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Usuario (Argentina)
¿Alguna vez te preguntaste cómo será ser analfabeto? No poder leer los carteles de la calle, no saber mandar mensajes de texto, no poder ver una peli en otro idioma... Infinidad de ejemplos de la cotidianidad que para uno son cosas simples, pero para mucha gente representan un imposible. Obvio, ni hablar de conseguir el laburo que quieras y otras cosas que son imprescindibles para manejarse en sociedad. Según los datos que arrojó el último censo nacional del año 2001, en Argentina, el 4,06 por ciento de la población (equivalente a 700 mil personas) no saben leer ni escribir. Si bien es un número increíblemente grande, son datos alentadores, ya que, según dice Delia Méndez, perteneciente al Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación: "Nuestro país es el segundo con el índice más bajo de analfabetos respecto del resto de los países hispano parlantes de América Latina". Pero bueno, 700 mil personas son MUCHAS personas. Yo estoy finalizando primer año de Realización Audiovisual y, como trabajo final de la materia con el mismo nombre, con mis compañeros teníamos que hacer un documental de hasta seis minutos sobre un tema a elección. Nos copamos con la idea de hacer algo que para nosotros tenga contenido, nos representara un desafío y nos nutriera, tanto como futuros realizadores y personas. Decidimos hacerlo sobre un programa de alfabetización que se llama "Yo, sí puedo". “Yo, sí puedo” es un método de alfabetización cubano creado por el IPLAC (Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño) con el objetivo de ayudar a los pueblos del Tercer Mundo afectados por el analfabetismo. Este programa comienza a realizarse en Argentina por solicitud de distintos movimientos sociales y en la actualidad hay más de 200 centros en todo el país, afectando a más de 9 provincias. Lo que tiene de copado este programa es que es audiovisual ¿Cómo? La gente (sin límite de edad) que asiste al programa labura con dvds, y cuadernillos de actividades. En los dvds hay clases ficticias filmadas con un elenco estable que está presente a lo largo de todo el programa. Los que actúan de alumnos van progresando en su aprendizaje en cada video. El "facilitador" por lo general es un vecino, alguien que puede saber un poco más que la gente que asiste pero no tiene que tener ningún título ni haber terminado sus estudios. Esta persona ayuda a las otras a seguir el programa, a despejar dudas. Nosotros, a partir del programa de alfabetización, intentamos documentar el proceso de transformación individual desde su implementación en un barrio humilde de Villa Gobernador Gálvez (10 km al sur del microcentro de Rosario). El laburo es tedioso, largo y cansador. Pero si es lo que a uno le gusta, se disfruta y mucho. Nosotros teníamos muchas exigencias de parte del profesor, que nos limitó en cuanto a lo que nosotros queríamos hacer, el tiempo era corto (después nos dimos cuenta de que cada segundo es valiosísimo) y además, estaba lo que nosotros queríamos transmitir, obtener lo que necesitábamos para poder narrarlo después. Sin más, fotos del rodaje: La primer entrevista es a Claudia, la dueña de casa, "faciltadora" del programa "Yo, sí puedo". Un perro hermoso. No tiene nada que ver, pero es hermoso. El cartel en la puerta de la casa de Claudia y Eduardo, en la que además de funcionar el programa de alfabetización, funciona una Copa de leche para los chicos del barrio. Sí, ambos son unos grosos y tienen un montón de amor. Entrevista a Eduardo, facilitador y quién fue el motor para implementar el programa en el barrio, en el patio de su casa. Entrevista a Mauricio, que al final no quedó en el docu por cuestión de tiempo. Algunas tomas por los pasillos del barrio. Se nos unieron un montón de nenes (: La imagen no está porque la cyberpolice de Taringa SOSPECHA que alguno es menor y son protocolares hasta la médula. Cuando vaya otra vez le pregunto bien a cada uno su edad y el documento así LO MÁS IMPORTANTE DEL POST que es ÉSTA FOTO puede verse con tranquilidad. Foto grupal de los chicos junto a Eduardo, al final se re coparon con la cámara. Emi, uno de mis compañeros, haciendo algunas tomas. Una foto hermosa (y no es porque la haya sacado yo ) de Eduardo. La imagen no está porque la cyberpolice de Taringa SOSPECHA que alguno es menor y son protocolares hasta la médula. El grupo que asiste a las clases por la tarde. Las vías atrás de la casa de Eduardo. Se pueden imaginar el garrón que vive él junto a sus vecinos cuando el tren pasa. Luego de registrar 40 minutos de material (teníamos ese límite) tuvimos que hacer una planilla de identificación de tomas del crudo. Contando con éste (y esa planilla larguíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisima) hicimos una primera selección, dónde había que intentar acercarnos a los seis minutos de material que iba a parar al documental... De 40 minutos logramos reducir a 10 de una, fue una locura. Cuando llegamos a los seis minutos, a nuestro profesor (mejor omitir detalles sobre su persona) no le gustó algunas cosas del ámbito musical, así que tuvimos que volver a cambiarlo. En fin, tuvimos que resignar algunas cosas pero así quedó el final: link: http://www.youtube.com/watch?v=gayG4xFTm3U Fue un laburo que costó. Para hacerlo fuimos como cinco veces, varias fueron para conocernos y para plantear lo que queríamos hacer. Al principio las cámaras intimidan, incomodan, hacen sentir mal a ambas partes; pero la gente con la que laburamos es gente maravillosa, muy abierta a recibirnos. Y lo que al final intimidaba, resultó nada más que un canal para que nos conectemos entre las personas. Después todo el mundo quería que les sacara fotos y los tuve de modelos un buen rato Espero que todo esto les haya interesado un toque al menos. La fuente soy yo, claro.
