cabramacabra
Usuario (España)
En la escritura siempre llega el momento en que se necesita acortar, reducir, hacer breves las palabras y expresiones para decir mucho con poco; sin embargo, una mala abreviación (incorrecta, excesiva...) hace el texto ininteligible, ilegible, incomprensible, confuso, incorrecto, indescibrable, insufrible... Por ello, abreviar correctamente y cuidar cualquier detalle, por pequeño que sea, es tan importante; además, debe haber un control en cuanto a su número y forma, por lo que se hacen totalmente necesarias e imprescindibles unas normas, reglas y convenciones claras, exactas, absolutas y adecuadas. Empezando ya con las explicaciones más serias y técnicas, hay que decir algo que se aplica a todos los métodos de abreviación: el número de elementos abreviados debe ser lo más bajo posible, empleando solo aquellos que sean realmente necesarios y escribiendo al menos una vez la expresión entera. En el caso de las abreviaturas, una buena manera de asegurarse de ello es escribiendo la primera vez la expresión sin abreviar en un mismo texto; en el caso de las siglas, especificar el elemento completo la primera vez que se usa cada una; en el de los acrónimos, si todavía mantienen su forma —es decir, no han sido convertidos en vocablos ordinarios—, también es recomendable en muchos casos escribir todos los elementos; en el particular caso de los símbolos —ya que no son abreviaciones—, lo aconsejable es reservarlos para ámbitos científicos, como las matemáticas y demás cálculos teóricos o abstractos, o técnicos, como las indicaciones de circulación y las medidas de gran variedad de aparatos, aunque ha de admitirse emplear los más conocidos (como m, km, kg, €, º, %...) en expresiones frecuentes también en otros contextos. A partir de estas sencillas premisas, hay que conocer bien cada método para emplear las abreviaciones correctamente y evitar, así, fallos, faltas o errores ortográficos y, por consiguiente, confusiones que ponen en riesgo el correcto, adecuado y rápido entendimiento de los mensajes que desean transmitirse. Abreviatura Es la representación gráfica reducida de una palabra o grupo de palabras, obtenida por eliminación de algunas de las letras o sílabas de su escritura completa y que en prácticamente todos los casos debe cerrarse con un punto, incluso aunque termine con letras voladas, las cuales deben, además, concordar —siempre que sea posible— en género: cuarta, 4.ª, no *4.º. El punto se escribe después del último elemento, excepto cuando se trata de números ordinales, donde se escribe antes de la letra volada, nunca después (*1º.). Sin embargo, ese punto abreviativo de los números con letras voladas es ya bastante raro de ver; no hemos de obviar que es importante escribirlo, ya que las abreviaturas deben cerrarse absolutamente siempre, ya sea mediante el punto o, en algunos casos, la barra; no deben quedar nunca «abiertas» y sin indicios claros e inequívocos de que son abreviaturas. Ese punto abreviativo —junto con otras características particulares que se explican más abajo— denota de manera patente que se trata de abreviaturas; e incluso en algunos casos diferencia una abreviatura de otra expresión, como el símbolo de los grados: 6.º, sexto; 6º, seis grados. El término abreviatura no debe confundirse jamás con abreviación; este último se refiere al acortamiento de una o varias palabras mediante cualquiera de los métodos de abreviación, mientras que abreviatura se refiere únicamente a uno de ellos. Existen dos procedimientos para formar abreviaturas: por truncamiento y por contracción, que determinan la forma de las abreviaturas. Si la abreviatura se obtuvo por truncamiento, se añade -s. Se exceptúa el plural de las abreviaturas cent. (centavo, centésimo) y cént. (céntimo), que es cts., y no *cents. ni *cénts. En abreviaturas formadas por una sola letra, el plural se expresa duplicando esta: pp. ss. por páginas siguientes. Cada elemento abreviado que represente elementos completos debe llevar punto, incluido el último, lo que sirve de cerramiento si se encuentra al final de la frase u oración (así pues, quedaría un único punto al final, nunca dos). Además, si la abreviatura se compone de varios elementos, deberán escribirse con los