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cosita777

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Primer post: 11 sept 2010Último post: 12 sept 2010
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Cuestión de sexos
HumorporAnónimo9/12/2010

Cuestión de Sexos El comportamiento del ser humano en cada instancia de la vida es único e irrepetible, y está definido por su género. Hombres y mujeres reaccionan de manera casi diametralmente opuesta a distintos estímulos y situaciones, lo que nos hace preguntarnos a nosotros mismos (sí, hablamos mucho con nosotros mismos): ¿cómo puede ser que dos seres tan distintos terminen engarzándose en una relación parejil plena y dichosa? Enumeraremos a continuación diferentes ámbitos y las performances de cada sexo. Siéntase libre de aportar su opinión (aclarando su sexo, por supuesto). (Ah, y si todavía no lo definió, su voto no cuenta). (Sabemos que es bastante doloroso el cambio de sexo, asegúrese de conseguir una segunda opinión antes de irse a Paraguay a que lo/a achuren). El Fútbol La reacción ante este deporte, tanto en vivo como su visualización por medios televisivos y/o radiales, es opuesta en cada sexo. El hombre siente pasión, desenfreno, angustia, ansiedad, nerviosismo y una alegría sin parangón, todo junto cuando el referí pita el comienzo del partido. Resta imaginar después en qué terminará todo eso. Ve en el fútbol el anhelo de destacarse que lo marcó de niño, el "Quiero ser como el Diego" que nunca llegó. Se cree que mirando fútbol está contribuyendo con el deporte, que la panza de cerveza automáticamente se desinflará, que el árbitro lo escucha a través del vidrio de la tele, que los jugadores tienen un audífono que registra sus opiniones sobre dónde patear. Apenas empieza el primer tiempo, el hombre sufre un cambio en su dialecto: por más culto que sea, automáticamente pierde las eses por el camino, y todo lo que sale de su boca suena indefectiblemente "a negro". Ej: Palermo se tiene que retirá´ del fúlbo, loco. No puede jugá´ má a náa. Orsai, jué, orsai! Qué ta mirando, referí de papi! Ponémelo a Esqueloto, viejo! Y similares. La mujer, en cambio, mantiene una relación mucho más distante, contemplativa y hasta a veces de crítica destructiva para con este noble deporte. Apenas se acerca a él, trata de aprehenderlo, más que nada para no quedar como una ortiva cuando los amigos de su novio se juntan a ver un partido. Con el paso de los años, se da cuenta de la cruel realidad: son 22 hombres maduros, padres de familia y deportistas consagrados, corriendo como bodoques lobotomizados atrás de una esfera de diseño horrible, tirándose al piso como maricones al más leve toque, escupiendo en el piso, rompiendo el pasto, con lo que cuesta hacerlo crecer! y demás. Qué clase de ejemplo están recibiendo sus maridos, sus hijos, sus sobrinos??? No entiende cuándo es penal, cuándo es offside y cuándo no tiene que preguntar si van empatando 0 a 0, porque es probable que reciba un botellazo de Quilmes en la frente. La Cocina Aún siendo ámbito exclusivo de la mujer, en esta sociedad machista en la que vivimos, la cocina fue ganando adeptos en el sector masculino, aunque siempre manteniendo extremas distancias. El hombre irrumpió por primera vez en la cocina cuando vio que era socialmente aceptado, con personajes como Karlos Arguiñano o Martiniano Molina copando la tele: "si este ex-jugador de handball, tan desarrollado y viril, puede hacer un cordero con salsa de cerveza, yo, que juego al truco con los muchachos hace más de 15 años, me pongo un restaurant!". No se dan maña para absolutamente nada: su reino se reduce a la comida frizada (obviamente preparada por su contrapartida femenina y almacenada en caso de emergencia), salchichas, milanesas, hamburguesas, pastas sin salsa y todo lo que se cocine en menos de siete minutos, que es el tiempo máximo atencional que puede dedicarle a un solo asunto. La sartén es un misterio, el aceite va sólo en el auto, los huevos son demasiado frágiles para este mundo difícil, el pan lactal va con todo, igual que la cerveza. Hasta que llega su redención absoluta: el asado. Ahí no hay pero que valga, es el único que puede prender un fuego como la gente, que sabe qué tipo de carbón es mejor, etc. Es un momento de introspección e intercambio de opiniones masculinas: cada uno tiene una manera distinta, está el que lo hace con bolas de papel de diario, el que compra carbón y cajones de manzana, el que compra pastillas, el que lo prende con nafta y el que, para avivarlo, le tira desodorante Colbert. La mujer, en cambio, está en su ambiente. Todavía atesora con adoración el libro de Petrona C. de Gandulfo, regalo de su abuela, y eternamente lo consulta, aunque sólo sea para preparar un flan. Hace comidas elaboradísimas, para dos personas que siempre se van a quedar con hambre, porque si llena mucho los platos no los puede decorar con gotas de salsa de puerro con centolla. Detesta que interrumpan su labor o que los hombres se pongan creativos en la cocina, porque nunca, NUNCA lavarán los 17 recipientes que usaron para cocinarse un pancho. Se mata con agua Ser, que es placer y cuidado, Activia, para regular su tránsito intestinal lento, y leche de soja, que es menos pesada que la leche entera. No disfruta un carajo de todo lo que ingiere, porque en el fondo sabe que lo único que necesita para ser feliz es un alfajor triple de maizena. Cuidado Personal He aquí un punto de comparación muy interesante, que de seguro tiene que ver con la configuración biológica de cada género. El hombre planta la semilla, la