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TheBadTouch

Usuario (Argentina)

Primer post: 26 sept 2010Último post: 20 oct 2010
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Yo estuve la noche de los mineros en T!
OfftopicporAnónimo10/13/2010

dijo: Milagro y rescate inolvidable en Chile: el primer minero ya está en la superficie Es Florencio Avalos, de 31 años. Se trata del primer obrero en salir tras permanecer atrapado durante 70 días a 700 metros de profundidad. Lo recibió en la boca del ducto su esposa, en medio de un emocionante operativo. Florencio, el primero en ser rescatado, abraza fuerte a su mujer Mónica Araya. Byron, su hijo de 8 años, corre a abrazar a su papá, el primer minero rescatado. Las manos apretadas, la boca sin aliento, los ojos aguados y con la esperanza a más no poder. Así, los familiares de Florencio Ávalos lo vieron salir caminando firme de la cápsula Fénix, la que lo devolvió a la vida tras pasar 70 días a más de 700 metros de profundidad rodeado sólo por las entrañas de la tierra y sus 32 compañeros. Una ebullición permanente se puede ver en el campamento de Copiapó, donde la ansiedad y la expectativa reinan. El rescate de los mineros atrapados ya está en marcha y la cuenta regresiva parece no tener vuelta atrás. Los primeros pasos los dio la cápsula Fénix que fue introducida unos 65 metros dentro del ducto que conecta con los trabajadores. Dio comienzo así a las primeras pruebas que terminaron con Florencio Ávalos en la superficie. Después vino la segunda y más importante de las pruebas: que la cápsula bajase hasta los 610 metros de profundidad y volviera con información de cómo fue el descenso. Por allí no sólo habrá que sacar a los 33 mineros sino introducir a cinco rescatistas cuyas vidas también están en juego. El primero de ellos, Manuel González recibió un pedido especial: “Tráigame a los mineros”, le dijo el presidente chileno, Sebastián Piñera, que se encuentra en el lugar desde media tarde. Y cumplió. Florencio Ávalos ya está siendo atendido por los médicos del campamento. Manuel González es un experto en minería de la empresa Codelco. Su descenso tardó 16 minutos. El siguiente paso, la preparación y subida de los otros mineros. Piñera había confirmado que el rescate de los 33 hombres se había adelantado y que se iniciaría antes del anochecer. Previsto para las 20 de Chile, el operativo se retrasó unas horas pero sigue avanzando. A las 23.08 se lo dio por comenzado oficialmente. Previamente, en la ciudad de Copiapó, el mandatario evocó las dificultades del rescate, el más complejo en la historia de la minería. "Siempre reconocimos que la vida de los mineros estaba en las manos de Dios", dijo al inicio de su visita. "Siento una profunda emoción y una profunda alegría", agregó. Piñera, cuya popularidad creció luego de que fueran encontrados los mineros, participará luego en una misa en la bocamina con los familiares de los trabajadores atrapados. Los ojos del mundo están puestos en el inminente rescate. Según confirmaron las autoridades de Copiapó, en los alrededores de la mina ya hay más de 2.000 periodistas de distintas partes del mundo. Con la cuenta regresiva en marcha, el tema ocupa lugares destacados en portales noticiosos de todo el globo, como los de la BBC, el New York Times, Le Monde, La Reppublica, El País (de España), El País de Uruguay, O Globo de Brasil. El conducto de algo más de 60 centímetros de diámetro fue reforzado –encamisado, según la jerga– esta madrugada. Seis horas antes de lo estimado. Dos horas después se probó la cápsula, que traerá a la superficie a los mineros atrapados desde el 5 de agosto en esta mina de cobre y oro a más de 800 kilómetros de distancia al norte de Santiago de Chile. El orden de salida es una de las grandes incógnitas del rescate. Sólo se sabe quiénes serán los primeros tres mineros que saldrán del yacimiento: Florencio Ávalos, Mario Sepúlveda y Carlos Mamani. Lo otro que está confirmado oficialmente es que el último en llegar a la superficie será Luis Urzúa, el jefe de turno. "Don Lucho" es también topógrafo y, como buen capitán de barco, será el último en abandonar la dramática situación. ¿Quién saldrá en medio? Habrá que aguardar. Abajo quedarán los cinco rescatistas que habrán bajado primero –tal como lo anticipó Clarín en su edición de ayer– para ayudar a los mineros a salir. El Campamento Esperanza amaneció con un viento frío que de a poco fue dando lugar al sol que hizo que el día sea, una vez, de mucho calor. Los familiares de los mineros casi ni durmieron entre los nervios y la ansiedad. Todos esperan que el operativo "San Lorenzo" termine con éxito y con todos los mineros arriba. Fuente

