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Paul_Atreides

Usuario (Canadá)

Primer post: 1 abr 2011Último post: 3 jun 2012
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Reencuentro (relato propio)
ArteporAnónimo6/3/2012

Reencuentro En el día más extraño de su vida, Avat conoció a la mujer a la que amaría para siempre. Era una tarde de otoño, y el bosque que separaba a la Gran Ciudad de Madely de la aldea de Marmia estaba casi desierto. Con frecuencia podía verse a algunas personas atravesar el camino principal para viajar de un lado a otro de la región, y eran varios los cazadores de animales que recorrían el territorio en busca de una presa. Mientras viajaba por el interior del bosque, Avat extraía de su ropa una valiosa joya de plata y la observaba detenidamente por unos segundos en la palma de la mano, y luego la volvía a guardar. Repitió esta misma acción muchas veces, como si le costara creer lo que veía. La sorprendente manera en que la había obtenido representaba el suceso más insólito de su vida. Había llegado a la Gran Ciudad dos días antes, y a pesar de conocer el lugar a la perfección nunca cesaba de sorprenderse cada vez que arrivaba allí. Madely era muy distinta de todas las ciudades del Sur de Ruvan; no sólo por su tamaño (enorme comparado con las demás zonas) sino por su belleza y las costumbres de su gente. Las construcciones y las casas eran altas y hermosas y la gente agradable y cortés, aunque muchos -y esto era común en todo Ruvan- guardaban recelo ante los numerosos visitantes extranjeros que llegaban cada año. Esta conducta había crecido en los últimos tiempos debido a un aumento de robos y “misteriosas” desapariciones de objetos valiosos, no tan misteriosas; resultaba obvio que un grupo o grupos de ladrones y saqueadores merodeaba por las cercanías. Debido a esto, en cinco años se había duplicado el número de guardias y centinelas que vigilaban ahora la ciudad, aunque jamás se había atrapado o siquiera visto a uno de los criminales. Avat sonreía y se jactaba de esto para sí mismo, sintiendo algo similar al orgullo al oír de “grupos” y “criminales”, siempre en plural, cuando él era probablemente la única causa de estos robos. Requería gran habilidad, después de todo, lograr pasar completamente desapercibido en una ciudad como esa viviendo como él lo hacía. En el resto de las aldeas y poblados del Sur de Ruvan era mucho más sencillo -aunque siempre peligroso-, pero para permanecer inadvertido en Madely era necesario cumplir ciertos requisitos: Primero: era fundamental conocer a gente confiable y bien establecida que viviera allí desde siempre. “Tus amistades dicen más de ti que tu aspecto”, había aprendido él mismo a corta edad. Cuando eres visto repetidamente junto a gente de bien y de familiaridad y actúas de la misma manera, rápidamente te conviertes en uno de ellos a los ojos de los demás. Segundo: jamás pretender ser originario de la región. Los habitantes de la Gran Ciudad podían diferenciar con facilidad a los extranjeros, y eran muchos los delincuentes que habían caído por intentar pasar por residente natal. La gente oriunda de Madely no tenía necesidad alguna de hurtar; de hecho, la sola idea ni siquiera se le ocurriría a un nativo de la Gran Ciudad. Tan distinta era su cultura de las demás regiones del Sur. Por esta razón cualquier acción delictiva se atribuía a los viajeros del exterior que visitaban la ciudad, y sin excepción alguna, este siempre fue el caso. Tercero: no evitar los lugares más destacados y concurridos de la ciudad. “Siempre se brilla más en la oscuridad que a la luz del Sol”, le enseñó alguien a Avat cuando él era muy joven. El forastero que evade los sitios más notables y frecuentados de un lugar como Madely jamás irá inadvertido. Al ingresar a la ciudad los extranjeros son vigilados disimuladamente por las autoridades. ¿Y quién, por ejemplo, abandonaría la Gran Ciudad sin pasar antes por la Primera Biblioteca o el Monumento a Sheral? Solamente alguien con malas intenciones. Además de todos estos requirimientos se sumaban nunca despilfarrar dinero, deambular solo durante mucho tiempo, y por supuesto, jamás ir armado o llevar algo que pueda ser utilizado como arma. Por más evidentes que estas reglas tácitas parecieran ser, Avat nunca dejaba de sorprenderse de la cantidad de ladrones que eran atrapados por no cumplirlas. No se debe cometer el error de creer que por ser un criminal, él era un salvaje que no vacilaría en asesinar tan sólo por un puñado de dinero. Es cierto que en el vasto continente de Ruvan más de uno entraría en esa descripción, pero Avat era una persona inteligente y culta y de haber nacido en otras circunstancias y en otro lugar hubiera tenido un futuro brillante en alguna vocación de su agrado, pero lamentablemente, este no fue el caso. Al día siguiente de haber arribado en la ciudad se reunió con un viejo amigo a quien había conocido años atrás. Al igual que su padre, Brehom era un experto escultor, oficio muy prestigioso en la Gran Ciudad, y provenía de una familia muy respetada. Con tan sólo veinticuatro años había vendido ya varias esculturas, y como la cerámica tampoco escapaba a su talento, había hecho mucho dinero produciendo figuras y modelados de porcelana, loza y arcilla. El joven escultor se mostró muy alegre de volver a ver su compañero: —¡Avat! —exclamó jubiloso al verlo—. Amigo, ¿en dónde has estado todo este tiempo? —Demasiado ocupado, desafortunadamente. ¿Cómo te encuentras? —¡Si pudiera estar mejor sería la envidia de todos en Ruvan! Todos en mi familia gozan de buena salud, mis trabajos se venden muy bien, y hace algunos meses conocí al amor de mi vida. —Me alegro por ti, amigo. ¿Por qué no vamos por unas copas y me lo cuentas todo? No he estado aquí en mucho tiempo y me muero por una cerveza. —Ah, ¡ya sé! —enunció Brehom—. Esta noche habrá un concierto de obras clásicas al aire libre en el centro de la ciudad. Podemos beber mientras disfrutamos de la música de Nalen. Avat era un entusiasta admirador de la música de compositores antiguos, así que aceptó de muy buena gana. El lugar no quedaba muy lejos y tenían tiempo de sobra, de manera que resolvieron ir caminando. Durante casi todo el trayecto Avat se dedicó a escuchar al escultor, quien le relató todos los acontecimientos importantes que habían sucedido desde la última vez que su amigo había estado en la Gran Ciudad. Luego procedió a narrar cómo había conocido a Naiva, a quien ya describía como la mujer con la que pasaría toda su vida. Avat descubrió sin asombrarse que no había ocurrido nada significativo en más de un año de ausencia. Estaba anocheciendo cuando llegaron al amplio espacio en el centro de la ciudad en el que dentro de una hora comenzaría la función. Todo el sitio se hallaba colmado de gente, y Avat calculó que debía haber al menos unas cinco mil personas allí. Esta era una de las cualidades que más disfrutaba de la Gran Ciudad: la gente amaba la música antigua, a la que él describía como la única buena música en todo el Sur. Ordenaron cerveza y algo de comer y eligieron una mesa cercana al escenario. —No hay nada como la cerveza de aquí —dijo Avat luego de sorber con gusto un largo trago directamente de la botella—. Es la mejor de toda la región. Ya la extrañaba. —Nos enorgullece bastante —bromeó Brehom—. Bien, ¿y qué te trae a Madely? Además del excelente alcohol, me refiero. —¿Hablas en serio? Si pudiera vivir aquí lo haría, pero me lo impide mi trabajo. Todos los años trato de juntar suficiente dinero para regresar y quedarme el mayor tiempo posible. Nunca me pierdo una oportunidad. Este último año he viajado a seis ciudades diferentes, haciendo breves paradas en algunos poblados y aldeas, y créeme cuando te digo que no hay ningún sitio que se compare a Madely, ni siquiera Banzem. No sabes lo afortunado que eres de vivir aquí. Es el mejor lugar de todo el Sur. —¡Se ve que amas este lugar! —dijo el escultor, bebiendo toda una jarra de cerveza Ensueño de una sola vez. Avat estaba acostumbrado a mentir y acababa de hacerlo con destreza. Pero su amor por Madely era sincero. —Todos los extranjeros que vienen cada año dicen algo parecido —continuó Brehom—, pero lo cierto es que ellos son los únicos que roban en este lugar. Nosotros no delinquimos. Ellos representan la única delincuencia de esta ciudad. Pero no todos ustedes son así, obviamente; sólo una minoría, de lo contrario hace rato que les hubiéramos prohibido la entrada. Aunque conozco a varias personas aquí a quienes no les molestaría en absoluto que se les impidiera entrar a los viajeros que vienen de afuera. Y no puedo culparlos, la cantidad de robos ha aumentado considerablemente en los últimos años. ¡Ya hasta comienzo a sospechar de ti! Al decir esto se echó a reír. Avat rió también, pero no por las palabras del escultor, sino por la ironía de la situación. Brehom jamás pensaría que su amigo era un habilidoso ladrón, causante de la mayoría de los robos de los que él hablaba. —Bien, yo ya te he hablado de Naiva. ¿Qué me dices tú? ¿Hay alguna mujer en tu vida? —Por ahora tengo asuntos más importantes en qué ocupar mi mente. —¿Lo ves? Son frases como esas en las que se nota que no eres de Madely. Nadie aquí habla así. Bueno, si alguna vez encuentras a alguien házmelo saber. Estaré contento de conocerla. Brehom dijo algunas palabras más que Avat no logró escuchar debido al ruido y al bullicio de la gente alrededor. Iba a decir algo cuando de repente toda la iluminación se debilitó rápidamente hasta esfumarse por completo y por unos instantes