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Polaquen75

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Primer post: 27 feb 2007
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La escisión del yo en el proceso de defensa
InfoporAnónimoFecha desconocida

A ver, prestenme atención un toque. Todos sabemos lo que es el ello, yo y superyo. Ahora bien, como segregamos el yo cuando se trata de la autodefensa? Acá lo explica un quia que de esto sabe algo. Aprendan! La escisión del yo en el proceso de defensa Por un momento me encuentro en la interesante posición de no saber si lo que voy a decir debería ser considerado como algo familiar y evidente desde hace tiempo o como algo completamente nuevo y sorprendente. Me siento inclinado a pensar lo último. He sido sorprendido por el hecho de que el yo de una persona a la que conocemos como paciente en un análisis debe haberse conducido, docenas de años antes, cuando era joven, de modo notable en ciertas situaciones peculiares de presión. Podemos fijar en términos generales y bastante vagos las situaciones en que esto sucede diciendo que ocurre bajo la influencia de un trauma psíquico. Prefiero seleccionar un caso especial aislado claramente definido, aunque ciertamente no cubre todos los modos posibles de producción. Supongamos, pues, que el yo de un niño se halla bajo el influjo de una exigencia instintiva poderosa que se halla acostumbrado a satisfacer y que súbitamente es asustado por una experiencia que le enseña que la continuación de esta satisfacción traerá consigo un peligro real casi intolerable. Debe entonces decidirse, o bien por reconocer el peligro real, darle la preferencia y renunciar a la satisfacción instintiva, o bien por negar la realidad y pretender convencerse de que no existe peligro, de modo que pueda seguir con su satisfacción. Así, hay un conflicto entre la exigencia del instinto y la prohibición por parte de la realidad. Pero en la práctica el niño no toma ninguno de estos caminos o más bien sigue ambos simultáneamente, lo cual viene a ser lo mismo. Replica al conflicto con dos reacciones contrapuestas y las dos válidas y eficaces. Por un lado, con la ayuda de ciertos mecanismos rechaza la realidad y rehúsa aceptar cualquier prohibición; por otro lado, al mismo tiempo, reconoce el peligro de la realidad, considera el miedo a aquel peligro como un síntoma patológico e intenta, por consiguiente, despojarse de dicho temor. Hay que confesar que ésta es una solución muy ingeniosa. Las dos partes en disputa reciben lo suyo: al instinto se le permite seguir con su satisfacción y a la realidad se le muestra el respeto debido. Pero todo esto ha de ser pagado de un modo u otro, y este éxito se logra a costa de un desgarrón del yo que nunca se cura, sino que se profundiza con el paso del tiempo. Las dos reacciones contrarias al conflicto persisten como el punto central de una escisión del yo. Todo el proceso nos parece extraño porque damos por sabida la naturaleza sintetizadora de los procesos del yo. Pero en esto estamos claramente equivocados. La función sintetizadora del yo, aunque sea de extraordinaria importancia, se halla sujeta a condiciones particulares y está expuesta a gran número de trastornos. Nos ayudará el que introduzcamos en esta disquisición esquemática una historia clínica. Un niño, cuando tenía tres o cuatro años, Ilegó a conocer los genitales femeninos cuando fue seducido por una niña mayor que él. Después que estas relaciones quedaron rotas, continuó la estimulación sexual practicando con celo la masturbación manual; pero fue pronto sorprendido en esto por su enérgica niñera y amenazado con la castración, cuya práctica fue atribuida, como de costumbre, al padre. Así, se hallaban presentes en este caso las condiciones calculadas para producir un tremendo efecto de susto. Una amenaza de castración en sí misma no tiene por qué producir una gran impresión. Un niño rehusará creer en ello porque no puede imaginar fácilmente la posibilidad de perder una parte de su cuerpo tan altamente estimada. Su visión (precoz) de los genitales femeninos podría haber convencido al niño que nos ocupa de tal posibilidad. Pero no dedujo de ello esta conclusión porque su desvío a hacerlo así era demasiado grande y no existía un motivo que pudiera obligarlo a tal cosa. Por el contrario, si sintió algún temor fue calmado por la reflexión de que lo que le faltaba a la niña aparecería más tarde: le crecería un pene después. Cualquiera que haya observado bastantes niños pequeños podrá recordar que ha encontrado estas consideraciones a la vista de los genitales de una hermanita pequeña. Pero es diferente si los dos factores se presentan juntos. En este caso la amenaza revive el recuerdo de la percepción que hasta entonces ha sido considerada como inofensiva y encuentra en ese recuerdo la temida confirmación. Ahora el niño piensa que comprende por qué los genitales de la niña no mostraban ningún signo de pene y ya no se atreve a dudar de que sus propios genitales pueden seguir el mismo destino. A partir de entonces no puede evitar el creer en la realidad del peligro de la castración. El resultado habitual del temor a la castración, el resultado que se considera como normal, es que, o bien inmediatamente o después de una lucha considerable, el muchacho acepta la amenaza y obedece a la prohibición, o bien completamente o por lo menos en parte (es decir, no continúa tocando sus genitales con la mano). En otras palabras, abandona, en todo o en parte, la satisfacción del instinto. Sin embargo, podemos aceptar que nuestro paciente encontrará otro camino. Creó un sustituto para el pene que echaba de menos en las hembras; es decir, un fetiche. Haciéndolo así es verdad que negaba la realidad, pero había salvado su propio pene. En tanto no se veía obligado a reconocer que las mujeres habían perdido su pene, no tenía necesidad de creer la amenaza que se le había formulado: no tenía que temer por su propio pene y así podía seguir tranquilamente con su masturbación. Esta conducta de nuestro paciente nos llama la atención porque es un rechazo de la realidad, un procedimiento que preferimos reservar para las psicosis. Y en la práctica no es muy diferente. Pero detendremos nuestro juicio, porque en una inspección más detenida descubriremos una diferencia importante. EI niño no contradijo simplemente sus percepciones y creó la alucinación de un pene donde no lo había; sólo realizó un desplazamiento de valores: transfirió la importancia del pene a otra parte del cuerpo, un procedimiento en el que fue ayudado por el mecanismo de la regresión (de un modo que no necesita ser explicado). Este desplazamiento se hallaba relacionado sólo con el cuerpo femenino: en cuanto a su propio pene, nada había cambiado. Este modo de tratar con la realidad, que casi merece ser descrito como refinado, fue decisivo respecto a la conducta práctica del niño. Continuó con su masturbación como si no implicara ningún peligro para su pene; pero al mismo tiempo, en completa contradicción con su aparente intrepidez o indiferencia, desarrolló un síntoma con el que, a pesar de todo, reconocía el peligro. Había sido amenazado con ser castrado por su padre, e inmediatamente después, al mismo tiempo que con la creación de su fetiche desarrolló un intenso temor de que su padre lo castigara, el cual requería toda la fuerza de su masculinidad para dominarlo e hipercompensarlo. Este temor a su padre era silente sobre el sujeto de la castración: ayudándose por la regresión a una fase oral, asumía la forma de un temor a ser comido por su padre. AI Ilegar a este punto es imposible olvidar un fragmento primitivo de la mitología griega que dice cómo Cronos, el viejo dios padre, devoró a sus hijos e intentó devorar como a los demás, a su hijo menor Zeus, y cómo éste fue salvado por la fuerza de su madre y castró después a su padre. Pero, volviendo a nuestro caso, hemos de añadir que el niño produjo además otro síntoma que, aunque era leve, conservó hasta el día. Era una susceptibilidad ansiosa ante el hecho de que fuera tocado cualquiera de los dedos de sus pies, como si en todo ese vaivén de negación y aceptación fuera la castración, sin embargo, la que encontró una más clara expresión Espero que les haya interesado! Me había olvidado la fuente...aca tá!!