mujer la recibe. El hombre es un ser que "deja fluir". No retiene sus emociones ni sus emanaciones. Tanto es así que cada eructo que larga es un canto a la vida y a la libre digestión, y, así como ciertas especies influyen en el sexo opuesto mediante sonidos, el hombre piensa, equivocadamente, que cada eructo sonoro vuelapelos es un afrodisíaco inescapable y un llamado ineludible a la copulación segura. Peor es el caso de los gases, comúnmente denominado por este sexo como: hijo, pedo, sordo, bomba, metralleta, estallido, rompeportón, etc. Jamás los privará de su libertad: cuando están en puerta, deben ser independientes de su creador y volar hacia la atmósfera, no importa el ámbito. Un taxi, un ascensor, una cama compartida, una minúscula oficina: cualquier lugar es bueno para dejar hacer a la naturaleza. El leit motiv es simple: "Si tiene ruido y olor, mejor". La mujer, en cambio, es un ser biológica y genéticamente retentivo. Retiene líquidos, retiene gases, retiene heces, retiene eructos, retiene escupidas, gargajos, toses fuertes, estornudos, mocos indiscretos y cualquier cosa que se desprenda de su organismo. Si tiene ganas de liberar sus emociones naturales, cualesquiera sean, su única excusa es "voy al baño". Jamás aceptarán que ese gas esquivo fue suyo o que ese ruidito no fue sólo un hipo pasajero. Hay una teoría, que aún están testeando en el MIT, que dice que las mujeres retienen toda manifestación corporal hasta aproximadamente los sesenta años. Es ahí cuando largan TODO lo que guardaron, todo junto, todo estruendoso, como un maravilloso show auspiciado por Cohetes Júpiter. Comportamiento frente a la Tecnología En el amplio y vasto mundo del aparataje tecnológico, se genera un salto inconmensurable entre géneros. El hombre es, por definición, un aparato en sí. Por eso siente tanta afinidad con los mismos, y no es inusual encontrarlo husmeando cuanto dispositivo se cruce por su camino, aunque no sea más que una berretada del tipo "tarjeta con lupa y luz" o similar: mientras se pueda conectar a un puerto USB, es una maravilla digna de ser adquirida. Tiene programas para cualquier, cualquier cosa, desde calcular los días que faltan para el mundial hasta calcular qué días puede ponerla hasta que su mujer se indisponga. Como navegante asiduo (casi enfermo) de Internet, sus sitios favoritos son a. Porno, b. Olé, c. Hotmail (donde chequea su mail) o d. Gmail (donde chequea su mail de trampa). Tiene los accesos directos a TODOS los programas que bajó en su vida en el escritorio, ya son tantos que no se distingue a Pamela David de fondo entre tanto iconito. Guarda archivos con nombres indescifrables, como "14/04 ingresos", y tiene las fotos del último papi que organizaron en la oficina, o "psitreluc27.doc", donde encuentra detallados los teléfonos de los últimos tres gatos que contactó el fin de semana con el rubro 59 de Clarín.com. En cambio, la mujer es por definición un ser analógico. Se quedó en el floppy, y llama "disquette" a cualquier medio de almacenamiento magnético. Sí, sí, aunque claramente se trate de un cd. Para ella, meter un 3 ½ y ver aparecer datos es magia negra, el Excel es un programa creado por extraterrestres mucho más avanzados que nosotros y dejado caer en el área 51, y conectar los parlantes demanda un curso intensivo de siete semanas, previa puteada delante. Indefectiblemente se mandarán más de una cagada delante del monitor. Antes de ponerse a revisar cuál puede ser la causa, sentencian: "Rodolllfoooo, me tira error del sistema! Y yo te juro que no toqué nada", con el mejor tono de inocencia que pueden impostar. Cliquean en cada banner, pop-up o potencial virus que encuentren, porque aún no han establecido un patrón de prioridades que diferencie un "404 Page not found" de un "Está a punto de formatear el disco C. ¿Desea continuar?". Se enciende la señal de alarma cuando cancherean y chequean mail, o leen el diario en Internet. Claramente, están copando un territorio netamente masculino. Aún en medio de estas irreconciliables diferencias, los seres humanos encontramos la manera de relacionarnos y bancarnos mutuamente estos rayes. ¿Qué otras diferencias encuentra usted, amable lector? Mas Textos: La típica niña bonita Los recitales son todos iguales Las relaciones de tu vida

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Los recitales son todos iguales
HumorporAnónimo9/12/2010

Primero que nada, las entradas se empiezan a vender como cuatro meses antes del recital. Se hacen colas laaaargas de gente excitada y malhumorada a la vez. Después de cuatro días de estar parado, sin comer ni dormir, con los dedos agarrotados de tener la plata de tus cinco amigos en la mano, conseguís llegar a la boletería. Una chica con cara de orto te dice "Más de cuatro entradas por persona no se venden". Y vos, cansado, abatido, sin ganas ni de discutir (porque te está faltando azúcar en sangre y en cualquier momento te desmayás) pensás "Mah sí, tá bien, si total a Pablo le empezaron a gustar hace re poco, qué se viene a hacer el fan..." Pablo te odiará por el resto de sus días. Una vez que tenés tu entrada, tenés dos grandes grupos en los cuales incluirte, dependiendo de tu grado de suerte. Si tenés suerte y no tenés obligaciones, vas a irte a vivir a la entrada del estadio dos meses y medio antes de la fecha del recital. Vas a llevar la carpita de camping de Gesell, el horno eléctrico, un lavarropas, un baño químico, una tele 14 pulgadas, una computadora portátil con wi-fi, y un termo y un mate para convidar a los amigos que te vayan a visitar. Y un espejo, fundamental, para