”, anunciantes interesados, y en la elaboración de los mensajes, más en la semántica a utilizar, reciben asesoramiento de “tanques de pensadores” como el Aspen Institute de Colorado, EEUU. c. Elite Universitaria: Son los rectores, decanos, presidentes de universidades pres-tigiosas como las pertenecientes a la Ivy League por ej., muy dependientes de los Fondos que reciben de Fundaciones como Ford o Rockefeller , sino que detecta entre los alumnos la materia gris a reclutar . d. Elite Política: los representantes (diputados), senadores, gobernadores, secreta-rios de Estado (ministros), hasta los presidentes, que hacen su carrera en buenos términos con el Establishment y son mimados por los Medios de Comunicación. También podemos incluir los Jueces Federales e integrantes de la Corte Suprema. e. Elite Militar y de Inteligencia: No solo la cúpula militar del Pentágono después de cierta cantidad de estrellas, además la cúpula de agencias como CIA, FBI, DEA, NSA, etc. Es curioso ver como los hijos de familias de banqueros, en caso de guerra, automática-mente hacen su Servicio Militar en Inteligencia: - Henry Morgan, nieto de JP Morgan, hizo su servicio militar desde 1916 en Inteligencia Naval y como Capitán de Fragata. - Los hermanos Nelson y David Rockefeller cumplieron su Servicio Militar como te-nientes coroneles del US Army desde 1942. - Paul Warburg, hijo del redactor de la Ley de la Reserva Federal (20.dic.1913) y su primer presidente, también fue teniente coronel y encargado de interrogar al Mariscal Goering. El mariscal ya había trabajado en el período 1933/38 con Max Warburg – tío del tcnl y presidente del Warburg Bank de Hamburgo (y en el directorio de 100 corpo-raciones ), que debió exiliarse en EEUU cuando el Mcal. “arianizó” la economía ale-mana. - Víctor Rothschild en Inglaterra, estuvo en el MI6 durante la Segunda Guerra e inclu-so tras la Liberación de París la Mansión de la familia Rothschild se convirtió en sede del MI6 en Francia. Los banqueros, ya desde la Alta Edad Media, necesitaban su propia Inteligencia para sobrevivir en Europa. A ellos recurrían los príncipes para pedir dinero y contratar mer-cenarios. Sabían mejor que nadie, y antes de que empiecen las guerras, cuales eran las capacidades militares de cada bando: - La masacre financiera que hizo Nathan Meyer Rothschild en la Bolsa de Londres y al día siguiente de la batalla de Waterloo, se debió a que no solo había desarrollado un servicio de inteligencia tan bueno como el de sus rivales George y Alexander Baring, sino que le había agregado una velocidad de comunicaciones que estos carecían. - Los golpes financieros que dio John P. Morgan en EEUU, en la segunda mitad del siglo XX, que dejaron fuera del negocio a banqueros rivales como Jay Cooke y otros, se debieron a la Inteligencia que hacía sobre bancos, empresas, políticos y periodistas. - John D Rockefeller comenzó su Inteligencia con un “mapa” (base de datos) de EEUU, no solo de Estados sino condado por condado, que marcaba las compras de kerosene que hacían los comerciantes locales. Luego este “mapa” se fue ampliando a la situación local en lo político, social y económico. Tener tal inteligencia le permitió, a principios del siglo XX, sobrevivir a los golpes de su rival John P Morgan y sentarse a negociar en igualdad de condiciones. - Un banquero actual como George Soros, cuando juega “contra una moneda” local – la rupia indonesia, el bat tailandés, p.ej. - necesita una gran cantidad de información sobre el país a atacar. Pero como lo demuestra el investigador alemán Wilheim Engdahl , hasta los lazos que forjó con las dirigencias soviéticas y de Europa Oriental, necesitaron de una buena inteligencia previa para conocer el precio de cada aparatchik, y cómo jugó cada uno a partir de la caída de la URSS y el desguace del aparato estatal soviético... En el trabajo presente, si nos referimos a “élite”, lo hacemos respecto a estos hombres y organizaciones y sus vínculos tanto en EEUU como en el resto del mundo. Esta “élite” sería el “núcleo duro” de la globalización hoy en el mundo y los cambios culturales y educacionales que suceden. Educación para no ver el Poder Real Los argentinos y desde la escuela primaria, estamos condicionados para no ver este poder real que se mueve detrás del trono. De entrada en la enseñanza de nuestra historia nos inundan con miles de láminas de habitantes de Buenos Aires tirando aceite hirvien-do a los ingleses, o frente al Cabildo gritando que “el pueblo quiere saber de que se trata”. Muchos llegan a tener estudios universitarios e ignoran que papel jugaron hom-bres como William White, el capitán Alexander Gillespie, el coronel James Burke, los hermanos John y William Parish Robertson, el Dr. John Redhead o Alexander McKin-non en esos