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gaba104

Usuario (Argentina)

Primer post: 20 oct 2009Último post: 20 mar 2010
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Poemas propios
ArteporAnónimo3/20/2010

Declaración Ver el borde, la verdad, más allá de la envoltura transparente. Atravesar lo incierto, hundirse en la espesura y respirar... profundo, bien profundo. No existen ya por fin otros anhelos: solo esta libertad que te estremece, bajo este gris y ancho cielo abierto. En el borde Del otro lado nada, o casi nada. Acá un dolor oscuro, espeso, intransitable. La incertidumbre del camino desdibuja los intentos y las búsquedas se pierden en la huella de una mueca. La roca, el cristal, el espejo, las siluetas, las huidas sin retorno que acompañan esta apuesta. Reflejos en el alma y ese brillo en la mirada, es acá , es ahora, es quedarse. Del otro lado nada, o casi nada. Inexplicable Si cada herida de tu alma desgarrada eliminara hoy la violencia del dolor... Si cada imagen de tu miedo en las paredes interrumpiera tanto gozo repugnante... Entonces cada instante sería parte de lo mismo, tu ausencia y toda ausencia serían vida prolongada, tu cuerpo y cada cuerpo entenderían su temor. El silencio de placeres que lastiman, la impotencia de palabras bien guardadas y esa rabia de verdades que te asfixian, ahogarían lentamente tu pasión. Imágenes: Sebastiao Salgado

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Haruki Murakami - Fragmentos de sus libros
ArteporAnónimo3/19/2010

