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Primer post: 21 ene 2012Último post: 25 ene 2012
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Rifles SRS, multi-calibre, alta precisión y tamaño compact
InfoporAnónimo1/21/2012

Hay un sector en el mundo de las armas ligeras que está viviendo en los últimos años una “eclosión” significativa de productos y de soluciones técnicas. Es el de los rifles surgidos para actuar en cometidos de precisión extrema, los que los “sniper” emplean para batir distintos blancos de “alto valor”.Se da la circunstancia que la realidad militar y policial de la última década del siglo pasado y de la que acaba de terminar ha propiciado la adquisición, tanto por unidades consideradas de élite como otras de tipo más convencional, de distintos modelos que les permiten explotar una necesidad que, aunque no nueva, ha visto resurgir sus capacidades.Un solo hombre o un binomio de tirador y apuntador operando con un rifle de alta precisión son un dispositivo que ofrece unas capacidades especialmente útiles, ya sea para resolver un secuestro neutralizando a los captores, como para realizar acciones “quirúrgicas” en el campo de batalla. En este último entorno, y tanto en Iraq como en Afganistán, se ha demostrado la idoneidad que los especialistas pueden ofrecer, sobre todo actuando contra quienes intentan emboscadas o contra grupos que se encuentren fuera del alcance de las armas convencionales de los soldados, ahora sobre todo fusiles de asalto y ametralladoras del poco potente 5.56×45 mm.Los combates en los escenarios iraquí y afgano han propiciado muchos cambios en la forma de operar en unidades militares formadas en un espectro más convencional y que han tenido que adaptarse a las peculiaridades de lo que ahora se define como “enfrentamientos asimétricos” e “híbridos”. Es esa lucha en la que los rifles de precisión cobran un valor añadido, porque son capaces de ofrecer un elevado rendimiento en relación a su coste y eficacia, un “detalle” que siempre se tiene que tener en cuenta a la hora de valorar la eficiencia de un sistema de armas.Tomando como modelos que tienen un precio bastante ajustado –un rifle puede valer de dos a diez mil euros–, puede obtenerse un sistema que va más allá de las prestaciones iníciales, sobre todo si se le añaden complementos como visores ópticos de gran capacidad o se recurre a sofisticados medios de puntería nocturna o térmica, accesorios a los que siempre se pueden añadir otros dispositivos y equipamientos propios de estos especialistas.Es una base de partida que, en función del calibre y origen, puede obtenerse con una inversión media de unos treinta mil euros, suma que incluiría maletines de transporte, anemómetros, sistemas de toma de datos atmosféricos, munición, bípodes, libros de tiro y otro material imprescindible. Faltaría entonces lo más importante, el propio usuario, el tirador que debe cumplir una serie de requisitos que ahora se conocen bien. No basta con darle un buen rifle a un soldado y que tire unos cientos de cartuchos sobre blancos a distancias conocidas. Hay que obtener un “recurso crítico” que sea capaz de trabajar en condiciones difíciles y de permanecer varios días aislado, llegado el caso. Que tenga habilidad para batir objetivos a todas las distancias. Que sea capaz de moverse con discreción, de ocultarse sin ser detectado y de realizar sus acciones hasta salir indemne ante patrullas que intenten localizar su posición.Son una serie de cualidades que se obtienen con un proceso de formación que suele ser largo y que puede requerir no menos de dos años de intenso y continuado trabajo, siempre que se intente formar a verdaderos profesionales en la materia. Ser “sniper” es algo bien distinto de lo que caracteriza a aquellos que tiran regularmente con armas largas, colectivos a los que ahora se suman muchos interesados por las capacidades de municiones tan eficaces como el .338 Lapua Mag.Llegados a este punto, el lector podrá preguntarse qué tiene todo esto que ver con el rifle que protagoniza estas páginas. ¡Pues mucho!. El contexto en el que se trabaja actualmente para poner a punto armas de precisión extrema, tanto de cerrojo como semiautomáticos, que ya han demostrado ser “casi” tan válidos como los de repetición, ha derivado en que sean muchas las empresas las que han puesto a punto modelos más o menos novedosos. En esa carrera contrar reloj se trabaja sobre todo con productos muy elaborados y recurriendo a los mejores materiales. Se valoran culatas muy ergonómicas y desarrolladas, y se ultiman