permanecieron en total oscuridad. Antes de que la confusión dominara el extenso emplazamiento las luces del escenario se encendieron y la melodía de la Segunda Sinfonía de Nalen llegó a sus oídos. Un alborotador aplauso colmó entonces el aire. El concierto había empezado. Durante las siguientes dos horas Avat y Brehom hablaron sólo de forma esporádica. A lo largo de la noche los músicos deleitaron interpretando con maestría piezas clásicas, yendo de Nalen hasta Geliant, pasando antes por Lurabat y Melbitt. Avat disfrutaba quizás más que nadie allí las armoniosas melodías antiguas; no podía evitar oírlas sin imaginarse otras épocas, pasadas o futuras, formando en su cabeza imágenes de tierras y lugares lejanos e inexistentes. No conocía la razón de esta costumbre, pero la disfrutaba. Y así continuó el espectáculo. La tenue luz de las estrellas en el cielo y las majestuosas armonías provenientes de los instrumentos de los músicos, acompañadas de una costosa botella de cerveza Ensueño que Avat sostenía en la mano derecha, saturaban de satisfacción sus sentidos, y si cerraba los ojos, por momentos podía pretender que se encontraba en los extraños lugares que su mente fantaseaba. Cuando el concierto terminó y la frenética ola de aplausos y ovaciones que le siguieron llegó a su fin, los dos amigos, ebrios ahora, decidieron que era hora de regresar cada uno a sus hogares, o, en el caso de Avat, a una posada. Quizás el único lado negativo de la Gran Ciudad eran los altos precios de las posadas. La estadía de una sola noche costaba no menos de ochocientos provos; Avat ya había recorrido en su corta vida la mayor parte del Sur de Ruvan y en cualquier otro lado el hospedaje no costaba más de quinientos. Pero todo el mundo coincidía en que era al fin un pequeño precio a pagar por visitar Madely. Y tenían razón. Mientras acompañaba a Brehom por las iluminadas calles de la ciudad, Avat se percató de que había cometido un error gravísimo: se había embriagado. El alcohol constituía un peligro colosal para un delincuente que no quería ser atrapado. No había planeado beber más de algunos sorbos, pero el espectáculo evidentemente le había hecho olvidarse de todo. Sin embargo, no estaba preocupado. Esto era lo bueno del alcohol (o lo malo); que no le importaba. Brehom estaba naturalmente más acostumbrado a la cerveza local, por lo que, aun ebrio, su cuerpo era más resistente a su efecto que el de su compañero. Tardaron un poco en encontrar su casa, pero finalmente la avistaron y los dos amigos se despidieron. Desde ese lugar le resultaba fácil a Avat hallar una posada para hospedarse; la más cercana estaba a menos de cuatrocientos metros y yendo en la misma dirección, así que todo lo que tenía que hacer era seguir derecho por el mismo camino y no cambiar de rumbo. Era casi medianoche y el viento soplaba con fuerza. Las calles estaban lejos de hallarse vacías. Avat avanzaba lentamente tratando de no perder el equilibrio cuando de pronto tropezó con alguien que marchaba a toda prisa; instintivamente y de forma automática, en ese breve momento, casi como un reflejo, sustrajo un objeto de la ropa del hombre con quien había chocado. Este, sin percatarse de aquello, simplemente se limitó a maldecirlo en voz alta, demandándole que tuviera más cuidado, y siguió su camino. Avat esperó entonces a que nadie se hallara cerca y procedió a examinar lo que había obtenido. A pesar de ser un experto en reconocer objetos de valor de todo tipo sin importar de qué material estuvieran hechos o de dónde provenieran, no pudo en ese momento averiguar qué era lo que tenía en sus manos. Los efectos del alcohol se burlaban de él, y la oscuridad de la noche no ayudaba. Simplemente guardó la pieza entre sus ropas sin prestarle mucha atención y retomó el camino; faltaban menos de doscientos metros para llegar a la posada más cercana. Estaba agotado y lo único que ansiaba en ese momento era dormir en una cómoda cama. A la mañana siguiente Avat se levantó varias horas después del amanecer, lo que en Madely se consideraba tarde, sin saber que aquel sería un día que jamás podría olvidar. Tenía resaca, y no deseaba hacer nada en todo el día más que permanecer en la cama de costosas sábanas de seda de su habitación en la posada en la que se hospedaba y quizás leer un libro. Desafortunadamente no le quedaba mucho dinero, y no podría pagar la estadía de una noche más allí. Contó las monedas detenidamente: cuatrocientos treinta y siete provos. En cualquier otro lugar del Sur eso habría sido más que suficiente, y hubiera sobrado aun para un buen almuerzo, pero no en la Gran Ciudad. Decidió entonces permanecer en cama por el resto del día, y a la noche podría salir y hacerse de algo de dinero rápido, como él lo llamaba, a pesar de lo cada vez más arriesgado que se estaba tornando hurtar en Madely; o podría abandonar la ciudad. Contaba con que por la noche ya hubiera desaparecido el efecto de la resaca. Al mediodía abandonó su habitación para comer algo y luego volvió a encerrarse allí hasta bien caída la tarde. Ya se sentía mejor y había recobrado la mayor parte de sus fuerzas. Se incorporó entonces como un rayo, recordando de repente el objeto de la noche anterior. No estaba seguro si eso de verdad había sucedido o simplemente la cerveza Ensueño había jugado con su cabeza. Revisó entonces la ropa que había usado por la noche. Era una vestimenta simple de color negro, y al inspeccionarla confirmó entonces que tenía razón y que su mente no había imaginado cosas. Allí encontró el objeto de la noche anterior. Un rápido vistazo lo dejó boquiabierto, y tras una examinación más profunda, casi se cae al suelo de la sorpresa. Lo que veían sus ojos era una valiosa joya de plata de más de seis décadas de antiguedad. Ya quedaban muy pocas en el Sur, y su valor superaba los noventa mil provos. No podía creer su suerte. Pensó en lo estúpido que había sido emborracharse en público; en ese estado incluso podría haberle revelado su secreto a Brehom, y sin embargo fue estar en esa condición lo que le permitió obtener la joya. De otro modo ese hombre hubiera sospechado de él al instante, pero estando ebrio era simplemente un borracho. Aterrado, comprendió que el hombre de seguro ya habría reportado a las autoridades sobre el robo, y uno de los primeros lugares en que buscarían sería la posada, por hallarse tan cerca del sitio y por el horario en que había ocurrido. Desenfrenado, Avat escondió la joya en su ropa nuevamente y salió de la vivienda. No había tiempo para nada más. Tenía que abandonar la ciudad inmediatamente. Y ahora se encontraba en el bosque que dividía a la Gran Ciudad de la aldea de Marmia. Todo había sido tan inaudito que le costaba creerlo, y de vez en cuando necesitaba tocar la lujosa joya que guardaba entre los pliegues de su ropa, como para verificar que de verdad existía y que no había imaginado todo. Se reía de la ironía; había realizado el mejor robo de su vida bajo los efectos del alcohol, muy probablemente un robo sin precedentes en la historia. Lo único malo es que nunca podría comentárselo a nadie. Sin embargo, no sería todo esto el motivo por el que jamás olvidaría ese día. Los sucesos más chocantes aún estaban por ocurrir. Naturalmente Avat no franqueaba el camino principal del bosque, aquel que iba derecho a Marmia y el que todos utilizaban, sino que optaba por atravesar el interior, que era más lento y peligroso, pero la opción correcta si no se deseaba ser descubierto, sobre todo con una pieza de plata de noventa mil provos escondida en la vestimenta. Conocía el bosque a la perfección y esto no representaba amenaza alguna para él. Era ya de noche cuando de pronto creyó oír un sonido distinto al de los demás. Parecían ser voces en la distancia. Muchas. Sobresaltado, se detuvo a escuchar. Ahí estaban de nuevo, aparentemente se trataba de una discusión. No era usual la presencia de gente por esa parte del bosque y mucho menos de noche. Supuso que sería mejor alejarse cuanto antes y estaba a punto de echar a correr cuando de repente pudo distinguir, entre todas esas voces, la inconfundible voz de una mujer. Paralizado, continuó escuchando, en silencio. La discusión parecía haber terminado y ahora la voz femenina suplicaba. Avat no necesitó oír más. Inmediatamente trató de orientarse y marchó apresurado siguiendo el sonido de las voces. Temió lo peor, y rogó poder llegar a tiempo. Las voces comenzaron a volverse cada vez más cercanas, y al cabo de unos minutos supo el lugar exacto de donde provenían. Se arrastró tras un árbol y algunos arbustos, y vio entonces, a varios metros de distancia, a cinco hombres de aspecto forajido. Dos de ellos sujetaban a una mujer contra un árbol, y otro le hablaba agresivamente. —El plazo se terminó hoy —dijo este—. Te hemos dado tiempo de sobra y será mejor que nos pagues. —Necesito más tiempo —imploró la mujer. A la oscuridad de la noche, Avat no podía ver su rostro, pero no había duda de que su voz era la misma que había oído minutos atrás—. Por favor, un poco más de tiempo y... El hombre se acercó unos pasos y la abofeteó fuertemente. Ella comenzó a sollozar. —¡Tan sólo un día más! —suplicó—. Un día más y les devolveré el dinero. —Es imposible que consigas una suma tan grande en un solo día. Y como ya estamos cansados de esperar, creo que es mejor terminar con esto de una vez. —El hombre extrajo un desmesurado cuchillo que traía oculto bajo el traje, unido disimuladamente al cinturón. —De verdad me hubiera gustado que las cosas resultaran de otro modo —continuó—, pero tenemos