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Papita_con_huevo

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Primer post: 22 may 2011Último post: 18 may 2013
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Resumen: Manifiesto del Partido Comunista - Marx
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/6/2012

Hice este trabajo para el curso de Seminario de Marx en Filosofía. A quien le interese, se lo obsequio, sobretodo porque ya tengo muchos trabajos académicos perdidos por la amenaza de los virus. MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA - RESUMEN Marx hace un análisis de la sociedad en que se encuentra, y en este análisis nos dice que el hombre está determinado por el modo de producción o las relaciones de producción presentes a partir de la existencia de la burguesía y la sociedad moderna. Quienes poseen los medios de producción son pocos, y en tanto que tienen este poder dirigen el mundo según su conveniencia. Si lo vemos de otra manera podríamos decir, que esta minoría son los amos y señores, mientras que la mayoría hace de explotados. El trato de esta minoría con respecto de la mayoría nos recuerda al trato de las cosas. Y pesar de ello, viven por causa del otro, gracias al esfuerzo del obrero. La vida de los amos se caracteriza por estar rodeados de riquezas y prosperidad, jamás harán pesadas labores que le causen cansancio y dolor. Frente a esta injusticia de vivir gracias al otro, Marx hace una denuncia cuyas palabras se pueden resumir en: desigualdad. Esta desigualdad no es propia de un solo país o continente, sino se encuentra extendida a nivel mundial. De manera que el mundo se encuentra sometido a esta forma de vida en la que un hombre denigra a otro, le hace indigno y le somete a la esclavitud a pesar de la libertad y la razón que le pertenece. La sociedad actual, sostiene Marx, es irracional, está lejos de ser aquella en la que todo ser humano puede desarrollarse para poder ser libre, igual, justo, digno y feliz. Estos valores ya no existen, lo único que sucede es que nos hemos convertido en mercancía. Lo único que prima en esta sociedad es el valor simbolizado en el dinero. Esto es lo que significa un Estado burgués como el que se encuentra. Una sociedad en donde la minoría se encuentra bien, posee el capital, mientras la gran mayoría hace de esclavo. Esta minoría además, pone a su servicio a la moral, la religión y la constitución a su favor. Luego de este análisis por parte de Marx, en donde toma como principal característica la desigualdad, propone una salida: cambiar la estructura general de la sociedad. En esta propuesta considera al proletariado, la clase oprimida como la única clase que puede conducir esta transformación haciendo uso de la fuerza. Que el proletariado se libere de esta clase opresora no solo significa un triunfo aparte, también simboliza la libertad para la humanidad. Marx considera que al liberarnos de este yugo, podremos evolucionar y desenvolvernos en una sociedad donde impere la justicia. Dejará de ser una sociedad cerrada y cubrirá las necesidades de la humanidad desde que nace hasta que deja este mundo. Todos podrán alimentarse, educarse, tener derecho a gozar de una buena salud, pero esto se logrará por la fuerza. Estas son las ideas principales que se desprenden del texto: a.Siempre hubo una la lucha de clasesEn todas las sociedades siempre ha existido una lucha de clases entre opresores y oprimidos los cuales pueden representarse como libres y esclavos, feudales y campesinos, amos y esclavos. b.El Estado está al servicio de la burguesíaLa burguesía es el poder de la minoría frente a la mayoría, la cual surgió gracias a la consolidación de las industrias y los mercados globales. AL final dominó el poder político y es el resultado de la modernidad. El Estado solo se encuentra al servicio de esta clase burguesa y vela por sus intereses c.La burguesía es un sistema mundialTodo el mundo ha adoptado esta política burguesa, de manera que está regulado por esta forma de producción y consumo. No hay lugar para las industrias nacionales y éstas se encuentran en penosas situaciones. No está permitido salirse de este juego, es un mundo en el que adoptar este sistema es obligatorio bajo el engañoso marco de “civilización”. d.La burguesía a producido centralizaciónUna de las causas de la burguesía es el paso de los campesinos a la ciudad. La humanidad se encuentra centralizada en las grandes ciudades y se han centrado los medios de producción. También se ha centralizado las propiedades, de manera que solo pertenecen a unos cuantos, mientras que los desposeídos se encuentran en situaciones indignas. e.Producto de la burguesía surgirá la violencia para hacer una mejor sociedadAparte de la creación de armas que terminarán con la burguesía, ella misma ha hecho despertar a los hombres, a la base oprimida que son los proletarios. f.La burguesía a convertido la humanidad en mercancíaLos obreros ya no son personas, sino mercancía. Son cosas. No importa su bienestar, solo importa la producción. Los obreros están al servicio