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RodionRaskolnik

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Primer post: 19 ene 2018Último post: 27 ene 2018
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Noam Chomsky sobre Marxismo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/19/2018

El concepto Marxismo lo encuentro complicado, en física por ejemplo no hay parecidos al Einstein-ismo, porque Einstein no es un dios que tu adoras, si no más bien, fue un ser que tuvo cosas importantes que decir, y como cualquier otro ser humano cometió errores así que tu aprendes de lo que tenia que decir, y descartas sus errores. Ahora el Marxismo, el concepto, tal como lo veo, pertenece a la historia de la religiones organizadas, es una suerte de adoración a un individuo no tiene sentido. Entrevista. link: https://www.youtube.com/watch?v=_MfMmDI71hU Noam chomsky: Avram Noam Chomsky (Filadelfia, 7 de diciembre de 1928) es un lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense. Es profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. También es reconocido por su activismo político, caracterizado por una fuerte crítica del capitalismo contemporáneo y de la política exterior de los Estados Unidos. Se ha definido políticamente como un anarquista23 o socialista libertario.4 El New York Times lo ha señalado como «el más importante de los pensadores contemporáneos».5 Propuso la gramática generativa, disciplina que situó la sintaxis en el centro de la investigación lingüística. Con ésta cambió la perspectiva, los programas y métodos de investigación en el estudio del lenguaje. Su lingüística es una teoría de la adquisición individual del lenguaje e intenta explicar las estructuras y principios más profundos del lenguaje. Postuló un aspecto bien definido de innatismo en la adquisición del lenguaje y la autonomía de la gramática (sobre los otros sistemas cognitivos), así como la existencia de un «órgano del lenguaje» y de una gramática universal. Se opuso con dureza al empirismo filosófico y científico y al funcionalismo, en favor del racionalismo cartesiano. Todas estas ideas chocaban frontalmente con las tradicionales de las ciencias humanas, lo que concitó múltiples adhesiones, críticas y polémicas que le han acabado convirtiendo en uno de los autores más citados.6 Destaca su contribución al establecimiento de las ciencias cognitivas a partir de su crítica del conductismo de Skinner y de las gramáticas de estados finitos, que puso en tela de juicio el método basado en el comportamiento del estudio de la mente y el lenguaje que dominaba en los años cincuenta. Su enfoque naturalista en el estudio del lenguaje ha influido en la filosofía del lenguaje y de la mente (ver a Harman y a Fodor). Es el descubridor de la jerarquía de Chomsky, una clasificación de lenguajes formales de gran importancia en teoría de la computación. También es conocido por su activismo político y por sus críticas a la política exterior de Estados Unidos y de otros países, como Israel. Chomsky, que desvincula completamente su actividad científica de su activismo político, se describe a sí mismo como simpatizante del anarcosindicalismo (es miembro del sindicato IWW). Chomsky es considerado una figura influyente en su país de origen y en el mundo.