cuando venga el Bebe de Telenoche a preguntarte qué se siente ser el primero en la fila. Lo malo: cuando hay partido y por ahí salen los visitantes, con los ánimos caldeados y fierros retorcidos. Lo bueno: a la gente que pasa les das lástima y te tiran monedas. Si no tenés suerte, vas a laburar como un negro todo el día, con un ojo en el monitor y otro en el reloj de pared. Justo ese día, tu cliente más importante va a querer reunión de after office. Justo ese día, tu jefe decide nombrarte responsable de toda tu área. Justo ese día te agarra diarrea y es el aniversario de 50 años de tus viejos. Justo ese día, que te tenés que ir temprano para no perderte nada del recital. Ok, saliste a horario, andá a saber cómo, y llegaste al estadio. Ya veías algunas remeras con el logo de la banda, mucha gente caminando para el mismo lugar... pero nada de eso puede prepararte para la depresión profunda que te invade cuando ves las 10 cuadras de cola que hay para entrar. 10 cuadras. Eso es un kilómetro entero!. En la fila ves a muchos padres con sus hijos, los dos con la misma remera, y te enternece. En eso, el padre se da vuelta y clava cara de "eh, estoy con pibes chicos, déjenme pasar". Si la mayoría de los flacos que están ahí no le ceden el asiento ni a una abuela con Parkinson y Alzheimer en el bondi, menos lo van a dejar pasar antes a este paparulo con cría para que vea a la banda primero. Como tenés para un rato laaaargo de espera, te ponés a relojear a tus alrededores. Sí, ahí están! Los vendedores ambulantes. Infaltables en todo recital, dan vueltas como buitres por la fila y tratan de encajarte remeras, vinchas, gorras, banderas, banderitas, fotos, cds truchos, pulseritas, linternitas y un largo etcétera. Lo más divertido es que algunos ratas te venden el merchandaising del tour anterior, y más de un gil que no tiene idea de nada lo compra. Vos mirás y decís "quién puede comprar estas pelotudeces?" Probablemente mañana tres de tus compañeros de laburo aparezcan con una pulserita nueva... No sos ningún boludo, en vez de decirle a tus amigos para encontrarse en la estación de servicio que está enfrente, se van a llamar por celular y van a poner el famoso "punto de encuentro" dentro del estadio. Es obvio que jamás se encontrarán, muchachos, pero es una costumbre que no se pierde a través de los años, así que ya te hacés a la idea de que volvés en bondi y hasta las cuatro de la mañana no vas a estar en tu casa. Los organizadores, con chalecos naranjas de estacionadores de autos y músculos de más, se insertan el chip y gritan, con voces esteróidicas: "Chicos, a la fila", "Chicos, con la entrada en la mano", "Chicos por acá, chicas por allá", "Dejen las botellas, no se puede entrar con comida ni bebida al estadio" y similares. Los re cagás a puteadas, porque recién te habías comprado una coca de litro y medio, así que te la bajás en 17 segundos, eructás como un oso constipado y la dejás en los yuyos del costado. Bien! Llegaste a la entrada! Falta una prueba más: el cacheo y la revisación. Un flaco de manos toscas te manosea el ganso y el culo mientras otro te pide que abras la mochila. Como sos un pibe precavido, llevaste un desodorante en aerosol, porque sabés que vas a chivar como un cerdo. Já. "Flaco, el desodorante no". "Por qué?!" "Porque podés prender fuego el estadio". Ah, sí? Ahí nomás sacas el desodorante, te rocias como si fuera el último día de tu vida y lo tiras también. Empezás a pensar que el próximo recital vas en bolas y con la entrada en el culo, así no te hacen desprenderte de todas tus pertenencias. "El celular también lo tiro? Digo, capaz que planeo un ataque suicida con un barrilete..." El patovica no entiende tu ironía, te clava cara de orto y te empuja para adentro. Ok, entraste. El estadio está muy lleno, y toda la gente está sentada en el piso, fumando y charlando. Enfilás derecho para la valla,pisando varias manos y recibiendo puteadas de bienvenida. En el escenario ya está tocando la banda soporte, que puede ser o muy grosa o muy chota. Si es chota te das cuenta enseguida, porque tienen a siete pendejos barderos haciendo pogo adelante, que se saben la letra de esa banda desconocida y que descontrolan hasta con un bolero de Armando Manzanero. Empieza el show, empieza la magia, el glamour y los personajes infaltables emergen de las tinieblas, o del pasto, o vaya a saber uno de dónde. Aquí están, estos son: El cocacolero: un ícono de la historia recitalera. Generalmente es gordo y morochón, y se banca hasta un camión con acoplado, con tal de vender un vasito. Claro, si te lo cobran 80 pesos... con esa guita va a pagar la universidad privada de los hijos. El vendedor de panchos: probablemente el cuñado del cocacolero, la guita que gana se la gasta en putas y cabarulos. Tiene las manos más sucias que viste en tu vida, y con esas manos te agarra el pan, te lo abre, te mete la salchicha adentro y te desparrama la mostaza. Si zafás del cólera, sos un mago. El fan añejo: en el medio de toda la juventud, siempre hay un vejete que escucha a la banda desde que empezó; que los vino a ver hace diez, quince, veinte años; que durante el proceso se tuvo que exiliar y los pudo ver en España; que tiene un amigo que es el primo del hermano de la cuñada de la comadre de la que limpia la casa del productor de la banda, y con eso se siente calificado para opinar. Las hormonas galopantes: niñas en etapa adolescente que gritan ante cualquier circunstancia. Aúllan cuando entra el plomo a probar el micrófono, cuando prueban las luces, cuando se apagan, cuando entra la banda, cuando