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Curso de autodefensa intelectual
Curso de autodefensa intelectual
InfoporAnónimoFecha desconocida

Bueno, lo que les dejo aqui es un extracto de un libro que estoy leyendo actualmente "Curso de autodefensa intelectual" Es un libro que habla acerca de como incentivar el espíritu crítico y la reflexión y no dejarnos manipular por los medios de comunicación, generando de esta manera nuestras propias y fundadas posturas ante diversas situaciones. Como este libro es de reciente publicación y ni siquiera se encuentra en internet. Decidí "copiarles" un parrafo que me pareció mas que interesante. Espero que les guste e interese, y advierto que no tengo link a la fuente porque el libro lo tengo en mi mano. Espero que esto sea comprendido por los moderadores. Saludos! El equipo de detección de camelos Por Carl Sagan 1) Siempre que sea posible, tiene que haber una confirmación independiente de los "hechos" 2) Aliente el debate sustancioso sobre las pruebas por parte de expertos defensores de todos los puntos de vista 3) Los argumentos de autoridad tienen poco peso: Las autoridades han cometido errores en el pasado y los volverán a cometer en el futuro. Quizás una mejor manera de decirlo es que en la ciencia no hay autoridades, como máximo, hay expertos. 4) Baraje mas de una hipótesis y no recurra a la primera idea que se le venga a la mente. 5) Intente no comprometerse en exceso con una hipótesis solo porque sea suya. Preguntese porque le gusta la idea. Compártala con justicia con las alternativas. Vea si puede encontrar motivos para rechazarla. Si no, lo harán otros. 6) Cuantifique. Si lo que se explica, sea lo que sea, tiene alguna medida, alguna cantidad numérica relacionada, será mucho mas capaz de discriminar entre las distintas hipótesis en competencia. Lo que es vago y cualitativo está abierto a muchas explicaciones. 7) Si hay una cadena de elaboración, deben funcionar todos los eslabones de la cadena, incluso la premisa. 8) Pregúntese siempre si la hipótesis puede ser falsificada. Las proposiciones que no pueden comprobarse, ni demostrarse falsas, no valen mucho. 9) Los experimentos de control, son esenciales. Si por ejemplo se dice que una medicina nueva cura una enfermedad en el veinte por ciento de los casos, debemos asegurarnos de que en una población de control que tome una pastilla de azucar (que los pacientes creen que podría ser el nuevo medicamento) no experimente una remisión espontánea de la enfermedad en el veinte por ciento de los casos. 10) Deben separse las variables. Supongamos que usted esta mareado y le dan una pulsera de metal y 50 miligramos de dimenhidrinato y descubre que le desaparece el malestar. ¿A que se debe: a la pulsera o a la pastilla? Solo puede saberlo si la siguiente vez que toma una cosa y no otra, sigue con mareos. Además de enseñarnos que hacer cuando evaluamos una declaración de conocimiento, un buen equipo de detección de camelos, también debe enseñarnos a que no hacer. Nos ayuda a reconocer las falacias mas comunes y peligrosas dela lógica y la retórica. Este es el libro que les comenté Fuente 2: Está en frances Salute y espero que les haya interesado

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Hacete el guapo con el buscaminas!
InfoporAnónimo11/20/2007

Voy a mostrarles un truco para adivinar la ubicación de las minas en el buscaminas. Prestame atención querido: 1) Cambiá el color del fondo de pantalla a negro. 2) Abrí el buscaminas, y escribir "xyzzy". 3) Presioná la tecla Shift por unos segundos, y luego, sin soltar Shift, mové el puntero sobre el tablero. Debería aparecer en la esquina superior izquierda de la pantalla un pixel blanco. Ahora podes soltar la tecla Shift. 4) Cuando el cursor esté sobre una celda con mina, el pixel se pondrá negro, y permanecerá en blanco para las celdas seguras, avisando la ubicación de las minas sin necesidad de destaparlas. Este truco puede ser entretenido para usarlo como en el video: elijís algunas celdas marcándolas con minas y después te dejas perder, para que parezca que adivinaste la ubicación de todas las anteriores. O, en un caso más extremo, marcar la ubicación de las diez minas de un juego principante antes de descubrir ninguna celda. En todo caso, si queres tratar de usar esto para hacer marcas de tiempo no creo que sea muy útil, porque resulta un poco lento revisar esa esquina para destapar cada celda. Acá el video explicación, hacelo y mostrale la pantalla a la minita que te gusta del laburo! Quedas como un genio! Toma la fuente desesperado!! :d

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Évariste Galois
Évariste Galois
InfoporAnónimo11/30/2007

