S

SurrealistaJota

Usuario (Argentina)

Primer post: 30 sept 2015Último post: 7 abr 2016
4
Posts
122
Puntos totales
39
Comentarios
V
Verena Landau - Pintura.
ArteporAnónimo9/30/2015

Buen día, buenas noches. Investigando un poco sobre pintura, más precisamente sobre expresionismo alemán, encontré una pintora llamada Verena Landau. Debo decir que no creo que ella pueda ser considerada expresionista pero me llamó mucho la atención su obra y quería compartir un poco de ella. Sobre su vida no hay mucho en internet, y lo que hay está en alemán. Lo poco que se es que nació en Alemania, en una ciudad llamada Düsseldorf, en 1965. estudió pintura en la Academia de Artes Visuales de Leipzig y se graduó en la misma en el año 1999. Ha realizado una numerosa cantidad de exposiciones (tanto individuales como grupales) en distintas galerías del mundo y no solo se dedica a la pintura, también desarrolla la fotografía. No mucho más he podido encontrar pero les dejo parte de su obra pictórica. Pasolini-Stills (1999) Passing Pasolini (2001) Foreign-I-movement (2001) Turning points 01–03 / capture 01 – 03 (2007 — 2008) Access 01 – 03 | accessory 01.1 – 03.2 (2006) Lo que les comparto en el post es lo que a mí me ha gustado más de la autora. Si les interesa, pueden encontrar más material en su página de internet. Gracias por pasar. Saludos.

52
0
G
Ghassan Kanafani: su obra literaria.
ArteporAnónimo2/28/2016

La obra del reconocido escritor palestino Ghasan Kanafani ahora se puede consultar de forma libre y gratuita en internet, según un comunicado de la Embajada de Palestina en Argentina. El famoso periodista, novelista y escritor de cuentos cortos palestino, cuyos escritos están profundamente arraigados en la cultura árabe-palestina, inspiró a toda una generación durante su vida tanto en la palabra como en los actos. Nació en Acre, al norte de Palestina el 9 de abril de 1936 y vivió en Jaffa hasta mayo de 1948, cuando fue forzado a irse con su familia primero a Líbano y más tarde a Siria. Vivió y trabajó en Damasco, luego en Kuwait y más tarde en Beirut desde 1960 en adelante. El 8 de julio de 1972 él y su pequeña sobrina Lamis fueron asesinados por agentes israelíes en la explosión de un coche-bomba en Beirut. Al momento de su fallecimiento, Ghassan había publicado 18 libros y escrito cientos de artículos sobre cultura, política y la lucha del pueblo palestino. Tras su muerte, todas sus obras fueron re-editadas en árabe. Sus novelas, cuentos cortos, obras de teatro y ensayos fueron también recopilados y publicados en cuatro volúmenes. Muchas de las obras de Ghassan fueron traducidas a 17 idiomas y publicadas en más de 20 países. Algunas fueron adaptadas para la radio y obras de teatro en varios países. Dos de sus novelas fueron adaptadas para la pantalla y se convirtieron en películas. Su obra literaria escrita entre 1956 y 1972 mantiene intacta su relevancia en nuestros días. Para acceder a la obra de Kanafani: Hombres en el sol: http://www.palestina.int.ar/wp-content/uploads/2014/12/Hombres-en-el-sol.pdf Visión de Gaza: http://www.palestina.int.ar/wp-content/uploads/2014/12/Vision-Gaza.pdf Lo que nos queda: http://www.palestina.int.ar/wp-content/uploads/2014/12/Lo-que-os-Queda.pdf

0
0
L
Literatura de lucha (Julio Cortázar)
ArteporAnónimo4/7/2016

Cuarenta años y dos semanas han pasado del inicio del último golpe cívico-militar en la Argentina que se extendió desde marzo de 1976 hasta diciembre de 1983. Las multitudes reunidas en diversas partes del país demostraron que la memoria está viva, que pelea tanto como ayer, tanto como siempre. En esta oportunidad voy a compartir un cuento escrito por Julio Cortázar en 1974, llamado "Segunda vez". Además, incluyo una modesta introducción al texto escrita por mi. Como siempre, bienvenidos son sus comentarios, sus datos e información. Cronología extraída del libro "Julio Cortázar. Dossier 1" 1914: Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto, siendo su padre funcionario del Consulado Argentino en Bruselas. 1918: Llegó a la Argentina a los cuatro años. Pasó la infancia en Banfield. 1932: A los dieciocho años se graduó como maestro de escuela. 1935: Obtuvo el título de Profesor Normal en Letras e inició estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por problemas económicos. 1937: Trabajó durante cinco años como maestro en Chivilcoy y Bolívar. 938: Publicó, con el seudónimo Julio Denis, el librito de sonetos Presencia. Escribió críticas que se publicaron en las revistas Canto y Huella. 