gecko4250
Usuario (Costa Rica)

Cuando un bebé esta muy callado, es porque alguna travesura está haciendo. Esto fue lo que pasó ese dia, se los juro, pocas veces me he reido tanto. Moraleja, nunca dejen tinta al alcance de los niños!! Veo que hay muchos preocupados porque el toner es toxico. aclaro, solo sucadió una vez y desde eso el toner esta con llave. Todo bien . Miren el soldado, va para la guerra Comenten
Saludos. Para comenzar el fin de semana con una sonrisa. Dejen cargar, son 105 imágenes. Disfruten.

El coatí de nariz blanca (Nasua narica), también conocido como pizote o antón, es una especie de mamífero carnívoro de la familia de los prociónidos que habita en Centroamérica y el sector meridional de Norteamérica.EL Pizote es de color café, tiene los labios blancos y una franja pálida que va desde los ojos hasta la nariz. Esta última es larga, ahusada y móvil. El pelo es corto en la cabeza y las patas, pero el del cuerpo es largo y áspero. La cola es larga y tiene seis o siete bandas oscuras, poco notorias y, en algunos individuos, casi indistinguibles. Siempre llevan la cola levantada.Se distribuye desde el suroeste de Estados Unidos hasta Panamá, en Costa Rica se encuentra, principalmente, en tierras bajas, como Santa Rosa (Guanacaste), Pacífico Sur, Sarapiquí, en zonas boscosas y matorrales en general. También es común en tierras medias. Es muy común observarlo en sitios húmedos como "La Reserva de San Ramón" (Reserva Biológica Alberto Manuel Brenes), pero también en áreas de bosque seco y montano como los parques Santa Rosa y Rincón de La Vieja. Aquí se han observado manadas de 150 y hasta mas individuos.Es un experto trepador y saltador entre las ramas de los árboles, donde consume frutos, y también puede vivir en el suelo, donde consigue pequeños vertebrados, frutas, carroña, insectos y huevos. También toman néctar, por lo que pueden ser agentes polinizadores de árboles de importancia ecológica, como la balsa. Son de hábitos diurnos y se les ve en manadas de 8 a 20 o más individuos.Tras un período de gestación de 65 a 74 días, la hembra da a luz de tres a siete pequeños que se mantienen con la madre hasta los dos años de edad y se unen a la manada unas cinco semanas después de nacidos. El macho es poco sociable, por lo que muchas veces hace vida errante, principalmente cuando viejo; se le conoce como pizote solo. Se ha comprobado, experimentalmente, que son muy inteligentes. Y por Último la mejor Espero les haya gustado, Pura vida

Estaba medio aburrido en la casa y decidí ir al "super" por algo de comer. Una vez ahí encontré unas latas de spray y como no tenía nada mejor que hacer... me propuse pintar uno de los "tarros" que tenía en la bodega y ponerlo a funcionar.... Una vez armado, tocó instalación.... un par de lucecitas... Y finalmente, el nacimiento
Trucos en la cocina Para quitar el olor a pescado: El fuerte olor que el pescado deja en los platos y en las fuentes, desaparecerá sumergiendo las piezas de la vajilla en un balde que contenga té muy cargado. Si el olor persiste, frótelos con media cebolla o con media papa cruda y aclárelos después con el té. Para un caldo nutritivo: Cocine la carne en agua fría. Para madurar aguacates: Caliente el horno y apáguelo, ponga ahí los aguacates envueltos en papel periódico y déjelos durante toda la noche. Al día siguiente podrá consumirlos. Evite que las verduras se descompongan por la humedad del refrigerador: Ponga toalla de papel en la base del depósito. Ésta absorbe la humedad y los vegetales duran mucho más. Papas fritas crujientes: ¿Sabía que para que las papas fritas queden más crujientes y doradas, antes de freírlas, hay que secarlas bien con un paño limpio y luego espolvorearles un poco de harina? Carne jugosa: El secreto para lograr que una carne quede jugosa está en cocinarla primero en horno bien caliente sin aplicarle sal. Después baje la llama para completar la cocción. Así se forma alrededor de la carne una costra que impide que se escape el jugo. Manzanas: Rocíelas con jugo de limón apenas les quite la cáscara, para evitar que se pongan negras. Este dato también lo puede aplicar en duraznos y frutas en general. Sopa salada: Pele una papa grande y sumérjala en la sopa. Déjela unos 10 minutos para que absorba el exceso de sal. Retírela y sirva. Evite que la sal se humedezca: En el fondo del salero de la cocina ponga un papel absorbente (toalla o servilleta de papel). Sánduches y canapés frescos por