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eltodo23

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Primer post: 13 dic 2011Último post: 11 ago 2012
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Literatura adaptada a la gran pantalla
Ciencia EducacionporAnónimo8/11/2012

“Una historia no es sólo lo que se cuenta, sino también la forma de contarlo.” Robert Mckee En este post analizaré (desde mi punto de vista) como el cine y la literatura han interactuado a través de los años y como ahora lo audiovisual toma terreno frente al imaginar (leer). BIENVENIDOS A lo largo de la historia, el hombre ha buscado la necesidad de expresarse. Con el aparecimiento de la escritura tuvimos una valiosa ventaja en este campo, empezamos a plasmar narraciones en escritos. Luego, con la práctica de la literatura las historias narradas llegaron a tener gran trascendencia a nivel mundial, la imaginación de los escritores rebasó límites, llegando a construir maravillosos mundos plasmados en un libro, biografías, historias románticas y demás, teniendo gran influencia en la sociedad. La imaginación no era suficiente, queríamos ver este basto mundo con nuestros propios ojos y con el teatro logramos cumplir este deseo, pero con el avance de la tecnología nació el cine, otra gran herramienta para poder plasmar historias que desde sus inicios usó a la literatura como referencia, esto se vio en la primera película de George Méliés “De la Tierra a la Luna” basada en la novela del mismo nombre de Julio Verne, después de esto y con la evolución del cine, se llevaron cientos de obras literarias a la gran pantalla, dando a conocer al público autores y obras que poco se habían mencionado y tan solo en esas instancias les fueron descubiertas. Pero existen ciertas interrogantes con respecto a la representación de obras literarias en el cine ¿destruyó a la literatura?, ¿preferimos ver la película a leer el libro?, ¿cuántas cosas interesantes de la obra literaria nos perdemos con el filme?, ¿se omiten detalles?, ¿cambia la historia? A continuación tratemos de responder estas interrogantes. EL LIBRO QUE SE HIZO PELÍCULA Un 28 de diciembre de 1895, apareció la primera película proyectada públicamente, esta fue echa por los hermanos Lumiére y mostraba a los espectadores la salida de obreros de una fábrica francesa, la demolición de un muro, la llegada de un tren y un barco saliendo de un puerto. El éxito fue inmediato, no solo en Francia, sino también en toda Europa y América del Norte. En un año los hermanos Lumiére creaban más de 500 películas, pero este estilo de filmación y su manera de contar estas historias, terminaron por aburrir al público. [size=12]George Méliés se encargó de profundizar por primera vez el hecho de contar historias ficticias, pero para esto tuvo que basarse en una historia ya existente, en una trama lo suficientemente acoplable al formato que quería mostrar, fue allí que nació la versión cinematográfica de “Viaje a la Luna” basada en la exitosa novela del entonces reconocido Julio Verne. Podemos notar que desde sus inicios el cine y la literatura iban de la mano, debido al extenso y rico universo que esta nos ofrece, ya no era cuestión de imaginar; ahora se podía ver la riqueza del mundo literario, pero con la adaptación de libros al cine venía otro reto: representar de manera aceptable, lo que el escritor nos estaba narrando.[/size] Fuerza es convenir en que el tal proyectil era una magnífica pieza de metal, un producto metalúrgico que hacía mucho honor al genio industrial de los americanos. [...] El precioso proyectil centelleaba a los rayos del Sol. A1 verlo con sus formas imponentes y con su sombrero cónico encasquetado, cualquiera hubiera tomado por una de aquellas macizas torrecillas, a manera de garitas, que los arquitectos de la Edad Media colocaban en el ángulo de las fortalezas. No le faltaban más que saeteras y una veleta. VERNE, Julio, De la Tierra a la Luna En este párrafo Verne nos describe al proyectil que va a ser lanzado a la Luna. Esta descripción se vuelve un reto para el director del filme, ya que debe representar al objeto tal y cual se lo muestra en el libro, porque el espectador podría molestarse al ver que su obra