fabiancho7103
Usuario (Colombia)

Como parte de los homenajes póstumos a Nelson Mandela, fallecido el pasado 5 de diciembre, recientemente se instaló una monumental estatua del épico dirigente, una escultura de bronce con 9 metros de altura develada el 16 de diciembre a las afueras de las instalaciones principales del gobierno sudafricano, los “Union Buildings” de la ciudad de Petroria. En esta representación Mandela tiene los brazos abiertos, en un gesto que el actual presidente, Jacob Zuma, describió como un abrazo para la nación entera. Este monumento, sin embargo, no es uno más de los que usualmente se erigen en honor a los próceres nacionales, pues hace unos días se descubrió que al interior de su oreja derecha se esconde un pequeño conejo, detalle que ha despertado la indignación de algunos y la confusión de la mayoría por el enigmático significado que pudiera tener el animal. De acuerdo con los escultores responsables, Andre Prinsloo y Ruhan Janse van Vuuren, entrevistados por el periódico local Beeld, el conejo está ahí como una especie de protesta silenciosa aunque duradera por la presión que recibieron del gobierno sudafricano para terminar la estatua en tiempo. En afrikaans, el idioma de país formado en parte del holandés, conejo se dice “hass”, pero esta misma palabra también se usa como sinónimo de “prisa” (“haste” en inglés). Asimismo, el pequeño animal funciona como la firma de los autores, misma que el gobierno les impidió poner en el pantalón de la escultura. Por su parte Mogomotsi Mogodiri, vocero del Departamento de Artes y Cultura de Sudáfrica, declaró que “[el conejo] no pertenece a ese lugar” y, en una aseveración en el mismo tono, que es es inapropiado “porque Nelson Mandela nunca tuvo un conejo en su oído”. La autoridades ya estudian cómo remover al animal sin dañar la escultura y, por otro lado, los artistas se han disculpado por la posible ofensa cometida al legado de Mandela.

esta historia es larga pero interesante Fue un accidente de auto. Nada particularmente destacable, pero fatal sin duda. Dejaste a una esposa y dos hijos. Los paramédicos hicieron su mejor esfuerzo por traerte de vuelta, pero no había nada que hacer. Tu cuerpo estaba completamente destrozado, fue mejor así, créeme. Y entonces me viste. —¿Qué… qué ocurrió? —me preguntaste—, ¿dónde estoy? —Moriste —te dije de una vez. No hay por qué andar con rodeos. —Había un… un camión, y se estaba saliendo del camino… —Un choque. —¿Morí? —Pero no te sientas mal por eso. Todos mueren. Miraste alrededor. No había nada, sólo tú y yo. —¿Qué es este lugar? —me preguntaste—. ¿Es lo que hay después de la vida? —Más o menos —te respondí. —¿Eres Dios? —Sí, lo soy —te dije, para tu estupefacción. —Mis hijos… mi esposa… —¿Qué con ellos? —¿Estarán bien? —Me gusta eso. Apenas moriste y tu mayor preocupación es tu familia. Eso es bueno. Me miraste fascinado. Para ti no me veía como Dios, me veía como cualquier hombre. Alguna vaga figura de autoridad. Más un profesor de gramática que el Todopoderoso. —No te preocupes —te dije—, estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto en todos los sentidos. No tuvieron tiempo para guardarte algún rencor. Tu esposa se lamentará en público, pero secretamente sintiéndose aliviada. Para ser sincero, tu matrimonio estaba desmoronándose. Si te sirve de consuelo, se sentirá muy culpable por sentirse aliviada. —Ah… Entonces, ¿qué pasa ahora?, ¿podré ir al Cielo o al Infierno o algo así? —A ninguno. Reencarnarás. —Vaya —murmuraste—, los hindúes tenían razón. —Todas las religiones tienen razón a su manera. Ven conmigo. Seguiste