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Primer post: 14 oct 2011Último post: 15 jun 2012
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Por qué los Pibes Chorros visten ropas deportivas.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/14/2011

[El siguiente texto es un fragmento del libro "La sociología ahora s. XXI", del cual tuve que realizar un trabajo y me pareció interesante para compartir...]]El libro está constituido por una recopilación de ensayos de varios autores; éste es de Sergio Tonkonoff (capítulo 6), en el cual nos plantea su visión acerca del comportamiento de los "Pibes Chorros" [/quote]Tres movimientos para explicar por qué los Pibes Chorros visten ropas deportivas INTRO – “Porque nosotros la mayoría de las veces: relojes, camperas, oro. Pero después lo empeñamos. Las cadenas, todo eso, las empeñamos de toque. Una vez tenía un reloj, loco! ... un Rolex. Ese reloj se lo saqué a un chabón de traje. Un reloj todo de oro, espectacular!... Me lo agarró la hijita de Javier y : pa!, pa! , me lo rompió todo. Me quedé dormido, re-borracho. Y al otro día ví que estaba con el reloj: pa! pa!, [golpeando el piso] con el reloj de oro ...” Acaso este relato pueda oficiar como prueba de la pretendida irracionalidad de los Pibes Chorros. ¿Quién en sus cabales descuidaría un reloj de oro?. Y más: ¿quién lo haría después de haber arriesgado la libertad o la vida para obtenerlo?. Frente a esto el sentido común, bien-pensante y bien-habiente, reaccionará encadenando rápida y oscuramente elementos que, entiende, proceden de la oscuridad: el delito, el alcohol (o la droga) y ¿porque no? el sueño. Dando un paso muy corto, este catálogo de monstruosidades emparejadas podrá incluir, además, juventud y pobreza por lo que ambas tienen de desmesurado. De tal modo, calibrado con el metro de una razón utilitaria y moralizante, el confuso episodio encuentra explicación: jóvenes delincuentes, provenientes de las sombras de la ciudad y de las tinieblas de su propia (in)conciencia, irrumpen en el sosiego de quienes honestamente viven y consumen. Atacan. Y vuelven a su morada en un paraje asimilable al estado de naturaleza. En consecuencia: no debería haber mesura en la pena de quienes no conocen la medida o , en todo caso, debería haber la pena más dura. Como se ve, si el bien y el mal vuelven a ser los dobles respectivos de la razón y la sin razón, y si la razón queda del lado de la sociedad de los consumidores legítimos, entonces, todos los elementos puestos en escena por el relato de un joven-lobo vuelven a ocupar su justo lugar. Situaciones, objetos y sujetos pueden clasificarse fácilmente según conocidas polaridades: nosotros y ellos, sensatos e insensatos, desprotegidos y peligrosos. 2Sólo queda el reloj complicando este despliegue liso. Y esto por que, bien visto, un reloj de oro es, también él, bastante irracional. Aunque la moral esté de su parte. Es un reloj, sin dudas, “espectacular”. Las fuerzas que moldearon sus materiales lo querían definitivo: había sido hecho para durar siempre. Y para establecer una distancia tan visible como permanente. Un reloj “todo” de oro: notoriamente excesivo respecto de su modesto valor de uso. Claro que es precisamente allí, en lo evidentemente superfluo de su constitución, donde manifiesta el status de su portador. Por eso es un modelo. Un arquetipo al cual deben referirse todos los ejemplares de su especie. No tanto por su perfección mecánica como por la capacidad de exhibir una diferencia. Llegado por accidente o dolo a manos de un habitante de la clase media jamás hubiese sido descuidado. Quizá tampoco hubiese sido vendido. Asegurado con aparente displicencia a la muñeca nerviosa, militaría, poderoso, aportando a la simulación en la lucha por la vida de su novel poseedor. Un trabajador adulto y pobre, en cambio, encontraría risible la posibilidad de despejar sus incertidumbres horarias recurriendo a tan desproporcionado utensilio. Risible, como el psicoanálisis de diván o las dietas macrobióticas. Entre los pobres sólo