acontecimientos y a que prócer controló cada uno de estos agentes ingle-ses. El estudio de la historia argentina, para los estudiantes secundarios, comienza por los combates callejeros contra los ingleses de 1806 pero no con el estudio de cómo las redes de inteligencia del Secret Service están operando desde entonces. Estudiamos una historia sobre lo aparente y formal, no sobre lo real, menos sobre lo oculto y real que maneja las acciones detrás de la escena. Y cuando el ciudadano común debe decidir con su voto, no está preparado para una buena elección porque, decía Tucí-dides: “No se puede entender el presente (la política) sin haber comprendido el pasado (la historia)” Quizás el hombre que más contribuyó a delinear la estrategia británica hacia el Río de la Plata, haya sido Robert Stewart Lord Castlereagh , ministro de guerra de Gran Bretaña el 01may1807 cuando ante el Parlamento de Londres enunció su Estrategia que en re-sumen era: Gran Bretaña renuncia a la conquista militar del Río de la Plata pero no a la conquista comercial, no le interesa quien sea el gobierno de estas tierras siempre que respete la hegemonía comercial inglesa, se involucra en conflictos internos solo cuando estén en peligro sus intereses. La Estrategia de Castlereagh se complementa con las de Canning – impedir la industrialización – , Baring – control de las nuevas repúblicas me-diante la Deuda Externa - y Rothschild - control de la emisión de moneda por los Ban-cos Centrales. A 198 años de enunciada esta Estrategia, y pese a Malvinas, son muchos los sectores – aún los más politizados – que lo ignoran. Ni por “derecha” ni “izquierda”, los argentinos estamos preparados para “ver” las fuerzas reales que se mueven detrás del Trono. Si en las Universidades alguien habla de estas fuerzas, los profesores de derecha e izquierda reaccionan al unísono: “Eso es Teoría Conspirativa”. Es uno de los dramas que sufrimos: no estar capacitados para entender al mundo real. Si “todo depende del color del cristal con que se mira” la educación cumple así en poner “los cristales de color” para que veamos la realidad con el color que conviene a quienes manejan la educación y, como en la caverna de Platón, y serán muy pocos los dispuestos a cambiar los cristales para volver a observar la realidad. Son estos “cristales” los que impiden ver el papel que juegan en la Historia los servicios de inteligencia, logias, mafias y hasta células revolucionarias y/o subversivas. A la muy poca competitividad de nuestra economía y la clase dirigente, se suma la ce-guera de los sectores universitarios incapaces de ver los reales peligros que nos acechan. Esto hace que nuestro futuro como nación sea altamente dudoso. Zbigniew Brzezinsky : Profeta del cambio de Era y destrucción de los Estados. Zbigniew Brzezinsky aparece en escena en uno de los momentos más oscuros en la His-toria de los Estados Unidos: la Guerra de Vietnam. En medio del profundo pesimismo, cuando la clase dirigente de la super-potencia estaba perdiendo prestigio estratégico – y crecía la propaganda de la superpotencia rival respecto a la “inevitabilidad” de su victoria – en ese momento “Zbig” sabe mirar todo el entorno mundial y darse cuenta del profundo cambio que se está dando en lo tecnológico y del cambio político y cultural que trae aparejado, que Vietnam es una mera coyuntura, que lo importante no es revertir ese resultado militar sino mantener a EEUU a la vanguardia del cambio y como pueden desaparecer los Estados que no se adecuen a ese cambio. Eso distingue a “Zbig” como estratega de un nuevo tipo de guerra y hace que tanto el Grl. Westmoreland como el Grl Nguyen Vo Giap, o el “Che” Guevara, queden como estrategas obsoletos. A su obra “Zbig” la llama “Between two Ages” porque hace un paralelo entre el fin de la Edad Media europea y la época actual., donde a la aparición de la artillería corresponde la energía nuclear, la imprenta a los medios de comunicación satelitales, la navegación hacia tierras extra-europeas a la exploración aero-espacial. “Zbig” se da cuenta que EEUU está a la vanguardia del cambio tecnológico: “Estados Unidos es el principal propagador global de la revolución tecnotrónica… el comunismo… no hace más que capitalizar frustraciones y aspiraciones nacidas de la influencia que Estados Unidos ejerce en el resto del mundo. Estados Unidos es el centro de la atención, la emulación, la envidia, la admiración y la animosidad mundiales. Ninguna otra sociedad inspira sentimientos tan vehementes” La Estrategia para EEUU correcta ya no es combatir por un pedazo de terreno – Viet-nam - sin mayores recursos naturales estratégicos: no deja de ser una guerra colonial del siglo XIX.. Lo correcto es concentrar todos los recursos en dominar las nuevas tecno-logías que permitan el