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Naomi_21

Usuario (Argentina)

Primer post: 15 jul 2011Último post: 16 jul 2011
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En el corredor de un hospital
ParanormalporAnónimo7/15/2011

Estaban remodelando un hospital para que volviera a funcionar. Los albañiles habían hecho los trabajos mas grandes, ahora seguían los electricistas. Augusto y otros cuatro compañeros ingresaron al hospital abandonado. - Tenemos trabajo como para tres meces - dijo Nicolás, quien era el encargado de los electricistas, mientras miraba el viejo cableado que estaba a la vista. Nicolás desplegó un mapa que le habían dado, lo examinó y dijo: - Augusto, andá por aquí, por este corredor - señaló con el dedo - Ahí esta la central, hay que apagar la lave general. Llevá la linterna, esto va a quedar oscuro. Augusto dudó, trató de buscar alguna escusa, tenía miedo de ir solo. - ¿Quien me acompaña?, yo no conozco el hospital. - Yo tampoco, para eso tenemos el mapa, ya te indiqué por donde ir - le respondió Nicolás, con tono autoritario. Muy a su pesar, Augusto tomó rumbo al corredor. Apenas se alejó un poco las Voces de sus compañeros dejaron de oírse. De un lado y del otro del corredor Habían puertas que daban a habitaciones oscuras, Augusto siguió avanzando. Cuando encontró la central, encendió la linterna antes de bajar la llave general. Aún era de día, pero sin electricidad, el corredor parecía un túnel cavado en la Negrura de la tierra, estaba completamente oscuro. Augusto volteaba Continuamente, al iluminar hacia adelante, la oscuridad detrás de el parecía Crecer mas. Delante de el, se escuchó como se habría la puerta de una Habitación, y, seguidamente, salió de su interior un hombre en una silla de ruedas. El hombre en silla de ruedas atravesó rápidamente el corredor e ingresó a otra Habitación que estaba enfrente. Augusto gritó, lanzó un sonido agudo, casi como un chillido. Enseguida se Escucharon unas carcajadas, y de una habitación, salieron los compañeros de Augusto, riendo a mas no poder, le estaban jugando una broma. Con intención de asustarlo, habían entrado a una habitación, y allí encontraron Una vieja silla de ruedas, el hombre sentado en la silla era Nicolás.

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Los exploradores y el duende
ParanormalporAnónimo7/16/2011

Tres niños de corazón aventurero, exploraban la costa de un arroyuelo maloliente. Mas allá de la orilla opuesta, había un colorido y gran basurero, donde Revoloteaba una gran cantidad de gaviotas. En la orilla por donde caminaban los Niños, había una sucesión de fábricas abandonadas, que llegaban hasta pocos metros Del arroyuelo. Como todo los grupos, aquel tenía un líder; ese era Germán; con catorce años era El mayor. Lo seguía en edad Carlos, con trece, y el menor, Alberto, tenía diez.Los tres exploradores estaban armados con resorteras. - !Una rata¡ - gritó Carlos y señaló con la mano. La rata sorteó una lluvia de Piedras, y chillando, se escabulló entre la basura. - Casi la agarramos, esa era grande !que hija de p…¡ - dijo Germán. En el grupo Era casi una obligación incluir alguna mala palabra en todas las frases. Cuando cruzaron frente a un enorme caño, el desagüe de una fábrica, escucharon El maullido de un gato. El sonido provenía del interior del caño, que tenía unos Sesenta centímetros de diámetro. Alberto, el menor, se pasó la manga del abrigo por la nariz, respiró hondo y dijo: - Es un gatito, yo lo quiero para mi. Debe estar trancado en este caño de m… - Si apareces con otro gato en tu casa tu madre se va a enojar, y te va a c… a palos - dijo Germán y apartó a Alberto, que imprudentemente ya intentaba Ingresar al caño. Los tres miraron hacia el negro interior del conducto, los maullidos del gato Continuaban. - ¿Porqué no sale? Tiene lugar de sobra - observó Germán. A Carlos se le ocurrió una idea. Buscó entre las muchas cosas que guardaba En los bolsillos y sacó un encendedor. - Y si tiramos algo prendido fuego, para que alumbre, ahí adentro no se ve un Carajo - a los otros les pareció que la idea era buena. Juntaron barios papeles y los encendieron, luego los arrojaron hacia el caño. Los tres retrocedieron ante lo que vieron; las llamas de los papeles, iluminaron El cuerpo de un ser pequeño, como un bebé, pero tenía barba y arrugas en la Cara, y los ojos le brillaban de forma entraña Solo lo vieron por un instante. Las llamas de los papeles crecieron hasta incendiar Todo el caño, una sustancia inflamable empapaba el lugar. Aquel ser horrible, pronto fue envuelto por las llamas. Los tres exploradores emprendieron la retirada. Sus corazones aventureros Palpitaban con fuerza, atrás quedó el ser retorciéndose entre las llamas.