el puntero político y el delincuente profesional podrían vestirlo: dobles bizarros del gobernante y el gran empresario, no perderían la oportunidad de apuntalar, como aquellos, su estatuto rapaz; su condición ostensiblemente ajena a toda labor rutinaria, manual y productiva. Nuestros jóvenes, por su parte, no pueden apropiarse de él sin someterlo a un tratamiento previo. Puesto que se trata de un objeto demasiado connotado por su procedencia ha de ser procesado, transfigurado. Perderlo o destruirlo es, después de todo, una forma de consumirlo; de acercarlo a la configuración cultural que lo ha capturado. También pueden venderlo. Y es esta alternativa (destrucción o venta para un nuevo consumo) la que permite dar cuenta de las líneas de fuerza que se anudan en el espacio cultural constituido por los Pibes Chorros. UNO – En general los ladrones profesionales y adultos, los “chorros”, asumen como propia la imposibilidad de sostener un trabajo lícito. Continuidad y monotonía son las propiedades que encuentran como características, e intolerables, de cualquier faena legal. Otro 3rasgo típico en ellos parece ser una aguda incapacidad de representarse un futuro personal. Rasgo que se ve acompañado de una firme renuencia a hablar sobre el tema. Ambas características nos conducen al centro de la (sub)cultura que les otorga un sentido especifico. Digamos, pues, que el ladrón profesional trabaja profesionalmente. Y que su tarea consiste en apropiarse del trabajo de los demás. Más cerca del cazador que del labriego, del guerrero que del industrial, la naturaleza de su actividad es predatoria: el ladrón cosecha donde no ha sembrado. Haciéndose de un golpe con lo que otros obtuvieron a través de esfuerzos sostenidos, y dilapidando lo abruptamente conseguido de manera igualmente abrupta, la experiencia delictiva se “realiza” en el consumo, no en la producción. Su cifra no es la acumulación sino el gasto. Pero a los ojos de quienes han hecho del robo un oficio o una profesión, el trabajo legal no sólo es tedioso, ajeno a la tensión exaltada de su actividad rapaz y belicosa: también es indigno. Su bochorno consiste en ser signo de debilidad. Quien es débil debe servir a otros, debe producir riquezas sin consumirlas, debe utilizar el tiempo presente en favor del porvenir. Quien es débil debe trabajar. Fuerte es aquel el capaz de manifestar agresivamente su vigor mediante hazañas. De arriesgarlo todo en una sola jugada. Y de ganar. Violencia y astucia, prepotencia y fraude, son los vehículos de su proeza. Por eso es el honorable. El digno de respeto. Esta “moral del amo” inviste con clara centralidad el mundo del delito profesional, tiende a redactar sus códigos y a organizar sus estamentos. Que el carterista se encuentre en el punto inferior de su escala jerárquica, a incontables peldaños del asaltante de bancos, no se debe a que este mundo valore favorablemente la expropiación a los potentados y la protección de los menesterosos. Se trata, antes bien, de la vigencia en él de una moral de combate, por la cual se es más fuerte cuanto más poderoso es el adversario al que se ha derrotado. Aquí la gloria del vencedor es directamente proporcional a la potencia envilecida del vencido; y cada victoria cubre al campeón con el mana que cubría a su oponente subyugado. De allí que cada éxito lo haga más fuerte y la mayor fortaleza le provea nuevas victorias. No sorprenderá entonces que el botín de un formidable golpe, más que “capitalizar” a su ejecutor dejándolo de este lado de la ley y del trabajo, lo coloque en posición de perder irremediablemente lo ganado. No sorprenderá la constante disposición al exceso de los habitantes de este mundo. “Lo que se gana fácil, se gasta fácil” es la frase preferida por los 4ladrones profesionales para describir esta disposición. Frase cargada de desprecio e ironía, que ilustra a su modo la constelación de sentidos (la cultura) que permite proferirla. Es que el gasto “fácil”, el derroche, es otro signo de potencia. Si se tiene el poder de destruir ingentes riquezas