varias horas: Para que este tipo de alimentos se mantengan frescos, cubra la bandeja con un paño húmedo y bien estrujado. Carne blanda: Para que la carne quede blandita, cocínela con tomate (si no tiene natural, use en tarro). El ácido del tomate actúa como un efectivo ablandador natural de las fibras. Pan fresco: Dentro de la bolsa del pan ponga una ramita de apio. Berenjenas: Para que las berenjenas no queden amargas, déjelas remojando un rato en leche. Claras de huevo: Las claras de huevo que les vayan sobrando, congélelas de a una en las cubetas para hacer hielo: así sabrá cuántas tiene y podrá usar la cantidad exacta que necesite. Vino en los caldos: El vino que se agrega en los consomés se usa para aromatizar el caldo, por lo tanto se debe agregar apartado del fuego. El hervor hace que pierda todo su aroma. Harina: El secreto para que la harina no se humedezca consiste en poner dentro del tarro donde la guarda una hoja de laurel. Esta absorberá la humedad ambiental y la harina se mantendrá en perfecto estado. Empanadas crujientes: Cuando vuelva a calentar las empanadas en el horno, rocíelas con un poco de agua. Esto ayuda para que se caliente bien y queden crujientes. Tapas: A veces las tapas de los frascos están tan apretadas que no podemos abrirlas. En ese caso, ponga el frasco con la tapa hacia abajo en un recipiente con agua bien caliente. Déjelo unos minutos y después podrá destaparlos fácilmente. MEDIDAS 3 Cucharaditas = 1 Cuacharada 1 Onza = 2 Cucharadas = 30 gramos 2 Onzas = 4 Cucharadas = ¼ de taza 4 Onzas = 8 Cucharadas = ½ taza 8 Onzas = 16 Cucharadas = 1 taza = ½ libra 1 Litro = 4 tazas Trucos con la ropa Planchas más deslizantes: Cuando la plancha se pega a la ropa, pásale por la base un trozo de jabón seco cuando aún esté caliente. A continuación, enjuágala con agua y sécala con una hoja de periódico. Dejará de pegarse. Toallas: Para evitar que el tejido de las toallas pierda lo esponjoso, cuando las enjuague agregue al agua un poquito de bicarbonato y mantendrán la suavidad original. Suéteres decolorados: Si su suéter negro ha ido perdiendo color, lávelo con el agua de cocción de espinacas. Recuperará el tono original. Prendas manchadas por la plancha: Si su camisa se ha oscurecido ligeramente al plancharla, no se preocupe: Sumérjala enseguida en una solución de agua oxigenada no muy concentrada. Volverá rápidamente a recuperar su color natural. Prendas de terciopelo: Sus prendas de terciopelo quedarán como recién estrenadas si, aprovechando los días de humedad, las cuelga en la terraza. La humedad les devolverá un estupendo aspecto. Antipolilla efectivo: Además de la conocida naftalina, introduzca en los bolsillos de los abrigos y la ropa de paño o lana un poco de clavos de olor. Es una forma muy efectiva de ahuyentar a las polillas y de evitar el olor de la naftalina. Suéteres sin bolitas: Si quieres que a tus jerseys no les salgan bolitas, haz lo siguiente: recién comprado llévalo durante dos días al congelador, dentro de una bolsa de plástico. Ropa más blanca: Cuando la ropa permanece guardada durante mucho tiempo aparecen en ella unas feas manchas amarillentas. Para devolverle su color blanco inicial, ponga sobre ellas un poco de leche fría, déjela reposar durante un rato y después prueba a lavar la prenda normalmente. Trucos para la limpieza Manchas de mantequilla: Para sacar las manchas de mantequilla en lana o seda, espolvoree inmediatamente talco para que absorba. Sobre material sintético, limpie la prenda con agua muy caliente y detergente. Manchas de leche de bebé: Se eliminan si se frotan rápidamente con agua fría y bicarbonato. Manchas de sangre: Se sumerge la prenda en agua fría y vinagre durante varias horas. Luego se frota con un cepillo impregnado en un poco de detergente. Manchas de sudor: Se pueden eliminar si se pasa por el revés de la prenda antes de lavarla, un algodón empapado en alcohol. Termos limpios: Vierte en el interior agua muy caliente con unos granos de arroz. Agítalo durante un rato, tira ese agua y acláralo con agua bien limpia. Manchas de fruta: Quítelas con una mezcla de una cucharada de agua oxigenada con una taza de agua y unas gotas de amoníaco. También da excelente resultado remojar la mancha en leche caliente antes de tratarla con otro producto. Muebles de bambú: Para conseguir que adquieran un brillo especial bastará con que les pases de vez en cuando, medio limón por toda la superficie. Bañera impecable: Se limpia