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Sin saberlo, el ídolo jugó su último partido oficial. Fue 2-1 en la cancha de River y salió reemplazado por Juan Román Riquelme. El Superclásico. Un marco excepcional para cualquier ídolo de River o Boca que tiene definido retirarse. Diego Maradona cumplió esa condición aunque nunca supo, hasta después de jugarlo, que ese había sido su último partido como jugador profesional. El 25 de octubre de 1997, el mejor futbolista de la historia disputó en el Monumental el último partido oficial de su carrera. Si lo hubiera planeado seguramente habría elegido La Bombonera, pero el destino quiso que su retiro ocurriera en la cancha de River. Por una decisión legislativa el partido se disputó un sábado. Con un minuto de silencio en memoria del fotógrafo José Luis Cabezas, a 9 meses de su asesinato, los equipos salieron a la cancha en un marco que englobaba el color que ponían locales y visitantes. El valor de una popular para ver el último partido de Diego Maradona como profesional costaba a penas 10 pesos, unos 180 pesos a precio de hoy. Claro, nadie lo sabía. Ni los 60.000 espectadores que asistieron al estadio, ni los periodistas, ni si quiera el propio Maradona . Diego salió de la manga y lo primero que hizo al pisar el césped del Monumental fue cumplir lo que había prometido en la semana: saludar a Ramón Díaz, DT de River, con quien hasta hoy sigue enemistado. River comenzó ganando con un gol de Sergio Berti, que entrando por el centro del área mató un pelotazo que le bajó Marcelo Salas y definió cruzado al palo izquierdo que defendía Óscar Córdoba. La crónica dirá que Maradona no fue héroe en su despedida. River se fue al entretiempo en ventaja y el Bambino Veira, que tampoco sabía que era el último partido del 10, decidió sustituirlo. Claudio Paul Caniggia y Juan Román Riquelme, que tenía a penas 19 años, ingresaron por Maradona y Nelson Vivas. Maradona vio los últimos 45 minutos de su carrera como profesional sentado en el banco y Boca, sin el mejor futbolista de la historia en cancha, dio vuelta el partido. Toresani, en primer término, y luego Martín Palermo, marcaron los goles de la visita que decretaron el 2-1 definitivo que culminó con un Monumental teñido de azul y amarillo. “A River se le cayó la bombacha”, declaró post partido un Maradona desatado que se mofó de River con gestos obscenos. Cuatro días después, ofendido por el rumor de la muerte de su padre, decidió retirarse del fútbol.
Por qué Game of Thrones convirtió a los geeks en señoras que ven telenovelas Hemos cambiado mucho como consumidores de contenido. Están lejanos los días en los que todo el país se paralizaba por el final de Cuna de Lobos o que las calles de Estados Unidos quedaban desiertas porque todos querían saber quién mató a JR. Momentos así no se volverán a ver en la televisión. La oferta de la misma TV se volvió más diversa: desde el surgimiento de más programas en canales abiertos, las opciones en cable y el consumo en casa de VHS y DVDs. La llegada de Youtube y sobre todo de Netflix para brindarnos un catálogo de contenidos digitales cambiaron para siempre las reglas del juego: adiós a tener qué esperar un día de la semana a una hora determinada para ver nuestro show. Nos volvimos menos tolerantes a esperar; si lo que queríamos ver no estaba cuando y en la plataforma que queremos, no los perdonamos. Pero eso no pasa con Game of Thrones. Como comentó Ruy Xoconostle durante la temporada pasada, esta serie ha transformado a los geeks que normalmente se nutrían de historias surgidas de cine, libros y cómics en señoras que ven telenovelas, esperan toda la semana para ese nuevo capítulo de domingo en la noche y se enganchan con el chiffhanger del final. Recursos que no habíamos visto desde los tiempos en que se popularizó el término “final de viernes” para dejarnos en suspenso. Y es que Game of Thrones históricamente ha tratado muy mal al espectador, tanto como su creador, George R.R. Martin torturaba a sus lectores: desde la muerte del que parecía ser el personaje principal, Ned Stark, en la primera temporada hasta la infame Boda Roja en el penúltimo capítulo de la tercera temporada. Y qué decir de la última escena de la temporada 5, con el asesinato de Jon Snow a manos de sus propios hombres y que dejó al público 10 meses con la expectativa de lo que pasaría. “Es que ese programa no puede darme un momento de felicidad” me comentó alguna vez un amigo que ha seguido el show religiosamente (yo empecé a partir de la temporada 4), y muchos podrían decir que el público de GoT es masoquista o mantiene una relación tóxica con la serie, pero como bien comentan en el podcast de Letras Libres, el seguimiento tan fiel de millones de personas (30 millones en su capítulo más reciente) puede ser por esa necesidad inherente de justicia en nosotros ante un mundo que a diario nos demuestra no ser justo. Queremos que Game of Thrones nos compense por su crueldad dándonos esa catarsis tan necesaria como espectadores. Queremos un final feliz, en el que los Stark cobren venganza y recuperen lo que les fue arrebatado, los Lannister sufran, Tyrion sea recompensado por su sabiduría, Theon encuentre una redención, Bran al fin haga algo útil, Arya se consolide como guerrera y Daenerys emprenda al fin su cruzada para conquistar el Trono de Hierro. Todo eso y más se nos da en la temporada 6, la primera completamente desapegada a los libros y que muchas personas han tildado de complaciente (crowd pleaser, porque nos gustan los pochismos) pero a la vez le mete velocidad a la historia. Con una excelente campaña de contenidos junto a Entertainment Weekly, nos ofrecieron detrás de cámaras, entrevistas con el cast, noticias, videos e información para los fans ávidos. La famosa desesperación de nosotros como público y que tanto ha favorecido a Netflix con sus maratones de series (bingewatching, porque pochismo), no solamente no aplica para GoT, sino que le favorece creando ruido antes y después de cada episodio. La misma noche en que se estrena un capítulo, surgen memes, reacciones, gifs, comentarios, teorías sobre el rumbo que tomará la serie (unas más locas que otras) y reseñas en los principales portales de noticias. Eso ya no ocurría con las series y GoT lo logró.