1944: Publicó en la revista Correo Literario su primer cuento: «Bruja». Enseñó literatura francesa en la Universidad de Cuyo; renunció a su cargo en 1945 por desavenencias con el peronismo. Regresó a Buenos Aires donde trabajó en la Cámara Argentina del Libro. Desde fines de los años cuarenta hasta 1953, colaboró con la revista Sur, fundada y dirigida por Victoria Ocampo. Su primer trabajo para dicha revista fue un artículo con motivo del fallecimiento de Antonin Artaud. 1946: Publicó «La urna griega en la poesía de John Keats» en la Revista de Estudios Clásicos de la Universidad de Mendoza. Se publicó el cuento «Casa tomada» en la revista Los Anales de Buenos Aires, dirigida por Borges, donde, un año después, apareció el cuento «Bestiario». 1947: Publicó artículos y reseñas en las revistas Cabalgata y Realidad. Publicó «Teoría del túnel». 1948: Obtuvo el título de traductor público de inglés y francés. 1949: Escribió la novela Divertimento (que se publicó en 1986). Publicó el poema dramático Los Reyes. 1950: Escribió la novela El examen, que fue rechazada por la editorial Losada y sería editada recién en 1986. 1951: Se alejó de su país en una especie de exilio; ese año publicó Bestiario. Obtuvo una beca del gobierno francés y se instaló en París para cursar estudios; sus primeros trabajos fueron traducciones de Poe y Yourcenar, posteriormente trabajó como traductor de la UNESCO. El mismo año empezó a escribir Historias de cronopios y de famas. 1952: Escribió Imagen de John Keats (que se publicó en 1995). 1953: Se casó con Aurora Bernárdez, traductora argentina. 1956: Publicó el libro de cuentos Final del juego. Tradujo la obra en prosa de Edgar Allan Poe y escribió el prólogo de la edición. 1959: Publicó el libro de cuentos Las armas secretas, uno de cuyos relatos, «El perseguidor», se ha convertido en un referente obligado de la obra de Cortázar. Apareció «Cartas de mamá» en Revista de las Américas. Colaboró con la revista El grillo de papel, y luego con El escarabajo de Oro (ambas dirigidas por Abelardo Castillo). 1960: Apareció su primera novela publicada: Los Premios 1961: Viajó a Cuba. Editorial Fayard publicó Los premios, primera traducción de un libro de Cortázar. Se estrenó la primera película basada en una obra de Cortázar: La cifra impar, dirigida por Manuel Antín e inspirada en el cuento «Cartas de mamá». 1962: Publicó Historias de Cronopios y de Famas y Algunos aspectos del cuento. 1963: La definitiva consagración del autor llegó con su novela Rayuela. Fue jurado del Premio Casa de las Américas, en La Habana. Se publicó el cuento «Una flor amarilla» en la Revista de Occidente, de Madrid, y «Descripción de un combate» en Eco Contemporáneo. 1965: Apareció el cuento «Reunión» en El escarabajo de oro e «Instrucciones para John Howell» en Marcha de Montevideo. 1966/69: Publicó el artículo «Para llegar a Lezama Lima» en la revista Unión de La Habana. Publicó Todos los fuegos el fuego (1966) y La vuelta al día en ochenta mundos (1967). Viajó a La Habana. En 1968 publicó 62/ Modelo para Armar y Buenos Aires, Buenos Aires (con fotos de Sara Facio y Alicia D’Amico). En 1969 publicó Último Round. 1970: Viajó en compañía de su segunda esposa, Ugné Karvelis, a Chile para la investidura de Salvador Allende. Publicó Viaje alrededor de una mesa. 1971/1972: Publicó el libro de poemas Pameos y Meopas, en 1971 y Prosa del Observatorio, en 1972. 1973: Publicó el Libro de Manuel, cuyos derechos de autor cedió a los presos políticos de Argentina. En Francia le otorgaron el premio Médicis a la mejor publicación extranjera por esta novela. Viajó a Argentina para integrar el jurado de un concurso literario organizado por el diario La Opinión y Editorial Sudamericana. Publicó La casilla de los Morelli. 1974: Publicó Octaedro. Viajó a los Estados Unidos con motivo de una reunión del Pen Club y del Center for Inter-American Relations. 1975: Publicó la historieta Fantomas contra los vampiros multinacionales. Cedió los derechos de autor al Tribunal Russell. Publicó Silvalandia. 1976/1977: Realizó una visita a Solentiname, en Nicaragua. Publicó Estrictamente no profesional. Humanario (con fotos de Sara Facio y Alicia D’Amico), en 1976, y el libro de cuentos Alguien que anda por ahí, en 1977. 1978: Viajó a Martinica. Publicó un libro de cuentos relativos a la pintura: Territorios. 