favorita es “profanada” al cambiar algo muy sobresaliente en la trama, claro está que la mayoría de directores o guionistas al momento de adaptar el libro aumentan y acomodan hechos a su criterio, incluso restando importancia a ciertos aspectos de la historia en cuanto a narración y belleza. Por otro lado tenemos a las personas que jamás han escuchado de la obra literaria, este público se convierte en el más fácil de asombrar, la mayoría incluso llega a pensar que el autor de la trama es el propio director de la película, obviamente esto no pasó con Méliés porque en ese entonces los libros eran demasiado cotizados. Pero ¿qué pasa en nuestra época? , con la aparición del sonido y del color, tuvimos más recursos para adaptar un libro a un filme y los resultados llegan a ser grandiosos, aunque otros decepcionan a más de uno. Tendría tal vez tres palmos de largo, y el cuerpo, segmentado, era de ese color rosáceo que presentan las quemaduras en vías de sanar. Sus ojos, bulbosos, observaban en direcciones opuestas el extremo de dos cortos peciolos delgados y flexibles. Gruesos pies acabados en ventosa le mantenían adherido al vidrio. Por su otra punta sobresalía algo: un órgano sexual o un aguijón. Y del lomo le brotaban dos alas membranosas descomunales, parecidas, en cuanto a forma, a las de la mosca doméstica. KING, Stephen, La niebla Stephen King, “el maestro del terror” es uno de los escritores con más obras literarias adaptadas a la gran pantalla, pero la mayoría de esas películas no logran captar la magnitud del horror que King nos muestra en sus novelas, tal es el ejemplo de “la niebla”, la película no fue tan popular como el libro e incluso se la calificó como mala, los que sabían que era basada en este libro salieron decepcionados al no poder sentir ese miedo característico del trabajo del autor. Al momento de leer el párrafo de “La niebla” citado anteriormente, nosotros nos imaginamos a tal criatura de acuerdo a la descripción del libro, cuando esta criatura es representada en el cine, no causa el mismo efecto que cuando la imaginamos, el terror causado por el libro solo llega a existir cuando nosotros nos lo planteamos, pero si es planteado por otro medio, ese terror desaparece porque ya no es el mismo que nos asustó en un principio. Ahora, con las personas que jamás leyeron el libro, ese terror llega a cumplir su objetivo y normalmente la película recibiría aplausos, pero ¿qué pasa cuando el filme desagrada incluso sin leer la obra literaria? La respuesta es simple: la película no logró captar el mensaje que el autor planteó en su trabajo. Tenemos a novelas que captaron la atención de millones tanto en su versión escrita como en su adaptación al cine, una de ellas que tuvo gran popularidad entre el público juvenil es “Harry Potter” esta historia tuvo tanta acogida que incluso después de ver la película, la gente se apresuraba por comprar los libros. La mayoría de personas prefieren comprar el libro porque en una película se omiten ciertas partes de este que dan mas sentido a la trama, jamás en un filme se puede incluir toda la extensión de una obra literaria, por más que se intente siempre habrán partes que quedarán excluidas. —¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron, agachándose ante la chimenea para ver de cerca el huevo— Debe de haberte costado una fortuna. —Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero. —Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —preguntó Hermione. —Bueno, estuve leyendo un poco —dijo Hagrid, sacando un gran libro de debajo de su almohadaROWLING, Joanne, Harry Potter y la piedra filosofal Otro factor importante en la trama adaptada son los diálogos, el guionista emprende un duro trabajo por no perder el sentido de una conversación acoplada al formato de la cinta. Muchas veces en las películas es necesario cambiar el escenario donde se desarrolla la escena o simplemente el diálogo no le parece correcto al director, aquí empieza una ardua tarea por definir que se queda y que no. PARA CONCLUIR.... “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit.” Esta frase apareció de la nada en la cabeza del autor de la exitosa trilogía del señor de los anillos, de echo esa frase fue el