soluciones que hasta hace poco podían considerarse extraordinarias.Este sería el caso de los avances surgidos respecto a los cañones. Se trabajaba con estándares de 24 ó más pulgadas de longitud en armas del 7.62×51mm, pues se buscaba tanto una velocidad elevada como buena precisión a distancias de hasta 800 metros.Pero los últimos desarrollos han llevado esa longitud a cifras tan cortas como 16 ó 18”, demostrando que con rifles mucho más compactos, y además algo más ligeros para favorecer su manejo y portabilidad, pueden conseguirse agrupaciones tan cerradas como las de modelos que tienen veinte centímetros más de cañón. Es un caso que, con sus adaptaciones lógicas, podría trasladarse al grosor, pues hay diseños en los que se ha conseguido reducirlo, sobre todo optando por la introducción de canales longitudinales en su superficie, retirando material que añadía un peso extra y favoreciendo así un mejor nivel de refrigeración para mantener, disparo tras disparo, el punto de impacto.link: http://www.youtube.com/watch?v=DYaTW--JWWk

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Ametralladora Browning M1919A1/A6 calibre .30US
InfoporAnónimo1/21/2012

Autor: Francisco (Tito) ValdezLa ametralladora Browning M1919A1/A6 es un diseño del genio de armas John Mosses Browning y un derivado de la ametralladora pesada Browning M1917A1.La ametralladora Browning M1919A1/4 fue adoptada por el Ejercito de los Estados Unidos en 1930.link: http://www.youtube.com/watch?v=91TcJ5iTNe8&feature=player_embeddedDisparando la ametralladora ligera M1919A4 sin apoyo.link: http://www.youtube.com/watch?v=Z8o4rY9nRz0&feature=player_embeddedDisparando la ametralladora 1919A4.La ametralladora Browning M1919A4 con un peso de 31 libras (14 Kg) se le considera una ametralladora ligera para aquel que no la tiene que cargar, el tripie tiene un peso de 14 libras (6.35 Kg) con un cañón de 24” pulgadas, operada por retroceso y enfriada por aire, capaz de disparar 500 rondas por minuto (500-RPM), con una velocidad de 2800 pies por minuto (fps) (854 metros por segundo).En 1941 al declarar Estados Unidos la guerra a la naciones del Eje Italia, Alemania y el Imperio de Japón, las fuerzas armadas de los Estados Unidos carecían de las armas y de personal militar como para sostener y equipar a los millones de soldados con la meta de ganar una guerra a nivel mundial.El poderío Industrial de los Estados Unidos se organizó para la fabricación y así abastecer de armas y otros pertrechos de guerra a sus tropas.La Ametralladora Browning básicamente se fabricó en dos versiones.La primera versión fue la ametralladora modelo M1919A4, la cual es una ametralladora fija que fue usada en vehículos y tanques de guerra o en aviones de combate.La segunda versión fue la ametralladora ligera modelo M1919A1, la cual fue de uso portátil por la infantería.Básicamente las dos ametralladoras son idénticas pero existen algunas peculiaridades que distinguen a una de la otra.En la ametralladora M1919A4 usada en tanques de guerra y vehículos militares, el cañón era pesado con cadencia de disparo más lenta que en la ametralladora M1919A1.Mientras que en la ametralladora 1919A1 usada por la infantería, el cañón es más ligero y la cadencia de disparo es más rápida que en la ametralladora M1919A4.Uno de los inventos y diseños que hicieron a la ametralladora M1919A1/A6 aun más letal ya que redujo los encasquillamientos y otras fallas mecánicas considerablemente fue el del cinturón de cartuchos desintegrable del Ingeniero John M. Ewart en 1945.Por consiguiente John M. Ewart influyó en el diseño de una la reformadora o cargadora de cinturones desintegrables.Erróneamente se comenta que la única ametralladora más rápida del mundo fue la ametralladora Alemana MG-42.La ametralladora Browning modelo AN/M2 la cual es un derivado de la ametralladora M1919A4 tiene una cadencia de disparo de 1200- 1300 disparos por minuto.La ametralladora AN/M2 se utilizo en los primeros años de la segunda guerra por la Marina de los Estados Unidos en los aviones torpederos y bombarderos, por lo general estos aviones Navales utilizaban la ametralladora AN/M2 con doble montadura es decir dos ametralladora cada una disparando entre 1200-1300 disparos por minuto.Unos de los diseños que hicieron de esta ametralladora, una ametralladora versátil fue el diseño de las placas laterales las cuales eran intercambiables y así permitían el uso de dos ametralladoras en la misma montadura (dual).La Ametralladora Browning usada por la Infantería de Marina (U.S. Marines) capaz de disparar 1200-1400 disparos