en consumos superfluos, es porque también se tiene la confianza en ser capaz reeditar tanto el derroche como la triunfo que lo habilita – o de morir intentándolo. Todo lo que se ha obtenido “fácilmente” arriesgando la propia vida y la de otros, es dilapidado sin miramientos porque poniendo en juego aquello que hubiera podido ser seguridad, abismando todo continente, se prolonga el impulso de la proeza delictiva. Como el acto de robar a mano armada, este es otro juego de suma cero. Un nuevo todo o nada. Un intento más de subyugar a la suerte arriesgando la propia caída, y de señorear sobre aquellos que se aferran a la seguridad obediente de la acumulación y la rutina. Luego, quien de pruebas fehacientes de su capacidad de exceso, recupera en reputación lo que pierde en festines. Este mundo del delito (adulto, popular y urbano) es, para decirlo con las precisas palabras de un ladrón profesional, “ya bondi”. Promueve una existencia conflictiva, nómade y clandestina, donde los desafíos y las intensidades en juego obligan a subirse a “cualquier bondi”. O, mas bien, al bondi del ahora absoluto. Sin rumbo y sin plan. Sin ahorro. Sin prudencia. Un mundo en el que cada acción se agota en si misma: ajena a toda trascendencia brilla con el fulgor de lo inmediato, y por ese mismo fulgor es devorada. De allí la incapacidad de sus habitantes para justificar utilitariamente su conducta, y su ausencia de palabras para nombrar el porvenir. DOS – Junto con la posibilidad de emular el gasto delictivo con un énfasis que recuerda a la fe de los conversos, existe, para los Pibes Chorros, la alternativa de que el objeto robado sea vendido, “empeñado de toque”. En este caso, la traducción a valor de cambio es el paso previo a un exceso de otra índole. Nadie piensa aquí en acumular dinero. Sin dudas se lo gastará rápidamente. Pero no es éste un proceder carente de sentido (como no lo es la destrucción o el despilfarro que busca una identidad con los delincuentes mayores). Este gasto compulsivo de dinero no es ciertamente la manifestación de un deseo desatado a causa de un hueco en la socialización o de una malformación psicológica. Antes bien, la satisfacción que el consumidor, cualquier consumidor, obtiene en el consumo “desatado” es la del deber 5cumplido. Y esto porque nos encontramos frente a un mandato social que no puede ser impunemente desoído. Claro que la obediencia proporciona notables recompensas: el juego del consumo no sólo hace surgir un mundo de valores coactivos, también permite integrarse a él con la alegría que comunica la pertenencia a una comunidad vigorosa. Es que la ropa vestida, la música escuchada, los lugares frecuentados, todos ellos producidos o capturados por la dinámica impenitente del mercado, configuran signos y rituales de un tipo hegemónico de identidad juvenil. Un modo de ser joven a la medida de nuestro ethos epocal. Un ser joven apático, acrítico, despolitizado, individualista y bello. Ajeno al futuro y al pasado. Habitante paradigmático de la dimensión sin espesor del tiempo posmoderno. Portador de un cuerpo lozano y un presente continuo, su fantasma tiende a constituirse en el doble deseable de jóvenes y adultos. Es posible que frente a esta figura todo lo que haya sean desviaciones. Pero, por lo mismo, su presencia normativa puede establecer gradaciones, operar modulaciones, trazar límites y producir exclusiones. Integrar, diferenciar y expulsar son los trabajos simultáneos de lo joven hegemónico. La pobreza constituye, entonces, su última frontera. Tradicionalmente signados por una fugaz transición de la niñez al trabajo, los jóvenes pobres nunca fueron muy jóvenes. En ausencia de una prolongada moratoria al modo de los sectores medios y altos, el paso a la madurez se realizaba aquí con cierta celeridad. La actividad laboral sostenida y la formación de una familia propia, asumían la centralidad que en aquellos sectores posee la condición estudiantil para la misma franja etaria. Pero el proceso de fragmentación y polarización social que tuvo lugar en los