Estos garabatos se parecen mucho a los que hacemos cuando estamos al pedo hablando por telefono. Pero si nos fijamos bien, existe una diferencia. Entre tachón y tachón podemos diferencias fórmulas matemáticas. Y es que este papel emborronado corresponde a Evariste Galois uno de los matemáticos más importantes de Francia y de la historia. El 30 de mayo de 1832 (con 21 años de edad), a primera hora de la mañana, Galois recibió un disparo en el abdomen, falleciendo al día siguiente a las diez de la mañana (probablemente de peritonitis) en el hospital de Cochin, después de rehusar los servicios de un sacerdote. Galois murió en un duelo por la disputa de una mujer. Estaba tan convencido de lo inmediato de su muerte que pasó toda la noche escribiendo cartas a sus amigos republicanos y componiendo lo que se convertiría en su testamento matemático. En estos últimos papeles describió someramente las implicaciones del trabajo que había desarrollado en detalle. Sus artículos nunca llegaron a ser publicados en vida de Galois. Sus contribuciones matemáticas fueron publicadas finalmente en 1843 cuando Joseph Liouville revisó sus manuscritos y declaró que aquel joven en verdad había resuelto el problema de Abel por otros medios que suponían una verdadera revolución en la teoría de las matemáticas empleadas. El manuscrito fue publicado en el número de octubre de 1846 del Journal des mathématiques pures et appliquées. Biografia Évariste Galois (25 de octubre de 1811 - 31 de mayo de 1832) fue un matemático francés nacido en Bourg-la-Reine. Mientras aún era un adolescente, fue capaz de determinar la condición necesaria y suficiente para que un polinomio sea resuelto por radicales, dando una solución a un problema que había permanecido insoluble durante muchos años. Su trabajo ofreció las bases fundamentales para la teoría que lleva su nombre, una rama principal del álgebra abstracta. Fue el primero en utilizar el término "grupo" en un contexto matemático. Galois nació en Bourg-la-Reine, una comuna a las afueras de París. Su padre fue Nicholas-Gabriel Galois, director de la escuela de la localidad que llegaría a ser elegido alcalde de la comuna al frente del partido liberal, partidario de Napoleón. Su madre, Adelaide-Marie, era una persona de indudables cualidades intelectuales hija de una familia de abogados muy influyente de París. Hasta los doce años, Évariste fue educado por su madre, junto con su hermana mayor Nathalie-Theodore, consiguiendo una sólida formación en latín y griego, así como en los clásicos. Era un muchacho muy inteligente, pero aunque muchos consideran que fue un niño prodigio de las matemáticas, no es probable que durante su educación más temprana el joven tuviera una profunda exposición a las matemáticas (aparte de la aritmética elemental) y tampoco se tiene noticia de que se hubieran dado casos de talento matemático especial en su familia. Su educación académica empezó a la edad de 12 años cuando ingresó en el liceo Royal de Louis-le-Grand, de París, donde habían estudiado Robespierre y Víctor Hugo. Allí tuvo sus primeros escarceos de tintes políticos (un enfrentamiento con el director del internado) que se saldaron con la expulsión de varios alumnos, entre los cuales él no estaba, pero que forjaron una incipiente rebeldía hacia la autoridad (especialmente un ideario antieclesiástico y antimonárquico que mantuvo hasta su muerte). Durante los dos primeros años en el Louis-le-Grand, Galois tuvo un rendimiento normal e incluso llegó a ganar algunos premios en griego y latín. Pero en tercero, su trabajo de retórica fue reprobado y tuvo que repetir curso. Fue entonces cuando Galois entró en contacto con las matemáticas: tenía entonces 15 años. El programa de matemáticas del liceo no difería mucho del resto. Sin embargo, Galois encontró en él el placer intelectual que le faltaba. El curso impartido por Ms Vernier, despertó el genio matemático de Galois. Tras asimilar sin esfuerzo el texto oficial de la escuela y los manuales al uso, Galois empezó con los textos más avanzados de aquella época: estudió la geometría de Legendre y el álgebra de Lagrange. Galois profundizó considerablemente en el estudio del álgebra, una materia que entonces todavía tenía muchas lagunas y cuestiones oscuras. Y así llegó a conocer la cantidad de problemas sin resolver que encerraba aquella disciplina. Problemas que pasaron a ocupar la mayor parte de su tiempo de estudio. Empezó a descuidar las otras materias, atrayendo hostilidad de los profesores de humanidades. Incluso Vernier le sugirió la necesidad de trabajar más en otras disciplinas distintas. Sin embargo, Galois tenía una idea clara: quería ser matemático y quería entrar en la École Polytechnique. Así decidió presentarse con un año de antelación (1828) al examen de acceso. Al carecer de la formación fundamental en diversos aspectos y sin haber recibido el curso habitual preparatorio de matemáticas, Evariste fue rechazado. Galois no aceptó este rechazo inicial y ello aumentó su rebeldía y su oposición a la autoridad. No obstante, continuó progresando rápidamente en el estudio de las matemáticas durante el segundo curso impartido en el Louis-le-Grand, en este caso por Ms Richard, quien supo ver las cualidades del joven y solicitó que fuera admitido en la École Polytechnique. Aunque la solicitud de Richard no fue atendida, la dedicación y el impulso que Galois recibió de su profesor tuvo unos resultados notables. Siendo todavía estudiante del Louis-le-Grand, Galois logró publicar su primer trabajo (una demostración de un teorema sobre fracciones continuas periódicas) y poco después dio con la clave para resolver un problema que había traído en jaque a los matemáticos durante más de un siglo (las condiciones de resolución de ecuaciones polinómicas por radicales). Sin embargo, sus avances más notables fueron los relacionados con el desarrollo de una teoría nueva cuyas aplicaciones desbordaban con mucho los límites de las ecuaciones algebraicas: la teoría de grupos. Sin embargo, el destino no le iba a deparar muchos más éxitos. Pocos días antes de presentarse al segundo (y definitivo) examen de acceso a la École Polytechnique, el padre de Evariste se quitaba la vida. En este contexto Galois se presentó y, con sus habituales maneras rebeldes y su desprecio por la autoridad, se negó a seguir las indicaciones de los examinadores al rehusar justificar sus enunciados. Y, naturalmente, fue rechazado definitivamente. Viéndose obligado considerar la menos prestigiosa École Normale, Galois se presentó a los exámenes de bachillerato (necesario para ser admitido) y esta vez fue aprobado gracias a su excepcional calificación en matemáticas. Galois fue admitido en la École Normale más o menos al mismo tiempo que sus revolucionarios trabajos sobre teoría de grupos eran evaluados por la Academia de Ciencias. Sin embargo, sus artículos nunca llegaron a ser publicados en vida de Galois. Inicialmente se lo envió a Cauchy, quien lo rechazó porque su trabajo tenía puntos en común con un reciente artículo publicado por Abel. Galois lo revisó y se lo volvió a remitir, y en esta ocasión, Cauchy lo remitió a la academia para su consideración; pero Fourier, el secretario vitalicio de la misma y el encargado de su publicación, murió poco después de recibirlo y la memoria fue traspapelada. El premio fue otorgado ex equo a Abel y a Jacobi, y Evariste acusó a la academia de una farsa para desacreditarle. A pesar de la pérdida de la memoria enviada a Fourier, Galois publicó tres artículos aquel mismo año en el Bulletin des sciences mathématiques, astronomiques, physiques et chimiques del Barón de Férussac. Estos trabajos presentan los fundamentos de la Teoría de Galois y prueban sin lugar a dudas que el joven había llegado más lejos que ningún otro matemático en el campo del álbegra relacionado con la resolución de ecuaciones polinómicas. Aunque se trataba de un trabajo inconcluso. Para entonces, la vida de Galois empezaba a estar teñida de un marcado tinte político. En julio de 1830 los republicanos se levantaron y obligaron a exiliarse al rey Carlos X. No obstante, el triunfo de los republicanos, entre los que se encontraba el joven Galois, fue aplastado por la llegada al trono de un nuevo rey: Luis Felipe de Orleans. Galois participó activamente en las manifestaciones y sociedades republicanas. Fue expulsado por ello de la École Normale. En la primavera de 1831, con apenas 19 años, Galois fue detenido y encarcelado durante más de un mes acusado de sedición, tras un desafiante brindis en nombre del rey. Inicialmente fue absuelto, pero volvió a ser arrestado por otra actitud sediciosa en julio y esta segunda vez pasó ocho meses en prisión. Durante aquel año de 1831 Galois por fin había redondeado las cuestiones pendientes en su trabajo y lo había sometido a la consideración de Poisson, quien le recomendó que lo presentara de nuevo a la Academia. Más tarde, aquel mismo año, el propio Poisson recomendó a la Academia que rechazara su trabajo con la indicación de que "sus argumentaciones no estaban ni lo suficientemente claras ni suficientemente desarrolladas para permitirles juzgar su rigor". El propio Poisson, a pesar de su enorme prestigio matemático y de sus esfuerzos, no llegó a comprender los resultados que le presentaba aquella memoria. Galois recibió la carta de rechazo en prisión. Dos días antes de su muerte, Galois fue liberado de su encarcelamiento. Los detalles que condujeron a su duelo (supuestamente a causa de un lío de faldas) no están claros. Lo que queda para la historia es la noche anterior al evento. Evariste Galois estaba tan convencido de lo inmediato de su muerte que pasó toda la noche escribiendo cartas a su amigos republicanos y componiendo lo que se convertiría en su testamento matemático. En estos últimos papeles describió someramente las implicaciones del trabajo que había desarrollado en detalle y anotó una copia del manuscrito que había remitido a la academia junto con otros artículos. El 30 de mayo de 1832, a primera hora de la mañana, Galois recibió un disparo en el abdomen, falleciendo al día siguiente a las diez de la mañana (probablemente de peritonitis) en el hospital de Cochin, después de rehusar los servicios de un sacerdote. Sus últimas palabras a su hermano Alfredo fueron: "¡No llores! Necesito todo mi coraje para morir a la edad de 20 años." Fuente I Fuente II Espero les guste

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¿Quien fue Sam Lloyd?
¿Quien fue Sam Lloyd?
InfoporAnónimo11/16/2007

Sam Loyd: (1841-1911), fue unos de los inventores de rompecabezas y acertijos mas grande del mundo. Todos sus trabajos fueron apareciendo en revistas y diarios durante mas de 50 años en los EE.UU., por lo que goza una gran popularidad. Fue el inventor del acertijo mecánico del 15, esa cajita cuadrada con mas cuadraditos numerados (del 1 al 15)adentros móviles que deben ordenarse de menor a mayor. Inclusive algunos de sus acertijos se han utilizado para campañas publicitarias de importantes candidatos a la presidencia de los EE.UU. ¿Cuál es el ancho del rio? Dos ferrys simultamente en marcha en márgenes Opuestas del río Hudson. Uno. de ellos va de New York a Jersey City, y el otro de Jersey City a New York. Uno es más rápido que el otro, de modo que se encuentran a 720 yardas de la costa más próxima. Tras llegar a destino, ambas embarcaciones perrnanecen diez minutos en el muelle Para cambiar el pasaje, y luego emprenden el viaje de regreso. Vuelven a encontrarse esta vez a 400 yardas de la otra costa. ¿Cuál es la anchura exacta del rìo? Que distancia recorre la pelota? Si se arroja una pelota de goma desde la Torre de Pisa, de 179 pies de altura, y en cada rebote la pelota se eleva un décimo de la altura inmediata anterior. Puede calcular, que distancia recorre antes de quedarse quieta? Cuánto pesa el ladrillo? Observa la figura y determina cuanto pesa el ladrillo de la izquierda, si para equilibrarlo hace falta otro de 3/4 más 3/4 de 1 libra?. Si les interesa posteo mas sobre este excelente personaje! Salute fieras! :d Casi me olvido la fuente, apretá acá amigo!!