una reputación que mantener. En el momento en que se acercó a la mujer presto a degollarla, una figura salió precipitadamente de su lugar en la oscuridad tras los arbustos y aproximándose velozmente a su objetivo lo embistió ferozmente, arrojándolo al suelo. Los dos hombres que la sujetaban tardaron unos segundos en reaccionar, atónitos, tiempo que Avat aprovechó para atacar a uno de ellos. La mujer se desprendió entonces del otro captor y con un movimiento ágil clavó su codo derecho en las costillas del hombre, seguido de un certero golpe en el rostro. Este estuvo a punto de responder cuando un brazo lo sujetó por el cuello y, evitando cualquier tipo de defensa por parte de su presa, retorció el pescuezo dejando escapar un sonido atroz, matando a su prisionero al instante. La mujer descubrió en el suelo el cadáver del otro captor, que yacía ahora inerte con el cuello roto, al igual que su compañero. La contienda continuó con los otros dos hombres restantes, uno arremetiendo contra la mujer y el otro contra el extraño que había salido de la nada. El forcejeo no duró mucho; Avat acabó con su rival fácilmente, y al voltearse observó cómo aquella desconocida eludía sin esfuerzo los golpes de su adversario y acometía contra él velozmente con ambas manos lanzando fuertes impactos al pecho, el abdomen y las costillas, para luego finalizar con una vigorosa y eficaz patada en la mandíbula, derrumbando a su enemigo. Avat había observado la manera de combatir de aquella mujer y estaba ahora pasmado por su destreza. Él y ella se miraron por unos segundos, cuando de pronto ella exclamó, alarmada: —¡Cuidado! El hombre que Avat había embestido al principio se había incorporado y, luego de levantar el cuchillo del suelo, arremetía ahora frenéticamente contra él. Sin voltearse, Avat se agachó, esquivando el ataque de su agresor, y se levantó entonces golpeando la mano que sostenía el arma blanca, arrojándola lejos. Pero el sujeto era más inteligente que el resto de su grupo, y más hábil en la lucha, y a Avat no le fue tan fácil defenderse como antes. La mujer, luego de haber avistado el arma blanca, le acercó el cuchillo a Avat deslizándolo con un movimiento de su pie. Avat sabía que si su adversario se le adelantaba y recogía el cuchillo antes que él, significaría la derrota. Desesperado, acometió contra su oponente con toda la fuerza que consiguió reunir, obligándolo a retroceder. En ese mismo instante levantó la afilada arma del suelo y en el momento en que su adversario se abalanzó contra él como una bestia salvaje, Avat blandió el cuchillo y hundió profundamente la hoja en su enemigo, por debajo del pecho. La sangre brotó abundantemente al mismo tiempo que un espantoso alarido de dolor inundó la noche. El cuerpo retrocedió unos pasos hasta desplomarse. Exhausto pero aliviado, Avat se echó a descansar en la hierba, jadeando. Todo había sucedido en poco más de dos minutos, pero para él había transcurrido mucho más tiempo. La desconocida se acercó a contemplar entonces el cadáver del forajido, como para comprobar que de verdad estaba muerto. Al verificar que esto era así se dejó caer en la hierba, junto a Avat. Notablemente más tranquila, ahora su semblante había cambiado por completo y revelaba calma. Suspiró profundamente. Ambos se quedaron así por un rato, recobrando el aliento, hasta que finalmente él dijo: —¿Estás... estás bien? La observó entonces detenidamente. A esa distancia pudo contemplarla a la perfección, a pesar de la oscuridad nocturna. De inmediato le llamó la atención su aspecto: Avat creyó que era la mujer más hermosa que había visto. Llevaba el cabello atado, lo cual no era frecuente en las mujeres del Sur de Ruvan, y sus ojos suaves, cautivantes y profundos refulgían de vida. De nariz aguileña y boca generosa, todos los rasgos se unían en una radiante belleza. Ella permaneció en silencio. —¿Estás bien? —repitió él. Ella no respondió. Ambos se quedaron tendidos en el suelo, mirándose fijamente por unos segundos. Luego ella se acercó a su compañero, colocó sus brazos alrededor de su cuerpo y, repentinamente, lo besó. Él la imitó, arrimando su cuerpo contra el de ella y besándola ardorosamente. Sin separar sus labios un momento ambos se desvistieron lentamente; él la ayudó a liberarse del resto de su ropa y la desnudó en tres rápidos movimientos, mientras ella le rozaba el pecho con los dedos y los labios. Avat acarició la entrepierna húmeda, ella abrió los muslos, lo buscó con la mano derecha y lo guió, e instantes después él se sintió dentro del vientre de la mujer. A la edad de veintiún años, Avat había disfrutado del sexo muchas veces, pero nunca podría describir la sensación de los siguientes minutos. Nunca lo intentaría. El tiempo que siguió pareció una eternidad, una placentera y bella eternidad, en la que ambos repitieron los mismos movimientos rítmicos y emitieron los mismos sonidos de placer. Él nunca se había excitado tanto. Ella se movía despacio, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, aunque de tanto en tanto los abría para encontrar a los de Avat. Él observaba los cautivantes ojos azules mientras acariciaba los pechos perfectos. Se olvidaron de todo lo demás. Del bosque en el que se encontraban, del peligro que hace un momento habían enfrentado, de la posibilidad de que alguien hubiera visto u oído el violento episodio de sangre y muerte de momentos atrás. No pensaron ni se preocuparon en nada, sólo se limitaron a disfrutar de la fusión de placer que los unía. Nada más importaba. Comenzaron a moverse más deprisa, hasta que finalmente el estremecimiento de la pasión llegó a su fin. Se tendieron entonces uno junto al otro, desnudos en el suelo, sin articular palabra alguna. El firmamento estaba cubierto de luminosas estrellas que vigilaban la noche. Avat movió la cabeza y la contempló mientras ella le apoyaba la suya en el hombro. Ninguno quiso que ese momento se terminara nunca. Él cerró los ojos. Cuando se despertó, ella ya no estaba. Esto no lo sorprendió, sin embargo; dadas las circunstancias, era normal. Observó alrededor, se incorporó y se vistió. A pocos metros estaban los cinco cadáveres de los forajidos, pero ni rastros de la mujer. Se había ido. Ya estaba amaneciendo y las primeras luces del día comenzaban a asomarse. Debía apresurarse y marcharse antes de que alguien viera los cuerpos. Estaba a punto de abandonar el lugar y seguir su camino cuando su vista se tropezó con unas marcas que había en el suelo, en un espacio de tierra. Eran letras, y a sólo unos centímetros de distancia yacía un cuchillo, el mismo con el que se había defendido del forajido, y con el que había terminado con su vida. Ahora la hoja estaba cubierta de tierra, y algunos rastros de sangre. Obviamente las letras habían sido escritas con el arma blanca. El mensaje en el suelo simplemente decía: “perdón”. Avat no comprendió al principio el significado. ¿Quizás aquella mujer lamentaba no haberse despedido de él antes de irse? ¿O quizás lo que lamentaba era no haberle revelado siquiera su nombre, cuando él le había salvado la vida? De cualquier forma, a Avat no le importaba. Sabía que jamás volvería a verla, y que aquella noche juntos sería un recuerdo que nunca olvidaría. Pero de pronto se sintió invadido por un miedo repentino. Instintivamente revisó su vestimenta. Alarmado, buscó en los alrededores, en el suelo, por los arbustos, en todas partes. Nada. ¡La joya había desaparecido! Ahogado en cólera, pensó por un momento que quizás la había perdido la noche anterior durante su frenética búsqueda de las voces. No. La pieza de plata estaba bien protegida en un saquillo del interior del traje. Eso quería decir que alguien había revisado la ropa y la había tomado. Apresado por la furia, gritó, maldijo, y hasta dio una fuerte patada al tronco de un árbol que yacía en el suelo. ¡Esa mujer! ¿Era así como le pagaba luego de salvarle la vida? ¿De evitarle una dolorosa muerte a manos de un grupo de delincuentes? Consumido por la ira, Avat marchó apremiado en su persecución. Avat sabía que nadie remotamente inteligente se acercaría a Madely llevando consigo una joya tan valiosa; por lo menos ningún extranjero. La continua ola de robos había provocado una desconfianza general hacia ellos, y de ser descubierto uno con una pieza de plata de noventa mil provos en sí sería apresado inmediatamente. Por lo tanto, decidió dirigirse a Marmia, el único destino posible desde esa ubicación además de Madely. No estaba seguro de lo que haría una vez la encontrara. Además de recuperar lo que él había obtenido, probablemente le exigiría varias respuestas. ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Realmente iban a matarla porque les debía dinero? Aunque sentía intriga hacia estas interrogantes, el primer pensamiento que ocupaba su mente era la venganza. De donde él provenía la traición se pagaba con la muerte, pero jamás creyó que tendría que matar a una mujer. ¿Lo haría? No había duda de que ella lo merecía; ¡él había salvado su vida y ella le había robado! Y además estaba el mensaje en la tierra; se burlaba de él pidiendo perdón. Avat resolvió que por el momento debía recobrar lo que era suyo. Luego decidiría el destino de ella. Pero no la halló en Marmia. Buscó por toda la aldea. Preguntó por ella a los lugareños. No vivía allí, pero tenía que haber atravesado la zona; no había ningún otro camino. Él no se detuvo a perder el tiempo y continuó su búsqueda. Y así fue como pasó los siguientes días, rastreando a la misteriosa mujer a la cual no podía encontrar. Cuando llegaba a un pueblo e interrogaba a sus habitantes parecía oír descripciones que coincidían con ella, pero al parecer siempre llegaba demasiado tarde. —¿Una mujer joven con el cabello atado? —repetían algunos luego de escuchar la descripción de Avat. Esta era en realidad más precisa, pero una mujer con el cabello sujetado eran tan inusual en el Sur de Ruvan que no necesitaban oír más—. Sí, la he visto. Era muy hermosa. No sé nada sobre ella, pero creo que se fue en esa dirección —decían mientras señalaban un camino. Y estas palabras se repitieron muchas veces. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Avat ya había recorrido gran parte de la región del Sur y aún no podía dar con su fugitiva. Había vuelto a Madely, y perdió la cuenta de la cantidad de veces que había regresado al bosque de aquella noche, con la esperanza de encontrarla. La cólera crecía en él día a día, pero eventualmente tuvo que resignarse y aceptar la verdad. Jamás volvería a ver la joya; la había perdido de la manera más estúpida. ¡Él! Quien se apreciaba de ser el mejor ladrón del Sur de Ruvan. ¡Y a manos de alguien a quien había salvado la vida! Esa desconocida le había costado una fortuna. Entonces, luego de meses de búsqueda ininterrumpida, decidió parar. Había perdido. Extenuado y harto, era hora de que retomara su vida habitual y abandonase la caza. Pero no podía olvidar los principios y las enseñanzas en los que había sido criado. “Aquel que te traiciona debe morir”. Juró que si alguna vez volvía a ver a esa mujer la mataría. El viento soplaba fuerte y la luna llena brillaba sobre el pueblo de Nerut. Este era un pequeño poblado ubicado al noroeste de la región, bastante apartado de otras ciudades y aldeas. Para llegar a él había que atravesar un extenso y algo tedioso camino, pues se encontraba en las alturas de las Colinas Verdes. Como ocurría con la mayor parte del Sur de Ruvan, Avat lo conocía muy bien. Y ahí se hallaba una vez más, esperando pacientemente desde lo alto de un árbol mientras observaba una vivienda ubicada no muy lejos. Desde su posición se apreciaba que aquella se trataba de una lujosa morada, como gran parte de los hogares de Nerut, y la vigilaba atentamente mientras aguardaba. Era casi tan grande como las casas de Madely, aunque estéticamente inferior, y resultaba obvio que albergaba a gente de notable riqueza. Él no la había escogido al azar; sabía que allí vivía un vendedor de piedras preciosas, de aquellas que provenían del Norte de Ruvan. No eran muy difíciles de encontrar en la región, pero sí muy valiosas. Las luces de las ventanas superiores de la casa se habían apagado hacía treinta minutos y él había permanecido oculto en las ramas del árbol por más de una hora. Desde muy joven había aprendido a ser paciente. Ya casi era la una de la mañana cuando resolvió que era momento de actuar. Sujeto al cinturón que llevaba debajo de las ropas portaba un disimulado utensilio que utilizaba para atravesar puertas y entradas; cargaba además un afilado cuchillo en caso de que tuviera que defenderse. No estaba en la Gran Ciudad, y al no ser revisado al ingresar al pueblo era fácil escabullir un arma blanca semejante. En un ágil y silencioso movimiento bajó del árbol y comenzó a acercarse a la vivienda. No había nadie en los alrededores excepto la oscuridad. Avat llevaba una vestimenta de color negro con una capucha que le cubría la frente, y una tela negra ocultaba su rostro. Sólo los ojos iban descubiertos. De pronto, reaccionando inmediatamente se detuvo a medio camino y se ocultó en los arbustos más cercanos. Había visto algo moverse más adelante. Contuvo la respiración y observó atentamente, alarmado. Una sombra se aproximaba hacia la entrada de la casa. Al cabo de unos momentos la figura se hizo más nítida y Avat pudo ver que estaba vestida con un atuendo similar al suyo, pero de color gris. ¿Acaso el vendedor esperaba a alguien? Momentos después la figura estaba a tan sólo metros de la puerta, y por su forma de desplazarse, cuidadosamente y en sigilo, Avat comprendió que se trataba de un ladrón, al igual que él. Por unos instantes Avat se mantuvo inmóvil desde su lugar tras los arbustos, boquiabierto, sin poder creer aquella eventualidad. ¡No era un día de suerte para ese vendedor de piedras preciosas! Por unos instantes él no supo cómo proceder; nunca había estado en aquella situación. De repente oyó un sonido detrás de él y al voltearse recibió un fuerte golpe en la cabeza, tras el cual cayó al suelo. Pudo ver la confusa forma de un hombre sujetando un arma antes de perder el conocimiento. Cuando despertó, Avat se encontró en una oscura habitación sin ventanas. Confundido, no reconocía esa estancia e intentó averiguar en dónde estaba. Le dolía la cabeza y no recordaba cómo había llegado allí. Le costaba concentarse y pensar. Pasaron dos, tres, cuatro minutos. “¿Estaré en alguna posada?”, pensó. Pero luego comprendió que en la habitación no había cama, mesa de luz ni nada común de un dormitorio de posada. Transcurrió un rato hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y distinguió entonces un aparador repleto de libros, algunas cajas en el suelo y varios otros objetos desparramados que no consiguió discernir. Con un esfuerzo trató de levantarse y recién entonces descubrió que estaba atado a una silla, ambas manos y pies amarrados a los brazos y las patas del asiento. Inmediatamente sintió una sensación de miedo recorrer su cuerpo. Con desesperación trató de liberarse pero todo esfuerzo fue en vano. Las cuerdas eran gruesas y estaban bien sujetadas. Sólo logró hacer ruido y atemorizarse aún más. Respiraba ahora rápidamente y el corazón le latía de forma frenética. Ahora que su mente se había despertado por completo, comenzó a recordar. Había estado escondido en un árbol, esperando. ¿Esperando qué? ¡La casa! Había planeado entrar a una casa a robar piedras preciosas, y aguardaba el momento indicado. ¿Qué más? ¿Había obtenido alguna? No. No había ingresado a la vivienda. ¿Por qué? Su mente se esforzaba por evocar lo que había sucedido pero el desconcierto y el miedo se lo impedían, sin lograr organizar el desorden de sus pensamientos. Lentamente las imágenes vinieron a él. Había visto a alguien intentar entrar en la casa antes de que él lo hiciera, pero por la opacidad de la noche sólo había podido distinguir una silueta con una vestimenta semejante a la suya. ¿Y luego qué? No podía recordar más. En ese momento la puerta de la habitación se abrió de repente y contra la luz del exterior se dibujó la figura de un hombre alto y algo gordo. Avanzó dentro cerrando la puerta tras él y luego tomó una lámpara de mecha y la encendió. La luz le lastimó la vista a Avat, pero no cerró los ojos, decidido a conocer el rostro de su captor. Este era un hombre de mediana edad, de semblante grave y ojos penetrantes. Ambos se miraron fijamente en silencio, hasta que el hombre se acercó pausadamente a su prisionero y dijo: —La gente como tú me da asco. Avat creyó entonces comprender lo que estaba sucediendo. Instintivamente su boca soltó varias palabras. —¡Está equivocado! Yo no soy lo que piensa que soy. Soy un hombre de bien y no... El hombre lo abofeteó fuertemente. —Un hombre de bien no se dedica a robar a las personas —dijo, echando hacia atrás la capucha y arrancando el trozo de tela que cubrían el rostro de Avat—. Estoy harto de basuras como tú que sólo viven para arrebatarle a la gente honesta lo que es suyo y que obtuvieron con esfuerzo. Lamentablemente el Sur está repleto de malvivientes de tu calaña. He vivido en Nerut toda mi vida pero las noticias de lo que ocurre en el resto de la región no tardan en llegar aquí. —No sé qué piensa de mí pero ya le dije que no soy... El agresor volvió a golpear a su prisionero. —Creo que esto es prueba suficiente —dijo, extrayendo de su ropa un cuchillo y mostrándoselo a Avat—. ¿Por qué llevabas esto escondido a estas horas de la noche? Su prisionero intentó pensar en algo pero supo que era en vano. —Ahora cállate y no hables a menos que yo te lo diga —ordenó gravemente—. Pon atención a lo que voy a decir porque es lo último que oirás en tu vida. Hace nueve años, yo y mi esposa fuimos asaltados por una escoria como tú. Era de noche y estábamos llegando a casa, a esta misma casa. Nos faltaba muy poco cuando el malviviente salió de entre las sombras y nos amenazó con un cuchillo, demandando que le diéramos todos nuestros objetos de valor. Nosotros éramos de una condición humilde y no teníamos mucho dinero; con tan sólo ver este lugar notarás que estoy diciendo la verdad. Yo estaba más asustado que mi esposa; no por mi vida sino por la de ella. Le dimos todo lo que llevábamos de valor pero el delincuente, insatisfecho, creyó que escondíamos más dinero y nos exigió que se lo diéramos, volviéndose más agresivo y siempre empuñando el cuchillo. Tenía el aspecto de un loco. »Atemorizados y sin saber qué hacer le dijimos que no llevábamos nada más. Yo no iba a decirle que nuestra casa se hallaba muy cerca de nuestra ubicación, por miedo a que él tomara los ahorros que mi esposa y yo habíamos guardado durante tanto tiempo. Ese fue el peor error que cometí en toda mi vida. Si hubiera tomado ese dinero quizás simplemente se habría ido. Pero este no fue el caso. Cuando escuchó que no teníamos nada más de valor, el malviviente se enfureció y se puso histérico. Parecía un lunático. No, era un lunático. Luego de un rato, y al entender finalmente que no teníamos dinero, se aproximó a mi esposa rápidamente y... —el hombre pareció a punto de