ernestocajarlagu
Usuario

El canal de youtube llamado Sylkeka89 fue creado el día 18 marzo de 2012, y su primer video fue subido el 15 junio de 2012 en donde esta mujer, (no se como putas se llama) hacia su presentacion Video: link: https://www.youtube.com/watch?v=llKhksy9Oqk Es un canal de Gamplays, una chica gamer que jugaba a buenos titulos como ; Dragon age origins, alice madness returns, Dead Space, battlefield 3, y otros buenos juegos. El 14 de Octubre de 2012 mostró su cara por primera vez. link: https://www.youtube.com/watch?v=DzEmvJEL6QI supongo que su canal siguió como muchos otros, pasando desperdiciado y con ganas de que muchas personas viran sus vídeos, y deseando codearse con los canales mas grandes de youtube. A diferencia de @Colo_mustaine Sylkeka89 no dejo youtube, y siguió subiendo videos, en su especial de 6.000 suscriptores logra hacer un video con el Rey de los niños ratas Vegetta777. link: https://www.youtube.com/watch?v=6UgyirmiCSw Su popularidad subió rápidamente, y como todo youtuber de gameplays que se respete, intenta utilizar a Minecraft a ganar popularidad: tal parece que funciono, por que llego al bueno numero de mas de 300.000 mil suscriptores, La historia triste empieza ahora: con mas de 300.000 mil suscriptores en youtube, en promedio es normal que tus vídeos lleguen a 100.000 o mas de 200.000 vistas, Pero esta mujer apenas si llega hoy, a poco mas de 2.000 patéticas visitas por video, en el mejor de los casos llega a 5.000. Hace unos meses en Twitter comento lo que pasa con su canal, ella atribuye su desgracia a youtube. Pues si, aun Sylkeka89 , sube videos, tiene un canal muy activo a pesar de todo, a diferencia de @Colo_mustaine ella no se fue. ajjajajajajaj. Hasta otra.
Cómo llevar una Vida Ética Texto escrito por su santidad el decimocuarto Dalai Lama. El interés personal versus el interés por los otros como base para una vida ética. La esencia del Budismo es: si podemos ayudar a otros necesitamos hacerlo: si no podemos, entonces al menos evitemos lastimarlos. Esa es la esencia de una vida ética. Toda acción proviene de una motivación. Si lastimamos a otros, eso proviene de una motivación; si ayudamos a otros eso también proviene de una motivación. Así que para ayudar a otros o para servir a otros, necesitamos cierta motivación. Para ello, necesitamos algunos conceptos específicos. ¿Por qué ayudamos y por qué no lastimamos? Por ejemplo, cuando estemos a punto de lastimar a alguien, podríamos, de alguna manera, darnos cuenta de ello, lo que nos impediría hacerlo. Esto significa que necesitamos cierto tipo de determinación para no causar daño. Una parte de nuestra mente quiere lastimar a alguien, pero debido a cierto estado de nuestra mente, otra parte de ella dice que esto es incorrecto, que no está bien hacerlo. Por el hecho de percatarnos que es incorrecto, desarrollamos fuerzas de voluntad y nos abstenemos a llevarlo a cabo. En cualquiera de los casos, causar daño o evitar hacerlo, necesitamos darnos cuenta que ciertas acciones tendrán consecuencias a largo plazo. Como seres humanos tenemos la inteligencia de prever consecuencias a largo plazo. Así, al preverlas podemos, en un nivel inmediato, contenernos. Hay dos formas diferentes de aproximarnos a este tema. Con la primera, pensamos en términos de interés de nosotros mismos. Si podemos ayudar, lo hacemos, si no podemos ayudar, nos refrenamos a causar daño. La otra aproximación es pensar en el interés de los otros, y de la misma manera, si podemos ayudar, lo hacemos, si no podemos, nos contenemos a causar daño alguno. Con respecto a evitar dañar a otros por el razonamiento; “si hago esto, enfrentaré consecuencias negativas, incluyendo consecuencias legales” es evitar diñarlos por un interés meramente personal. Por otro lado, si los demás son nuestra razón para contenernos, el pensamiento seria: “Los demás son como yo. No desean sufrimiento ni dolor; por ello, evitare lastimarlos.” Cuando entrenamos nuestra mente, primero pensamos en nuestro interés personal, y después en los demás. En términos de efectividad, pensar fuertemente en los otros es más poderoso. En términos de patrimoksha, los votos de la liberación individual, la tradición vinaya del entrenamiento monástico, la base primaria es pensar en nuestro propio interés y, por esta razón, evitamos causar daño. Esto es porque buscamos nuestra liberación. En términos de la práctica del Bodisatva, la principal razón para contenernos de lastimar a otros es la preocupación por los intereses de los demás. Quizás esta segunda forma, evitar causar daño y ayudar a otros sobre la base del altruismo, tiene una conexión con la responsabilidad universal de la que hablo frecuentemente.
