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Usuario (Perú)
capaz de mantenernos vivos sin respirar 7 MAYO, 2013 Un equipo de investigadores del Hospital de Boston ha inventado una micropartícula que puede ser inyectada en el fluido sanguíneo de nuestro cuerpo para oxigenarnos la sangre sin necesidad de recurrir al trabajo de nuestros pulmones. Estas micropartículas serían capaces de mantenernos con vida durante unos 30 minutos después del colapso respiratorio, tiempo suficiente para prevenir un ataque de corazón y todo tipo de daños cerebrales debido a la falta de oxígeno. Cada una de las micropartículas contienen tres o cuatro veces más oxígeno que cualquier de nuestras células sanguíneas. El oxígeno se almacena en una membrana de la célula hecha de grasa, que facilita todo el proceso gracias a su flexibilidad. Se espera que este descubrimiento, una vez puesto en práctica, pueda llegar a salvar muchas vidas. Las aplicaciones prácticas de esta nueva tecnología podrían darse tanto en el plano médico como en el militar (por ejemplo para permitir a los soldados estar sumergidos media hora sin necesidad de salir a la superficie a respirar), así como en el de la empresa privada.

Nat Geo estrena programa sobre los alcances de la tecnología e Internet 'A un click', que debutará este martes a las 22.00 horas, mostrará casos policiales, reencuentros familiares e incluso las próximas innovaciones en materia de redes sociales. por La Tercera - 04/06/2013 - 14:27 Basada en los alcances de latecnología, redes sociales e Internet, la cadena Nat Geo estrena el programa 'A un click', donde serán presentadas variadas historias donde una computadora, tableta o smartphone han sido capaces de resolver sorprendentes casos. En capítulos de una hora, el programa mostrará casos policiales, familias que logran reencontrarse luego de 40 años separadas, hijos que logran dar con sus padres en países distantes y donde Internet ha jugado un rol fundamental. Con entrevistas realizadas a los protagonistas de cada historia, el nuevo espacio contará además con el análisis de diversos expertos que ayudarán a comprender la importancia de la comunicación digital en nuestros días. Además, el programa recorrerá los 'headquarters' de las empresas tecnológicas más reconocidas del mundo como Google y Facebook, para ser testigo de sus próximas innovaciones y mostrar qué depara el futuro en materia de redes sociales e Internet. El programa debutará este martes a las 22.00 horas a cargo de Guillermo Catalano, experto en tecnología, y la conductora Martha Debayle.

El hombre es cada vez más alto, más rápido y resistente. Vive más años y aguanta mejor el esfuerzo respecto al pasado. Pero ¿hasta dónde se puede llevar la máquina de nuestro cuerpo? A principios del siglo XX la esperanza de vida en España apenas llegaba a los 40 años. En 1896, en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, la marca de los 100 metros lisos que valió el oro fue de un tiempo de doce segundos. Si en aquel entonces alguien hubiera pronosticado que, más de un siglo después, viviríamos más de 80 años y que un atleta sería capaz de correr los 100 metros en poco más de nueve segundos, le habrían tomado por loco, o, como mínimo, por visionario. Pero a lo largo de los últimos años, el ser humano ha sido capaz de llevar sus límites fisiológicos a extremos inimaginables.¿Existen límites? ¿Estamos cerca? La ciencia del deporte es un buen indicador del estado de la cuestión. Un estudio del Instituto Francés del Deporte concluyó en el 2008 que los récords mundiales tocarán techo en el 2060. Después de analizar más de 3.000 marcas en los últimos cien años, notaron que los atletas aprovechaban el 75% de su potencial en 1896, mientras que en el 2008 ya habían alcanzado cerca del 99%. No obstante, de acuerdo con otro estudio coreano de Yu Sang Chang y Seung Jin Baek, publicado en el International Journal of Applied Management Science, estos límites llegarán mucho antes: en diez años. Existen algunos datos que explican el progreso de las últimas décadas: ha aumentado el consumo de carne, la masa muscular ha crecido, la higiene y la salud han mejorado. Las técnicas de entrenamiento se han sofisticado, las instalaciones son casi perfectas, los accesorios, desde zapatos, bañadores u otros elementos son casi óptimos. Quedan elementos aleatorios que sí pueden influir en las prestaciones: el viento a favor, la forma física, la actitud, la fuerza psicológica, el humor del día. Si se produce alguna mejora en el futuro, será muy pequeña y muy lenta. Desde un punto de vista médico, existen unos límites infranqueables, que residen en la estructura ósea y la fuerza muscular. Los huesos se pueden romper si caen de una cierta altura; los músculos pueden