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5 mini-relatos de terror
ParanormalporAnónimo7/16/2011

La jarjaria. Hace más o menos 3 años, un amigo de mi hermano nos contó que en su casa eso de las 12 de la noche luego de trabajar fue a su casa a dormir, pero antes de dormir tenía hambre, va justo a la cocina a ver qué hay de comer, enciende una linterna y apunta a la cocina, y se encuentra un perro que estaba de espalda. Él se acerca al perro y vio algo terrible, jamás visto en la vida, el perro tenía cara de persona, el perro, al ver al muchacho, desapareció misteriosamente. El muchacho, muy aterrado, se da cuenta de que era una jarjaria. El muchacho muy aterrado, se va a dormir, y siempre va a la misa a orar por su casa, porque teme volver a ver a la jarjaria. Este relato fue sierto, aunque no lo crean. En la Puerta de mi cuarto Bueno, lo que les voy a contar me pasó ya hace 5 años atrás. Cuando un día yo y mi hermana estábamos haciendo la tarea del colegio y estábamos comiendo fruta, y yo le digo a mi hermana. Ya hay que votar este mango ya está podrido y de pronto se abre la puerta de mi cuarto y entró una anciana, todo de negro, chiquita, no más ella y nos hiso una seña, como pidiendo en mango que nosotras lo íbamos a votar y nos hiso una seña, como pidiéndola. Como ella tenía hambre y yo con mi hermana, nos asustamos mucho por ella, me dijo. Vistes lo que vi y yo le dije sí, qué fue, no sé, y salimos corriendo del cuarto. He vuelto Todavía recuerdo su cara cuando la encontramos, estaba pálida y apenas pudo gesticular palabra. Aquella presencia la había alejado de nosotros para siempre. Sólo pudo señalar un espejo en el que estaba escrito: "He Vuelto"; entonces comprendimos que ninguno de nosotros lograríamos enterrar el recuerdo de Laura. Nunca debimos permitir que Laura pasara por eso, deberíamos haber pedido ayuda, pero no hicimos nada. Nos quedamos callados. Por eso aquella noche Laura volvió. María fue la única que la vio y desde ese momento, la perdimos para siempre. La liebre Era una espléndida mañana de un mes veraniego. José jugaba plácidamente con su pelota de colores. Una confianzuda liebre se le arrimó, con aspecto curioso. El niño la miró embelesado. La liebre le devolvió la mirada, con sus ojos completamente negros. José sintió aquella observación como si se la clavaran en la cabeza. Sus manos temblaron ligeramente, sus pupilas se dilataron, como si aquellos ojos negros lo envolvieran y lo penetraran. Quizá este sentimiento de invasión de la oscuridad fue lo que impidió a José ver que la liebre se acercaba lentamente. Entonces, el animal saltó, dirigiéndose a la cabeza del chico. Los pájaros huyeron despavoridos por el estruendoso grito que desgarró el aire. Una pelota rodó por el césped. Un cuerpo inerte yacía ensangrentado en un jardín. Un pequeño animal se agazapaba sobre aquella masa de carne inmóvil, regodeándose con el triunfo de su batalla y la sangre del caído. Cuento triste Una tarde me contó que su padre bebía. Me contó que su padre bebía cuando él era un niño. Bebía para olvidar las penas y a veces olvidaba que tenía un hijo. Los sábados, pasado el divorcio, su madre lo duchaba y lo vestía con sus prendas más bonitas. Siempre un jersey azul. Su color favorito era el azul. Aún a veces se viste de azul. Le echaba un chorro de colonia en el pelo y lo peinaba como a un niño serio, como un príncipe pequeño. A la hora de la merienda iban juntos al parque y esperaban al padre. Él bien peinado, vestido de azul. Después de la hora de la merienda llega la hora de la cena. Él y su madre en el parque. No había rastro del padre. No había padres en el parque. Sólo madres e hijos que pasada la hora de la cena se volvían solos a casa, sin hambre y sin padres. Tristes, bien peinados y azules. Se metían juntos en la cama y juntos leían susurrando un cuento. Un cuento para olvidar, pero todos los cuentos les parecían demasiado tristes esos días y entonces cerraban las tapas duras del libro infantil, repleta de dibujos tiernos, lo empujaban con cuidado debajo de la cama y cerraban los ojos. Sólo entonces, una vez ya se habían rendido, se permitían el lujo de despeinarse.