por minuto.Durante los ataques e invasión de las Islas del Pacifico los Infantes de Marina se enfrentaron con la ferocidad de los Ejércitos del Imperio de Japón, un Infante de Marina de los Estados Unidos rescató de un avión Bombardero averiado una ametralladora Browning modelo AN/M2 y le montó una culata del rifle M1 Garand el resultado fue una devastadora ametralladora la cual causo miles de bajas y muertes entre los atacantes suicidas Japoneses.A través de los años la ametralladora Browning M1919A1/A6 sufrió una serie de modificaciones, siendo el modeloM19191A6 la última modificación que consintió en la montadura de una culata de rifle.La ametralladora Browning M1919A1/A6 fue la ametralladora ligera oficial de los Estados Unidos en la segunda guerra mundial y Corea, también se usó en los primeros años de la guerra de Vietnam. Esta fue remplazada por la Ametralladora M60A1, en calibre 7.62x51MM Nato (.308 Winchester).La ametralladora M1919A1 se fabricó en diferentes calibres entre estos 7.9x57 MM (8mm) 7x57 MM Máuser, 6.5x55 MM.La Marina de los Estados Unidos y la Guardia Costera (U.S. Cotas Guarda) modificó el calibre de 7.62x63 MM M2 al calibre 7.62x51 NATO estas ametralladoras se montaron en las lanchas de motor de manera doble que se usaron en la guerra de Vietnam.Entre las naciones que utilizaron la ametralladora M1919A1/A6 se encuentran Bolivia, Costa Rica, Alemania, Bosnia, México, Israel, entre otras.Cuando menos por ahora la posesión y uso de armas automáticas es permitido para civiles en los Estados Unidos por medio de un permiso Federal.Las fotografías que aquí adjunto fueron tomadas en el Club al cual soy socio en San Diego California mi ciudad de residencia.En el Estado de California es ilegal el uso de cinturones y cargadores de armas cortas y largas con capacidad mayor de 10 cartuchos.La ametralladora en las fotos es propiedad de un buen amigo y compañero de servicio militar de su humilde servidor.La ametralladora fue fabricada en Israel (Israel Military Industries) en 1957 en calibre 7.62x51MM (.308 Winchester).La ametralladora se encuentra totalmente original con el tripie con dos cañones y recargadora de cinturones.La ametralladora de mi amigo forma parte de su colección de armas automáticas las cuales se ofrecen en renta a los Estudios de cine en Hollywood.El darse el lujo de disparar este animalito es de 15-10 centavos de dólar por disparo.En el mercado actual y en California en donde es casi imposible el obtener un permiso Federal para la posesión y uso de armas automáticas el precio de esta ametralladora es de aproximadamente $ 25.000 dólares.

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Armas de los Pioneros en el África
Armas de los Pioneros en el África
InfoporAnónimo1/21/2012

De derecha a izquierda: De pie - T. Casperethus, desconocido, desconocido. Sentado: P. Brindell, E. Heath, Fritz Buske, John Buske. (Estos cuatro hombres rescataron al niño de la Sra. Williamson durante la rebelión) 1896. Armas de izquierda a derecha: De pie - Martini Henry, "Elephant Gun-Fusil para Elefantes" de percusión, Winchester Modelo 86, apoyado: Fusil Doble Martín, Fusil doble del Cabo -Cape Double- (del lado izquierdo: fusil, del lado derecho: escopeta).En esta época caracterizada por fusiles de alto poder, de cartuchos magnum de trayectoria extremadamente rasante, de la caza de búfalos con un solo disparo de un arma con la energía de un pequeño cañón, etc., resulta interesante conocer el pasado leyendo los libros de historia y observar en qué medida nuestros ancestros tenían éxito.Por supuesto que los primeros cazadores que llegaron a este territorio (África) estaban armados con un amplio surtido de fusiles y armas de percusión (aunque muchos también trajeron antiguos fusiles de chispa como armas “de repuesto” para su propio uso o para la gente que contrataban para trabajar). Generalmente, los rifles eran de calibre relativamente pequeño, tanto mosquetes militares (en calibres .577 y .720 pulgadas) o fusiles de uso civil de 8, 10 y 12 calibres o “bores” a la vez que una gran cantidad de fusiles de ánima lisa de cañón único de 6 y 4 “bore” para la caza de animales peligrosos.Los fusiles, generalmente se cargaban con proyectiles cónicos, mientras que los de ánima lisa disparaban proyectiles esféricos. Excepto para el rinoceronte y el elefante, los “pequeños fusiles” resultaban muy adecuados para todo tipo de animales, resultando abatidos, frecuentemente, con un solo disparo. Para los animales mayores, se confiaba en el peso del proyectil de plomo para asegurar al