preguntando mientras paseábamos por el vacío. —¿Dónde vamos? —A ningún lugar en particular. Es agradable caminar mientras hablamos. —¿Cuál sería el punto de esto? —no demoraste en preguntarme—. Cuando renazca, seré como un pizarrón en blanco, ¿no? Un bebé. Y así toda mi experiencia y lo que hice en esta vida no importará. —Te equivocas, tienes contigo el conocimiento y experiencias de todas tus vidas pasadas, sólo que no lo recuerdas ahora mismo —paré de caminar y te tomé por los hombros—. Tu alma es más hermosa, magnífica y gigante de lo que puedas imaginar. Una mente humana puede contener apenas una fracción de lo que eres. Es como meter tu dedo en un vaso de agua para ver si está caliente o frío. Pones una pequeña parte de ti en el vidrio, y cuando lo quitas, consigues toda la experiencia que tenía. »Has sido un humano por los últimos 34 años, en estos instantes no puedes sentir el resto de tu inmensa conciencia. Pero si nos quedáramos aquí por más tiempo, comenzarías a recordar todo. Claro que no tendría sentido hacer eso entre cada vida. —Supongo que habré reencarnado infinidad de veces… —Oh sí, muchas veces, y en muchas vidas distintas. Esta vez reencarnarás en una campesina china del año 540 d. C. —No, ¿qué? —tartamudeaste—, ¿me enviarás al pasado? —Pues, técnicamente. El tiempo, como lo conoces, sólo existe en tu universo. Las cosas son diferentes de donde vengo. —¿De dónde vienes? —curioseaste. —¡Oh claro! —te empecé a explicar—. Vengo de algún lugar… un lugar distinto a éste. Donde hay otros como yo. Sé que querrás saber cómo es ahí, pero sinceramente no entenderías. Estabas algo decepcionado. —Pero en tal caso, si reencarno en otros lugares y épocas, ¿podría interactuar conmigo mismo en algún momento? —Seguro. Ocurre todo el tiempo. Con ambas vidas sólo preocupadas de su propia existencia, nunca te percatas de ello. —¿Cuál sería el punto? —reiteraste. —¿Lo dices en serio?, ¿me preguntas por el sentido de la vida?… ¿No te parece muy trillado? —Es una pregunta razonable —insististe. Te miré a los ojos. —El sentido de la vida, la razón por la que hice este gran universo, es para que madures. —¿Te refieres a la raza humana?, ¿quieres que maduremos? —No, sólo tú. Hice este universo para ti. Con cada nueva vida creces y maduras, y aumentas tu intelecto. —¿Qué hay de los demás? —No hay nadie más —te dije—. En este universo, no existe nada más que tú y yo. Palideciste. —Pero toda la gente en la Tierra… —Todos son tú. Diferentes encarnaciones de ti. —Espera, ¡¿soy todos?! —Ahora lo vas entendiendo —te dije, con una palmadita de felicitación en la espalda. —¿Soy cada humano que ha vivido? —O que vivirá, sí. —¿Soy Abraham Lincoln? —Y eres John Wilkes Booth, también —agregué. —¿Soy Hitler? —me preguntaste, cohibido. —Y eres los millones que mató. —¿Soy Jesús? —Y eres cada uno que cree en él. —Quedaste en silencio. Cada vez que victimizaste a alguien —empecé—, te victimizaste a ti. Cada acto de bondad que has hecho, te lo hiciste a ti. Cada momento feliz y triste que ha sido experimentado por cualquier ser humano, fue, o será, experimentado por ti. —¿Por qué? —Porque algún día serás como yo. Porque eso es lo que eres, uno de mi clase. Eres mi hijo. —Vaya… —me dijiste incrédulo—. ¿Quieres decir que soy un dios? —No, aún no. Eres un feto. Seguirás creciendo. Una vez que hayas vivido cada vida humana en todos los tiempos posibles, habrás crecido lo suficiente para nacer. —Entonces todo el universo —me dijiste— es… —Una especie de huevo —te respondí—. Ahora es tiempo de irte a tu próxima vida. Y con eso, te envié hacia tu destino.

