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Fallecio Enzo Viena El actor Enzo Viena, de 74 años, falleció tras sufrir un derrame cerebral como consecuencia de un accidente automovilístico ocurrido el pasado viernes 31 de agosto en la ruta 202, informó ayer canal Crónica TV. El protagonista de numerosas películas, entre las que se destacaron “El diablo metió la pata” y “El derecho a la felicidad” estaba en coma y con respirador automático. Entre las décadas del cincuenta al setenta, Viena fue uno de los galanes más populares del cine, del teatro y de la televisión Argentina. Su postura, simpatía y talento para encarnar personajes humorísticos o dramáticos le brindaron un enorme éxito que, acompañado por varios premios, hicieron de él un actor siempre presente en el aplauso y en el cariño de los espectadores no sólo de la Argentina, sino de toda América latina. Felipe Enzo Viena, su verdadero nombre, nació en Rosario, el 16 de febrero de 1933 y participó en más de 50 proyectos televisivos, entre ellos, "Señorita Andrea" (1980), "Amigos son los amigos" (1990), "Gino" (1996), "Rossabella" (1997), "Contrafuego" (2002), "Maridos a domicilio" (2002), en cine sus éxitos pasaron por “Hotel alojamiento (1966)” “El derecho a la felicidad” (1968), “Furia en la Isla” (1976) “La obertura” (1977), “El diablo metió la pata” (1980). Fuente: http://www.minutouno.com/1/hoy/article/Luego-de-tres-meses-de-internaci%F3n-falleci%F3-el-querido-actor-Enzo-Viena%5Eid_59393.htm
El dolor de un vestuario sin lugar para el consuelo Palermo fue uno de los más dolidos por la derrota. Con lágrimas en sus ojos, recibió el aliento de Paolo Maldini, capitán y emblema del Milan. Crónica de una jornada plagada de tristeza El desconsuelo de Martín Palermo enjugándose las lágrimas con la camiseta que al final del primer tiempo le había intercambiado Paolo Maldini, fue la imagen vívida de lo que sufrió el plantel de Boca al perder la final del Mundial de Clubes con Milan. Sin emitir declaraciones, los futbolistas 'xeneizes' salieron en fila rumbo al micro que los devolvió a la concentración, después de soltar sus penas en la intimidad del vestuario. Allí, Palermo fue el que más sufrió, porque quería dedicarle este título, que podía ser el último de su carrera en este tipo de competencias, a su fallecido hijo Stéfano. Ya el 'Titán' le había pedido ayuda al cielo, para que su hijo lo iluminara esta noche, pero ni siquiera pudo dedicarle un gol. Por eso ni las palabras de aliento del propio Maldini, que a los casi 40 años quería, al igual que Palermo, lograr este título para poder retirarse deportivamente tranquilo a mediados del año próximo, le levantaron el ánimo. "Forza, forza...", le dijo Maldini a Palermo, de capitán a capitán, de emblema a emblema, de referente a referente. Y el platense le retribuyó el gesto con una cariñosa palmada en la espalda. Pero el dolor iba por dentro. La procesión iba por dentro. Y quemaba, como le quemaba también a otros llorosos jugadores de Boca como Sebastián Battaglia, joven veterano de estas batallas internacionales de máximo nivel. También lo padecía con ojos húmedos Claudio Morel Rodríguez y su experiencia, con la misma magnitud que Ever Banega y su juventud aparentemente despreocupada. Palacio, shockeado En cambio Palacio permanecía impasible, casi como shockeado, lejos de pensar que con su actuación de hoy seguramente lloverán ofertas "irresistibles" de clubes europeos para llevárselo el año que viene. Se lo veía apesadumbrado a Hugo Ibarra, perplejo a Gabriel Paletta y conmovido a Mauricio Caranta. El mismo dolor que ellos tenían debajo del imponente estadio Internacional de Yokohama flagelaba a los tres mil hinchas que habían alentado al equipo incesantemente durante los 90 minutos, aún con la goleada consumada, cuando no paraban de hacer flamear las numerosas banderas auriazules en la cabecera sur. Quizás imaginaban que otros 3.000 hinchas que habían presenciado el partido ante una pantalla gigante instalada en la Sociedad Rural del porteño barrio de Palermo, también estarían sufriendo como ellos. Y varios millones más, esparcidos por todo un país al que volverán en el mediodía del martes, vivían un amargo domingo, triste y gris, pese a que el sol brillaba a pleno y la Bombonera se preparaba para recibir nuevamente la alegría de los juglares españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina. "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio...", canta el catalán en el Coliseo boquense. Del otro lado del mundo, Palermo y compañía dan fe de ello. Fuente: http://www.infobae.com/contenidos/354582-100796-0-El-dolor-un-vestuario-lugar-el-consuelo

Grandes Tragedias de la Historia (7 Parte) Hambruna en Ucrania Entre los numerosos crímenes cometidos por Stalin se cuenta el de la hambruna forzosa de Ucrania durante los años 1932-1933. Como es común en los países en los que reina el socialismo, las hambrunas intencionadas se han usado como arma política utilizada para alcanzar los deseados objetivos contra varias clases. Las víctimas señaladas en esta ocasión fueron los kulaks, los agricultores campesinos que tenían propiedad y contrataban a trabajadores. Cuando Stalin alcanzó el poder en 1924, vio el nacionalismo ucraniano como una amenaza al poder soviético, creyendo que cualquier insurrección futura podría provenir probablemente de los kulaks. Así que decidió aplastarles utilizando los métodos que tan exitosos habían sido en la URSS durante la política de “liquidación como clase”. En 1929, arrestó a miles de intelectuales ucranianos bajo falsos cargos y o bien los fusiló o bien los envió a campos de trabajo en Siberia. Llevó a cabo la colectivización de las explotaciones ucranianas requisando todas las tierras y el ganado privados, lo que afectó aproximadamente al 80% de la población de Ucrania, anteriormente conocida como el granero de Europa. Declaró a los kulaks enemigos del pueblo. Se han estimado en diez millones de personas las que fueron desposeídas de sus hogares y pertenencias y enviadas a Siberia en trenes de mercancías sin calefacción, condiciones en las cuales pereció al menos un tercio de ellos. Los que se quedaron en Ucrania lo pasaron igual de mal, si no peor. Enfrentándose a la propaganda de guerra y a una ardua batalla, muchos kulaks se rebelaron, volviendo a sus propiedades, e incluso matando a las autoridades soviéticas locales. Tan pronto como llegó a Stalin la palabra rebelión el pequeño éxito de los kulaks se tornó breve. Los soldados del Ejército Rojo fueron enviados para ahogar la rebelión y la policía secreta inició una campaña de terror con el objetivo de romper el ánimo de los kulaks. En 1932, con la mayoría de las explotaciones ucranianas colectivizadas a la fuerza, Stalin ordenó un aumento en las cuotas de producción de comida. Lo hizo en múltiples ocasiones hasta que no quedó comida para los ucranianos. La cosecha de trigo de 1933 se vendió en el mercado mundial a precios por debajo del mercado. Los historiadores han calculado que dicha cosecha podría haber alimentado a los ucranianos por dos años. Cuando el partido comunista ucraniano solicitó a Stalin una reducción en las cuotas, éste respondió enviando al Ejército Rojo para exterminar el PC ucraniano e impedir que los ciudadanos fueran a más con la creación de un inmenso campo de concentración dentro de sus fronteras. La policía secreta aterrorizó a la población haciendo inspecciones aleatorias de las pertenencias personales y requisando toda la comida que encontraran, ahora considerada sagrada propiedad del Estado. Cualquier ladrón de comida del Estado o bien era ajusticiado inmediatamente o era enviado por lo menos por diez años a los Gulag. El efecto fue la hambruna, masiva y prolongada. Murieron millones de personas, simplemente porque no tenían con qué comer. El aspecto característico de los niños era esquelético y con el abdomen hinchado. Se cuenta que las madres abandonaban a sus hijos en los vagones de los trenes que iban a las grandes ciudades con la esperanza de que alguien pudiera cuidar de ellos mejor. Desafortunadamente, las ciudades estaban inundadas de miseria y hambre. Los ucranianos pasaron a comer hojas, perros, gatos, ratas, pájaros y ranas. Cuando esto no era suficiente, incluso pasaron al canibalismo. Se ha escrito que “el canibalismo era tan común, que el gobierno imprimió carteles que decían: comer a tus propios hijos es un acto de barbarismo”[1] En los momentos más crudos de la hambruna, morían unas 25.000 personas cada día en Ucrania. El recuento final se sitúa entre los cinco y los ocho millones de personas. Cuando los familiares extranjeros de los ucranianos, en Occidente, respondieron enviando cargamentos de comida, los oficiales soviéticos reaccionaron requisando esa ayuda. Los gobiernos occidentales ignoraron durante mucho tiempo los informes sobre las hambrunas que periódicamente se escapaban al Estado de terror soviético. Franklin Delano Roosevelt reconoció formalmente al gobierno de Stalin en 1933, y la Unión Soviética fue reconocida en la Sociedad de Naciones en 1934. Los kulaks no tienen un museo, mucho menos un memorial. Hoy, nosotros los recordamos. Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar/malas06.htm Les dejo los link de las otras partes... http://www.taringa.net/posts/info/993119/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(1-Parte)-La-Peste-Negra.html http://www.taringa.net/posts/info/993126/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(2-Parte)-La-Noche-de-San-B.html http://www.taringa.net/posts/info/993134/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(3-Parte)-Hambruna-en-Irlan.html http://www.taringa.net/posts/info/994232/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(4-Parte)-Hundimiento-del-T.html http://www.taringa.net/posts/info/994236/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(5-Parte)-El-Genocidio-Arme.html http://www.taringa.net/posts/info/994245/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(6-Parte)-La-Gripe-Espa%C3%B1ol.html