aumentar de volumen y fuerza, pero los tendones, que no varían, difícilmente pueden aguantar más allá de un cierto límite. Si comparamos el cuerpo humano con una máquina, también hay un problema de suministro energético: un principio básico explica que la actividad metabólica en máximo ejercicio no suele superar siete veces la del metabolismo en reposo. Es decir, que por mucha gasolina que se ponga, el coche no irá más rápido. En el frente opuesto, hay quien sostiene que el ser humano tiene todavía mucho recorrido. Sebastián Coe, mítico atleta de medio fondo, cree que no estamos “ni siquiera cerca de los límites”. Todd Schroeder, profesor de la Southern California University, confirmaba que el ser humano, cuando entra en juego su supervivencia, es capaz de romper barreras. “Es como si el cuerpo humano almacenara una reserva de energía para situaciones anómalas. El hombre parece no ser consciente de este potencial”. Se han documentado casos de personas que, para salvar su vida, han sido capaces de levantar rocas de decenas de kilos o de correr a velocidades muy superiores a su promedio habitual. Carlos Alberto Cordente, profesor de la facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid, cree que la mera existencia del límite hace que este se pueda superar. “Los límites que existen son relativos al tiempo y la generación en los que uno vive.”. Cordente pone un ejemplo esclarecedor: “Si Usain Bolt hubiera nacido cuando el récord de los 100 metros estaba en 10,3 segundos, seguro que no habría logrado correr en 9,58 s. Si él ha podido correr en ese tiempo es porque, antes, otros corrieron en 10,0 s, 9,95 s, 9,92 s, etcétera, y rompieron barreras que parecíaninalcanzables”. En su opinión, el afán de superación del atleta es el que va poniendo el listón cada vez más alto. Cordente considera que, en términos generales, si vivimos en un ambiente sano nos hacemos más fuertes de generación en generación por adaptación al medio. Por ello, “aunque parezca imposible hoy en día batir récords como el de Bolt, algún día ocurrirá. En lugar de fijar unos límites concretos, lo más realista que se puede decir es que hoy corremos más que ayer y menos que mañana”. El debate, como se ve, está abierto. E incierto. Piero Galilea es médico en el Centro de Alto Rendimiento CAR en Sant Cugat del Vallès (Barcelona). “No tenemos certeza absoluta de dónde está el límite. Es indudable de que hay un tope. Una parte está escrita en los genes, la otra se puede entrenar. Pero nos estamos acercando cada vez más”, reconoce. La genética trata de dar respuestas. “Existen unos genes que regulan las prestaciones. En el 2005 algunas investigaciones aseguraban que había 170 elementos genéticos con influencia deportiva. Hoy se sabe que hay 250”, indica Galilea. Y es sabido que la genética se hereda. Así, si los incas habían desarrollado un sistema de correos a base de atletas que corrían kilómetros para entregar mensajes, no hay que descartar que entre los andinos quede algún rasgo de ese lejano potencial. En este sentido, Galilea subraya cómo, desde un punto de vista estadístico, hay mucho por descubrir. “Hay que tener en cuenta que el deporte ha sido una actividad que, durante años, ha sido muy extendida en los países occidentales. Hay muchos niveles de población que no tienen acceso y a lo mejor hay alguien que no se ha dedicado aún a la práctica deportiva que tiene un potencial enorme”. Pero no todo está en los genes. También hay factores sociales. Ahora España cuenta con grandes tenistas, también gracias al entusiasmo que se desató en las finales de la Copa Davis en los años sesenta. Y los genes españoles no son tan diferentes de los italianos, que apenas han tenido figuras dignas de mención en esta disciplina en los últimos años. Tampoco hay que subestimar los desarrollos futuros en las técnicas de entrenamiento. Porque no es verdad que en este campo todo está inventado. Todavía se está estudiando, por ejemplo, el impacto que puede tener en las prestaciones la secreción de determinadas hormonas del bienestar, como la serotonina o las endorfinas. Además, se ha comprobado cómo se puede sacar más partido de un atleta al entrenar en determinadas condiciones ambientales. “Los métodos evolucionan constantemente: en la actualidad se trabaja en hipoxia, para estimular la respiración con menor concentración de oxígeno”, indica Galilea. Otra rama que aporta avances es la cronobiología. Por ejemplo, “aprovechar más ciertas horas del día, cuando el cuerpo del atleta rinde más; o mejorar la recuperación de las lesiones y evitar parones que afecten al rendimiento”, señala. Más allá de la vertiente deportiva, la medicina aeroespacial, que estudia el comportamiento del ser humano en situaciones extremas, ofrece conclusiones