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Usuario (Argentina)

Primer post: 19 dic 2009Último post: 31 mar 2010
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Noche de paz, noche de amor, noche de hipocresía.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo12/19/2009

La hipocresía es el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Y la navidad es un fiel reflejo de la hipocresía Argentina. La noche del 24 de diciembre pone al desvelo la idiosincrasia de un país, que por cierto tiene un compendio de tradiciones devenidas de diferentes culturas y propias. Argentina ha heredado y sucumbido ante las tendencias del capitalismo, del consumismo, de la Iglesia católica, y de las más increíbles fábulas. Además, la víspera de la celebración deja en manifiesto aquellas bajezas humanas que caracterizan hasta al mejor de los anfitriones festivos. La navidad surge como la conmemoración del nacimiento de Jesús, a pesar de que la fecha es arbitraria, ya que se estableció después de las fiestas romanas del solsticio de invierno, cuando se festejaba el nacimiento del dios del sol Apolo, con el fin de convertir romanos al cristianismo. Sin embargo hoy la navidad tiene un sentido diferente a aquel en el que se emulaban valores como la dignidad, el desinterés, el temple ante la adversidad, el honor, y sobre todo la honestidad. En los últimos años la fe y la iglesia católica, religión predominante, han sufrido, y lo siguen haciendo, una pérdida de fieles importante. Así como también hoy es el lugar donde se evidencian las diferencias de clases sociales. Aquí es donde entra en juego el capitalismo como sistema económico rigente, que ejerce la plusvalía y en consecuente las desigualdades sociales. Argentina deambula en una actualidad donde los medios de comunicación y la publicidad aunaron fuerzas para que la clase media y baja dejen de ahorrar y despilfarren dinero en bienes y servicios cada vez mayores y de ésta manera conseguir un engañoso pero consiente status social que no se corresponde con el ingreso de ambos sectores. La navidad ah dejado de ser una fiesta religiosa para convertirse en una fiesta del consumismo indiscriminado. Donde los valores están superados por un producto de satisfacción efímera. Personas que viven inmersas en un país que tiene confesionalidad católica apostólica romana férrea en su constitución nacional pero que a su vez incentiva de manera incesante y hasta el hartazgo la industrialización de las festividades y la llegada de “Papá Noel”. Como bien gráfica Ernesto Sábato en La Resistencia “el tiempo de la vida no era el de la prisa de los relojes sino que aún guardaba espacio para los momentos sagrados y para los grandes rituales, donde se mezclaban antiguas creencias de estas tierras con las gestas de los santos cristianos”. En este presente la vertiginosidad y las urgencias, así como la violencia que rige la sociedad de estos días, hacen que la fiesta navideña sea un mero trámite, donde se organizan cenas y almuerzos alrededor de objetos materiales con parientes indeseables y con la aparente necesidad de demostrar que “todo está bien”, que no hay necesidades y que el pan dulce seccionado en porciones es el símbolo de la unidad y el amor. El 24 de diciembre que viene será esa fecha en que los argentinos seguramente pretendan dejar su orgullo de lado, sus pensamientos apocalípticos, sus miserias, sus disputas familiares, sus rencores, y abstraerse de la realidad Argentina, para dar paso a la falsa humildad y al darse a los demás como emblema de buena fe. Todo sin darse cuenta de que lo que están celebrando es la hipocresía de reprimir sentimientos, de parecer ingenuos y crédulos, de tratar de generar un status más elevado, de vivir por lo menos una noche de las apariencias y engaños de lo material. Y que por una horas la dicotomía entre lo real y lo ficticio, entre lo verdadero y lo falso, en definitiva, a que la lealtad a la hipocresía sin censura riga la vida de las personas.