Grandes Tragedias de la Historia (10 Parte) El Holocausto Judio No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la «raza de los señores». Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte. Pero Hitler no estaba solo. Parte de un pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a borrar de la faz de la tierra a sus pretendidos «enemigos». Día: 25 de enero de 1945; lugar: K.Z.Stutthof, campo de concentración situado a pocos kilómetros al este de Gdansk (Danzig para los alemanes). Cuando llegaron los soldados del Ejército Rojo, los primeros que iban a liberar un campo de exterminio nazi, sólo 385 de los 120.000 prisioneros que habían pasado por Stutthof (el 90 % de ellos era de origen polaco) lograron franquear las puertas del campo y respirar de nuevo la libertad. Los jóvenes soldados soviéticos descubrieron un espectáculo dantesco. Allí estaban los supervivientes del horror nazi, que vagaban moribundos, casi desnudos, por la amplia plaza del campo mientras el termómetro marcaba -30 C; allí estaba el patíbulo, que en numerosísimas ocasiones había servido para segar las vidas de cientos de polacos, mudo testigo de unos hechos difícilmente creíbles; allí estaba la cámara de gas, sofisticada habitación de la muerte, que en los últimos meses de 1944 había consumido la escalofriante cantidad de 200 víctimas por hora; y, finalmente, allí estaba el horno crematorio, con su erguida chimenea aún humeante, donde las SS habían intentado borrar todo rastro de su barbarie, pero sin conseguirlo, porque los 85.000 cadáveres que pretendían hacer desaparecer en el momento de la liberación del campo eran demasiados para la capacidad del horno. Así pues, los rusos encontraron también miles y miles de cadáveres amontonados formando un amasijo de brazos, piernas y cabezas. El 27de enero de 1945, otros soldados soviéticos pudieron presenciar una escena parecida en otro lugar siniestro: Auschwitz. Y en el mes de abril, tras la llegada de los blindados americanos al campo de Buchenwald, cerca de Weimar, el general Eisenhower comprobó con sus propios ojos hasta dónde fueron capaces de llegar los nazis en su desprecio por la vida de los seres humanos. La historia de los campos de concentración nazi comienza poco después de que Hitler fuera nombrado canciller del Reich el 31 de enero de 1933; su existencia obedece al propósito de eliminar a la oposición política.Al principio, Hitler introdujo la "Schutzhaft" (custodia preventiva) como excusa para encerrar en los campos elementos no gratos para el régimen; más adelante no tuvo escrúpulos para eliminarlos. En marzo de 1933, con motivo de la puesta en servicio de los primeros campos -Oranienburg y Dachau-, Hitler definió así la función de estos establecimientos: «La brutalidad inspira respeto. Las masas tienen necesidad de que alguien les infunda miedo y las convierta en temblorosas y sometidas. No quiero que los campos de concentración se conviertan en pensiones familiares. El terror es el más eficaz entre todos los instrumentos políticos... Los descontentos y los desobedientes se lo pensarán dos veces antes de enfrentarse con nosotros, cuando sepan lo que les espera en los campos de concentración. Agrediremos a nuestros adversarios con brutal ferocidad y no dudaremos en doblegarlos a los intereses de la nación mediante los campos de concentración. »No cabe la menor duda que quienes fueron delegados por Hitler para este cometido cumplieron fielmente los deseos de su jefe. En un principio, los campos se hallaban bajo el control de la SA («Sturm Abteilung», sección de asalto), tropas de choque que acabaron por ser anuladas después de un sangriento ajuste de cuentas con las SS durante la célebre «Noche de los cuchillos largos», el 30 de junio de 1934. La SA fue, por tanto, la encargada de instaurar el terror mediante asesinatos masivos en los primeros campos de concentración. El comandante de Dachau, Theodor Eicke, redactó de forma escrupulosa un reglamento cuya letra y espíritu legitimaban estos asesinatos. Tras la desaparición de la SA, Hitler asignó a las SS («Schutz-Staffeln», escuadras de protección) el control de los campos y Heinrich Himmler se encargó de organizarlas. Con tal fin creó unos destacamentos destinados al servicio de custodia de los campos, las «Totenkopfverbánde» (formaciones de la calavera), reclutadas entre los nazis más fanáticos.Las primeras remesas de prisioneros llegadas a los campos fueron obligadas a trabajar bajo una disciplina durísima y en unas condiciones inhumanas para levantar y ampliar los establecimientos. Aquéllos que no eran capaces de soportarlo morían sin remedio o eran fusilados; sin embargo, en ningún caso se revelaba la verdad sobre los fallecidos. Bajo la directa supervisión de Himmler, los campos se multiplicaron. Después de Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Ravensbruck(campo para mujeres),Stutthof, Auschwitz, Neuengamme,...Estos grandes campos tenían otros anexos menores llamado: Kommandos exteriores. Antes de 1939, el número de prisioneros internados en campos de concentración era relativamente bajo, sobre todo si se tienen en cuenta las cifras del período de guerra; además, aún no se habían aplicado masivamente los sistemas de tortura y muerte. No obstante, esta situación cambió de modo radical tras las redadas de judíos llevadas a cabo por los nazis durante la tristemente célebre «Noche de cristal» (9-10 de noviembre de 1938), y después de la anexión de Austria, que significó la entrega de aquel país a manos de la Gestapo y de las SS. Tras estos acontecimientos, el número de internados aumentó vertiginosamente. Y Himmler planeó la posibilidad de explotar la fuerza de trabajo que tal cantidad de detenidos era capaz de ofrecer a sus secuaces. Hitler había prohibido el empleo de prisioneros en la fabricación de armamento, pero a partir de septiembre de 1942 se hizo imprescindible aumentar la producción bélica. Con este objetivo se llegó a un acuerdo según el cual los prisioneros trabajarían en las industrias privadas encargadas de abastecer al ejército, a cambio de dinero y de un porcentaje de la producción para reequipar a las SS. 1944: 30.000 muertos al mes. Pero las infrahumanas condiciones de trabajo y la pésima alimentación hicieron aumentar de manera alarmante la mortalidad en los campos. Al recibir un informe en el que se le comunicaba que de los 136.700 deportados que habían ingresado en los campos entre junio y noviembre de 1942 sólo habían sobrevivido 23.502, Himmler montó en cólera. Eso significaba que las bajas eran del orden de 19.000 mensuales, algo intolerable para el buen ritmo de la producción. La respuesta de Himmler fue la promulgación de una ley titulada «El Reichsführer orde hacer disminuir, en forma absoluta, el índice de mortalidad». A pesar de la grandilocuencia, en 1944 el número de víctimas había aumentado a 30.000 mensuales. A medida que los ejércitos aliados avanzaban, la situación en los campos alcanzaba las metas que se habían propuesto sus funestos artífices. Como ha dicho el psicólogo Bruno Bettelheim, superviviente de Dachau y Buchenwald, por medio de los campos de concentración la Gestapo pretendía «Acabar con los prisioneros como individuos, extender el terror entre el resto de la población, proporcionar a los individuos de la Gestapo un campo de entrenamiento en el que se les enseñaba a prescindir de todas las emociones y actitudes humanas, proporcionar, en fin, a la Gestapo, un laboratorio experimental para el estudio de medios eficaces para quebrantar la resistencia civil.» Auschwitz, largo calvario hasta la cámara de gas Sobre la puerta de entrada de Auschwitz I, todavía hoy puede leerse un letrero que reza: «Arbeit macht frei» (El trabajo da la libertad). Situado en tierra polaca, entre Katowice y Cracovia, el campo de Auschwitz cuenta en su haber con la cifra más alta de asesinatos: se calcula en 4.000.000 el número de exterminados, la mayoría de ellos judíos (3.000.000 muertos en las cámaras de gas), además de millares de gitanos y de prisioneros de guerra soviéticos. El campo estaba rodeado de una alambrada espinosa electrificada, y varias torretas dotadas de ametralladoras y potentes reflectores custodiaban las instalaciones día y noche. A la llegada de cada convoy, los SS gustaban de repetir con macabro cinismo: «Aquí se entra por la puerta y se sale por la chimenea.» En la misma estación de ferrocarril, los deportados que habían sobrevivido al viaje eran seleccionados: los más fuertes se empleaban para el trabajo, el resto era eliminado. Inmediatamente, los SS practicaban la «Strasse» (calle) en la cabeza de los prisioneros: un surco de unos 2 cm de anchura desde la frente hasta la nuca; a continuación se marcaba a fuego su número de matrícula en el brazo o en la nuca, número que también era inscrito en una placa de hojalata que el prisionero debía llevar constantemente atada a su muñeca, y cuya pérdida podía significar la muerte.El vestido de los prisioneros consistía en un uniforme a rayas al que se cosía, según las categorías, un triángulo de paño de distintos colores dentro del cual se estampaba la inicial de la nacionalidad del detenido (F, francés; B, belga; S, español; R, ruso; P, polaco). Debajo del triángulo figuraba el número de matrícula. Los prisioneros judíos llevaban una estrella de David de color amarillo. Los deportados que habían resistido las primeras vejaciones era integrados en escuadrones de trabajo bajo las órdenes de un «Kapo» (KAmaraden POlizei), generalmente delincuentes de derecho común que colaboraban con los SS en los peores servicios y brutalidades. Los escuadrones de trabajo debían recorrer diariamente varios kilómetros a pie para llegar al lugar del trabajo. Una vez allí les estaba prohibido hablar. Si alguno caía rendido por el cansancio o se alejaba de su puesto, era fusilado inmediatamente, y su cadáver debía ser cargado por sus compañeros hasta el campo para el recuento.Sometidos a una despiadada explotación, los deportados llegaban a convertirse en lo que según la jerga de los campos se denominaba «musulmanes»; es decir, detenidos que habían alcanzado el último grado de agotamiento, el límite de sus fuerzas. Los prisioneros de Auschwitz trabajaban, en el l. G. Farben, en las fábricas de material de guerra de la Unión Krupp y en empresas más pequeñas que los empleaban en minas, bosques o trabajos de construcción de carreteras. De este modo, las SS, a cambio deproporcionar mano de obra barata obtenían de tales empresas sustanciosos beneficios. El umbral de la muerte La escasísima alimentación era otra forma de morir lentamente. En Auschwitz, un prisionero recibía alrededor ue 1.740 calorías diarias, cuando las mínimas indispensables debían ser 4.800. Además, la disenteria y otras enfermedades causaban estragos entre los deportados. Algunos «afortunados» lograban acceder a la enfermería («Revier») que, a pesar de ser un lugar siniestro e insalubre, y en la mayoría de las ocasiones la antesala de la cámara de gas, significaba un refugio para muchos prisioneros, sobre todo en invierno. En noviembre de 1944, ante el avance de los aliados hacia Alemania, Hitler ordenó la suspensión de matanzas en Auschwitz y el desmantelamiento de los hornos. Se inició así el último de los sufrimientos para los que aún sobrevivían: 60.000 personas fueron evacuadas hacia Buchenwald. Anduvieron toda una noche recorriendo 70 km; luego les esperaban tres largos días de penoso viaje en vagones de tren descubiertos, soportando temperaturas de -20 C. Al entrar los soviéticos en el campo de Auschwitz el 27 de enero de 1945, se encontraron con 5.000 deportados, la mayoría de los cuales murieron poco tiempo después a causa del estado en que se encontraban. Sobre una colina boscosa y arrasada por el viento, próxima a la ciudad de Weimar, la cuna de Goethe, se levantó en 1937 el campo de Buchenwald.En l puerta de hierro forjado de su entrada se podía leer una inscriopción que decía: «Jedem das seine» (A cada uno lo suyo). Buchenwald era una auténtica «fábrica de cadáveres»: en los sótanos de su «Krematorium» estaban las salas de disección, cámaras de tortura y la sala en la que se llevaban a cabo ahorcamientos mediante ganchos de hierro clavados en las paredes; desde allí, los cadáveres subían en un montacargas al piso donde estaban instaladas las cámaras de gas y los hornos crematorios. A pesar de la enorme capacidad de este edificio, en el patio también se amontonaban carretas de muertos procedentes de los barracones o de la enfermería.Un cierto número de deportados -en su mayoría políticos y judíos alemanes, polacos y checos- fue empleado en las fábricas de Gustloff anexas al campo, en la «Steinbruch» (cantera), o en la reparación de carreteras. La crueldad de los campos se vio aumentada en Buchenwald por la presencia del comandante Walter Koch y, sobre todo, de su esposa llse, cuyo nombre tiene para los supervivientes un significado escalofriante: nadie puede olvidar las lámparas de su habitación, cuyas pantallas fueron elaboradas con la piel tatuada de algunos deportados.En los primeros días de abril de 1945, las SS recibieron orden de liquidar el campo. Gran cantidad de deportados fueron evacuados hacia los campos de Bergen-Belsen, Dachau y Flossenburg, entre otros. Muchos murieron en el camino. Sin embargo, la última empresa de