de su empleador de manera miserable y despótica. Pero no solo es víctima de esta forma cruel que lo hace ver como una herramienta de trabajo, porque una vez que se encuentra en este sistema, es víctima de los elementos burgueses tales como el prestamista, entre otros. g.Solo los proletariados pueden conllevar una revoluciónNo solo los proletariados se enfrentar a la burguesía, son embargo ellos son los únicos que pueden realizar la revolución porque no tienen propiedad. Como todo está al servicio de los burgueses (las leyes, la moral, la religión), ellos solo lo toman como un prejuicio y pueden darse cuenta que solo son herramientas que utilizan para consolidar su poder. No existe algo que los proletarios puedan conservar, solo está la disposición a destruir todas las propiedades privadas. Mediante la revolución proletaria se actuará en provecho de la mayoría y acabará esta injusticia. Y por supuesto, lo hará por la fuerza.

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Resumen: contribución a la crítica de la economía políti
Resumen: contribución a la crítica de la economía políti
Ciencia EducacionporAnónimo5/18/2013

Hola chicos/as me he motivado a partir de su apoyo; por ello traigo otro resumen cuyo contenido me pertenece. Un abrazo; espero que alguna vez les sirva. CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA En la introducción a la crítica de la economía política de 1877 Marx presenta a mi juicio dos argumentos esenciales para el marxismo. 1.El hombre está determinado por las relaciones sociales. 2.El método de la economía política 1. El hombre está determinado por las relaciones sociales. En la superestructura no existe elemento alguno que no esté dentro del juego de las relaciones de producción. Esto porque las relaciones de producción determinan las relaciones sociales y ésta abarca distintas fuerzas de producción. Podríamos explicarlo de la siguiente forma: los hombres se relacionan de manera involuntaria para poder vivir gracias a sus producciones materiales. Hablamos de la forma económica la cual determina todo el aspecto jurídico y político. La forma o estructura económica determina la consciencia social. Como consecuencia de las diferencias que existe entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las ideas llámense morales, religiosas o jurídicas, ocurre la revolución. Sin embargo, la burguesía se ha encargado de presentar el idealismo como un carácter propio del hombre, como si conformara parte de su naturaleza, cuando en realidad el hombre necesita ser un ser social para poder sobrevivir. El hombre no puede estar separado de los otros, el hombre desde sus orígenes tenía naturaleza política, pues todas sus relaciones de producción implican a otros e incluso el consumo deja de estar representado como algo individual ya que se necesitó de relaciones productivas para poder tenerlo en nuestra mesa, en nuestra mano, en nuestro uso. Lo curioso es que en una época de carácter burgués en donde más se encuentran desarrolladas las relaciones entre humanos, más se ocupa de presentarnos a los hombres como seres individuales, que se desarrollan por su individualidad. A todo esto, decir que el hombre puede separarse de los otros no tiene sustento. Esta presentación del hombre por los economistas ingleses solo corresponde a fantasías literarias: “robinsonadas”. Marx señala que mientras estudiemos las profundidades de nuestra historia, más nos daremos cuenta de nuestra naturaleza social representada por la familia en nuestros albores, y luego en la comunidad de diversas formas como consecuencia de la contradicción entre la individualidad antinatural a que somos sometidos y nuestra naturaleza comunitaria. 2. El método de la economía política Marx sostiene que la relación existente entre la producción, el consumo, la distribución y el cambio no pertenecen a formas separadas iguales, sino que conforman parte de un todo; se podría tomar como multiplicidades de una unidad. Atendiendo a este punto, Marx desarrolla su método científico. Según Marx, el método que debería emplearse para estudiar la economía política debiera empezar por lo real y concreto, como el pueblo, soporte de las relaciones sociales y productoras. Ahora bien, a continuación se debería hacer un análisis. Se descompondrá en elementos esenciales aquello que hemos representado. De esta manera iremos de lo real a lo mental, de lo concreto a lo abstracto. A continuación se irá de una unidad a una multiplicidad, si antes todo era un desordenado conjunto de ideas abstractas, ahora serán multiplicidades con sus relaciones y determinaciones. Luego, se procederá a una síntesis. Esto sería para Marx el método científico correcto. Marx dice con sus propias palabras: “Tan pronto como estos factores sueltos fueron más o menos fijados y abstraídos, aparecieron sistemas económicos que de las nociones más simples: trabajo, división del trabajo, necesidad, valor de cambio, etc., ascendieron al Estado, a los cambios entre naciones y al mercado mundial. Este último método es evidentemente el método científico correcto”.