espacios intermedios que tenga la expresión original sin abreviar (cuenta corriente > cta. cte.), pues una característica general de las abreviaturas es que ocultan parte de los elementos de una expresión (lo que se representa mediante el punto abreviativo en la mayoría de casos, y en algunos con la barra), mientras que las siglas representan una expresión haciendo uso de algunos de sus elementos (que, al ser una abreviación más extrema que la abreviatura, actualmente puede prescindir de los espacios intermedios y los puntos sin ningún problema). Otro rasgo muy importante y que ayuda mucho a distinguir las abreviaturas de las demás formas de abreviación es que la lectura de una abreviatura debe restablecer todas las letras eliminadas en su escritura; es decir, debe leerse la palabra completa que la abreviatura representa, a diferencia de las siglas. Sin embargo, a veces los hablantes deletrean algunas abreviaturas, especialmente aquellas que se forman con la inicial de los elementos más importantes: a. m. (ante meridiem), AM [a-éme]; a. C. (antes de Cristo), AC [a-sé, a-zé]. Como no hay ninguna norma que lo impida, mediante este proceso se crean nuevas siglas. Si bien es recomendable pronunciar la abreviación de una manera u otra según de qué tipo se trate y mantener esa forma, no hay razones que obliguen a prohibir la creación algunas abreviaturas en siglas siempre que pueda hacerse adecuadamente, en coherencia y respetando las normas y convenciones lingüísticas vigentes; por ejemplo, no sería correcto convertir la abreviatura a. C. en el confuso híbrido *aC, ya que en forma de sigla debería tomar la forma AC (todo en mayúsculas, como es propio de las siglas). Como puede observarse, el proceso de convertir abreviaturas en siglas no debe ni puede ni debe llevarse a cabo, en todos los casos, pues muchos no cumplen los requisitos que permiten hacerlo adecuadamente: etc. [etsétera, etzétera], *ETC [e-te-sé, e-te-cé]. Debe evitarse el uso superfluo de abreviaturas; es decir, si no es realmente útil abreviar un elemento, es preferible dejarlo desarrollado para facilitar la comprensión de su significado, puesto que no todos los lectores tiene por qué saber exactamente qué significan todas las abreviaturas. Como es evidente, en prácticamente todos los casos se hace un uso innecesario de ellas, pero puede admitirse emplear abreviaturas muy comunes como etc. y que la mayoría de lectores conocen su significado sin una justificación de eficacia. Sin embargo, siempre es recomendable especificar, al menos una vez, qué significa cada abreviatura la primera vez que se emplea en un texto, especialmente de aquellas de uso no muy frecuente o que se repitan en el mismo contexto. Sigla Se llama sigla tanto a la palabra formada por las iniciales de los términos que integran una denominación compleja, como a cada una de esas letras iniciales. Las siglas no son abreviaturas, sino un método de abreviación, y se utilizan para referirse de forma abreviada a organismos, instituciones, empresas, objetos, sistemas, asociaciones... Se leen deletreando todos los elementos, aunque hay siglas que se leen tal como se escriben y que reciben también el nombre de acrónimos y, en casos excepcionales, algunas que se desarrollan (ver más adelante). Aunque en la lengua oral tienden a tomar marca de plural, actualmente son invariables en la escritura; por ello, cuando se quiere aludir a varios referentes es recomendable introducir la sigla con determinantes que indiquen pluralidad. Esto se explica por el hecho de que están compuestas por iniciales y la -s final que indica pluralidad en los elementos no se representa en el conjunto abreviado: las siglas de discos versátiles digitales son las mismas que las de disco versátil digital, DVD (Tengo muchos DVD, Tengo muchos discos versátiles digitales). Sin embargo, muchos hablantes sienten la necesidad de indicar gráficamente la pluralidad de las siglas mediante s final, tanto con apóstrofo como sin él, o incluso guion y s, pero estas formas no se consideran, en general, adecuadas; además, en los casos que exista ambigüedad puede solventarse cambiando alguno de los elementos de la frase o incluso desarrollando la propia sigla o empleando algún sinónimo de la misma. El método