fabulonick
Usuario (Argentina)
Buenas, taringuero promedio! Hace rato que soy un asiduo lector de un sitio llamado reddit, en el tiene diferentes apartados, entre ellos mi favorito: /r/nosleep. En ese sub la gente sube relatos de terror, dirijidos a la comunidad de nosleep, con la condicion de que estos sean lo mas realista posibles, sino reales; y prohibiendo que los que comentan cuestionen la veracidad del relato contado. En este sitio leí las mejores historias de terror en mi vida (y eso que leí bastante, como la bibliografia completa de King o Lovecraft). El problema con nosleep es que esta todo todito en Inglés. Por lo tanto, un dia pense "porque no traducir un par de historias y asi ganarme unos buenos bits en Taringa! para alimentar a mi perro?" Y me puse en marcha... asi que hoy les presento la primer historia que traduje: El Juego del Alma Les dejo un tema para ambientar el relato link: https://www.youtube.com/watch?v=-Heo3BCFkxs El Juego del Alma Primero, necesito disculparme, /r/nosleep. Lo siento tanto. Les escribo en este momento de necesidad. Por favor, ayúdenme. Por favor, lean esto hasta el final. Eso es todo. Eso es todo lo que pido. No se que hacer o a quien recurrir. Por favor, solo ayudenme. Eso es todo lo que pido. Mi nombre es Andrea, y soy una madre soltera. No digo esto como si fuera algo de lo que me orgullezca, ni esperando que me regalen galletitas, leche o cereal cubierto con chocolate como muchos de mis conocidas esperarian que se les tratara al contar algo así. Ellas querrian una palmadita en la espalda y unas palabras de reconocimiento; yo solo necesito algo de su tiempo. Pienso que la crianza de un hijo es una carga. Necesaria, si, pero aun así es una carga. El nombre de mi hijo es Jesse. Tiene 11. (Para los que no quieran hacer la cuenta, va a 5° grado). Jesse empezo quinto grado este año, como cualquier otro chico de su edad. Hubo un poco de temor y un montón de entusiasmo. Era un chico que le sonreia a la vida, siempre tan lleno de energia. Eso cambió cuando un Martes conoció a Stan. Stan se incorporó tarde a la clase de Jesse; un estudiante transferido de otro distrito. El maestro sentó a Stan junto a Jesse. Cuando fuí a buscar a Jesse ese Martes despues de la escuela, me dijo que Stan era su nuevo mejor amigo. Aunque me parecio que no estaba comportandose como él normalmente es. Estaba palido, y transpiraba. Le tomé la temperatura, pero no tenia fiebre. Le pregunte como le fue su día, y me dijo que Stan era su nuevo mejor amigo. "Stan es mi nuevo mejor amigo," me dijo. "Lo se. No puedo esperar a conocerlo," contesté. "Mamá, Stan es genial. Deberias conocerlo. Es mi mejor amigo. El mejor en el mundo." Creo que tuvimos esa conversación como mil veces esa noche. Cuando fuí a acostar a Jesse esa noche, me miró con lagrimas en los ojos. Puso su manito frente a su cara, y movió su dedo índice, indicandome que me acercara. Me acerqué a él, y puso sus manos alrededor de su boca. Ya saben, la manera en la que un nenito te dice un secreto? Bueno, giré mi cabeza y él susurró algo que me dio escalofríos. En ese momento siendo sincera, no se porqué me dio escalofrios. Me susurró, "Me crees. Verdad, Mamá?" Me senté en la cama a su lado y lo miré. "Que si te creo que cosa, amor?" "Stan," me dijo. "Stan es mi mejor amigo." Asentí y le tomé la temperatura una vez más. No tenía fiebre. Me fuí a la cama,pero no dormí bien esa noche. El Miércoles, cuando llevé a Jesse a la escuela, pusouna cara rara y me dijo que no queria entrar. "Te sentis enfermo?" le pregunté. "No," me dijo. Se estaba mordiendo el labio comoun loco. Nunca antes lo habia visto hacer eso. "No. Tengo que ir a la escuela." Abrio la puerta del auto y se bajó. No me dijo adiós. No me dijo te quiero. Nada. Entró