años 90s produjo una importante transformación en estas tradicionales formas de socialización. Ahora, fuera o en los márgenes del mercado laboral y del sistema de educación formal, muchos de los miembros biológicamente jóvenes de los sectores populares urbanos, no tienen más remedio que serlo también socialmente. Sin otro lugar que el del ocio forzado, deben pugnar por construir una identidad a través de elementos pasibles de significarlos positivamente. De modo que si, como regularmente sucede, los objetos suntuarios robados no son vestidos ni destruidos sino cambiados por dinero, y éste por objetos más directamente significantes, es porque los Pibes Chorros son, ciertamente, más pibes que chorros. Procurarán, pues, un consumo capaz de asumir las funciones diferenciadoras de aquellos, pero 6en un contexto diverso. Trabajarán sobre o con estos objetos para incorporarlos a un código legible por su propio entorno. Entonces, el derroche orgiástico del guerrero cederá frente a un gasto que transfigure el material inicial en signos de lo joven, y el reloj robado y empeñado se transformará en zapatillas. Es que un Rolex es otro tipo de extremidad brillante: marca una diferencia pero también señala adultez, compromisos, una posición social y vital consolidadas. Un Rolex no es joven. Joven es lo descomprometido, lo maleable, lo deportivo. Pero además, y fundamentalmente, joven es una comunidad del consumo y no del trabajo. Joven es quien vive más de la sociedad que en ella: su estatuto es prefuncional y su carácter, rapaz. Lo rechazado aquí no es el oro sino el reloj. TRES – Es sabido que el fútbol ocupa un lugar principal entre las actividades de los jóvenes varones, populares y urbanos. Y que, a cierta distancia de las lógicas mercantiles, conserva entre ellos la forma de un juego. Cualquier día es ideal para su ejercicio, y difícilmente se encuentre una actividad más importante durante el fin de semana. En esa hora vastos contingentes ocupan los predios que cada barrio ha dispuesto especialmente para su práctica ritual. Sitios extraños al tiempo y al espacio profanos, todo sucede allí como en un circulo mágico. Más acá del reino de los fines, este juego agota en sí mismo su sentido. Sin otro propósito que el de realizar su propio despliegue, se halla fuera de las leyes que rigen al mundo social ordinario. Por eso constituye una significativa interrupción de la vida cotidiana, un interludio feliz en el despliegue de su monotonía. Sobre su territorio el juego es soberano. Allí instituye las reglas que le darán la vida. Ellas son su espíritu o, si se prefiere, su naturaleza. Y este modo de ser suyo es autónomo respecto de quienes lo practican: los jugadores no hacen más que encarnarlo, entregándose a sus requerimientos. En ese abandonarse radica su atractivo. El juego nos descarga del peso de quienes somos. Está en su esencia, escribió Huizinga, hacernos perder la cabeza. Por eso siempre se juega a “algo”: al fútbol, al príncipe o al ladrón. Quien quiera jugar será, en realidad, jugado. Sólo que vivirá como libertad esa tiranía. 7Por su disposición el fútbol precisa de la fuerza física regulada y de la habilidad de sus jugadores. Y a esta tensión entre fuerza y maña agrega otra: la que se produce entre el respeto a las reglas y su transgresión velada. Así, potencia y picardía, honestidad y trampa, se combinan en el marco del enfrentamiento reglado con un equipo adversario, constituyendo un ejercicio privilegiado para la autoafirmación periódica de cada uno de los jóvenes en cuestión. Y, por lo mismo, para la construcción social de su masculinidad. Es probable que con la retirada de la escuela y el trabajo como mediadores de la “masculinización” popular-juvenil, esta función haya ido cobrado una relevancia aún mayor de la que históricamente parece haber tenido. Se suman a aquel reflujo institucional, las recientes transformaciones en la cultura parental producidas por el rol cada vez más activo que las mujeres (las madres) han debido asumir frente la precarización del empleo o la