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Que sucios eramos!!
InfoporAnónimoFecha desconocida

Extraído de la revista Muy Interesante Nro.226! El escritor Sandor Marai, nacido en 1900 en una familia rica del Imperio Austrohúngaro, cuenta en su libro de memorias Confesiones de un burgués que durante su infancia existía la creencia de que “lavarse o bañarse mucho resultaba dañino, puesto que los niños se volvían blandos”. Por entonces, la bañera era un objeto más o menos decorativo que se usaba “para guardar trastos y que recobraba su función original un día al año, el de San Silvestre. Los miembros de la burguesía de fines del siglo XIX sólo se bañaban cuando estaban enfermos o iban a contraer matrimonio”. Esta mentalidad, que hoy resulta impensable, era habitual hasta hace poco. Es más, si viviéramos en el siglo XVIII, nos bañaríamos una sola vez en la vida, nos empolvaríamos los cabellos en lugar de lavarlos con agua y champú, y tendríamos que dar saltos para no pisar los excrementos esparcidos por las calles. • Del esplendor del Imperio al dominio de los “marranos” Curiosamente, en la Antigüedad los seres humanos no eran tan “sucios”. Conscientes de la necesidad de cuidar el cuerpo, los romanos pasaban mucho tiempo en las termas colectivas bajo los auspicios de la diosa Higiea, protectora de la salud, de cuyo nombre deriva la palabra higiene. Esta costumbre se extendió a Oriente, donde los baños turcos se convirtieron en centros de la vida social, y pervivió durante la Edad Media. En las ciudades medievales, los hombres se bañaban con asiduidad y hacían sus necesidades en las letrinas públicas, vestigios de la época romana, o en el orinal, otro invento romano de uso privado; y las mujeres se bañaban y perfumaban, se arreglaban el cabello y frecuentaban las lavanderías. Lo que no estaba tan limpio era la calle, dado que los residuos y las aguas servidas se tiraban por la ventana a la voz de “agua va!”, lo cual obligaba a caminar mirando hacia arriba. • Vacas, caballos, bueyes dejaban su “firma” en la calle Pero para lugares inmundos, pocos como las ciudades europeas de la Edad Moderna antes de que llegara la revolución hidráulica del siglo XIX. Carentes de alcantarillado y canalizaciones, las calles y plazas eran auténticos vertederos por los que con frecuencia corrían riachuelos de aguas servidas. En aumentar la suciedad se encargaban también los numerosos animales existentes: ovejas, cabras, cerdos y, sobre todo, caballos y bueyes que tiraban de los carros. Como si eso no fuera suficiente, los carniceros y matarifes sacrificaban a los animales en plena vía pública, mientras los barrios de los curtidores y tintoreros eran foco de infecciones y malos olores. La Roma antigua, o Córdoba y Sevilla en tiempos de los romanos y de los árabes estaban más limpias que Paris o Londres en el siglo XVII, en cuyas casas no había desagües ni baños. ¿Qué hacían entonces las personas? Habitualmente, frente a una necesidad imperiosa el individuo se apartaba discretamente a una esquina. El escritor alemán Goethe contaba que una vez que estuvo alojado en un hostal en Garda, Italia, al preguntar dónde podía hacer sus necesidades, le indicaron tranquilamente que en el patio. La gente utilizaba los callejones traseros de las casas o cualquier cauce cercano. Nombres de los como el del francés Merderon revelan su antiguo uso. Los pocos baños que había vertían sus desechos en fosas o pozos negros, con frecuencia situados junto a los de agua potable, lo que aumentaba el riesgo de enfermedades. • Los excrementos humanos se vendían como abono Todo se reciclaba. Había gente dedicada a recoger los excrementos de los pozos negros para venderlos como estiércol. Los tintoreros guardaban en grandes tinajas la orina, que después usaban para lavar pieles y blanquear telas. Los huesos se trituraban para hacer abono. Lo que no se reciclaba quedaba en la calle, porque los servicios públicos de higiene no existían o eran insuficientes. En las ciudades, las tareas de limpieza se limitaban a las vías principales, como las que recorrían los peregrinos y las carrozas de grandes personajes que iban a ver al Papa en la Roma del siglo XVII, habitualmente muy sucia. Las autoridades contrataban a criadores de cerdos para que sus animales, como buenos omnívoros, hicieran desaparecer los restos de los mercados y plazas públicas, o bien se encomendaban a la lluvia, que de tanto en tanto se encargaba arrastrar los desperdicios. Tampoco las ciudades españolas destacaban por su limpieza. Cuenta Beatriz Esquivias Blasco su libro ¡Agua va! La higiene urbana en Madrid (1561-1 761), que “era costumbre de los vecinos arrojara la calle por puertas y ventanas las aguas inmundas y fecales, así como los desperdicios y basuras”. El continuo aumento de población en la villa después del esblecimiento de la corte de Fernando V a inicios del siglo XVIII gravó los problemas sanitarios, que la suciedad se acumulaba, pidiendo el tránsito de los caos que recogían la basura con dificultad por las calles principales • En verano, los residuos se secaban y mezclaban con la arena del pavimento; en invierno, las lluvias levantaban los empedrados, diluían los desperdicios convirtiendo las calles en lodazales y arrastraban los residuos blandos los sumideros que desembocaban en el Manzanares, destino final de todos los desechos humanos y animales. Y si las ciudades estaban sucias, las personas no estaban mucho mejor. La higiene corporal también retrocedió a partir del Renacimiento debido a una percepción más puritana del cuerpo, que se consideraba tabú, y a la aparición de enfermedades como la sífilis o la peste, que se propagaban sin que ningún científico pudiera explicar la causa. Los médicos del siglo XVI creían que el agua, sobre todo caliente, debilitaba los órganos y dejaba el cuerpo expuesto a los aires malsanos, y que si penetraba a través de los poros podía transmitir todo tipo de males. Incluso empezó a difundirse la idea de que una capa de suciedad protegía contra las enfermedades y que, por lo tanto, el aseo personal debía realizarse “en seco”, sólo con una toalla limpia para frotar las partes visibles del organismo. Un texto difundido en Basilea en el siglo XVII recomendaba que “los niños se limpiaran el rostro y los ojos con un trapo blanco, lo que quita la mugre y deja a la tez y al color toda su naturalidad. Lavarse con agua es perjudicial a la vista, provoca males de dientes y catarros, empalidece el rostro y lo hace más sensible al frío en invierno y a la resecación en verano • Un artefacto de alto riesgo llamado bañera Según el francés Georges Vigarello, autor de Lo limpio y lo sucio, un interesante estudio sobre la higiene del cuerno en Europa, el rechazo al agua llegaba a los más altos estratos sociales. En tiempos de Luis XIV, las damas más entusiastas del aseo se bañaban como mucho dos veces al año, y el propio rey sólo lo hacía por prescripción médica y con las debidas precauciones, como demuestra este relato de uno de sus médicos privados: “Hice preparar el baño, el rey entró en él a las 10 y durante el resto de la jornada se sintió pesado, con un dolor sordo de cabeza, lo que nunca le había ocurrido... No quise insistir en el baño, habiendo observado suficientes circunstancias desfavorables para hacer que el rey lo abandonase”. Con el cuerno prisionero de sus miserias, la higiene se trasladó a la ropa, cuanto más blanca mejor. Los ricos se “lavaban” cambiándose con frecuencia de camisa, que supuestamente absorbía la suciedad corporal. El dramaturgo francés del siglo XVII Paul Scarron describía en su Roman comique una escena de aseo personal en la cual el protagonista sólo usa el agua para enjuagarse la boca. Eso sí, su criado le trae “la más bella ropa blanca del mundo, perfectamente lavada y perfumada”. Claro que la procesión iba por dentro, porque incluso quienes se cambiaban mucho de camisa sólo se mudaban de ropa interior —si es que la llevaban— una vez al mes. • Aires ilustrados para terminar con los malos olores Tanta suciedad no podía durar mucho tiempo más y cuando los desagradables olores amenazaban con arruinar la civilización occidental, llegaron los avances científicos y las ideas ilustradas del siglo XVIII para ventilar la vida de los europeos. Poco a poco volvieron a instalarse letrinas colectivas en las casas y se prohibió desechar los excrementos por la ventana, al tiempo que se aconsejaba a los habitantes de las ciudades que aflojasen la basura en los espacios asignados para eso. En 1774, el sueco Karl Wilhehm Scheele descubrió el cloro, sustancia que combinada con agua blanqueaba los objetos y mezclada con una solución de sodio era un eficaz desinfectante. Así nació la lavandina, en aquel momento un gran paso para la humanidad. • Tuberías y retretes: la revolución higiénica En el siglo XIX, el desarrollo del urbanismo permitió la creación de mecanismos para eliminar las aguas residuales en todas las nuevas construcciones. Al tiempo que las tuberías y los retretes ingleses (WC) se extendían por toda Europa, se organizaban las primeras exposiciones y conferencias sobre higiene. A medida que se descubrían nuevas bacterias y su papel clave en las infecciones —peste, cólera, tifus, fiebre amarilla—, se asumía que era posible protegerse de ellas con medidas tan simples como lavarse las manos y practicar el aseo diario con agua y jabón. En 1847, el médico húngaro Ignac Semmelweis determinó el origen infeccioso de la fiebre puerperal después del parto y comprobó que las medidas de higiene reducían la mortalidad. En 1869, el escocés Joseph Lister, basándose en los trabajos de Pasteur, usó por primera vez la antisepsia en cirugía. Con tantas pruebas en la mano ya ningún médico se atrevió a decir que bañarse era malo para la salud.