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Albert Camus: El extranjero
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/20/2018

El extrangero: El extranjero es la primera novela del escritor francés Albert Camus, publicada en 1942. El protagonista, Meursault, es un ser indiferente a la realidad por resultarle absurda e inabordable. El progreso tecnológico le ha privado de la participación en las decisiones colectivas y le ha convertido en "extranjero" dentro de lo que debería ser su propio entorno. link: https://www.youtube.com/watch?v=B-j7QvGDxBU&t=553s Fragmento En ese preciso momento entró el capellán. Cuando lo vi, sentí un ligero estremecimiento. El lo notó y me dijo que no tuviera miedo. Le dije que su costumbre era venir a otra hora. Me respondió que era una visita amistosa que no tenía nada que ver con la apelación, de la que no sabía nada. Se sentó en el camastro y me invitó a acercarme más a él. Me negué. A pesar de todo, me parecía muy amable.Quedó un momento sentado, con los antebrazos en las rodillas, la cabeza baja, mirándose las manos. Eran finas y musculosas; me hacían pensar en dos ágiles animalitos. Las frotó lentamente, una contra la otra. Luego quedó así, con la cabeza siempre baja, durante tanto tiempo que en cierto momento tuve la impresión de que lo había olvidado. Pero levantó la cabeza bruscamente y me miró de frente: «¿Por qué», me dijo, «rehúsa usted mis visitas?» Contesté que no creía en Dios. Quiso saber si estaba bien seguro y le dije que yo mismo no tenía para qué preguntármelo; me parecía una cuestión sin importancia. Se echó entonces hacia atrás y se recostó contra el muro, con las manos en los muslos. Casi sin que pareciera hablarme, observó que a veces uno creía estar seguro cuando, en realidad, no lo estaba. Yo no decía nada. Me miró y me preguntó: «¿Qué piensa usted?» Contesté que quizá fuera así. Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba. Y, justamente, lo que el me decía no me interesaba. Volvió la mirada y, siempre sin cambiar de posición, me preguntó si no hablaba así por exceso de desesperación. Le expliqué que no estaba desesperado. Simplemente tema miedo, era bien natural. «Entonces Dios le ayudará.» Hizo notar. «Todos cuantos he conocido en su caso han vuelto a El.» Reconocí que estaban en su derecho. Probaba también que tenían tiempo para hacerlo. En cuanto a mí no quería que me ayudaran y precisamente no tenía tiempo para interesarme en lo que no me interesaba. En ese instante sus manos hicieron un ademán de impaciencia, pero se enderezó y arregló los pliegues de la sotana. Cuando hubo terminado, se dirigió a mí llamándome «amigo mío»; si me hablaba así no era porque estuviese condenado a muerte; según su opinión estábamos todos condenados a muerte. Pero le interrumpí diciéndole que no era la misma cosa y que, por otra parte, en ningún caso podía ser consuelo. «Es cierto», asintió, «pero usted morirá más tarde si no muere pronto. El mismo problema se le planteará entonces. ¿Cómo afrontará usted la terrible prueba?» Repuse que la afrontaría exactamente como la afrontaba en este momento. Ante estas palabras se levantó y me miró directamente a los ojos. Es un juego que conozco bien. Me divertía a menudo haciéndolo con Manuel o Celeste y, generalmente, eran ellos quienes apartaban la mirada. También el capellán conocía bien el juego; lo comprendí en seguida. Su mirada no vaciló. Y su voz tampoco vaciló cuando me dijo: «¿No tiene usted, pues, esperanza alguna y vive pensando que va a morir por entero?» «Sí», le respondí. Bajó entonces la cabeza y volvió a sentarse. Me dijo que me compadecía. Juzgaba imposible que un hombre pudiese soportar esto. Yo sentí solamente que él comenzaba a aburrirme. Me aparté a mi vez y fui hacia la claraboya. Me apoyé con el hombro contra la pared. Sin seguirlo bien, oí que comenzaba a interrogarme otra vez. Hablaba con voz inquieta y apremiante. Comprendí que estaba emocionado y le escuché con más atención. Me decía que tenía la certeza de que la apelación sería resuelta favorablemente, pero que yo cargaba con el peso de un pecado del que debía librárseme. Según él, la justicia de los hombres no significaba nada y la justicia de Dios, todo. Hice notar que era la primera la que me había condenado. Me contestó que, mientras tanto, esa justicia no había lavado mi pecado. Le dije que no sabía qué era un pecado. Se me había hecho saber, solamente, qué era culpable. Era culpable, pagaba, no se me podía pedir más. En ese momento se levantó de nuevo y pensé que en una celda tan estrecha no podía moverse aunque quisiera. Sólo podía sentarse o levantarse. Yo tenía los ojos clavados en el suelo. Dio un paso hacia mí y se detuvo, como si no osara avanzar. Miraba al cielo a través de los barrotes. «Se engaña usted, hijo mío»,me dijo, «podrían pedirle más. Se lo pedirían quizá». —«¿Y qué, pues?»