El hombre que llegó a Japón ese día en 1954 fue sin duda un extraño en una tierra extraña. Un occidental en la tierra de Oriente, se alzaba sobre de la mayoría de los japoneses pululando alrededor del complejo del aeropuerto de Tokio. Pero pronto, los sorprendidos funcionarios de aduanas encontraron que el hombre era algo más que un extraño en medio de ellos. El imposible hombre era un desconocido desde un desconocido mundo, un mundo que existe enteramente en otro universo! Un incidentes de muy alta extrañeza ocurrió hace casi 60 años en Japón. Partes de la historia fueron relatados en varios libros sobre el raro y extraño hecho durante la década de 1950. Una breve referencia al incidente aparece en Dark Stories. Reuniendo la mayor cantidad de detalles posibles (algunos pueden estar perdidos para siempre en la historia), la historia adquiere un aspecto misterioso y ciertamente califica como una posible visión más en los infinitos mundos del multiuniverso. Vuelo desde ninguna parte El día comenzó como cualquier otro para los hombres y mujeres de la aduana japonesa. Se inclinaron a sus superiores y tomaron sus lugares detrás de los mostradores de la instalación situada cerca de la zona de espera de arribo del terminal internacional. Mientras los aviones de otras naciones llegaban y los pasajeros desembarcaban, los recién llegados hacían la cola como siempre — en espera para las entrevistas, las inspecciones y la anticipación de tener sus pasaportes y visados estampados para que pudieran emprender su camino hacia el ajetreo y el bullicio de una Tokio ahora de regreso a la normalidad nueve años después del final de la Segunda Guerra Mundial. Pero lo que empezó con normalidad pronto se degeneró en la perplejidad, y luego en el asombro, cuando uno de los recién llegados que había volado desde Europa presentó su pasaporte. El documento de viaje afirmaba que era de un país que no habían oído hablar en su profesión. Incluso los funcionarios de aduanas de más alto rango fueron obstaculizados por el pasaporte que, en todo lo demás, parecía auténtico. De acuerdo con el pasaporte, el hombre era de un país llamado Taured Sacaron al viajero a un lado y lo escoltaron a una sala de interrogatorios para una entrevista mientras se llevaban a cabo una verificación de antecedentes. El hombre misterioso aparecía caucásico, dijo que su país estaba en Europa y portaba moneda legal de varios países europeos en una bien hecha, billetera de gran tamaño. La confusión y el enojo Mientras los funcionarios de aduanas estaban confundidos, sujeto de su confusión se puso cada vez más enojado. Afirmó que estaba en Japón por negocios, era el tercero de esos viajes en ese año. Había estado viajando a Japón por más de cinco años y su empresa era una filial de un conglomerado internacional en auge. Si bien es cierto que el pasaporte del hombre corroboraba su historia — el documento tenía varios previos sellos de visado de aduana — no había constancia de que su país existiera. Y cuando fue contactado la compañía que él aseguraba tener reuniones pendientes, ellos afirmaron categóricamente que nunca habían oído hablar de él, ni de la empresa que él dijo representaba. Igualmente desconcertante eran los otros documentos del hombre: llevaba una licencia de conducir emitida por su país, pero no existía el país. Él también tenía una licencia de conducir internacional, pero que también era inválido. Un talonario contenía controles para una cuenta con un banco desconocido. El hotel que él insistió en el que él tenía reservas no tenían registro alguno de él. ¿Cómo el extraño visitante apareció en la equivocada Tierra? Ciertamente es un extraño en un mundo extraño. El hombre hablaba varios idiomas, incluyendo el japonés. Dijo que su lengua materna era el francés y cuando se le mostro un mapa del mundo expresó lo que parecía ser una genuina conmoción de que su país no estaba en ella. Él dijo a los funcionarios que Taured estaba localizada en el Principado de Andorra, parte de España, y parte de Francia que estaba indica en el mapa. Estaba convencido de que no existía ningún país como Andorra y su país había existido durante casi 1.000 años. ¿Todo el mundo se había vuelto loco? Él debe haberse preguntado. Los japoneses se preguntaban a sí mismos mientras ellos le devolvían la mirada al imposible hombre que sin duda parecía muy transitado. Correcto aeropuerto, incorrecto mundo Las horas pasaban y en vez de encontrar respuestas, el rompecabezas sólo se profundizaba. Finalmente, el hombre pidió ver a las autoridades gubernamentales superiores. Para entonces pensó que era una gran y cruel broma que se le estaba jugando. Después de ser detenido en la estrecha sala de seguridad del aeropuerto durante casi ocho horas, las autoridades aduaneras se apiadaron de él. Lo enviaron a un hotel cercano con las órdenes de que el visitante misterioso esperara hasta que llegará una decisión sobre el asunto. Acto de desaparición En el hotel, dos funcionarios de inmigración se les dio la orden de no permitir que el hombre salgar de su habitación. Después de comer una pequeña cena proporcionada por el servicio de habitación del hotel, el hombre sin un país se retiró casi al anochecer. Los guardias mantuvieron su puesto en el pasillo fuera de la habitación de hotel a través de las primeras horas de la mañana. En ningún momento se escucharon sonidos que vienen desde dentro de la habitación. A la mañana siguiente, los guardias descubrieron que el extraño Europeo había desaparecido. La única salida de la habitación era la puerta que ellos estaban viendo y la única ventana no tenía cornisa exterior y se encuentra muy por encima de una calle muy transitada. ¿El hombre de otro mundo encontro su camino a casa? Las aduanas y los funcionarios de inmigración y la policía de Tokio, montado una intensa búsqueda para tratar de hallar a increíble viajero, pero finalmente se dieron por vencidos. El hombre del país que no existe no se le volvió a ver. Con suerte, él encontró su camino de vuelta a casa.