Haruki Murakami (村上 春樹, Murakami Haruki), es uno de los escritores japoneses más influyentes en la actualidad, tanto en su país como fuera de él. Tokio Blues fue la primera de sus obras que despuntó, y su fama le convirtió en una verdadera estrella en Japón. Tras pasar una larga temporada en Estados Unidos, donde escribió sus siguientes obras: Al sur de la frontera, al oeste del sol y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Murakami decidió volver a Japón tras el famoso terremoto de Kobe y el atentado terrorista con gas sarin al metro de Tokyo. Sputnik mi amor y Kafka en la orilla, le valieron el definitivo espaldarazo internacional y un seguimiento fiel de una verdadera legión de lectores. Sus dos últimos éxitos, After Dark y Sauce ciego, mujer dormida, han sido verdaderos fenómenos editoriales, con unas elevadas ventas en más de cuarenta países. Fuente: http://www.lecturalia.com/autor/3851/haruki-murakami "A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con a Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta. Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tu, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás. Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tu no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa si quedara clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena." KAFKA EN LA ORILLA "...La memoria es algo extraño. Mientras estuve allí, apenas presté atención al paisaje. No me pareció que tuviera nada de particular y jamás hubiera sospechado que, dieciocho años después, me acordaría de él hasta en sus pequeños detalles. [...] estaba enamorado, y aquel amor me había conducido a una situación extremadamente complicada. No, no estaba en disposición de admirar el paisaje que me rodeaba. Sin embargo ahora, hasta la primera imagen que se perfila en mi memoria es la de aquel prado. El olor de la hierba, el viento gélido, las crestas de las montañas, el ladrido de un perro. Esto es lo primero que recuerdo. Con tanta nitidez que tengo la impresión de que , si alargara la mano,podría ubicarlos, uno tras otro, con la punta del dedo. Pero este paisaje está desierto. No hay nadie. No está Naoko, ni estoy yo."¿A donde hemos ido?", pienso."¿Cómo ha podido ocurrir una cosa así? Todo lo que parecía tener más valor -ella, mi yo de entonces, nuestro mundo- ¿dónde ha ido a parar?" Lo cierto es que ya no recuerdo el rostro de Naoko. Conservo un decorado sin personajes..." Tokio blues " ¿Por qué me gustan las medusas? No lo sé. Las encuentro bonitas. Antes, mientras las miraba, he pensado una cosa. Escucha, lo que nosotros vemos es sólo una pequeña parte del mundo. Damos por hecho que esto es el mundo, pero no es del todo cierto. El verdadero mundo está en un lugar más oscuro, más profundo, y en su mayor parte lo ocupan criaturas como las medusas. Eso nosotros lo olvidamos. ¿No te parece? Dos terceras partes del planeta son océanos y lo que nosotros podemos ver con nuestros ojos no pasa de ser la superficie del mar, la piel. De lo que verdaderamente hay debajo no sabemos nada. " Crónica del pájaro que da cuerda al mundo "- ¿Sputnik…? - Sí, mujer. Es el nombre de una corriente literaria. Hay muchas de esas, como diríamos…, escuelas, ¿no? Como la Shirakaba- ha. Sumire, entonces, cayó finalmente en la cuenta. - ¡Beatnik! Myù se enjugó las comisuras de los labios con la servilleta. - ¡Beatnik! ¡Sputnik!... Siempre olvido esos términos. Que si la Restauración Kenmu, que si el Tratado de Raparo… De todas formas, hace ya mucho de eso, ¿no? Durante unos instantes, reinó un ligero silencio, como una alusión al paso del tiempo. - ¿El Tratado de Raparo?- preguntó Sumire. Myù sonrió. Fue una sonrisa íntima, añorada durante largo tiempo, como arrancada del fondo de algún cajón. La manera de fruncir los ojos fue maravillosa. Después alargó la mano y, con sus cinco largos y finos dedos, despeinó un poco más aún el alborotado pelo de Sumire. Fue un gesto tan natural y espontáneo que Sumire, sin querer, le devolvió la sonrisa. A partir de aquel momento, y en su fuero interno, Sumire empezó a llamar a Myù "Sputnik, mi amor". Sumire amaba la resonancia de esa palabra. Le traía a la memoria la perra Laika. El satélite artificial atravesando en silencio la oscuridad del espacio. Las dos negras y brillantes pupilas de la perra atisbando por el pequeño ojo de buey. ¿Qué debía de mirar en aquella soledad infinita del cosmos?" Sputnik, Mi Amor “Soy libre”, me digo. Cierro los ojos y, durante unos instantes, pienso que soy libre. Pero no acabo de entender qué significa. En estos momentos, lo único que tengo claro es que estoy solo. Solo en una tierra desconocida. Como un explorador solitario que hubiese perdido la brújula y el mapa. ¿Consistirá en esto la libertad? Ni siquiera lo sé." Kafka en la orilla “Podría decirse que las personas van cayendo en silencio una tras otra, por el borde del mundo que me pertenece. Todas encaminan hacia allí sus pasos y, de repente, desaparecen.” Crónica del pájaro que da cuerda al mundo "Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son esas cosas las que a mí , realmente, me dan miedo. Son esas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. Es importante saber qué es correcto y qué no lo es, por supuesto. Sin embargo, los errores de juicio personales pueden corregirse en la mayoría de los casos. Si uno tiene la valentía de reconocer su error, las cosas, generalmente, se pueden arreglar. Pero la estrechez de miras y la intolerancia de la gente sin imaginación son igual que los parásitos. Provocan cambios en el cuerpo que les acoge y, mudando de forma, se repoducen hasta el infinito [...]" Kafka en la orilla “Ya ves, continuamos viviendo cada uno a su manera, incluso ahora”, pensé. Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y sólo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio. Podemos alargar la mano e ir tirando del hilo de los días que nos han destinado, ir dejándolos luego atrás. En forma de trabajo rutinario, el trabajo de todos los días…, haciendo, según cómo, una buena actuación. Al pensarlo, me sentí terriblemente vacío.” Sputnik, mi amor "–¿Cómo te llamas? –le pregunto. –¿Yo? –Sí. –Sakura –responde ella–. ¿Y tú? –Kafka Tamura –digo yo. –Kafka Tamura –repite Sakura–. ¡Qué nombre tan extraño! Es fácil de recordar. Asiento. No es fácil convertirse en otra persona. Pero sí tomar un nombre distinto.Al bajar del autocar, ella deposita su maleta en el suelo, se sienta encima, saca una libreta del bolsillo de la pequeña mochila que lleva colgada a la espalda y garabatea algo en una página con un bolígrafo. Arranca la hoja y me la da. En ella hay apuntado lo que parece un número de teléfono. –Es mi número de móvil –dice ella haciendo una mueca–.De momento voy a alojarme en casa de mi amiga, pero si te apetece ver a alguien, llámame. Podemos comer juntos si quieres. No admito cumplidos. Ya sabes, “aun el encuentro más casual...”. Se dice así, ¿no? –“...está predestinado” –concluyo. –Eso, eso –dice ella–. ¿Y qué significa? –La predestinación. Que ni siquiera las cosas más triviales suceden por casualidad." Kafka en la orilla "Yo escuchaba mucho a Billie Holiday cuando era joven. Y me parecía conmovedora. Pero no llegué a apreciar realmente lo maravillosa que era hasta después, cuando fui mayor. Lo que significa que, después de todo, el envejecimiento tiene algunas compensaciones. En los viejos tiempos, yo escuchaba la música que grabó en los años treinta y principios de los cuarenta. Durante esos años, su voz era fresca y juvenil, y ella producía una canción detrás de otra, la mayoría de las cuales fueron reeditadas por Columbia Records en los Estados Unidos. Rebosaban de imaginación y vuelos acrobáticos de canto. El mundo entero se balanceaba a su ritmo. Lo digo en serio, el planeta se mecía de verdad. No estoy exagerando. Estamos hablando de magia, no sólo de arte. El único otro músico que conozco con semejante virtuosidad mágica era Charlie Parker. Mi joven Yo no escuchó con tanta atención las grabaciones posteriores de Billie Holiday, su época en Verve, que grabó cuando las drogas habían vuelto áspera su voz y corroído su cuerpo. O tal vez las evité a propósito. Sus canciones de esa era, sobre todo durante los años cincuenta, me parecían dolorosas, opresivas, patéticas. Sin embargo, a medida que atravesé mis treinta años y entré a los cuarenta, me encontré poniendo esas canciones en mi tornamesa más y más a menudo. Sin saberlo yo, estaba comenzando a ansiar esa música, física y emocionalmente. ¿Qué era lo que me estaba volviendo más hábil para escuchar en las canciones posteriores de Billie Holiday, canciones que de alguna manera podríamos catalogar como destrozadas, que antes no podía escuchar? He pensado mucho en esto. ¿Por qué han ejercido tan poderosa atracción en mí? Se me ocurrió hace poco que la respuesta podría de alguna manera involucrar la idea del «perdón». Cuando escucho las canciones posteriores de Billie Holiday, puedo sentirla extendiendo la mano para abrazar los corazones de las muchas personas que he herido en el transcurso de mi vida y en mi escritura, aquellos que han sufrido por mis errores, y atrayéndolos hacia sí. Todo está bien, canta ella para mí. Déjalo ir. Esto no tiene nada que ver con «sanar». Yo no estoy siendo sanado en manera alguna. Es simplemente el perdón. Sé que esta interpretación de la música de Billie Holiday es demasiado personal. Jamás sugeriría que puede aplicarse a todos. Por eso es que recomiendo su magnífica colección de Columbia. Si tuviera que escoger sólo una canción, sería sin duda «When You’re Smiling». El solo de Lester Young a la mitad es también un deleite, una obra de genio. «Cuando tú sonríes, el mundo entero sonríe contigo». Y el mundo de verdad sonríe. ¡Puedes no creerlo, pero en verdad brilla!" TRES SOLOS DEL JAZZ

