aguscolo98
Usuario (Argentina)
Cómo usar un preservativo correctamente Cuando las cosas se ponen candentes e íntimas, la regla es siempre "es mejor estar seguro que lamentarlo". Si eres nuevo en el sexo o vuelves a salir con chicas después de haber terminado una relación amorosa de mucho tiempo, los condones son un accesorio que debes tener. Cuando se usan correctamente, son tu mejor defensa contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS). También son efectivos en su propósito original como anticonceptivos. Para usar un condón masculino de manera correcta, sigue estas instrucciones. Abre la envoltura del condón utilizando los bordes con la ranura para abrirlo.Estos bordes están en zig-zag en cualquier lado de la envoltura y están diseñados para rasgarse rápida y fácilmente. No te dejes llevar por la pasión. No destroces la envoltura y no utilices tijeras, dientes, machetes o cualquier otro instrumento afilado para abrir la envoltura del condón, ¡o de lo contrario podrías rasgarlo!Si era tu último condón y lo destruyes, ¡se acabó la fiesta! Determina cómo está enrollado el condón. Esto puede ser difícil de hacer, particularmente si las luces están apagadas. En lugar de tratar de "ver" cómo está enrollado, siéntelo con tus dedos:Coloca una mano en cualquiera de sus lados, presiona el anillo del condón entre tu pulgar y tus dedos. Suavemente desenrolla el condón en una dirección con tus dedos. Si encuentras resistencia, entonces no es la dirección en la cual debes desenrollar sobre tu pene. Suavemente enrolla el condón en la dirección opuesta con tus dedos. Si comienza a desenrollarse, es la dirección correcta en la que debes colocarlo sobre tu pene.Cuento con moraleja: no lo desenrolles más de una vuelta, ya que hacerlo reducirá su eficacia y hará difícil y frustrante el ponerlo. Vuelve a enrollar el condón después de que hayas encontrado la dirección correcta en la que debes desenrollarlo. ¡La punta va hacia arriba! Asegúrate de que el reservorio en la punta del condón apunte en la dirección correcta. Este reservorio ya debe estar en la punta expuesta del condón pero algunas veces puede invertirse al empacarlo. Asegúrate de que el reservorio esté orientado hacia arriba para que el resto del condón se desenrolle sin dificultad sobre tu pene. Lubrícalo. Si tu pene no tiene la circuncisión, considera colocar una pequeña gota de lubricante a base de agua dentro del reservorio. Esto puede facilitar el colocar el condón en el prepucio.[1] La gota debe ser muy pequeña, ya que no quieres que compita por el espacio dentro del reservorio con tu esperma. Tu pene debe estar completamente erecto. Un condón debe quedar ajustado sobre el pene, sin dejar espacios apretados o sueltos. Si se coloca sobre un pene que no está completamente erecto, no ajustará bien y es probable que se caiga o se rompa durante el sexo Si necesitas más tiempo para lograr una erección completa, deja de lado el condón con el reservorio apuntando hacia arriba para que sepas como lo vas a desenrollar. Recógelo cuando ambos estén listos. Aprieta toda la punta del reservorio para sacar el aire. Esto elimina la posibilidad de crear una bolsa de aire dentro del condón cuando te lo pongas, reduciendo la posibilidad de que se rompa, además le da al semen un lugar a donde ir después de eyacular. Desenrolla el condón sobre tu pene. Debe desenrollarse fácilmente hasta la base. Si resulta que el condón está al revés, tíralo y empieza de nuevo. Un pene erecto produce líquido antes de eyacular (que se llama líquido preseminal) y puede contener esperma. Si el condón ha sido expuesto a este fluido, voltearlo y recolocarlo puede transmitir una enfermedad de transmisión sexual o embarazo. La manera en que colocas un condón depende de si el pene en cuestión está circunciso o no. Pene circunciso: toma con tus dedos en pinza el reservorio con una mano, coloca el condón en la punta del pene erecto. Con tu otra mano, quita el vello púbico del camino si fuera necesario, entonces suavemente desenrolla el condón a lo largo del cuerpo del pene, alisando cualquier burbuja que pudiera quedar.Pene no circunciso: toma con tus dedos en pinza el reservorio con una mano, coloca el condón en la punta del pene erecto. Con tu otra mano, quita el vello púbico del camino si fuera necesario, y desenrolla el condón ligeramente en la punta del pene para empezar. Luego, retrae suavemente la piel de prepucio. Desliza con tu mano desde la punta del reservorio hasta el anillo enrollado del condón y desenrolla a lo largo del cuerpo del pene. Usa una mano para sostener la parte inferior del condón en la base y luego empuja el prepucio