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Homenaje a Pablo Neruda
ArteporAnónimoFecha desconocida

Un pequeño homenaje a este gran poeta! Pablo Neruda (1904-1973) Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con el seudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904, hijo de don José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario y doña Rosa Basoalto Opazo, maestra de escuela, fallecida poco años después del nacimiento del poeta. En 1906 la familia se traslada a Temuco donde su padre se casa con Trinidad Candia Marverde, a quién el poeta menciona en diversos textos como Confieso que he vivido y Memorial de Isla Negra con el nombre de Mamadre. Realiza sus estudios en el Liceo de Hombres de esta ciudad, donde también publica sus primeros poemas en el periódico regional La Mañana. En 1919 obtiene el tercer premio en los Juegos Florales de Maule con su poema Nocturno ideal. En 1921 se radica en Santiago y estudia pedagogía en francés en la Universidad de Chile, donde obtiene el primer premio de la fiesta de la primavera con el poema La canción de fiesta, publicado posteriormente en la revista Juventud. En 1923, publica Crepusculario, que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro Prado. Al año siguiente aparece en Editorial Nascimento sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en el que todavía se nota una influencia del modernismo. Posteriormente se manifiesta un propósito de renovación formal de intención vanguardista en tres breves libros publicados en 1926: El habitante y su esperanza ; Anillos (en colaboración con Tomás Lagos) y Tentativa del hombre infinito. En 1927 comienza su larga carrera diplomática cuando es nombrado cónsul en Rangún, Birmania. En sus múltiples viajes conoce en Buenos Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti. En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de la revista Caballo verde para la poesía en la cual es compañero de los poetas de la generación del 27. Ese mismo año aparece la edición madrileña de Residencia en la tierra. En 1936 al estallar la guerra civil española, muere García Lorca, Neruda es destituido de su cargo consular, y escribe España en el corazón. En 1945 obtiene el premio Nacional de Literatura. En 1950 publica Canto General, texto en que su poesía adopta una intención social, ética y política. En 1952 publica Los versos del capitán y en 1954 Las uvas y el viento y Odas elementales. En 1958 aparece Estravagario con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de Oxford , Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel de Literatura. Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973 . Póstumamente se publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido. Su poesía Poemas en su propia voz La casa de Pablo DISCURSO PRONUNCIADO CON OCASIÓN DE LA ENTREGA DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA (1971) Pablo Neruda Mi discurso será una larga travesía, un viaje mío por regiones, lejanas y antípodas, no por eso menos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi país. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros limites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta. Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina. Grandes bosques cubren como un túnel las regiones inaccesibles y como nuestro camino era oculto y vedado, aceptábamos tan sólo los signos más débiles de la orientación. No había huellas, no existían senderos y con mis cuatro compañeros a caballo buscábamos en ondulante cabalgata —eliminando los obstáculos de poderosos árboles, imposibles ríos, roqueríos inmensos, desoladas nieves, adivinando mas bien el derrotero de mi propia libertad. Los que me acompañaban conocían la orientación, la posibilidad entre los grandes follajes, pero para saberse más seguros montados en sus caballos marcaban de un machetazo aquí y allá las cortezas de los grandes árboles dejando huellas que los guiarían en el regreso, cuando me dejaran solo con mi destino. Cada uno avanzaba embargado en aquella soledad sin márgenes, en aquel silencio verde y blanco, los árboles, las grandes enredaderas, el humus depositado por centenares de años, los troncos semiderribados que de pronto eran una barrera más en nuestra marcha. Todo era a la vez una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de frío, nieve, persecución. Todo se mezclaba: la soledad, el peligro, el silencio y la urgencia de mi misión. A veces seguíamos una huella delgadísima, dejada quizás por contrabandistas o delincuentes comunes fugitivos, e ignorábamos si muchos de ellos habían perecido, sorprendidos de repente por las glaciales manos del invierno, por las tormentas tremendas de nieve que, cuando en los Andes se descargan, envuelven al viajero, lo hunden bajo siete pisos de blancura. A cada lado de la huella contemplé, en aquella salvaje desolación, algo como una construcción humana. Eran trozos de ramas acumulados que habían soportado muchos inviernos, vegetal ofrenda de centenares de viajeros, altos cúmulos de madera para recordar a los caídos, para hacer pensar en los que no pudieron seguir y quedaron allí para siempre debajo de las nieves. También mis compañeros cortaron con sus machetes las ramas que nos tocaban las cabezas y que descendían sobre nosotros desde la altura de las coníferas inmensas, desde los robles cuyo último follaje palpitaba antes de las tempestades del invierno. Y también yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque para adornar las tumbas de uno y otro de los viajeros desconocidos. Teníamos que cruzar un río. Esas pequeñas vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora, se tornan en cascadas, rompen tierras y rocas con la energía y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado. Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompañaban me preguntaron con cierta sonrisa: ¿Tuvo mucho miedo? Mucho. Creí que había llegado mi última hora, dije. Íbamos detrás de usted con el lazo en la mano me respondieron. —Ahí mismo agregó uno de ellos cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted. Seguimos hasta entrar en un túnel natural que tal vez abrió en las rocas imponentes un caudaloso río perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos. A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras: más de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. La cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, el espléndido, el difícil camino. Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. Súbitamente, como singular visión, llegamos a una pequeña y esmerada pradera acurrucada en el regazo de las montañas: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de rios y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ningún follaje. Allí nos detuvimos como dentro de un círculo mágico, como huéspedes de un recinto sagrado: y mayor condición de sagrada tuvo aun la ceremonia en la que participé. Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compañeros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros de hueso. Me uní a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos Ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrarían pan y auxilio en las órbitas del toro muerto. Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia. Mis rústicos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extraña danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por allí cruzaron antes. Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aún en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo. Más lejos, ya a punto de cruzar las fronteras que me alejarían por muchos años de mi patria, llegamos de noche a las últimas gargantas de las montañas. Vimos de pronto una luz encendida que era indicio cierto de habitación humana y, al acercarnos, hallamos unas desvencijadas construcciones, unos destartalados galpones al parecer vacíos. Entramos a uno de ellos y vimos, al calor de la lumbre, grandes troncos encendidos en el centro de la habitación, cuerpos de árboles gigantes que allí ardían de día y de noche y que dejaban escapar por las hendiduras del techo ml humo que vagaba en medio de las tinieblas como un profundo velo azul. Vimos montones de quesos acumulados por quienes los cuajaron a aquellas alturas. Cerca del fuego, agrupados como sacos, yacían algunos hombres. Distinguimos en el silencio las cuerdas de una guitarra y las palabras de una canción que, naciendo de las brasas y la oscuridad, nos traía la primera voz humana que habíamos topado en el camino. Era una canción de amor y de distancia, un lamento de amor y de nostalgia dirigido hacia la primavera lejana, hacia las ciudades de donde veníamos, hacia la infinita extensión de la vida. Ellos ignoraban quienes éramos, ellos nada sabían del fugitivo, ellos no conocían mi poesía ni mi nombre. O lo conocían, nos conocían? El hecho real fue que junto a aquel fuego cantamos y comimos, y luego caminamos dentro de la oscuridad hacia unos cuartos elementales. A través de ellos pasaba una corriente termal, agua