canta el cantante, cuando se calla, cuando se va, cuando vuelve, cuando respira, cuando escupe, cuando toma agua, cuando se cambia de ropa, cuando pide silencio y cuando termina. Probablemente griten en el bondi que las lleva a sus hogares, también. Los 1, 2, ultraviolentos: muchachos de torso desnudo y sudoroso, de pelos largos y mojados, o cortos y llenos de gotitas, se congregan para armar el mayor bardo posible. Como bailarinas, conocen todos los pogos posibles y arman coreografías increíbles en las que más de uno sale echando putas, lastimado o cagado a trompadas. Son gente sin honor, que para saltar más alto se apoyan en los hombros de seres más petisos, y que no vacilan en empujar (como si estuvieran en una prueba de SuperMatch) a los de adelante y hacerlos paté de valla, para estar más cerca del escenario. Los cool: es re fácil identificarlos. Son los que van con camisa, mocasines y cinturón de gamuza (si son hombres) o pollera tableada, zapatos de taco aguja y remera de lentejuelas (si son mujeres). Desubicadísimos, ponen cara de orto porque comparten el espacio con otros mortales, y sólo se consuelan cuando pueden sacar una superfotoguachiguau de la banda con su celular de 1700 pesos. Son los que llaman y mantienen el telefonito en alto para que sus amigotes que no pudieron ir escuchen la canción. ¿Es claro que la cuenta del celu la paga papá, no? La que se sube a los hombros: poca gente es tan detestada como la que se monta en las espaldas del mulo de turno (generalmente un novio o un amigo rugbier) y baila y revolea las manos y se sume en un éxtasis de placer musical , mientras los pobres boludos que están atrás no tienen más cogote para tratar de ver algo del show. Así, la idiota que está arriba se liga tocada de orto, palpada de papos, ecografía transvaginal y un hijo varón, para que se baje. Como no lo hace, porque se ve que es bien puta y bastante insensible en sus partes bajas, recibe un hermoso rocío: escupitajos de todos los colores, texturas y tamaños aterrizan en su mochila, en su pelo, brazos y espalda. Si no se baja con eso, se recomienda tomarla del morral que tenga colgando y tirarla para atrás, hacia las hordas. Si cae en el piso y se lastima, mejor. El maniático sexual: generalmente es un veinteañero o treintiañero poco agraciado, con manos ágiles y bulto presto. No sabe dónde está, no sabe quién lo trajo, no sabe ni siquiera quién está tocando. Sólo surge en los recitales para gallinear, apoyar, montar o embarazar a cualquier cosa que se le mueva adelante. Y ustedes que opinan?, que cosas faltan? Mas Textos: Cuestión de sexos Las relaciones de tu vida Porcentajes de la vida

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Me cago en la oficina
HumorporAnónimo9/11/2010

En la mayoría de los trabajos que se desarrollan en una empresa, se repiten los personajes que hacen de nuestro día laboral un infierno ardiente de vacuedad y miseria, que hacen que miremos el reloj con ojos desesperados y que consideremos seriamente tirarle dos gotas de cianuro al café lavado de la máquina, que, según dicen, alberga cucarachas. Aquí están, estos son: El Presidente de la empresa Es un ente que vigila todo, que todo lo sabe, pero desde su Edén, que queda dentro de Ayres del Pilar Country Club. Es decir, nunca lo viste en persona, nunca hablaste ni una palabra con él, de pedo sabés cómo se llama. Es el dueño de todo el edificio, de cada ganchito, cada hoja y cada birome que querés amarrocar para que tu hijo lleve al colegio. Después de mucho tiempo trabajando en ese lugar, comenzás a creer que es Dios y le rezás a la foto que hay en el hall, le prendés velas y escribís un rezo personal para que te aumente el sueldo y llegues a fin de mes. Refuerza tu fe el hecho de saber que cada secretaria pulposa que pasó por su despacho (siempre vacío, por supuesto) ahora vive una cómoda existencia en un piso de Ugarteche y Las Heras. Según palabras de las afortunadas, "es como si me hubiera tocado una varita mágica" (de carne, claro). El gerente de tu área Generalmente es un cincuentón de nariz bulbosa y sienes encanecidas que se va de vacaciones y vuelve negro caribe, con tres laptops, dos cámaras digitales y cinco reproductores de mp3 (ipod) . Se viste de riguroso traje, combinando corbatas que deben costar cinco sueldos tuyos. Se hace el amigo de todo el mundo, porque hizo un curso de motivación laboral y cree que eso aumentará la productividad. Lo que no sabe es que cada vez que te da una palmada en la espalda te abolla el pulmón, con el peso del anillo de platino que tiene en su gordo anular. En su oficina (la única que da al río, la única con vista al exterior) seguramente tenga una minicanchita de golf, en la que todos los días practica y probablemente le enseñe a su secretaria a tirar, apoyándosela sin miramientos. Hablando de secretaria... La secretaria del gerente de tu área Rubia de mentira, pelo eternamente planchado y trajecitos sastre color camel, beige o blanco en verano; rojo, chocolate o negro en invierno; siempre luce generoso escote y cortas faldas, aunque afuera hagan 20 grados bajo cero. No sabe sumar, no sabe leer la hora en un reloj con agujas y de pedo aprendió a escribir, pero viejo, cómo la chupa! La única diferencia con una muñeca inflable es que la muñeca no habla tantas pelotudeces y tiene menos plástico en el cuerpo. El subgerente de tu área Es un maldito esbirro que copia todo lo que hace su ídolo máximo, el gerente. Es decir, se viste con los mismos trajes y corbatas (pero lo que su jefe compra en Armani, él lo compra en C&A); toma el café de la