muy bien con vinagre caliente. Si tiene manchas amarillas, puede eliminarlas aplicando una mezcla hecha con el zumo de un limón y dos cucharaditas de sal fina. Manchas de chicle: Lo mejor para solucionar este problema es pasar un hielo por la superficie manchada. (Hágalo durante bastante rato, porque es un proceso lento). Evitar los olores en la nevera: Existen varias formas de solucionar este problema: Ponga en el interior un recipiente con un poco de leche y una rodaja de limón, mantenga abierta una botella de agua mineral sin gas, o bien, introduzca en ella unos trocitos de carbón vegetal del que se utiliza en los asados. También resulta muy eficaz guardar en la nevera una coca con un puñadito de bicarbonato. Los olores no se mezclarán. Para sacar las manchas de vino: Debe frotar inmediatamente la mancha con jugo de limón y después lavar la prenda como de costumbre. Otro sistema muy bueno es vertir en el agua en que va a lavar, unas gotas de agua oxigenada. El agua de las papas: No tire el agua donde se han cocido las papas, pues tiene diversos usos. Cuélela y aprovéchela. Por ejemplo, pura, le servirá para limpiar los cubiertos y objetos de plata -también los de acero inoxidable- y para lavar las prendas de lana, con vinagre, la convertirá en un estupendo limpiaparabrisas. Zapatos y bolsos de charol: Para recuperar el brillo y el lustre debe frotarlos con un algodón empapado en leche y pasarles luego un paño seco. Trucos varios Velas que no gotean: Puede evitar esas odiosas gotas de cera en el mantel si el día anterior dejas las velas, durante unas horas, en remojo en agua salada. Ambientador natural: No te hacen falta ambientadores que perjudiquen la capa de ozono. Prueba a cocer, hasta que se evapore, una mezcla de agua, azúcar, canela, clavo y cáscara de limón. Es una ambientador efectivo y completamente natural. Despegar estampillas: Para despegarlos fácilmente y que no se rompan mete las cartas en el congelador durante un par de horas. Armarios sin humedad: Distribuye por él pequeños trozos de tiza, ésta se encargará de absorberla por completo. Inténtalo también poniendo unas bolsitas de tela llenas de arroz. Hogar perfumado: Impregna las bombillas de todas las lámparas, así como los bajos de las cortinas con tu perfume favorito. Al encender la luz, el calor hará que la bombilla desprenda el olor, lo mismo ocurrirá al correr el aire y mover los visillos. Sin rayar el suelo: Para evitar rayar el suelo mientras mueve muebles, enfunda sus patas en unos calcetines gruesos de lana. Cinturón a medida: Si le queda grande y desea añadirle un nuevo agujero, caliente al rojo vivo una aguja fina de tejer y pinche con ella el cinturón en el punto que previamente señaló. Fuente: http://www.teleantioquia.com.co/
Giró su reloj de arena como lo hacía todas las mañanas antes de comenzar a trabajar. Era su ritual de inicio de semana, donde religiosamente alineaba todos los adornos que tenía junto al computador y finalizaba volteando su preciado reloj de arena. El último regalo de cumpleaños que recibió de su amada Karla. Era un día frío, más que de costumbre, las ventanas lucían empañadas a esa hora de la mañana y los rayos del sol aún no se dignaban a salir por entre las nubes. Gris era el día, gris era el tiempo y gris su agonía. No había día en que no llorase por su ausencia; noche tras noche se dormía llorando por haberla perdido de esa manera y noche tras noche en medio de sollozos y culpas, abrazaba su almohada deseando volver a tenerla aunque fuera por una sola noche. Latas vencidas habían sustituido los paquetes de comida en la despensa, telarañas y polvo habían cubierto gran parte de la casa y tazas con hielo y botellas medio vacías de cerveza invadían el enorme refrigerador que alguna vez rebosó de comida y verduras frescas. Su depresión era evidente, había perdido peso considerablemente y su rendimiento en el trabajo era más bajo que nunca. Su jefe, preocupado por quien alguna vez fue de sus mejores empleados, le exigió tomar un par de semanas de vacaciones como último recurso rehusándose a despedirlo. Se instaló en la vieja casa del lago, herencia de un tío rico de Dios sabe donde, en la que solía descansar con su esposa. Revisó las alacenas y tenía suficientes provisiones para un par de meses, tomando en cuenta lo poco que comía últimamente. Depositó su ropa en la cómoda y se dejó caer sobre la cama, deseando que su vida acabase de una vez por todas. El ruido del viento