animal. El cazador debía, invariablemente, comenzar con su rifle y luego confiar en los de ánima lisa para disparos subsiguientes, ya los fusiles de avancarga resultaban demasiado lentos de cargar.Con los fusiles de ánima lisa, cualquier cosa que se encontrara más allá de los 20 metros resultaba ser un “tiro largo” y más allá de los 30 metros, aproximadamente, el tirador no podía estar realmente seguro de impactar un elefante con un arma con una carga “liviana”. Selous, comenta, sin embargo, que su antiguo “Fusil para Elefantes” de calibre 4, con un proyectil esférico de plomo endurecido de 1700 grains, cargado con una buena cantidad de pólvora negra, tenía mejor penetración que la mayoría de los primeros fusiles de cartucho.Era esta gran capacidad de penetración, junto con un razonablemente gran canal de herida lo que mantenía vigentes a los grandes fusiles de ánima lisa vigentes para la caza de elefantes hasta la década de 1880. Ninguno de los primeros fusiles tenía suficiente penetración, aunque para los disparos frontales al cerebro de los elefantes esto recién se logró con la introducción del 7mm Mauser y del Mk II con munición .303 en 1890.Pero, dejando de lado al elefante y al rinoceronte… ¿Cuáles eran los rifles preferidos y que tan precisos resultaban ser? Los rifles usados por los primeros cazadores invariablemente disparaban alguna variante de proyectil de forma cónica, ya que los proyectiles esféricos habían sido reemplazados por ellos en el ámbito militar alrededor de la década de 1850 y en los ambientes de caza africanos mucho tiempo antes. Aparte de demandar casi 1 minuto para su carga, las armas de un solo cañón eran razonablemente precisas, capaces de agrupar todos los disparos en un radio de 6 pulgadas a 100 yardas, residiendo su mayor inconveniente en sus aparatos de puntería.Los aparatos de puntería de estas antiguas armas eran claramente rudimentarios según los estándares actuales con puntos o guiones redondeados o voluminosos y alzas muy pequeñas. Para empeorar las cosas, muy pocas de las armas económicas estaban reguladas apropiadamente y muchas de ellas agrupaban bien pero alejadas de la línea de visual o puntería. Las armas de mejor calidad incorporaban alzas de hoja, de gran tamaño y sin entalladura, por lo cual el cazador podía, mediante una lima de forma triangular, calar sobre ella una “V” en el lugar apropiado, con la profundidad deseada sobre las diferentes hojas o tablones del alza para lograr que se ajustara a sus diferentes cargas. La lentitud de carga, sin embargo, determinó que muchos cazadores prefirieran los rifles de cañón doble o “dobles” para desarrollar su actividad (y/o llevaban varios fusiles previamente cargados).Hacer que un fusil doble de avancarga agrupe los impactos de ambos cañones en el mismo sitio resulta ser aún más difícil que regular un arma similar de retrocarga, y todo esto requería un método de carga extremadamente cuidadoso para lograr una buena agrupación.Toscos aparatos de puntería militares sobre un Martini.Miras de buena calidad sobre un H&H.Alza ortóptica sobre un antiguo Mauser.En consecuencia, no resulta sorprendente que la mayoría de los cazadores de bajos recursos, particularmente los Boers, llevaran “Rifles del Cabo”, provistos de un cañón estriado y otro de ánima lisa. Para la caza normal, el cañón “de escopeta” se cargaba con “loopers” (tres o cuatro esferas prácticamente del diámetro del calibre. Esta fue una fórmula bien probada y efectiva usada por los “Voortrekkers” para la mayoría de sus cacerías hasta 1880).En la medida en que el cazador estuviese razonablemente cerca de la presa, esta carga de postas ultra-pesadas era muy efectiva, y los cazadores de esa época eran capaces de acertar a una distancia de 20 o 30 yardas, inclusive cazando de a caballo para acercarse mejor al animal. El disparo con el cañón de ánima lisa, invariablemente, se usaba primero, mientras que el cañón estriado se reservaba para un segundo disparo en caso de ser necesario.Sin embargo, cuando se pone todo en consideración, el éxito de los cazadores en la época de la avancarga consistía en estar lo más próximo posible a la presa. Excepto para aquellos tiradores expertos con un fusil de alta calidad, cualquier cosa más allá de las 50 yardas resultaba ser “un tiro largo” con grandes posibilidades de herir más que matar.La llegada de la retrocarga a partir de 1870 cambió los escenarios de caza. Los fusiles Zinder y Martini-Henry podían disparar 10 tiros por minuto en las armas de un tirador hábil, y los Rifles del Cabo rápidamente de