exterminio no pudoser llevada a cabo por las SS gracias a la decisiva acción de la organización clandestina del campo que logró liberarlo el 1 1 de abril de 1945, algunas horas antes de la llegada de los blindados americanos. De los 250.000 detenidos que habían pasado por Buchenwald, en aquel momento sólo sobrevivían penosamente unos 25.000. Mauthausen, escalera hacia el abismo Auténtica fortaleza inexpugnable, Mauthausen fue construido junto a la cantera de Wienergraben, aorillas del Danubio, en las cercanías de la ciudad austríaca de Linz. El acceso a la cantera se efectuaba descendiendo los 186 escalones de la «escalera de la muerte». Al amanecer, los prisioneros la bajaban corriendo, golpeados por la SS que formaban dos hileras; por la noche, la subida se llevaba a cabo en columnas de a 5, muy a menudo con un bloqke de piedra a la espalda.En la cima de la cantera al final de la escalera, se abría un abismo en la roca cortada quie la SS había bautizado "pared de los paracaidistas" porque mucho prisioneros deseperados se lanzaban al vacío o eran empujados y precipitados por los guardianes.Entre 1939 y 1945, el campo de Mauthasen llegó a albergar a 335.000 deportados de los que murieron 122.777, si contar los que eran asesinados antes de ser registrados.Antes de morir, había que sifrir todo tipo de humillaciones.En los barracones donde se hacinaban 10 veces más personas que las inicialmente previstas, 5 o 6 prisioneros tenían que compartir un pequeño jergón de paja.En plena podía llegar la orden de dirigirse desnudos al baño para regresar sin secarse a los barracones o de formar en la plaza central de campo durante horas soportando temperaturas de -20 grados centígrados. En el despacho del comandante de campo, Franz Ziereis, responsable de los crímenes allí cometidos, se encontró una orden que decía: "En el casoq ue el enemigo aproxime, hagansé sonar las sirenas, obliguesé a todos los detenidos a entrar en el "Keller" (galerías subterráneas) y procédase a su eliminación utilizandosé gas." Un Comité Internacioanal de Resistencia, creado clandestinamente por los deportados , liberó el campo tras duros combates entre el 5 y 7 de mayo de 1945, antes de que llegaran las fuerzas aliadas. Un día cualquiera en un campo de concentración La diana solía sonar entre las 4 y las 5 de la madrugada. Había que ocuparse de la limpieza personal, pero en muchas ocasiones se carecía de agua. A continuación se distribuía un tazón de agua sucia eufemísticamente llamada café, cuya máxima virtud era estar caliente. Sin perder tiempo, los internados tenían que formar en la «Appelplatz» o «Lagerplatz» (plaza central del campo) donde se pasaba lista. Tras este trámite, que podía durar horas, los prisioneros eran agrupados en «Kommandos», cada uno de los cuales constituía un grupo de trabajo a cuyo frente estaba un «Kapo». Los trabajos forzados se realizaban aprovechando al máximo la luz solar. El único momento de reposo era el de la «comida»: un plato de sopa y las denominadas «porciones», que consistían en 300 g de pan de salvado o de serrín de madera. Por la noche, otro plato de sopa, esta vez con trocitos de legumbres secas, col y nabos. Cinco veces por semana se distribuían con el pan 25 g de margarina, y una vez por semana un pedacito de salchicha vegetal de unos 75 g o dos cucharadas de mermelada. De vez en cuando, dos cucharadas de coágulos de leche que pretendían ser queso. A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de prisioneros en los campos, las raciones de comida fueron disminuyendo. Para los hambrientos, cualquier cosa era comestible, ya fueran mondaduras sucias o patatas crudas; en algunos campos, incluso se dieron actos de canibalismo.Los barracones de madera («Blocks»), además de albergar a los prisioneros amontonados, estaban cargados de piojos, pulgas, polvo, moho y excrementos humanos. Los enfermos que no cabían en la enfermería se quedaban en los barracones, agrupados por enfermedades, esperando la llegada de la muerte.Los castigos corporales formaban parte de la vida cotidiana. Era casi imposible escapar a los castigos porque todo estaba prohibido: aproximarse a menos de dos metros de la alambrada, dormir con la chaqueta o sin calzoncillos, no ir a la ducha los días señalados o ir los días no señalados, salir del barracón con la chaqueta desabrochada, llevar bajo la ropa papel o paja para protegerse del frío,... La contravención del reglamento podía significar 20 ó 50 bastonazos en los riñones, o bien tener que permanecer en posición de firmes bajo los focos de los reflectores durante toda la noche, con las manos cruzadas detrás de la nuca. Sin embargo, los SS pocas veces se manchaban las manos. Se elegía a los verdugos entre los propios compañeros de los prisioneros: los odiados «Kapos». En ocasiones, los mismos prisioneros aceptaban colaborar para poder disfrutar de algunas ventajas. El llamado «Sonderkommando» (destacamento especial) se encargaba de las cámaras de gas y de los hornos crematorios. Lo formaban prisioneros polacos, lituanos, rusos y ucranianos, en su mayor parte judíos. Su trabajo consistía en abrir las cámaras de gas, arrastrar con gar os os ca veres asta e orno, limpiar la cámara para la siguiente utilización y trasladar las cenizas y huesos que habían caído a través de las parrillas. Exterminio Ya en los últimos meses de 1939, Hitler propuso un programa de eutanasia, destinado a eliminar los enfermos incurables, fundamentalmente los mentales. El asesinato de las víctimas se llevó a cabo obligándoles a inhalar monóxido de carbono. Los familiares debían contentarse con un certificado de defunción que aludía a «muerte por pulmonía o debilidad cardíaca». Cuando Hitler decidió la llamada «Solución final», fueron dispuestos los grandes campos de exterminio polacos (Chelmno, Belzec, Sobibor y Treblinka) para dicho cometido. En Chelmno, por ejemplo, los deportados eran obligados a prepararse para tomar un baño antes de ser enviados a trabajar. A continuación se les introducía en camiones especiales, preparados para que el monóxido de carbono producido por los motores penetrase en la cámara donde viajaban las víctimas. Cuando ya no se oía ningún grito, los camiones se trasladaban hacia un bosque cercano donde los cadáveres eran arrojados en grandes fosas. Más tarde se construyeron las cámaras de gas fijas y los hornos crematorios. Para el funcionamiento de aquéllas se utilizó el gas «ZyklonB», «mucho más eficaz», según palabras de Rudolf Hess. Cuando el exterminio fue masivo, se «perfeccionaron» las instalaciones. En Treblinka, y con la presencia de Himmler, se inauguraron nuevas cámaras y hornos capaces de eliminar 5.000 cadáveres en 24 horas.Con la aplicación de técnicas más expeditivas, en la primavera de 1944 se alcanzó la cifra de 24.000 gaseamientos diarios. Previamente, las víctimas eran despojadas de todas sus pertenencias. La rapiña de las SS llegó hasta el punto de especular con el pelo de los deportados que, mediante un adecuado tratamiento, era convertido en fieltro industrial. Tras la liberación de Auschwitz se encontraron siete toneladas de cabellos humanos en los almacenes del campo. Los huesos sin quemar se vendían a firmas industriales, y las cenizas, se utilizaban como fertilizante. Las prótesis dentales de oro o platino iban a parar a los bolsillos de los SS.Además de las cámaras de gas, los nazis utilizaron otros muchos medios para matar. Los prisioneros de guerra y políticos de cierta relevancia eran fusilados. En Mauthausen se colocaba a los prisioneros de espaldas contra una regla vertical graduada-a modo de medidor de estatura que tenía un agujero a la altura de la nuca; por este orificio de disparaba acertadamente y sin posibilidad de error.En algunos campos , las víctimas fueron obligadas a descender a fosas llenas de cal viva en que luego se le arrojaba agua. En varios campos, los internados fueron utilizados como cobayas humanas y sometidos a terribles experiencias:inoculación de fermedades,ablación de músculos, castración y esterilización,... Algunas de estas experiencias estaban orientadas a encontrar los métodos más eficaces para el exterminio de las etnias y los grupos sociales considerados inferiores. El Instituto de Higiene de las Waffen SS dirigía estas pruebas, llevadas a cabo por médicos nazis en colaboración con las secciones de química farmacéutica del I. G. Farben y otras empresas. Cuando las víctimas ya no servían para nada, una inyección venenosa terminaba con sus vidas.El Dr. Brack ideó un método de esterilización basado en la proyección intensa de rayos X sobre los órganos genitales, mientras el individuo, sin advertir lo que le estaban haciendo, rellenaba un formulario en una ventanilla. También se pensó en la castración quirúrgica, pero resultaba un método excesivamente lento. En Dachau se hicieron más de 500 operaciones para el adiestramiento de estudiantes de medicina: la mayoría de los operados falleció sin remedio.Uno de los más crueles «médicos» nazis fue el Dr. Sigmund Rascher. Introducía a sus víctimas en cámaras de descompresión, las sometía a temperaturas bajo cero, las sumergía en recipientes de agua helada para «observar las reacciones del paciente». En Auschwitz se efectuaron experiencias consistentes en someter la epidermis de los internados a la acción de gases tóxicos; se les inyectaba petróleo o gasolina, y se estudió la influencia de determinados productos químicos sobre la capacidad mental de las víctimas. Algunas deportadas sufrieron la inoculación de células cancerígenas en el cuello del útero, para después ser gaseadas. Se ha hablado mucho y se han baraj ado gran cantidad de cifras al referirse al genocidio judío y a las víctimas de la barbarie nazi en general. Se estima que murieron alrededor de 5.934.000 judíos, de ellos, 3 millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos. Según algunos historiadores, otros seis millones de personas murieron en los campos de concentración del Reich.Entre 150.000 y 200.000 soldados, oficiales e industriales fueron responsables directos de estas muertes. Desde el final de la guerra, sólo unos 35.000 han sido juzgados y condenados por ello.Además de los judíos, gentes de todas las etnias, grupos sociales, nacionalidades y credos religiosos y políticos sufrieron en silencio la degradación y la muerte: gitanos, homosexuales, miembros de la Resistencia francesa, soldados rusos, republicanos españoles, políticos comunistas y sacerdotes católicos.... Nadie escapó al holocausto. Queridísimo Reichsfuhrer: Cumplo con el deber que me ha señalado de tenerle periódicamente informado de los resultados de mis investigaciones... "Pese a la brevedad del período de tiempo que he tenido a mi disposición, solo cuatro meses, ya me hallo en condiciones , Reichsfuhrer, de informarle de cuanto he descubierto.El método inventado por mí para esterilizar el organismo femenino sin intervención quirúrgica, se encuentra en la práctica totalmente a punto.El método se funda en una sola inyección en el cuello del útero y puede ser aplicado mientras se efectua un examen ginecológico normal, conocido por todos los médicos.Cuando afirmo que el método está a punto "en la práctica"quiere decir que aun de efectuarse determinados perfeccionamientos, que este sistema puede ser,desde ahora,utilizado en lugar de la intervención quirurgica para nuestras esterilizaciones eugenésicas y sustituírla." "En cuanto a la pregunta que Ud. Reichsfuhrer, me formuló hace casi un año respecto al tiempo necesario para esterilizar por este sistema a un millar de mujeres, puedo responderle con suficiente aproximación.Es decir si mis investigaciones siguen con el ritmo actual - y no existe