volcánica donde nos sumergimos, calor que se desprendía de las cordilleras y nos acogió en su seno. Chapoteamos gozosos, cavándonos, limpiándonos el peso de la inmensa cabalgata. Nos sentimos frescos, renacidos, bautizados, cuando al amanecer emprendimos los últimos kilómetros de jornadas que me separarían de aquel eclipse de mi patria. Nos alejamos cantando sobre nuestras cabalgaduras, plenos de un aire nuevo, de un aliento que nos empujaba al gran camino del mundo que me estaba esperando. Cuando quisimos dar (lo recuerdo vivamente) a los montañeses algunas monedas de recompensa por las canciones, por los alimentos, por las aguas termales, por el techo y los lechos, vale decir, por el inesperado amparo que nos salió al encuentro, ellos rechazaron nuestro ofrecimiento sin un ademán. Nos habían servido y nada más. Y en ese "nada más" en ese silencioso nada más había muchas cosas subentendidas, tal vez el reconocimiento, tal vez los mismos sueños. Señoras y Señores: Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema: y no dejaré impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de mí alguna gota de supuesta sabiduría. Si he narrado en este discurso ciertos sucesos del pasado, si he revivido un nunca olvidado relato en esta ocasión y en este sitio tan diferentes a lo acontecido, es porque en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveración necesaria, la fórmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras sino para explicarme a mí mismo. En aquella larga jornada encontré las dosis necesarias a la formación del poema. Allí me fueron dadas las aportaciones de la tierra y del alma. Y pienso que la poesía es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza. Y pienso con no menor fe que todo esta sostenido —el hombre y su sombra, el hombre y su actitud, el hombre y su poesía en una comunidad cada vez más extensa, en un ejercicio que integrará para siempre en nosotros la realidad y los sueños, porque de tal manera los une y los confunde. Y digo de igual modo que no sé, después de tantos años, si aquellas lecciones que recibí al cruzar un vertiginoso río, al bailar alrededor del cráneo de una vaca, al bañar mi piel en el agua purificadora de las más altas regiones, digo que no sé si aquello salía de mí mismo para comunicarse después con muchos otros seres, o era el mensaje que los demás hombres me enviaban como exigencia o emplazamiento. No sé si aquello lo viví o lo escribí, no sé si fueron verdad o poesía, transición o eternidad los versos que experimenté en aquel momento, las experiencias que canté más tarde. De todo ello, amigos, surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común. En verdad, si bien alguna o mucha gente me consideró un sectario, sin posible participación en la mesa común de la amistad y de la responsabilidad, no quiero justificarme, no creo que las acusaciones ni las justificaciones tengan cabida entre los deberes del poeta. Después de todo, ningún poeta administró la poesía, y si alguno de ellos se detuvo a acusar a sus semejantes, o si otro pensó que podría gastarse la vida defendiéndose de recriminaciones razonables o absurdas, mi convicción es que sólo la vanidad es capaz de desviarnos hasta tales extremos. Digo que los enemigos de la poesía no están entre quienes la profesan o resguardan, sino en la falta de concordancia del poeta. De ahí que ningún poeta tenga más enemigo esencial que su propia incapacidad para entenderse con los más ignorados y explotados de sus contemporáneos; y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras. El poeta no es un "pequeño dios". No, no es un "pequeño dios". No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. El cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños. Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, el poeta tomará parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera. Sólo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poesía el anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos. Los errores que me llevaron a una relativa verdad, y las verdades que repetidas veces me condujeron al error, unos y otras no me permitieron —ni yo lo pretendí nunca— orientar, dirigir, enseñar lo que se llama el proceso creador, los vericuetos de la literatura. Pero sí me di cuenta de una cosa: de que nosotros mismos vamos creando los fantasmas de nuestra propia mitificacion. De la argamasa de lo que hacemos, o queremos hacer, surgen más tarde los impedimentos de nuestro propio y futuro desarrollo. Nos vemos indefectiblemente conducidos a la realidad y al realismo, es decir, a tomar una conciencia directa de lo que nos rodea y de los caminos de la transformación, y luego comprendemos, cuando parece tarde, que hemos construido una limitación tan exagerada que matamos lo vivo en vez de conducir la vida a desenvolverse y florecer. Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta más pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contemplábamos como parte integral de nuestro deber. Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de un tembladeral de hojas, de barro, de libros, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicación opresiva. En cuanto a nosotros en particular, escritores de la vasta extensión americana, escuchamos sin tregua el llamado para llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso. Somos conscientes de nuestra obligación de pobladores y —al mismo tiempo que nos resulta esencial el deber de una comunicación critica en un mundo deshabitado y, no por deshabitado menos lleno de injusticias, castigos y dolores, sentimos también el compromiso de recobrar los antiguos sueños que duermen en las estatuas de piedra, en los antiguos monumentos destruidos, en los anchos silencios de pampas planetarias, de selvas espesas, de ríos que cantan como sueños. Necesitamos colmar de palabras los confines de un continente mudo y nos embriaga esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez ésa sea la razón determinante de mi humilde caso individual: y en esa circunstancia mis excesos, o mi abundancia, o mi retórica, no vendrían a ser sino actos, los más simples, del menester americano de cada día. Cada uno de mis versos quiso instalarse como un objeto palpable: cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo: cada uno de mis cantos aspiró a servir en el espacio como signos de reunión donde se cruzaron los caminos, o como fragmento de piedra o de madera con que alguien, otros que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos. Extendiendo estos deberes del poeta, en la verdad o en el error, hasta sus últimas consecuencias, decidí que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida debía ser también humildemente partidaria. Lo decidí viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes. Comprendí, metido en el escenario de las luchas de América, que mi misión humana no era otra sino agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma, con pasión y esperanza, porque sólo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos. Y aunque mi posición levantara o levante objeciones amargas o amables, lo cierto es que no hallo otro camino para el escritor de nuestros anchos y crueles países, si queremos que florezca la oscuridad, si pretendemos que los millones de hombres que aún no han aprendido a leernos ni a leer, que todavía no saben escribir ni escribirnos, se establezcan en el terreno de la dignidad sin la cual no es posible ser hombres integrales. Heredamos la vida lacerada de los pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los más edénicos, los más puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante: pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las épocas terribles del colonialismo que aún existe. Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanza solitarias. En todo hombre se juntan las épocas remotas, la inercia, los errores, las pasiones, las urgencias de nuestro tiempo, la velocidad de la historia. Pero, qué sería de mí si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquiera forma al pasado feudal del gran continente americano? Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país? Hay que mirar el mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se niegan a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos. Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía. Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A laurore, armés dune ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes. (Al amanecer, armados de una ardiente paciencia entraremos en las espléndidas ciudades.) Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesa fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera. En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano. En el link que les dejo a continuación están las obras que les menciono: Poesía Erótica Lentamente Odas España en el corazón Cién sonetos de amor Confieso que he vivido El libro de las preguntas Los versos del capitán y muchos otros mas... CLICK ACÁ! Espero que les guste! Salute!