control del mundo. A fines de los años ‘90, el Gral. Nguyen Vo Giap reconoció esto como “colonialismo informático” admitiendo que él se había prepa-rado para combatir al “viejo colonialismo”, pero no a este. Es en el siglo XIV cuando se decide la caída de los feudos – por poderosos que fueran – y su reemplazo por Estados-Nación. Ya no eran viables los viejos Estados-feudo, pe-queños e incapaces de producir, financiar y mantener ni su propia artillería ni sus ejér-citos nacionales profesionales. Tampoco lo serán las defensas de estos, viejas murallas perpendiculares de castillos y ciudades. A la sombra de esos Estado-Nación se desarro-llan poderosas corporaciones que, llegado el momento, han crecido tanto que el Estado-Nación deja de ser una protección para convertirse en corset que deben romper para seguir expandiéndose. Los cambios producidos en el transporte y comunicaciones tienen repercusiones geopolíticas. Dice “Zbig”: “El concepto de interés nacional – fundado sobre factores geográficos – animosidades o amistades tradicionales, la economía o consideraciones de seguridad – implicaba un grado de autonomía y especificidad que solo era viable mientras las naciones estaban suficientemente separadas, en el tiempo y el espacio, hasta el punto de contar con el margen de maniobra y la distancia necesarios para conservar sus entidades independientes” “Zbig” advierte que la expansión del comercio trae apareados los cambios de lealtades sobre los que se basó el Estado-Nación. Sectores que hasta hace poco estaban compro-metidos con el desarrollo del mercado interno, la defensa de este es uno de los pilares del nacionalismo, ahora encuentran más rentable comerciar con países en las antípodas y en base a eso cambian la lealtad con los productores-consumidores con-nacionales para desarrollar un mercado en las antípodas del planeta. Tomemos a Argentina como ejemplo. Hasta hace pocas décadas productor y exportador neto de toda clase de alimentos de zona templada, el hambre era algo impensado. La aparición de China como mercado consumidor de soja, hace que la diversidad de culti-vos comienza a disminuir y Argentina se vaya convirtiendo en mono-productor de soja. Por parte de los involucrados en la producción-exportación de soja cambia la lealtad hacia los consumidores nacionales para dedicarse a los consumidores chinos. La eco-nomía mundial depende cada vez más de la mano de obra china que debe ser alimentada con carnes de pollos y cerdos chinos. Estos pollos y cerdos necesitan forrajes y la soja argentina es uno de estos. La lógica de la globalización es implacable, se puede prescin-dir de los argentinos, pero no de los pollos y cerdos chinos necesarios para alimentar al taller del mundo. Se hace más difícil para los políticos locales – por honestos que sean – poner coto a estos avances del mercado internacional sobre la situación nacional en declive. Dice “Zbig”: “el proceso político global emergente diluye cada vez mas los límites tradicionales entre la política interna y la internacional” Argentina, país chico y con peso cada vez menor, va en camino a ser lo que “Zbig” califica de “mini-estado”: “los mini-estados se eclipsan a la sombra de las corporaciones internacionales multimillonarias del dólar, los grandes bancos y las organizaciones supranacionales de tipo religioso o ideológico y las nuevas instituciones internacionales que en algunos casos “representan” los intereses de los pequeños jugadores (por ejemplo las Naciones Unidas) y en otras enmascaran al poder de los grandes (por ejemplo el Pacto de Varsovia o la OTASO)” Se podría argumentar que los ciudadanos de los “mini-estados” también podrían esfor-zarse por elegir auténticos y sobre todo honestos representantes que defiendan el interés nacional frente a estas poderosas fuerzas multinacionales. En especial cuando las políti-cas de los mini-estados tienen cada vez más rasgos mafiosos. Pero “Zbig” es conciente que las políticas conforme a los intereses multinacionales, y ciudadanías indefensas por carencia de legítimos representantes, termina provocando reacciones anárquicas. En ese caso, los intereses multinacionales deben elegir y “se acepta que es inevitable un cierto grado de criminalidad: en consecuencia, en aras del orden (de las multinacionales) el delito organizado es generalmente preferible a la violencia anárquica (popular), y se convierte, indirecta e informalmente, en una prolongación del orden” Sigue “Zbig”: “Las guerras urbanas del hampa no provocan mucha indignación moral, y tampoco se interpretan como graves amenazas para la paz social. Solo se combaten con empeño los estallidos de violencia que apuntan contra esa paz, corporizada en la vida humana y en los grandes intereses creados: por ejemplo bancos, negocios o propiedades