de pluralización por duplicación de iniciales se considera hoy exclusivo de las abreviaturas en pos de una mayor coherencia y simplicidad, por lo que es conveniente no emplearlo con las siglas. Abreviaciones consideradas actualmente abreviaturas como EE. UU. (‘Estados Unidos’), JJ. OO. (‘Juegos Olímpicos’) o RR. HH. (‘Recursos Humanos’) eran consideradas antaño siglas, lo que todavía hoy crea confusiones y varidedad de opiniones, y por consiguiente hay falta de consenso absoluto. Todo ello, sumado a un deseo de simplificación extrema, da como resultado que puedan verse tres tipos de grafías: EE. UU., EEUU, EE UU; JJ. OO., JJOO, JJ OO; RR. HH. RRHH, RR HH. Este desacuerdo tiene su origen en el proceso de evolución de las siglas, que dio lugar a la conveniente creación de un concepto diferente: las abreviaturas. Actualmente, las abreviaciones conformadas por inciales mayúsculas, especialmente si están pluralizadas, se consideran por una parte de los lingüistas y también académicamente como abreviaturas, mientras que otra parte sostiene que siguen siendo siglas. Independientemente de cómo se consideren, originalmente se escribían con puntos abreviativos y espacio intermedio, EE. UU., pero si siguen considerándose siglas habría que adaptarlas a su ortografía moderna, por lo que se escribirían EEUU o, excepcionalmente para evitar confusiones, EE UU. Todavía no se ha establecido por consenso cuál podría ser la forma adecuada, puesto que, siguiendo las características actuales de las siglas, deberían escribirse con todos los elementos juntos, pero ello indudablemente podría causar confusión por la imprecisión que supone el hecho de no especificar inequívocamente si son siglas con dos elementos abreviados o con cuatro de ellos. Es por eso que suelen preferirse formas con espacio como EE UU, ya que así se soluciona ese problema concreto; aunque lo cierto es que tales grafías tampoco tienen coherencia, por lo que habrían de considerarse, como mínimo, excepcionales. Como puede observarse, tratar este tipo de abreviaciones como siglas conlleva más desventajas que beneficios, al contrario que ocurre si se tratan como abreviaturas. Esto se explica por el hecho de que se leen desarrollando los elementos y se escriben con puntos abreviativos y espacio intermedio lo que las distingue inequívocamente del resto de métodos de abreviación y facilita mucho su comprensión. Por lo que en forma de abreviatura, en definitiva, proporcionan muchas ventajas y ningún inconveniente en relación con los conceptos modernos de la abreviación. Los métodos de abreviación comenzaron, como todo, primitivamente, y han ido evolucionando con el paso del tiempo; y la evolución no es posible sin realizar cambios. Es por eso que otorgar la exclusividad de ciertos métodos a un tipo de abreviación (como la pluralización gráfica mediante la duplicación de iniciales para las abreviaturas), a pesar de no ser exactamente lo que se hacía antaño, es necesario para simplificar el sistema y hacerlo más claro, lo que evita muchas confusiones. Por consiguiente, es preferible considerar este tipo de formas como abreviaturas y escribirlas siguiendo sus normas generales actuales: EE. UU., JJ. OO., RR. HH. Además, para el caso concreto de Estados Unidos existe la alternativa en forma de auténtica sigla EUA (‘Estados Unidos de América’); pero esta forma se usa poco, pues habitualmente esta expresión se pronuncia sin abreviar y no deletreando como es más propio de las siglas, lo que también demuestra que es más coherente emplear la abreviatura en casos similares. En lo único que sí hay consenso en referencia a este tipo de formas debido a su innegable evidencia es que las formas con sobrepuntuación como *E.E.U.U. son total y absolutamente incongruentes y, por consiguiente, incorrectas. Las siglas se escriben actualmente sin puntos ni blancos de separación. Si por alguna razón se emplean los puntos abreviativos, todos los elementos deben llevar el suyo, incluido el último; aunque esto sea muy evidente, no es muy infrecuente ver siglas y abreviaturas carentes del último punto. Muchas siglas se leen sin restablecer la expresión a la que reemplazan. Hay algunas de lectura mixta cuando presentan un segmento pronunciable junto a otro que