motivo para suponer lo contrario- , no está lejano el momento en que un médico práctico, que disponga de la instaalción adecuada y de una docena de ayudantes (el número de ayudantes está en función de la aceleración del programa que se desee cumplir) , se halle en condiciones de esterilizar varios centenares - e incluso 1000 mujeres al día -. "ENSEÑAR A CONTAR HASTA 500,..." Para los pobladores no alemanes del este sólo habrá una escuela primaria de cuatro grados.Esa enseñanza elemental tendrá exclusivamente el siguiente objeto: enseñar a contar hasta 500, escribir el nombre completo, inculacar la doctrina de que hay un mandamiento divino, obedecer a los alemanes, y ser trabajador y dócil.No estimo necesario que se enseñe a leer." RELATO VERIDICO: Durante semanas y semanas, no hubo medios para atender a los enfermos. No se había organizado hospital ninguno para los servicios médicos, ni disponíamos de productos farmacéuticos. Un buen día, se nos anunció que, por fin, íbamos a tener una enfermería. Pero ocurrió que, una vez más, emplearon una palabra magnífica ' para describir una realidad irrisoria. Me nombraron miembro del personal de la enfermería. Cómo pudo suceder tal cosa merece punto y aparte. Poco después de mi llegada, me hice de todo mi valor para suplicar al doctor Klein, que era el jefe médico de las S.S. del campo, que me permitiese hacer algo para aliviar los padecimientos de mis compañeras. Me rechazó bruscamente, porque estaba prohibido dirigirse a un doctor de las S.S. sin autorización: Sin embargo, al. día siguiente, me mandó llamar para comunicarme que a partir de aquel momento iba a quedar a cargo del enlace con os doctores de las distintas barracas. Porque él perdía un tiempo precioso en escuchar la lectura de sus informes mientras giraba sus visitas, y necesitaba ayuda. Inmediatamente se estableció un nuevo orden de cosas. Todas las internadas que tuviesen algún conocimiento médico deberían presentarse. Muchas se. prestaron voluntariamente. Como yo no carecía de experiencia, me destinaron al trabajo de la enfermería. En la Barraca No. 15, probablemente la que estaba en peores condiciones de todo el campo, iba a instalarse el nuevo servicio. La lluvia se colaba entre los resquicios del techo, y en las paredes se veían enormes boquetes y aberturas. A la derecha y a la izquierda de la entrada había dos pequeñas habitaciones. A una se la llamaba "enfermería", y a la otra "farmacia". Unas semanas después, se instaló un "hospital" al otro extremo de la barraca, y quedamos en condiciones de reunir cuatrocientos o quinientos pacientes. Sin embargo, durante mucho tiempo no dispusimos más que de las dos pequeñas habitaciones. La única luz que teníamos procedía del pasillo; no había agua corriente, y . resultaba difícil mantener limpio el suelo de madera, aunque lo lavábamos dos veces al día con agua fría. Carentes como estábamos de agua caliente y desinfectantes, no conseguíamos raer los residuos de sangre y de pus que quedaban en los intersticios de las tarimas. El mobiliario de nuestra enfermería se componía de un gabinete de farmacia sin anaqueles, una mal pasada mesa de reconocimiento que teníamos que nivelar con ladrillos, y otra mesa grande que cubrimos con una sábana para colocar en ella los instrumentos. Poco más era lo que teníamos, y todo en lamentable estado. Siempre que íbamos a usar algo, nos veíamos frente al mismo problema: ¿utilizaríamos los instrumentos sin esterilizar, o nos pasaríamos sin ellos? Por ejemplo, después de tratar un forúnculo o un antras, acaso se nos presentase un absceso de menor gravedad, que teníamos que curar con los mismos instrumentos. Sabíamos que exponíamos a nuestro paciente a una posible infección. ¿Pero qué podíamos hacer? Fue un verdadero milagro que nunca tuviésemos un caso de infección grave por ese motivo. A veces pensábamos que nuestra experiencia echaba por tierra, acaso, todas las teorías médicas sobre esterilización. El total de internadas de nuestro campo ascendía a treinta o cuarenta mil mujeres. ¡Y todo el personal de que disponíamos para nuestra enfermería no pasaba de cinco -Superfluo es decir que no dábamos abasto con nuestro trabajo. Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada. Las consultas empezaban a las cinco. Las enfermas, que a veces llegaban a mil quinientas al día, tenían que esperar a que les tocase su turno en filas de a cinco. Se le abrían a uno las carnes al ver aquellas columnas de mujeres dolientes, vestidas miserablemente, calándose de pie humildemente bajo la lluvia, la nieve o el rocío. Muchas veces ocurría que se les agotaban las últimas energías y se desplomaban a tierra sin sentido corno un témpano más. Las consultas se sucedían sin interrupción desde el amanecer hasta las tres de la tarde, hora en que nos deteníamos para descansar un poco. Dedicábamos aquel tiempo a nuestra comida, si había quedado alguna, y a limpiar el suelo y los instrumentos. Operábamos hasta las ocho de la noche. A veces, teníamos que trabajar también durante la noche. Estábamos literalmente abrumadas por el peso de nuestra tarea. Confinadas a una cabaña, sin la más mínima brisa de aire fresco, sin hacer ejercicio físico y sin gozar del suficiente descanso, no veíamos cuándo podríamos descansar un poco. Aunque carecíamos de todo, incluso de vendajes, nos entregábamos a nuestro trabajo con fervor, espoleadas por nuestra conciencia de la gran responsabilidad e se nos había confiado. Cuando nos veíamos llegar al límite de la resistencia corporal, no remojábamos la cara y el cuello con unas cuantas gotas de la preciosa agua. Teníamos que sacrificar aquellas escasas gotas para poder seguir adelante. Pero el esfuerzo incesante nos agotaba. Cuando había varios partos seguidos y teníamos que pasar la noche sin dormir, nos fatigábamos hasta el extremo de andar dando tumbos como si estuviésemos intoxicadas.Pero, a pesar de todo, teníamos una enfermería; y estábamos realizando una tarea buena y útil.Jamás se me olvidará la alegría que experimentaba cuando, después de terminada mi jornada de trabajo diaria en la enfermería, podía irme a la cama por fin. Por primera vez después de muchas semanas, ya no teníamos que dormir en la promiscuidad indescriptible de la koia, revolcándonos en su mugre, en sus piojos y en su hedor. Sólo había cinco mujeres trabajadoras en esta dependencia relativamente grande. Antes de retirarnos, nos permitíamos el lujo de un buen aseo, gracias al cacharro de que disponíamos. El artefacto se iba por dos agujeros y sólo se podía usar si se tapaban con migas de pan... ¿pero qué más daba? Era una palangana de verdad, que se mantenía sobre un pie de verdad. Contenía agua auténtica, y hasta un trozo de jabón, ¡lujo supremol Bueno, lo que llamaban jabón no era más que una pasta pegajosa de procedencia dudosa y olor asqueroso; pero hacía espuma, aunque no mucha. Teníamos para las cinco dos mantas. Tirábamos una en el suelo, la que no habíamos sido capaces de limpiar, y nos tapábamos con la otra. En general no podíamos decir que estuviésemos muy cómodas. La primera noche llovió, y el viento soplaba entre los resquicios- de las maderas. El destartalado tejado dejaba pasar la lluvia, y tuvimos que cambiarnos muchas veces, huyendo de los charcos. Sin embargo, después de haber conocido los horrores de la barraca,aquello era un paraíso. De día en día fueron mejoran o nuestras condiciones de vida. Teníamos cierta medida de independencia, relativa, claro está; pero podíamos hablar y éramos libres de ir al evacuatorio cuando lo necesitábamos. Los que no se han visto nunca privados de estas pequeñas libertades no son capaces de imaginarse lo preciosas que pueden llegar a ser. Pero la situación, de nuestra vestimenta siguió lo mismo. Mientras atendíamos a las enfermas, llevábamos los mismos harapos ' pos que nos servían de camisón, bata y todo. Pero las pobres enfermas apenas se enteraban, puesto que iban más andrajosas que mendigas gas, cuando no llevaban el uniforme carcelario. Al principio, el personal de la enfermería dormía en la misma habitación de consulta, sobre el suelo. Puede imaginarse el lector nuestra alegría, cuando un día, se nos dio todo "un apartamiento". Cierto, era el viejo urinario de la Barraca No. 12, pero lo íbamos a tener para nosotras. En el cuarto angosto cabían a duras penas dos estrechas camas de campo. Por tanto, adoptamos el sistema de ringleras, como las koias de las barracas. Con tres de ellas, teníamos seis camastros. Aquello era un sueño. De allí en adelante, el pequeño dormitorio iba a ser nuestro domicilio privado. Allí estábamos en casa. Nos pasábamos muchas noches hablando de las posibilidades de nuestra liberación y analizando con comentarios interminables los últimos acontecimientos de la guerra, tal como los entendíamos. En ocasiones muy contadas, nos llegaba de contrabando algún periódico alemán, y estábamos examinando horas y horas cada una de sus palabras, para sacar una partícula de verdad de entre todas aquellas mentiras. Con frecuencia dábamos rienda suelta a la nostalgia, hablando de nuestros seres queridos, o simplemente discutiendo los torturantes problemas del día, como por ejemplo, si deberíamos o no condenar a muerte a algún recién nacido para salvar a la pobre madre. Hasta llegábamos a recitar a veces poesías para adormecernos en un estado de calma espiritual que nos permitiese olvidar y escaparnos del horrendo presente. Los resultados obtenidos en nuestra enfermería distaban mucho de ser gloriosos. Las condiciones deplorables del campo de concentración aumentaban sin cesar el número de las dolientes. Sin embargo, nuestros amos se negaron a aumentar el personal de que podíamos disponer. Con cinco mujeres había bastante. Podríamos haber dado parte de nuestras medicinas y vendajes a los médicos de otras barracas, pero los alemanes no nos dejaban. Naturalmente, no podíamos atender a todos los pacientes, y muchos de ellos se agravaban por tenerlos abandonados, como ocurría, por ejemplo, cuando se trataba de heridas gangrenadas. Aquellas infecciones exhalaban un olor pútrido, y en ellas se multiplicaban rápidamente las larvas. Utilizábamos una enorme jeringa y las desinfectábamos con una solución de permanganato potásico. Pero teníamos que repetir la operación diez o doce veces, y se nos acababa el agua. La consecuencia era que otras pacientes tenían que esperar y seguir sufriendo. La situación mejoró un poco cuando se instaló el hospital al otro extremo de la barraca. Este espacio estaba reservado para los casos que requerían intervención quirúrgica, pero, cuando había apuros, se curaban toda clase de infecciones. En el hospital cabían de cuatrocientas a quinientas enfermas. Naturalmente, era difícil conseguir ser admitido, por lo cual las que estaban enfermas con frecuencia tenían que esperar días y crías a poder ser hospitalizadas. Desde que llegaban, debían abandonar todas sus pertenencias a cambio de una camisa miserable. Aun habían de seguir durmiendo en las koias o en jergones duros de paja, pero con sólo una manta para cuatro mujeres. Bien claro está que no podía hablarse siquiera de aislamiento científico. Pero, a pesar de todo, el peligro más trágico que corrían las enfermas era la amenaza de ser "seleccionadas", porque estaban más expuestas a ello que las que gozaban de buena salud. La selección equivalía a un viaje en línea recta a la cámara de gas o a una inyección de fenol en el corazón. La primera vez que oí hablar del fenol fue cuando me lo explicó el doctor Pasche, q ue era un miembro de la resistencia. Cuando los alemanes desencadenaron sus selecciones en masa, resultaba peligroso estar en el hospital. Por eso animábamos a las que