origen de un maravilloso mundo que plasmó a través de sus escritos. Podrías comparar a esta frase con una obra literaria que da paso a una excelente película, el cine necesita ideas para representar y la literatura ayuda en este gigantesco proceso creativo. Este proceso tiene sus pros y sus contras, muchas veces el libro pierde credibilidad o incluso se llega a desconocer completamente a la obra literaria, en otras cosas la película gana una popularidad increíble, ocasionando que los libros desaparezcan de las vitrinas. Actualmente la lectura perdió adeptos, ya casi nadie lee, pero gracias a adaptaciones cinematográficas que impactan bastante en la mente de los espectadores, las personas abren las obras que inspiraron el filme para enterarse de más; a otras en cambio les da por conformarse con la película. Si con las nuevas tecnologías se dejó a un lado el hábito de leer un buen libro, es necesario concientizarnos y dar énfasis al valor creativo que una obra literaria nos ofrece, sin conformarnos con adaptaciones que muchas veces no cumplen el estándar propuesto por el autor del libro, debemos ser más críticos en ese aspecto y aprender a calificar la película y la obra por separado. FIN DEL POST

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El creador de Winnie the Pooh y su sufrido hijo
El creador de Winnie the Pooh y su sufrido hijo
InfoporAnónimo12/13/2011

Christopher Robin dándole leche condensada a WinnieEl entrañable y tontorrón personaje de Winnie the Pooh realmente llegó a existir y fue una osa de color negro.Todo comenzó cuando el 24 de agosto de 1914 un tren que transportaba tropas para luchar en Europa y que provenía de Winnipeg (Manitoba, Canadá) se detuvo en White River (Ontario). El teniente veterinario H. Colebourn (1887-1947), un británico afincado en Canadá, salió del tren para despejarse un poco y vio a un trampero que, después de matar a una osa, se había quedado con una cría suya. Colebourn (foto de la izquierda) pagó 20 dólares al trampero por la osezna, a la que decidió llamar Winnie, en honor a su ciudad adoptiva, Winnipeg.El militar decidió dejar a Winnie en el Zoo de Londres (el 9 de diciembre de 1914) para que se ocupasen de ella mientras él luchaba en el frente. Por su carácter cariñoso y dócil, Winnie se convirtió pronto en la favorita del público que acudía al Zoo. Más tarde, al acabar la guerra en 1918, Colebourn volvió al Zoo a recogerla pero, viendo el afecto que había despertado en todos, decidió dejarla allí.Un niño, llamado Christopher Robin Milne, visitó el Zoo cuando tenía cinco años y conoció a Winnie. No tardaron mucho en hacerse amigos e, incluso, los cuidadores le dejaban pasar dentro del recinto de la osa para jugar con ella o darle de comer (curiosamente no le daba miel sino leche condensada, que le encantaba).El padre del niño, Alan Alexander Milne (18-1-1882, 31-1-1956), era escritor y vivía junto a su mujer Dorothy y su hijo en Cotchford Farm, en el bosque de Ashdown (Sussex). Christopher Robin decidió rebautizar a su oso de peluche, que se llamaba "Edward", con el nombre de Winnie the Pooh.Christopher Robin con su oso "Edward", rebautizado como Winnie the PoohAlan Alexander Milne escribió varias obras de teatro y novelas pero su éxito vino con los libros sobre el "Osito de poco cerebro", que se convirtieron en clásicos de la literatura británica del siglo XX.Alan Alexander, su hijo Christopher Robin y el oso PoohPeluches de Christopher Robin, que inspiraron la obra de su padre (se encuentran en la Biblioteca Pública de Nueva York).Sin embargo, su hijo, Christopher Robin, terminó harto del personaje pues, al ser incluido (el niño) en los libros de Winnie the Pooh tuvo más de un problema en el colegio y las constantes burlas de sus compañeros hicieron que durante años guardase rencor a su padre y se volviese un chico introvertido. Además, nunca conservó nada relacionado con los libros de Pooh, escritos por su progenitor.A pesar de ello, Christopher Robin participó activamente para que el bosque de Ashdown (el "Bosque de los Cien Acres" en las aventuras de Pooh) no fuera convertido en explotación petrolífera por la British Petroleum.Christopher Robin Milne murió el 20 de abril de 1996.Las hijas de Walt Disney se enamoraron de los libros de Milne y su padre acabó comprando los derechos de imagen en 1961, cinco años después de la muerte de A. A. Milne. A partir del 1966 (con "Winnie the Pooh and the Honey Tree" Disney inició una serie de películas sobre este entrañable personaje (no tanto para Christopher Robin) que sigue gustado a los niños de todo el mundo, y a los no tan niños, incluso en la actualidad.Hasta aquí el post...recuerda seguirme en twitter @eltodo23