privadas. Asimismo, en las regiones más avanzadas del mundo el establishment y la clase media de la “ciudad global” tienden a ser indiferentes a los conflictos del Tercer Mundo y a interpretarlos como rasgos inseparables del bajo nivel de desarrollo… siempre, claro está, que dichos conflictos no repercutan sobre las relaciones entre los países más poderosos. En consecuencia, las guerras del Tercer Mundo parecen tolerables mientras su escala internacional se detenga por debajo de la amenaza general a los grandes intereses” Bibliografia -http://www.faculty.rsu.edu/~felwell/Theorists/Mills/ -“La elite de Poder” Editorial Fondo de Cultura Económica - México -http://www.aspeninstitute.org/ -http://www.questionsquestions.net/docs04/engdahl-soros.html -Jaime Cañás, “Agentes secretos en el Río de la Plata” -Zbigniew Brzezinsky: La era tecnotrónica” Editorial Paidós, Bs. As., página 54 (bibliografia y notas al pie mas en detalle en la nota original Fuente http://www.mov-condor.com.ar/documentos/fund-ford-desguase.doc
(Por Juan Carlos Camaño) A través de sus aparatos de prensa y propaganda, la derecha internacional carga contra Cuba, Venezuela y el “populismo” latinoamericano; se refiere con eufemismos al holocausto en Irak y calla o distorsiona sobre las posibles “guerras que vendrán”. John McCain, virtual candidato “republicano” a la presidencia de EE.UU., visitó Irak. Está de acuerdo con la “guerra” –invasión de EE.UU. y un grupo de aliados-. Barack Obama y Hillary Clinton “demócratas” –salvo detalles no demasiado sustanciales-, piensan, en más de una cuestión, como Mac Cain. Unos y otros, y quienes los interpretan política y mediaticamente, se desviven apelando a eufemismos para justificar, total o parcialmente, aquello que en la historia de las matanzas contra la humanidad, tiene nombres indisimulables: genocidio, holocausto. En la ciudad de Rosario, Argentina, un conspicuo hombre de la CIA, Roger Noriega; un “anticastrista”, ligado a la mafia-terrorista de Miami, Carlos Montaner; el perro faldero de George W. Bush, José María Aznar; el opaco vaquero ex presidente de México, Vicente Fox; el escritor de la derecha global, Mario Vargas Llosa; Mauricio Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el “apolítico”, dueño de Radio Caracas Televisión de Venezuela (RCTV), Marcel Granier, –entre varios más- se dedicaron a reivindicar en un todo el neoliberalismo. Advirtiendo que están en operaciones. En términos políticos: inflamando la contraofensiva frente a la expansión de movimientos progresistas que, por la vía electoral han llegado al gobierno de varios países de la región. Cosa inadmisible para los que se suponen dueños del mundo y de la vida y la muerte de quienes lo habitan. Luiz Alberto Moniz Bandeira, reconocido historiador sudamericano, fue entrevistado recientemente por la periodista Eleonora Gosman, corresponsal en Brasil del diario Clarín, de la Argentina. En la nota Bandeira dice que el problema suscitado entre Ecuador, Colombia y Venezuela, “no será resuelto porque no interesa en Colombia, y mucho menos al presidente Alvaro Uribe, acabar con la guerra civil que dura más de 50 años. El –por Uribe- y la elite colombiana ganan con los recursos que le proveen Estados Unidos, que a su vez gana con la venta de material bélico y con la asistencia militar en defensa de los oleoductos. Colombia es el tercer mayor exportador latinoamericano de petróleo para los Estados Unidos, debajo de Venezuela y México, y ocupa el sexto lugar en el ranking mundial”. Parece una gran casualidad –que por supuesto no lo es- el hecho de que, por aquí y por allá, se expanda en estos días del siglo XXI, la muerte organizada, con el fin de llevar la guerra donde haya petróleo y en todo rincón del planeta que sirva al desarrollo geoestratégico del proyecto imperialista. Sólo la ingenuidad plena de ignorancia o la connivencia con el mayor agresor de la humanidad, contribuyen a disimular con eufemismos el holocausto en Irak y los que en ciernes se avizoran en el horizonte de la dominación imperialista: Colombia y el total de América Latina, región rica en recursos naturales y estratégicos. En tal sentido el terrorismo mediático asume un rol primordial, siguiendo –a conciencia y como beneficiario de negocios súper millonarios- el trazado grueso de la estrategia del complejo militar-industrial, con su sede central en Washington: hablar y mostrar, hasta la saciedad, lo secundario. Ocultar y distorsionar, hasta el hartazgo, lo principal. Relatar hechos sin contexto histórico, inventarlos y/o mudarlos de sus escenarios reales a caballo de informes, fotografías y filmaciones trucadas. Interesante, pues, es comprobar nuevamente, que cuanto más se desnuda el apetito del asesino, más se intensifica la labor del aparato mediático