no estuviesen demasiado enfermas a que se quedasen en sus barracas. Pero, especialmente al principio, las prisioneras se negaban a creer que la hospitalización pudiera ser utilizada contra ellas como motivo para su viaje a la cámara de gas. Se imaginaban ingenuamente que las seleccionadas en el hospital y en las revistas lo eran para ser trasladadas a otros campos de concentración, y que las enfermas eran enviadas a un ¡tal central. Antes de estar instalada la enfermería y de quedar yo al servicio del doctor Klein, dije un día a mis compañeras de cautiverio quíen deberían evitar tener aspecto de enfermas. Aquel mism a, acompañaba más tarde al doctor Klein en su ronda médica. Era un hombre distinto de los demás S.S. Nunca gritaba y tenía buenas maneras. Una de las enfermas le dijo: -Le agradecemos su amabilidad, Herr Oberarzt. Y se puso a explicar que había en el campo quienes creían que las enfermas eran enviadas a la cámara de gas. El doctor Klein fingió quedar muy sorprendido, y con una sonrisa le contestó: -No tienen ustedes por qué creer todas esas tonterías que corren por aquí. ¿Quién extendió ese rumor? Me eché a temblar. Precisamente aquella misma mañana, había explicado la verdad a la pobre mujer. Afortunadamente, la blocova acudió en mi ayuda. Arrugó las cejas y aplastó literalmente a la charlatana con una mirada de hielo. La enferma comprendió que se había ido de la boca y se batió inmediatamente en retirada. -Bueno, la verdad es que yo no sé nada de todo esto -murmuró-. Por ahí dicen las cosas más absurdas. En otro hospital del campo, en la Sección B-3, había en agosto unas seis mil deportadas, número considerablemente inferior a nuestras treinta y cinco mil. Me refiero al año 1944. Tenían habitaciones aisladas para los casos contagiosos. Como era característico en los campos de concentración, dado lo irracionalmente que estaban organizados, esta sección considerablemente más pequeña disponía de una enfermería diez veces mayor que la nuestra, y tenía quince médicos a su servicio. Sin embargo, las condiciones higiénicas eran allí más lamentables todavía, porque no había letrinas en absoluto, sino únicamente arcas de madera al aire libre, donde las internadas femeninas estaban a la vista de los hombres de las S.S. y de los presos masculinos. Cuando teníamos casos contagiosos, nos veíamos obligadas a llevar a las pobres mujeres al hospital de aquella sección. Era un problema para nosotras. Si nos quedábamos con las enfermas contagiosas, corríamos el peligro de extender la enfermedad; pero, por otra parte, en cuanto llegaban las pacientes al hospital, corrían el peligro de ser seleccionadas. Sin embargo, las órdenes eran rigurosas, y nos exponíamos a severos castigos si nos quedábamos con los casos contagiosos. Además, el doctor Mengerlé hacía frecuentes excursiones por allí y echaba un vistazo para ver cómo seguían las cosas. Ni qué decir tiene, que quebrantábamos las órdenes cuantas veces podíamos.El traslado de las enfermas contagiosas era un espectáculo lamentable. Tenían fiebres altísimas y estaban cubiertas con sus mantas cuando echaban a andar por la "Lagerstrasse". Las demás cautivas las evitaban como si fuesen leprosas. Algunas de aquellas desgraciadas eran confinadas en el "Durchgangszimmer", o cuarto de paso, que era una habitación de tres metros por cuatro, donde tenían que tenderse en el duro suelo. Aquella era una verdadera antecámara de la muerte.Las que trasponían aquella puerta, camino a su destrucción, eran inmediatamente borradas de las listas de efectivas y, en consecuencia, no se les daba nada de comer. Así que no les quedaban más que la perspectiva del viaje final. Día llegaría, pensábamos, en que, por fin, los camiones de la Cruz Roja se presentarían allí y las enfermas serían atendidas. Y así sucedía; pero los supuestos camiones de la "Cruz Roja" recogían a las Pacientes y se las llevaban una encima de otra, como sardinas en banasta. Las protestas fueron inútiles. El alemán responsable del transporte cerraba la puerta y se sentaba tranquilamente junto al chofer. El camión emprendía su marcha hacia la cámara de la muerte. Por eso teníamos tanto miedo de mandar al "hospital" los casos contagiosos.El sistema de administración carecía absolutamente de lógica. Causaba verdadero estupor ver la poca relación que había entre las órdenes distintas que se sucedían unas a otras. Aquello se debía en parte a negligencia. Los alemanes trataban indudablemente de despistar a las presas para disminuir el peligro de una sublevación. Lo mismo ocurría con las selecciones. Durante algún tiempo, eran elegidas automáticamente las que pertenecían a la categoría de enfermas. Pero, de repente, todo cambiaba un buen día, y las que estaban afectadas de la misma enfermedad, como, por ejemplo, difteria, eran sometidas a tratamiento en una habitación aislada y confiadas al cuidado de médicos deportados. La mayor parte del tiempo, las que padecían de escarlatina estuvieron en gran peligro; pero, 'sin 'embargo, ocurría de cuando en cuando que las que contraían tal enfermedad eran atendidas, y algunas hasta se' llegaban a curar. Entonces se las devolvía a sus respectivas barracas, y su ejemplo servía para que las demás se convenciesen de que la escarlatina no significaba sentencia de muerte en la cámara de gas. Pero, inmediatamente después, aquella táctica quedaba revocada y era substituida por otra. ¿Cómo podía, por tanto, la gente saber a qué carta quedarse? Sea de esto lo que fuere, el caso era que muy pocas volvían del hospital de la sección, y éstas no habían entrado en la Durchgangszimmer, por lo cual no estaban enteradas de sus condiciones. Aquel "hospital" siguió siendo un espectro de horror para todas. Estaba rodeado de misterio y sombras de muerte. Cierto día, fui testigo en aquel hospital de una escena particularmente patética. Una joven y bella muchacha judía de Hungría, llamada Eva Weiss, que era una de las enfermeras, contrajo la escarlatina atendiendo a sus pacientes. El día que se enteró de que estaba contagiada, los alemanes acababan de abolir las medidas de tolerancia. Como el diagnóstico fue hecho por un médico alemán, la pobre muchacha sabía que era inevitable su traslado a la cámara de gas. Pronto llegaría una falsa ambulancia de la cruz roja a a recogerla, lo mismo que a las demás enfermas seleccionadas. Las que sospechaban la verdad estaban al borde de la desesperación. La habitación resonaba con los ecos de los gemidos de las lamentaciones.Les aseguro que no tienen por qué alarmarse -les decía Eva Weiss quien también procedía de Cluj. Están ustedes imaginándose cosas aterradoras. Verán, esto es lo que va a pasar: Nos trasladarán a un hospital mayor, en el cual nos atenderán mucho mejor que nos atienden aquí. Hasta puedo decirles dónde está localizado el hospital: en el campo de los viejos y de los niños. Las enfermeras son ancianas. Quizás alguna de nosotras encuentre inclusive a su madre. Después de todo, tenemos que pensar en lo afortunadas que somos. -Siendo enfermera -pensaban las pacientes-, debe estar bien informada. Y sus palabras las alentaron. Antes de que se cerrase la puerta de la ambulancia, las demás enfermeras dijeron el último adiós a su camarada Eva. Aquella joven heroína había sabido evitar con su frío valor la tortura de la ansiedad y del terror a las desgraciadas que la acompañaban a la muerte. Es mejor no pensar siquiera en lo que ella sentiría dentro de sí, según caminaba a la cámara de gas. Naturalmente, fui testigo de centenares de episodios trágicos. imposible escribir un libro q ' ue los relate todos. Pero hubo uno que me emocionó de manera especial. . De una barraca cercana nos trajeron a una joven griega. A pesar de lo demacrada que la había dejado la enfermedad y e ser un esqueleto viviente, conservaba todavía su belleza. No quiso contestar a ninguna de nuestras preguntas y se comportó como muda.Como nos habíamos especializado principalmente en cirugía, no comprendimos por qué nos la mandaban. Su ficha médica indicaba que no tenía necesidad de intervención quirúrgica. La sometimos a observación. No tardamos en descubrir que se había cometido una equivocación. Aquella muchacha debía haber sido internada en la sección destinada a enfermas mentales. Casi todo el tiempo estaba sentada, imitando los movimientos precisos de una hilandera. De cuando en cuando, como si la extenuase su trabajo, perdía el sentido, sin que pudiésemos hacerla volver en sí en una o dos horas. Luego movía la cabeza a un lado y a otro, abría los ojos y levantaba los brazos, como para protegerse de golpes imaginarios en la cabeza. Un día después, la encontramos muerta. Durante la noche había vaciado su jergón de paja para "hilarla". Había desgarrado además su blusa en pequeños jirones para disponer de más cantidad de materia prima que hilar. He visto muchas muertas, pero pocas caras me han conmovido tanto como la de aquella joven griega. Probablemente había estado empleada en trabajos forzados de hilandería. No había logrado con sus esfuerzos más que recibir palos. Sucumbió, y el terror y la desesperación animal acabaron por destruir el equilibrio de su mente. Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar/malas07.htm

Grandes Tragedias de la Historia (9 Parte) Explosión del Hindenburg El R 101 (1930) y el Hindenburg (1937) La industria del dirigible es probablemente la única que desaparecerá en los tiempos modernos a causa de los desastres, a pesar de que experimentó sólo dos: el R 101 y el Hindenburg, que cobraron un tributo total de menos de 100 vidas. Ha habido desastres mucho peores en tierra, mar y aire, pero ninguno ha llevado a una interrupción de producción tan abrupta de las industrias que los originaron. Tal vez el origen del desastre no estuviera en los aparatos voladores, sino en la misma industria, con una vulnerable tecnología que se apoyaba en la política. No era una industria joven: el dirigible rígido surgió del pequeño dirigible flexible, que a su vez procedía del globo ordinario. Los globos tripulados fueron utilizados por los franceses hace más de 200 años, y en tiempos de guerra desarrollaron funciones de reconocimiento; pero como estaban en gran parte a merced del viento, fue obvio que una cubierta alargada impulsada por un motor era esencial si esos dirigibles iban a tener una utilidad práctica. El primer dirigible verdaderamente exitoso, diseñado por el francés H. Giffard, era impulsado por vapor y podía desarrollar una velocidad de 8 kilómetros en condiciones tranquilas. Un aparato más práctico impulsado eléctricamente, llamado La France, salió al aire en 1884. De ahí en adelante los diseños mejoraron hasta que, en el periodo de 1910 a la Primera Guerra Mundial el zepelin alemán inició los viajes aéreos transportando decenas de miles de pasajeros a través de miles de kilómetros. Aun cuando el progreso fue logrado principalmente en Alemania y Francia, Gran Bretaña había producido unos cuantos dirigibles flexibles (el primer aparato rígido, el Mayflower, se estrelló en el viaje inaugural). La primera guerra mundial demostró el éxito del zepelin en ataques aéreos inesperados, pero también mostró sus puntos vulnerables (en particular el uso de hidrógeno como gas para elevarse, pues Estados Unidos no exportaba helio que es un gas no inflamable); pero fue a raíz de un zepelin forzado a bajar en 1916 cuando Gran Bretaña, copiando el diseño básico, inició un trabajo serio sobre sus propios dirigibles rígidos. Mientras tanto, el dirigible flexible, mucho más pequeño, estaba de moda como puesto de observación. Cuando terminó la guerra, la industria del dirigible parecía bastante sana. En 1919, Gran Bretaña había construido