1979: Viajó a Nicaragua. Apoyó, desde entonces, la Revolución Sandinista. Publicó Un tal Lucas. Se separó de Ugné Karvelis. Viajó con su tercera esposa, Carol Dunlop, a Panamá. 1980: Publicó Monsieur Lautrec, Un elogio del tres, y el libro de cuentos Queremos tanto a Glenda. 1981: Aceptó la ciudadanía francesa, aunque sin renunciar a la argentina. Publicó París, ritmos de una ciudad. Fue internado, le diagnosticaron leucemia. 1982: Murió su compañera Carol Dunlop. Publicó Deshoras. 1983/1984: Viajó a la Habana para asistir a una reunión del Comité Permanente de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América. Publicó Los Autonautas de la Cosmopista, escrito en colaboración con Carol Dunlop, cuyos derechos cedió al gobierno sandinista de Nicaragua. A finales de 1983 realizó un último viaje a Buenos Aires. Escribió Nicaragua tan violentamente dulce. 1984: Escribió su último texto poético, Negro el diez, en Buenos Aires. Viajó a Nicaragua, donde recibió, de Ernesto Cardenal, la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío. Murió el 12 de febrero en la ciudad de París. Sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse, en París. Ese mismo año en México se publicó Salvo el crepúsculo. 1986: Editorial Alfaguara creó la colección Biblioteca Cortázar con el propósito de editar sus obras completas, incluso las que habían permanecido inéditas. Introducción al texto: Consenso y naturalización ¿Qué rol juega la sociedad civil en momentos de desesperanza y horror? ¿Ciegos testigos o cómplices cegados de la deshumanización? El pasado nos obliga a reflexionar. La experiencia no es en vano si nos ayuda a repensarnos. En unas pocas páginas, Cortázar dice mucho con un relato que aparenta no contar nada y nos invita a nosotros, los y las encargadas de no perdonar ni olvidar, a repensar el pasado, que muy lejos de estar muerto se hace presente hoy, 40 años después, en el recuerdo de 30.000 compañeros detenidos desaparecidos. Segunda vez. No más que los esperábamos, cada uno tenía su fecha y su hora, pero eso sí, sin apuro, fumando despacio, de cuando en cuando el negro López venía con café y entonces dejábamos de trabajar y comentábamos las novedades, casi siempre lo mismo, la visita del jefe, los cambios de arriba, las performances en San Isidro. Ellos, claro, no podían saber que los estábamos esperando, lo que se dice esperando, esas cosas tenían que pasar sin escombro, ustedes proceden tranquilos, palabra del jefe, cada tanto lo repetía por las dudas, ustedes la van piano piano, total era fácil, si algo patinaba no se la iban a tomar con nosotros, los responsables estaban arriba y el jefe era de ley, ustedes tranquilos, muchachos, si hay lío aquí la cara la doy yo, lo único que les pido es que no se me vayan a equivocar de sujeto, primero la averiguación para no meter la pata y después pueden proceder nomás. Francamente no daban trabajo, el jefe había elegido oficinas funcionales para que no se amontonaran, y nosotros los recibíamos de a uno como corresponde, con todo el tiempo necesario. Para educados nosotros, che, el jefe lo decía vuelta a vuelta y era cierto, todo sincronizado que reíte de las IBM, aquí se trabajaba con vaselina, minga de apuro ni de córranse adelante. Teníamos tiempo para los cafecitos y los pronósticos del domingo, y el jefe era el primero en venir a buscar las fijas que para eso el flaco Bianchetti era propiamente un oráculo. Así que todos los días lo mismo, llegábamos con los diarios, el negro López traía el primer café y al rato empezaban a caer para el trámite. La convocatoria decía eso, trámite que le concierne, nosotros solamente ahí esperando. Ahora que eso sí, aunque venga en papel amarillo una convocatoria siempre tiene un aire serio; por eso María Elena la había mirado muchas veces en su casa, el sello verde rodeando la firma ilegible y las indicaciones de fecha y lugar. En el ómnibus volvió a sacarla de la cartera y le dio cuerda al reloj para más seguridad. La citaban a una oficina de la calle Maza, era raro que ahí hubiera un ministerio pero su hermana había dicho que estaban instalando oficinas en cualquier parte porque los ministerios ya resultaban chicos, y apenas se bajó del ómnibus vio que debía ser cierto, el barrio era cualquier cosa, con casas de tres o cuatro pisos y sobre todo mucho comercio al por menor, hasta algunos árboles de los pocos que iban quedando en la zona. «Por lo menos tendrá una bandera», pensó María Elena al acercarse a la cuadra del setecientos, a lo mejor era como las