transnacional, y sus ramificaciones, en procura de mantener en vilo la atención sobre la realidad cubana y venezolana. Supuestamente, un despropósito. Sin embargo, no lo es: Cuba debe ser demolida como idea y la República Bolivariana de Venezuela, liderada por Chávez, debe volver a atrás. A los tiempos en que el petróleo y el gas se saqueaba a manos llenas para rendir pleitesías al imperio. A tal punto esa explotación y saqueo que la casi única fuente de recursos de Venezuela era el petróleo, por lo que hoy suena a burda patraña el discurso que acusa a Chávez de no diversificar el aparato productivo, “condenando al país” a vivir del aumento de los precios internacionales del crudo. Los mismos que hablan de diversificar la economía de la República Bolivariana de Venezuela, quieren transformar a la Argentina en un monocultivo de soja. Neoliberalismo: el libre mercado, la ley de la selva, el pez grande se come al chico, siempre ha habido pobres… Gota a gota, cada día en variados formatos, la prensa mundial machaca con la “transición en Cuba” y alude a Chávez como si se tratara de “un loco”, “un payaso”, “un irresponsable” que habrá de “llevar a la región a un conflicto bélico de irreparables consecuencias”. Tal cual lo aseguró –en el encuentro de la “libertad” y la “democracia”-, el escritor de la derecha criminal, Mario Vargas Llosa. Contra Cuba y Venezuela, entonces, el empeño por satanizarlos, la sistemática tarea dedicada a esmerilar sus bases de sustentación ideológicas, políticas, sociales y económicas, para que Cuba y Chávez dejen de ser referencias, dejen de ser respetados y, en caso de agresiones directas y armadas por parte de EE.UU., vean melladas sus defensas –terceros países- en el campo diplomático y militar. Los planes de invasión a la Isla y a la República Bolivariana de Venezuela, no han sido abandonados por el gobierno de Bush. Y, es de elemental deducción, que Mac Cain, Hillary Clinton y Barack Obama, no den por cerrada tal posibilidad, en tanto –más allá de sus diferencias de estilo respecto de cómo el presente siglo “deberá ser norteamericano”- son ellos mismos fichas del intrincado damero capitalista-imperialista. Lo archiconocido: Jefes de gobiernos y de Estados, que obedecen ordenes enmascaradas en las sugerencias de sus cuerpos de asesores, gerentes de una maquinaria que conjuga a un mismo tiempo, y con el único fin de la guerra, el desarrollo de la industria cultural-militar. Ambas, retroalimentándose sin solución de continuidad, en el tendido de las bases que faciliten la cada día mayor naturalización de los crímenes masivos. En un interesantísimo libro –“Juego de la Mentira”- del belga Michael Collon, se analiza el descuartizamiento de Yugoslavia, a instancias de la iniciativa alemana y “el dejar hacer” de EE.UU. La lupa de Collon se detiene más de una vez en el papel de los medios, a disposición de la invasión, de las invasiones. Primero destaca la sistematicidad del mensaje que sataniza a gobiernos, e incluso a pueblos enteros, para poder justificar ante los ojos del mundo la acción de los depredadores. En este caso señalado, el despedazamiento de Yugoslavia. En su libro, aparecido en 1999, Collon pregunta: “¿Por qué no han mostrado –los medios- que mientras Europa se estaba unificando, era absurdo trocear Yugoslavia en una serie de pequeños Estados débiles e inviables? El autor de “Juego de la Mentira” no sólo revela hipocresías, también desmonta mitos, como el que sostenían políticos y empresarios a través de sus aparatos mediáticos y periodistas mercenarios: “Los Balcanes no tienen ningún interés…”, es decir, no le interesaban a nadie. Collon explica lo contrario y puntualiza que Yugoslavia “contenía cuatro puntos esenciales para su rivalidad: 1. Las rutas del petróleo. 2. El dominio sobre Europa del este, sus riquezas, su mano de obra y sus mercados. 3. El control sobre Rusia y el petróleo de la ex –URSS. 4. La implantación de bases militares para controlar todas estas regiones”. Collon habla de la carnicería armada en Yugoslavia y de “las guerras que vendrán”. Lo hace antes del ataque a las torres gemelas y de las invasiones a Afganistán e Irak. Y, en la suma, podríamos agregar las que ya no tan sórdidamente se preparan a diestra y siniestra. ¿El planteo de las autonomías en Bolivia –país de petróleo y gas- jaqueando a Evo Morales, está creando condiciones para las rupturas, el caos y la exacerbación de una guerra civil, con efectos bélicos multiplicadores hacia los países fronterizos? Sí. Sin lugar a dudas. ¿El bombardeo de Colombia-EE.UU. sobre Ecuador se condice con un plan que apunta también al petróleo ecuatoriano y, por una vía más, al petróleo de la República Bolivariana de Venezuela y a la cabeza de su líder, Hugo Chávez? Sí. Sin lugar a dudas. ¿El