— «Podrían pedirle que viera.» —«¿Que viera qué?» El sacerdote miró alrededor y respondió con voz que me pareció súbitamente muy vencida: «Sé que todas estas piedras sudan dolor. Nunca las he mirado sin angustia. Pero, desde lo hondo del corazón, sé que los más desdichados de ustedes han visto surgir de su oscuridad un rostro divino. Se le pide a usted que vea ese rostro.» Me animé un poco. Dije que hacía meses que miraba estas murallas. No existía en el mundo nada ni nadie que conociera mejor. Quizá, hace mucho tiempo, había buscado allí un rostro. Pero ese rostro tenía el color del sol y la llama del deseo: era el de María. Lo había buscado en vano. Ahora, se acabó. Y, en todo caso, no había visto surgir nada de este sudor de piedra. El capellán me miró con cierta tristeza. Yo estaba ahora completamente pegado a la muralla y el día me corría sobre la frente. Dijo algunas palabras que no oí y me preguntó rápidamente si le permitía besarme. «No», contesté. Se volvió, caminó hacia la pared y la palpó lentamente con la mano. «¿Ama usted esta tierra hasta ese punto?», murmuró. No respondí nada. Quedó vuelto bastante tiempo. Su presencia me pesaba y me molestaba. Iba a decirle que se marchara, que me dejara, cuando gritó de golpe en una especie de estallido, volviéndose hacia mí: «¡No, no puedo creerle! ¡Estoy seguro de que ha llegado usted a desear otra vida!» Le contesté que naturalmente era así, pero no tenía más importancia que desear ser rico, nadar muy rápido, o tener una boca mejor hecha. Era del mismo orden. Me interrumpió y quiso saber cómo veía yo esa otra vida. Entonces, le grité: «¡Una vida en la que pudiera recordar ésta!», e inmediatamente le dije que era suficiente. Quería aún hablarme de Dios, pero me adelanté hacia él y traté de explicarle por última vez que me quedaba poco tiempo. No quería perderlo con Dios. Ensayó cambiar de tema preguntándome por qué le llamaba «señor» y no «padre». Esto me irritó y le contesté que no era mi padre: que él estaba con los otros. «No, hijo mío», dijo poniéndome la mano sobre el hombro. «Estoy con usted. Pero no puede darse cuenta porque tiene el corazón ciego. Rogaré por usted.» Entonces, no sé por qué, algo se rompió dentro de mí. Me puse a gritar a voz en cuello y le insulté y le dije que no rogara y que más le valía arder que desaparecer. Le había tomado por el cuello de la sotana. Vaciaba sobre él todo el fondo de mi corazón con impulsos en que se mezclaban el gozo y la cólera. Parecía estar tan seguro, ¿no es cierto? Sin embargo, ninguna de sus certezas valía lo que un cabello de mujer. Ni siquiera estaba seguro de estar vivo, puesto que vivía como un muerto. Me parecía tener las manos vacías. Pero estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esta muerte que iba a llegar. Sí, no tenía más que esto. Pero, por lo menos, poseía esta verdad, tanto como ella me poseía a mí. Yo había tenido razón, tenía todavía razón, tenía siempre razón. Había vivido de tal manera y hubiera podido vivir de tal otra. Había hecho esto y no había hecho aquello. No había hecho tal cosa en tanto que había hecho esta otra. ¿Y después? Era como si durante toda la vida hubiese esperado este minuto... y esta brevísima alba en la que quedaría justificado. Nada, nada tenía importancia, y yo sabía bien por qué. También él sabía por qué. Desde lo hondo de mi porvenir, durante toda esta vida absurda que había llevado, subía hacia mí un soplo oscuro a través de los años que aún no habían llegado, y este soplo igualaba a su paso todo lo que me proponían entonces, en los años no más reales que los que estaba viviendo. ¡Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre! ¡Qué me importaban su Dios, las vidas que uno elige, los destinos que uno escoge, desde que un único destino debía de escogerme a mí y conmigo a millares de privilegiados que, como él, se decían hermanos míos! ¿Comprendía, comprendía pues? Todo el mundo era privilegiado. No había más que privilegiados. También a los otros los condenarían un día. También a él lo condenarían. ¿Qué importaba si acusado de una muerte lo ejecutaban por no haber llorado en el entierro de su madre? El perro de Salamano valía tanto como su mujer. La mujercita autómata era tan culpable como la parisiense que se había casado con Masson, o como María, que había deseado casarse conmigo. ¿Qué importaba que Raimundo fuese compañero mío tanto como Celeste, que valía más que él? ¿Qué importaba que María diese hoy su boca a un nuevo Meursault? Comprendía, pues, este Condenado, que desde lo hondo de mi porvenir... Me ahogaba gritando todo esto. Pero ya me quitaban al capellán de entre las manos y los guardianes me amenazaban. Sin embargo, él los calmó y me miró en silencio. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Se volvió y desapareció.

