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Usuario (Argentina)
¿Qué penalidades les caben a los que bajan contenidos protegidos de la web? La resolución de la Corte Suprema que confirmó el procesamiento de los dueños de la compañía volvió a poner el tema en el tapete. Cuál es la situación legal en la Argentina. El problema de contar con una norma que tiene casi 80 años y que no se actualizó acompañando el avance de la tecnología El problema de las descargas ilegales de archivos protegidos por derechos de autor crece día a día en la Argentina. A pesar de los esfuerzos de las autoridades, los usuarios continúan bajando música, texto o películas y no son sancionados por ello. En cambio, por este accionar, en distintos lugares del mundo la Justicia comenzó a condenar a los particulares. Por ejemplo, en los Estados Unidos, una mujer de 32 años, madre de cuatro hijos, deberá pagar a la industria discográfica casi dos millones de dólares por haber descargado 24 temas musicales de la red. En tanto, en Francia, una persona recibió una multa de 150 euros por el delito de "negligencia", luego de que su esposa bajara canciones de la cantante estadounidense Rihanna. Antes de llegar a los tribunales el condenado, titular de la línea, había recibido diversas advertencias pero hizo caso omiso a las mismas. Ya más cerca de estas latitudes y precisamente en Chile, 4.000 usuarios de Internet recibieron a fines de julio notificaciones por descargas no pagas de contenidos musicales en la web, amparándose en la nueva ley de propiedad intelectual de dicho país. Pero en la Argentina, el problema persiste básicamente debido a que la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual data de la década del ´30. De allí al presente han pasado miles de cosas, se hangenerado numerosos e importantes avances tecnológicos y el ritmo de vida y costumbres de los argentinos han cambiado. Según los expertos consultados por iProfesional, esa falta de actualización complica el panorama. Sin embargo, sin una regulación adecuada y la aplicación de medidas concretas, tales como las que se utilizan en los mencionados países, el terreno se encuentra prácticamente "libre" para que quienes bajen contenidos sin autorización no lleguen a ser penalizados. ¿Qué dice la normativa vigente? En este contexto, vale recordar qué dice el artículo 71 de la referida normativa. El mismo establece que será reprimido con la pena establecida por el artículo 172 del Código Penal (tipo penal de la estafa con una condena de hasta seis años de prisión) el que de cualquier manera y en cualquier forma defraude los derechos de propiedad intelectual que reconoce la ley. Además, el artículo 72 considera como casos especiales de defraudación -inc a)- al que edite, venda o reproduzca por cualquier medio o instrumento, una obra inédita o publicada sin autorización de su autor o derechohabientes. Finalmente, vale mencionar el artículo 45 del Código Penal considera partícipes necesarios a aquellos que tomasen parte en la ejecución del hecho o prestasen al autor o autores un auxilio o cooperación sin los cuales no habría podido cometerse. En otras palabras, la participación necesaria implica que los hechos no se hubieran cometido sin la intervención de quienes lo facilitaron. En este escenario, Macarena Pereyra Rozas, socia del estudio Carranza Torres & Asociados, explicó que a pesar de que exista la norma, al no estar actualizada, esto repercute en que se genere una tendencia "a decir que en Internet no hay derechos y que si se pretende protegerlos hay censura". Y sostuvo: "Todas las infracciones a las leyes de propiedad intelectual deben ser castigadas. El medio por el cual se cometa no lo hace más o menos delictuoso". Así, mencionó el caso Taringa -que reavivó la polémica en estos últimos días sobre los derechos de autor- y destacó que esta causa funcionaría como un principio de límite a la situación antes descripta porque, al menos, se apunta a quienes facilitarían la distribución de los contenidos protegidos. Concretamente, aquí no se ha llegado a emitir advertencias a los usuarios, en base a una normativa que lo autorice -como sucedió en Chile- pero sí se atacó a quienes "permiten subir los archivos y además descargarlos"; es decir, los dueños del sitio web. "El daño (civil y penal) se produce por el mero intercambio sin autorización de los autores, en violación a lo dispuesto en los artículos 2 y 9 de la ley 11.723 y los tratados internacionales a los que la República Argentina ha adherido", destacó la experta. Vale aclarar que esos contenidos compartidos por los usuarios registrados en el sitio son noticias, información y enlaces por medio de posts, además de links a determinados websites de descargas para bajar a sus computadoras distintos tipos de materiales, como libros, películas o canciones. La situación de Taringa, bajo la lupa En este contexto, hace pocos días, los ministros de la Corte Suprema de Justicia Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Enrique Petracchi, Juan Carlos Maqueda, Raúl Zaffaroni y Carmen Argibay rechazaron el planteo de uno de los propietarios del portal contra el envío a juicio de la causa. Los hermanos Matías y Hernán Botbol y