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La islas mas lejanas del planeta
La islas mas lejanas del planeta
InfoporAnónimo12/13/2011

Si quieres perderte... pero lo que se dice perderse de verdad, vete a Tristan da Cunha, el archipiélago habitado más remoto de todo el mundo.Son un grupo de islas al sur del Océano Atlántico, separado por casi 3000 Km de Sudáfrica, y a más de 3300 Km de Sudamérica. Pertenece a los territorios británicos de ultramar y está a tomar viento de cualquier lugar. El archipiélago lo forman la isla más grande, Tristan da Cunha, de casi 100 Km2, y otras dos islas deshabitadas: Inaccessable y Nightingale.Desembarcar en la isla principal es toda una odisea, debido a los descomunales acantilados que la rodean. Ni siquiera su descubridor (Tristão da Cunha) pudo apearse para dar un paseíto. Sus habitantes se dedican a la agricultura y a la pesca (y a jugar mucho al parchís, me temo). Eso sí, en la isla no hay resfriados, a no ser que los traiga algún turista.Por si fuera poco, la isla principal tiene (más bien "es" un volcán bastante antipático que hizo necesario desalojarla temporalmente en 1961. A la vuelta, se encontraron que los piratas habían saqueado sus casas y que los perros habían dado buena cuenta de todas las ovejas.El volcán tiene una altura de más de 2 Km y en invierno se cubre de nieve, lo que proporciona una visión bastante espectacular. Todos los años un buque aprovisiona a la isla de medicinas, libros, etc... y trae el correo (y luego nos quejamos de que Correos tarda...). Los aviones no pueden aterrizar, pues carece de aeropuerto.Hasta aquí el post recuerda segurime en twitter @eltodo23

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Historias de enfermos mentales
Historias de enfermos mentales
InfoporAnónimo12/14/2011

Cuando el Willard Psychiatric Center de Finger Lakes de Nueva York cerró en 1995, dos miembros del personal, Beverly Courtwright y Lisa Hoffman, encontraron una puerta escondida que accedía al ático de uno de los edificios abandonados. Al abrir la puerta, descubrieron una amplia habitación que albergaba unas cuatrocientas maletas, cajas y baúles pertenecientes a algunos de los numerosos pacientes que ingresaron en aquel asilo mental. Las maletas de los hombres estaban situadas a la izquierda y las de las mujeres a la derecha. Se habían colocado en orden alfabético y se encontraban etiquetadas.Los pacientes trajeron aquellas maletas, cuando fueron admitidos en el asilo mental, pero, por circunstancias desconocidas, no se les permitió mantenerlas en sus habitaciones. Documentos, libros, fotografías, zapatos, ropa, platos envueltos en papel de periódico y otros muchos objetos personales se conservaron intactos durante décadas en aquel ático del hospital.Después del hallazgo de estas maletas, Darby Penney y Peter Stastny -profesor de psiquiatría en el Albert Einstein College of Medicine- en colaboración con la fotógrafa Lisa Rinzler seleccionaron diez maletas e investigaron la historia personal de cada uno de los propietarios de las mismas, tratando de descubrir qué motivos causaron su ingreso en el psiquiátrico. El resultado de su investigación dio lugar a una Exposición en el New York State Museum en 2008, una Exposición en línea y un interesante libro, The Lives They Left Behind: Suitcases from a State Hospital Attic.Los objetos personales de los pacientes permiten conocer quiénes eran esas personas antes de desaparecer detrás de los muros del psiquiátrico, cuáles eran sus trabajos, aspiraciones, sus relaciones con los demás. En las fotografías aparecen frecuentemente sonrientes, relajados, viajando, haciendo deporte, estudiando... llevando esa vida normal que llevamos todos.Pero, a través de la información