interesantes. Por ejemplo, según una investigación del profesor de Psicología de la Universidad de Filadelfia, David Dinges, el límite óptimo de productividad del ser humano se sitúa en las 12 horas. Si excede este límite, empieza el cansancio. También comprobó, tras analizar horas de vuelo, que la mayoría de los accidentes se producen al cabo de 17 horas. Y es que para estar bien, precisamos dormir. Los experimentos del profesor William Dement, de Stanford, demuestran que uno de los efectos de la vigilia prolongada es que el sujeto se olvida de lo que hace. Las ratas, cuando se las mantiene despiertas, ante el colapso del sistema inmunitario y graves alteraciones en el metabolismo, mueren a las dos semanas, menos tiempo de lo que tardan en fallecer de hambre. Se cree que el hombre puede morir al cabo de dos o tres semanas sin dormir. El ser humano evoluciona y los estudios certifican que, en el curso de los siglos, nos hemos convertido en seres más longevos. Pero hablar de un elixir de la vida eterna es un espejismo: un reciente estudio publicado en Nature Cell Biology sostiene que cada célula está condenada antes o después a envejecer y apagarse: los telómeros, extremidades que protegen los cromosomas, con el tiempo se acortan y no se pueden reparar. Un equipo de la Universidad de Chicago estableció que la esperanza de vida tiene un límite de 85 años y que, si se mantuviera la tendencia actual, se alcanzarían los 85 años deesperanza de vida en los años cuarenta del siglo XXI. Habría que ver en qué estado llegaríamos a esa edad. Nuestro cerebro, por ejemplo, es una incógnita. ¿Ha alcanzado su máximo potencial? No se sabe. Una investigación llevada a cabo por Thomas Landauer en 1986 ha demostrado que un adulto es capaz de memorizar, a lo largo de su vida, una cantidad de información de 125 megabytes, lo que equivale a una decena de fotos en alta resolución o el contenido de cien copias de un libro como Moby Dick. Pero Von Neumann, en un trabajo anterior, estimó que la capacidad de almacenamiento del ser humano es el doble. Asimismo, según la revista Scientific American, estaríamos muy cerca del límite del tamaño cerebral: si fuera más grande necesitaría más energía y podría ser menos eficiente. Es cierto: el hombre también necesita alimentarse. El agua es esencial. La experiencia de los náufragos demuestra que si se consigue ingerir líquidos, el cuerpo humano puede ir tirando incluso si no tiene comida. De hecho, con un aporte de vitaminas y agua, se puede estar meses sin comer. También somos más altos que en el pasado. Según los académicos Thomas Hills y Ralph Hertwig, el límite se situaría en dos metros y medio: más allá habría problema de irrigación sanguínea y fortaleza de los huesos. Más escéptico, en 1886 Francis Galton, mediante un cálculo estadístico sobre la altura de padres e hijos, comprobó que a larga escala se produce efecto de regresión hacia la media, con lo que no hay que esperarse muchas variaciones. Cara al futuro, puede que con la implantación de órganos o de circuitos artificiales consigamos llevar todos estos límites hasta fronteras inimaginables. Pero tal vez para entonces ya seremos menos hombres y más máquinas.
AREA X (Especial para Urgente24) – Descubierta en el Tibet en 1938 por una expedición nazi, la estatua tiene 1.000 años de antigüedad y un valor incalculable Un equipo de científicos alemanes ha descubierto, al analizar una antigua estatua del dios budista Vaisravana, que esta fue tallada en un fragmento de un meteorito que cayó a la Tierra hace 15.000 años. Hasta la fecha, afirman los científicos, esta es la única figura humana escuplida en un meteorito que se conozca, por lo que su valor es incalculable. Investigadores del Instituto de Ciencias Planetarias de la Universidad de Stuttgart, en Alemania, han descubierto que una antigua estatua budista, encontrada en 1938 por una expedición nazi, fue esculpida en ataxita, una clase muy rara de meteorito de hierro con altas cantidades de níquel. La estatua, que fue sometida a análisis geoquímicos por el científico de dicho Instituto, Elmar Buchner y sus colaboradores, tiene unos 1.000 años de antigüedad y es conocida como “Iron Man” u “hombre de hierro”. Pesa 10 kilos y representa al dios budista Vaisravana, también conocido como Namtösé en el Tibet y Bishamonten en Japón. Este dios es una importante figura dentro de la mitología budista. Los resultados de este descubrimiento han aparecido detallados en la revista especializada Meteoritics and Planetary Science. Trasladada por una esvástica En 1938, una expedición al Tibet formada por científicos alemanes, y liderada por el renombrado zoólogoErnst Schäfer (que tras la Segunda Guerra Mundial fue juzgado por haber pertenecido a las SS, aunque