Sebapuerto
Usuario (Argentina)
El árbol genealógico de cada especie es un auténtico rompecabezas y los vacíos no pueden llenarse con meras conjeturas.En este sentido, el reciente trabajo publicado publicado en PLOS One por los paleontólogos argentinos Diego Pol, Alberto Garrido e Ignacio Cerda, es una piedra roseta en la historia de los saurópodos, los herbívoros monumentales que deambularon sobre la tierra. A los sauropodoformos primitivos se los conoce como prosaurópodos. Eran bípedos, también herbívoros, de craneo bajo y alargado, y desarrollaron dientes de márgenes aserrados. Podían medir entre 2 y 9 metros, y tenian el cuello largo pero no tanto como su descendencia. Habitaron todo el planeta, incluso la Antártida, entre el Triásico superior (220 millones de años) y el Jurásico inferior (180 millones de años). En 2005 partió una misión del Conicet a la sierra de Taquetrén, en el centro norte de la provincia del Chubut, dentro del marco de un proyecto para la exploración de rocas jurásicas. La mision rescató un registro fósil en la formación Las Leoneras y lo denominó Leonerasaurus taquetrensis. Los análisis posteriores determinaron que estos restos rellenaban una brecha evolutiva. El Leonerasaurus tiene una serie de características intermedias entre los saurópodos y los prosaurópodos. "Era pequeño, de tres metros de largo, y poseía un cuello ligeramente alargado, como las formas primitivas. Pero encontramos que tenia cuatro vértebras sacras en la pelvis y que los dientes poseen características intermedias: los de adelante, como los de los saurópodos, en forma de cuchara y sin márgenes aserrados, y los de atrás, parecidos a los de los prosaurópodos, aserrados y planos", aclara Pol.
Católico y Militar En creacion....faltan textos Don León Ortiz de Rozas quiso que un sacerdote de su regimiento bautizara a su hijo nacido el 30 de marzo de 1793 con el nombre de Juan Manuel José Domingo."Sera católico y militar", le aseguró con orgullo al capellán Pantaleón de Rivadarola. Los antepasados del recién nacido llevaban ya varias generaciones en el Rio de la Plata y no carecían de abolengo. Por el lado paterno descendía de militares y funcionarios al servicio del rey de España. Su padre habia nacido en Buenos Aires y fue un irrelevante capitán de infantería que padeció el infortunio de caer prisionero de los indios siendo rescatado luego de algunos meses de cautiverio. Esta circustancia, o los relatos de esta, habrian de marcar en lo hondo a su vástago determinando la importancia que siempre les daría a los aborígenes, contrariando el arraigado hábito de la clase "decente" de considerarlos poco más que animales peligrosos. Su madre, doña Agustina López de Osornio, sería una influencia decisiva no solo por su holgada posición económica que le generaba El Rincón de López, la ubérrima estancia heredada de su padre, lo que acostumbraría a Juan Manuel a la vida rural desde su nacimiento. También por el fuerte y altivo carácter, que ejercía autoritariamente sobre su esposo y sus hijos. A don León, según su sobrino Lucio V. Mansilla, le enrostraba ser plebeyo de origen mientras ella descendería del duque de Normandia "y mira que si me apuras mucho he de probarte que soy pariente de María Santísima". Por una o por otro, a veces por los dos, estaban emparentados con las aristocráticas familias de García Zúñiga, Anchorena, Arana, Lavallol, Peña, Aguirre, Trápani, Beláustegui, Costa y otras. A las tertulias de doña Agustina y don León, que se desenvolvían en un ambiente de decoración austera y hábitos cristianos, asistían los Pueyrredón, Necochea, Las Heras, Olavarría, Guido, Alvear, Balcarce, Saavedra, Olaguer y Feliú, Azcuénaga, Alzaga y otros de esa estirpe. Años más tarde, Juan Manuel, por coherencia con sus convicciones de enérgico populismo, se enfrentaría con muchos integrantes de esas familias, que constituían su pertenencia natural. El futuro Restaurador era el varón mayor de diez hijos vivos y de diez muertos, lo que lo confrontó y lo familiarizó con la Parca desde sus años más precoces.Fue naturalmente elegido para llevar adelante la hacienda familiar y por ello doña Agustina ejerció sobre él un gran despotismo, azotándolo cuando no cumplía con sus expectativas o cuando cuando demostraba independencia en sus decisiones. En su psiquis se juntaron entonces el amor y la crueldad, siéndole más tarde irrefutable que amar a la patria era tratarla con dureza. Por haber estado predestinado a la estancia familiar su educación fue sin esmero, a lo que tampoco ayudó su carácter díscolo y poco predispuesto a aceptar certezas ajenas. Lucio V. Mansilla así lo resumiría: "Siendo sus padres pudientes, y hacendados por añadidura, no podían pensar y no pensaron en dedicarlo al clero, ni a la milicia, ni a la abogacía, ni a la medicina, profesiones que precisamente eran el refugio de quienes no contaban con gran patrimonio". La estancia sería, hasta el fin de sus días, determinante en su vida personal, económica, política y de gobernante.