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El siloismo y el peronismo
El siloismo y el peronismo
OfftopicporAnónimo9/26/2010

dijo:¿Famoso este?... si era mi vecino Silo fue un personaje singular al que los mendocinos nunca terminamos de digerir. Sin embargo, en muchos aspectos fue un menduco de lo más típico. Qué va a ser famoso ese tipo si vivía a la vuelta de mi casa”, decía con tierna ignorancia uno de los personajes que hace muchos años interpretaba Luis Sandrini. Aquella criatura sandrinesca negaba que alguien de su entorno pudiese tener un vuelo distinto al de los otros vecinos. Aquel chiste volvió a rondarme por estas horas en que muchos se están preguntando en Mendoza cosas tales como: “¿Es cierto que el Silo ese era tan famoso como dicen?” O si no: “¿Pero si a ese negro yo lo veía caminando como si nada por Chacras de Coria?” Marca en el orillo La muerte de Silo (72), quien portaba DNI a nombre de Mario Rodríguez Cobo, nos obliga a detenernos en este personaje del que se podrán decir muchas cosas, a favor y en contra, pero de quien es difícil no destacar una particularidad: poseía varias de las manchas que pintan al mendocino típico. Y fue uno de los pocos menducos realmente conocidos en varias partes del mundo. Hijo de los sesenta No era ostentoso, pero estaba secretamente orgulloso de lo que había construido y hasta podía aparecer como pedante. Era sobrio, aunque sabía que tenía pasta para liderar. Y se demoraba en el apego a ciertas formas piedemontanas, como las de no irse de boca o la de rumiar lo que se va a decir. Fue netamente un producto de los años ’60, de aquellos tiempos del “hacé el amor, no la guerra”, de la era de acuario, del “dejá que entre el sol”. Pero ya en los ’50, saliendo del cascarón, había sido un activo dirigente estudiantil en el CUS (Central Única de Secundarios). Merengue conceptual En la Argentina de fines de los ’60 y comienzos de los ’70 había una feroz lucha de ideas. Por un lado, reinaba el peace power que pregonaban Lennon y Yoko Ono desde aquella célebre cama neoyorquina, esa donde pasaban echados días enteros en medio de fotógrafos que los retrataban a ambos de la manito, mostrando el poto. Por otro lado, mareas de jóvenes de la clase media se sumaban, por primera vez, al peronismo, partido al que muchos padres de esos jóvenes habían combatido en los años ’50. Maravillosos e imberbes Casi en paralelo y mientras en Punta de Vacas Silo se hacía conocer con aquella especie de “ sermón de la montaña” (mayo de 1969), en el país ya se preanunciaban las “formaciones especiales” que alentó Perón desde Madrid poco tiempo después. Cuando Silo reafirmaba su fama (sobre todo fuera de la provincia y del país) con su “mirada interna” y sus llamados a “humanizar la tierra”, Perón embarcaba a la “juventud maravillosa” en una maquinaria infernal, la que después él mismo ordenó destruir. ¿Para quién patea? Silo insistía en mirar el “paisaje interno” pero aquí miles y miles de jóvenes se desconcertaban entre seguir al viejo líder o a esa satrapía de dirigentes montoneros que los llevaban derecho al degüello, a las cárceles, a las torturas y a las desapariciones. Por eso, en los ’70 Silo sonaba medio a marciano, por más que muchos de sus seguidores se consideraran de una izquierda no violenta. Es que él predicaba la no violencia justo cuando los jóvenes argentinos se ponían el traje de la juventud peronista más combativa. La contracara sería, primero, el asesinato como método del lopezreguismo y, luego, la tenebrosa represión estatal de los militares que subvirtieron el orden constitucional en marzo de 1976. El insistente PH Con el retorno de la democracia, la participación en las elecciones del Partido Humanista, brazo político del siloismo, generaba chanzas y chistes crueles de los militantes “en serio”. Los humanistas salían últimos o penúltimos o, con suerte, antepenúltimos en las elecciones, pese a que algunos de los candidatos que presentaban podrían haber tenido papeles más destacados que muchos de los mediocres –cuando no peligrosos– personajes que se repetían en los partidos grandes y tradicionales. Entre tanto Lo más paradójico fue que, mientras muchos se agarraban la panza de la risa por la pobre performance de votos de los siloistas, nos llegaban noticias de que Silo tal cosa en Europa, que tal otra en Centroamérica o que tal reunión de humanistas había sido un éxito en aquel lugar de Asia o que sus libros se traducían a los idiomas más raros. Antes de la implosión De alguna manera Silo fue un adelantado del vuelco que, tras la implosión soviética y la caída del Muro de Berlín, tendrían los partidos de izquierda hacia idearios más ecológicos y humanistas y menos pegados a la fracasada ortodoxia marxista leninista. Lo concreto es que hoy el Partido Humanista, como recordaban ayer los diarios porteños, tiene presencia en 30 países del mundo. Entre las consignas del siloismo hubo de todo: sensatez y locuras. Así, desde los ’80 figuraron propuestas como la supresión del servicio militar obligatorio, luego concretada en el gobierno de Carlos Menem, tras el escándalo por el asesinato del soldado Carrasco, junto a otras polémicas y típicas de los viejos partidos de izquierda, como el no pago de la deuda externa. Fuera del centro Personaje singular como pocos, Silo ya ha quedado como uno de los mendocinos bisagra entre un siglo y otro. Un mendocino casi desconocido en su tierra, del que muchos hablaban como si fuera un excéntrico, un extraño, como si fuera cordobés o polaco. Murió por problemas renales. Se negó a recibir diálisis o a ser trasplantado . “En la muerte de alguien se define toda su vida, no antes”, había dicho en 1992. Y nos la dejó picando. fuente