embajadas que estaban en los barrios residenciales pero se distinguían desde lejos por el trapo de colores en algún balcón. Aunque el número figuraba clarito en la convocatoria, la sorprendió no ver la bandera patria y por un momento se quedó en la esquina (era demasiado temprano, podía hacer tiempo) y sin ninguna razón le preguntó al del quiosco de diarios si en esa cuadra estaba la Dirección. —Claro que está —dijo el hombre—, ahí a la mitad de cuadra, pero antes por qué no se queda un poquito para hacerme compañía, mire lo solo que estoy. —A la vuelta —le sonrió María Elena yéndose sin apuro y consultando una vez más el papel amarillo. Casi no había tráfico ni gente, un gato delante de un almacén y una gorda con una nena que salían de un zaguán. Los pocos autos estaban estacionados a la altura de la Dirección, casi todos con alguien en el volante leyendo el diario o fumando. La entrada era angosta como todas en la cuadra, con un zaguán de mayólicas y la escalera al fondo; la chapa en la puerta parecía apenas la de un médico o un dentista, sucia y con un papel pegado en la parte de abajo para tapar alguna de las inscripciones. Era raro que no hubiese ascensor, un tercer piso y tener que subir a pie después de ese papel tan serio con el sello verde y la firma y todo. La puerta del tercero estaba cerrada y no se veía ni timbre ni chapa. María Elena tanteó el picaporte y la puerta se abrió sin ruido; el humo del tabaco le llegó antes que las mayólicas verdosas del pasillo y los bancos a los dos lados con la gente sentada. No eran muchos, pero con ese humo y el pasillo tan angosto parecía que se tocaban con las rodillas, las dos señoras ancianas, el señor calvo y el muchacho de la corbata verde. Seguro que habían estado hablando para matar el tiempo, justo al abrir la puerta María Elena alcanzó un final de frase de una de las señoras, pero como siempre se quedaron callados de golpe mirando a la que llegaba último, y también como siempre y sintiéndose tan sonsa María Elena se puso colorada y apenas si le salió la voz para decir buenos días y quedarse parada al lado de la puerta hasta que el muchacho le hizo una seña mostrándole el banco vacío a su lado. Justo cuando se sentaba, dándole las gracias, la puerta del otro extremo del pasillo se entornó para dejar salir a un hombre de pelo colorado que se abrió paso entre las rodillas de los otros sin molestarse en pedir permiso. El empleado mantuvo la puerta abierta con un pie, esperando hasta que una de las dos señoras se enderezó dificultosamente y disculpándose pasó entre María Elena y el señor calvo; la puerta de salida y la de la oficina se cerraron casi al mismo tiempo, y los que quedaban empezaron de nuevo a charlar, estirándose un poco en los bancos que crujían. Cada uno tenía su tema, como siempre, el señor calvo la lentitud de los trámites, si esto es así la primera vez qué se puede esperar, dígame un poco, más de media hora para total qué, a lo mejor cuatro preguntas y chau, por lo menos supongo. —No se crea —dijo el muchacho de la corbata verde—, yo es la segunda vez y le aseguro que no es tan corto, entre que copian todo a máquina y por ahí uno no se acuerda bien de una fecha, esas cosas, al final dura bastante. El señor calvo y la señora anciana lo escuchaban interesados porque para ellos era evidentemente la primera vez, lo mismo que María Elena aunque no se sentía con derecho a entrar en la conversación. El señor calvo quería saber cuánto tiempo pasaba entre la primera y la segunda convocatoria, y el muchacho explicó que en su caso había sido cosa de tres días. ¿Pero por qué dos convocatorias?, quiso preguntar María Elena, y otra vez sintió que le subían los colores a la cara y esperó que alguien le hablara y le diera confianza, la dejara formar parte, no ser ya más la última. La señora anciana había sacado un frasquito como de sales y lo olía suspirando. Capaz que tanto humo la estaba descomponiendo, el muchacho se ofreció a apagar el cigarrillo y el señor calvo dijo que claro, que ese pasillo era una vergüenza, mejor apagaban los cigarrillos si se sentía mal, pero la señora dijo que no, un poco de fatiga solamente que se le pasaba enseguida, en su casa el marido y los hijos fumaban todo el tiempo, ya casi no me doy cuenta. María Elena que también había tenido ganas de sacar un cigarrillo vio que los hombres apagaban los suyos, que el muchacho lo aplastaba contra la suela del zapato, siempre se fuma demasiado cuando se tiene