golpeando la cubierta de una de las ventanas le despertó y le hizo levantarse. Era ya tarde en la noche, y se había dormido con las puertas abiertas. Una fría niebla proveniente del turbio lago comenzaba a entrar por la puerta principal. Cerró con seguro la puerta y las ventanas, se dispuso a volver a la cama pero un ligero golpe en la pared posterior de la cabaña le interrumpió. Armado con su linterna en la mano derecha y un cuchillo de cocina en la izquierda, salió de la casa y caminó cuidadosamente hasta el lugar de donde provino el ruido, sintiendo un gran alivio al ver que solo era un sapo que se había estrellado y yacía aún atontado cerca de una descuidada meseta. Cerró tras de sí la puerta y caminó hacia su cama, cerró por un momento los ojos y deseó ver de nuevo a su amada, se volteó buscando abrazar su almohada y se encontró con unos ojos grises mirándole fijamente. Se alejó lo más rápido que pudo y le apuntó con el haz de la linterna, pero la criatura trepó con rapidez por la pared y escapando de la luz. Corrió hacia el salón cerrando la puerta, tomó el cuchillo con su temblorosa mano y retrocedió lentamente buscando la puerta de salida sin descuidar la puerta del cuarto. Unas desquiciadas risas comenzaron a sonar, al tiempo que la puerta era golpeada desde el interior de la habitación donde dejó encerrada a aquella criatura. Sabía que no podía escapar por ningún otro lugar, pues era el único lugar de la casa que no poseía ventanas, y el único ingreso era por la puerta que el estaba custodiando. Con una mano en la espalda y la linterna sostenida entre su cabeza y su nuca, intentaba abrir la puerta de salida pero no podía atinarle al agujero de la cerradura, y en uno de esos fallidos intentos, las llaves resbalaron y cayeron al piso. Se arrodilló rápidamente para recogerlas y de pronto los golpes cesaron. La risa sin embargo, se tornó más escalofriante todavía y observó con horror como una mano atravesaba la madera de la puerta como si de una cortina de agua se tratase. Poco a poco la cabeza también se abrió paso y en unos pocos segundos ya tenía fuera la mitad de su cuerpo.Levantó la cabeza en dirección al horrorizado sujeto y moviendo levemente la cabeza esbozó la mas horripilante sonrisa que jamás había visto. Sin duda alguna, parecía a su fallecida esposa, pero definitivamente no era ella, un ser tan maravilloso jamás podría convertirse en tan espeluznante criatura. Se armó de valor y hundió el cuchillo con todas sus fuerzas justo en el ojo derecho de la criatura, pero la atravesó como si fuera de aire y quedó incrustado en la madera de la puerta y aunque no le hizo ningún daño, el solo hecho de intentarlo no pareció hacerle ninguna gracia al engendro de la puerta, quien lanzo ahora un poderoso alarido con el que acto seguido, todas las criaturas de las inmediaciones hicieron solemne silencio. De pronto no se escuchaban los grillos, ni las ranas cantando, no se escuchaba ni siquiera el viento mover las hojas de los árboles, no se escuchaba nada más que los exaltados jadeos del ser atorado en la puerta y las aceleradas palpitaciones del pobre desgraciado que estaba acurrucado en la puerta, presa del pánico, apuntándole con una linterna. Los minutos pasaron y de pronto entendió lo que estaba sucediendo: por alguna razón la criatura se había quedado atorada, al parecer, a causa de la luz con la que le apuntaba, se mantuvo así por espacio de casi una hora, no tenía el valor para mirarla directamente a los ojos, pero notaba algo en ella que le entristecía. Un par de horas habían pasado ya y la luz comenzaba a debilitarse. Nunca había pensado tanto en la importancia de la electricidad como esa noche, y conforme la luz amainaba, la criatura comenzaba de nuevo a moverse. Intentó nuevamente abrir la puerta, rezando por hacerlo bien esta vez. Acercó una silla sin dejar de apuntar con la luz y la colocó cuidadosamente para abrir la puerta. Giró suavemente la perilla y quitó el seguro de la puerta; corrió desesperadamente hacia su auto y arrancó sin mirar atrás. Unos minutos después estaba en la interestatal con decenas de kilómetros de distancia de esa vieja cabaña justo cuando los primeros rayos del sol se comenzaban a asomar. Paró en un hotel del camino, demasiado nervioso para poder dormir, pero agotado por el viaje y las horas de horror que acababa de sobrevivir. Fue al bar y con un Whisky en las rocas contó al camarero la situación que le acababa de acontecer; este se limitó