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Un cuento de amor lésbico escrito por mi
InfoporAnónimo5/22/2011

Escrito por: Papita_con_huevo ÁRBOLES EN LOS CORAZONES Jackelina se levantaba temprano, atendía a sus hermanos menores, cocinaba en su noble cocina a kerosene, le servía la comida a su papá y a su hermano cuando venían de trabajar de la construcción mientras su mamá trabajaba como empleada del hogar. Así era todos los días, salvo el domingo, día en que su mamá tenía el día libre y además sus hermanos no iban al colegio. Odiaba ser una especie de mamá 2 y hacer diariamente lo mismo, pero también odiaba que los hombres mayores le miren el cuerpo y le digan groserías en forma de piropos. A veces se preguntaba si odiaba a sus padres por traerlos al mundo sin tener los suficientes recursos que darle a ella y a sus hermanos para tener una mejor calidad de vida. Había terminado la secundaria y ya era suficiente para sus padres. Entonces iba al mercado todos los días a comprar los ingredientes para cocinar, “cosas para hacer la comida” como ella le llamaba. Pero hoy era viernes, no era un día muy especial salvo por los 2.50 que había sobrado de vuelto gracias a una baja del precio del pollo. ¡Compraría un CD de Alanisse Morrisette! Fue cuando se acercó a Joseph y a su carreta musical, pero Jackelina ignoraba que se autollamaba “Joseph”. - ¿Tiene el disco de...?- hizo una pausa. Quiso reírse: Joseph tenía el cabello pintado de rubio, era bajito, delgado, y tenía los zapatos negros polvorientos; pero lo que más llamaba la atención eran el bajo relieve de sus senos, porque sin ver ese detalle nunca hubiera sabido que era una “chica/chico” - ¿De?... – dijo la vendedora de discos mientras limpiaba los parlantes de su curiosa carreta musical. - De Alanisse Morrisette. - Espera – dijo la vendedora y se agachó para buscar en el interior de su carreta. Allí tenía cajas y bolsas negras repletas de discos. – Eso es – dijo levantándose con un disco en la mano. - Ella no es Alanisse, es Alice... Joseph miró largo rato la carátula. - Se parecen sus nombres. - ¿No tienes no? – repuso jackelina impaciente. - ¿No te gusta Ricardo Montaner, Ricardo Arjona, Paulina Rubio?... de esos tengo. - No – dijo Jackelina cogiendo la bolsa de compras del piso. - Espera... Hoy día voy a traer nuevos discos, ¿puedes apuntar el nombre del disco que quieres?- dijo ofreciéndole un cuaderno cuadriculado cuyas hojas estaban dobladas. - Claro... - Tienes bonita letra – repuso Joseph mientras recibía el cuaderno sin forro y con las hojas dobladas. - Gracias... - Ven mañana, voy a traer de ...Alanisse... su disco. Me llamo Joseph, no le compres a otros. - ¿Joseph? - Sí, así me llamo. Jackelina se fue a casa con una alegría extraña. Por alguna extraña razón siempre le había querido hablar desde que se instaló con su carreta hacía dos meses. Joseph tenía algo... sus ojos eran caramelo y su cabello corto aunque pintado brillaba en su corte hongo. Joseph era chiquito y le había transmitido calma en esa mañana tan sombría de viento y de desgano, además tenía la letra horrible y los cuadernos sin forro. En eso estuvo pensando mientras cocinaba, cuando a las doce del mediodía llegó su papá algo ebrio. - Hey, la coomiidá – dijo mientras se tambaleaba por el costado de la mesa- ¿Yaaaa? ¡apúúraate! - Ay papá recién estoy cocinando, además, ¿para qué vienes borracho? El padre le dedicó una mirada con los ojos rojos y enseguida le abofeteó con el dorso de su grande y áspera mano. - ¡No hables así a tu padre, insolente! – dijo en una pésima pronunciación mientras luchaba con un pie por no tambalearse. Jackelina se fue a llorar a la habitación que compartía con sus dos hermanos menores. Sus