quebrarse, pero se contuvo y continuó su relato—, y la apuñaló. La apuñaló de repente y huyó, perdiéndose en la noche. Yo no pude hacer nada. Sólo alcancé a gritar pidiendo por ayuda, desesperado, mientras veía como mi esposa se desangraba rápidamente en el suelo. No sirvió de nada. Murió al cabo de unos minutos. Una parte de mi vida me había sido arrebatada por una escoria, una escoria como tú. Juro que si algún día lo vuelvo a ver lo mataré. El hombre hizo una pausa para recobrar el aliento. Suspiró. »Hace media hora, vi desde lejos cómo te preparabas para entrar a esa lujosa residencia que está cerca de aquí. No lo pensé dos veces. Inmediatamente tomé mi arma y salí apresurado a detenerte. Ninguna otra persona sufrirá lo que yo tuve que padecer, no mientras yo viva en este territorio. Estaba decidido a dispararte a distancia, pero tuve la dicha de que te detuviste unos momentos y te escondiste tras unos arbustos. Deberías haber visto tu cara antes de desmayarte. Tenías ese rostro de persona que se ha percatado de repente que la justicia finalmente lo ha capturado y no puede hacer nada para evitarlo. Avat supo en ese momento que iba a morir, y no había nada que pudiera hacer al respecto. Pero incluso en una situación semejante uno hará todo lo posible para eludir su inevitable destino. El cerebro impide actuar de otro modo. —¡Está castigando a un inocente! —clamó—. ¡Yo no maté a su esposa! —Eso no importa. Te lo repito, mientras yo viva en este lugar, no permitiré que nadie sufra como yo lo hice. Tú eres un delincuente, y eso es suficiente. Además, ¿planeas decirme que tú nunca has matado a nadie? Puedo verlo en tus ojos. Eres un asesino. ¿O estoy equivocado? Avat titubeó. —Nunca he matado a nadie que no mereciera morir —dijo, sorprendido por la forma en que el hombre había leído en su ojos. —Descuida, ten la seguridad de que yo tampoco lo haré —dijo él, sonriendo—, pero los delincuentes merecen morir. —Se dio vuelta y caminó unos pasos; parecía buscar algo en la oscuridad de la estancia. Segundos después regresó, pero esta vez sosteniendo un rifle. Avat pensó entonces cómo preferiría morir. Definitivamente no deseaba que sus últimas palabras fueran llamadas desesperadas de ayuda, además no servirían de nada; tampoco tenía intención de rogar como un cobarde. “No”, se dijo. “Si voy a morir, que mi muerte sea de la misma forma en que viví: con valentía”. Contuvo su miedo con un esfuerzo sobrehumano y se preparó, alzando la vista. —Espero que esto le traiga algo de complacencia y le sirva como reparación por la muerte de su amada —articuló solemnemente. El captor pareció asombrado por la serenidad de su víctima, y por unos momentos dudó mientras lo apuntaba con el rifle. Pero luego se compuso y llevó el dedo al gatillo, preparándose. Estaba a punto de disparar cuando Avat vio cómo el sujeto emitía un ahogado alarido de dolor y se desplomaba en el suelo, a sus pies. Entonces pudo ver que detrás de él había ahora una forma humana, sujetando una caja grande de madera. La había usado para atacar al captor que yacía ahora desvanecido en el piso. La débil luz de la lámpara de mecha iluminaba pobremente la habitación, y ninguno podía ver el rostro del otro. Avat contempló inmóvil cómo su salvador dejaba la caja en el suelo y recogía la lámpara de mecha. Descubrió entonces que su salvador era salvadora. Llevaba el rostro cubierto por un velo y sólo sus ojos eran visibles, pero podía notarse el busto y otros rasgos femeninos. Los ojos azules, cautivantes y profundos encendieron la memoria de Avat, como si ya los hubiera visto antes sin saber en dónde. Ella lanzó un sonido de sorpresa al ver la faz del joven al que acababa de salvar la vida. Hubo un silencio. Finalmente él habló: —¿Quién eres? No hubo respuesta. —¿Podrías desatarme? —suplicó luego. Ella permaneció en silencio, mirándolo fijamente. De pronto el semblante de Avat se iluminó, creyendo reconocer la vestimenta gris de su salvadora, y dijo: —Tú ibas a ingresar a esa gran residencia que está cerca de aquí, ¿no es así? Esa casa grande en la que vive el vendedor de piedras preciosas. ¿Eras tú, no es cierto? Entonces ya sé a qué te dedicas. Lo sé porque yo soy igual, ¿me entiendes? Ambos somos delincuentes. Pero esto es lo insólito: los dos escogimos el mismo objetivo, pues yo ya me encontraba muy cerca de ese lugar y estaba listo para forzar la entrada. Cuando te vi me escondí instintivamente. Bien, eso no importa ahora. Te debo mi vida. ¿Puedes liberarme de estas cuerdas? Por unos instantes ella continuó inmóvil, contemplándolo. Luego procedió a llevarse las manos a la cara y lentamente descubrió el velo que ocultaba su rostro. Al verla, Avat sintió que se le detenía el corazón. ¡Era ella! La misma mujer a la que había salvado la vida años atrás en aquel bosque. La misma que le había arrebatado aquella joya de plata que él había obtenido en Madely. La misma a la que había buscado durante meses a lo largo de gran parte del Sur en afán de venganza. Se le aparecía ahora allí, tanto tiempo después, en aquel sitio, para salvarlo de una muerte inequívoca. Al cabo de un largo rato de silencio, en el que ninguno de los dos supo qué decir, Avat finalmente articuló: —Han pasado más de dos años. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste? —No fue mi intención hacerlo —respondió ella, todavía conmocionada. La voz era dulce y suave—. Nunca pensé que volvería a verte. Cuando me acercaba a la entrada del hogar del vendedor de piedras preciosas, oí un sonido apagado muy cerca de donde yo estaba. Vi entonces que él —señaló con la cabeza al hombre que yacía ahora inconsciente en el suelo de la estancia— arrastraba un cuerpo rápidamente por el sendero hasta entrar en una vivienda al otro lado del camino, cerrando la puerta tras él. Obviamente ese hombre iba a matar a quien fuera que había atacado, si es que no estaba muerto ya. Aunque yo estaba segura de que no me habían visto, sentí la necesidad de huir de ese lugar cuanto antes. Pero a medida que me alejaba no podía dejar de pensar en lo que había visto, y un sentimiento de culpa vino a mi mente, y no conseguí apartarlo de mi cabeza. Me detuve. De repente me hallé corriendo hacia aquí. Sabía que arriesgaba mi vida pero me sentí incapaz de actuar de otra forma. Me hallaba muy cerca cuando aquel hombre salió de su casa y se quedó un largo rato en el umbral, observando. Por momentos se alejaba de la entrada y erguía la cabeza, como creyendo haber visto algo. Parecía estar vigilando que no hubiera nadie más en las inmediaciones. Me escondí y me eché al suelo a varios metros de distancia, y naturalmente no pudo verme. Finalmente volvió a entrar y fue ahí cuando ingresé. Ella extrajo de su vestimenta un pequeño instrumento útil para forzar cerrojos, similar al de Avat. —Tenías razón —continuó ella, sonriendo—, ambos somos iguales. Burdos ladrones. —Hubo un breve silencio y luego prosiguió—. Escuché la conversación entre ustedes mientras estaba oculta junto a la puerta, de espaldas contra la pared. Cuando él iba a disparar simplemente reaccioné. Y cuando vi tu rostro... —no terminó la frase. Inesperadamente, ya no era furia ni sorpresa lo que sentía Avat. La ironía de todo lo que había ocurrido era tal que tuvo que contenerse para no exteriorizar su histérico deseo de echarse a reír. —Tengo que saberlo —dijo—. Aquella noche que pasamos juntos, luego de salvarte la vida, ¿comprenderás cómo me sentí luego, al descubrir que me habías robado? Definitivamente no fue la mejor manera de expresar gratitud, sin importar lo que habíamos hecho antes —dijo estas últimas palabras en tono burlón—. ¿Por qué? Sé ahora que eres una ladrona al igual que yo, pero hurtar a alguien que ha salvado tu vida de una muerte segura es indecoroso incluso para un criminal. Ella suspiró. —No me enorgullece lo que hice, y estás equivocado si crees que fue mi intención desde el principio. Aquella mañana, al despertar, comencé a vestirme y antes de poder despertarte sentí contra mi cuerpo un objeto que estaba en el suelo. Noté entonces que había algo oculto en la ropa que te habías quitado, sobre la que nos acostamos. Al palparlo unos segundos descubrí la joya. Esos hombres a los que matamos... había más de ellos. Le debía dinero a mucha gente de esa clase, y entre más tardaba en pagar, la suma crecía. Si no lo hacía me matarían. Y algunos estuvieron a punto de hacerlo, cuando tú llegaste. Ya era imposible que pudiera conseguir el dinero suficiente para saldar deudas tan altas, y algunos comenzaban a sospecharlo. Estaba lista para abandonar el Sur e intentar empezar otra vida en alguna otra parte ese mismo día, pero cuando vi esa joya de plata... Sabía que valía lo suficiente para pagar a mis demandantes. Me sentí como la peor basura del mundo, pero lo hice para salvar mi vida. —De manera que no salvé tu vida una, sino dos veces —observó Avat—. Bien, tú acabas de salvar la mía, eso sitúa la balanza dos a uno. Aún estás en deuda conmigo. —No creo que estés en posición de reclamar. He salvado tu vida de este hombre que yace aquí inconsciente, pero aún estás atado a esa silla, privado de tu libertad. Podría dejarte aquí e irme. O podría esperar a que él recobre la consciencia, y matarlo. Entonces habré salvado tu vida dos veces y ya no te debería nada. Y luego me iría, claro. Y tú seguirías aquí, hasta que alguien te encontrase y al descubrir que eres un delincuente te apresarían de por vida o te matarían, según las costumbres de este pueblo. Avat notó entonces algo nuevo en la personalidad de ella. Una inteligencia