que esperar, la otra vez había sido peor porque había siete u ocho personas antes, y al final ya no se veía nada en el pasillo con tanto humo. —La vida es una sala de espera —dijo el señor calvo, pisando el cigarrillo con mucho cuidado y mirándose las manos como si ya no supiera qué hacer con ellas, y la señora anciana suspiró un asentimiento de muchos años y guardó el frasquito justo cuando se abría la puerta del fondo y la otra señora salía con ese aire que todos le envidiaron, el buenos días casi compasivo al llegar a la puerta de salida. Pero entonces no se tardaba tanto, pensó María Elena, tres personas antes que ella, pongamos tres cuartos de hora, claro que en una de ésas el trámite se hacía más largo con algunos, el muchacho ya había estado una primera vez y lo había dicho. Pero cuando el señor calvo entró en la oficina, María Elena se animó a preguntar para estar más segura, y el muchacho se quedó pensando y después dijo que la primera vez algunos habían tardado mucho y otros menos, nunca se podía saber. La señora anciana hizo notar que la otra señora había salido casi enseguida, pero el señor de pelo colorado había tardado una eternidad. —Menos mal que quedamos pocos —dijo María Elena—, estos lugares deprimen. —Hay que tomarlo con filosofía —dijo el muchacho—, no se olvide que va a tener que volver, así que mejor quedarse tranquila. Cuando yo vine la primera vez no había nadie con quien hablar, éramos un montón pero no sé, no se congeniaba, y en cambio hoy desde que llegué el tiempo va pasando bien porque se cambian ideas. A María Elena le gustaba seguir charlando con el muchacho y la señora, casi no sintió pasar el tiempo hasta que el señor calvo salió y la señora se levantó con una rapidez que no le habrían sospechado a sus años, la pobre quería acabar rápido con los trámites. —Bueno, ahora nosotros —dijo el muchacho—. ¿No le molesta si fumo un pitillo? No aguanto más, pero la señora parecía tan descompuesta... —Yo también tengo ganas de fumar. Aceptó el cigarrillo que él le ofrecía y se dijeron sus nombres, dónde trabajaban, les hacía bien cambiar impresiones olvidándose del pasillo, del silencio que por momentos parecía demasiado, como si las calles y la gente hubieran quedado muy lejos. María Elena también había vivido en Floresta pero de chica, ahora vivía por Constitución. A Carlos no le gustaba ese barrio, prefería el oeste, mejor aire, los árboles. Su ideal hubiera sido vivir en Villa del Parque, cuando se casara a lo mejor alquilaba un departamento por ese lado, su futuro suegro le había prometido ayudarlo, era un señor con muchas relaciones y en una de ésas conseguía algo. —Yo no sé por qué, pero algo me dice que voy a vivir toda mi vida por Constitución —dijo María Elena—. No está tan mal, después de todo. Y si alguna vez... Vio abrirse la puerta del fondo y miró casi sorprendida al muchacho que le sonreía al levantarse, ya ve cómo pasó el tiempo charlando, la señora los saludaba amablemente, parecía tan contenta de irse, todo el mundo tenía un aire más joven y más ágil al salir, como un peso que les hubieran quitado de encima, el trámite acabado, una diligencia menos y afuera la calle, los cafés donde a lo mejor entrarían a tomarse una copita o un té para sentirse realmente del otro lado de la sala de espera y los formularios. Ahora el tiempo se le iba a hacer más largo a María Elena sola, aunque si todo seguía así Carlos saldría bastante pronto, pero en una de ésas tardaba más que los otros porque era la segunda vez y vaya a saber qué trámite tendría. Casi no comprendió al principio cuando vio abrirse la puerta y el empleado la miró y le hizo un gesto con la cabeza para que pasara. Pensó que entonces era así, que Carlos tendría que quedarse todavía un rato llenando papeles y que entretanto se ocuparían de ella. Saludó al empleado y entró en la oficina; apenas había pasado la puerta cuando otro empleado le mostró una silla delante de un escritorio negro. Había varios empleados en la oficina, solamente hombres, pero no vio a Carlos. Del otro lado del escritorio un empleado de cara enfermiza miraba una planilla; sin levantar los ojos tendió la mano y María Elena tardó en comprender que le estaba pidiendo la convocatoria, de golpe se dio cuenta y la buscó un poco perdida, murmurando excusas, sacó dos o tres cosas de la cartera hasta encontrar el papel amarillo. —Vaya llenando esto —dijo el empleado alcanzándole un formulario—. Con mayúsculas, bien clarito. Eran