convirtieron en las herramientas de una clase social que practicaba la caza más por deporte que para vivir. El problema de la precisión aún contenía ciertos interrogantes interesantes.Todos los fusiles Martini que he probado tanto con munición original de fábrica y con recargadas, no han agrupado bien con respecto a la línea de puntería a las 100 yardas de distancia, y debieron resultar adecuados para la caza de animales de gran porte más allá de este rango, siendo su gran limitación la tosquedad de sus aparatos de puntería.Las carabinas eran otra historia, siendo una norma las agrupaciones de hasta 12 pulgadas por encima y a la derecha de la línea de mira, y Baden-Powell comenta la pérdida de un león un par de veces a distancias aproximadamente de solamente, 40 yardas con su carabina. Todo esto, además, presuponiendo que el fusil estaba limpio. El Martini (y en el caso del Snider, era peor) la acumulación de suciedad se producía con mucha rapidez y con los primeros cartuchos la precisión se empobrecía con cada uno de los disparos, hasta que, al haber efectuado 7 u 8 tiros, no era posible impactar una silueta del tamaño de un hombre a 40 yardas.Los primeros fusiles deportivos, eran mejores, ya que empleaban envolturas de papel encerado sobre los proyectiles que ablandaban la acumulación de suciedad y mantenían la precisión durante algunos disparos más. Típicos fusiles deportivos de buena calidad eran los Farquerson con acción tipo “falling block” fabricados por Gibbs, a los cuales era tan adepto Selous. Estos fusiles del tipo de acción mencionada, fabricados por Gibbs, Rugby o Holland, tenían aparatos de puntería adecuadamente regulados en fábrica para la carga recomendada. Los fusiles deportivos más económicos eran simplemente Martini-Henrys con acciones más livianas pero con aparatos de puntería que no resultaban mejores que sus contrapartidas militares.Los integrantes de una columna de pioneros y la policía que los escoltaba estaban armados con fusiles Martini-Henry, pero muchos de ellos llevaban también sus propias armas deportivas. William "Curio" Browne, un naturalista norteamericano que trabajaba para un gran museo en los Estados Unidos que acompañaba a los pioneros tomó notas interesantes respecto de los rifles y del grado de eficacia que tenían, tanto durante la jornada como mientras recolectaba especímenes. Su propio rifle Ballard tenía miras ortópticas ajustables y las empleaba con los animales más pequeños hasta que se le agotaron las municiones. Para los animales de mayor porte empleaba su Martini, pero hace notar que probó varios hasta encontrar uno que impactaba coincidentemente con su línea de visual. Luego de que le robaron su Martini, adquirió un Martini-Enfield en calibre .303 y un Gibss en calibre .450 Martini-Henry, pero la pequeña carabina .303 disparaba tan lejos del lugar adonde apuntaba que le resultaba completamente inútil.Armas visibles de izquierda a derecha: (de pie) Pete Ingram (el explorador Americano) con un Winchester Modelo 92, un explorador africano con un fusil doble del 12 “bore”, el Capitán White con Farquerson. (De rodillas) Cummings con una carabina .303 Martini. Stocker con un Lee Metford, Moffat (Jnr) con un Martini, Bain con un fusil Martini, Burnham con un Winchester Modelo 92 y Gifford con un Gibbs .461. Del grupo que constan en la fotografía, Ingram, Bain y Barnham fueron los tres exploradores que sobrevivieron al “Desastre de la Patrulla de Shangani”.También adquirió un fusil Express .500 de “máxima calidad” pero descubrió que “El cañón derecho disparaba a tres pies del lugar al que apuntaba, mientras que el izquierdo disparaba dos pies por encima” y se deshizo rápidamente de él. El Coronel Frank Johnstone, que comandaba la columna de pioneros, también poseía un .450 Express, y las pruebas recientes efectuadas con esta arma han mostrado que más allá de los 50 pasos, aproximadamente, los aparatos de puntería ofrecían solamente una guía orientativa adonde irían a impactar los proyectiles.La otra marca popular de rifle entre los pioneros fue, por supuesto, el Winchester. Los Modelos 73 en calibre .44-40 fueron provistos a la policía a partir de 1893, mientras que muchos hombres compraban en forma particular a la versión más potente: el Modelo 86, usualmente en calibres .40-70 o .45-70 (el .44-40 era aplicable, básicamente, como un calibre para defensa personal y para animales no mayores al tamaño del impala -Aepyceros melampus- a corta distancia). La elección del gran fusil de Winchester tenía mucho sentido para una persona que necesitara un arma