¡Muchas gracias solcitosol19! La verdad es que esto quería salir de mí hace rato, pero lo logré hoy. No tengo mucho más para decir que no esté acá abajo. No quiero enfrentarme innecesariamente con nadie, pero esto es lo que siento y tengo que decirlo/decírselo. Carta abierta a la señora Mirtha Legrand Desde que crecí un poco y fui dejando de lado la chocolatada y los dibujos animados, que la miro. A veces por mis horarios escolares no podía hacerlo, pero el año pasado terminé mis estudios y pude disfrutar sin contemplaciones la actividad que compartíamos con mi madre los días que faltaba al colegio: Almorzar con usted. No importaba si teníamos hambre antes, esperábamos a que su chef traiga los platos para empezar. Mi madre se autodenominaba de izquierda aunque sin militar, así que me imagino que usted se estará dando la idea que no compartíamos su punto de vista. En nada, ni en la más ínfima cosa; sin embargo usted fue siempre bienvenida a nuestra mesa, tanto que casi podía sacarle pan de la cesta. ¿Sabe por qué la mirábamos, Mirtha? Porque es muy interesante escuchar lo que dice una persona que piensa totalmente lo opuesto a uno, además es necesario: Mal que mal, uno se nutre de eso. Uno crece cuando puede comprender que no todo es blanco o negro, cuando entiende que la tolerancia es la base para vivir en sociedad. Nosotras despotricábamos contra usted con la boca llena ¡Y qué sana actividad, señora, la que practicábamos! ¿Pero sabe qué pasó? Nos dimos cuenta justamente de eso, que teníamos la boca llena, al igual que usted. Ahí llegó el punto de inflexión: ¿Qué pasa con los que no? La mayoría son los que no y muchos de ellos la invitan a su mesa de todas formas, que lástima que no tengan con qué convidarle… Entonces resultó que mi mamá, no era tan zurda empedernida como decía, porque se dio cuenta que alguien estaba, de a poco, despacio, poniendo comida en los platos y venía de otra corriente ideológica, quizás no tan distinta, pero definitivamente no la misma. Qué loco, como usted, como ella y como yo, es también una mujer y andaba llenando platos junto a su pintoresco marido. Voy a dejar de escribir en plural, porque mi madre falleció a principios de este año y lamentablemente ahora sólo puedo hablar por mí: A mí me gustaría muchísimo hacerle algunas preguntas, así como usted se las hace a sus invitados: ¿Usted, sinceramente, quiere que el pueblo argentino esté bien? ¿Usted quiere la igualdad entre las personas? ¿Quiere que la gente pobre deje de serlo? ¿Quiere que los ricos dejen de enriquecerse aún más y todos tengamos las mismas oportunidades? ¿Usted, desde lo más profundo de su corazón, quiere eso? Yo sé que pueden parecer preguntas que merecen respuestas obvias y no la subestimo, pero realmente me inquieta. Ahora sola, la veo en mi casa todos los días plantear las inquietudes de “la gente”, reclamar por los jubilados, por trabajo y por los que menos tienen y me re-hago una y otra vez esas preguntas. Yo asumo, con toda mi buena fe, que usted me asiente con la cabeza y la mano en el mentón los interrogantes que le plantée antes y ahí me surge una nueva ¿Acaso usted está viviendo otra realidad? Si me responde que no, a todas, yo entiendo. Yo entiendo las actitudes que usted toma y las cosas que dice. Entiendo por qué se burla del cachetazo a Kunkel, por qué piensa que una pareja homosexual violaría a su hijo, entiendo por qué tardo tanto en contar la historia de su sobrina y la dictadura, por qué habló con tanta frivolidad del cadáver y el cajón del ex Presidente Kirchner. Yo la entiendo. No seré su “colega” como Federico Luppi, como Anabel Cherubito, como Andrea del Boca y otros tantos (y la verdad no los nombro porque en serio SON TANTOS) pero le cuento, de paso, que estoy estudiando para serlo. Usted es una comunicadora, Mirtha, una persona muy poderosa, entra a la casa de la gente… Y, evidentemente, no está viviendo esta realidad. Yo tengo diecinueve años y soy una desconocida, por ende nadie me está pagando para que haga esto. Apoyo al gobierno y no me obligaron 6-7-8, ni los programas de canal 9; a los que por cierto miro, al igual que a usted. No milito en ningún partido político, no conozco a nadie de los medios… Pero soy una mujer joven que estudia cine y televisión y está atenta. No puedo evitar estar atenta ante las cosas que ocurren. La gente común, afuera de la tele, también puede apoyar el modelo que propone el gobierno (le digo por si no vio lo que ocurrió en Plaza de Mayo el día que falleció Néstor Kirchner) y también puede decir y pensar cosas PEORES de usted que las que dijo Luppi. O no. O pueden pensar como usted, y pueden querer que la Presidenta se vaya. Así es la democracia, esto que vivimos ahora es democracia. No le tenga miedo a la democracia, Mirtha. Es lo más maravilloso y VALIOSO que podemos tener, y se lo dice alguien que no existía en tiempos de dictadura. Mariana Lucía Ferreyra