Alberto Nakayama están acusados de violar el artículo 72 de la Ley de Propiedad Intelectual que reprime con un mes a seis años de prisión a quien "edite, venda o reproduzca por cualquier medio o instrumento, una obra inédita o publicada sin autorización de su autor o derecho habientes" al permitir -a través del portal- la descarga ilegal de 29 obras jurídicas y 12 libros de computación. En tanto, aún está en marcha otra causa por archivos de música. A través de un comunicado, los responsables del sitio consideraron que el rechazo del máximo tribunal "no aporta novedades sustanciales" y que "siguen colaborando con la Justicia". Además, agregaron que ya han comparecido ante el Tribunal Oral ofreciendo pruebas que no fueron valoradas y que demostrarán que el accionar de la empresa, así como también de las políticas comerciales establecidas para con sus usuarios, resulta acorde con la ley y con las pautas internacionales establecidas. "En la Argentina, Taringa no es el único sitio con problemas legales, hay muchos buscadores y páginas que también afrontan acusaciones. Y como no hay una ley que regule la actividad de Internet, el problema puede alcanzar a todos los administradores", aseguró Hernán Botbol. A partir de esta nueva decisión se abrió una nueva polémica. ¿La web protege el derecho de propiedad intelectual? ¿Cuál es el papel y la responsabilidad de los sitios como Taringa y de sus propietarios? En este contexto, el fiscal Ricardo Sáenz indicó que las noticias de los casos como Cuevana y Taringa generaron un intenso debate en Argentina en torno a la vigencia de los derechos de propiedad intelectual en Internet y los supuestos límites artificiales respecto de la libertad de acceso, circulación, transmisión y distribución de la información. "Debemos partir de la base de que los derechos de los autores son verdaderos derechos y, por tanto, deberán ser reconocidos y legitimados como tales. Y la libertad deberá ser entendida en la medida que los respete y reconozca", consideró. La polémica está instalada Al respecto, el especialista Fernando Tomeo, socio del estudio Abieri, Fracchia & Tomeo, explicó que en los Estados Unidos esta clase de conducta fue penalizada. "Hay muchos antecedentes en ese país, donde se castigó a los facilitadores, como el caso Napster. Se les sacó dinero y se los obligó a responder por los daños y perjuicios causados por violar la ley". "El problema es que en la Argentina hay que actualizar la norma, ya que la Ley de Propiedad Intelectual es de la década del ´30", agregó. "No es cierto que cualquiera puede hacer cualquier cosa. Estos sitios tienen que trabajar desde el punto de vista jurídico para lograr determinar la identidad de los usuarios infractores", coinciden los abogados consultados por iProfesional. Al respecto, Martín Carranza Torres, socio del estudio Carranza Torres & Asociados, dijo que "en cualquier régimen constitucional todo aquél que quiera funcionar debe cumplir con las disposiciones legales". "Acá hay un sitio comercial que vive del tráfico y que, para generarlo, facilitaba permanentemente la piratería. Proteger a la propiedad intelectual es saludable y digno, pero no lo es aquella gente que viola la ley y que después se escuda en libertarias que no tienen nada que ver", remarcó. En tanto, Pereyra Rozas explicó que -en este caso- "el tipo penal está dado porque mediante la plataforma del sitio se permite la edición y reproducción de obras de propiedad intelectual sin autorización del titular de los derechos". Y recordó los tratados OMPI sobre derechos de autor y el convenio de Berna que establecen que el almacenamiento en forma digital en un soporte electrónico de una obra protegida constituye una reproducción en el sentido del artículo 9 del Convenio de Berna. Entonces, señaló, la relación causal está dada por la facilitación en la descarga de contenidos violatorios de la propiedad intelectual de terceros, así como el factor de atribución. "La imputación penal -en calidad de partícipes- de los titulares y/o administradores del sitio podría estar dada por la facilitación de los elementos tecnológicos con los cuales se cometen las infracciones sin control alguno, percibiendo los beneficios económicos por dicha actividad: dado que cuantas más visitas tiene el sitio, más ranqueado se encuentra y, por ende, existen mayores posibilidades de obtener ingresos", remarcó la especialista del estudio Carranza Torres. "Es por ello que pareciera que las plataformas de intercambio de contenido, ya sea que el mismo se aloje en éstas o en sitios de terceros, son responsables como participación necesaria de los daños ocasionados a terceros en su carácter de facilitadores del copiado, descarga o transmisión de contenido de terceros protegidos por las normas relativas a derechos de autor", enfatizó Pereyra Rozas. En ese sentido, concluyó que "no toda la plataforma de Taringa es violatoria de propiedad intelectual por lo que, probablemente, si considera que debe reformularse el sitio podría hacerlo. Existen numerosas plataformas de este tipo que funcionan en el plano de la legalidad". De acuerdo con sus propietarios, el porcentaje de enlaces para descarga de archivos es menor al 4% del tráfico.