para defensa propia, tanto contra seres humanos, leones y otros animales, a la vez de ser útil para cazar animales de la talla del kudu -Tragelaphus strepsiceros- para alimentarse.De izquierda a derecha: 45-70 y 44-40 para los rifles Winchester, .303 (Mk V military de punta hueca), 7x57 Mauser, .450 No 2 Musker, .461 Gibbs, .500 BP Express, .577/450 Martini-HenryEl mayor problema residía en la provisión de municiones. Si no era .450 Martini-Henry, .44-40, o .303 no había otra disponible en el país. Los comercios idóneos que comercializaban una adecuada variedad de municiones solamente comenzaron sus actividades luego de 1897, y recién a partir de entonces comenzaron a importarse los cartuchos más comunes tales como el .40-70, el Nro. 2 de Mosquete y el 7mm Mauser.Cualquier otra cosa debía ser adquirida directamente bajo pedido desde Inglaterra o desde los Estados Unidos con una demora en el embarque de 3 a 6 meses. De manera, que no resulta sorprendente que la mayoría de los rifles deportivos traídos al país estuvieran recamarados en calibres militares. Una característica útil de la mayoría de los cartuchos deportivos ingleses es que estaban disponibles con una gran variedad de tipos de proyectil del mismo peso (y en consecuencia, impactaban todos en, aproximadamente, el mismo lugar).Todos los proyectiles, incluyendo los del Martini-Henry estaban envueltos en papel hasta la introducción del .303, y este encamisado de papel significaba que el proyectil podía ser confeccionado en plomo puro lo cual aseguraba una expansión confiable aún a las modestas velocidades brindadas por los cartuchos de la época. También podían ser fundidos en aleación dura y luego endurecida aún más mediante un tratamiento térmico para obtener una mayor penetración.Boca de cañones de un calibre 6 (“6 bore”) y de un .450 Martini-HenryLa Fábrica.Los cartuchos .450 Martini-Henry estaban cargados con un proyectil relativamente blando de 480 grains que era ideal para animales de hasta el tamaño de un kudu, pero se expandía demasiado rápido en disparos a la paleta en el caso del búfalo. Los cartuchos deportivos equivalentes, tales como el Nro.2 de mosquete (No 2. Musket), el .450 Gibbs, y el .450 Express estaban provistos de proyectiles más pesados, y endurecidos, resultando adecuados para disparos al corazón y a los pulmones para la caza de elefantes.En el otro extremo, la munición americana, empleaba proyectiles de aleación relativamente duros, lubricados, y la expansión la lograban mediante la punta hueca. Los cartuchos de este tipo tendían a ser livianos para los calibre en cuestión con una mejora en su velocidad, pero reducían significativamente la efectividad terminal, y para agregar una complicación, cada estilo de proyectil, usualmente, tenía un peso diferente, siendo las de punta hueca mucho más livianas que las sólidas.Los primeros proyectiles encamisados para el .303 y para el 7mm Mauser tenían mayor penetración que los cartuchos antiguos pero carecían en forma significativa de efectividad terminal inclusive sobre animales pequeños. De hecho, el cartucho .303 con su proyectil de nariz redonda de 215 grains era tan poco eficaz para el combate, que los militares británicos adoptaron un proyectil de punta hueca a mediados de la década de 1890.El último punto a considerar es que los principios éticos de la caza no eran en ese entonces semejantes a los actuales, y muchos animales “se perdían” con poco o ningún esfuerzo para determinar si no se escapaban heridos. La fauna era abundante y bastante salvaje. Los cartuchos eran económicos y si un animal no era abatido en forma instantánea de un disparo o, al menos, el lugar del impacto no era el adecuado, muchos de los “cazadores” simplemente los dejaban ir y buscaban otro animal.Este estado de cosas finalizó abruptamente con la epidemia de “rinderpest” (ictericia hematúrica de los animales) de 1895/96. Todos los antílopes comestibles murieron de a millares y para el momento en que retornó la paz en todo el territorio en diciembre de 1896, quedaban muy pocos ejemplares. El advenimiento del cartucho .303 y el fusil Lee-Metford como arma reglamentaria para la milicia en 1894, también dieron los toques finales a la población de elefantes y a fines de siglo solamente quedaban entre dos y cuatro mil ejemplares, ocultos en la región más inhóspita del Valle del Zambeze y Lowveld…link: http://www.youtube.com/watch?v=ln_b55S2ooMlink: http://www.youtube.com/watch?v=YGOU60-5BDg&feature=related

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¿Sabes Quien es Juan Escutia?