contenida dentro de estas maletas abandonadas, también podemos ver cómo sus vidas, en un momento determinado, se rompen, como consecuencia no sólo de la enfermedad mental sino de otras muchas circunstancias. A partir de esa catástrofe personal, estas personas dejan de ser consideradas "sanas" o "normales" y son recluidas, la mayoría ya para siempre, en la institución mental.Sin embargo, en la actualidad, estas personas recibirían unos tratamientos muy distintos (en echoesofwillard se explica qué duros tratamientos se emplearon en el Willard desde los años 30) y no habrían permanecido durante décadas apartadas del mundo. Por este motivo, sus historias son tan interesantes y emotivas.En este post descubriremos la historia Madeline, Theresa, Lawrence, Margaret, Roderigo y Ethel, seis pacientes muy distintos que terminaron siendo ingresados en el Willard.MadelineMadeline nació en 1896. Pertenecía a una acaudalada familia de París. Se graduó en la Sorbona y, en su juventud, viajó por toda Europa y Estados Unidos. En sus maletas se encontraron muchas de las fotografías que fue haciendo durante sus viajes.Fotografía tomada por Madeline en VigoDespués de la Primera Guerra Mundial, Madeline dejó Francia y se trasladó a Nueva York, donde consiguió un buen trabajo como secretaria. Durante la década de 1920, fue profesora de literatura francesa en escuelas privadas para niñas en Boston, Dallas, New Hampshire y Nueva York. Era una mujer intelectual, interesada por la filosofía, la literatura, la historia y la música. Ese interés por el conocimiento la llevó a ampliar sus estudios en la Universidad de Columbia.Amigas o compañeras de MadelineSu vida parecía interesante y próspera pero, en un momento determinado, Madeline fue alejándose de sus amigos y compañeros de trabajo. De acuerdo con su expediente, algunas de las personas que la emplearon la consideraban "extraña, sin tacto y dominante". Su suerte comenzó a cambiar durante la Gran Depresión, no logró encontrar un trabajo estable y fue encerrándose en sí misma. Finalmente, fue ingresada en 1931 en la unidad de psiquiatría del Bellevue Hospital en Manhattan.Madeline accedió voluntariamente al ingreso pero creyendo que su hospitalización sería algo temporal. No pudo imaginarse que después de permanecer en aquel centro sería trasladada a otros psiquiátricos hasta terminar ingresada en el Willard en 1939. Según su expediente, Madeline había declarado enfurecida que le parecía un escándalo que la mantuviesen hospitalizada contra su voluntad.Los documentos registrados indican que en 1965 seguía exigiendo su liberación, sostenía que no estaba loca y que estaba perdiendo el tiempo allí encerrada.Madeline recibió fármacos antipsicóticos en la década de 1950. Con el tiempo, desarrolló lo que más tarde llegó a ser conocido como disquinesia tardía (DT), un trastorno del movimiento causado por consumir medicamentos usados para controlar la esquizofrenia y otras psicosis.En 1970, un documento sostiene que Madeline había desarrollado "movimientos nerviosos, posturas rígidas y muecas faciales". Se creía que aquella patología que padecía Madeline no era causada por el uso prolongado de determinados fármacos de modo que siguió tomándolos. Se le prescribió una "terapia de actitud" para conseguir que dejara de hacer aquellas muecas.Con 79 años, después de permanecer 47 años en el Willard, fue enviada a un centro privado de atención, situado cerca del psiquiátrico. Murió en octubre de 1986, en el Condado de Séneca, a la edad de 90 años.TheresaTheresa nació en 1880 en Baviera, Alemania. Con sólo 16 años ingresó en la congregación de las Hermanas Dominicas, donde tomó el nombre de Sor Marie Ursuline. La llevaron a América en 1898. Tuvo problemas con la Madre Superiora y comenzó a cuestionarse su permanencia en la congregación. En 1917 le escribió a su padre pidiéndole ayuda para volver a su casa en Alemania, pero su carta fue devuelta debido a las restricciones de correo en tiempo de guerra. Theresa tenía dudas espirituales que le ocasionaban un gran desasosiego.Fue ingresada en el Hospital Estatal de Manhattan en junio de 1918. El personal del hospital no llegó a creer que hubiese sido monja, consideraba que su formación