Hormigas en la cena Volví en la noche, con los pies descalzos, oliendo mal y sin haber comido nada. La vi sentada en una mecedora en medio de la sala. Mis piernas temblaron cunado ella me miró. Hubo un gesto de lástima o compasión en sus ojos, pero enseguida su aptitud se tornó agresiva y la ira fue brotando lentamente las facciones de su cara. Retrocedí y me detuve bajo el marco de la puerta de la entrada, al tiempo que reconocía el brillo de la hebilla del cinturón rojo que empuñaba. -No me pegue, por favor –dije Mi madre se puso de pie. Era una mujer alta, media 1 metro con 80, por lo menos: era gruesa, trigueña, de cabello negro y en sus ojos había algo que me recordaba a los míos. -Mucho miedo y poca vergüenza – sentenció. -No me pegue –repetí Mi madre avanzo hacia mí, entonces me quede quieto y espere. De uno de los cuartos laterales salió la abuela, atravesándose como una gran cortina, así, sin avisa, como un viento frio. -No le pegue –suplico. -Este hijo de puta, mamá –dijo mi madre, quien sabe dónde estaba y haciendo qué. Me mato todo el día trabajando para que este vergajo estudie, y ni va al colegio ni ayuda en la casa. Ahí están el desayudo y el almuerzo lleno de hormigas. La comida no la regalan –me miro. Te dije que lavaras el baño, ¿lo lavaste?, ¿barriste el patio?, ¿sacaste la basura? A ver, ¡contesta! ¡Contesta! -No –dije-, no lo hice. -A ver, dime que piensas. Tú crees que la vida es… Dime que piensas, dime que tienes en esa maldita cabeza. -No me pegue, no me pegue –decía-, perdóneme mamá, no me pegue. -Por esta vez no le pegue sugirió la abuela. -Hazme el favor y entra- Concluyo mi madre. Entre y vi como el cinturón se deslizaba entre sus manos y caía al piso, mientras ella se dirigía a la mecedora y, un poco acurrucada, guardaba su rostro entre ambas manos: estaba llorando. Llegue hasta la cocina, tome el plato de la cena y fui al patio. Mientras tragaba rápidamente las cucharadas de arroz, apartando las hormigas oía los sollozos de mi madre: -¿Qué he hecho yo para merecer esto, señor…? ¿Qué he hecho yo? Estaba sentado en el patio, comiendo. Sentí un golpecito en la espalda. Deje el plato a un lado y gire la cabeza para mirar: era mi madre “demasiado odio para un golpe tan frágil”, pensé. Eso me dio risa. Me reí. Ella me volvió a pegar, hacia demasiada fuerza, me volví a reír. -¡Ah, te burlas! –exclamo. Su cara se iba poniendo roja, respiraba de prisa y arrugaba el rostro, pero sus golpes seguían siendo suaves. Yo reía y corría por todo el patio. Mi madre detrás, me alcanzaba con el cinturón de vez en cuando. De pronto se detuvo. -¡Ajá!, ahora sabrás de quien te vas a burlar. No es burla, mamá –dije, mientras me reía. Estaba parada a unos cinco metros de mí, tomo una escoba y una piedra del suelo. Me tiro la piedra, pero no me dio. No quiso darme. Levanto la escoba y corrió hacia mí. Fui corriendo hacia un ángulo lejano del patio, me quede recostado sobre la paredilla, al fondo. -Entre más corras peor para ti, más duro te pego. Entonces, de repente, ya no tuve ganas de reír. -No me pegue, mamá, no me pegue –volví a suplicar. Pero la súplica, en se momento, no era lo mío. Mire la paredilla, trepen ella y caí en el patio de la casa de atrás. Escuché que mi madre decía: -Peor para ti, más duro te pego…a la hora que vengas te pego. Un perro flaco y pequeño, de orejas caídas empezó a ladrar muy cerca de mí. Guau. “¡Sicario!”, gritaban desde adentro. Guau guau. “¡Cállate, sicario!”