manipuladora, rápida y segura de sí misma. Y su voz sonaba tan confiada; sentía ahora una extraña atracción hacia ella al haber descubierto aquella faceta que no conocía ni había esperado. Una faceta que compartían. —Pero no vas a hacer nada de eso —dijo él. —¿Cómo lo sabes? —No eres esa clase de persona. De eso estoy seguro y no podrás convencerme de lo contrario. Pero es cierto que no estoy en condiciones de imponer términos, así que propongo lo siguiente; estaremos a mano si me liberas de estas ligaduras, pues estarías salvando mi pellejo nuevamente. —¿Y ya no te deberé la vida? —Ya no me deberás tu vida. Ella se mostró pensativa unos momentos, reflexionando. —De acuerdo —dijo—, pero no intentes nada estúpido. Sé que me has odiado durante mucho tiempo, pero sé cómo defenderme. Ella tomó el cuchillo que el captor le había quitado a Avat y lenta y cuidadosamente cortó las cuerdas que lo ataban a la silla. Cuando terminó retrocedió rápidamente hacia atrás, pero sin empuñar la filosa arma. Él se incorporó, tratando de despertar las extremidades adormecidas. —Gracias —declaró. —¿Qué haremos con él? —preguntó ella señalando al hombre desvanecido en el suelo. —Nada. Realmente no merece sufrir más. Puedo entenderlo. De haber sido él, y luego de haber vivido lo que él vivió, de seguro yo habría hecho lo mismo. Estaremos muy lejos cuando despierte y nunca nos volverá a ver. Por cierto —dijo como si repentinamente hubiera recordado algo—, nunca supe tu nombre. Ella titubeó unos segundos. Parecía sorprendida. —Es cierto. Ni yo el tuyo. —Mi nombre es Avat —dijo él. No tenía deseos de explicarle que este no era su nombre de nacimiento. —¿Significa algo? —inquirió ella. —¿A qué te refieres? —De donde yo vengo los nombres siempre tienen un significado, y esto es así en la mitad de las ciudades del Sur. —No lo sabía. Pero si mi nombre tiene algún significado lo desconozco. De todos modos sigo sin saber el tuyo. —Shanir —dijo ella, asombrada de revelar su verdadero nombre. Nunca lo había revelado excepto a sus más confiables amigos, aquellos a los que podía confiar con su vida, y estos eran muy pocos. —Shanir —repitió él—. ¿Qué significa, si es que puedes decírmelo? —Estrella nocturna —respondió ella, maravillada, sin saber todavía por qué le decía la verdad. A continuación hubo un largo silencio, como si ninguno de los dos supiera qué decir. Afuera, la noche envejecía. Avat descubrió que ya no sólo no sentía ningún rencor hacia ella, sino que ahora percibía una extraña sensación en torno a Shanir que no podía describir, y esto lo confundía. Finalmente él dijo: —Es irónico. Te busqué durante meses para vengarme, e incluso llegué a jurar que te mataría, pero ahora que te he encontrado... —no terminó la frase, pero ella supo lo que quería transmitir—. Olvídalo. Aún queda algo por discutir. ¿Cómo piensas pagarme? Shanir lo observó confundida. —¿Pagarte? —Me debes noventa mil provos. Es el valor estimado de la joya de plata que me robaste. —¿Hablas en serio? ¡Acabo de salvar tu vida! Además, usé ese dinero para pagarles a mis... acreedores. De lo contrario ya estaría muerta hace mucho. Ese fue el trato, tú me salvaste dos veces, y yo acabo de salvarte a ti dos veces. Estamos a mano. Ya no te debo nada. —Eso no importa. Y tampoco me importa cuánto tiempo tardes en juntar ese dinero; aunque te lleve décadas, juro que no me apartaré de tu lado un momento hasta que puedas pagarme —una sonrisa se dibujó en su rostro—. Probablemente tardarás toda tu vida, pero no permitiré que mueras o que algo desafortunado te suceda, te seguiré a todas partes hasta que termines de pagarme. Aunque tengamos que pasar nuestras vidas juntos, hasta que seamos viejos, es un riesgo que estoy dispuesto a correr. Por el tono de su voz, el semblante risueño y la mirada serena, Shanir comprendió lo que él trataba de hacer. Y para su sorpresa, se descubrió a sí misma feliz. Era una extraña felicidad. —Supongo que no me dejas opción —dijo—. Tendré que soportarte durante muchos años. —Con estas palabras le hizo saber a Avat que ella había entendido el mensaje, y aceptaba. —Ahora vámonos —dijo él, alegre—. Abandonemos este pueblo y no regresemos. —Y salieron de la casa y se alejaron, juntos, mientras él decía: —Por cierto, ¿alguna vez has estado en Madely? Tengo un amigo allí que estará contento de conocerte.

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Mi crítica de El juego de Ender
ReviewsporAnónimo8/28/2011

Voy a comenzar con un clásico. La ciencia ficción militar parece estar disfrutando de un renacimiento en estos días. Aunque todavía no he leído nada de los nuevos, la saga de Honor Carrington, y de 1632, se están vendiendo muy bien. Pero El Juego de Ender se lleva la torta porque es una novela de ciencia ficción militar muy bien elaborada, pero también es mucho más. Cinco de cinco estrellas.Esta es esencialmente la historia de un niño prodigio de 6 años llamado Andrew "Ender" Wiggin que es descubierto después de una larga búsqueda de una persona con las habilidades mentales para ser el comandante militar digno de la guerra más grande de nuestra historia. Ender es un "tercero", o el hijo ilegal de una pareja en un mundo con una cantidad de población controlada. Los dos hermanos mayores de Ender son su amorosa y algo permisiva hermana Valentine, y su déspota y psicótico hermano Peter. En esta sociedad todos los niños son monitoreados en su temprano desarrollo por medios electrónicos, y los mejores y más brillantes son llevados a la Escuala de Batalla para ser entranados para luchar contra los Insectores. Ender es elegido porque tiene un poco de la brutalidad de Peter y un poco de la compasión de su hermana unidos con su propio genio práctico. Ender es inmediatamente llevado primero a la Escuela de Batalla donde supera a todos los equipos y a todas las tácticas tiradas a él, entonces es enviado a la Escuela de Mando donde es entrenado por el último genio militar del mundo, Mazer Rackham. En el final Ender es engañado sobre la naturaleza de su entrenamiento de una manera que sólo entenderás leyendo el libro vos mismo.El escenario transcurre cientos de años en el futuro, luego de dos olas de invasión por una raza de criaturas llamadas Insectores, una raza colmena con control central desde una serie de reinas ubicadas en el planeta Insector. Los Insectores aparentemente tienen la habilidad de comunicarse a través de cualquier distancia telepáticamente. Las reinas de cualquier colonia particular o flota toman todas las decisiones, y los numerosos drones llevan a cabo las órdenes ya sea estando en su planeta o a 200 años luz. Para luchar contra los Insectores se decidió hace generaciones lanzar flotas de cruceros contra los desconocidos mundos de los Insectores, incluyendo su mundo natal. Como los Insectores poseen muchos planetas, flotas escalonadas fueron enviadas para que todas llegaran casi al mismo tiempo. Esto es porque una persona estaría comandando todas las flotas, y las batallas tenían que ocurrir mientras esa persona estuviera en las mejores condiciones posibles. Ender fue transferido a la Escuela de Mando antes de que las primeras batallas llegaran a los blancos más cercanos. Usando un artefacto llamada Ansible (un dispositivo instantáneo de comunicaciones de invención humana cuyo nombre fue robado de Ursula K. LeGuin) Ender es entrenado para atacar y derrotar a las instalacioens Insectoras y ganar la guerra para salvar a la Humanidad. Resulta que nuestra victoria es prácticamente un genocidio para los Insectores.El concepto de esta historia fue escrita por Card en 1977. Fue galardonado con el premio Nebula por la mejor novela corta ese año, y para 1985 lo había expandido en una novela mucho más larga. Desde entonces ha escrito por lo menos media docena de secuelas, y la saga se ha convertido en una de las más amadas y premiadas en la historia del género. Como es el caso con Dune, es difícil encontrar incluso a un no-lector del género que no haya por lo menos oído hablar de este libro. Además de ser una fascinante historia militar, también es una fantástica historia de maduración. Es básicamente la historia de diez años de la vida de Ender desde un muy inteligente y capaz niño de seis años hasta ser la mejor copia viviente de Alejandro Magno del mundo, con 16 años. También es la historia del conflicto entre un niño y un gran gobierno (representado por un hombre llamado Graff) con un solo objetivo en la mente: producir un genio militar. Para lograrlo Graff debe hacer que Ender enfatice esos elementos de su personalidad que odia, que son más o menos los elementos que se parecen a Peter. Pero tiene que hacerlo sin destruir la influencia psicológica de Valentine, que es su lado más empático. Entonces la mayor pregunta que este libro formula es: ¿cómo logras sacar a la luz el mejor potencial de una persona? ¿Y qué tal si el mejor potencial es la antitésis de lo que esa persona quiere ser? Pero el objetivo de la Escuela de Batalla es producir un genio militar, así que en otro nivel el libro trata de la tendencia de la juventud a odiar a aquellos con autoridad sobre ellos porque la autoridad parece estar tratándolos injustamente.Otros temas que abarca el libro son las psicologías de aprender y enseñar, pero sobre todo la psicología de la desesperación. Nadie sabe si los Insectores van a atacar de nuevo, ni lo que pensaron de las dos últimas guerras. Ni siquiera sabemos si piensan que somos inteligentes. Encima de eso, las flotas de batalla llegarán muy pronto, y sin un comandante, perderemos la guerra y la Tierra podría ser tomada. Graff tiene que lidiar no sólo con la posibilidad de que Ender se harte antes de tiempo, y de que fracase y no haya tiempo de entrenar a nadie más, pero también con que lo riguroso de su entrenamiento termine matándolo.Hay mucho más en el libro de lo que he escrito aquí. Valentine y Peter llevan a cabo un engaño que se desarrolla hasta los niveles más altos en las novelas siguientes. Ender comienza una de las profesiones más hermosas al final de la novela para redimirse por exterminar a una raza (y sí, se trataba de exterminio después de todo). La política de la Hegemon contra su único rival, el Pacto de Varsovia. Las secuencias de entrenamiento de la Escuela de Batalla con escuadras en un escenario sin gravedad son muy buenas. Este es un libro que me revela algo nuevo cada vez que lo leo. Es uno de mis favoritos. Recomendadísimo.Unite a la comunidad de ciencia ficción:

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Breve informe sobre Dune, de Frank Herbert
ReviewsporAnónimo4/1/2011

Navegando por internet escontré este excelente artículo sobre mi libro favorito, y el cual me hizo amar la Ciencia Ficción, Dune. Al ser un artículo viejo, le hice algunos cambios para actualizarlo y le agregué imágenes. Lo comparto con ustedes porque no tiene desperdicio. Enjoy.Algunas novelas crean escuela. Otras modas. Pero son pocas las que crean mundos, tan reales como la tierra que pisamos. En el caso de la ciencia ficción, y según mi humilde experiencia y conocimientos, solo lo han logrado tres: El Señor de los Anillos de Tolkien, la saga de La Fundación de Asimov y Dune, de Frank Herbert. Las dos primeras podrían calificarse respectivamente como fantasía heroica (o épica) y ciencia-ficción futurista. Pero ¿cómo clasificar a Dune? Si bien tiene algo de épico y, evidentemente, mucho de futurista, también es una fábula mesíanica, filosófica y esotérica. Describe con precisión milimétrica mundos más allá de lo imaginable, desafía la capacidad mental del lector para crear imágenes y turba su conciencia con seres imposibles minuciosamente detallados. Por todo eso y mucho más, Dune se ha convertido en una biblia oscura y misteriosa adorada por legiones de lectores. Sin embargo, permanece escondida para muchos otros, y por esta razón quiero, en este pequeño tratado, acercar la obra de Herbert a los que no han tenido la oportunidad de adentrarse en tan fascinante mundo.El creador y su obraFrank Herbert nació en Tacoma, Washington, en 1920. Tras su educación universitaria en Seattle fue fotógrafo, pescador, instructor de supervivencia en la jungla y periodista. En 1964 publica Mundo de Dunas, una novela corta que le da cierta popularidad. A ésta le sigue El profeta de Dune. La fusión de ambos relatos dan lugar a Dune en 1966, con la que consigue los prestigiosos premios Hugo y Nébula.Posteriormente Herbert escribió dos extensiones que enriquecieron el universo creado con Dune: El Mesías de Dune, que continúa la historia del protagonista, Paul Atreides, e Hijos de Dune, que describe la trayectoria de su familia. En los años 80 se publican Dios Emperador de Dune, Herejes de Dune y Dune, Casa Capitular, que se desarrollan milenios después de los acontecimientos narrados en los tres primeros libros.Herbert murió en febrero de 1986, a los 65 años de edad. En la actualidad se han vendido más de 12 millones de ejemplares de Dune, convirtiéndola en la novela de Ciencia Ficción más vendida de la historia. Basándose en su obra se han creado libros, películas, series de televisión, comics y juegos de ordenador. Con el tiempo, la monumental obra de Herbert ha ido adquiriendo más importancia en el mundo de la Ciencia Ficción, hasta llegar a convertirse en una obra maestra indiscutible del género.Lamentablemente, años después de su muerte, su hijo Brian Herbert se unió con un autor llamado Kevin J Anderson y juntos han escrito más de 10 novelas basadas en el universo de Dune. Pero estas novelas no tienen mérito artístico alguno, son puramente comerciales, escritas en muy mala prosa, con historias simples y clichés, y ridículos argumentos. Dos escritores sin talento alguno insultando el legado de Frank Herbert. Por esto, son odiados e ignorados por todos los verdaderos fanáticos de la saga, y no tanto por lectores casuales que no entienden mucho de ciencia ficción. Sin importar lo que Brian y Kevin digan, estos libros NO son canon. Son simplemente un patético intento de literatura para ganar dinero. Les recomiendo no gastar un solo centavo en estas "obras", pueden provocar daño cerebral. Léanlos bajo su propio riesgo. Han sido advertidos.Mundos mas allá de nuestra imaginaciónEl mundo recreado por Dune es tan complejo que cualquier intento de describirlo en pocas páginas sería inútil. Por lo tanto, me limitaré a dar una somera descripción de las ideas fundamentales sobre las que se apoya la narración de Herbert y que permitirá al neófito no perderse en este breve estudio.Grandes casas se reparten el universo conocido, gobernado por el Emperador Padishah Shaddam IV. Dos de las más importantes son la casa Atreides, del planeta Caladán y la Harkonnen, de Guiedi Prime. Así como los Atreides son nobles y pacíficos, los Harkonnen son su reflejo oscuro: crueles, despiadados y amantes de la traición y el engaño. Es un universo sometido a los dictados surgidos tras el Jihad Butleriano, gran revolución que exterminó y prohibió el uso de las máquinas inteligentes. En este contexto surgen los mentats, computadoras humanas, y la Bene Gesserit, escuela de adiestramiento mental y físico para estudiantes femeninas, cuya Reverenda Madre es la mayor autoridad religiosa del universo conocido.Arrakis, más conocido como Dune, es el tercero de los planetas de Canopus. Las temperaturas en su superficie alcanzan los 350 grados, lo que hace extremadamente difícil la supervivencia de formas de vida animales o vegetales. Nunca llueve en Dune. Este planeta es el único lugar de existencia de la Especia Melange, una sustancia de aroma parecido a la canela que permite a la Cofradía de Navegantes del espacio la realización de viajes espaciales. También es conocida la Melange por sus cualidades geriátricas y su poder adictivo. Su origen está ligado a los gusanos de la arena gigantes de Arrakis, los cuales pueden llegar a alcanzar los 400 metros de longitud.Dune es también el planeta de origen de los Fremen, una tribu que ha adaptado su modo de vida al desierto. Un fremen es reconocido por sus ojos totalmente azules, producto de la exposición a la especia. Ocultos en sus sietchs, nadie sabe realmente cuantos fremen hay en Arrakis, y pocos dan importancia a su existencia. Pero nadie sospecha el poder de esta raza capaz de usar los Shai Huluds -los monstruosos gusanos de la arena- como medio de transporte... y tal vez como arma.Arrakis estuvo durante mucho tiempo bajo el yugo de los Harkonnen. Pero durante el gobierno del Emperador Padishah Saddam IV el control del planeta fue cedido a Leto Atreides, padre de Paul Atreides, cuya madre, Jessica, fue una alumna destacada de las Bene Gesserit. En Dune el joven Paul va a experimentar cambios en su consciencia, y una extraña profecía fremen parece conducirle a un asombroso destino. Acontecimientos desastrosos se ciernen sobre su familia, y a partir de entonces, Paul Atreides se convertirá en Paul-Muad'Dib, líder de los Fremen y muy pronto figura vital que conmocionará el orden del universo...El contexto literario de la obraDune fue publicada en 1965. Obsérvese que los grandes clásicos de la CiFi fueron publicados más de una decada antes: 1984 de Orwell (1949), Crónicas Marcianas (1950) y Farenheit 451 (1953) de Bradbury, la saga de La Fundación de Isaac Asimov (1951-1953), El Señor de los Anillos de Tolkien (1954-1955)... Este distanciamiento de los grandes monstruos de la fantasía no es solo cuestión de fechas. Dune es muy diferente a sus antecesores en más de un aspecto. Su espíritu renovador, casi revolucionario, permitió dar un giro a la ciencia ficción: A partir de entonces dejó las fantasías espaciales de naves brillantes para narrar un futuro en el que los cambios se reflejan sobre todo en la transformación intelectual de los hombres y sus estructuras sociales. Esta evolución de la CiFi ha conducido a la actualidad al retrato de sociedades oscuras y desesperanzadas, cuyo reflejo es el Cyberpunk de Gibson. Sin embargo, no podemos simplificar y decir que Dune se encuentra entre Crónicas Marcianas y Neuromante. Dune está mas allá de clasificación o comparación. Nadie hasta la llegada de Herbert se había aventurado tanto especulando sobre la evolución de la mente humana, y dudo que alguien haya nunca retratado una sociedad de miles (tal vez millones) de años en el futuro en base a sus estructuras religiosas y ecológicas. Y casi para desafiar a todos los que habían escrito alguna vez Ciencia Ficción se atrevió a crear un futuro en el que la tecnología inteligente (computadoras, robots, androides...) está destruida y prohibida por rigurosa ley interplanetaria. La novela, además, transcurre casi en su totalidad en desiertos o rocas, y el papel de las naves espaciales no es fundamental. Herbert convirtió estas aparentes limitaciones en puntos de partida para una epopeya en la que el personaje va evolucionando tanto física como, sobre todo, mentalmente desde su condición inicial de niño hasta convertirse en un dios.Familiaridades de un universo desconocidoLa mayor virtud que se le ha concedido a Dune es crear de la nada un universo completo, en futuro extremadamente lejano, de forma convincente. Sin embargo, ese de la nada es muy relativo. Pocos lectores podrán pasar por alto la relación de los Fremen con los Tuareg de los desiertos de Mauritania y Arabia. Herbert no intenta jamás ocultar tal fuente de inspiración, y todos los términos del lenguaje Fremen nos suenan al lenguaje árabe. Obsérvese de hecho la similitud entre Muad'Dib (pronúnciese Moaddib) y Boabdil, nombre dado al rey de Granada Abu Abd Alá en las crónicas castellanas. También es fácil relacionar a la capital de Arrakis, Arrakeen, con la capital de Marruecos, Marrakech. Herbert no sólo toma referencias del mundo árabe en su relato. Muchos vocablos del universo de su novela se basan en términos reales. Así, afirma que en la lengua, de la Bene Gesserit, "Kwisatz Haderack" significa "El camino más corto", cuando el término "Haderach" en hebreo corresponde a "El camino". El apellido "Atreides", además, es sospechosamente parecido a "Atridas", apellido griego (descendientes de Atreo) citado por Homero.Todas estas relaciones entre el futuro y el presente transmiten una cierta sensación de realismo o incluso profecía, que hacen surgir en la mente del lector hipótesis acerca de la manera en que el mundo presente puede evolucionar de una forma plausible hacia el mundo futuro descrito por Herbert, aunque hay que aclarar que el objetivo del autor nunca fue la extrapolación de la evolución actual de la sociedad.