a encoger los hombros mientras continuaba limpiando la desgastada barra. Unos cuantos minutos (y tragos) después, se dirigió a su cuarto y se acostó a descansar lo que quedaba de la mañana y para el atardecer ya se sentía completamente repuesto. Abordo de nuevo su vehículo y emprendió la marcha hacia su desordenada casa. Encendió las luces de su auto para poder ver mejor la carretera y un escalofrío recorrió su cuerpo. Volteó lentamente y ahí estaba de nuevo ese rostro, junto al asiendo del acompañante, justo donde viajaba su mujer el día que discutieron y el la empujó causándole la muerte al salir del vehículo cuando falló el seguro de la puerta. Ahí estaba ella y gritó nuevamente, desesperado trató de defenderse pero esta vez no había luz capaz de detenerle… Días después fue encontrado su auto cerca del la vieja casa: vacío, calcinado, y con unas extrañas marcas de arrastre que salían de este y desaparecían en la orilla del mismo lago donde escondió el cadáver de su difunta esposa. Por fin entonces, se solucionaron todos los asuntos pendientes.
Aquel viejo portón con los barrotes oxidados no iba a detenerlo más, Bruno sentía la curiosidad desde hace meses, ese edificio abandonado y semi destruido le incitaba todos los días cuando iba rumbo al colegio. Muchos rumores habían respecto a ese enorme inmueble, y algunos aseguraban haber escuchado extraños quejidos por las noches, provenientes del interior del que alguna vez fue un gran “centro de investigación” hacía 41 años atrás. Le faltaban solo dos meses para graduarse y no quería irse de la ciudad sin saber cómo era el interior de ese edificio. Miles de judíos desfilaron por esa misma entrada y cruzaron ese mismo portón, para nunca más salir, o al menos, eso es lo que contaban los más antiguos pobladores del lugar. Miles de almas fueron atormentadas dentro de esas instalaciones; derrumbados sus muros ahora, producto del último bombardeo y el pasar insorteable de los años. Aprovechando la poca luz al amanecer, se deslizó entre los retorcidos y oxidados fierros y en cuestión de segundos ya estaba dentro. Caminó rápidamente y una vez dentro del edifico, encendió su linterna y se dispuso a explorar. No quedaba nada intacto; después de todo, habían pasado 4 décadas desde que dejó de funcionar. La mayoría de las cosas habían sido robadas o destruidas por el paso del tiempo. Caminó por los pasillos cautelosamente, leyendo con atención cada uno de los pocos letreros que aún se mantenían legibles, avanzó por un largo pasillo y al llegar al final, se encontró con un bloqueo causado por el derrumbe de una pared. Logró divisar un pequeño agujero por el que de costosamente entraría, y armado de valor y curiosidad, continuó su recorrido a través de aquel estrecho túnel. Del otro lado solo encontró 2 puertas más en ambos lados y una pared en medio; decepcionado, se disponía a irse cuando tropezó con un borde levantado de una compuerta que se encontraba en el piso, de lo que esperaba fuera un sótano o al menos una bodega. Se devolvió al derrumbe para buscar algo que le ayudase a abrir la compuerta y después de mucho batallar logró separar un trozo de varilla de la estructura; unos 15 minutos después, la compuerta había cedido y Bruno estaba listo para adentrarse en su nuevo descubrimiento. El agua se filtraba por algunas paredes y las mantenía húmedas y cubiertas de un extraño musgo, el pasillo estaba desordenado, con muchas sillas y bandejas metálicas tiradas por doquier; algunos restos de lo que parecían pinzas y otras herramientas también debían ser esquivadas conforme avanzaba hacia la extraña puerta que se encontraba al final del pasillo. Limpió un poco el letrero instalado en la puerta y la leyenda indicaba “Forschungsraum”. Abrió la puerta y aferrándose a la luz de su linterna, continuó su exploración. A diferencia del resto del edificio, este cuarto no parecía dañado por los años, al contrario, era como si el tiempo se hubiese detenido dentro de ese cuarto; todo se veía nuevo. Caminó despacio, observó varios círculos pintados en el suelo, con extrañas formas dentro y letras desconocidas alrededor, algunos de ellos tenían runas, otros varios triángulos y al lado de una pared, un círculo enorme con la estrella de David en medio y alrededor muchos pentagramas. Este círculo era diferente a los demás, además del tamaño considerablemente mayor, era de color rojo y no estaba tan bien detallado como los otros, que eran perfectos; parecía más