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El celular de Hansel y Gretel
OfftopicporAnónimo10/20/2010

dijo: El celular de Hansel y Gretel ¿Qué hubiera pasado si Hansel y Gretel hubieran tenido celular? ¿Y si hubieran podido mandarse un sms Romeo y Julieta? Hernan Casciari ensaya con humor qué hubiera sido de los cuentos de princesas y dragones de haber tecnología de por medio. Tomamos "prestado" este texto de Hernán Casciari en el que imagina el desenlace de los cuentos clásicos si hubiera habido tecnologia, como los celulares. Para pensar y, de paso, para analizar hasta qué punto, en la vida real, la tecnología nos ayuda a salvar situaciones, aunque esto muy poco tiene de romántico. Este es el texto: Anoche le contaba a mi hijita Nina un cuento infantil muy famoso, el de Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura, los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: 'No importa. Que lo llamen al papá por el celular'. Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura -toda ella, en general- si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción. Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía. Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace. ¿Ya está? Muy bien. Ahora ponga un celular en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda. ¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?. La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las viejas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor. Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate. Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria. Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam. Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica. Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí. Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana. Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil. Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler). Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis: M HGO LA MUERTA, PERO NO TOY MUERTA. NO T PRCUPES NI HGAS IDIOTCS. BSO. Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' de Movistar. Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría 'Cien años sin conexión': narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el Messenger. La famosa novela de James M. Cain -'El cartero llama dos veces'- escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir. Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, 'Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura', la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo. En la obra 'El jotapegé de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición. La bruja del clásico Blancanieves no consultaría todas las noches al espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90 la conexión y 0,60 el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría. También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi. Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas. Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa. La telefonía inalámbrica -vino a decirme anoche la Nina, sin querer- nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles. Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora? No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma. Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan. Nuestras tramas están perdiendo el brillo -las escritas, las vividas, incluso las imaginadas- porque nos hemos convertido en héroes perezosos. fuente

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