lágrimas mojaron toda la parte de la frazada en que se hundía su rostro enrojecido de llanto; mientras, en otro ambiente, el aderezo de un estofado frustrado se quemaba. Ese día estaba con un pantalón polar plomo y un polo rosado de mangas largas tan estrecho como su cuerpo. Recordaba que la semana pasada también había llorado con la misma ropa y con el mismo peinado de media cola desarmado. “Un día ya no estaré aquí” se prometía siempre, pero nunca sucedía. *** ¡Vámonos! Le había dicho Joseph. ¡Estoy harto... del mundo, aquí no hay venta, la gente sólo compra discos chicheros, los días pasan y pasan sin que hagamos algo nuevo, mientras se nos va la vida. Tú tienes que soportar una carga que nunca te buscaste. ¿Tu obligaste a tus padres a que te....? ¡Vámonos! Hay otro mundo, en otro lugar, en otro tiempo, en otro ambiente... pero debes renunciar a tu familia. ¿Renunciar? De presencia... de corazón no ¿Tú me entiendes? Le sorprendía. Joseph, un chiquito, con el pelo pintado, con su carreta llena de parlantes...pero era mentira, siempre ponía cumbias, chichas...era una mentirosa...o un mentiroso. Incluso se mentía a sí misma, se decía que era hombre. Era un mentiroso, era un mitómano. - Oye, Jackelina... Jackelina se acercó cargando una bolsa repleta de verduras y tubérculos. Estaba con un pantalón jean azul, su jean para salidas especiales marca gamarresca “Peperoni”. Llevaba un polo rojo y una blusa jean de mangas largas celeste. - ¿Vas a cocinar algo especial? – dijo Joseph observando la bolsa de compras. - Está dando una chicha, eres mentirosa, y no te llamas Joseph. - ¿Qué sucede? ¿estás enojada?, He traído el disco de Alanisse, he traído uno en concierto y otro difícil de encontrar, es más, creo que vas a ser la única del mundo que tenga este disco... - Ya no lo quiero. - ¿Qué??, me he pasado buscando todo el día y tú... - Dime como te llamas. - Joseph...lo sabes. - Tu verdadero nombre. - Joseph Paredes Carrera. Jackelina cogió la bolsa del piso y se alejó. - ¡Espera!...- gritó la vendedora. Jackelina no volteó. Iba a seguirla, pero vino un cliente... deseaba un disco de... Alanisse Morrisete. - No tengo – repuso Joseph. Ese día era el cumpleaños de su hermano menor por un año. Era la mano derecha de su papá y por eso éste había ordenado un banquete que consistía en presas grandes de pollo frito, arroz blanco, papas huayro sancochadas y ensalada de col. De bebidas cajas de cerveza y de invitados todos los amigos de su papá en la construcción además de la novia embarazada del festejado. - ¿Qué tal? – dijo su papá acomodando el parlante – ¿Se ve bacán o no? - No va alcanzar la comida para todos – dijo Jackelina. - Claro hija, sólo es para la familia. Los invitados toman sus tragos, conversan... eso sí, Jackelina, tú no sales porque todos son unos malnacidos ja,ja,ja... unas ratas ja,ja,ja. - Que bueno- repuso la muchacha y se fue a fijar si las papas ya estaban cocidas. Imaginaba como sería viajar en el mar, libre... en esos barcos grandes llamados “Cruceros”. Lejos, lejos, con todas las personas desconocidas, para ir a otro lugar a sembrar sueños. Ya nunca cocinaría, ni lavaría los platos. Trabajaría y se compraría una casa. Tendría un árbol de frutas con una banca de madera debajo. Leería el periódico sin zapatos. Nunca más escucharía la voz de su papá diciéndole que le sirva la comida a sus hermanos. Juntaría mucho dinero y tendría un perro, pero debía ser mostaza, grande y noble. Jugaría con el perro... - ¡Carajo Jacky, las papas se han deshecho! No has botado el agua después de cocerlas y con el calor se han deshecho, cojuda... ¿Tú crees que la plata me regalan? Las palabras transcurrían pero Jackelina estaba pensando en otra cosa... - Anda a fiarte a la tienda. Dile que el sábado le alcanzarás la plata.