no lo es: CD-ROM [se-de-rróm, ze-de-rróm] o [se-de-rrón, ze-de-rrón] (sigla del inglés Compact Disc Read-Only Memory ‘disco compacto de solo lectura’). Hay que señalar también que siempre es posible restituir en la lectura de una sigla la denominación compleja de la que nace, lo que suele hacerse cuando la sigla no es muy conocida o su finalidad principal es ahorrar tiempo y espacio en la escritura, pero no tanto en la lectura. Las siglas suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, salvo cuando se desea facilitar su pronunciación, convirtiéndolas en acrónimos. Acrónimo Es, por un lado, el término formado por la unión de elementos de dos o más palabras. Por otro lado, también se llama acrónimo a la sigla que se pronuncia como una palabra. Es muy frecuente que este último tipo, tras una primera fase en que aparecen escritos con mayúsculas por su originaria condición de siglas, acaben por incorporarse al léxico común del idioma y se escriban con letras minúsculas, salvo, naturalmente, la inicial cuando se trata de nombres que exigen la escritura de esta letra con mayúscula. Los acrónimos suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, salvo si son necesarios para facilitar su pronunciación. Una vez incorporados al léxico común (como ovni, láser...), los acrónimos forman el plural siguiendo las reglas generales de su formación en español. Solo los acrónimos que se han incorporado al léxico general y que, por esa razón, se escriben con minúsculas, admiten su división con guion de final de línea y se someten a las reglas de acentuación gráfica en español. Los acrónimos se leen como se escriben, sin desarrollar los elementos abreviados. Símbolo Los símbolos son representaciones gráficas estables y normalizadas de conceptos o realidades pertenecientes, en general, al ámbito científico-técnico, por medio de letras o de signos no alfabetizables. En general, son fijados convencionalmente por instituciones de normalización —como el Sistema Internacional de Unidades— y poseen validez internacional. Aun así, hay mucha ignorancia con los símbolos, lo que deriva en dudas, confusiones y, en última instancia, en errores. Los símbolos constituidos por letras son semejantes a las abreviaturas, pero se distinguen de ellas en los aspectos siguientes: precisamente porque son símbolos o representaciones, se escriben siempre sin punto (a demasiados les malenseñaron en el colegio que se escriben con punto: es totalmente erróneo, aberrante, incoherente, incorrecto e inadecuado, y ese error está, lamentablemente, demasiado extendido...); no llevan nunca tilde, aunque mantengan la letra que la lleva en la palabra que representan; y —también muchísima atención a lo siguiente— no varían de forma en plural, naturalmente; es simplemente aberrante pluralizar los símbolos. Así pues, es única y exclusivamente m, y no *m., *mts, etc. Resumiendo y sintetizando estos últimos conceptos: los símbolos no llevan nunca punto, tilde ni tienen plural gráfico; por ejemplo: si + fuera símbolo, sería siempre +, no *+., ni *+s, ni *+s., ni *x, ni *†; no cambia absolutamente nada que en lugar de un signo, el origen de un símbolo sea una letra, o varias. Los símbolos de los puntos cardinales se escriben siempre con mayúscula, aunque estén constituidos por dos letras. Los de los elementos químicos se escriben con una sola letra mayúscula; o, si están constituidos por dos letras, con una combinación de mayúscula y minúscula. Los de las unidades de medida se escriben normalmente con minúscula, o los de aquellas que incorporan prefijos para formar múltiplos (unidades superiores a la establecida como referencia), ya que los símbolos de estos prefijos, con la excepción de kilo- (k-), hecto- (h-) y deca- (da-), se escriben con mayúscula: M- (mega-), G- (giga-), T- (tera-)...; por el contrario, los símbolos de los prefijos utilizados para formar submúltiplos (unidades inferiores a la establecida como referencia) se escriben siempre con minúscula: d- (deci-), c- (centi-), m- (mili-)... Así pues, la única forma correcta de kilobyte es kB, nunca *KB; la de kilómetro es km, nunca *km., *Km, etc.; la de kilogramo es kg, nunca *kg., *Kg, etc. Se escriben normalmente pospuestos y dejando un espacio de separación. Se