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Me voy a morir y te lo cuento
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/27/2018

La muerte según Jean-Paul Sartre LA MUERTE DESDE SARTRE La idea de muerte en nuestra era está muy cercana al cristianismo se cree que con la muerte nos seguirá un lugar supra dimensional que es perfecto y donde nos encontraremos al ser supremo que nos dio la existencia, nos despojaremos de este cuerpo y no revestiremos de uno nuevo; para otros los hombres morimos y la nada nos invade, no hay absolutamente nada después de la muerte, el hombre muere del todo. Al contrario de lo que comúnmente se piensa, la muerte no es un ser malvado o persona que camina por el mundo atormentando y quitando la vida a los seres vivos; sino más bien filosóficamente la muerte es la carencia de la vida de un ser vivo. Es pues que más allá del mito de la parca o la calaca con su guadaña, la muerte es simplemente la falta de vida en un ser. Pero Más allá de una angustia personal constante ante la muerte, todo hombre o mujer debe construir su camino para preparase para afrontarla naturalmente y espiritualmente. El miedo a la muerte nace al temor al olvido es por eso que nos aferramos a la vida, porque sabemos que el día que se mueran probablemente nadie nos recuerde, ya porque la muerte es personal e intransferible, nadie puede morir por nosotros ni acompañarnos. Desde este punto Jean Paul Sartre filosofo del existencialismo ateo afirma que “la existencia precede a la esencia” (Sartre, El ser y la nada, 1954), por lo tanto el ser es un ser a posteriori no un ser priori, conlleva la imposibilidad de toda determinación de los valores a priori, ya que nacemos sin esencia no existe nada antes de la existencia que nos la implante, venimos de una nada y cuando morimos nos dirigimos hacia una nada, negando toda existencia de un Dios. Tomando la misma línea Griselda Urquidi propone que “El hombre, en su búsqueda de trascendencia, está siempre en posibilidad de ser otra cosa, se impone metas para ser lo que no es, lo que carece; sólo la trascendencia nos salva de la nada de que estamos condenados.” (Urquidi., 2008, pág. 114); Según Felip Vidal Auladell Sartre nos propone que “El hombre debe elegir sin referirse a valores preestablecidos”. (Auladell, 2001, pág. 254). Herculano Pires dice que para Sartre”Antes de existir somos un ser en-si somos una cosa viscosa y cerrada en sí misma y al existir somos seres para-si para hacer el trayecto de la vida en dirección a la muerte” (Pires, 2004, pág. 8). Sartre piensa que la muerte es toda negación de libertad, ya que es una aniquilación siempre posible de mis posibles, que está fuera de mis posibilidades. En su libro el ser y la nada Sartre nos dice: “El hombre es una “pasión inútil”, pues parte de la ansía del ser absoluto e infinito, pero es incompleto y finito; pretende, desea la eternidad pero está condenado a la fugacidad; quisiera ser Dios y es sólo hombre.” (Sartre, 1954, pág. 377) Antes de seguir adelante con las ideas sobre la muerte en la filosofía de Jean Paul Sartre debemos explicar brevemente su idea existencialista expuesta en El ser y la nada y demás obras. Como ya hemos expuesto Sartre cree que la existencia precede a toda esencia y como no hay una pre-esencia ni tampoco una inteligencia divida que la piense , existen dos niveles de ser distintitos entre sí , el ser “en-si” y el ser “para-sí”; el humano es un ser para-si porque su esencia la va construyendo en su proyecto de vida, por lo tanto al no tener esencia al nacer el ser posee conciencia y libertad, ahora el ser en-si es la dimensión de cosa u objeto, la esencia ya preestablecida como por ejemplo un lápiz, desde antes de haber sido creado, ya había sido pensado su funcionalidad que nunca podrá cambiar un lápiz solo servirá para escribir y nada más, en cambio el ser para-si está destinado a la libertada y al ser libre es responsable de su proyecto de vida esta responsabilidad crea un estado de angustia al tomar decisiones que percutirán