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Kirchenerismo: nueva forma de división de poderes
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/31/2010

El Kirchnerismo y una nueva forma de entender la división de poderes. Parece que la división de poderes tomó otro significado en la era Kirchner. La idea de Montesquieu era la de un sistema de contrapesos entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial, para garantizar la democracia. Una especie de burocratización del Estado para un mejor desempeño, bajo el irrefutable pensamiento utópico de la época colonial. Sin embargo bajo el mandato kirchnerista el concepto ha captado otro tinte, el de la confrontación. El periodo presidido por Cristina Fernández se ha destacado por diversas contiendas. Entre las más relevantes se encuentran la del campo y la del multimedios Clarín. Es evidente que el actual gobierno no es de los que ceden, de los que esquivan y gambetean. Más bien, pertenece al grupo de aquellos que no ahorran energías, recursos, y hasta escrúpulos con tal de vencer. ¿Virtud o defecto?, no importa. Lo que sí interesa es que esa actitud ha llevado al país a una desestabilización profunda en la relación de los componentes de las instituciones que nuclean los tres poderes. El conflicto político rigente tuvo su génesis en diciembre del 2009 cuando se crea el Fondo del Bicentenario mediante un decreto de necesidad y urgencia (DNU), que incluía el pago de la deuda mediante las reservas. Episodio que desembocó en la destitución de Redrado al frente del Central tras la resolución de la Juez María José Sarmiento, en respuesta a un recurso de amparo presentado por las principales corrientes opositoras, en la que sentencia que le corresponde al parlamento la decisión de la utilización de las reservas. La posterior designación de Mercedes Marcó del Pont como titular de la entidad bancaria devino en la derogación el decreto promovido por la presidenta. Sin embargo los 6.569 millones de dólares que la mandataria nacional pretendía utilizar se consiguieron mediante un giro del Banco Central al Ministerio de Economía. A partir del momento en el que la jueza Sarmiento traba las tentativas del gobierno, la relación Ejecutivo-Judicial se quebró indefectiblemente. Como resultado la Argentina está atravesando momentos de una insostenible incertidumbre económica, así como también política. Por una parte se están cumpliendo vencimientos de la deuda, además de estar en las puertas del lanzamiento de los bonos globales a 10 años. Por otra parte la dicotomía entre el gobierno, que sostiene que los legisladores o tribunales no pueden revertir un decreto nacional, y la oposición que afirma que los decretos son inconstitucionales porque se necesita la aprobación del parlamento. A raíz de esto la bolsa opera con bajas, debido la falta de confiabilidad de los inversores extranjeros, y los precios del mercado interno se disparan. Queda claro que ahora la división de poderes no sólo la definen las leyes nacionales, sino que sus actores también. Parece que los Kirchner han contagiado y esparcido su naturaleza combativa hacia el legislativo y el judicial. Hoy los partidos disidentes y gobernantes parecen dirimirse no sólo en el terreno o el ámbito político tradicional, recurriendo a diferentes artilugios o caminando por las aristas de la ley, como es costumbre, sino también en el mediático. La aparición de la presidenta por cadena nacional ya no es una novedad. Pero el conglomerado entre la oposición, el poder legislativo, el poder judicial, y el multimedios Clarín, ha convertido el tratamiento de los DNU en un debate mediático constante, en el que nadie cede y todos atropellan. Una disputa en la que no hay ventajas para nadie. La oposición que legisla y tiene el aval de Clarín. El judicial que condiciona mediante fallos y que asume una postura neutral poco creíble. Y el poder ejecutivo, con el apoyo de los enemigos del monopólico multimedios, en una posición férrea en cuanto a sus convicciones. Todos estos agentes pugnan por la adición del público, del receptor de discursos cada vez más descalificadores y que llegan a través de medios de comunicación que parten la realidad según sus intereses. La adhesión de la opinión pública traduce la batalla de política a términos de buenos y malos, ganadores y perdedores, donde no existe la decisión correcta, sólo el ganador. En consecuencia Argentina es una nación inestable en cuanto a sus instituciones y que genera una imagen decadente y poco fiable para los capitales extranjeros, mediante discusiones y disputas que no tienen nada que ver con el gobernar, sino con el poder mismo. La prepotencia del Kirchnerismo ha llevado a otro nivel el concepto de división de los poderes, lo ha llevado al nivel en el que división de poderes es la cara democrática del enemigo.

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