a la escuela con la cabeza agachada. Solté el freno y dí la vuelta para ir al trabajo. Un niño estaba parado bien enfrente de mi auto. Dos segundos más y me lo llevaba puesto. El chico era pálido, pelo rubio casi blanco y ojos azules intensos. Dió dos golpecitos en el capót del auto, me saludó, y entró en la escuela. Cuando pasé a buscar a Jesse esa tarde, se veía mejor. Estaba menos pálido, pero parecia feliz. Me contó todo acerca de su día en la escuela. Me habló de dinosaurios, de música, de matemática, y del recreo. "Y después de matemática, tuvimos un recreo. Mamá, no te imaginas lo que hice hoy en el recreo." "Decime," le dije, sonriendo mientras manejaba. Pensé en la escondida, el futbol, correr. Todas las cosas que recordaba que los chicos hacian en el recreo a esa edad. Cosas buenas. Cosas normales. "Me uní a una iglesia!" Me quedé dura. "Una iglesia? En... el recreo?" Jesse asintió. "La iglesia de Stan." Pense que quizas debia ser una especie de juego que los chicos estaban jugando. "Que es la iglesia de Stan?" le pregunté. "Es la iglesia de Stan, Mamá." Jesse se rió de mí como si yo fuese la persona más tonta del mundo por preguntarle eso. "Si? Y que hacen? Osea, los que son miembros?" le pregunté. "Un montón de cosas. Aunque hoy solo escuchamos a Stan hablar. Él estaba diciendo una palabras graciosas y me dió sueño y me quedé dormido. Algunos chicos también." Estacioné fuera de casa y salimos del auto. "Y eso fue todo?" pregunté. Las cosas sonaban raro, si, pero no me parecio que los chicos estuvieran haciendo algo malo. "Stan nos dió folletos, también." Jesse sacó un papel del bolsillo y me lo dió Era un papel de folleto normal, con solo tres palabras escritas en fibrón negro. Iglesia de Stan. De nuevo, raro, pero nada malo. Pensé que los chicos estaban jugando con su imaginación. Estaba equivocada. Cando fuí a buscar a Jesse a la escuela ayer, me dí cuenta de que algo estaba mal con mi pequeño. Parecia que estaba asustado. "Que pasa, amor?" le pregunté, acercandome para tocarle la frente. No tenia fiebre. "Hoy jugamos el juego del Alma," me dijo. Movia su cabecita de lado a lado. No se quedaba quieto en el asiento. Continuó así, mirando a todos lados, mientras íbamos camino a casa. "El juego del Alma?" pregunté. Jesse asintió y siguió tratando de mirar para todos lados al mismo tiempo. Gotitas de sudor se formaron en su labio superior. "Que es el juego del Alma?" le pregunté. Jesse sacudió su cabeza en un "no" y n me dijo nada. "Jesse, que es el juego del Alma?" pregunté una vez más. "Yo le dije que no queria, pero me dijo que si no jugaba, no sería más mi amigo" "Quien no sería mas tu amigo? Donde estaban los maestros?" Jesse empezó a respirar mas rápido, pero aún así me respondió. "Pasó en la iglesia," me dijo. Luego susurró, "no se permiten maestros en la iglesia" "La iglesia de Stan?" pregunté Jesse asintio, y una lagrima cayó por su mejilla. "Que es el juego del Alma, Jesse? Soy tu madre. Decimelo ahora y yo me encargo de todo," le dije. "No puedo decirte, Mamá. No puedo. Las reglas son malas. Son muy malas." "Y que hay de Stan?" pregunté. "Stan me diría las reglas?" "NO!" gritó Jesse, asustandome. " NO LE PREGUNTES LAS REGLAS. POR FAVOR MAMÁ, NO LO HAGAS." Estacioné el auto, asustada y confundida. "Prometemelo, Mamá. Prometemeloprometemeloprometemeloporfavor" Jesse estaba balbuceando, aterrorizado. Lo tomé en mis brazos y lo acuné. No lo había acunado así desde el Jardin de Infantes. Se durmió en mis brazos y lo lleve adentro, a su cuarto, y lo prepare para dormir. Solo necesita dormir, me seguia diciendo. Solo necesita dormir. Lo acosté y cené sola. Me fije en su cuarto antes de irme a acostar yo, a eso de las nueve. Parecia que estaba durmiendo bien, así que