exceptúa el símbolo de los grados, que se escribe pegado a la cifra a la que acompaña. Cuando se lee un símbolo, ha de desarrollarse toda la palabra representada, salvo que esté integrado en una fórmula química o matemática, en que lo normal es el deletreo. Resumiendo mucho: Las abreviaturas, que no deben confundirse en ningún caso con las siglas, deben cerrarse siempre, y normalmente se hace con el punto, que representa a los elementos abreviados y diferencia inequívocamente a las abreviaturas. Normalmente tienen espacios entre los elementos abreviados, tal como tienen estos antes de aplicarle la abreviación, lo que ayuda en bastantes casos a diferenciarlos de las siglas. Normalmente se leen desarrollando todos los elementos. Las siglas se escriben enteramente en mayúsculas y preferiblemente sin puntos, pero si se escriben con puntos, la última sigla también debe llevarlo, evidentemente. No tienen plural gráfico por sí mismas. Se leen normalmente deletreando, excepto en los casos que puedan desarrollarse sin problemas, en los que se convierten en acrónimos. Los acrónimos nunca llevan puntos, y pueden pluralizarse únicamente si están totalmente lexicalizados y aceptados como vocablos normales, que es cuando se escriben en minúscula —o solo mayúscula inicial, si procede—. Se leen tal como se escriben, no deletreando. Los símbolos, que no deben confundirse con abreviaturas, jamás llevan punto y tienen una única forma, que se establece mediante convenciones y reglas; es decir, son totalmente invariables, no tienen plural ni variaciones de ningún tipo. Únicamente aparecen junto al elemento al que se refieren, exceptuando las fórmulas, en las que pueden aparecer individualmente. Enlace relacionado: http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=abreviaci%F3n Revisado por última vez el 12 de julio de 2012.
Los prefijos son elementos afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base léxica (una palabra o, a veces, una expresión pluriverbal) a la que aportan diversos valores semánticos. Una característica general —y la más importante— que hay que tener muy clara y siempre presente es que en español la manera de escribirlos correctamente y con propiedad es soldarlos a la palabra a la que modifican, sin guion y sin espacio intermedio: justamente como se hace con los sufijos y demás elementos compositivos. La norma culta tradicional y la Real Academia Española y toda la Asociación de Academias de la Lengua Española —que suelen respetarla y divulgarla— lo dejan bien claro, además del propio sentido común, racionalidad e intelgencia del ser humano. Esa es la norma general. Sin embargo, hay algunos casos excepcionales: Primera excepción Cuando el prefijo modifica a una palabra que empieza normativamente por mayúscula o por números escritos en cifras, se enlaza mediante un guion. Ello es de sentido común, ya que el propio sistema ortográfico de la lengua española no admite vocablos con mayúsculas o cifras intermedias. Segunda excepción Si se anteponen a una palabra dos prefijos coordinados, el primero de ellos se escribe aislado y con guion, para indicar su condición de prefijo (si no, podría confundirse como preposición u otras palabras) y evitar al mismo tiempo la repetición de la palabra base: Uno de los coproductores ha dicho que solo podrá colaborar directamente con nosotros durante la pre- y la posproducción de nuestro audiovisual. Esto también es muy lógico, y no tiene ninguna complicación; a algunos les parece poco estético tener un prefijo suelto y con guion entre el texto, pero es necesario, o al menos muy recomendable, en ese caso concreto; además, cuando se habla de los prefijos como tales, también se escriben siempre con un guion a continuación (el cual nunca debe incluirse en el entrecomillado ni en la cursiva) por la misma razón; ese guion únicamente simboliza, representa o expresa que le falta una parte inseparable. Tercera excepción Cuando los prefijos (especialmente anti-, pro- y ex-) modifican expresiones complejas, compuestas por más de un elemento, el prefijo se escribe excepcionalmente separado: vice primer ministro; en estos casos tampoco debe usarse guion. En prácticamente todos los demás casos, los prefijos se escriben totalmente soldados e