¿Paul-Muad'Dib de Arabia?El protagonista de la novela es también uno de sus personajes más complejos: un niño con misteriosas cualidades mentales predestinado a convertirse en un semi-dios, derrotando a sus feroces oponentes con la ayuda de una oscura tribu del desierto, de la que se convierte en líder. Durante el libro Herbert nos muestra a Paul Atreides con los miedos e inquietudes de un niño, que luego transforma en los sentimientos de odio y poder de un adulto que dirige a millones de almas.¿Pudo Herbert basarse en un modelo anterior para tan singular personaje? Son notables los paralelismos entre Muad'Dib y la figura histórica Thomas Edward Lawrence, también conocido como Lawrence de Arabia. T.E. Lawrence (1888-1935) fue un militar inglés que participó en las exploraciones en Siria que descubrieron la civilización sumeria en 1910. Allí conoció a Hussein, jerife de la Meca, quien en 1916 inició una revolución contra el sultán de Turquía. Juntos organizaron una campaña contra este país, y posteriormente Lawrence obtuvo su primer gran éxito con la toma de Yambo, a la que siguió en 1917 la de El Ouedjh. Dirigió al ejército árabe a la victoria contra Turquía en El Hasa y facilitó a los aliados la conquista de Palestina y la toma de Jerusalem. Al año siguiente entró en Damasco y tomó posesión de Alepo. Fue llamado el rey sin corona de Arabia. El coronel Thomas Lawrence no solo dirigió a los ejércitos árabes, sino que además asimiló su cultura, convirtiéndose en el gran líder de un pueblo que no tenía nada que ver con su tierra natal.Teniendo en cuenta la similitud existente entre las tribus árabes del desierto y los fremen, así como entre los bloques políticos de la primera guerra mundial y las casas rivales del universo de Herbert, podemos identificar fácilmente al inglés líder de los árabes Thomas Lawrence con el atreides líder de los fremen Paul Atreides. En ambos casos hay un rebautismo del líder por parte de sus seguidores (Thomas Lawrence será Al-Orens y Paul Atreides, Paul-Muad'Dib) y una asimilación de las tradiciones locales, como por ejemplo el cambio de vestimenta (el típico atuendo árabe y el destiltraje fremen).Adaptaciones cinematográficasEl cine siempre ha tenido una gran predilección por las adaptaciones de obras clásicas de ciencia ficción. El caso de Dune no era sencillo, pues la dimensión monumental de la misma, tanto en extensión como en complejidad, suponían un verdadero reto artístico y económico.Quien primero afrontó el desafío fue el controvertido escritor y director de cine Alexandro Jodorowsky. Para interpretar al barón Harkonnen se contrató al pintor surrealista Salvador Dalí, y para el diseño de los decorados a H.R. Giger, personalísimo artista que posteriormente ganaría el Óscar por su diseño de la criatura de Alien. Este proyecto (que seguramente habría resultado en un film cuanto menos curioso) tuvo numerosos problemas y fue abandonado. Hoy en día Jodorowsky es un reconocido escritor de guiones de comics. Una de sus sagas más celebradas, la casta de los metabarones, presenta numerosas similitudes con el argumento de Dune.Dino de Laurentiis obtuvo posteriormente los derechos de adaptación de la novela de Frank Herbert, y en 1984 se retomó el proyecto. En un principio iba a ser dirigida por Ridley Scott, quien había cosechado un importante éxito tres años antes con Blade Runner. Finalmente se eligió a David Lynch, autor de El hombre elefante, Corazon Salvaje o la exitosa serie de televisión Twin Peaks. El personaje de Paul Atreides fue interpretado por Kyle MacLachlan, y el de Feyd Rautha Harkonnen por el cantante Sting. Los gusanos de la arena y otras criaturas fueron obra de Carlo Rambaldi, y la banda sonora corrió a cargo del grupo Toto. En su día la película fue un fracaso, en buena parte debido a los 47 millones de dólares que costó. Posteriormente se remontó para la televisión, aumentando su metraje hasta los 190 minutos.El guión no abarca toda la novela original (cosa casi imposible en dos horas de duración teniendo en cuenta la extensión del libro) e incluye elementos ciertamente desconcertantes que no tienen nada que ver con la historia, como el final, pero se mantiene muy fiel a ésta en cuanto a personajes y atmósfera. Los decorados y efectos especiales tienen un toque oscuro y misterioso pocas veces visto en el cine de ciencia-ficción, sin omitir la profunda complejidad mental de los personajes principales. La película de Lynch supone un complemento de la novela, y se ha convertido en un film de culto para los aficionados al cine fantástico. La crítica especializada y el público en general, por el contrario, la trataron como una rareza excéntrica y pedante. El propio director renegó de su obra, y jamás volvió a adentrarse en la ciencia-ficción clásica.La serie de televisiónTras la película de Lynch muchos opinaron que Dune requería una serie de televisión, y así ocurrió 15 años después, con una serie de televisión de 3 episodios que en España fue emitida por Tele5. Fue una coproducción hispano-germana-canadiense del año 2000, dirigida por John Harrison e interpretada por William Hurt, Alec Newman y Saskia Reeves, en los papeles del duque Leto, Paul y Jessica, respectivamente.La duración total de 270 minutos le permitió un tratamiento de la historia mucho más exhaustivo y comprensible que la adaptación cinematográfica, y supo retratar muy bien los escenarios planetarios. El vestuario, por el contrario, era toda una exhibición de torpeza e incoherencia. Tampoco el retrato de los personajes era muy afortunado, en especial Paul Atreides (un jovenzuelo impulsivo y arrogante, en lugar de la figura inquietante y carismática descrita por Herbert) y la princesa Irulan, totalmente desdibujada. A pesar de todo, la fidelidad y ritmo de la narración convierten un punto de partida excelente para la comprensión del universo de la saga.Arrakis en CDEn 1992 Cryo, una joven compañía francesa de software, lanza el juego de ordenador Dune. Se trataba de una curiosa mezcla entre aventura gráfica y estrategia, con gráficos muy cuidados y una banda sonora que aún hoy en día resulta realmente sorprendente, hasta el punto de que Virgin decidió venderla aparte en un CD Audio. A pesar de no haber obtenido una gran popularidad, el Dune de Cryo tiene un lugar propio en la historia de los juegos de ordenador por varias razones, la mas importante de las cuales es la seriedad y coherencia de la adaptación. Además inauguró un subgénero fundamental en la historia reciente de los juegos: la estrategia de dirección de tropas y estructuras, que posteriormente quedaría plenamente definido con Dune II: battle for arrakis y alcanzaría su apogeo con Command & Conquer y Warcraft II.Tras unos cuantos años sin que nadie retomase el tema, Westwood lanzó el juego Dune 2000, un lavado de cara con respecto al anterior que tenía como única novedad unas escenas cinemáticas bastante impresionantes. El salto cualitativo llegó con Dune: Emperor, primer juego en 3D de la saga, que introduce elementos antes inéditos en las adaptaciones electrónicas de la novela: los Tleilax, los Ixianos, las Bene Gesserit... técnicamente el juego era impecable, y a pesar de que su mecánica era bastante anodina y anteriormente vista, fue un soplo de aire fresco para los aficionados.La buena racha de las adaptaciones cesó con Frank Herbert's Dune. Aunque prometía ser la adaptación definitiva, más orientada a la evolución del personaje principal según los sucesos de la novela y por la partición de Cryo en el proyecto, su estilo consolero, su nefasto desarrollo, la total ausencia de originalidad y los extraños altibajos en la curva de dificultad convirtieron el videojuego en una mancha en la saga de adaptaciones de la novela.Para finalizar, Dune abre una de las sagas más importantes de la literatura fantástica y de ciencia ficción. No recomiendo leer este libro, lo ordeno y lo exijo, no solamente para los seguidores de estos géneros, sino para cualquier lector que aprecie y disfrute de la buena literatura. Unite a la comunidad de ciencia ficción:

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