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Viajes (Texto propio)
ArteporAnónimo10/20/2009

Obnubilación total. La memoria se te quiebra como un vidrio y los mayores esfuerzos no sirven para reconstruirla. Ni lo intentes: no te vas a acordar que cuernos hiciste los últimos 60 segundos. La mueca que se te dibuja en la cara es una mezcla de desconcierto y de indiferencia. Ojalá el mundo explotara en este instante, en este largo y glorioso instante en el que el tiempo es tuyo. Te cortaste por un tajo y te podés seguir metiendo más y más ( la sensación de caer sin freno hasta lo más profundo. El tobogán de tu cerebro te garantiza una caída sin límites- caída libre-.) Primero te tajeaste el alma. Ahora buscás nuevos tajos para olvidarte de ese que no te deja dormir. Tajos, profundidades. Paraísos artificiales que te arranquen de tu infierno tan temido, de tu infierno natural. El mundo está ahí, montaña rusa gigante, y vos resbalando y resbalando... Así estás bien. No sos vos (tal vez todos soñamos con lograr eso alguna vez), pero tampoco sos otro. Estás apenas arriba del resto de los mortales, de vos mismo como mortal. Es esto lo que conseguiste: saborear por un momento la preciosa eternidad que se esconde tras el tiempo. Pero volvés,y enseguida recuperás tus miserias, recuperás la cordura. Conseguiste inmortalidad- o tal vez algo parecido-. Lástima, duró solo unos instantes-.

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