en su vida; adentrando este concepto a la muerte José Martínez declara que “En el para-si no hay lugar para la muerte, puesto que ella representa su absoluta negación, así que esperarla es un completo contrasentido, porque la muerte no puede ser mi posibilidad; ni siquiera puede ser una de mis posibilidades” (Hernández, 1995, pág. 157). El autor sigue exponiendo sobre la muerte dice “Que es un límite externo y fatídico de mi subjetividad, un límite permanente de mis proyectos que hay que asumir como tal, pero no como una posibilidad, sino como una situación límite de mis proyectos.” (Martínez, 1995, pág. 158); Ya que es con la muerte que el hombre deja de ser un ser con libertad; para esto Sartre dice: “es absurdo que hayamos nacido y es absurdo que muramos” (Sartre, 1954, pág. 335); como si desde que existimos somos arrojados para morir aludiendo a las peores de las desdichas, para que vivir si al final y a cabo vamos a morir y todo nuestro proyecto será destruido, a esto se quiere dar a entender Sartre. La vida de cada uno de nosotros es única e irrepetible, no se va a dar ni se dio otra existencia idéntica a la que nosotros estamos viviendo, eso es imposible que suceda. Y va a llegar un momento en que se va a terminar. Por lo tanto, cada acto de mi existencia es un acto que compromete a otros. Y si no fuera finita no tendría ese compromiso, pues tendría todo el tiempo del mundo para reparar mis actos. Lo más probable es que nos muramos antes de cumplir nuestra tarea al no tener dicho tiempo y al correr el riesgo constante de que mi tarea sea una tarea fallida, debo estar permanentemente optando entre distintas posibilidades que comprometen al otro y a mí como causante de ese compromiso con el otro. Felip Auladell declara que “La muerte de dios y la muerte del hombre van indisolublemente unidas, puesto que no hay una naturaleza humana por que no hay un dios para concebirla, solo hay condición humana: el hombre existe y es un proyecto hacia el futuro” (Auladell, 2001, pág. 257), en lo personal discrepo con lo anterior puesto que para mí si existe un Dios, que de cierta manera nos da un poco de esencia al concebirnos, nos da dones, talentos un lugar y tiempo para nacer no nacemos por aceres del destino, tenemos esa poca esencia al nacer y luego somos nosotros que nos definimos con nuestro proyecto de vida como dice Sartre. Sartre plantea que uno puede esperar una muerte particular pero no "la" muerte. La muerte como tal nunca la podemos enfrentar porque nunca la conocemos, sólo conocemos formas de muerte, Nuestra vida no es sino una larga espera, una espera hacia la muerte que es una de las cosas más seguras que poseemos La idea de un dios para Sartre no existe más bien él dice que si hubiera Dios, entonces no podríamos ser libres. Pero como no existe, el hombre está condenado a ser libre y elegir su propia conducta que lo lleve a finalizar su proyecto de vida y lo único que nos roba y destruye todo eso es la muerte es por eso que es odiada y temida por el hombre desde que nace y no hay otra opción más que ceder al morir. Hay que recalcar algo que la muerte está siempre al acecho no es el hombre quien decide su muerte, unas personas mueren en vejez y otros en edad prematura; no hay ninguna razón determinada es todo un juego de azar y la muerte no limita la libertad si no que como la libertad jamás encuentra un límite la muerte se la da. Continuando con el mismo contexto Griselda Urquidi propone que “El hombre es el punto de partida, se parte del fenómeno que se manifiesta a todos por igual, puesto que de él tenemos cierta comprensión, siendo el Ser una manifestación, es el fenómeno el que lo comprende.” (Urquidi, 2008, pág. 113), para Bernard Schumacher plantea que para Sartre existen dos concepciones de la muerte, "La muerte se puede comprender, primero, como un término “que se adhiere a la nada del ser que limita el proceso considerado” (Schumacher, 2004, pág. 65) Llamo a esta primera concepción realista y a la segunda concepción se refiere a “la muerte como