desocupación de los otrora jefes de familia (los padres). De modo que, en ausencia de instancias alternativas, la esquina y la “canchita” aparecen como ámbitos centrales en la constitución identitaria de estos jóvenes. Ámbitos cuya lógica no es asimilable a la de una institución societal. Su estructura sociológica puede describirse, más bien, como sociabilidad. Esto es, una “forma lúdica de la asociación”, “una relación que no es nada sino relación” – según la definición de Simmel. La vereda y el potrero son los territorios de la conversación inconducente y del estar juntos porque sí. Espacios donde el intercambio, el contacto y el habla son fines y no medios. Donde la sociedad sólo está presente como fantasma. En ambos espacios el recurso a la fuerza física posee un valor de primer orden. No porque encarnen la distopía de la violencia marginal soñada desde el centro. Simplemente porque un modo tradicional de autodefinición entre, y al interior, de los grupos de varones adolescentes (pobres y no pobres) es el que tiene lugar a través de los golpes de puño en la esquina y la manifestación de vigor en la cancha. Digamos por otra parte que así como cada barrio popular posee un potrero, cada centro comercial, cercano a estos barrios, posee una relativamente importante “casa de deportes”. Allí los artículos deportivos son ofrecidos en numerosas cuotas a un elevado precio. Señalamos esto porque si es evidente que el fútbol es una actividad relevante para los jóvenes pobres, quizá no lo sea tanto que la ropa deportiva es su lujo. 8Se trata de atuendos vistosos que no siempre se conforman con los colores del club de preferencia de sus portadores. Acaso alguno entre ellos pueda invocar la comodidad que brinda este tipo de vestido como pretexto para su uso. Con eso tal vez intente una justificación frente a la “moral de la utilidad” que solía caracterizar a sus padres trabajadores. La clave, sin embargo, parece estar en otro lado. La ropa deportiva es cara y no sirve para trabajar. En realidad, en los barrios pobres, tampoco se usa para practicar algún deporte. Al fútbol se juega con prendas ya gastadas, reservándose el brillo de la tela sintética para significar, sin reservas, lo que verdaderamente representa: ocio. Es cierto que el deporte, en tanto que opuesto al trabajo, puede pensarse también como ocio. Pero constituye todavía un espacio signado por el esfuerzo y la disciplina. Un ideal regulador y edificante tensiona su espíritu: la energía juvenil flotante y siempre pronta a convertirse en violencia o desviación, piensa el mundo adulto, puede ser canalizada deportivamente. Afirmación regulada de la masculinidad, normalización saludable del cuerpo y templanza del alma: el fútbol es, después de todo, un tradicional medio de control social. Cuando vuelven del trabajo o de la escuela, cuando salen de sus casas en dirección a la esquina, antes o después del fútbol, los jóvenes populares lucen sus mejores atuendos deportivos. A veces van a bailar con ellos los fines de semana. Los Pibes Chorros los usan todo el día, todos los días. FINAL – La ropa deportiva que caracteriza a los Pibes Chorros es la más costosa. Pero lo importante no es que vistan caro, sino que lo hagan con estilo. Pantalones largos y camperas holgadas, se combinan aquí con una gorrita de visera sobre la frente. Aunque es probable que la pieza central del conjunto sea el calzado. Zapatillas confeccionadas por compañías transnacionales con materiales resistentes y aparatosos; de gruesas suelas de goma filigranada – como una rueda de automóvil – que son usadas con la lengüeta salida de forma prominente y los cordones desatados. Sobrecargadas de ribetes de colores fuertes, siempre limpias y cuidadas, los Pibes Chorros las llaman “llantas”. Zapatillas muy caras y muy vistosas paseándose, con los cordones desatados, por barrios que supieron ser obreros. Ostentando, como las uñas de los mandarines, un profundo desprecio por toda labor físico-productiva. Materializando un gasto que no puede ser 9recuperado ni siquiera