integrados a las palabras a las que modifican, sin ningún signo entre ellos. Además de todo lo anterior, hay prefijos especiales o peculiares —o incluso otros vocablos que lamentablemente suelen confundirse con prefijos y heredan sus errores frecuentes—, que requieren, por consiguiente, un poco más de atención al aplicarle las normas, o conocerlos mejor. A continuación voy a explicar los más importantes o frecuentes: pos(t)- Este prefijo, que significa ‘detrás de’ o ‘después de’, tiene la peculiaridad de acabar en dos consonantes seguidas, por lo que en español, como es bastante razonable, suele simplificarse en pos-. Esto no siempre es así, ya que al soldarlo a palabras que empiezan por s- se mantiene la -t para evitar juntar dos eses (postsindicalista); si la palabra empieza por t-, evidentemente se emplea la forma simplificada (postraumático), al igual que en todos los demás casos. Otra curiosidad de este prefijo es que cuando se une a una palabra que comienza por r-, no debe duplicarse esta letra para mantener el sonido /rr/ (posromántico), como ocurre con el resto de prefijos acabados en consonante. ex- Hasta 2010, la Asociación de Academias de la Lengua Española consideraba este prefijo como uno especial, con valor preposicional, que debía escribirse separado mediante un espacio de la palabra a la que se unía; pero a partir de 2011, con la nueva edición de la Ortografía de la lengua española, se escribe ya totalmente soldado, y por supuesto y como siempre, sin guion, como el resto de prefijos. Otra consideración para este prefijo es que no se recomienda su empleo antepuesto a sustantivos o adjetivos referidos a cosas; en ese caso es preferible el uso de adjetivos como antiguo, anterior, o de adverbios como anteriormente. no Este vocablo no es prefijo, sino adverbio de negación, el de toda la vida; aunque en ciertos casos tiene un valor parecido al de un prefijo, y ahí —y en la siempre innecesaria copia de non-, un prefijo inglés— nace la confusión. Como demasiada gente le coloca guion en un intento inadecuado de juntarlo con las palabras, aprovecho este artículo para aclararlo de una vez. Se antepone a sustantivos o adjetivos abstractos, denotando inexistencia de lo designado por ellos (no fumador, no muerto); naturalmente, se escribe separado y sin guion intermedio. super- Elemento compositivo prefijo que denota ‘lugar situado por encima’: superciliar, superponer; ‘superioridad o excelencia’: superpotencia, superhombre; o ‘exceso’: superpoblación, superproducción. En el español coloquial actual se usa con mucha frecuencia para añadir valor superlativo a los adjetivos o adverbios a los que se une: superútil, superreservado, superbién. Como el resto de los elementos compositivos prefijos, super- es átono y debe escribirse sin tilde y unido sin guion a la palabra base. No se considera correcta su escritura como elemento autónomo: *«Se portan súper bien» (Tiempo [Col.] 11.2.97). No debe confundirse con el adjetivo y el sustantivo súper, que sí son palabras independientes. pro- Significa ‘a/en favor o en beneficio de’. Hasta finales de 2010, la norma académica consideraba que era preposición, y por consiguiente debía escribirse siempre separada, y evidentemente sin guion, del resto de palabras; pero con la nueva revisión de la Ortografía de la lengua española ya se considera que es prefijo, y por consiguiente debe escribirse, salvo infrecuentes excepciones, unido a la palabra que modifica y sin guion intermedio. Con el resto de prefijos no debería haber ningún problema; no tienen ningún tipo de particularidad o complicación, son normales. Lo único que hay que tener en cuenta es que si se anteponen a palabras que comienzan por r-, esta letra se duplica para mantener el sonido /rr/ (prerrománico, antirrevolucionario); y que si coincide la misma vocal, puede y suele reducirse a una sola (sobreescribir, sobrescribir; antiimperialista, antimperialista; contraataque, contrataque) excepto cuando tal simplificación comprometa la correcta y adecuada comprensión del vocablo por existir formas semejantes en apariencia o cuando la palabra base comience por h. Después tenemos el resto de elementos compositivos (por ejemplo: limpia-, come-, tira- y un largo etcétera) y palabras compuestas, que a veces también se escriben incorrectamente. Por ejemplo, no es lo mismo come cocos (3.