Lo mejor y lo peor de cada escuela de cocina Escuelas para estudiar gastronomía hay muchas, pero pocas son realmente profesionales y cada una tiene sus pros y sus contras. Analizamos los establecimientos más importantes de Buenos Aires y te contamos cómo es cada uno Como fue estudiar cine en un momento, y publicidad en otro, estudiar gastronomía se convirtió en una moda a partir de la década pasada cuando los cocineros de la tele comenzaron a ganar fama. Entonces, miles de jóvenes pensaron que cocinar sería un buen modo de ganarse la vida y decenas de profesionales abrieron escuelitas para enseñarles. Tanto creció el fenómeno que hoy, sólo en Buenos Aires, funcionan casi un centenar de establecimientos que agrupan a unos 20.000 estudiantes, entre los que cursan carreras y los que toman cursos cortos. Casi todos los institutos importantes porteños ofrecen opciones de carreras completas (en pastelería o panadería y en cocina en general) y cursos específicos (a veces de un semestre, a veces de una sola clase), así que siempre está la opción de combinar lo mejor de ambos mundos. Otro dato a tener en cuenta, antes de elegir una escuela, es que casi todas ofrecen la opción de completar una carrera (que en general dura unos dos años) en pocos meses, cursando todos los días varias horas. Yendo a lo concreto, estas son las más importantes, con sus pros y sus contras. MAUSI SEBESS Fundado en 1994, se presenta como “el instituto latinoamericano más galardonado del mundo”. Es bastante más caro que las demás. La pregunta es si vale la pena. Ellos justifican sus precios argumentando que tienen equipos más sofisticados (aunque rara vez en una cocina profesional se ven cocinas como las de las escuelas) y que todas las prácticas son individuales. ¿Qué significa esto? En la mayoría de las escuelas, se trabaja en una mesa de cuatro o cinco personas: uno rompe los huevos, otro bate la manteca, etc. En Mausi Sebess, se supone que cada alumno hace todo de cero, cada vez. El problema es que, en la práctica, esto es imposible de cumplir porque las clases tendrían que ser larguísimas. ¿Entonces? No, no vas a hacer todo solo, pero sí, vas a tener más práctica individual que en las demás. Su directora académica, Mariana Sebess, estudió en Le Cordon Bleu en París y trabajó en varios hoteles 5 estrellas en Europa, además de representar a la Argentina en la Copa del Mundo de Luxemburgo de 2002. Si lo que buscás es una formación extensiva, el Gran Diploma Mausi Sebess, fiel a su nombre rimbombante es, por lejos, la carrera que más cubre. La modalidad regular (cursando tres veces por semana) cuesta entre $1200 y $2115 mensuales, dependiendo de la carrera. (Av. Maipú 594, Vicente López / 5218-4031) COLEGIO DE COCINEROS GATO DUMAS Es una de las que más renombre tiene y no por nada está llena de estudiantes de toda Latinoamérica que se mudan sólo para estudiar acá. El peruano José Castro Mendivil, por ejemplo, estudió aquí antes de abrir Osaka y luego Sipan, dos de los más exitosos restaurantes porteños. El mítico Gato Dumas la fundó en 1998, junto a Guillermo Calabrese (ex jefe de cocina de su restaurante y hoy director académico), sintiendo que la industria de la gastronomía necesitaba “profesionalizarse”. Otra persona clave del colegio es el jefe de profesores, Duilio Gorgal, que ganó el Bocuse d'Or Argentina 2011. La carrera es un poco más teórica que las demás. En vez de tener al profesor haciendo la receta en vivo y en directo, primero se tiene clase en un auditorio y recién después se cocina. Si ya tenés algo de cancha, andá directo a las clases avanzadas, porque las elementales te van a parecer demasiado fáciles (algunos alumnos preguntan “qué es procesar” o “qué significa picar el chocolate”). Los cursos cortos (algunos de solo una clase, otros de un mes) tienen horarios muy amigables para gente trabajadora y son muy buenos para complementar una carrera o para amateurs que quieran aprender cosas específicas (el de sushi, por ejemplo, lo dicta Iwao Komiyama). Las cuotas van de los $800 (para la carrera de pastelero panadero) hasta los $1500 (cocinero profesional). Recomendamos especialmente los cursos