luego fue exonerado), descubrió esta estatua budista. Aunque todavía se desconoce cómo se produjo el hallazgo, se cree que la cruz esvástica tallada en el centro de la figura fue lo que animó al grupo expedicionario a llevar la estatua a Alemania. El budismo y el nazismo compartieron este símbolo, aunque en el primer caso la esvástica se usaba en posición horizontal, mientras que la esvástica nazi (adoptada como símbolo de la raza aria en 1920) aparecía rotada 45 grados en la bandera del Reich. Una vez en Munich, “Iron Man” pasó a formar parte de una colección privada, y solo comenzó a estar disponible para su estudio en 2009, a partir de la celebración de una subasta. El primer equipo en analizar el origen de la estatua ha sido el dirigido por Elmar Buchner. Los investigadores han conseguido así clasificar como ataxita el material en el que la estatua fue tallada. Según declaraciones de Buchner aparecidas en Alphagalileo: “La estatua fue cincelada en un meteorito de hierro, procedente de un fragmento del meteorito Chinga, que impactó contra las regiones fronterizas de Mongolia y Siberia, hace unos 15.000 años”. “Aunque los primeros restos (de este impacto) fueron descubiertos oficialmente en 1913 por buscadores de oro, creemos que este fragmento concreto del meteorito original fue recogido muchos siglos antes”,añade Buchner. Inspiración espacial Los meteoritos inspiraron el culto de muchas culturas antiguas, desde la de los esquimales Inuits de Groenlandia hasta la de los aborígenes australianos. Incluso, hoy día, en uno de los más famosos centros religiosos del mundo, la Meca (Arabia Saudí), se rinde culto a una Piedra Negra (situada en la esquina oriental de la Kaaba ), que probablemente es un meteorito. Cuando los peregrinos circunvalan la Kaaba, como parte del ritual del Hajj Tawaf, muchos de ellos intentan detenerse y besar la Piedra Negra siete veces, emulando el beso que, según la tradición islámica, la Piedra recibió del profeta Mahoma. En cuanto a la estatua budista “Iron Man”, Buchner opina que esta tuvo su origen en la cultura tibetana Bon del siglo XI. “Esta estatua es la única figura humana tallada en un meteorito conocida, lo que significa que no tenemos nada con que compararla a la hora de calcular su valor”, afirma el investigador. Por eso, y si las estimaciones de su antigüedad son correctas, hoy día “Iron Man” podría tener un valor incalculable, concluye Buchner.

Apodada como "la verdadera Mowgli de la selva", Tippi vivió sus primeros diez años acompañando a sus padres fotógrafos en el continente africano donde se crió junto a las tribus y animales del lugar. "Tippi: My Book of Africa" es un libro de fotografías que ha sido relanzado y que muestra la vida de Tippi Benjamine Okanti Degri, una niña de padres franceses que fue criada desde su nacimiento al lado de animales salvajes en África, con lo que se ha ganado el apodo de "la verdadera Mowgli de la selva". Tippi nació en Namibia, un país al sudoeste de África. Hija de Sylvie Robert and Alain Degri, ambos fotógrafos de la vida salvaje, Tippi vivió los primeros diez años de su vida en el continente africano, viajando a países como Botsuana, Zimbabue y Sudáfrica. "Su vida día a día era asegurarse de que los monos no se robaran su mamadera" contó Sylvie a DailyMail. "O me llamaba y me apuntaba a un elefante comiendo de una palmera y me decía 'mami, silencio, lo vamos a asustar'.Tuvo mucha libertad". "Fue como tener un patio muy grande. Vivíamos en una carpa, completamente en la selva, pero Tippi siempre se despertaba con el Sol brillando en su cara y con sus padres a su lado. Tuvo mucha suerte" señaló Sylvie. Según la madre de Tippi, su hija pudo establecer fuertes lazos con los animales del lugar pues la gran mayoría eran huérfanos que habían sido criados por granjeros. Entre los amigos que hizo incluían a Abu, un elefante africano, un leopardo, una avestruz y un babuino. "Estaba muy en paz con los animales. Les hablaba con sus ojos y corazón. No se daba cuenta que no era del mismo tamaño que Abu el elefante, ella le hablaba igual como conversaba conmigo. La llamaban 'la pequeña niña que podía hablar con los animales'". "Cuando grabamos a los bosquimanos al norte de Namibia (uno de los pueblos más antiguos de África) dejábamos que Tippi pasara el día con ellos sin nosotros hasta que se quedaba dormida entre los demás niños". Cuando Tippi regresó con sus padres a Francia a la edad de diez años le fue difícil ajustarse a la vida de ciudad. "Extrañaba mucho a los animales" señaló su madre Sylvie. Ya adolescente, Tippi protagonizó seis documentales de la naturaleza de África para el Discovery Channel y ahora con 23 años se encuentra estudiando su tercer año de cine en la Universidad Sorbona Nouvelle de París.