por una utilidad deportiva. Su agitación se recorta sobre un fondo quieto de jóvenes pobres y pasivos, y hace del ocio forzado un valor positivo. Son zapatillas para jugar a otro juego: zapatillas para “salir de caño”. Periódicamente, dos o tres jóvenes dejan la esquina que les pertenece en dirección a otros barrios: "vamos a ganar", dicen. Lo que ellos mismos denominan "meter caño", consiste en intentar hacerse, a mano armada, del dinero y los bienes de otras personas. Para ello se trata de disponer un campo de acción y recorrerlo en busca de potenciales presas. Se debe conseguir neutralizarlas, hacerse con el botín de sus pertenencias, sortear los obstáculos que puedan presentarse, y salir ileso. Solamente así se habrá ganado. Se trata, sin dudas, de un deporte extremo. Se sale a “poner” a alguien. No se busca distraer o engañar. No se permanece quieto a la espera de un descuido. Su práctica comporta una disposición por completo activa: es una actividad más cercana a la caza que a la pesca. Sólo que no es sed de sangre sino de objetos, dinero y aventura, lo que agita el corazón de los cazadores. Rapiña, y no muerte, es el nombre del juego. Una jugada típica consiste en “ir poniendo”. Esto es, allegarse hasta una localidad vecina y robar un automóvil. Con ese automóvil robar varios comercios, algún transeúnte, una casa. Otra jugada, consiste en ingresar en una vivienda a punta de pistola, procurar el dinero de sus habitantes, atiborrar el vehículo de éstos con la mayor cantidad posible de artefactos domésticos, y huir con el vehículo, el dinero y los artefactos. La jugada más sencilla: ir caminando y robando gente de a pie. Es que los Pibes Chorros son pobres deslocalizados. Solos o “en banda” frente a la sortilegio abismante del mercado, estaban condenados a no ser, a permanecer tras el umbral de visibilidad de la ciudad del consumo. La lógica de la polarización social vigente había querido que deseen en paz y luego desaparezcan en silencio. Ante la imposibilidad de cumplir acabadamente con tan singular mandato, ellos “salen de caño”. Es decir, recusan el lugar que se les había asignado y acometen hacia un centro que les está física y simbólicamente negado. De allí vuelven con algunos objetos y muchas historias. También traen el reconocimiento del que carecían. Un reconocimiento mayor al que jamás imaginaron: la inseguridad ambiente de una Argentina de riesgo lleva a veces su nombre. Aptos para concentrar todos los temores y todas las miserias de una sociedad excluyente, una cruzada estatal y mass-mediática los 10convierte de vez en cuando en un enemigo temible. Sólo el miedo generalizado al desempleo es capaz opacar su resplandor. Pero su orgullo no termina allí. No solamente se han expuesto a la cárcel o a la muerte que ávidamente se les desea. Han puesto en juego, además, su vínculo con las redes familiares y vecinales que los sostienen, y que tienden a participar del pánico moral que los condena. Todavía entonces, cuando la más encrespada ola de recelo, exclusión y violencia punitiva se eleva frente a ellos como un destino, los Pibes Chorros la toman a contrapelo y, mientras pueden, barrenan. La suya es una estrategia centrífuga. Han “salido”. Han arriesgado su seguridad y la de otros ganándose con ello una identidad definida, negativamente privilegiada. Es decir, socialmente relevante. Luego han vuelto al barrio a cantar su gesta y a enrostrar con arrogancia su aristocracia espuria. Y todo para ser jóvenes como hay que serlo. Para traer o comprar zapatillas. Zapatillas espectaculares como un reloj de oro. Producidas por la industria globalizada para consumidores legítimos, ya eran kitch. Ahora en sus pies son monstruosas. El resultado de la mixtura de tres reinos: un estandarte tejido con retazos delictivos, lujos populares y brillos hegemónicos. Han devenido llantas, símbolo de una nueva (sub)cultura juvenil, nacida en conexión con el núcleo central de la cultura dominante en Argentina. Cultura que sabe ser, también ella, la del gasto espectacular e improductivo.