misma manera, hasta habla como él y te palmea la espalda cuando mean juntos en el baño, cosa de no quedar atrás en el coaching. Es el mismo tipo que agarra la carpeta donde está la planilla en la que laburaste cuatro meses sin parar, hasta las doce de la noche, y la presenta a las altas esferas como si fuera trabajo suyo, recibiendo jugosos premios a fin de año. Es el mismo tipo que se autoinvita a los afteroffice y bananea a más no poder, pidiendo tragos cool y mintiendo que "tengo 20 personas a cargo", cuando en realidad no puede ni mantener vivo a un potus. Si tu gerente es una escoria, esto es la copia berreta. No podría ser peor. Bajando un par de escalones en la escala jerárquica, encontramos a una extensa gama de colegas, coworkers... tus compañeros de trabajo: El copado Siempre está de buen humor, te saluda con un abrazo y te ayuda en lo que pueda. Su optimismo enfermo y su sonrisa Colgate no podrían ponerte de peor ánimo, porque, en contraste, vos sos un muñeco de cera con ojeras y la cara verde de tanto mate amargo. El pibe es hijo de un juez de la Corte Suprema, el padre le compró la casa y le banca las vacaciones, y para él, el trabajo es un juego. Como todos saben su posición, lo dejan hacer. Así, todos los mocos que se manda porque se distrae en la página de los3cabiados.com en Internet, los tenés que arreglar vos. Es claro que no vas a recibir un puto mango de premio, no? El boludo Nació lelo y morirá lelo. Nadie sabe bien por qué lo contrataron, porque de lástima acá no se da nada. El flaco no pega una, se equivoca en cada cosa que le encomiendan y siempre terminan sentándolo al lado tuyo, para que "trabajen en equipo, que es la clave del éxito". Manzana, el pibe se la pasa sacándose cera de las orejas con la gomita del lápiz y haciendo cadenas laaaargas de clips, mientras vos tratás de que los ojos no se te caigan de las órbitas por pasar 72 horas seguidas adelante del Excel. No, tampoco vas a recibir premio por esto, porque la guita que te correspondería la guardan por si algún día el flaco se ahoga tomando un café o deja de respirar porque se olvidó, y se comen un juicio de la puta madre. El garca Tiene una voz nasal y molesta, y un chamuyo increíble. Probablemente haya algún antecedente de reptilismo en su familia, porque de otra manera no se puede entender que tenga la lengua bífida y los ojos acostumbrados a mirar sospechosamente a los costados. Suele tener mal aliento. Es el tipo que te pide plata para pagar el almuerzo, y nunca te la devuelve. El que te pide prestada tu resma de hojas a4 y se la lleva a la casa para imprimir los trabajos prácticos de la nena. El que te hace entrar en un negociado raro para poder desviar un centavo por año de las arcas de la empresa, alegando que "en pocos años vamos a ser ricos!" y vos le creés, porque sos medio pelotudo, digamos la verdad. Al menor atisbo de que se va todo a la mierda, será el primero que te apuntará, echándote la culpa de todo y murmurando por lo bajo "Nunca confié en ese tipo, no tiene puesta la camiseta de la empresa". Probablemente termine asesinado por uno de tus compañeros, harto de que lo forree. El golondrina Necesita la guita para comprarse la moto, y no le importa nada más. Lo toman a prueba por tres meses, en los cuales hace lo mínimo indispensable para justificar su sueldo, y después se va, dejándote un quilombo de papeles y facturas impagas que te va a demandar tres semanas de horas extras. Mientras está en la empresa, pasa las horas tomando café, jugando al solitario y chateando por Messenger, con una planilla en la barra de tareas, por las dudas venga el jefe y lo vea pelotudeando. El último día robará cuanta birome, block y adornito haya en su escritorio y escritorios aledaños, alegando que "lo mínimo que me merezco, después de que estos hijos de puta no me ponen en blanco". El que baja porno de Internet Es regordete, grasiento y se viste con pantalones sueltos que le marcan el bulto, siempre parado. Si querés bajar mail, no vas a poder. Si querés chequear alguna información, tampoco vas a poder. El pibe se está bajando la Internet íntegra, en pocos meses no va a dejar nada. Es un bajador compulsivo, y siempre soño con un programa que le diga .. BUSCAR EN INTERNET: y que el ponga ¨ *.* ¨, y que le chupe toda la internet . En su computadora hay dos planillas de Excel, un documento de Word y 60 gigas de videos de cualquier tipo: desde hetero, hasta lesbianismo, hasta sexo con dálmatas y con enanos vestidos de hipopótamos que se pegan con alambres de púa, el flaco tiene una videoteca digna de Hugo Heffner. Se patina el sueldo en suscripciones a los sitios XXX, y siempre está pidiendo adelanto. Nunca le niegan nada porque encima el muy pirata le graba DVDs al subgerente, y se los cobra al precio de costo. Por un lado lo odiás, y por el otro lo envidiás: te tendrías que haber dado cuenta antes del negoción que te estabas perdiendo. De todas maneras, los viernes te deja ver un videíto, para que termines bien la semana. El gato barato Es una mina que de pendeja debía haber sido bastante linda, pero que ahora es una Cris Morena recauchutada. Raíces negras, pelo oxigenado, uñas largas como garras, boca rojo furioso (con un poco de labial en los dientes, por qué no) y eterna obsesión por el animal print y las plataformas. Cuando se sienta se le nota la tanga, cuando se levanta se le ve el borde del corpiño, cuando se ríe se le escapa un maullido; tiene un cuerpo medio baqueteado pero muy generoso en sus partes nobles, lo cual hace que cualquier persona que labura en tu box se la quiera cojer (y qué