las pavadas de siempre, nombre y apellido, edad, sexo, domicilio. Entre dos palabras María Elena sintió como que algo le molestaba, algo que no estaba del todo claro. No en la planilla, donde era fácil ir llenando los huecos; algo afuera, algo que faltaba o que no estaba en su sitio. Dejó de escribir y echó una mirada alrededor, las otras mesas con los empleados trabajando o hablando entre ellos, las paredes sucias con carteles y fotos, las dos ventanas, la puerta por donde había entrado, la única puerta de la oficina. Profesión, y al lado la línea punteada; automáticamente rellenó el hueco. La única puerta de la oficina, pero Carlos no estaba ahí. Antigüedad en el empleo. Con mayúsculas, bien clarito. Cuando firmó al pie, el empleado la estaba mirando como si hubiera tardado demasiado en llenar la planilla. Estudió un momento el papel, no le encontró defectos y lo guardó en una carpeta. El resto fueron preguntas, algunas inútiles porque ella ya las había contestado en la planilla, pero también sobre la familia, los cambios de domicilio en los últimos años, los seguros, si viajaba con frecuencia y adonde, si había sacado pasaporte o pensaba sacarlo. Nadie parecía preocuparse mucho por las respuestas, y en todo caso el empleado no las anotaba. Bruscamente le dijo a María Elena que podía irse y que volviera tres días después a las once; no hacía falta convocatoria por escrito, pero que no se le fuera a olvidar. —Sí, señor -—dijo María Elena levantándose—, entonces el jueves a las once. —Que le vaya bien —dijo el empleado sin mirarla. En el pasillo no había nadie, y recorrerlo fue como para todos los otros, un apurarse, un respirar liviano, unas ganas de llegar a la calle y dejar lo otro atrás. María Elena abrió la puerta de salida y al empezar a bajar la escalera pensó de nuevo en Carlos, era raro que Carlos no hubiera salido como los otros. Era raro porque la oficina tenía solamente una puerta, claro que en una de ésas no había mirado bien porque eso no podía ser, el empleado había abierto la puerta para que ella entrara y Carlos no se había cruzado con ella, no había salido primero como todos los otros, el hombre del pelo colorado, las señoras, todos menos Carlos. El sol se estrellaba contra la vereda, era el ruido y el aire de la calle; María Elena caminó unos pasos y se quedó parada al lado de un árbol, en un sitio donde no había autos estacionados. Miró hacia la puerta de la casa, se dijo que iba a esperar un momento para ver salir a Carlos. No podía ser que Carlos no saliera, todos habían salido al terminar el trámite. Pensó que acaso él tardaba porque era el único que había venido por segunda vez; vaya a saber, a lo mejor era eso. Parecía tan raro no haberlo visto en la oficina, aunque a lo mejor había una puerta disimulada por los carteles, algo que se le había escapado, pero lo mismo era raro porque todo el mundo había salido por el pasillo como ella, todos los que habían venido por primera vez habían salido por el pasillo. Antes de irse (había esperado un rato, pero ya no podía seguir así) pensó que el jueves tendría que volver. Capaz que entonces las cosas cambiaban y que la hacían salir por otro lado aunque no supiera por dónde ni por qué. Ella no, claro, pero nosotros sí lo sabíamos, nosotros la estaríamos esperando a ella y a los otros, fumando despacito y charlando mientras el negro López preparaba otro de los tantos cafés de la mañana. El cuento en voz de Cortázar (a partir del minuto 24:25) link: https://www.youtube.com/watch?v=4fYMkDhpVjs

30
0
L
Literatura de lucha (Violeta Parra)
ArteporAnónimo3/18/2016

Existe en este precario espacio no solo una búsqueda de ayuda (¿esperanza?) en diversos textos, canciones, etcétera... existe, también, una lucha indispensable por rescatar el pensamiento latinoamericano, por descolonizar nuestra vida, nuestra forma de comprender el mundo, ya sea en un plano meramente teórico o en el plano de la práctica concreta. La mujer que presento hoy es fundamental para conocernos realmente. "Literatura de lucha" puede no ser un título realmente apropiado para presentar a Violeta Parra. Está claro que sus canciones no fueron solo textos, su guitarra decía tanto como cualquiera de sus letras. No voy a preocuparme por esto, integro a Violeta bajo el espacio sabiendo perfectamente que su vocación fue la música, sabiendo que sus textos también son fundamentales. No me pongo minucioso, ni detallista, comparto en un mismo espacio literatura, música