dos dirigibles rígidos: el R33 y el R34. Luego de su derrota se impidió a Alemania fabricar otros zepelines, hasta 1926, pero los alemanes habían estado estudiando algunos de los problemas más sofisticados que implica su construcción. Entonces sucedieron dos desastres (con siete años de diferencia) que prácticamente detuvieron la fabricación de dirigibles en todo el mundo. En 1930 ocurrió la destrucción del R 101 (47 muertos) seguida, en 1937, por el desastre más dramáticamente narrado del Hindenburg (36 muertos). Alemania mantuvo su Graf Zeppelin para el servicio de pasajeros un año más, pero la segunda guerra mundial era inminente y ya resultaba obvio que el campo de batalla aérea sería dominado por los aparatos más pesados que el aire, mucho más rápidos y maniobrables, y que los bombarderos, más grandes y adaptados para el transporte de tropas, formarían el núcleo de la aviación civil por venir. Aun cuando el uso de dirigibles como una forma de transportación a baja velocidad para carga pesada tiene hoy en día sus protagonistas, la mayoría de la gente considera la era de la "cámara de gas" como desaparecida. El proceso de extinción empezó con el R 101 y la subsecuente conversión en chatarra del R 100 que estaba mejor diseñado. En 1924, el gobierno británico decidió dejar de jugar con dirigibles y entró seriamente en la industria con la construcción del R 100 y el R 101. El R 100 sería construido por la Airship Guarantee Company, una subsidiaria de Vickers at Howden en Yorkshire, mientras que el R 101 sería fabricado por el propio Ministerio de Aeronáutica, en Cardington, en Bedforshire. A los constructores del R 100 les faltaba dinero pero les sobraba pericia, además de que podían recurrir al doctor Barnes Wallis (de subsecuente fama como "reventador de presas" y a otros prominentes científicos e ingenieros, incluyendo a Nevüle Shute Norway (No Highway), cuyos dos primeros nombres se convirtieron en palabras de uso común. El Ministerio de Aeronáutica sufría por falta de talento diseñador, ya que muchos de sus hombres experimentados habían muerto en la guerra. Por otro lado, padecía por la sobreexposición en la prensa, ya que alutilizar dinero de los contribuyentes, cada etapa del trabajo en Cardington era hecha pública. Así, los errores que la Airshíp Guarantee Company pudo rectificar en silencio, tuvieron que ser mantenidos en reserva (por ejemplo, los motores diesel británicos demasiado pesados que la A.G.C., cambió calladamente por unidades más ligeras accionadas por petróleo). Problemas y discusiones técnicas y políticas terminaron con el R 101, que se desplazaba 16 kilómetros más lento, a 113 kilómetros por hora, y tenía una capacidad de 25 toneladas, tan sólo la mitad de la carga levantada por su nave gemela. El dirigible fue llevado a la Hetidon Air Display (exhibición aérea de Hendon) en el verano de 1930 para que el público lo admirara, pero los expertos sabían que estaba perdiendo gas y que sólo podría regresar a Cardington botando enormes cantidades de lastre. Fue allí donde se ordenó una acción drástica y, en su momento, absurda: en vez de tomar medidas para reducir el peso se decidió aumentarlo cortando el dirigible en dos, insertando un nuevo compartimiento de metal (alargando así su longitud) y poniendo dentro más bolsas de hidrógeno para el ascenso. Mientras todo esto ocurría, el R 100, construido en forma privada, realizó un vuelo exitoso a Canadá. El Ministro de Aeronáutica, lord Thompson, tal vez algo molesto, decretó bruscamente que el R 101 saldría hacia la India vía Egipto el 4 de octubre con él mismo a bordo. Para entonces, el dirigible sería "tan seguro como una casa, excepto por una probabilidad de accidente en un millón", y de todos modos, él tenía que regresar a tiempo para una junta. Todo esto fue muy emocionante, aunque no se sabe hasta qué grado el entusiasmo de Thompson era compartido por quienes lo rodeaban. El hasta ese momento no probado R 101 dejó su mástil de Cardington en la fecha ordenada con 54 personas a bordo, de las cuales sólo seis eran pasajeros. Actualmente, con los plásticos sintéticos, es difícil comprender cómo la estructura dura podía contener bolsas de gas llenas de hidrógeno, hechas de membranas de intestinos de bueyes mantenidas en posición por cientos de alambres. Se adaptaron nuevas válvulas para controlar el gas, pero éstas tendían a "sobrerreaccionar" causando que el gas escapara con una turbulencia inesperada, dejando salir el gas prematuramente. Este fue uno de los muchos problemas técnicos fuera de control. A pesar de los esfuerzos por ahorrar peso, no se puso límite al equipaje personal; los efectos personales de lord Thompson pesaban tanto como 24 personas. Los avíos del dirigible incluían cuchillería de plata, palmas plantadas en macetas y 200 metros de pesada alfombra de Axminster. El aprovisionamiento de comida y bebida era abundante, ya que se daría un banquete aéreo de índole política para notables personajes egipcios y otras figuras distinguidas como huéspedes. Debido a la inconveniencia de cargar combustible durante un banquete (no fumar, etc), el dirigible llevaba nueve toneladas más de lo necesario de diesel para llegar a su destino. No es de extrañar que aquella noche el R 101 se elevara hacia el cielo estremeciéndose penosamente. Una residente de Hitchin dijo después al Daily Express que había salido corriendo de su casa y vio todo iluminado por una "espectral luz verde... Allí estaba el R 101 dirigiéndose justo hacia su casa... libró los árboles de nuestro camino de entrada a la casa por un margen mínimo... Al elevarse las luces verdes sobre el camino de entrada, el horror descendió sobre nosotros". Unas cuantas horas después el aeropuerto Le Bourget en Francia confirmó que el dirigible estaba un kilómetro al norte de Beauvais. Después de las 2:07 a.m., el R 101 dejó de responder a los mensajes radiofónicos, y a las 2:08 los horrorizados lugareños habían sido despertados por un estruendoso ruido y luego el infierno. El operador de Le Bourget captó las palabras "G-FAA W a pris feu'. El C-FAAW-R101 realmente se había incendiado, debido a que no había librado una pequeña colina de Beauvais. Todo había terminado en minutos. A diferencia del Hindenburg, que tuvo mejor suerte, no hubo oportunidad para los pasajeros ni para la mayor parte de la tripulación, porque estaban durmiendo. Siete miembros de la tripulación sobrevivieron. Nadie sabe con seguridad por qué el R 101 chocó en Beauvais. Tal vez se rompió bajo la tensión aerodinámica, tal vez una bolsa de gas se perforó, tal vez simplemente le faltó suficiente impulso. Cualquiera que sea la causa, terminó con la contribución británica al desarrollo del dirigible. El R 100 fue puesto en tierra y convertido en chatarra. Esto significó casi la muerte de la industria del dirigible, pero no completamente. Los alemanes continuaron, y en 1936 habían terminado el Hindenburg que se unía a su nave gemela, el Graf Zeppelín. Con una longitud de más de 270 metros, era el dirigible más grande que se hubiera construido. La energía provenía de cuatro poderosos motores diesel Daimler que impulsaban hélices en diferentes góndolas bajo el enorme casco elevado por gas. Como en todos los dirigibles, el gas estaba contenido en cierto número de bolsas o células. Hoy en día, esas bolsas serían hechas completamente herméticas, pero en 1937 una lenta filtración se esperaba y se permitía. Esto traía consigo el peligro de incendio, pero los diseñadores habían perfeccionado el interior de los compartimientos de pasajeros, con los camarotes de dos camas, un espacioso comedor, un salón y biblioteca, de modo que casi no había riesgo de que entrara hidrógeno. El fumar estaba restringido a una sala absolutamente segura, con puertas dobles y un ingenioso método que mantenía la presión de aire más alta que en cualquier otra parte, para que ningún gas pudiera entrar. Los pasajeros podían fumar libremente, aunque los encendedores estaban encadenados a las mesas para evitar que los distraídos se los llevaran a sus dormitorios. En otra área de esta ingeniosa y lujosa nave había un pequeño piano de aluminio, y a cada lado cubiertas de paseo desde donde los pasajeros podían mirar hacia afuera y hacia arriba a través de grandes ventanas inclinadas. El Hindenburg hizo varios vuelos a Estados Unidos y Brasil durante 1936-37, y en mayo de 1937 tuvo todavía otra salida programada de Frankfort a la estación estadounidense de Lakehurst. Nada podía haber sido más rutinario; ningún dirigible de pasajeros o zepelin alemán se había estrellado todavía. Desde aquellos primeros vuelos en 1910, miles de personas habían sido transportadas a sus destinos sin contratiempos. El Hindenburg se elevó lentamente al cielo de Frankfort la noche del 3 de mayo. Sus plazas de pasajeros estaban semivacías (aunque reservadas casi totalmente para el viaje de regreso) y los 36 pasajeros a bordo, con una tripulación normal, hacían un total de 97 personas. La hora estimada de llegada a Lakehurst era 8 a.m., del día 6, pero muy pronto el capitán Max Pruss se dio cuenta de que fuertes vientos de frente iban a trastornar el itinerario. Eran las 15:30 horas del día 6 cuando el Hindenburg pasó sobre el Empire State Building de Nueva York (una práctica regular para publicitar a Alemania y su enorme dirigible a la gente que estaba abajo y dar a los pasajeros una vista impactante y poco conocida de la ciudad). Sin embargo, cualquier interés que pudiera haber por la llegada de un vuelo de dirigible disminuyó más que aumentó, debido al retraso. Aparte de los amigos y parientes de los pasajeros, pocas personas se dirigían a Lakehurst. Apenas se habían presentado algunos periodistas; una compañía de radio envió a un comentarista, Herb Morrison, con una grabadora portátil. El mal tiempo obligó a Pruss a retrasar aún más la llegada, y no fue sino hasta las 7 p.m., cuando el Hítidenburg empezó a aproximarse al mástil de anclaje de Lakehurst. Las primeras cuerdas fueron lanzadas a la tripulación de tierra a las 7:25 p.m. Un Herb Morrison ligeramente fastidiado inició su comentario, sin darse cuenta de que su narración se convertiría en una de las grabaciones más conmovedoras. Hubo una flama y la voz de Morrison, abruptamente excitada por la histeria, sollozó: "Está en llamas, está llameando, llameando, llameando terriblemente, ¡está estallando en llamas!" Quienes estaban dentro fueron los últimos en darse cuenta, y hasta la fecha nadie puede estar seguro de qué ocasionó la flama. Milagrosamente, con 260,000 metros cúbicos de hidrógeno incandescente alrededor de ellos, sólo 36 personas murieron de las 97 que estaban a bordo del Híndenburg. Mucho crédito por esto debe darse a los oficiales y hombres de apoyo en Lakehurst, quienes se arriesgaron a morir para guiar a los pasajeros asustados y heridos lejos de ese holocausto. Así terminó la existencia del dirigible de pasajeros. El resto del mundo, incluyendo a Gran Bretaña, que había estado observando a los alemanes con interés, perdió la esperanza de que estos "monstruos del cielo" fueran algún día seguros y prácticos para viajar. Hubo indudablemente otras consideraciones no expresadas, porque ninguna industria podía morir con una lista de víctimas tan relativamente corta. Los alemanes desecharon en 1938 al Graf Zeppelín, que era perfectamente seguro y, en retrospectiva, la razón es obvia. Los zepelines no eran máquinas de guerra. Los globos y los dirigibles flexibles continuaron, sin embargo, mientras la tecnología de aviones de combate y bombarderos asumió la dirección. Queda el posible retorno del dirigible para transportar carga. Puede viajar, independientemente de la tierra y del mar "como el cuervo vuela", lo cual ofrece ciertas ventajas. A largo plazo, la cuestión puede ser decidida por mera economía, porque un dirigible de carga debe tener una ganancia para que sobreviva, o aun para convertirse en una realidad. Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar/r101.htm Les dejo los link de las otras partes... http://www.taringa.net/posts/info/993119/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(1-Parte)-La-Peste-Negra.html http://www.taringa.net/posts/info/993126/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(2-Parte)-La-Noche-de-San-B.html http://www.taringa.net/posts/info/993134/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(3-Parte)-Hambruna-en-Irlan.html http://www.taringa.net/posts/info/994232/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(4-Parte)-Hundimiento-del-T.html http://www.taringa.net/posts/info/994236/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(5-Parte)-El-Genocidio-Arme.html http://www.taringa.net/posts/info/994245/Grandes-Tragedias-de-la-Historia-(6-Parte)-La-Gripe-Espa%C3%B1ol.html