. Sicario se calló baje la cabeza y pasé sobre él. Caminé por el patio, entré en la puerta trasera a la casa. Los vecinos veían noticias en la televisión. -Buenas noches –les dije, mientras atravesaba la sala hacia la terraza, y luego a la calle, y de la calle hasta la esquina, a la carretera. Camine por allí, sin prisa, de regreso a mi calle. Me asomé con cuidado apoyado sobre la verja. Vi a mi madre con las escoba en la mano, rodeada de muchachos, en mitad de la calle. Escuché que decían: -Veinte pesos. Luego alguien gritó: .Allá está. Y luego ella dijo: -Vivo o muerto. -Allá esta – repetían mientras corrían hacia mí. Espere unos segundos y luego corrí. Atravesé la carretera, después cruce un puente sobre una pequeña cuneta que separaba dos carreteras. Atravesé la segunda carretera, corrí hacia un terreno baldío que estaba enfrente, donde se había improvisado un estropeado campo de futbol. El suelo estaba lleno de piedras y esquirlas de vidrio, el aire era denso y escuro. No había luna cerca. Los vidrios y las piedras maltrataban las plantas de mies pies mientras corría, los otros ya me estaban alcanzando, tenían zapatos y tres comidas encima. Estaba a punto de finalizar en campo cuando me agarraron, primero uno, luego los otros seis. -Les doy cincuenta -le dije. -Cállate y camina –me respondieron. Camine de regreso. Me traían agarrado de los brazos, del cuello y de la camisa. Seguí caminando por el campo, pensando una y otra vez como zafarme. Era inútil, pero pensaba. Mientras ellos hablaban, haciendo planes con los veinte pesos, se me ocurrió una idea: en los rincones del campo siempre habían parejas de novios buscando la oscuridad para besarse, recostarlo e incluso llegar más allá. Hombres cansados y vencidos, hombres pobres que querían amar a mujeres lindas distintas a las que tenían en casa. Vi unas siluetas borrosas moviéndose a lo lejos, entonces empezó a gritar: -¡Busquen cama, busquen cama, malparidos! Tres tipos respondieron a mis gritos. “Cállate, maricon”. Y amagaron con correr sobre nosotros. La partida de cobardes que me agarraban corrieron, pero no me soltaron. Me llevaban arrastrado, a un ritmo cruel para mis pies descalzos. Cruzamos la carretera, luego el puente y después la otra carretera. Entramos a la calle. Vi a mi madre agitando la escoba, esperándome. Detrás de ella, la abuela se sostenía con ambas manos, la cabeza. Varios vecinos estaban en la calle, en las terrazas y en las ventanas de sus casas para ver el espectáculo. Querían bailar, todos querían bailar y yo era la canción de moda. Estaba bien, de alguna forma lo tenía merecido. Lo que realmente me dolía, lo que me incomodaba, era pensar que aquellos muchachos que me traían agarrado, eran mis únicos amigos. Íos Fernández