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La lluvia me motivó....
ArteporAnónimoFecha desconocida

... a escribir asi que aquí les dejo un nuevo cuento de mi autoría. Salute! El Centinela Soy conciente que no son de dominio público algunos detalles de nuestra existencia, pero si estoy convencido que vale la pena conocer el que les voy a revelar. Desde el inicio de los tiempos, se calcula que cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, porque aunque parezca curioso, hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo inmediato, la Vía Láctea. Entonces, por cada hombre, mujer y niño que ha vivido, brilla una estrella en nuestro firmamento. Esta es la historia de cómo Santi, a partir de este hallazgo, encontró la razón de porque jamás se había sentido solo a pesar de… Por cuarta vez en la semana, el chillido del timbre de las seis de la tarde recorría los rincones del antiguo Colegio San Lucas. Como era costumbre, la avalancha de niños, que desde las aulas salían corriendo en todas direcciones, se agolpaba en la puerta principal. A medida que pasaban los minutos, los pasillos se iban enmudeciendo hasta quedar en un silencio absoluto. Solo las palomas que picoteaban en el patio, buscando las migas que se desprendían de los emparedados o alfajores que habían sido devorado los niños, producían un ruido casi inaudible para los demás. Pero no para mí. Esos momentos de incipiente tranquilidad, eran mis preferidos desde que comencé a trabajar de encargado, hacía ya varios años. El silencio era mi compañía en las largas noches de soledad. Mis tareas consistían en cuidar la entrada principal en todos sus aspectos, desde la limpieza de azulejos y pisos, hasta el control de todos los que traspasaban la puerta. Justamente, fue en los escalones de esa entrada, donde me encontré a Santi aquella helada tarde de invierno. - ¡Hola! ¿Se olvidaron de pasarte a buscar? - dije mientras me sentaba de cuclillas a su lado. - Si, mi abuela se debe haber quedado dormida otra vez - en su voz se notaba un dejo de tristeza. - ¿Y tus papás? ¿Están trabajando? - No, mis papas no están más. Fallecieron cuando yo era chico. - Ajá, yo te sigo viendo chico - mi intento de hacerlo sonreír naufragaba en el mar de la indiferencia - Si vives cerca, te podría acompañar caminando así no tienes que aguardar aquí con frío a tu abuela. A propósito, ¿como se llama ella? - Matilde, y su perro se llama Tifón. - Bonito nombre…….el del perro me refiero - finalmente me dedicó una tímida sonrisa. - Hagamos una cosa, le voy a avisar a Mateo, mi suplente, que cuide por un tiempo la puerta y que si llega a venir tu abuela le avise que salimos para allá, y de esta manera te podré acompañar hasta tu casa, ¿te parece? Sin responder a mi pregunta, tomó su mochila, se puso de pie y se alistó con las manos en los bolsillos y la bufanda escocesa que le tapaba hasta la línea de los ojos. Antes de salir, revisé los registros de la computadora y pude obtener la dirección de la casa de su abuela. Por suerte solo nos separaban ocho cuadras. Habíamos cruzado la plazoleta que quedaba en la esquina, cuando Santi mencionó sus primeras palabras desde que salimos. - Cuando yo sea grande, voy a pintar con colores todos los caminos para que todos los chicos sepan como volver solos a su casa. - ¿Vos crees que se podría Santi? O sea, el camino de todos los chicos de todos los colegios. Me parece que se van a confundir. - No, no se van a confundir porque van a estar pintados todos de diferentes colores. Y además cada uno va a saber cual es el color que le toca. - Entiendo, creo que podría funcionar. ¿Sabias que en lugares como el campo o los expertos marineros, se manejan con tecnología pero también observan mucho las estrellas para guiarse y llegar a su hogar? - Mmmmmm, no creo que se pueda eso. Yo no creo en nada que no se pueda ver claramente, como los colores. Y más el rojo, el amarillo, el azul y también el verde, pero tiene que ser oscuro como ese de los cascos de guerra. - ¿Entonces, no crees en nada que no puedas ver con tus propios ojos? - Claro, pero si en los colores. - Pero las estrellas las puedes ver. Ellas nos marcan el camino y con su ausencia nos avisan de la lluvia inminente. - Yo no le veo nada de especial a las estrellas. - Eso es porque no las observas seguido, ellas en cambio siempre están pendientes de ti todo el tiempo. - No creo, hay veces que no están. - Pero ahora si, miralas - dije mientras señalaba el cielo con el dedo índice. - ¡¡¡Uhhh!!! ¡Esas dos brillan un montón! - sus ojos se abrieron como un comic japonés. - ¿Cuales? Yo no veo sobresalir ninguna, todas están con la misma intensidad - mentí, una de ellas resaltaba por su belleza y magnitud. - ¡No no no, esas! Esas que están juntas, como si fueran una pareja. - Entiendo, es que esas son tus estrellas especiales. Son tu guía. Las que te observan desde allí y te dan la paz que necesitas para seguir con fuerza el camino de la vida. - ¿Como es eso? ¿Brillan más fuerte para mí? - Claro….esas estrellas, esas que tu ves mas nítidas e intensas son tus seres queridos. En tu caso, son tus padres Santi. Apenas terminé de decir aquellas palabras, me detuve arrepintiéndome de mencionarle aquél secreto a un niño de tan solo nueve años. Quizás no fue lo que dije, sino la forma en la cual me expresé. Pero para mi asombro, no solo entendió que en el cielo se encuentran todos nuestros seres queridos, sino que reconoció que desde el fallecimiento de sus padres jamás se había sentido solo. Todo lo contrario, había estado triste un tiempo y había llorado mucho, pero me confesó que jamás se sintió desamparado. Que todos los días tenía ganas de aprender cosas, de jugar y de pintar con colores vivos. Sobre todo con el verde siempre que sea oscuro como el color de los cascos de guerra. Y así fue como nos detuvimos en la puerta de su casa hasta despedirnos, observando por varios minutos las estrellas. Mientras él les sonreía a sus padres, me describía como esos luceros brillaban más fuerte. De regreso al Colegio, pensaba en la cantidad de personas que por no observar el cielo a diario, se pierden de saludar a sus seres queridos, abuelos, tíos, padres y hermanos. Incluso omiten agradecerles su compañía, como así también de descubrir que allí arriba les va de maravilla. Podría asegurar sin miedo a equivocarme que la vista debe ser única. Y pensé algo más. Que de ahora en adelante no dejaría pasar una noche sin mirar hacía arriba y agradecerle a mi esposa por ser mi centinela.

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Arthur Clarke (Biografía y Obra)
Arthur Clarke (Biografía y Obra)
ArteporAnónimo4/4/2007

Les dejo unos excelentes libros de Arthur C. Clarke, que junto a Asimov, Ray Bradbury, C. S. Lewis y H.G Wells, son los mejores referentes de la literatura de ciencia ficción. Espero que les guste! Biografía: Escritor inglés de ciencia ficción. Arthur c. Clarke nació el 16 de diciembre de 1917 en Minehead, Somerset. Tras acabar sus estudios secundarios se trasladó a Londres en 1936. Durante la Segunda Guerra Mundial, como oficial de la RFA, fue instructor de radar en la aviación británica y tuvo a su cargo el primer equipo de radar talk-down, the Ground Controlled Approach, durante las pruebas experimentales. Su única novela que no es de ciencia ficción, Glide Path, se basa en este trabajo. En 1945 publicó el artículo técnico "Extra-terrestrial Relays" estableciendo los principios de la comunicación vía satélite en órbita geoestacionaria. Su invento le ha valido numerosos honores, tales como la Beca Internacional Marconi 1982, una medalla de oro del Franklin Institute, la Cátedra Vikram Sarabhai del Physical Research Laboratory, Ahmedabad, el Premio Lindbergh y una Beca del King's College, Londres. Hoy en día, la órbita geoestacionaria a 42,000 kilometros es llamada La Órbita Clarke por la Unión Astronómica Internacional. El primer cuento que vendió Clarke profesionalmente fué Partida de Rescate, escrito en marzo de 1945 y publicado en Astounding Science en mayo de 1946. Después de la Segunda Guerra Mundial entró en el King's College de Londres para cursar estudios de física y matemáticas, que finalizó con honores. Entre 1946 y 1947 y entre 1950 y 1953 fue presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS), donde empezó a experimentar con material astronáutico, y a escribir el boletín de la BIS y ciencia ficción. El gran interés de Clarke por las posibilidades de la ciencia siempre fue muy evidente. En sus primeros años como escritor usó el seudónimo Charles Willis en tres ocasiones, y escribió una vez como E. G. O'Brien. Los primeros relatos de Arthur C. Clarke están sólidamente construidos, giran usualmente sobre un único tema científico y terminan, frecuentemente, con una solución sorprendente, sin desdeñar en algunas ocasiones un elaborado toque humorístico. Entre los relatos de su libro Expedición a la Tierra (1953) se encuentra El centinela (The Sentinel), que sirvió de base para su novela posterior 2001: una odisea espacial (1968), llevada al cine por Stanley Kubrick. Su estilo como divulgador es lúcido y ameno, rivalizando con otro escritor de ciencia-ficción que destaca igualmente como divulgador científico: Isaac Asimov. Clarke siempre escribe con lucidez, a veces en un tono frío, frecuentemente con gracia, siendo un agudo evocador que ha producido algunas de los imágenes más memorables en ciencia-ficción. Es comúnmente aceptado como una figura relevante en el desarrollo del género a partir de la Segunda Guerra Mundial, especialmente por su visión liberal, optimista ante los posibles beneficios de la tecnología, y por su desarrollo de la visión del género humano como un niño al que antiguos habitantes de universo, sabios y arcanos, tratan como un padre generoso o simplemente con una displicente indiferencia. En el libro Perfiles del Futuro (The Profiles of the Future, 1962) echa una mirada a las posibles formas del mundo de mañana. En este libro establece sus Tres Leyes. Clarke se hizo muy conocido en todo el mundo cuando intervino como comentarista para la CBS en las misiones de las misiones Apolo 11, 12 y 15. En 1980 ganó el premio Hugo de novela con Fuentes del paraíso (The Fountains of Paradise), donde relata la construcción de un ascensor espacial de 36 km. de altura. Es aficionado a la fotografía y la exploración submarina (una forma simple y barata de experimentar la ingravidez, según sus propias palabras) y reside en Sri Lanka desde 1956. En 1989 Clarke publicó Días increíbles: una autobiografía de ciencia ficción (Astounding days: A Science Fictional Autobiography). Ha realizado series de televisión como "El Misterioso Mundo de Arthur C. Clarke" en 1981 y Arthur C. Clarke's World of strange Powers en 1984, y ha colaborado en otras series como Walter Cronkite's Universe en 1981. Hace click en los links para bajarlos en descarga directa! Crimen en Marte Odisea del espacio 2001 Antes del Eden El Pacifista La estrella La luz de las Tinieblas La última orden Masa crítica Odio Salute!