El actual volante de Estudiantes es considerado por los hinchas ingleses como el segundo mayor fracaso de la historia de la Premier League Verón llegó a Inglaterra para jugar en el Manchester United en 2001 cuando el club pagó u$s40 M por su pase y en las dos temporadas que estuvo, nunca pudo afianzarse. Tampoco lo hizo en el Chelsea, adonde fue trasnsferido por una cifra menor y finalmente vovió a Italia para jugar en el Inter, antes de retornar a Estudiantes y consagrarse campeón argentino.En la encuesta realizada por el diario Daily Mail a los hinchas ingleses, Verón sóo perdió el curioso halago de ser el mayor fracaso tras Andriy Schevchenko, el delantero que llegó al Chelsea desde el Milan, donde ganó todo, por €48 M. En Inglaterra, juega poco y nada, y cuando lo hace no puede superar la mediocridad.Fuente: http://www.infobae.com/contenidos/354773-100796-0-Ver%F3n-la-gran-decepci%F3n
Polémico pedido: grupo de sobrevivientes de Cromañón quiere cobrar 1.200 pesos mensuales * El abogado Javier Miglino presentó un recurso de amparo. * Reclama que la "ayuda humanitaria" no se suspenda. Un abogado de los sobrevivientes del incendio del boliche Cromañón pidió a la justicia de la Ciudad de Buenos Aires que ordene al gobierno local continuar con el pago de subsidios a los sobrevivientes del incendio de la discoteca. Javier Miglino presentó un recurso de amparo para que no se suspenda la ayuda a damnificados y familiares de las víctimas y que los subsidios se unifiquen en la suma de 1.200 mensuales para cada uno de los damnificados. Miglino pretende, además, que el subsidio -al que calificó como "ayuda mensual humanitaria"- se extienda durante todo 2008. El abogado consignó que promovió el amparo porque no obtuvo respuesta a un reclamo similar formulado días atrás al jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. El incendio del local ubicado en Mitre al 3.000 de la ciudad de Buenos Aires se produjo el 30 de diciembre de 2004 y provocó 194 muertos y centenares de heridos. Fuente: http://www.minutouno.com/1/hoy/article/Pol%E9mico-pedido:-grupo-de-sobrevivientes-de-Croma%F1%F3n-quiere-cobrar-1.200-pesos-mensuales%5Eid_62596.htm

Grandes Tragedias de la Historia (8 Parte) Purgas de Stalin STALIN EN EL GOBIERNO Stalin preside la segunda etapa de la historia de la Rusia soviética. Nos falta todavía un estudio definitivo sobre su figura. Rodeado durante bastantes años por una aureola de popularidad, concentróò a partir de 1934 en sus manos todos los resortes del poder y eliminé a la vieja guardia bolchevique, que podría discrepar o hacerle sombra. Glorificado por la historiografia soviética, comenzó a ser criticado después de su muerte (1953). Sin la brillantez de Lenin y Trotski, era un marxista riguroso, quizás el mejor conocedor del problema de las nacionalidades -la gran laguna de la literatura marxista—, y un formidable organizador que impulsóò los planes quinquenales. Pero no faltan perfiles terribles en un balance de su gestión. Pravda publicaba en diciembre de 1969 una crìtica abierta: “Stalin ha cometido errores teóricos y políticos que adquirieron carácter de gravedad en el último periodo de su vida... El resultado fueron limitaciones injustificadas de la democracia y groseras violaciones de la legalidad socialista, y una represión injustificada contra dirigentes importantes del Partido, del Estado, de los jefes militares y de los otros cuadros Los procesos que tienen lugar en Moscú entre 1936 y 1938 constituyen uno de los más sorprendentes fenómenos de la Rusia del siglo XX. Se inician en agosto de 1936 con el juicio contra los dirigentes de la vieja guardia bolchevique: Zinóviev, Kaménev, Smirnov y otros trece. Todos admiten las acusaciones y se reconocen culpables de traición al Partido, al Estado, y de colaborar con la Gestapo alemana; tan paladina confesión provoca el asombro mundial. Los supervivientes, rehabilitados en 1953, han testimoniado sobre torturas psíquicas y físicas. En enero de 1937, la persecución de los bolcheviques históricos continúa con el proceso contra Piatákov y dieciséis dirigentes más. En el tercer proceso, en el mes de junio, se inicia la depuración del ejército, y se condena a muerte a héroes de la guerra civil, como Tujachevski. En el cuarto proceso —marzo de 1938— le toca su turno al sector derechista del bolchevismo (Bujarin y Rikov). En procesos menores se purga a dirigentes de la industria que no siguen las consignas de los planes quinquenales y a jefes de la policía caídos en desgracia a los ojos del dictador. La invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial demostró que el objetivo de Stalin de convertir aceleradamente a Rusia en una gran potencia habia sido acertado, aunque el precio pagado fue alto y dejó en la URSS huellas que en ningún momento desaparecerían totalmente de su vida colectiva. CUANTIFICACIÓN DE LAS PURGAS ESTALINISTAS Problema de difícil precisión todavía hoy por lo reciente del cambio político en la antigua URSS; sin embargo planteamos el estado de la cuestión para señalar que es tema que ha de ser esclarecido por los historiadores en el futuro. Testimonios sin cifras están al alcance de cualquier lector occidental interesado: el discurso secreto de Kruschev y varios discursos públicos en el XXII Congreso del Partido (octubre de 1961) constituyen viñetas de las purgas; algunas víctimas pudieron publicar sus relatos en Occidente (Memorias de Ivanov-Razumnik; de Margarete Buber-Neuman, viuda de un miembro del Buró Político; relato del profesor Swianiewicz, estudioso dc la organización económica de los campos de trabajo); las narraciones literarias> como Archipiélago Gulag y Un dia en la vida de Iván Jenisovich, de SOLzHIiN1TSYN y El cero y el infinito, de KOESTLER, están confirmadas por testimonios de exiliados, por ejemplo el de KRAVCNENKO, Yo escogí la libertad (Madrid, 1953), o el más general de KRJvJTSKI, Yo fui agente de Stalin (Londres, 1940), o el del viejo trostkista ANTÓN CILIGA, El enemigo ruso (Londres, 1940). Mayor interés historiográfico ofrece el estudio de BoRIS StJVARINE, aparecido en ruso en 1939 (edición reciente: Staline. Aperçu historique du Bolchevisrne, Ed. Champ Libre, París, 1977). Son escasas las fuentes que permitan una cuantificación, pero se dispone de alguna. Sobre ellas ha efectuado un espléndido estudio Lorimer, La población de la Unión Soviética. Historia y perspectiva. Ginebra, Sociedad de Naciones, 1964. 500 carpetas de los archivos del Partido en Smolensko fueron capturadas por los alemanes en 1941 y terminaron en poder de los norteamericanos. En castellano disponemos de un estudio de conjunto, de R. CONOCEST, El gran terror: Las purgas stalinianas de los aflos treinta, Caralt, Barcelona, 1974. En el momento de los juicios las posiciones occidentales fueron contradictorias. En Estados Unidos una comisión presidida por Dewey consideró que la acusación en los grandes procesos estaba falseada, pero un manifiesto de intelectuales, encabezado por Granville Hicks, atacó a la comisión. En Inglaterra el Manchester Guardian ofreció amplia información. Un periodista conocedor del ruso, Walter Duranty, consideró juntos los juicios. Pero éstos no constituyen más que una página de la gran purga, que afectó a millones de ciudadanos soviéticos. Las cifras de la represión Consignemos, en primer lugar, algunas cifras sobre detenidos. Por las Instrucciones Secretas de 8 de mayo de 1933 de Stalin-Molotov sabemos que había en las cárceles 800.000 presos, sin contar los de los campos y colonias de trabajo. Para los años 1937-38 varios testimonios coinciden en contabilizar entre seis y ocho millones de presos políticos. Sólo en Moscú existían 3.000 interrogadores. El físico Alexander Weissberg, que estuvo preso en la cárcel de Kharkov de marzo de 1937 a febrero de 1939, estima que el 5,5 por ciento de la población de la región pasó por la cárcel; en esta proporción coinciden otros testimonios, lo que supone, consultando el censo de 1939, un total de 8,5 millones de detenciones. Otros cálculos, el del yugoslavo Dedijer, y de Uralov, funcionario del Partido, lo rebajan a 7 millones. Teniendo en cuenta que parte de los detenidos eran miembros del Partido resulta útil comparar los datos de dos Congresos: en el XVII (1934) tenía 2.817.000 afiliados, en el XVIII (1939) había descendido a 1.568.000; a la diferencia habría que sumar los miembros nuevos, unos cuatrocientos mil, y deducir las bajas por razones diversas, desde fallecimientos hasta expulsiones que no iban acompañadas de detención, y quedaría una cifra de de un millón de miembros del partido arrestados.Sobre ejecuciones disponemos de bastantes datos parciales. Un escritor soviético (Ginzburg) ha afirmado que, en la prisión de Lefortovo, en agosto de 1937, eran fusilados 70 hombres por día. Diversos testimonios calculan que el número de ejecutados es de un 10% con total de detenidos, lo que supo entre 600 y 700.000; Uralov lo rebaja a 500.000; un oficial de la NKVD (Petrov) lo eleva a dos millones, y Dedijer a tres millones, cálculos con toda probabilidad exagerados. Conquest se inclina por una cifra aproximadamente un millón. Ante la disparidad de cifra es imprescindible recurrir a las fiuentes estadísticas, como los censos de bajadores forzados organizados la NKVD o simplemente los oficiales de población. El cálculo de Conquest El cálculo de Conquest ofrece la fiabilidad relativa de provisional: 5 millones de encarcelados hasta enero de 1937, 7 millones de detenidos entre enero 1937 y diciembre de 1938; de un millón de ejecutados y dos millones de muertos en los campos.El estudio de Lorimer sobre población permite afirmar que al menos las cifras de detenidos pueden aceptarse como un indicador (calcula 6.790.000 en los campos trabajo). Por otra parte, la contabilización de Conquest nos ofrece otra partida: los fallecidos en los campos, en proporción doble a la de ejecutados. El censo soviético 1959 hace posible otra aproximación al tema. La proporción de 453 hombres por 547 mujeres en el grupo de los 30 a 34 años puede atribuirse a muertes de soldados jóvenes, menores de veinte años, en la Primera Guerra Mundial. En el grupo de 35 a 39 la diferencia, sorprendentemente, es todavía mayor, 391 hombres para 609 mujeres, y aùn mas desigual para los grupo 40-44, 45-49 y50-54: 384 hombre por 616 mujeres. Este desequilibrio de la pirámide solo puede explicarse sobre la suposición de que la purga golpeó sobre todo a los varones entre treinta y cincuenta años. Les dejo los link de las otras partes... Agradecer no cuesta nada y ayuda al crecimiento de Taringa.