querés, si los flacos no la ponen desde hace un año, cuando volvían antes de las tres de la mañana a su casa). Te saluda con un beso en la comisura de los labios, usa perfumes truchos que marean de lo fuertes y no pone reparos en comentar sus aventuras sexuales del miércoles pasado, cuando se montó al de Marketing del segundo piso y lo dejó de cama. Es más ordinaria que waska en la oreja, pero es la única mina pasable, después de la inabordable secretaria del gerente. Finalmente, encontramos a esos trabajadores esporádicos, que saben iluminar nuestras semanas con sus ansiadas visitas. Ellos son: La señora que limpia De probable nacionalidad paraguaya, boliviana o similar, con visibles antepasados indígenas, la señora que limpia es cabulera y muy religiosa. Lleva su uniforme rosa con dignidad, rematándolo con medias grises y alpargatas negras, tapando sus altamente desarrollados gemelos y sus várices gruesas como soga de barco. Es buena onda, pero no hay un puto día que no te desacomode el escritorio, te ponga las carpetas en el último cajón, donde jamás las encontrarás, y te limpie el monitor con ese líquido que te lo deja todo borroso, haciéndote volver chino para entender un número. Tiene 18 hijos y 26 nietos, vive en la loma del orto y más de una vez se quedó con el vuelto del almuerzo que dejaste al lado del mouse. Nunca le dijiste nada, claro, si con la fuerza que tiene de levantar baldes llenos de agua te surte una trompada que te deja mormoso. El técnico de las computadoras Le falta la capa roja y un logo con una T grande en el pecho. Viene con su maletín, con aire de suficiencia, y te corre a un lado sin pedirte permiso, mientras larga un bufido que significa "doce años entre colegio industrial y UTN para terminar activándole un antivirus a este repelotudo". Para vos, que lo ves de afuera, el tipo es mago. Salen chispitas blancas de sus dedos mientras teclea dos comandos en el MSDOS y hace que tu computadora deje de mostrar una pantalla gris. Lo malo es que, no importa lo que haya atacado a la máquina, jamás podrá recuperar los datos que necesitás para la presentación que tenés dentro de 15 minutos. Lo escuchás hablar y parece de otro planeta, tirándote siglas inentendibles y preguntas ultratécnicas a las que vos contestás con un "mmh, claro, por supuesto, creo que estaba en la carpeta de... no te quiero mentir, pero me parece haberlo visto... no, te juro que de los Settings no toqué nada...prendí la máquina y me apareció eso.". La pregunta más temida: "Negro, ¿cómo no backupeaste? Ahora no se puede hacer nada...". Es así?, como lo ven ustedes?, tienen compañeros de los cuales nos olvidamos de mencionar? Espero sus comentarios. Mas Textos: Muerte al Fotolog La fauna gimnástica El Azar

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Arma mortal?, El escote
Arma mortal?, El escote
HumorporAnónimo9/12/2010

Envíos De Dinero a México Envía dinero por Internet a México de manera rápida por tan solo $4.99 www.xoom.com Dedicado a vos, que andas "escoteando" por ahí. Ya que estamos hablando de mujeres, podríamos destacar su arma más importante en cualquier ocasión. Su escote. Para las personas extranjeras, que quizás no entiendan los que es un ¨ESCOTE¨, voy a tener que poner una imagen ilustrativa (mentira, pongo una imágen provocativa para levantar visitas) Se juntan las tetas en las fotos, provocan a quienes sean, les encanta ganar, solo con eso. Es como la espada de heman, o como la garra de Pantro. Es un poder que nadie tiene, solo las mujeres (y un buen trava operado) El desafío de su vida es seducir con el escote. Vayan a donde vayan van escotadas, les encanta darle vuelta la cabeza a los pajeritos. Uno piensa... ¨pobre chica, desde aca arriba del bondi mientras ella viaja tranquilita sentada le veo todo el escote. Y hasta te da lástima. Pero no.. la hijadeputa lo hace a propósito!, o vos que te pensas?, que no contempló el hecho de que se le puedan ver las tetas?. Que no tiene en cuenta que el viento proveniente de la ventanilla le está pegando en el pecho y rebota contra su remerita escotada logrando un hueco que visto desde arriba alcanza para que cualquiera vea sus senos?. Eso quiere ella, dejarte al palo. Y vos, que sos terriblemente pajero, te pones duro y pensas que es una niña inocente. Lo mismo lo de las remeras mojadas, son esas típicas pendejas putas histéricas que aman seducir mostrando una parte de sus gomas, o darlas a notar. En lo personal creo que cada cosa tiene que ir a su lugar, si tenes mucha teta, o lindas tetas, se las tenes que mostrar a la persona que tenes al lado, y no andar calentando pingos por ahí, porque de seguro se te van a tirar los pajeros... Y DESPUÉS NO DIGAS QUE TE MOLESTA QUE TE GRITEN GUASADAS CUANDO VAS CAMINANDO PARA LA FACU. Es claro, si no te molesta que te griten por la calle y querés que se fijen por lo que realmente hay en tu ser (frase de cabecera de las mujeres), no salgas escotada, porque es obvio que los negros camioneros te van a asesinar y los viejos se van a dar vuelta a mirarte. Perra. ¨No me mires las tetas cuando te hablo¨ (frase de tu amiga cuando te está comentando de que fué a la peluqueria y el peluquero le dijo "hace mucho que no me visitas!". Respuesta acorde: Entonces para que te escotás de esa manera pelotuda! Se escotean para ir a comprar el pan. Se juntan las tetas cuando alguien saca una foto Se sacan autofotos apretandose las tetas Se sacan fotos vistas de arriba. Todas sus fotos del fotolog son pro-tetas Basta. Mas Textos: Diferentes tipos de pajas La medida del pene IMPORTA. Si la debutás..., ganás?