religiosa era producto de su imaginación. En su entrevista de admisión, Theresa aseguró desesperada que ella no estaba loca, que no escuchaba voces ni tenía visiones, que sólo estaba nerviosa.Ocho meses después, con 39 años, Theresa fue enviada al Willard. Tampoco en esta institución creyeron que hubiese sido una religiosa. En su expediente se la describe como: "ruidosa y delirante".Objetos personales contenidos en la maleta de TheresaTheresa, traumatizada por la dura existencia en el Willard, se evadió asumiendo otras identidades alternativas, entre las que se encontraba una niña de nueve años. Después de permanecer en este asilo mental 30 años, murió a la edad de 69 años y su cuerpo fue utilizado con fines científicos.LawrenceLawrence nació en 1878 en el Imperio Austro-Húngaro. En su juventud, sirvió en el ejército. Tras licenciarse, se dedicó a recoger chatarra y al comercio ambulante de objetos de metal. Alrededor de 1900, dos acontecimientos cambiaron su vida: recibió una grave lesión en la cabeza, como consecuencia de una pedrada, y comenzó a beber frecuentemente en exceso. Terminó siendo ingresado en un hospital mental de Düsseldorf, Alemania, donde permaneció cerca de un año.En 1907, se trasladó a Nueva York. Encontró trabajo como limpiador de ventanas en el Hospital Bellevue. En 1916 fue ingresado en un psiquiátrico porque iba por la calle cantando ruidosamente, gritando que escuchaba la voz de Dios, afirmando que podía ver a los ángeles y que había pecado mucho. En 1918, fue enviado al Willard.En la imagen superior, contenido de la maleta de LawrenceEn su expediente se sostenía que Lawrence era un paciente difícil y solitario, pero un buen trabajador. En 1937, se convirtió en sepulturero del Willard. Este oficio, en un principio no remunerado (el trabajo no remunerado fue prohibido en los centros psiquiátricos a partir del año 1973), agradaba a Lawrence porque le permitía huir de la rutina asfixiante que se vivía en las salas del psiquiátrico. Durante el buen tiempo, se le permitía vivir en una choza dentro del recinto del cementerio y regresar al hospital sólo para comer.En 1945 escribió una carta al director del Willard solicitando su liberación. Argumentó que había sido un trabajador excelente, excavando más de 600 tumbas en ocho años. Sin embargo, Lawrence continuó como sepulturero en el psiquiátrico hasta pocos días antes de su muerte, a los 90 años, en 1968. Permaneció en la institución mental durante 50 años. Fue enterrado anónimamente en el cementerio que él mismo había cuidado durante tantos años.MargaretFotografías de Margaret colocadas sobre su maletaMargaret nació en Edimburgo, Escocia, en 1892. Según una de sus tías, era "una niña brillante y feliz que sufrió la desgracia después de la desgracia". Su padre, un marino mercante, murió de tuberculosis cuando ella tenía 7 años. Su madre, que volvió a casarse al poco tiempo, fue acusada por las autoridades de descuidar a sus hijas, de modo que Margaret y su hermana Marie ingresaron en un orfanato. Margaret se hizo enfermera y su vida, a pesar de la guerra y los bombardeos que sufrió el hospital donde trabajaba, comenzó a agradarle. Sin embargo, la muerte de su novio en Francia, unas semanas después de ir al frente, volvió a dejarla sola y apenada.Emigró a los Estados Unidos en 1921 y se inscribió en unos estudios de postgrado en enfermería en el Hospital de la Mujer de Nueva York. Durante su formación, sufrió una lesión grave en la cabeza. En 1925 contrajo la tuberculosis y tuvo que abandonar su trabajo en el Hospital de la Mujer. Durante seis años permaneció en hospitales para tuberculosos. Tras su rehabilitación, sólo pudo encontrar trabajo en este tipo de instituciones.A pesar de su dura vida, Margaret era una mujer alegre, viajó mucho, tenía un excelente grupo de amigos y un coche propio.Contenido de la maleta de MargaretTaza de té perteneciente a MargaretTras perder al doctor que siempre la había atendido, que era también su amigo y confidente, su nuevo médico consideró que sus problemas emocionales requerían su ingreso en un psiquiátrico. Fue admitida en el Willard el 28 de junio de 1941. Debió de ser realmente duro para Margaret que no le permitieran conservar sus