me fuí a acostar. Me desperté escuchandolo gritar a pleno pulmón dieciocho minutos pasada la medianoche. Corrí a su cuarto, pero no estaba en su cama. Prendí la luz y Jesse salió volando del closet como si algo lo estuviera persiguiendo. Se agarró de mi pierna y siguió gritando. Lo traté de calmar y, al mismo tiempo, preguntarle que le pasaba. Decia cosas sin sentido. Seguia gritando acerca del juego del Alma. No lo pude contener. Una vez mas le pregunté que era el juego del Alma, pero no me dijo. Traté de volver a acostarlo, pero no queria saber nada. Al final, me lo llevé conmigo a mi cuarto, que durmiera en mi cama. Apenas lo acosté, se durmió. Me acosté a su lado, mirandolo y acariciando su cabello, cuando sus ojos se abrieron y me miró fijamente. "Señorita, mañana te voy a decir las reglas despues de la escuela," dijo, y se volvio a dormir. Que estaba pasando con mi hijo? En la oscuridad, me quedé mirando el techo por un largo rato antes de dare vuelta a mi lado y mirar hacia el baño. Conoces la sensación, cuando te estas por dormir, y de golpe moves las piernas y te despertas? O te imaginas que estas cayendo y te despertas? Eso me paso toda la noche, solo que me depertaba porque me parecía que veía algo en la entrada del baño. Cada vez que mis ojos se empezaban a cerrar del sueño, veía la silueta grande en el baño y me despertaba. Por supuesto, no habia nada, y me volvia a empezar a quedar dormida una vez más. La silueta apaecia en la puerta, pero me parecia que estaba más cerca, solo un pasito mas cerca. Esto se repitió una y otra vez toda la noche. Esta mañana, camino a la escuela, Jesse parecia ido. Letargico, somnoliento. Yo estaba igual, eincluso mas exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse por lo que me dijo antes de dormirse, pero no lo hize. Tenia medo de que le agarrara el ataque de histeria de nuevo, asi que lo deje pasar. Lo lleve a la escuela, y no dijo una palabra en todo el camino. Actuaba como un robot, vacio, sin emociones. Recibí una llamada un rato despúes de haberlo dejado en la escuela, para que lo pasara a buscar. Habia vomitado en clase. Cuando lo busqué, seguia igual. Le hice varias preguntas, pero a todas me contestaba con gruñidos. Plenaba ir a casa, cambiarlo, y llevarlo al médico. No dijo nada hasta que estacionamos. "Puede venir Stan a casa hoy?" me preguntó, mirando por la ventanilla. "No te sentís bien, cariño, y lo queres invitar?" le pregunté. Quería conocer a este chico, pero no me parecio que Jesse queria qeue el viniera en realidad. Yo, por otro lado, quería llegar al fondo del asunto. "Si," dijo Jesse. "Bueno," contesté. "Tenés el numero de los padres?" "El ya les pregunto si podia venir, y le dieron permiso" "Tenemos que esperar a que salga de clase, y aun así me gustaria hablar con sus padres" "Bueno". Jesse salió del auto y entró a la casa. "Tenes su número?" le pregunte mientras cerraba la puerta. "No," me dijo. Le empezé a preguntar cómo se suponia que iba a llamar a sus padres si no tenia su número, cuando alguien tocó a la puerta. Abrí, y en los escalones del frente de la casa estaba parado el chico pálido de pelo rubio y ojos azules que casi atropello con el auto el Miércoles. Una nenita igual a él estaba parada a su lado. "Hola, Driz," dijo el nenito. "Esta Jesse en casa?" El nenito parado en el porche no deberia conocer ese nombre. Era mi apodo en la secundaria. Me lo pusieron mis amigas, una noche en que estábamos borrachas, como diminutivo de Drizzy. "No," dije. "Esta bien," dijo la nenita. "Mi nombre es Devin, y ya sabes el nombre de mi hermano." "Stan," dije. La nenita se tapó la boca, riendose. Stan sonrió y se encogió de hombros. " Es muy simple. Regla uno: no camines adelante de un espejo en la oscuridad. Regla