InfoporAnónimo1/25/2012

El personaje más misterioso de la gesta épica del 13 de septiembre es sin duda Juan Escutia. No era cadete del Colegio Militar sin embargo, murió en combate. Debido a la escasa información sobre él, su nombre ha servido para inventar hazañas inexistentes. En las siguientes líneas trataremos de dilucidar quién era Juan Escutia y, apartándonos de las leyendas, propondremos una hipótesis novedosa para saber qué hacía en Chapultepec ese día. Un primer problema del historiador es la falta de expediente en el Colegio Militar; más bien, hay uno pero con documentos y anotaciones posteriores a la batalla y nada dicen acerca de su existencia ni de su participación en los acontecimientos. La única fuente que consigna su existencia durante la batalla es la del testimonio de Ignacio Molina, escrito casi sesenta años después del 13 de septiembre de 1847, cuando ya Escutia era considerado por la leyenda como uno de los “niños héroes”. Molina dice que después de la batalla del Molino del Rey, por esos mismos días se presentaron algunos jóvenes, entre ellos Juan Escutia. Según Molina, fueron agregados a las compañías en carácter de alumnos; esto no puede ser, ya que la admisión al colegio dependía del director, previo acuerdo con el ministerio de guerra. En esos días no estaba el general Monterde, así es que el subdirector no podía aceptar “agregados”, excepto a los cadetes desertores, como Melgar, y admitirlos provisionalmente hasta que la autoridad competente decidiera su suerte. El caso de Escutia, si en efecto sucedió así, es diferente, pues se trata de un “paisano”, un civil sin necesidad de estar en Chapultepec, posición militar a punto de ser atacada. Por otra parte, Molina asegura que el cadáver de Escutia quedó junto al de Márquez, en la falda del cerro. Molina no vio esto, pues permaneció arriba en el castillo y allí fue hecho prisionero. Sin embargo, Escutia sí estuvo allí, en Chapultepec, peleando junto a los cadetes. Seguramente ellos lo recordaban como a un voluntario. Se lo deben haber comentado a Monterde, quien no conoció a Escutia, y el director lo agregó, al año siguiente, en una lista del personal del Colegio Militar acreedor a la cruz de honor por la participación en la batalla. Pero, o Monterde no escuchó bien o no recordó el nombre mencionado por los cadetes y así, en la relación apareció un sujeto llamado N. Escontría, del que nunca se supo nada y cuyo nombre no volvió a repetirse. Al parecer, Monterde no se acordaba nunca del nombre de Juan Escutia. Años más tarde, en septiembre de 1852, el general dio un discurso y se equivocó nuevamente, pues al enumerar los apellidos de los cadetes muertos lo llamó “Ascutia”. A pesar de los desatinos memorísticos de Monterde, los cadetes sí se acordaban de Juan Escutia, pues ellos lo habían conocido durante el combate. En septiembre de 1851 el subteniente alumno Miguel Miramón, al pronunciar un discurso conmemorativo, lo mencionó claramente entre sus compañeros caídos: “Escutia”, pero no dijo su nombre de pila, quizá porque no se ponían de acuerdo sobre cuál era; nada más recordaban el apellido. En efecto, en 1849 a uno de los cadetes sobrevivientes, Santiago Hernández, se le encomendó pintar al óleo el retrato de sus compañeros héroes. Todos son muy parecidos entre sí, con alguno que otro rasgo distintivo, teniendo como modelo el reciente recuerdo de sus compañeros en la intimidad de la vida diaria de las aulas. Aunque a Escutia no podía recordarlo, lo pintó como a los demás, con rasgos similares a los otros. Sin embargo, lo interesante del cuadro es que en la parte baja del mismo aparece la anotación del nombre del personaje retratado: Francisco Escutia. Además, en los libros del colegio relativos a la correspondencia de 1849, cuando se habla de Escutia se antepone, abreviado, su nombre con estas letras “Fco”. Todo lo anterior demuestra que el contacto de los cadetes con Escutia fue muy breve, apenas lo necesario para recordar el apellido. Para salir del atolladero, biográfico primero, y después para justificar el ingreso ilegal de Escutia al colegio como agregado, un ilustre historiador, Alberto María Carreño, propuso que Juan Escutia era en realidad un