– dijo el padre para después hacer un silencio sepulcral. - ¿Tienes teléfono? – le estaba diciendo Joseph mientras ella compraba los tubérculos. - ¿Qué haces acá?- dijo Jackelina. - ¿Has llorado?- dijo buscando sus ojos muy de cerca. - Vete. - Parece que hay muchos invitados, ¿no? Jackelina hizo caso omiso, pero cuando se marchaba Joseph caminó a su costado. - Yo lo cargo. - Vete, ahora- repuso Jackelina impaciente. - Hoy nos iremos lejos, ya lo tengo todo listo. Iremos lejos, muy lejos. ¿Quieres escaparte? ¿Hay que escaparnos para siempre? Parecía mentira, parecía tonto lo que decía esa mujer chiquita vestida de hombre, pero por alguna extraña razón Jackelina aceptó. - Eso es lo que quiero hacer desde hace tiempo, tal vez desde que he nacido. - Tengo 900 soles. Podemos hacer muchas cosas con 900 soles. - ¿De verdad tienes esa suma? - ¡Sí!, es todo lo que he podido juntar en este tiempo. - ¿Cuándo nos escaparemos? - Hoy día, pero debes irte sin que se den cuenta. Lo haremos en la noche, así será más fácil. Espera a que todos estén borrachos, una vez que están en otro mundo, nosotras nos vamos al nuestro. Yo te estaré esperando aquí, en el mercado; estaré metida en el chifa. Será seguro más o menos a las diez de la noche, por eso pediré algo a las nueve, desde esa hora. Y si no vienes aún seguiré esperando hasta las doce. Si a esa hora aún no llegas sabré que ya no vienes, entonces lo haremos otro día. - ¿Y si no estás? - Pero si te estoy diciendo lo contrario. - Lo sé. - Vendré y te esperaré. ¿Tú vendrás de verdad? - Sí. Vendré. Para las ocho de la noche las cervezas abundaban pero todos aún se hallaban conscientes. Conversaban, se reían en medio de huaynos y de cumbias. Los niños corrían y jugaban, mientras Jackelina guardaba su ropa en una bolsa grande de supermercado. Sí cabía casi todo. La escondió debajo de la cama, pero faltaba algo más. Se dirigió al dormitorio de su padre y buscó su billetera. Bien, había dejado algo de dinero. Extrajo 70 soles y dejó intacto el billete de 100. Ahora debía buscar el modo de salir de casa llegadas las diez, pero aún no sabía como. En ningún dormitorio había ventana, excepto en la cocina, pero debía atravesar la sala. Respiró fuerte. Eran las nueve, faltaba una hora, debía salir todo a la perfección de otro modo le iría peor. Se miró en el espejo. Sentía su corazón latir. Sería libre. Libreeeeeeee se dijo a sí misma y se iría con Joseph. - Jacky, mi papá dice que compres más cerveza- dijo uno de sus pequeños hermanos. - Ya voy- repuso Jacky. Eran las 9:42, ya debía irse, salir a esa hora era perfecto, pero no habría modo de sacar su ropa. Tuvo una idea. Metió en un balde la bolsa de su ropa y lo llevó a la cocina. Guardó silencio cuando su padre le dijo que deje de hacer tonterías y vaya a comprar rápido. Salió. Todo estaba perfecto. Salió con los 20 soles que le dio el padre. Era la última vez que le tocaba su mano grande, tosca, llena de callos. Caminó. Su corazón latía fuertemente, de susto y de felicidad. Usualmente se hubiera detenido en la tienda, pero la pasó de largo. Hoy era un día diferente. Caminó de largo y volteó a la esquina. Ya podía avizorar el mercado y del mercado el chifa. Un chifa de letrero amarillento, triste tal vez, como todos sus días. Entró. Miró su reloj de plástico. Eran las 10:10. Buscó con la mirada cada asiento. Joseph no estaba. Su bolsa de ropa que había recogido de la ventana le causaba vergüenza, pero aún así ingresó al baño pidiendo permiso a un hombre pequeño y sudoroso. Joseph no estaba. Salió del chifa y se paró en la puerta, junto a la pared. Buscaba por todos lados, miraba de lejos las manchas que se