dos: no dejes ninguna puerta abierta cuando te vas a dormir. Preguntale a Jesse cual es la tercer regla. Y acordate: un crujido significa que te estas quedando atras, un rasguño significa que casi perdiste. Cuando las luces se apagan, con suerte no verás la sombra oscura parada en la esquina de la habitación. Si tienes suerte no la escucharás respirando cuando tus ojos se cierran y empezas a dormirte. Y si sentis un golpe?... Bueno... esperemos que nunca sientas un golpe." Stan se dio vuelta y se alejó con su hermana. Los miré mientras se alejaban y sacudí mi cabeza. No jugaría a su estupido juego. Entré a la casa y encontré a Jesse sentado en la mesa de la cocina, llorando. "Que pasa?" le pregunté. "Escuché un golpe" me susurro. Se me secó la boca. "Cuando termina el juego?" le pregunté. "No lo hace," me susurró. "Nunca termina." Mi corazón empezó a latir más rápido. "Cúal es la tercer regla, Jesse?" Su rostro se tornó sombrío y, tomando una bocanada de aire, " Regla tres: si sabes las tres reglas, ya sos parte del juego." Mi estómago se hízo un nudo. "Que pasa si perdes?" "Cuando esté oscuro, los vas a escuchar venir. Les gusta que sepas que estan cerca." "Quien?" "Stan y Devin," dijo Jesse. "Traspasan el espejo, o se meten por las puertas abiertas y te llevan con ellos" "Y como ganas el juego?" le pregunté. "Ganas el juego si le contas las reglas del Juego del Alma a más personas ..." Asi que, como dije /r/nosleep, lo siento tanto. Pero gracias por ayudarme. De verdad. Voy a disfrutar de mi libertad de nuevo, y espero que tengas cuidado esta noche. Dale saludos a Stan y Devin de mi parte. Bueno gente! Espero que les haya gustado, estuve como dos horas traduciendo la historia! Si quieren que traduzca más, dejenme un comentario!
Buenas! En mi anterior post explique que hace rato que soy lector de una pagina en internet llamada reddit en la que hay una categoria llamada nosleep donde los usuarios suben historias de terror, sino reales, por lo menos lo más reales posible. El problema con el sitio es que esta en inglés, idioma que muchos taringueros no dominan. Así que me propuse traducir las historias que encontraba más interesantes, no con el fin de ganar mas bits (ejem) sino con el proposito original de la pagina, nosleep: "no duermas". El título original del relato de hoy es: "No le temas a La Muerte" Lo voy a decir desde un principio. Crecí en un hogar problemático. Papá se emborrachaba. Mamá se emborrachaba. Debe ser por eso que nunca probé una gota de alcohol. Pero iré directo al grano. La mayoría de ustedes deben saber el rumbo que va a tomar ésta historia. Papá se emborrachaba y le echaba la culpa de sus problemas a mi mamá y a mí. Mi mamá me encerraba en mi cuarto mientras él... bueno, ya saben lo que la gente agresiva hace cuando está tomada. Más de una vez me quedé dormido escuchando los gritos de mi madre y mi propio llanto. Entonces mi mamá empezó a beber y se hizo ausente en toda la situación. Al principio papá la siguió golpeando y a mi me dejaba tranquilo en mi habitación. Supongo que eso lo aburrió rápido. Tres días después de mi quinto cumpleaños, papá vino a mi cuarto por primera vez. Nunca había hecho eso antes. Mamá lo tuvo que detener. Rompió mi naríz esa primera noche. Fuimos al hospital y le dije al doctor que me había caido por las escaleras. Me dio la impresión que me creyó. Después de eso, se convirtió en algo mecánico. Los lunes papá trabajaba hasta tarde y nosotros descansabamos. Los martes y jueves a la noche se quedaba en el bar hasta bien pasada mi hora de ir a dormir. Los miércoles eran lo peor. Los viernes normalmente eran insultos, una cachetada ocasional. Los fines de semana tomaba hasta pasar de largo alrededor de las 4 am. Pero los miercoles. Él venía