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Libros Jacque Fresco (Proyecto Venus)
Ciencia EducacionporAnónimo6/15/2012

Seguramente ya hayan oído hablar de este tipo...Hay muchos post sobre él. Así que para evitar preámbulos vayamos directamente al grano.... Este es el primer libro de Jacque, con la co-autoría de Kenneth Keyes. El siguiente texto es un extracto del mismo: dijo:Mirando hacia adelante es un fascinante e imaginativo libro en el cual los autores lo transportarán en un viaje a la cultura y tecnología de fines del siglo veintiuno. Luego de la sección introductoria que discute “Las cosas que dan forma a nuestro futuro” usted explorará los “por qué” y los “porqués” del inusual, preocupante pero estimulante mundo de cien años en el futuro. Verá esta sociedad a través de los ojos de Scott y Hella, una pareja del próximo siglo. Sus habitaciones están equipadas con un cibernador, un dispositivo computacional aparentemente mágico, pero que en realidad está basado en principios científicos que actualmente ya conocemos. Regula las horas de sueño, las comunicaciones con el mundo, un increíble complejo acuático e, incluso, las calorías diarias que ingiere la “joven” pareja (están en sus cuarenta años pero su esperanza de vida supera los doscientos). El mundo en que Hella y Scott viven es uno que ha logrado controlar las condiciones climáticas, desarrollar computadores del tamaño de una uña que son implantados en el cerebro del bebé al nacer (los bebés son incubados científicamente—la mujer del siglo veintiuno no necesita sufrir los dolores del parto) y que ha dominado la manipulación genética, permitiendo mejorar la raza humana sobre la base del método científico. Económicamente, el mundo es utópico según nuestros estándares. El dinero, las remuneraciones y el empleo han sido superados hace mucho. Nada tiene precio y las posesiones personales no son necesarias. El nacionalismo ha sido erradicado, logrando el desarme total. La tecnología educacional ha dejado obsoletos a escuelas y maestros. En este mundo amigable, los niños aprenden haciendo y son independientes desde los cinco años. La fuente primaria de esta sociedad superior es el centro de correlación “Corcen”, un enorme complejo computacional que sirve convenientemente a la humanidad en lugar de esclavizarla. Corcen regula la producción, las comunicaciones, el transporte —y todas las monótonas y agobiantes tareas del pasado. Esto ha liberado a hombres y mujeres para lograr desafiantes y creativas experiencias en lugar de vidas vacías de ocio sin significado alguno Algunas frases... “La fuente primaria de esta sociedad superior es el Centro de Correlación (“Corcen”), un enorme complejo computacional." “Una de las novedades más interesantes es la incorporación de un receptor que permite conectar el cerebro de una persona directamente con Corcen u otra fuente de información” “…la persona podrá sintonizar el cerebro de otra persona y compartir así sus pensamientos y sentimientos, sin los efectos de distorsión de las palabras. Cuando esta técnica se perfeccione, se podrá experimentar cualquier sensación a través de estimulación neuronal directa. Otros investigadores están desarrollando un implante permanente con una unidad de comunicación que permite intercambiar pensamientos.” Para descargar y/o ver online: "Lo mejor que el dinero no puede comprar...." Este es uno de sus ultimos trabajos. "el dinero o divisa es actualmente nuestro método de supervivencia. Si bien lamayoría entiende que el dinero está usado como una manera artificial de adquirir los recursosnecesarios para vivir, nunca piensan en hacer la pregunta fundamental de por qué el dinero existeo si su uso tiene alguna base en el mundo tecnológico moderno. Es