o cualquier forma del arte. A los detractores, si es que lo hay, me alegro que hayan visitado por lo menos unos segundos el material de la gran artista chilena. Violeta Parra. Nació en 1917 en San Carlos (Ñuble), en la región central de Chile. A los 12 años escribió sus primeras composiciones. Comenzó cantando en humildes circos, bares, cabarets, en un estilo convencional. En 1953-54 surge la verdadera Violeta Parra. Después de un recital en casa de Pablo Neruda, canta "a lo humano" y "a lo divino" en Radio Chilena, lanzándose al primer plano del arte folklórico nacional. Inicia sus giras de investigación por el centro y sur del país, que después extendió al norte. En 1955 participa en el Festival de la Juventud en Polonia. En parís graba su primer disco para "Chants du Monde", del Museo del Hombre. De vuelta a Chile graba numerosos discos, con canciones tradicionales y propias. A la recopiladora infatigable e intérprete genial, se une paulatinamente la creadora original de música y letras, la tapicera que inventa técnicas y materiales, la ceramista, la pintora. Expone en Buenos Aires. Viaja a la URSS, Finlandia, Alemania, Italia, Francia. En París actúa con éxitos durante tres años, con sus hijos Isabel y Angel. Maspero edita un libro suyo, "Poésie Populaire des Andes". Da recitales y expone en Ginebra. En 1964 expone en el Louvre. Ese mismo año regresa a Chile y abre una "peña folklórica" en Santiago. El 5 de febrero de 1967 pone fin a su agitada y fecunda vida La suerte mía fatal. link: https://www.youtube.com/watch?v=d0BsDXOA2r4 La suerte mía fatal no es cosa nueva señores, me ha da'o sus arañones de chica muy despiadá. Batalla descomunal yo libro desde mi infancia, sus terribles circunstancias me azotan con desespero, dejándome años enteros sin médula ni sustancia. Dice mi mama que fui su guagua más donosita, pero la suerte maldita no lo quiso consentir. Empezó a hacerme sufrir primero con la alfombrilla, después la fiebre amarilla me convirtió en orejón. Otra vez el sarampión, el pasmo y la culebrilla. De Santiago pa' Lautaro con siete crías colgando, petacas y monos andando, busca mi taita reparo. Su capataz l'hizo un aro diciendo: Mire, Parrita, la cosa está aquí malita, se le traslada pa'l Sur; acomode su baúl, recíbame esta platita. Mi taita fue muy letrario: pa' profesor estudió, y a las escuelas llegó a enseñar su dic'ionario. Mi mama como un canario nació en un campo florí'o, como zorzal entumí'o creció entre las candelillas. Conoce lo que es la trilla la molienda y l'amacijo. Con un chiquillo en los brazos, los otros seis a la cola, entramos como una ola contentos como payasos. Casi pisando los pasos de mi preocupa'o paire, que los monta por los aires a una casa misteriosa, que yo la vi más hermosa que la capilla del fraile. Miren como sonríen link: https://www.youtube.com/watch?v=F2ldR1EvhG0 Miren cómo sonríen los presidentes cuando le hacen promesas al inocente. Miren cómo le ofrecen al sindicato este mundo y el otro los candidatos. Miren cómo redoblan los juramentos, pero después del voto, doble tormento. Miren el hervidero de vigilante para rociarle flores al estudiante. Miren cómo relumbran carabineros para ofrecerle premios a los obreros. Miren cómo se viste cabo y sargento para teñir de rojo los pavimentos. Miren cómo profanan las sacristías con pieles y sombreros de hipocresía. Miren cómo blanquearon mes de María, y al pobre negreguearon la luz del día. Miren cómo le muestran una escopeta para quitarle al pueblo su marraqueta. Miren cómo se empolvan los funcionarios para contar las hojas del calendario. Miren cómo gestionan los secretarios las páginas amables de cada diario. Miren cómo sonríen, angelicales. Miren cómo se olvidan que son mortales. Engaños en concepción. Entré al clavel del amor cegada por sus colores, me ataron los resplandores de tan preferida flor; ufano de mi pasión dejó sangrando una herida que lloro muy conmovida en el huerto del olvido, clavel no ha correspondido, qué lágrimas tan perdidas. Fui dueña del clavel rojo, creí en su correspondencia, después me dio la sentencia: no es grano sino gorgojo, fue por cumplir un antojo, me dice la flor del mal, yo soy un hondo raudal d´espumas muy apacibles y el remolino temible abajo empieza a girar. Este clavel lisonjero me causa tal confusión que deja mi corazón a mil grados bajo cero, quisiera que un relojero me acompasara el latido y me componga el sentido, que es tanta mi oscuridad por