a mi cuarto y hacía lo suyo. Si yo trababa la puerta me daba doce cintazos. Si lloraba, una cachetada por cada lágrima. Pero si me quedaba quieto y aguantaba sus puñetazos contra mi mandíbula y sus jalones de pelo, quizás no tenía que inventar una historia para justificar mis moretones en la escuela al día siguiente. Yo era un chico travieso y nadie se fijaba si mis manos estaban sucias o si tenía un nuevo moretón en mis mejillas. Viví dos años temiendo que llegara la noche en la que papá me golpeara tan fuerte que me mandara con los ángeles. La muerte me daba miedo. Un miércoles, estaba sentado en una esquina de mi cuarto cuando lo vi. Un hombre alto en la otra esquina de la habitación. Al principio pensé que era una mujer. Parecía que un vestido negro colgaba sobre su cabeza. Un momento después me di cuenta que era una tela. Una capa, pero esa palabra la aprendí años después. Sabía que era lo que estaba mirando. Lo había visto en televisión. Lo había leído en libros. Sabía cómo tenía que lucir La Muerte. Pero no podía llorar. Papá me agarraría con el cinturón y La Muerte me llevaría con él. Pero con todo el dolor en mi vida, yo sabía que quería vivir. Esa noche me dormí en el piso, acurrucado en una esquina del cuarto con un halo de luz de luna proviniendo de la ventana, iluminando mis pies. La Muerte simplemente se paró en la esquina más oscura de mi habitación, atás de la puerta que da al pasillo. Después de eso, él estaba ahí cada mala noche. Todos los miércoles. Algunos viernes cuando papá estaba fuera de sus casillas. Cada noche se acercaba más. Después de dos meses, se sentaba en la caja de juguetes al pié de mi cama, dándole la espalda a la pared, ligeramente de costado, así siempre podía ver el perfil de su sombrienta capa. -¿Por qué estás aquí?- Le pregunté una noche. Me miraba desde la caja de juguetes. Las rodillas presionada contra su pecho y sus manos agarrando sus tobillos, casi en una posición fetal, a pesar de que no había miedo en su forma de estar, sólo aburrimiento. -PARA OBSERVAR- Me dijo. Tragué saliva ante esas primeras palabras. Esperaba una voz susurrante, como en la televisión. La voz de La Muerte era más que eso. Era la voz de un hombre fuerte y confiado. Era la voz consoladora de una madre. La risa de un hombre loco y los grititos de un niño. Me asustó y me calmó. -¿Para observar qué cosa?- Le pregunté. Él simplemente me miró. Vi sus ojos por primera vez esa noche. Siempre esperaba que fueran un vacío oscuro. En su lugar, eran dos luces azules en una calavera blanca. Esas luces reflejaban galaxias, eternas e inexistentes. Todo y nada convivían bajo la sombra de su capucha. Esas contradicciones me confortaban. -A TI, NIÑO- La Muerte me respondió. Pensé que me mentía y me enojé. Le pregunté por qué nunca detuvo a mi papá. -NO ES MI LABOR INTERVENIR- Me dijo. Le pregunté qué quería decir con eso. Me respondió que incluso si él trataba, no podía detener a mi padre. Él simplemente estaba ahí para guiarme si es que mi pesadilla alguna vez se hacía realidad. Después de esa noche La Muerte fue más un padre para mí que mi propio padre. Una semana después de eso, trajo un grueso libro de cuero. Dentro de él habían leyendas, temas de luz y oscuridad en una cantidad infinita de lenguajes. Me contó esas historias en la voz de mi abuela, que había muerto cuando yo tenía cuatro. Cuando me hice grande, dejó de traer el libro. Se quedaba hasta el amanecer hablando conmigo. Le pregunté acerca de la otra vida y por qué las cosas eran de esta manera. Siempre respondía de manera vaga, diciéndome que algún día entendería. Se quedaba conmigo y me consolaba hasta que el amanecer se asomaba en el techo de mi vecino. Entonces los rayos de sol tocaban su capa negra, volviéndola de