cadete dado de baja por no presentarse en las revistas de comisario cuando a principios de 1847 los alumnos fueron enviados a sus casas. Para colmo, el mayor Montenegro, un militar preocupado por el qué dirán, agregó una nota al expediente vacío de Escutia: “probablemente desertó”. Por ello, en las listas oficiales, redactadas a cien años de distancia por el general Miguel A. Sánchez Lamego, a Juan Escutia lo han considerado como cadete y lo han colocado en la primera compañía de alumnos. Sin embargo, existe una prueba en contra que destruye los argumentos de Carreño, de Montenegro y de Sánchez Lamego: existe una única lista de la revista de comisario –encontrada por el general Adrián Cravioto– realizada el 5 de marzo de 1847, antes de disolver el colegio y enviar a los alumnos a sus casas. En ella no aparece el nombre de Juan Escutia. Es decir, nunca fue cadete. Pero sí estuvo en la batalla de Chapultepec y murió al lado de los cadetes. El problema está en comprobarlo, pues ya vimos que no fue agregado civil ni antiguo cadete. La fe de bautizo de Juan Escutia arroja datos reveladores que permiten plantear una nueva hipótesis sobre su procedencia y lo que hacía en Chapultepec ese día. Su nombre completo era Juan Bautista Pascacio Escutia Martínez, nació en la ciudad de Tepic, cuando formaba parte del estado de Jalisco, el 25 de febrero de 1827. Juan Escutia pudo ser un soldado del batallón de San Blas. Estuvo presente en el momento en que esta unidad, al mando del teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, chocó de frente, en la ladera sur del cerro, con los estadounidenses quienes lo recibieron con fuego de fusilería y con las bayonetas caladas, haciendo una carnicería con los soldados nayaritas. Se sabe que de 400 soldados murieron alrededor de 370; el resto escapó. ¿Hacia dónde? Los de la retaguardia seguramente retrocedieron al campo del general Rangel, en la calzada de la Verónica, pero otros escalaron el cerro y buscaron refugio en el castillo de Chapultepec. Juan Escutia pudo ser uno de ellos. Los datos son simplemente coincidentes y sorprende que nadie haya reparado en ellos. El batallón de San Blas tenía su matriz precisamente en este puerto, ubicado en el territorio de Tepic. El batallón había sido organizado en mayo de 1847 en Jalisco, y sus soldados reclutados en el cantón nayarita. Juan Escutia era originario de Tepic, luego, bien pudo haberse enrolado en el batallón. Además, en la Ciudad de Guadalajara, capital del estado de Jalisco, residía para curar sus heridas, recibidas en la batalla de la Angostura, el teniente coronel Xicoténcatl, a quien el gobernador del estado designó como comandante de la flamante unidad. Escutia habría llegado a la Ciudad de México con su batallón en junio de 1847 y recibió su bautismo de fuego los días 12 y 13 de septiembre en Chapultepec. Está comprobado que algunos soldados del San Blas lograron ascender al castillo después de la masacre sucedida en las faldas del cerro. El testimonio del cadete José T. Cuéllar es fundamental aquí: “Desde que comenzó el asalto, el fuego de fusilería se generalizó por todas las líneas. Yo me mezclé de mi orden en un Pelotón de seis soldados del batallón de San Blas y me puse con ellos a hacer fuego. De siete, habíamos quedado cuatro: tres soldados de San Blas murieron a mis pies”. Debe suponerse que los otros tres no, que continuaron vivos y peleando. Uno de esos soldados que sobrevivieron a esa refriega pudo ser Juan Escutia. Fueron escasos minutos, pero los cadetes que allí combatían pudieron tener oportunidad de conocerlo, de cruzar algunas palabras y de alcanzar a saber, al menos, su apellido: Escutia. Luego, para confirmar las palabras de Ignacio Molina, Juan Escutia pudo haber pretendido salir del castillo por la ruta de los demás cadetes, descolgándose por las ventanas y paredes. Allí los tiradores estadounidenses lo derribaron con sus certeros tiros y por eso su cadáver fue encontrado junto al de Francisco Márquez, en la ladera oriental, la más escarpada de todas. Juan Escutia, el “niño héroe”, quizá fuera un soldado del batallón de San Blas y murió a los 20 y medio años de edad.

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