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La vida antes, la vida ahora
HumorporAnónimo9/12/2010

¿Te acordás cuando no había iPods? ¿Rememorás tus años mozos con nostalgia, o te alegrás de que hayan pasado para poder vivir este boom tecnológico? Vení, leete este post y comparemos juntos cómo vivíamos antes y cómo lo hacemos ahora. Telefonía Hogareña Antes: tardaban más de 20 años en ponerte la línea, muchos de nuestros abuelos tuvieron que hacer el trámite más largo de la historia. Había un teléfono por cuadra, si había emergencia tenías que rezar que el dueño de casa estuviera, precisamente, en su casa. Los teléfonos eran pesadísimos, se escuchaban para el ojetón, eran negros y de disco, con pulsos y no tonos. Para marcar un número con muchos ceros, podías perder casi 15 minutos esperando que el puto disco diera toda la vuelta. Y si te equivocabas marcando te querías ahorcar las pelotas con el cable enredado. Ahora: cada casa tiene como mínimo 3 teléfonos, digitales, interconectados por una central telefónica con una musiquita de espera pedorrísima. Siempre que hablás cosas sucias tu mamá va a levantar el tubo e interrumpir tu relato del polvo del sábado, siempre que estés contando un secreto vas a escuchar la respiración de tu hermanito tratando de enganchar lo que no pudo leer en tu diario íntimo. Los más pro tienen telefonía IP, con lo cual se puede ver tu cara mientras charloteás. La cagada es que para llamar a tu novio te tenés que producir como si fueras a salir en la tapa de Caras, peinarte y tratar de que tu amante no salga por la cámara. Hay alto riesgo de potenciales situaciones inchamuyables, como que te corten el coito, que te llamen en plena depresión dominguera/jogginera, etc. Telefonía Móvil Antes: no existía. Bah, te podías llevar el teléfono encima, pero no lo conectabas a ningún lado... Después entró en escena el celular ladrillo, con su maletín especial y señal de mierda que era más para hacer facha que para comunicarse. Se han detectado casos de escoliosis y cervicales rotas por tratar de sostener semejante armatoste sin las manos, sino con el cuello y hombros. El que lo tuvo se creyó super banana por mucho tiempo, hasta que aparecieron modelos de tamaños más coherentes. Si estabas en la calle y tenías que llamar a alguien, tenías que recurrir al teléfono público (si encontrabas alguno). Siempre estaban derruidos, escupidos, con las teclas rotas, en cabinas llenas de mugre, con pedazos de chicle pegados en los números, y siempre te cagaban guita. Ni hablar que a veces había que hacer cola para conseguir llamar a tu casa y avisar que no volvías, porque las monedas que ibas a usar para el colectivo acababan de ser deglutidas por la infame maquinaria telefónica. Ahora: hay celulares para todas las edades, para todos los gustos. Los hay desde 60 pesos hasta 3000, con pantalla de milquichicientos millones de colores (aunque uno sólo distinga cuatro o cinco), con ringtones personalizados, con mensajes de texto y de voz, con Bluetooth y conectividad a lo que se te cante. Vienen con tapitas, con teclado alfanumérico, con texto predictivo y agenda, con cámara de fotos y de video, con reproductor de música y hasta de radio. Te podés conectar a Internet y mandar mails, leer el diario... La cagada es que seguimos con muy pocas cosas para decirnos, por lo cual toda esa tecnología está más al pedo que teta de monja. O qué, me vas a decir que jamás hacés la del mensaje de texto que dice simplemente "Hola, cómo andas", o una llamada para decir "Nada, te llamaba porque hace mucho que no hablamos" (¿?) Adminículos Hogareños Varios Antes: había cacerolas y cacerolitas y ollas y ollitas y jarros y jarritos y toda la batería de utensilios Essen para que las madres, amas de casa, pudieran hacer las delicias más sabrosas para toda la familia. Se deslomaban tamizando harina, batiendo huevos a mano para ese rico bizcochuelo, quemándose con el aceite de esa milanesa, lavando las frescas frutas y verduras cultivadas en una huerta cercana, o en el patio de la casa. Cada almuerzo o cena dejaba una pila de elementos para fregar. Ni hablar de la ropa, había que desgarrarse los dedos lavándola a mano, restregándola contra la tabla de lavar, con jabón blanco Federal y mucha energía. Se tendía, se secaba, se planchaba y almidonaba para que quedara simplemente perfecta. Ahora: hay microondas, freezer, minipymer, lavavajilla y lavasecarropas. Nadie recuerda cómo calentaba un café con leche antes de usar el microondas, nadie hace las compras del día porque ahora se puede frizar absolutamente todo, nadie levanta los platos apenas se termina de comer porque con ponerlos en el lavavajilla ya estás hecho, nadie