acercaban, eran otras personas, autos, perros, menos Joseph. Estuvo allí hasta las 10:50. Joseph no aparecía. Sintió desesperación ¿qué haría sola? Tenía 70 más 20 soles, ¿a dónde iría? Miles de pensamientos pasaron en su cabeza. Lo que temía además era que su padre le encuentre por allí, seguro ya había mandado a su hermano por ella. Alguien podía verla, alguien podría avisar a su familia. Decidió esconderse detrás de un kiosco de menú ya cerrado. Debía pensar que iba hacer. Se puso una capucha para que nadie dé con su ropa. Sabía que debía salir cuanto antes. Joseph le había fallado. Maldito mentiroso. Imbécil, ojalá que te mueras, decía en sus adentros mientras caminaba, mientras detenía un autobús, mientras subía el último escalón, mientras veía su reloj y ya eran las 11: 52. Un nudo en la garganta parecía ser el motor de sus continuas lágrimas. El autobús se detuvo chirriante. Era como si también su vida de chatarra ya no diera para más, como si se quejara. Jackelina tomó el último asiento y puso la bolsa de ropa sobre sus piernas. Iría lejos, después de transcurrida una o dos horas en el autobús recién bajaría. Alquilaría un cuarto de hostal y al día siguiente buscaría un trabajo, tal vez sería ayudante de chifa cama adentro. O tal vez con 60 soles podría alquilar un cuarto en el peor de los lugares, luego, con el dinero de cualquier trabajo se iría a un lugar mejor, luego… luego juntaría lo suficiente como para mucho tiempo y… Un sentimiento punzante llegó a su corazón cuando desde la luna del autobús observó una sombra tambaleante. Ese pelo lo reconocía desde lejos. ¿Joseph borracho? Bajó del autobús y llamó a voz en grito: Joseeeeph. Se acercaron ambas. Joseph caminaba despacio, un poco encogida. - ¿Vienes tomado? Te odio- dijo Jackelina. - Jackelina… unos malditos me han…- lágrimas incesantes brotaron de sus ojos- me han… - ¿Qué te ha pasado? ¡Todo tu cabello está revuelto y tu ropa está rota! ¡Te han asaltado! Joseph lloró. - Me quitaron mi mochila. Allí tenía una radio nuevecita, me robaron mi ropa y toda la plata… - Malditos. - ¿Qué haremos ahora? Jackelina intentó acomodar su cabello, le compuso la ropa y abordaron un autobús. - ¿Qué haremos? – preguntaba Joseph con los ojos enrojecidos. - Yo tengo 90 soles, podemos… podemos ir manteniéndonos con ese dinero hasta que cobremos la primera semana de nuestro primer trabajo. - Podemos- repuso Joseph. Se quedaron el resto del camino en silencio. - ¿Dónde bajaremos?- preguntó Jackelina. Joseph aún se encontraba en laberínticos pensamientos. - Debemos detenernos en un lugar cercano, donde halla mucho comercio para buscar un trabajo cerca, que sea tranquilo para que no nos roben el poco dinero que tengamos y que sea barato para alquilar un hospedaje. - Vaya, sabes mucho del mundo. - Ja, ja, ja – carcajeó a la fuerza- Si supiera no me habrían robado. Creí esconder el dinero en la casaca, pero esos malnacidos me agarraron del cuello, me rebuscaron todo, se llevaron mi mochila y el dinero de mi casaca… Se fueron caminando justo cuando ya llegaba al chifa. Quise avisar a la policía pero esos cretinos no están cuando alguien los necesita. Después fui a rogar a un compañero de trabajo a que me preste dinero, pero no quiso, aún cuando antes yo solía prestarle. - Yo pensé que… - Estamos en Santa Anita. ¿Bajamos?