bien hecho a mano por alguien con mal de Párkinson, y la zona donde estaba parecía quemada. Apuntó el haz de luz hacia la pared y pudo ver que también parecía quemada y estaba agrietada y comprobó con horror que habían figuras humanas pintadas, con los brazos levantados, como protegiéndose de algo. Estas figuras le hicieron recordar las fotos que vio en el libro de su tío, de lo que quedó de las víctimas de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. Era indudable que algo malo había ocurrido ahí. Observó al final del enorme cuarto un tanque de vidrio con un líquido verduzco dentro; se acercó, limpió un poco el cristal y retrocedió de inmediato: dentro del tanque había lo que parecía una persona muy delgada, conectada a lo que parecía un respirador artificial, pero eso no era posible, el diseño era muy adelantado para la época en la que fue construido el edifico, y más extraño aún, el cuerpo estaba intacto, casi parecía vivo, se acercó un poco más para mirar con más detenimiento y el hombre dentro del recipiente abrió los ojos, horrorizado dio un salto hacia atrás pero una mano posada sobre su hombro le impidió el paso. Se volteó lentamente y solo consiguió mirar algo enorme con ropa blanca mientras perdía el conocimiento. Despertó algo adolorido y desorientado, intentó levantarse pero no podía. Observó con detenimiento con el único ojo que podía abrir y se encontró sujetado a una silla, no podía mover siquiera la cabeza. Intentó gritar pero algo dentro de su boca ahogó el rugido. Delante de él se encontraba un hombre viejo, fácilmente sobrepasaba los 70 años; apoyado en un bastón metálico con púas en la punta que apuntalaba al suelo y una mirada siniestra y detrás de él, algo enorme, con forma humanoide pero que media más de 2 metros y tenía una masa muscular espantosa. Trataba de comunicarse con extraños gemidos que el viejo parecía entender, ambos reían mientras lo observaban hasta que notaron que había despertado. El anciano se acercó lentamente mientras lo inspeccionaba con sus ojos vidriosos; tocaba su cara con la fría punta del bastón y las púas amenazaban con incrustarse en su carne, después de unos minutos de silencio, el viejo por fin habló: -Ciertamente no esperábamos un voluntario para los ensayos tan pronto… todavía faltan algunas cosas que ajustar, otros sujetos con quien experimentar… Volteó trabajosamente y mientras se dirigía al tanque con el ser en su interior continuó hablando: -Desde la caída de nuestro imperio continuamos trabajando, investigando en este laboratorio que fue de las pocas cosas que sobrevivieron al bombardeo; aunque muchos de nuestros colegas y sus apuntes perecieron por el fuego, suficiente información pudo ser rescatada para continuar con los estudios. Pude obtener también varios sujetos de prueba gracias a los mutilados por la explosión de la bomba… bastó con terminar de amputarles las extremidades restantes y esperar a que sanasen… ¿sabes? Es mejor si el sujeto de pruebas no tiene ninguna forma de escapar… Mientras una macabra sonrisa se dibujaba en sus labios extraía una jeringa de su escritorio y la llenaba con el líquido contenido en el tanque. Acto seguido introdujo la aguja dentro del ojo cerrado de bruno mientras el objeto en su boca apagaba el horripilante grito de dolor. Despertó violentamente, al instante que abrió sus ojos descubrió que la hinchazón había desaparecido, se sentía realmente bien y pudo observar que ya no estaba atado a la camilla, ahora poseía una especie de grilletes que le sujetaban a la pared cerca del enorme pentagrama color rojo. Nuevamente apareció el enorme ayudante del anciano, trayendo esta vez una bandeja con comida para Bruno. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí encerrado, dentro de algunos recuerdos confusos de las veces que despertó durante algunos segundos, luego de que el anciano le inyectara ese líquido, recordaba unos hombres discutiendo sobre lo precipitado de los experimentos y su ultimo recuerdo fue ver como sacaban un torso en una camilla y el desmayarse cuando el sujeto muerto volteó la cabeza producto de un desnivel en el piso y pudo ver su rostro de desesperación grabado al momento de la defunción. Sin mucho apetito, comió lo que su captor le ofreció, más por el miedo a ser golpeado nuevamente o torturado si no comía, que por hambre. Minutos después de que la mole se marchó con la bandeja y las sobras, llegó el anciano, trayendo consigo un estetoscopio y una