un blanco enceguecedor. Entonces desaparecía. Estaría de vuelta la próxima semana, así que yo me preparaba para ir a la escuela. Nunca me cansaba conversando con La Muerte. La vida siguió. Cuando tenía doce, mi doctor arregló mi naríz por tercera vez y empezó a hacer preguntas. En tres semanas me sacaron de mi casa y me mandaron a un orfanato. En un momento de pelicula, la familia de mi doctor, que había oído acerca de lo que estaba pasando, me adoptó. Él y su esposa habían tratado de tener hijos por años, sin frutos. Luego de eso viví una vida feliz. Nunca me olvidé de lo que me pasó en mis años de juventud. Seguí los pasos de mi "padre" y me volví cirujano. Por desgracia los trabajos eran escasos, así que acepté un puesto en la morgue. Todos esos años alrededor de La Muerte me ayudaron con mi nuevo trabajo, y hasta lo disfrutaba. Mi corazón se rompió cuando mi "madre" tuvo un accidente. Fui yo el que puse la etiqueta de muerte en su pié. Me tuve que tomar toda la semana de descanso. Pero La Muerte estuvo ahí ese día. Se paró en la esquina del cuarto de almacenamiento cuando cerré el cajón. De su mano esqueletica estaba una nenita de ojos verdes y cabello color chocolate. Había visto las fotos de mi madre y sabía que era ella, de unos siete años. Me dolió, pero La Muerte sólo me asintió, y supe que él iba a cuidarla. A lo largo de mi vida cerré el cajón para mis cuatro padres. Papá chocó contra un negocio, conduciendo borracho. Tuve que dejar el cuarto cuando lo estaban entrando. Si no lo hacía lo iba a escupir. Mamá se emborrachó hasta la muerte un año después. Me lamenté al cerrar su cajón. Mi papá había roto su alma y ella murió adolorida. A pesar de que mi mamá dejó esa morgue de la misma manera que mi "madre", todavía recuerdo los gritos cuando La Muerte arrastró a mi papá por el piso, una cadena roja y un collar de metal ardiendo, alrededor de su cuello. Mi padre, el hombre que salvó mi vida, murió cuatro años después. Se fue tranquilo, durmiendo. Me ofrecí de voluntario para cerrarle el cajón. Cuando lo hice, La Muerte llegó y se llevó a un niño pequeño de pelo oscuro y ojos azules. Puede que te preguntes por qué estoy escribiendo esto. A decir verdad, ni yo estoy seguro. Supongo que quiero decirle a la gente que no le tengan miedo a La Muerte. Él es un ser gentíl con un mal trabajo. Y él salvó mi vida. Con la vida que él me dio me casé, crié tres hijos, dos nenas y un nene igualitos a su mamá. Tengo nueve nietosy dos bisnietos, con uno más en camino. Perdí a mi esposa el año pasado a causa de un paro cardíaco. Me duele pensar al respecto, pero sé que ella no le tenía miedo a La Muerte. Ella conocía mi historia, la que te estoy contando ahora. Y se fue dormida, sosteniendo mi mano. Mientras escribo estos pensamientos finales, miro hacia la ventana. Afuera veo una figura en la calle, la nieve soplando sobre su capa negra. Hace un momento abrí la ventana y lo invité a pasar. Cuando vives tanto como yo viví, aprendes a tratar bien a los invitados. Ahora está parado en la esquina del cuarto. Cuando termine este post voy a apagar mi laptop, poner la linda nenita que él trajo consigo sobre mis piernas y cerrar los ojos. Mi esposa va a cerrar sus brillantes ojos azules y apoyar sus rizos rubios en mi barbilla. Voy a respirar profundo y dormirme. Cuando me despierte voy a estar con mi familia. Voy a ver a mi madre y a mi padre de nuevo. Voy a ver a mi mamá, más feliz de lo que la vi mientras vivía. Y, si tengo suerte, voy a ver a los cuatro perros que tuve. -MORTIMER- La Muerte me llama desde el rincón. Suspiro y escribo más rápido. Si puedo decir una última cosa. Me gustaría citar lo siguiente: "No le temas a La Muerte porque, después de todo, los verdaderos monstruos son las personas".