- interrumpió Joseph Bajaron. Había muchos hospedajes a la vista, pero prefirieron acercarse a uno poco ostentoso. La noche se hacía cada vez más oscura. Sólo los perros ladraban y la gente se hacía menos. - Pensé que no vendrías- dijo Jackelina. - Yo pensé que te habías ido al no encontrarme, quería matarme. - No hables tonterías… - Ese es verde y está decadente, a lo mucho estará 15 soles. ¿Qué dices? En efecto, estaba 15 soles. Se podían marchar después de doce horas, casi era la una y media de la mañana. Apagaron la luz, debían dormir porque sentían que cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo se agotaba el dinero. Al día siguiente debían buscar el primer trabajo que encontraran en el mercado. Siempre había trabajos de adefesio disponibles que tomarían como momentáneo. En la oscuridad ambas se sintieron las personas más solas del mundo. Jackelina imaginaba a su padre llorando con ayuda del efecto de las cervezas para después soltar miles de groserías en su honor, a sus hermanos jugar sin que nada les interese más que su juego, a su hermano mayor con ansias de buscarle porque debía seguir en la casa. ¿Y su madre? Era como si ella no existiese. Joseph recordaba una vez más que estaba sola, que siempre estuvo sola, que desde que huyó de casa a los 15 años estuvo sola. Ahora era una nueva oportunidad, podía ser otra... pero tuvieron que abordarle esos robustos asaltantes. Se abrazaron. Se tenían la una a la otra. Tal vez era algo apresurado, algo sin sentido, pero era mejor. Dos extrañas con los mismos sueños, que deseaban ser libres. Dos iguales. *** Al día siguiente nada sucedió como ellas lo esperaban. Ni Jackelina ni Joseph encontraron nada, excepto la oferta de repartir menús a lo cual dijeron que analizarían. La paga era de 10 soles por día, un verdadero desequilibrio. Decidieron volver al hospedaje. Joseph no decía palabra. Era la más preocupada entre las dos. Jackelina disfrutaba un poco de su libertad. Era un nuevo mundo para ella y todo lo que veía le alegraba pero tampoco dejaba de sentirse preocupada. Estuvieron toda la tarde mirando televisión en la cama, abandonándose a otro mundo lejano a la realidad. Se reían de las escenas de terror de una película muy antigua y miraban con los ojos brillantes. Joseph decía que deseaba comer galletas de coco y jugo de plátano con leche. Y Jackelina imaginaba que comían pollo a la brasa, pero ya habían quedado de acuerdo, sólo debían desayunar y almorzar lo más tarde posible para no cenar. Hoy habían hecho una excepción y habían almorzado un menú simple a las una de la tarde. Poco después Joseph se quedó dormida y Jackelina la contempló por gran rato. Ya se había enterado de su verdadero nombre: Josefina. - Josefina- le dijo mientras dormía. Cuando dieron casi las ocho de la noche ambas despertaron en una completa oscuridad. - Es muy tarde- dijo Joseph. - ¿Nos quedaremos? - No, en Santa Anita hay trabajos estúpidos. Debemos ver a un amigo. Le pediré que nos alquile un cuarto en su casa hasta que tengamos las posibilidades de encontrar algo mejor. Le diré que le pagaremos al finalizar el mes y con los 65 soles que tenemos podemos gastarlo en pasajes. El almuerzo debe estar integrado en nuestro trabajo, ¿sí?. Todo eso lo he estado pensando. Es una buena salida. Incluso por dos meses podría darnos las facilidades. No creo que pase los 60 soles por cada mes considerando que vive en Lurín. - ¿Lurín? ¿Dónde queda? - Lejos, muy lejos Jacky. La casa de la que te hablo es… es muy fea Jacky. ¿quieres ir? Jackelina la miró a los ojos. Joseph comprendió. Irían a cualquier lugar. Joseph tomó las bolsas de Jacky. Los cabellos de ambas bailaban con el viento. El paradero estaba oscuro, no era para menos, eran casi las ocho. Esperaron un carro vacío y cuando llegó lo tomaron con cierta esperanza. Al menos tendrían un techo. Una preocupación menos. Era un autobús gigante y casi gélido de no ser por sus asientos grandes y bien amueblados. Ellas viajaban en el centro tratando de cerrar todas las ventanas superiores. Viajaban riendo de su tonta libertad. Se reían también de viejo borracho