sostenido y sofisticado asedio diplomático-militar con que EE.UU. le recuerda a Brasil que el Amazonia –petróleo y biodiversidad- es parte del botín de guerra en la disputa intercapitalista global, nos aproxima a todos a nuevos genocidios? Sí. Sin lugar a dudas. La disociación informativa –y la desinformación tajante- sobre temas cruciales para la sobrevivencia de la humanidad y la identificación seria de los ideólogos de genocidios, no es un déficit incorregible del periodismo del presente –apenas instrumento-, sino la expresión más brutal y acabada de una política estratégica atada a la concepción guerrerista de EE.UU.. País que, en uno de sus picos más altos de desesperación, ve hundirse, paso a paso, a sus otrora intocables naves insignias: “el sueño americano”, “la concreción de un Siglo –el XXI- definitivamente norteamericano” –para el cual se trabajó afanosamente durante el siglo pasado-, y la sentencia pretendidamente incontestable: del “fin de la historia y de las ideologías”. Todo, en una profunda crisis sistémica. La guerra como “única salida” no es más que el fracaso estrepitoso de un sistema esencialmente inhumano, que, todavía, tiene una alta capacidad de daño: no tan sólo por el poderío militar de la potencia hegemónica. Ya los analistas de mercado –voceros de la lógica dominante- hablan de una disminución en la inversión directa de las multinacionales en países de América Latina. Aprietan. Y lo hacen cuando la caída del volumen de remesas que salen de EE.UU. hacia otros países de la región, comienza a resentirse. Aprietan más. Ajustado a la guerra, como único objetivo, EE.UU. –su complejo industrial-militar-cultural- traza la pauta del terrorismo mediático y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) obedece, sin que ello implique necesariamente la existencia de una estructura de ordeno y mando. La SIP, como sabemos, nació hace sesenta años de la mano de la CIA. Hoy, SIP y CIA continúan su camino, entre los Rupert Murdocht, el Pentágono y empresarios del petróleo, de medicamentos, armas, productos alimenticios, grandes automotrices… Moniz Bandeira explicaba, en el reportaje antes mencionado, que cuando Bill Clinton ejercía la presidencia de EE.UU. fue presionado -año 2000-, para invadir Colombia. La idea del operativo se frustró porque Brasil, Venezuela y Panamá, no apoyaron esa “locura”. Pero ello no quita que la “locura” no persiga otras fórmulas, ni tampoco que se haya detenido para siempre. En la última reunión del Grupo Rio, en República Dominicana, quedó en claro que los riesgos de invasiones y de guerras siguen creciendo. Alvaro Uribe, presidente de Colombia, no ocultó, en ningún momento, que él es uno de los comisionados por el Pentágono para acercar combustible al incendio. Quizás, el promotor más visible y templado de las guerras que vendrán. Juan Carlos Camaño es Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) Fuente: http://www.voltairenet.org/article156264.html
¿Quién Paga? Por George Monbiot (*) Cuando los expertos discuten temas conflictivos en antena, deberían revelar sus intereses financieros. La semana pasada, en la sección de cartas del Guardian, un tal Dr. Alan Kendall atacó a la Royal Society por "difamación" a sus oponentes. La Royal Society había enviado una carta oficial a Exxon quejándose de la descripción "inexacta y engañosa" de la compañía de petróleo sobre la ciencia del cambio climático, y de su patrocinio a grupos de presión que niegan que el calentamiento global exista. La carta, exponía el Dr. Kendall, era un intento de "ahogar la discusión legitima" (1). Quizá el Dr. Kendall desconozca lo que ha estado sucediendo. La campaña de disuasión financiada por Exxon y la compañía de tabaco Philip Morris ha sido devastadoramente efectiva. Al insistir en que el caliento global producido por el hombre, o es un "mito" o no merece ser abordado, han proporcionado a los medios de comunicación y a los políticos las excusas necesarias para no tomar medidas, como querían. En parte, como resultado, en los EE.UU. por lo menos, estas compañías han ayudado a retrasar cualquier intento de abordar el problema más importante del mundo durante una década o más (2). ¿No debemos enfrentarnos a ello? Si, como el Dr. Kendall parece sugerir, debemos abstenernos de desenmascarar y criticar a estos grupos, ¿no sería eso "ahogar la discusión legitima"?. Hay mucho más por descubrir No está claro cuánta presión corporativa encubierta ha tenido lugar en el Reino Unido. Pero lo poco que he podido encontrar hasta ahora sugiere que aquí, como en EE.UU., parece haber coincidencia entre Exxon y los grupos que ha financiado y las operaciones de la industria tabaquera. La historia comienza con un organismo denominado Red de Políticas Internacionales (IPN en sus siglas en