toca ni por asomo el jabón, sólo para echarlo en el compartimiento que corresponde, junto con el enjuague. Lo malo es que nos ahorramos tanto tiempo no cumpliendo con esos quehaceres que después no sabemos cómo emplearlo. Creo que por eso las que antes eran amas de casa siempre presentes ahora son madres ausentes con pilas de trabajo, que todavía no reconocen a sus hijos cuando los van a buscar al jardín (es una broma, chicas, no se me pongan en feministas que no vale la pena). Televisión Antes: había un televisor cada tres manzanas de barrio, y en esa casa se juntaban todos a disfrutar de los incipientes programas de la televisión nacional. Era todo en blanco y negro, se veía llovido y se clavaban las antenas a la papa para una mejor recepción. Luego llegó la televisión a color y la videocassetera. Era increíble ir al videoclub y pedir esa película y poder verla cuantas veces quisieras. Era mágico que en ese pedacito de plástico con cintas adentro cupiera toda la ilusión del cine. Y no tenías sólo un canal, tenías cinco excelentes canales de aire para disfrutar de toda su programación exclusiva. Los equipos eran chiquitos, pesados, feos y las pantallas tenían tanta definición como un centro de Riquelme a Crespo en el Mundial. No había control remoto, cada vez que querías cambiar de canal o subir el volumen algún pobre diablo sufría. Generalmente era el más pequeño de la familia. Ahora: tenés pantallas planas, plasma, HDTV, LCD, televisores portátiles, televisores con "Ambilight" que reproducen la luz que está en pantalla y te pintan las paredes. Tenés home theater, con un montón de parlantes para que sientas que estás en un cine (y si vas a un cine, mejor?). Se han acoplado tantos adminículos al televisor que tenés como mínimo 5 controles remotos, uno para cada aparato (ninguno funcionará para cambiarle de canal a tu aburrida existencia, creéme, ya lo intenté). Experimentamos el advenimiento del cable, maravilloso invento. Televisión paga que no debería tener cortes comerciales, pero cuyos programas duran media hora, 9 minutos de los cuales son contenido y los restantes 21 son infomerciales de Reduce Fat Fast y la nueva temporada de 24. Miles de canales que a la hora de hacer zapping se reducen a los canales de aire, otra vez. Y el DVD! Nos volvemos locos con eso! Películas en un disquito, que podés grabar y armar tu dvdteca, que podés ver toda la película con un flaco hablando por encima, diciendo que es el director y contándote cómo hizo para filmar al elefante en pleno baño en un río africano, que podés ponerle el idioma y los subtítulos que quieras, que casi siempre están rayados en los 5 minutos finales. Así es como finalmente la mayoría de la población tiene problemas de vista, sobrepeso e hipertensión. Nos hemos atornillado al sillón, gente! Música Antes: estaba el Winco, los vinilos perfectamente cuidados, manejados con cariño por el dueño de casa. Las colecciones musicales llegaban a ocupar el espacio de un mueble entero, y se mostraban con gran orgullo. Más tarde, llegó el cassette, una revolución total. Eran baratísimos y chotos, pero muy cómodos. Para hacer compilados pegábamos cinta scotch a la muesquita de abajo y grabábamos los temas de la radio, siempre pisados por la pelotuda de la locutora. Ni hablar cuando salió el walkman. Eran enormes, pesados y fluorescentes, comían pila a lo loco y se escuchaban bastante mal, pero podíamos transportar la música a casi todos lados. Ahora: ¿qué es un disco? Ahora lo único que conocemos son los cds, que compramos originales sólo si respetamos mucho a la banda o si tenemos que hacer un regalo de cumpleaños, o que copiamos bajándolo de Internet (para uso personal, por supuesto. No a la piratería, muchachos!) e insertamos en nuestro reproductor de mp3. Al abrirse tanto el mercado, nos hacemos los místicos y escuchamos a los Rolling, Gardel, Joss Stone y Britney Spears, mezclados con carpetas de David Bowie, música neocelandesa tribal y polcas polacas del siglo pasado. El arte de los discos lo vemos sólo cuando lo buscamos en cdcovers.cc, a veces de pedo compramos cajitas, y somos felices mostrando orgullosos nuestras colecciones musicales, directamente desde la pantalla de la compu. Todo este avance tecnológico no quita que sigan existiendo las Bandana, los Mambrú o los íncubos de Operación Triunfo, pero bueh, ya evolucionaremos. En la próxima entrega, nos meteremos en la anticoncepción y la maternidad responsable, la máquina expendedora de boletos y el advenimiento de la computadora con Internet, entre otras cosas. Stay tuned! Mas Textos: El viaje de egresados La típica niña bonita Cuestión de sexos

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