Las Diferencias entre un Malbec y un Malbec Imaginemos un mundo en que todas las mujeres fueren iguales (o todos los hombres, o todos los que sea, esto es sólo a modo de ejemplo). Exactamente iguales. Todas son como una y esa una es igual a todas. Cuál? La que a Ud. más le guste, su mujer ideal por decir de alguna forma. El bombonazo 11 puntos que siempre le resultó inalcanzable. Las Silvina Luna de este mundo, o Pamela David, Silvia Saint, Keyra Knightley, Ornella Muti, Isabel Sarli. Quien Ud. quiera, pero siempre respetando la condición de que sean todas iguales. Aburrido, muy aburrido. Tanto que el sólo pensarlo atemoriza. Broncas, celos, trampas, pasiones, juegos, desengaños, mentiras, verdades, amor, lujuria, pasión, sufrimientos, odios, alegrías y un largo etc. perderían sentido. Porque en la variedad está el gusto. El mismo ejemplo se podría aplicar a otros placeres. Se imagina comiendo toda su vida milanesas con papas fritas? Esto mismo pasa con el vino y por eso ninguno es igual a otro. El disfrute inteligente de todo amante de esta milenaria bebida pasa justamente por conocer, percibir, reconocer y destacar las diferencias que marcan la personalidad de cada vino. Esto obviamente sin olvidar sus placeres implícitos que van más allá de esta dimensión sensorial; lo que llamamos dimensión placentera y que se refiere más al contexto que acompaña al vino y a la capacidad de éste de modificarlo. Para facilitar la comprensión, es mejor ejemplificar: 1. Dimensión sensorial: este vino es más corpulento y complejo que aquel otro, sin embargo este es más frutado, más fresco e incluso más equilibrado. Las diferencias del vino, motor generador de lo que se conoce como “la cultura del vino”. 2. Dimensión placentera: el placer de beber y compartir un buen vino, el disfrute de sus efectos. Imagine una cena romántica o una sobremesa con amigos, con y sin vino. El vino reúne, invita a compartir, relaja, suaviza, sincera, alegra, suelta la lengua y varias cosas más. El vino en la cultura, por los siglos de los siglos. Pero ambas dimensiones se conjugan en una sola cosa, compleja, pero una sola al fin; la que descansa en mi copa mientras escribo. Y antes de entrar de lleno en el camino de la cultura del vino, una verdad más que precisa conocer: el conocimiento refuerza y potencia el placer, la dimensión sensorial realza la placentera. El vino está de moda Eso dicen muchos por ahí. Quizás o quizás no. Personalmente acepto la frase si se refiere al hecho de que el vino y su mundo están cada vez más presentes en nuestras vidas, a través de su dimensión placentera, cultural o simplemente social. No estoy de acuerdo si el significado de moda implica un fenómeno pasajero. Opiniones personales de lado, lo importante de esto es que la cultura del vino se está convirtiendo en un “must” en ciertos estratos sociales. Con amigos, en eventos, presentaciones, comidas de placer o negocios el vino se ha ganado un merecido lugar como protagonista. Tenemos entonces dos motivos impulsores importantes para comenzar a recorrer este camino de la cultura del vino: el vino tiene mucho para decirnos y nosotros tenemos mucho para decir de él. El correcto acercamiento al vino es una experiencia muy agradable y placentera, aunque podemos encontrar escollos en el camino. El primero es no saber por donde empezar, el segundo es que nadie nos enseña el camino. A esto se suman: lenguaje demasiado técnico, notas sobre el tema, pero descolgadas y sin un hilo conductor, temas tratados por arriba, otros en lo que se profundiza demasiado, etc. En conjunto se convierten en frustraciones para los aficionados ávidos de aprender. Entonces aprovechemos este espacio para empezar por el principio, para dar el primer paso antes que el segundo. Para quienes realmente sienten curiosidad y desean aprender, podrán disfrutar de una serie de notas que llegarán a ser para Ud. una suerte de curso sobre vinos. Y para aquellos que ya saben algo, será útil para reafirmar conceptos y responder a interrogantes todavía no resueltos. Siempre en un lenguaje cálido, ameno y hasta divertido. El primer paso ¿Qué más debo saber además que de Cabernet Sauvignon es una uva tinta, Chardonnay una blanca y Borgoña no es una uva sino una región francesa? Mucho, pero mucho más. ¿Pero por dónde empezamos? Por despertarnos. Porque lo primero que necesitamos para aprender es prestar atención. Vayamos a un hecho cotidiano que cualquiera ha percibido en algún momento aunque fuera de manera inconsciente y quizás nunca intentó explicar: las diferencias entre un Malbec y un Malbec. Para que Ud. entienda fácilmente de que estoy hablando, valga un ejemplo concreto. Vaya corriendo a comprar, mientras yo termino de escribir, dos botellas: una de Trapiche Malbec y otra de Trapiche Malbec Roble (precio más del doble que la anterior). Quédese tranquilo que yo lo espero. Ah, si ahora no puede, no importa, pero le pido que en algún momento viva la experiencia. Y que tenemos: dos vinos muy diferentes. ¿Y con eso que? Simplemente que son de la misma zona, la misma uva, la misma bodega y elaborados por el mismo enólogo. Y repito, son muy diferentes. El primero tiene un color más claro, aroma fresco predominantemente frutal y en boca es suave, liviano, “de trago fácil”. El segundo, en cambio, presenta un color más cerrado, más oscuro, con aromas más “tibios” y complejos, donde la fruta se siente pero aparecen otras notas destacadas y en boca es definitivamente diferente, tiene otro gusto, mucho más corpulento, más poderoso, más fuerte. Recuerde que ambos son Malbec, misma zona, misma bodega, mismo enólogo. Que me dice ahora si le cuento que con esa misma uva yo podría hacerle probar un rosado y hasta un blanco. Un Malbec blanco? Si señor, se puede hacer y si Ud. tiene algunos años es probable que lo haya tomado alguna vez sin saber. Pero esa es una historia larga que en algún momento le contaré. Volvamos; tenemos un hecho irrefutable: ambos Malbec (sólo tomado como ejemplo, vale para cualquier variedad o bodega)) son diferentes. Podemos solamente quedarnos con eso y no aprenderemos nada más; o tenemos la opción de preguntarnos a qué se deben esas diferencias. Entonces nos encontraremos con una importante serie de factores a investigar, y con la explicación de uno aparecerá otro y así, habremos comenzado a transitar el camino de la cultura del vino. Pero para no dejar tantas incógnitas, los dos vinos que utilicé como ejemplo son diferentes porque responden a distintos estilos, la bodega los elaboró con métodos individuales porque deben satisfacer necesidades diferentes. El primero (Trapiche Malbec) es un tinto liviano o joven, el segundo (Trapiche Malbec Roble) es un tinto con cuerpo y buen potencial de guarda. Reconocer estas diferencias, además de ser el primer paso en este camino de conocimiento, tiene una aplicación muy útil. Por regla general, todo buen amante del vino disfruta también de la buena cocina e irremediablemente se plantea en algún momento la correcta unión o maridaje entre el vino y la comida. Cuando empezamos a investigar al respecto, surgen algunas recetas magistrales que pretenden unir ciertas comidas con vinos varietales. Algo así como: para una pasta liviana nada como un buen Malbec. Planteado así es un error. ¿Cuál Malbec? El liviano y frutado o el corpulento y más complejo. Otra vez los estilos del vino. Porque le aseguro que si el matrimonio perfecto de la pasta liviana es un Malbec liviano, equilibrado y de trago fácil, lo reemplazaré mejor con un Cabernet del mismo estilo que con un Malbec corpulento y astringente. Ya hemos dado el primer paso, tenemos pocas certezas y muchas incógnitas, que poco a poco iremos develando. En la próxima nota, analizaremos los estilos del vino, que le ayudará a entender mejor lo que Ud. todo el tiempo percibe en su boca de manera inconsciente. Hasta la próxima. Fuente: http://www.psicofxp.com/forums/articulos-de-gastronomia-y-bebidas.531/385936-las-diferencias-entre-malbec-y-malbec.html

Cuantas veces nos paso de comer un pan dulce o budin y pensar, que joraca sera esta fruta abrillantada? como se hace? es fruta o son una especie de yummy. A muchos les encanta , otros la odian con toda el alma, Hoy nos sacamos la duda de que es y como se hace... asi dormimos en paz sabiendo que se aclaro uno de los grandes misterios del siglo.... Fruta Abrillantada Rendimiento: 1 kg Tiempo de preparación: 2 horas Tiempo de cocción: 13 horas, 40 minutos aprox. Tiempo adicional: 4 días, 20 minutos (de reposo) Ananá pelado 5 rodajas Ciruelas lavada, sin carozo, cortada en mitades 1 Damascos lavado, sin carozo, cortado en mitades 1 Duraznos lavado, pelado, cortado en cuartos 1 Higo lavado, entero 1 Cerezas lavada, entera 1 Kinotos lavado, entero 1 Mandarina pelada, separada en gajos, sin semillas 1 Azúcar 1 kg Limón exprimido 2 Azúcar impalpable para espolvorear 1)En la olla vierta 2 l. de agua, coloque las rodajas de ananá y lleve a fuego fuerte, cuando rompo hervor, baja a mínimo y deje cocer hasta que la fruta esté blanda, más o menos de 15 a 20 min. Entonces, retire del fuego, con la espumadera saque la fruta, colóquela en el colador, para que escurra. Luego, séquela con papel absorbente y póngala en el bol. 2)Repita el proceso con cada una de las frutas. Después, mida 1 litro del líquido de cocción, desechando el resto, y cuélelo sobre la olla, pasándolo por el cedazo, cubierto con la muselina. Entonces, añada 250 g. de azúcar y el jugo de limón y lleve a fuego fuerte hasta que rompa hervor, mientras revuelve con la cuchara de madera. Cuando hierva deje cocer 3 min. más. 3)Retire y vierta el almíbar, en el bol, sobre las frutas. Encima, coloque el plato, presionándolo bien sobre las frutas. Deje reposar, a temperatura ambiente, 24 hs. Pasado ese tiempo, retire las frutas, con la espumadera, y escúrralas en el colador. Después, vierta el almíbar en la olla y añada 100 g. de azúcar. LLeve a fuego alto hasta que rompa hervor, entonces, deje 3 min. más. 4)Apague la hornalla, retire, con la espumadera, la espuma y vierta el jarabe, en el bol, sobre las frutas. Coloque nuevamente el plato, presionando las frutas y deje reposar nuevamente durante 24 hs. Pasado ese tiempo, repita el procedimiento 4 veces más, poniendo primero 100 g. de azúcar y haciendo un reposo de 24 hs. La segunda y tercerca vez añadiendo 150 g. de azúcar y 24 hs de reposo cada vez y la cuarta añadiendo el resto del azúcar y dejando reposar 48 hs. 5)Pasado ese tiempo, encienda el horno a temperatura mínima, para precalentarlo. Coloque las frutas con el jarabe en la olla y lleve a fuego lento durante 5 min. Mientras tanto, forre la placa con papel aluminio y, con la espumadera, retire las frutas del almíbar, colocándolas sobre la rejilla, que habrá apoyado, previamente sobre la fuente. Deje escurrir y enfriar. 6)Luego, coloque la fuente, con las frutas en la rejilla, en el horno, dejando la puerta entreabierta y deje secar durante 12 a 24 hs. Las frutas deben quedar secas, pero pegajosas. Entonces, retire la fuente del horno y deje enfriar por completo. Luego, espolvoréelas con azúcar impalpable.