inglés). Como muchas otras organizaciones que han recibido dinero de Exxon, se describe a sí misma como un "think tank"" o "una organización benéfica educacional independiente". A mí me parece que "grupo de presión" sería una descripción más exacta. Pero mientras la BBC no permitiría a alguien de Bell Pottinger o Burson Marsteller aparecer en antena para discutir un tema concerniente a sus patrocinadores sin revelar la identidad de los mismos, ha permitido a Julian Morris con frecuencia presentar el caso de IPN sin declarar sus patrocinadores. La Red de Políticas Internacionales ha recibido hasta ahora 295.000 dólares de la sede central de Exxon en EE.UU. (3). Julian Morris me dijo que dirige su oficina en EE.UU. "solamente con fines patrocinadores" (4). La IPN sostiene que los intentos para evitar (o mitigar) el cambio climático producido por el hombre son un derroche de dinero. Sería mejor dejar que ocurriese y adaptarnos a sus efectos. La IPN publicó un libro este año argumentando que "la humanidad tiene hasta por lo menos el 2035 para determinar si la mitigación será también una parte necesaria de nuestra estrategia para enfrentarnos al cambio climático... intentar controlarlo por medio de la regulación global de las emisiones sería contraproducente". (5) Morris ha descrito al principal científico del gobierno, Sir David King, que ha hecho una campaña a favor de tomar medidas contra el calentamiento global, como "una vergüenza para si mismo y una vergüenza para su país". (6) Como muchos de los grupos patrocinados por ExxonMobil, la IPN también ha recibido dinero de la industria tabaquera. Morris admite que ha recibido 10.000 libras esterlinas de la compañía de tabaco americana (7). Existen interrogantes sobre su implicación en una solicitud de patrocinio a otra compañía de tabaco, RJ Reynolds. En los archivos que las compañías tabaqueras fueron forzadas a abrir como parte del acuerdo de una demanda colectiva en EE.UU., hay un documento titulado "Riesgos Medioambientales" (8). Es una solicitud de patrocinio a la compañía de tabaco RJ Reynolds, para pagar por un libro sobre "El mito de la Valoración de Riesgos Científicos". "El principal objetivo de este libro es subrayar las incertidumbres inherentes en las estimaciones 'científicas' de los riesgos para los humanos y para el medio ambiente". Entre los mitos a refutar estarían los efectos nocivos para la salud de fumar de forma pasiva. Se solicitaban 50.000 libras esterlinas para el libro. Los editores, decía la solicitud, serían "Roger Bate y Julian Morris." Julian Morris insiste en que su nombre se añadió al documento sin su consentimiento. Dice que no tenía "nada" que ver con el libro (9). Se publicó en 1997 bajo el título "What Risk? (¿Qué Riesgo? N. del T.)" (10). El prólogo era del miembro del parlamento David Davis. Alega que fumar de forma pasiva no es más peligroso que "comer 50gr. de champiñones a la semana" y ataca creencias "políticamente correctas" como que "fumar de forma pasiva causa cáncer" y que "las emisiones de dióxido de carbono resultarán en un calentamiento global fuera de control". No se nombra a Julian Morris como coeditor, pero es la primera persona a la que se da las gracias en los agradecimientos, por sus "sugerencias editoriales". El editor del libro, Roger Bate, es actualmente un miembro del Instituto Americano de Empresas, que ha recibido 1,6 millones de dólares de ExxonMobil (11), y del Instituto de Empresas Competitivas, que ha recibido 2 millones de dólares (12). Hasta 2003, era el sucesor de Julian Morris como director de la IPN. Cuando se escribió el libro regentaba el Foro Europeo de Ciencia y Medioambiente (ESEF), que publicó "¿Qué Riesgo?". El propietario registrado de la página web de ESEF es Julian Morris (13). Éste argumenta que no tiene nada que ver con ESEF tampoco, y que registró su nombre simplemente como "un favor a un amigo" (14). PRWatch alega que ESEF se llamó originalmente Científicos para una Política Pública Sólida (SSPP), y fue fundada por una agencia de relaciones públicas que trabajaba para la compañía de tabaco Philip Morris (15). Documentos en los archivos de la tabacalera muestran que SSPP fue objeto de una virulenta guerra interna entre las firmas de Relaciones Públicas Burson Marsteller y APCO, que estaban intentando conseguir el contrato con Philip Morris. La propuesta de Burson Marsteller sostenía que "la resistencia industrial" a la regulación se "entiende como protección de intereses comerciales propios". Se necesitaba una "voz compensatoria" diferente, que consistía en "formadores de opinión internacional financiados por la industria". Su papel sería "educar a los lideres de opinión, políticos y a los medios de comunicación". (16) El grupo también buscaría fondos en otras