fascineroso_84
Usuario (Perú)

EVOCACIÓN Mi voz viste de celeste al pronunciar tu nombre, abandona su lóbrega túnica para situarse ajeno al horizonte gris. Mis sentidos se llenan de la música de tus circunstancias encapsuladas en el leve aire de tus suspiros, en tenues siluetas de evocación. En calma, reproduzco tu imagen a solas. Nuevamente hago uso de tu antídoto para ahuyentar a esta soledad. Y así mi transitar por la distancia se hace más llevadero, menos brutal. De pronto, lanzo otra inquietud a mi atardecer ¿Cuándo es siempre? Siento como eternos los instantes en que me hallo frente a ti, por lo que mi maldecida – ¿o bendecida? – mente ya ha perdido todo vestigio de tiempo cuando se dispone a pensarte. Concluyo que es otro pensamiento tan de mí, tan inútilmente importante. Continúo por estos días, como de costumbre, hurgando entre los libros, escuchando melodías entre melancólicas y siniestras; entre lo divino y lo profano, depende de si se está dispuesto a darse de golpes con sonidos que van directo a tu alma o a tu incredulidad, o a la constatación de ausencia de sobresaltos, aquel destierro del que hablamos los locos. Y podría profundizar en el tema, si no fuera por que prefiero retomar el hilo original con el que intento atar mi natural falta de fe. Prefiero hallarme entre imaginarios, encendiendo una sonrisa a tu nombre, apagando la duda – por el momento – a través de él. No me dejen, pues, huérfano de esta ilusión, cuando ya lo soy de todo el resto.