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Heródoto (Biografía y Obra)
ArteporAnónimo4/4/2007

Muchas de la historias sobre Grecia que conocemos, salen de los 9 libros que llegaron a nuestro poder de este historiador.Les dejo la biografía y debajo de la misma, los famosos nueve libros de Herodoto. Biografía Historiador griego.Se lo considera el Padre de la Historia.Nace en el Asia Menor en una comunidad doria y, tras emigrar por motivos políticos a Samos, realiza extensos viajes de los que deja testimonio en historia, donde hace referencia a otros pueblos y culturas como Egipto, Libia, Escitia.Su tema central es el conflicto entre Persia y Grecia, que se conoce como las Guerras Médicas.Su método de trabajo se basa en el testimonio y la recopilación de impresiones que no implican incoherencias e imprecisiones. Los textos se nutren de las tradiciones orales, no siempre muy confiables, que se entremezclan con el análisis.Su contribución es el tono secular que imprime a la obra, en las que las acciones humanas son propias y no están determinadas por la voluntad de los dioses.La visión general es universal, ya que si bien está limitada en espacio y tiempo, capta la confrontación de la guerra greco-persa, compara varios mundos y sus rerpectivas culturas y distingue a los griegos de los pueblos bárbaros como los medos, persas y egipcios. En el 443 a.C. Heródoto se instaló en Panhellen, colonia de Turios, en el sur de Italia. Se dedicó el resto de su vida a completar su gran obra, conocida como Historias, derivada de la palabra griega investigación. Los estudiosos de Historias la dividieron más tarde en nueve libros. Los primeros tratan sobre las costumbres, leyendas, historia y tradiciones de los pueblos del mundo antiguo, incluidos los lidios, escitas, medas, persas, asirios y egipcios. Los tres últimos versan sobre los conflictos armados entre Grecia y Persia a principios del siglo V a.C. El desarrollo de la civilización se presenta como un movimiento inexorable hacia un gran enfrentamiento entre Persia y Grecia, considera dos centros, respectivamente, de las culturas orientales y occidentales. La información de Herodoto procede en parte de los trabajos de sus predecesores y en parte de las observaciones que hizo durante sus extensos viajes. Sus Historias son el primer trabajo importante en prosa. Tanto las críticas antiguas como las modernas han rendido homenaje a la grandiosidad de su estilo y su franqueza, lucidez y a su delicioso estilo anecdótico. Heródoto demuestra un gran conocimiento de la literatura griega y un pensamiento contemporáneo racional. Creía que el universo estaba regido por el destino y el azar, y que nada en los asuntos humanos es estable. Sin embargo, la elección moral sigue siendo importante, ya que los dioses con frecuencia castigan la arrogancia. Este intento de extraer lecciones morales del estudio de los grandes acontecimientos es la base de la historiografía griega y romana. LA HISTORIA SEGÚN HERÓDOTO Su obra estaba escrita en dialecto jónico, y más tarde fue dividida por los gramáticos de Alejandría en nueve libros que tomaron el nombre de las nueve musas de la mitología griega: Calíope, Clío, Talía, Euterpe, Terpsícore, Melpómene, Erato, Urania y Polimnia. Todas ellas, hijas de Zeus y Mnemoside. Estas musas eran consideradas como las protectoras de las artes, la memoria y la astronomía. Su obra simplemente se llamó Historiae, cuyo nombre deriva de la palabra griega investigación o búsqueda. Es esto lo que más nos impresiona, pues no se dedicó sólo a escribir lo que le contaban, sino que fue un incansable viajero que se recorrió todo el Egipto, La Magna Grecia, Anatolia, y gran parte del Imperio Persa para poder interpretar con sus propios ojos la realidad. Además, fue el primero en ordenar de forma racional los hechos, con la cronología y la geografía del entorno que estudiaba. De hecho, la primera frase de su obra era Historíes apódexis , es decir, "exposición de las investigaciones". Su principal obra histórica fue Las Guerras Médicas, o lo que es lo mismo, la unión de las Polis contra el Imperio Persa (Los Medos) Posteriormente fue incluso tachado de fantasioso y exagerado por autores griegos como Ctesias, Isócrates o Plutarco, opiniones que se mantuvieron hasta los descubrimientos arqueológicos del antiguo oriente en el siglo XIX, en donde se demostró la veracidad de gran parte de su obra. Sin embargo, sí que es cierto que Heródoto sólo hablaba el griego y que siempre tuvo necesidad de guías y traductores, lo que pudo influir en la narración de acontecimientos que él no pudo ver y que le llevaron sin duda a confiar en lo que le decían los nativos. SUS VIAJES Su primer viaje tuvo como destino los alrededores de su polis, Halicarnaso, y el Hélade de Asia Menor. Posiblemente lo hizo antes de exiliarse en Samos. A parte de la Caria, su país de origen, visitó Lidia y su capital Sardes, así como Misia, Troas y las ciudades del Helesponto. Su segundo viaje fue a Oriente, sirviéndose probablemente del camino real Persa, que llevaba de Éfeso a Susa, capital del Imperio por entonces, y terminó en Babilonia, donde se maravilló con las construcciones que vio. Más tarde, hacia el 449 a.C., viajó a Egipto, donde se sorprendió de la increíble arquitectura y sociedad egipcia. Visitó Tebas, Menfis y Heliópolis, donde obtuvo la mayor parte de la información sobre el antiguo Egipto. Llegó a bajar hasta la isla Elefantina, junto a Asuán, en lo que fue su punto más meridional de su viaje por el Nilo. No llegó a conocer Etiopía. Más adelante visitó la colonia griega de Cirene, al norte de África, donde reunió toda la información posible sobre las tribus de la costa e interior de Libia, nombre antiguo para designar el norte de África. Se sabe también que no llegó a ver Cartago. En un tercer gran viaje se dedicó al país de los "escitas", actual Bulgaria y Rumanía, siguiendo la costa del Mar Negro (Ponto Euxino), que por entonces estaba poblado de colonias griegas. Fue más allá de la desembocadura del Danubio y llegó hasta el río Dníeper, ubicado en la actual Moldavia. También visitó todas las regiones e islas griegas, así como Tracia y Macedonia. En definitiva, habría que entender a Heródoto como un polígrafo, un enciclopedista que en sus magníficos viajes reunió una inagotable riqueza de noticias sobre todo lo interesante y digno de saberse que ofrecía el mundo de entonces. No sólo impresiona su expresiva geografía y el repertorio de anécdotas, sino también el averiguar costumbres y cultos de los pueblos que visitaba. Además, en cualquier parte donde se hallara no olvidaba la fauna y flora, y sobre todo las plantas raras y animales exóticos. También describía el clima y las particularidades geográficas, así como su historia, leyendas, arquitectura y características de sus gobernantes. A todo esto habría que añadir las dificultades de las comunicaciones de entonces, que le dan un mayor mérito si cabe a este titánico proyecto. Descarga de los 9 libros (DD) Fuente

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