industrias. Algunos de los empleados de ESEF contratados como "miembros académicos" eran personas que trabajaban para grupos de presión norteamericanos que luego fueron financiados por Exxon, que han realizado alegaciones falsas sobre el cambio climático (17). Como Julian Morris, Roger Bate ha aparecido a menudo en programas de radio y TV. Cuando le entrevistaron en el programa Today sobre el cambio climático, dijo que reducir las emisiones de dióxido de carbono ha sido "un disparate desde el principio". En vez de eso, deberíamos concentrarnos en adaptarnos al cambio climático (18). En el 2000, presentó una película en la BBC2 llamada "Comida Orgánica: El Mito Moderno", en la que también apareció Julian Morris. Bate todavía no ha contestado la petición del Guardian para una respuesta. No existe ninguna ley en contra de recibir dinero de corporaciones, o proponer argumentos en los medios que estén de acuerdo con sus intereses. Ni debería haberla. El problema está en lo que parece ser la falta de declarar un interés. Cuando alguien habla sobre un tema de importancia pública, deberíamos poder saber quien les ha pagado. Esto debería aplicarse a todos los defensores, grupos de presión y think tanks, desde Greenpeace hasta el Instituto de Empresas Competitivas. Las pautas del productor de la BBC están claras en este punto. "Necesitamos asegurarnos de que no nos vemos involucrados con programas de campañas que son políticamente contenciosos. Los programas no deberían adoptar la agenda de una campaña o grupo de campaña en particular..." (19). Durante finales de los 90 y principios de los 2000, algunos de nosotros avisamos de que los grupos de campaña no siempre se describen a sí mismos como tales. Nos ignoraron. La BBC parece haber abierto ahora los ojos al problema. Pero hemos perdido 10 años en los cuales se podía haber abordado el cambio climático. El libro de George Monbiot Heat: How to stop the planet burning se publica esta semana en Penguin. www.monbiot.com 1. Alan Kendall, 22 septiembre 2006. Alan Kendall, 22nd September 2006. Global warming debate must be heated. The Guardian. 2. Este proceso estça descrito en Heat: how to stop the planet burning. 3. http://www.exxonsecrets.org./html/orgfactsheet.php?id=108 4. Discusión con Julian Morris, anterior a la entrevista en la BBC, 14 septiembre 2006. 5. The Sustainable Development Network, 2006. Carrots, Sticks and Climate Change. International Policy Press, Bedford Chambers, Londres. 6. Antony Barnett y Mark Townsend, 28 de noviembre de 2004. Greenhouse effect 'may benefit man'. The Observer. 7. En entrevista para Newsnight, 14 de septiembre de 2006. 8. http://legacy.library.ucsf.edu/cgi/getdoc?tid=wov90d00&fmt=pdf&ref=results 9. En entrevista para Newsnight, 14 de septiembre de 2006. 10. Roger Bate (Ed), 1997. What Risk? Science Politics and Public Health. Butterworth-Heinemann, Oxford. 11. http://www.exxonsecrets.org./html/orgfactsheet.php?id=9 12. http://www.exxonsecrets.org./html/orgfactsheet.php?id=2 13. De: whois.networksolutions.com:43 Inscrito: European Science and Environment Forum (ESEF-DOM) UK. Nombre del Dominio: ESEF.ORG Contacto Administrativo: Morris, Julian (JM4309) [email protected] European Science and Environment Forum Kersfield Road London, SW15 3HE 14. En entrevista para Newsnight, 14 de septiembre, de 2006. 15. http://www.prwatch.org/prwissues/2000Q3/junkman.html 16. Burson-Marsteller, 1994. Scientists for Sound Public Policy. http://legacy.library.ucsf.edu/cgi/getdoc?tid=jpd24e00&fmt=pdf&ref=results 17. La Lista completa se encuentra al final del libro What Risk? Incluye S.Fred Singer, Sherwood Idso, Sallie Baliunas, Willie Soon y otros. 18. El vídeo se puede ver en http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/746453.stm 19. Pautas del Productor de la BBC- Patrocinio de programas y relaciones exteriores (BBC Producer Guidelines - Programme Funding and External relationships). Se puede ver en www.ucipe.org/documentos/fundamentos.pdf GEORGE MONBIOT es un activista inglés especialista en política y política medioambiental, tenencia de tierra y derechos de los pueblos nativos. Su producción de escritor y periodista incluye Poisoned Arrows: An Investigative Journey Through Indonesia (1989), Amazon Watershed (1991), No Man's Land: An Investigative Journey Through Kenya and Tanzania (1994), The Captive State: The Corporate Takeover of Britain (2000), The Age of Consent (2003) y las columnas que semanalmente publica el diario The Guardian. Su trabajo ha sido reconocido con un United Nations Global 500 Award, el Lloyds National Screenwriting Prize, un Sony Award, el Sir Peter Kent Award y el One World National Press Award. Actualmente enseña en la Oxford Brookes University. Fuente http://www.zmag.org/Spanish/1106monbiot.htm