ª persona del singular, presente de indicativo) o come cocos (imperativo) que comecocos (sustantivo)… Como puede comprenderse, en todos esos casos tampoco tiene razón de ser el uso del guion intermedio, ni el espacio, por lo que escribirlos pseudounidos o separados se considera falta de ortografía por la falta de coherencia y utilidad de tal práctica. Contexto original Enlaces relacionados http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=ex http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=pos- http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=no Última revisión: 03/02/2012
El secreto para hacer un adecuado uso de las mayúsculas puede resumirse en una sola frase: si no tienen utilidad, no deben usarse. Las mayúsculas tienen significado y están perfectamente reguladas y sometidas a unas normas claras y concisas. Deben suponer una diferencia ortográfica lingüística necesaria; es decir, no se emplean por «estética», como algunos creen, sino porque realmente son imprescindibles o, como mínimo, muy útiles. A partir de esa premisa —que rige toda la lingüística y no únicamente este tema— debemos expandir nuestros conocimientos y saber la acción que ha de tomarse en casos concretos, para así minimizar tanto como sea posible la probabilidad de error y mejorar exponencialmente nuestra lógica lingüística y, también, nuestra comprensión, que nos asegurará una mejor obtención de conocimientos en el futuro. Se escribe con letra inicial mayúscula la primera palabra del título de cualquier obra de creación (libros, películas, cuadros, esculturas, piezas musicales, programas de radio o televisión, etc.); el resto de las palabras que los componen, salvo que sean nombres propios, deben escribirse con minúscula: Últimas tardes con Teresa, La vida es sueño, La lección de anatomía, El galo moribundo, Las cuatro estaciones, Las mañanas de la radio, Informe semanal. Como nota adicional, deben escribirse en cursiva, o redonda si el fragmento ya está en cursiva, o bien entre comillas. En el caso de los títulos abreviados con que se conocen comúnmente determinados textos literarios, el artículo que los acompaña debe escribirse con minúscula: el Quijote, el Lazarillo, la Celestina. A veces ayudan a diferenciar indudablemente términos similares. Ejemplos: Iglesia (‘institución’), iglesia (‘edificio’); Ejército (‘institución’), ejército (‘conjunto de soldados’); Gobierno (‘conjunto de los ministros de un Estado’), gobierno (‘acción de gobernar’). Los gentilicios y los nombres de lenguas se escriben enteramente en minúscula; excepto que, naturalmente, se encuentren a principio de frase. Los nombres de los días de la semana, los meses y las estaciones del año se escriben, como norma general, en minúscula; solo se inician con mayúscula cuando forman parte de nombres que exigen la escritura de sus componentes con mayúscula inicial, como ocurre con los nombres de festividades, fechas o acontecimientos históricos, vías urbanas, edificios, etc.: Viernes Santo, Primavera de Praga, plaza del Dos de Mayo, Hospital Doce de Octubre. Aunque, en señal de respeto, ha venido siendo costumbre en textos de carácter religioso escribir los pronombres personales referidos a la divinidad, o a personas sagradas como la Virgen, con mayúscula inicial, no hay razón lingüística alguna que lo justifique, ya que en español esta categoría de palabras se escribe siempre con minúscula. Por lo tanto, se recomienda evitar la mayúscula en estos casos. Además, el uso de la mayúscula no exime de poner la tilde cuando así lo exijan las reglas de acentuación. La creencia de lo contrario es errónea y surgió como consecuencia de la limitación que tenían las máquinas de escribir antiguas, que no tenían la capacidad de escribir letras mayúsculas con tilde. También es un vicio frecuente escribir la i mayúscula (I) con punto, lo que es inadecuado e incoherente; lo mismo ocurre con la letra j (J). En demasiados casos pueden verse íes minúsculas (con punto) entre letras mayúsculas, sobre todo en textos escritos a mano, aunque lamentablemente tampoco es raro verlo incluso en textos escritos mediante procesos mecánicos o digitales.