pequeña linterna, la cual, al apuntarle el haz de luz directo al ojo izquierdo, le provocó un inmenso dolor y una furia asesina que nunca antes había sentido. En el rostro del anciano había cierto dejo de preocupación, pero al preguntarle Bruno por las otras personas que discutían con el sobre lo apresurado del experimento, su semblante cambió. Sin decir una sola palabra, el anciano se levantó y se dirigió de nuevo hacia el estanque, extrajo otra jeringa del extraño líquido y de nuevo esa sonrisa maquiavélica se dibujó en su rostro. Bruno comenzó a agitarse, a intentar por todos los medios liberarse de las cadenas, pero un golpe en su nuca propinado por la enorme mole debilitó al instante todos sus impulsos; y, mientras lo sujetaba por detrás con una llave y le impedía cualquier movimiento, podía sentir su fétido aliento penetrar en sus fosas nasales mientras el abominable anciano introducía la aguja esta vez directo en su vena yugular. Volvió a desmayarse… Esta vez su letargo no duró tanto tiempo, y pudo mantenerse despierto por más tiempo entre los lapsos de delirio. Pudo contar ahora a 3 extraños personajes, que parecían satisfechos con el anciano esta vez, pero algo no iba bien: al mirar con más detenimiento a estos sujetos pudo descubrir que no eran exactamente humanos, es más, no parecían sólidos, ya que se distorsionaban levemente cuando el aire de uno de los ductos de ventilación soplaba a través de ellos. Poco a poco fue recobrando la consciencia y al intentar gritarle algunos improperios a sus captores, notó que nuevamente algo apagaba sus gritos mientras maldecía con toda su alma el instante en el que había entrado por esa maldita puerta. El leve sonido que pudo escapar fue suficiente para que los ahí reunidos voltearan hacia el pobre desdichado, y con una señal, el más obeso de todos le indicó al anciano que era momento de proseguir con lo planeado… Apareció la mole nuevamente y lo levantó con violencia. Soltó las cadenas de la pared y lo arrastró hacia el lugar donde estaban pintados los pentagramas y símbolos extraños. Bruno trataba de liberarse con todas sus fuerzas, pero poco podía hacer en esa condición y contra ese enorme ser que le llevaba a rastras. Fue sujetado al piso con sus brazos y piernas abiertas y segundos después el anciano atravesó su pecho con una enorme aguja conectada a una extensa manguera metálica. El viejo accionó unas palancas y del techo bajaron lentamente ocho espejos que reflejaban la imagen un tanto distorsionada. Mientras el anciano colocaba grandes piedras de colores a su alrededor, una en cada extremidad y otra grande y citrina sobre su cabeza, la mole fue depositando a su alrededor varios torsos sin extremidades. La mirada de estos infelices estaba perdida y no tenían nada cubriéndoles la boca. Esto fue espantosamente aclarado al momento en que una aguja similar a la que tenía fue clavada en el pecho del individuo a su izquierda: Este abrió la boca pero no emitió ningún sonido: no tenía cuerdas vocales y tampoco lengua. Se encorvó levemente y segundos después quedó inmóvil. Este procedimiento fue repetido con los otros 6 infelices y una vez todos fueron conectados y amarrados al piso, mole y maestro se dirigieron al panel con los controles. -Auf Wiedersehen- le dijo el anciano con una mofa en su rostro, accionó la última de las palancas y las piedras comenzaron a brillar al tiempo que la temperatura comenzaba a ascender. Conforme la luz de las piedras se intensificaba aparecían siluetas en los espejos: pudo reconocer en ellos a varios de los sujetos espectrales que vio cuando aún estaba medio adormecido. Pudo ver claramente sus rostros, deformes y malévolos, la silueta era humana, pero esos rostros definitivamente no lo eran. Golpeaban con fuerza los cristales, desde el otro lado, desesperados por cruzar hacia este mundo. La temperatura seguía subiendo y ampollas aparecían en sus brazos, su cabello también comenzaba a achicharrarse y el dolor cada segundo aumentaba. Cuando sus fuerzas comenzaron a flaquear, y el dolor era tan intenso que le obligaría a gritar de agonía, el líquido del contenedor comenzó a descender hacia su pecho a través de la manguera metálica. El dolor se volvió insoportable, lanzó dos ahogados gritos y perdió el conocimiento. Al instante una fuerte descarga eléctrica le despertó. El anciano caminaba en círculos con ansiedad y preocupación, el dolor fue disminuyendo hasta que de pronto, no sintió nada más y el tiempo