de su papá, de los padres violentos de Joseph, se divertían estando solas con el viento en un autobús errante. Joseph se reía de las bolsas de ropa de Jackelina y ella se reía recordando que lo vio tambaleante, con el rostro descompuesto. Joseph disfrutaba la frustración de Jackelina al no poder cerrar la ventana superior y ésta le pedía a la fuerza cambiar de sitio, pero entre risas se sentaron al fondo. - Te cambio de sitio- dijo Jackelina - ¿total? ¿no te gustaba cerca de la ventana? - Este asiento está demasiado incómodo. - Será porque estamos viajando en un microbús. - Apúrate. - No. - Ya pues- rogaba sonriendo. - No. - Es que… Grande fue la sorpresa de Joseph cuando Jackelina saco la incomodidad de su espalda. Sus ojos se abrieron más y brillaron de éxtasis. Jackelina seguía casi sin entender. Joseph reaccionó rápido. Tomó los dos grandes y gruesos fajos de dólares y guardó uno entre la ropa de jackelina y otro en la parte interna de su casaca. - Hay que bajarnos rápido- dijo Joseph- No digas nada, no sonrías; es más, pon cara de tristeza y bajémonos aquí, es un lugar tranquilazo. Bajaron. Se encontraban en la Avenida Arequipa andando con las dos bolsas de ropa y con los dos fajos de billetes escondidos. - ¿Cuánto es?- dijo Jackelina. - Demasiado- contestó Joseph. Hay que tomarnos otro carro, debemos irnos lejos. Nadie lo sabrá nunca. Debemos irnos lejos. Abordaron un nuevo autobús, uno de ruta completamente distinta. Se bajaron en el distrito de los Olivos y alquilaron un hospedaje. - Jackelina, es un sueño. Se abrazaron. Joseph estaba asustada. No quería que saquen el dinero, creía que podía haber una cámara en el techo, por eso prefirió meterse debajo de la cama a contarlo, haciendo amago de buscar un zapato. En el suelo, metida en el escondrijo que permitía la cama, Joseph respiraba fuertemente. En total eran quince mil trescientos setenta dólares. Guardó una mitad entre su brazier y la segunda mitad en el bolsillo interno de su casaca. Compraron un cuaderno y lo llenaron de planes. Y conforme pasaban los días seguían alquilando hospedajes en donde vivir. Miraban televisión y planeaban mucho hasta garabatear hojas enteras. Nunca salían de la habitación hasta que se hayan cumplido las 12 horas, pues solían entrar con la comida. Así pasaron veinte días, luego casi un mes y todo estaba tranquilo. En las noticias nunca salía nada respecto al dinero, ni de robos, ni de pérdidas. ¿Quién podría haber metido el dinero en el forro de los asientos del autobús? Tal vez un gran ladrón desesperado en una de esas batidas- se respondía Jackelina. Sea como sea, el universo le había entregado ese dinero. Eran simples papeles que podían convertirse en algo mucho mejor. Jackelina propuso poner sus planes en marcha antes de que Joseph se vuelva una paranoica cuidadora del dinero. Y lo hicieron. Tenían una casa lejana, grande, de un piso con trepaderas lilas. Tenían un perro grande y una tiendita amable. Casi siempre Joseph cocinaba y Jackelina atendía el negocio mientras veía televisión. Pero había un secreto que ambas ignoraban. Atrás, en un gran rectángulo del suelo destinado para el jardín, crecía un pequeño árbol imponente, sembrado por deseos lanzados hacia los confines del universo, y se proyectaba al cielo alargando sus ramas que prometían flores rosas. De vez en cuando suspiraba brillantes purpúreos como estrellas microscópicas para extender su magia a todos los seres más lejanos, a todos los soñadores que lo mantenían. Ese árbol siempre estuvo en sus corazones. Los cordeles que se mecían contentos con la ropa que bañaba el clima de viento y de sol eran testigos. FIN Comenten, ¿qué les pareció?

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