una loca maldad d´este clavel ofensivo. Un lirio me da consejos, me dice de que el clavel en l´alma de la mujer siempre ha rondado muy lejos, mi sentimiento perplejo se confundió de camino, un pájaro con su trino me dijo: parte de aquí, y a mi Santiago volví para cambiar mi destino. Un año crucé las calles gimiendo muy dolorosa y a trabajar afanosa me fui por montes y valles, no quiero entrar en detalles ni remover las cenizas lo malo m´escandaliza, quiebra nervios y huesos; el viento voló sus besos la mar lavó sus caricias. Publican de que el clavel se fue a un jardín del oriente, yo fui leyendo sonriente lo que decía el papel, la vida es un carrusel que va girando girando, ella me fue demostrando que con el tiempo se cura hasta la peor desventura causada por un ingrato. Cuando yo salí de aquí. Cuando yo salí de aquí, dejé mi guagua en la cuna: creí que la mamita Luna me l’iba a cuidar a mí. Pero como no fue así, me lo dice en una carta pa’ que el alma se me parta por no tenerla conmigo. El mundo será testigo que hey de pagar esta falta. La bauticé en la capilla pa’ que no quedara mora. Cuando llegaba la aurora le enjuagaba las mejillas con agua de candelillas, que dicen que es milagrosa. Mas se deshojó la rosa, muy triste quedó la planta, así como la que canta su pena más dolorosa. Llorando de noche y día se terminarán mis horas. «¡Perdóname, gran Señora! –digo a la Virgen María–, no ha sido por culpa mía, yo me declaro inocente. Lo sabe toda la gente de que no soy mala maire: nunca pa’ ella faltó el aire ni el agua de la virtiente». Ahora no tengo consuelo, vivo en pecado mortal, y, amargas como la sal, mis noches son un desvelo. Es contar y no creerlo, parece que la estoy viendo, y más cuando estoy durmiendo se me viene a la memoria. Ha de quedar en la historia mi pena y mi sufrimiento. No existe empleo ni oficio. No existe empleo ni oficio que yo no lo haiga ensaya’o, después que mi taita ama’o termina su sacrificio. No me detiene el permiso que mi mamita negara; de niña supe a las claras qu’el pan bendito del día diez bocas lo requerían hambrientas cada mañana. Y qué iba hacer mi mamita con tanto pollo piando, el mayorcito estudiando las ciencias matemáticas. "Benhaiga l’hora maldita" me digo muy iracunda; la aguja se desenfunda, la máquina se zancocha, la costurera trasnocha como guitarra fecunda. Un día que los chiquillos rodeaban el braserillo, el último rescoldito apenas daba su brillo, oigo una banda de grillos que invitan a una función, el requinto y el trombón con su brillante sonoro. "¡Circo!" gritaron en coro, yo escucho con emoción. En la cancha ’e los perales, decía el cartel volante que le quité delirante a un cabro vecino mío. Dichosa yo me sonrío de ver un tony estampa’o; se ríe tan desboca’o que se le veid’ hast’ el alma. Su gesto en la mida empalma como en la tierra el ara’o. En casa plata no había para comprar lo esencial, menos habrá pa’ botar en circos de porquería. Función de ganch’ ofrecían, diez veces le repetí, Roberto Chepe que sí me dice con emoción. Digamos que pa’l zanjón nos vamos a hacer pichí. En esta vida engañosa. Para el que deja la tierra, la muerte es el fin del mundo; con un dolor sin segundo le puso fin a esta guerra. Le ha dado esta vida perra, por un minuto de gusto, ciento veinte mil disgustos, y no es un exagerar: se viene al mundo a pasar las penas de San Jobundo. Yo digo, dónde estará la luz de la explicación, de llegar uno al panteón y otro a la maternidad. Me falta capacidad pa’ hablar con inteligencia, por qué con tanta paciencia se va el cristiano del mundo. Tal vez en aquel segundo principia la deligencia. Sepa Dios qué paraíso le destinaron al alma; de no, por qué tanta calma cuando se apaga el granizo. Se olvidan los compromisos, las deudas, los juramentos; se apagan los sentimientos en el minuto fatal. Seguro que la verdad la vive el que yace muerto. El vivo llora doliente la muerte de su difunto; este no entiende el asunto. Cómo se calla sonriente, durmiendo tranquilamente con cuatro velas flameantes, diciéndonos, arrogante, que hay gran placer en la jaula, y que no entiende la maula de no enjaularlo más antes. En esta vida engañosa el alma es la que molesta; en una y otra protesta se pasa la tragediosa. Ya ven, distinta es la cosa cuando se duerme el humano, pero si agarra el cristiano en sueño seguir viviendo, la pesadilla al momento lo apresa de pies y manos.

40
16
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.