simplemente aceptado. Si lepreguntaras a alguien sobre la existencia de algo como una alternativa a la firmemente implantadainstitución del gobierno tal cual la conocemos –sea teocrático, autocrático o democrático –probablemente se sentirían confundidos, porque nunca pensaron en cómo la funcionalidad y elpapel del gobierno podrían ser alterados de manera tal, que la gestión social no sea realizada porun grupo de funcionarios “políticamente” orientados. Además, las trabas de la sociedad moderna –como la guerra, la pobreza y la corrupción sin fin- son a menudo consideradas “así son las cosas”,sirviendo de telón de fondo al argumento según el cual el ser humano tiene una naturalezadistorsionada. Bueno, ¿Y si algo faltara a nuestra percepción del comportamiento humano?, ¿y silos seres humanos fueran reflejos compuestos de su ambiente" Para descargar y/o ver online: http://es.scribd.com/doc/50064665/Lo-Mejor-Que-El-Dinero-No-Puede-Comprar "Estas lecciones han sido diseñadas para desafiar al lector a dirigir el futuro; no sólo el suyo propio, sino el de toda la sociedad; y no sólo para nuestra generación contemporánea, sino también para aquellos por venir. No por el sólo hecho de que el avance de la ciencia lo permite, sino porque hoy resulta absolutamente crucial hacerlo" El comportamiento humano es legítimo y es generado por muchas variables que interactúan en el entorno. Esto incluye los comportamientos constructivos y los socialmente ofensivos. El entorno social consiste en nuestra vida familiar, nutrición, amor o falta del mismo, poder adquisitivo, preferencias sexuales, modelos de conducta provenientes de la TV, libros, radio, Internet, educación, formación religiosa, las personas de las que uno se rodea y todas las otras variables que interactúan en la vida de un individuo. En general, los valores colectivos están influenciados por la estructura social existente y las subculturas dentro de una sociedad. Para bien o para mal, los sistemas sociales tienden a perpetuarse con todas sus fortalezas y debilidades. Nos demos cuenta de ello o no, la mayoría de las personas son constantemente manipuladas por los medios de comunicación y las instituciones establecidas, las cuales influencian la "agenda" nacional. Esto influye sucesivamente en gran parte nuestro comportamiento, expectativas y valores. Para la gente criada en un sistema monetario como el actual, donde la finalidad es obtener beneficios económicos, es más probable subcontratar áreas del negocio en lugar de preocuparse por el bienestar de su país y el de sus empleados. La naturaleza de nuestras instituciones sociales perpetúa este comportamiento. Muchas personas sienten que es necesario el imperio de la ley para eliminar nuestros problemas. Pero, ¿son realmente leyes lo que necesitamos? Tenemos muchas leyes ─cientos de miles de ellas― pero son constantemente violadas. La existencia del dinero casi nunca es puesta en tela de juicio o examinada. Vamos a echar un vistazo al uso de dinero: El dinero en sí, no tiene ningún valor. Es sólo una imagen impresa en un pedazo de papel barato, acompañada del acuerdo tácito entre las personas en cuanto a la cantidad de cosas que permite adquirir. Si mañana lloviera billetes de cien dólares, todo el mundo estaría feliz, excepto los banqueros, claro está. Para ver y/o descargar: Es un ensayo de Fresco sobre este nuevo sistema que propone para reemplazar el obsoleto sistema actual Para descargar: link: Bueno, esto no es específico del Proyecto Venus pero es interesante. Es una transcripción en español del documental. Por último, una guía básica de orientación activista. Es como un compendio de ideas generales del proyecto, su filosofía... Descargar:

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