hacia adelante dentro del condón con la otra mano. Alisa cualquier burbuja que pudiera quedar si fuera necesario. Coloca un poco de lubricante sobre el condón si fuera necesario. El lubricante sexual disminuye el riesgo de dañar no solamente el condón, sino también a las personas que tienen sexo. Algunos lubricantes incluso contienen espermicidas que disminuyen el riesgo de embarazo. Si tu condón no está lubricado previamente, aplica el lubricante tanto al condón como a tu pareja, particularmente si quieres tener sexo anal. No apliques demasiado lubricante, la fricción es necesaria para estimular.Nunca apliques un lubricante a base de petróleo o aceite a un condón de látex, ya que pueden deteriorarlo y dañarlo.Los lubricantes a base de agua y silicón son seguros para utilizarse con látex, pero los que tienen base acuosa se lavan más fácilmente y no mancharán tus sábanas. Revisa periódicamente el condón durante su uso en búsqueda de rupturas.Si un condón se rompe o se suelta durante el sexo, cámbialo inmediatamente y considera usar un anticonceptivo de emergencia como la píldora del día siguiente. Esta previene el embarazo antes de que suceda al retrasar la ovulación, bloquea la fertilización o previene que el óvulo se implante en el útero; sin embargo, no es abortivo. Cambia el condón si alternas entre diferentes tipos de sexo. Si cambias de sexo vaginal a sexo anal, por ejemplo, cambia los condones para reducir el riesgo de infección (por ejemplo: la bacteria e-coli del recto puede ocasionar infecciones vesicales). Inmediatamente después de la eyaculación, retira tu pene y quita el condón. Toma la base del condón con tu mano y retírate de tu pareja, para prevenir que el condón se resbale o derrames. No permitas que el pene quede flácido dentro del condón antes de retirarte, ya que puede caerse y quedar dentro de tu compañera. Tira el condón discretamente. Ata la apertura de la base y haz un nudo para prevenir derrames, envuélvelo en papel higiénico o pañuelo desechable, y tíralo en el bote de basura.

La verdad sobre los carbohidratos Son indispensables para obtener energía y conservar la salud. Los carbohidratos han sido tan vilipendiados en años recientes que es un milagro que nadie haya hecho una película de terror sobre ellos: podría oírse una música siniestra mientras la cámara enfoca una canasta de pan, y luego a una linda chica vestida con ropa liviana que, al ver el pan, huye de allí gritando despavorida... Pero lo que tal vez no hayas oído decir a quienes injurian a los carbohidratos es que, si los eliminás de tu dieta, corrés el riesgo de privar a tu cerebro de combustible, enfermarte del corazón, tener mal aliento y ponerte de muy mal humor. Antes, sólo los científicos y los nutricionistas hablaban sobre los carbohidratos. Hoy día todo el mundo los menciona, pero pocos saben lo que son en realidad. Empecemos, pues, por lo básico. Los carbohidratos son uno de los tres macronutrientes que nuestro organismo requiere en cantidades relativamente grandes para producir energía; los otros dos son las proteínas y las grasas (las vitaminas y los minerales, sustancias que necesitamos en cantidades pequeñas, se llaman micronutrientes y son esenciales para mantener la salud, pero no para producir energía). Los carbohidratos se encuentran en una gran variedad de alimentos, como frutas, verduras, legumbres, leche, maíz, fideos, papas y panes. Cuando consumimos estos alimentos, ciertas enzimas de nuestro cuerpo los descomponen a su paso por la boca, el estómago y el intestino delgado, y producen glucosa, que se absorbe en el torrente sanguíneo. “Luego, al aumentar la concentración de glucosa en la sangre, el organismo responde liberando insulina, hormona que atrae la glucosa y la lleva a las células del cuerpo para ser usada como energía”, explica la nutricionista australiana Aloysa Hourigan. Aunque las proteínas y las grasas también nos proveen de combustible, los carbohidratos son la fuente de energía que prefieren casi todos nuestros órganos y músculos, incluido el corazón, y la única que puede usar el cerebro. De hecho, éste quema hasta el 30 por ciento de los carbohidratos que ingerimos diariamente. Durante mucho tiempo se dividió a los carbohidratos en dos tipos: simples y complejos. Estos nombres se referían a la estructura química de los carbohidratos y a la rapidez con que el organismo los digiere y absorbe. Pero como estas designaciones no explicaban las distintas formas en que el organismo procesa los diferentes tipos de carbohidratos, los científicos decidieron clasificar los alimentos por su índice glucémico (IG). El índice glucémico El término “glucémico” se refiere a la concentración de glucosa en la sangre, y el IG se ideó para clasificar los alimentos de acuerdo con la manera en que afectan esa concentración. Los alimentos con IG bajo —como las lentejas, los porotos y la avena— proveen al torrente sanguíneo de un suministro gradual de glucosa, y los que tienen IG alto —como el pan blanco, los copos de maíz y las papas— producen una liberación rápida de energía. Esto significa que si uno consume la misma cantidad de energía (calorías) en alimentos de ambos tipos, los de IG bajo lo harán sentir más satisfecho y con más energía por un lapso de tiempo mayor. Los valores de IG se parecen a los puntajes del golf: cuanto más bajos sean, mejor. Los carbohidratos no hacen daño En los últimos 20 años, el sobrepeso y la obesidad han ido en aumento en la mayoría de los países de Latinoamérica. En Colombia, México y Perú, por ejemplo, alrededor de la mitad de la población tiene sobrepeso, y más del 15 por ciento es obesa, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud de 2004. Se dice que el consumo de carbohidratos es una causa principal de ese aumento, pero el nutricionista australiano Alan Barclay asegura que no es así. “En países de Asia y el Pacífico sur, mucha gente obtiene de los carbohidratos entre el 70 y el 90 por ciento de su ingesta calórica diaria; sin embargo, esa región tiene una de las tasas de obesidad más bajas del mundo”, señala. Entonces, si no es la cantidad de carbohidratos que se consumen lo que determina el peso, ¿qué es? “Es la proporción entre la energía que se ingiere y la que se quema”, explica Barclay. “No importa qué tipo de alimentos usted consuma. Si ingiere muchas calorías y su actividad física es limitada, subirá de peso”.
Resulta bastante evidente que la actitud con la que comenzamos el día por la mañana marcará el desarrollo de los acontecimientos durante el resto del día, no tanto por lo que ocurra, sino por la percepción que tengamos de lo que sucede. Os proponemos una serie de hábitos que harán que vuestro día se torne más agradable y productivo desde el momento mismo en que suena el despertador. 1.Acuéstate pronto la noche anterior. Es tentador quedarse despierto hasta tarde cuando todos duermen y la casa está en silencio. Pero trasnochar pasa factura al día siguiente. Habituarse a dormir las horas que el cuerpo necesita es la mejor manera de empezar bien el día. Entre las 22:00 y las 23:00 es una buena hora para coger el sueño. 2.Madruga. Levantarse temprano y con calma. Pon el despertador un rato antes de lo habitual. Puede que cuando suene por la mañana sientas deseos de seguir durmiendo, pero te animamos a que tu voluntad sea más fuerte que la pereza y sigas adelante con las demás prácticas. 3.Sé agradecido. Dedica el primer pensamiento del día a agradecer la vida que tienes, con toda su belleza y también tus miserias, de las que aprendes cada día. Da gracias por tener a tu alrededor gente que te quiere y en quien puedes apoyarte, y agradece el nuevo día que se presenta como un regalo más. 4.Medita. Siéntate en un lugar elegido para ello, limpio en el que no vayas a ser molestado o distraído. Medita durante 20 o 30 minutos, o sólo 10 si no tienes más tiempo. Puedes poner una alarma para no tener que estar pendiente de la hora. Si no o has hecho nunca: siéntate en una postura cómoda con la espalda recta. Relaja el abdomen y respira libremente. Pon tu atención mental en la respiración, concretamente en la sensación que se produce en tus fosas nasales cuando el aire entra y sale. Cada vez que tu mente se distraiga con otra cosa, sólo vuelve a la respiración. Una y otra vez. Amablemente y sin reproches. 5.Practica el Saludo al Sol o Suryanamaskar. El Saludo al Sol es una práctica de Yoga, una secuencia de posturas que se realizan de manera encadenada y fluida, siempre guiadas por la respiración. Es perfecto para hacerlo por la mañana y desentumecer el cuerpo. Tiene multitud de beneficios para el cuerpo y la mente y no te llevará más de unos minutos. Puedes hacer tantos ciclos como quieras o te permita el reloj. Empieza más lento y a medida que tu cuerpo vaya calentándose incrementa la intensidad. 6.Toma un desayuno completo. Dedica el tiempo necesario a alimentar tu cuerpo. Dicen que el desayuno es la comida más importante del día, y si has conseguido levantarte temprano, meditar y después hacer un poco de yoga, a estas horas debes estar hambriento. Evita tomar un café y salir corriendo. Si tomas fruta, que sea lo primero, mientras preparas lo demás, dará tiempo a que se digiera. Después lo que tomes habitualmente, cereales, muesli, tostadas, café, té o infusión.