pertenencias puesto que llevó al asilo mental un gran número de sus posesiones. En concreto, en el ático se encontraron 18 maletas, cajas y baúles.Tenía 48 años cuando fue internada en el Willard. En su entrevista de admisión, se refirió a sí misma como una "mosca en una tela de araña" y accedió a quedarse sólo hasta que encontrase un lugar mejor para ella. Pero eso nunca sucedió.En la imagen superior, libros y objetos personales de MargaretDurante sus 32 años en Willard, no recibió psicoterapia sino que le suministraron grandes dosis de tranquilizante Thorazine. Según los registros, se dedicó a tejer y a leer. Falleció el 17 de agosto de 1973.RoderigoRoderigo provenía de una acaudalada familia de la clase alta filipina. En 1907 se trasladó a Estados Unidos para asistir a la escuela en Salt Lake City.Compañeros de colegio de RoderigoYa de adulto, se mudó a Chicago y después a Buffalo, donde, a pesar de su formación, trabajó como empleado doméstico de uno de los médicos más famosos de la ciudad. Durante este tiempo, Roderigo se planteó convertirse en un ministro metodista. Sin embargo, comenzó a deprimirse y a oír voces que lo acusaban de ser un pecador y el médico para el que trabajaba decidió internarlo en el Hospital Estatal de Buffalo en 1917. Tenía 29 años.En octubre de 1919, fue trasladado al Willard Psychiatric Center. En su expediente se incluía la siguiente descripción de su carácter:Fácilmente entabla conversación con cualquier persona, es sociable, muy bien educado, amable, cortés, cooperativo, ordenado y limpio, nunca causa problemas. Está muy dispuesto a ayudar con el trabajo de jardinería... lee libros y escribe poesía sencilla.El personal del psiquiátrico estaba muy impresionado de los conocimientos de música clásica y de poesía que tenía Roderigo.Contenido de la maleta de RoderigoA finales de 1960, se le ofreció la oportunidad de vivir, junto a un grupo de pacientes, fuera del Willard, pero él declinó la oferta. Se encontraba tan habituado a su vida en aquella institución mental que ya no deseaba salir de allí. En su expediente se encontró la siguiente observación:En cuanto a su duración, los años de institucionalización parecen haber sido un error, ya que este hombre actualmente posee un estado mental perfectoCon el tiempo, Roderigo fue perdiendo la vista y fue trasladado a una sala para pacientes ciegos. Murió en 1981, después de permanecer en el Willard 62 años.EthelEthel nació en Ithaca, NY, en 1889. Era hija de un pastor metodista. Cuando tenía 18 años, se casó con un plomero. Su marido bebía demasiado, era violento y tenía muchas amantes. Ethel tuvo dos hijos, sufrió dos abortos involuntarios y dio a luz a dos hijos más, que murieron en la infancia.Cuando ya no pudo seguir aguantando aquella relación, abandonó a su marido y comenzó a ganarse la vida como costurera. Su maleta contenía ropa de alta calidad que ella había confeccionado: una fina colcha cosida a mano, un precioso vestido de bebé bordado y zapatitos de bebé.En 1930, fue admitida en el Willard. Su expediente indica que fue ingresada a petición de su casera porque se negaba a abandonar la habitación que tenía alquilada y solo quería permanecer en la cama alegando que estaba enferma.Objetos personales de EthelEthel fue descrita como una paciente muy sociable y locuaz, limpia y bien vestida. Sin embargo, en algunas ocasiones, era excesivamente sarcástica e irritable y se negaba a trabajar. Le gustaba leer y hacer ganchillo.Al principio, sus hijos la visitaron unas cuantas veces pero después dejaron de hacerlo, a pesar de que la hija era miembro del personal del psiquiátrico. Durante los 43 años que permaneció en Willard, no recibió medicación. Murió en 1973.Les dejo, finalmente, con algunas imágenes espectaculares del Willard Psychiatric Center abandonado.La imagen superior pertenece a la morgue del WillardLavabosGalerías de los sótanos del WillardOtra imagen de uno de los sótanos del psiquiátricoLas siguientes imágenes pertenecen al cementerio del Willard, donde los pacientes fallecidos eran enterrados de forma anónima (salvo por un número de identificación).¿Te gustó el post? Recuerda seguirme en twitter @eltodo23

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