la anti-utopía, el anti-proyecto y el enemigo por excelencia que despoja a la vida del para sí de toda significación, y pone al descubierto el absurdo de toda espera” (Schumacher, 2004, pág. 66); a esta Schumacher la llamo idealista. La primer concepción de muerte Sartre la rechaza por el motivo de que la muerte revela únicamente lo humano, desde el ángulo de lo humano: lo no humano se nos escapa plenamente y simpatizo con la segunda que es donde la muerte forma el término último de una serie de fenómenos para esto Schumacher declara “Ya no hay otro lado de la vida, y la muerte es un fenómeno humano, es el fenómeno último de la vida, vida todavía” (Schumacher, 2004, pág. 66). Como si se tratase de la última melodía de la novena sinfonía de Beethoven. Al contrario de Jean Paul Sartre, Heidegger piensa que la muerte no es nunca un hecho puramente fuera que ataca a una existencia ya realizada y establecida, en sus palabras “La inevitabilidad de la muerte se inscribe desde el principio en la estructura ontológica de la existencia. Todos los niños que nacen están ya en camino hacia la muerte. La existencia humana puede definirse esencialmente como Sein-zum- Tode, ser para-la-muerte, estar abocado a la muerte.”. (Heidegger, 1951, pág. 256) La muerte para Heidegger nace de la angustia es el horror de la nada y que no es realmente más que una angustia de la muerte que desemboca en la nada; el propone que la muerte es la expresión más concreta y más radical de la finitud humana, para ello Enrique Perales propone : “al anticipar mi muerte, me la apropio, la incorporo a mi vida, la convierto en la suprema posibilidad suprema posibilidad de mi existencia, la interiorizo, y así llega a ser un acto de mi existencia, la interiorizo, y así llega a ser un acto humano, un acto libre” (Pereales, 2008, pág. 79), algo que los dos filósofos están de acuerdo es que La muerte es un hecho real que acaba totalmente conmigo y con mis posibilidades. Al contrario de Jean Paul Sartre, Heidegger; Gabriel Marcel piensa que “la muerte no la puedo sobrepasar con el pensamiento e imaginarla como cumplida sino a condición de ponerme en el lugar de otro que me sobreviva, para el que lo que yo llamo mi muerte será su muerte” (Marcel, 1999, pág. 202), Julia Urabayen (2008) habla sobre ello declara que Gabriel Marcel rectifica que no le preocupaba su propia muerte, sino la muerte del ser amado, que es totalmente contrario en Sartre. Urabayen continúa explicando que para Marcel “La propia muerte puede ser esperada como un alivio, como una interrupción de la conciencia, como un simple dejar de ser.” (Urabayen, 2008, pág. 708). Ya que para Marcel la muerte propia no es tan terrible, el hombre que vive su vida como algo acumulativo es decir vive por existir en el subyacen las ideas de muerte en desesperación, angustia, rabia, indignación y resignación, pero para aquel hombre que es capaz de eliminar esta idea acumulativa de tiempo en su vida y comprende su vida como una acumulación de vivencias la muerte ya no es más una limitación de sus posibilidades como Sartre expone , si no que la muerte no es vista como un el rotundo final ni como una verdad destructora, al entender esto el hombre puede considerar y aceptar su muerte, atendiendo más a un existencialismo religioso. Para concluir queremos hablar sobre esta idea que tenemos casi todas las personas; la idea de que existe un infierno donde iremos los pecadores pero para Sartre dicho infierno son los demás en su obra “Huis Close” (puertas cerradas) nos habla que el infierno son las miradas de los demás que nos juzgan y nos quitan la libertad es un infierno aquí mismo en el mundo físico, las críticas de los demás nos quitan nuestras libertades, Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él desde que nacemos hablamos los que nos dicen y se vive una vida donde la sociedad elije por nosotros, solo cuando decidimos por nosotros mismos es cuando tenemos esa libertad que debió ser nuestra al nacer.

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