se detuvo. Aunque las piedras seguían brillando, y quemando su piel, el dolor había desaparecido por completo, y lentamente los espectros del espejo cruzaron a este plano, traspasando el vidrio cuan cortina de agua; cayeron pesadamente al piso y el ritual se detuvo. Notó en el rostro de satisfacción del anciano, que el ritual había sido un rotundo éxito, este se acercó de prisa junto con la mole y uno a uno, colocaron a los seres en camillas y los sacaron de la habitación, dejando a Bruno amarrado en el piso. Casi perdía el conocimiento pero unos golpes provenientes del contenedor de cristal le hicieron voltear la cabeza: Dentro del recipiente, ahora vacío, la criatura convulsionaba, como cuando colocas un pez en un recipiente sin agua; parecía estarse ahogando, pero aún tenía el respirador artificial conectado. Comenzó a golpear cada vez con más fuerza las paredes del recipiente y logró romperlo. Se quitó el respirador de prisa y saltó fuera de su prisión de cristal. Miró los torsos en el piso y corrió hacia ellos mientras su brazo expedía una importante cantidad de sangre producto de los cortes al romper los vidrios. Se posó sobre el primero y abrió una enorme boca, con varias filas de tajantes dientes y desmontando su quijada, comenzó a devorar al primer infeliz. Bastaron cinco de minutos y tres de los sujetos habían casi desaparecido. Sintió el hedor cerca de sus oídos y justo cuando comenzó a sentir el dolor de las garras de la criatura al aferrarse para comenzar a devorarlo, escuchó una fuerte detonación y de repente la mitad de la cabeza de su escuálido pero hambriento depredador había desaparecido. Detrás de la humeante arma se encontraba el anciano, quien no podía dar crédito a lo que había ocurrido y se le veía bastante preocupado. Envió a la mole a levantar los 4 torsos restantes y comprobó que yacían muertos, aunque no podía determinar en ese momento si la criatura los había eliminado, o simplemente no habían soportado el experimento. Bruno siguió en el piso mientras limpiaban todo el desastre, y al cabo de unos minutos, la enorme mole recogió también su cuerpo. Observó con debilidad como lo sacaban de la habitación a rastras y, totalmente agotado, se desvaneció de nuevo. Lentamente abrió los ojos y se encontró en una oscura gruta. Pronto sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pero su nariz no podía acostumbrarse al hedor a carne descompuesta que impregnaba el lugar. Se levantó pesadamente e intentó caminar, pero tropezó con un bulto pesado y viscoso. Horrorizado comprendió que era uno de los torsos utilizados en el experimento y que el terrible olor provenía de cientos de cadáveres que habían sido arrojados desde lo que parecía meses. El zumbido de las moscas le advertía que ese lugar llevaba bastante tiempo albergando cuerpos. Con gran dificultad logró desplazarse a través del mar de carne y alcanzar por fin la tierra firme. Caminó unos minutos siguiendo la dirección de algo que esperaba fuese agua que corría débilmente y una luz le indicaba la posible entrada de la cueva. Aceleró el paso esperanzado, deseaba con toda su alma volver a casa, a la tranquilidad de su cama. En cuanto saliera, iría corriendo a la policía; estos horrores debían ser detenidos a como diera lugar. El aire fresco le alentaba. Corrió hacia la luz, casi la abrazaba. Podía escuchar personas del otro lado, y aunque era un solitario, nunca había estado más feliz de poder estar acompañado. Aceleró el paso, corrió con todas sus fuerzas, y el dolor fue insoportable al chocar de frente contra la pared invisible. Se tomó la nariz e intentó detener el sangrado con una mano, mientras con la otra seguía golpeando, pero nadie del otro lado le escuchaba. Acercó su rostro a la pared y cuando su vista por fin se acostumbró a la claridad, no podía dar crédito a lo que estaba viendo: del otro lado estaba su familia, felizmente reunida y celebrando una fiesta. ¿El celebrado? ¡Era Bruno con su traje de graduación! ¡Ese era su cuerpo! Le llamaban para la foto familiar y se disculpó un momento para irse a arreglar al espejo. Al llegar sonrió con una gran burla, y colocó la mano cerrada mostrando el dedo del medio donde estaba su cara en el espejo, -Auf Wiedersehen…- dio media vuelta y se fue a celebrar junto con su familia; Bruno rompió a llorar y una mano huesuda y viscosa se posó sobre su hombro mientras algo le mordía el cuello. Contempló la escena por última vez mientras perdía el conocimiento.