especiales de una o dos clases, que cuestan entre 200 y 300 pesos. (Olazábal 2836, Belgrano / T. 4783-3357) IAG El Instituto Argentino de Gastronomía funciona desde 1996, cuando lo fundó su actual director, Ariel Rodríguez Palacios (el chef de Utilísima que hace suspirar a las señoras en la platea). Al revés que en Mausi Sebess, muchas veces las prácticas grupales terminan siendo individuales (donde más ocurre es en las clases de panadería). Si querés trabajar en gastronomía, tiene una buena bolsa de trabajo; y no es raro que los restaurantes acudan a buscar pasantes o ayudantes de cocina. Por ejemplo, en La Panadería (el último restaurante de Pablo Massey), hasta al bachero salió del IAG. De aquí egresaron, entre otros, Martín Baquero (Almacén De Los Milagros) e Isabel Vernal (dueña de Smeterling, la pastelería de moda). Tienen una excelente oferta de pasantías de tres meses, la mayoría en el sur del país y en España, pero también muchas en Estados Unidos, Australia e Italia. La cuota es de $1,465 mensuales y se cursan entre 4 y 6 horas semanales. Sobresale la carrera de pastelería a cargo del gran Osvaldo Gross. (Montevideo 968, Barrio Norte / 5032-1414, y sucursales en Recoleta y Martínez) THE BUE TRAINERS Tiene en su currículum el haber sido la primera escuela profesional de la Argentina, en 1989, cuando acá la idea de estudiar gastronomía era tan poco frecuente como fantasiosa. Cuna de chefs como Juan Pedro Rastellino (de Allium, chefs a domicilio) y Juan Pedro Demuru (dueño y chef de Demuru y finalista del Bocuse d'Or en 2010), entre otros. Para adquirir experiencia de verdad en la cocina, es ideal: es la que más horas de trabajo exige (192 anuales). En cambio, se cursa sólo una vez por semana (con opción de hacerlo un sábado). Tiene convenios con muchos restaurantes importantes y hoteles cinco estrellas como Sushiclub, el Alvear Palace Hotel, la cadena de hoteles NH, el Palacio Duhau y el Four Seasons entre otros. Pertenece a Gate Gourmet, que tiene una planta importante de catering de aviones (sí: esos fideos recalentados con salsa blanca y esa carne de dudosa procedencia los tiene que preparar alguien), y a veces aparecen oportunidades de trabajo de este tipo, o en cruceros por temporadas. El Coordinador Culinario, Thierry Duflos, fue profesor en Cordon Bleu de Tokio, y Luciano Dieguez (además ex alumno) fue pastelero en el Café des Arts del MALBA y en La Bourgogne de Punta del Este. Su director es Diego Gera, que, entre otras cosas, es el gerente del Grupo Gastronómico Buenos Aires, ex cocinero en el Sheraton y dueño del coqueto Biblo Catering. Todo muy lindo, pero si te anotás asegurate de tener mucho tiempo y la SUBE siempre cargada: queda en el Aeropuerto de Ezeiza. La cuota mensual es de 1100 pesos. (Av. Tte. Gral. Morillas S/N (en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza) / T. 5480-9011) EAG La Escuela de Arte Gastronómico es una opción a considerar si la cocina te interesa solo como hobby y si no podés pagar alguna de las otras, porque acá la mayoría de las quejas de los alumnos se centran en lo mismo: que pasan por alto preparaciones básicas y que los ingredientes no son de buena calidad. El profesor puede ser muy bueno, pero si el chocolate es barato, el volcán nunca te va a salir como debería. ¿Conclusión? Lo barato sale caro (y feo). Cuesta $450 mensuales cursando un año, una vez por semana. (Scalabrini Ortiz 383, Villa Crespo / T. 4115-2100) ESCUELA DEL SINDICATO DE PASTELEROS La formación es excelente, con profesores muy buenos y con mucha experiencia. Por si fuera poco, es más barata que la mayoría de los demás lugares. ¿Por qué? Porque no tienen bolsa de trabajo, ni ofrecen pasantías en el exterior, ni dan título. Es la formación en su más puro estado, sin ninguno de los extras. Cada uno de sus módulos u opciones se llama “trayecto”, ya que los piensan en conjunto, como trayectos de una carrera completa, y no por separado. Además, ofrecen módulos individuales en heladería, chocolatería, sandwichería y otras opciones, depende el momento. Para no afiliados, cuesta 530 pesos por mes; para afiliados, 340. (Corrientes 4367, Almagro / T. 4862-3984)