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eL Almohadon de plumas. (Sintesis)
eL Almohadon de plumas. (Sintesis)
ParanormalporAnónimo7/16/2011

Jordan y Alicia estaban recién casados, pero ninguno de los dos imaginaba que esa unión duraría poco tiempo. Eran una pareja de opuestos. El, hombre parco que la amaba sin demostrar sus sentimientos y ella, una tierna mujer que con cada palabra y gesto le demostraba a diario su gran amor. Vivian en una casa antigua, con grandes salones llenos de un silencio melancólico. En la decoración predominaban las esculturas, cuyas sombras y recovecos completaban el hogar donde Jordan y Alicia vivían su nueva vida. Una vida que Alicia, sin saberlo, comenzaría a perder poco a poco. De improviso Alicia enfermó de influenza y estuvo postrada en cama varios días. Cuando pudo volver a levantarse lucía débil y muy delgada. Poco después, volvió a caer en cama víctima de un gran agotamiento. A medida que pasaban los días sus fuerzas desaparecían más y más. Su mente delirante la hacía ver monstruos que querían devorarla en cuerpo y alma. Los médicos no tenían explicación alguna para el delicado estado de Alicia. Jordan no la dejaba sola ni un instante y era fiel testigo de cómo su mujer se consumía en un torbellino febril. Para ella, cada esfuerzo que hacía para respirar era un peso gigantesco que la arrastró hasta el minuto final en que su cuerpo quedó sin vida en el lecho, con la cabeza hundida en el almohadón de plumas, ese que no había querido que le movieran durante todo el tiempo que permaneció en cama. Algo había en ese almohadón, un extraño enigma que contenía una parte importante de Alicia. Al momento en que la mucama tuvo que limpiar el dormitorio de la fallecida, le llamó la atención el almohadón, porque tenía una manchitas oscuras bordeando la marca que había dejado la cabeza de Alicia al posarse sobre él. Entre Jordan y la mucama sacaron el almohadón para examinarlo a la luz y con más detención. Pesaba demasiado y eso era muy raro en un simple almohadón. Jordan lo rompió y comenzó a escudriñar en su interior. Las plumas comenzaron a salir hasta que dejaron al descubierto a un monstruoso animal de piel pegajosa y oscura. Un engendro hinchado de tanto alimentarse con la sangre de Alicia. Porque día tras día, los delgados tentáculos del animal habían succionado desde la cabeza de Alicia gota a gota su sangre, hasta dejarla tan seca como una hermosa planta a la que se deja de regar, hasta matarla. Horacio Quiroga Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 – Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937), cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos breves, que a menudo retratan a la naturaleza como enemiga del ser humano bajo rasgos temibles y horrorosos, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe. La vida de Quiroga, marcada por la tragedia, los accidentes de caza y los suicidios, culminó por decisión propia, cuando bebió un vaso de cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires a los 58 años de edad, tras enterarse de que padecía de cáncer de próstata.

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El misterio de la casa de campo.
ParanormalporAnónimo7/16/2011

Para alejarse del trajín de la ciudad, durante su licencia, Mario alquiló una casa En las afueras, cerca de un pequeño pueblo. Desde la casa se veían praderas y bosques. Los techos del pueblo apenas Perturbaban la armonía del paisaje. La gente de la zona era saludadora, se respiraba Un aire puro, el aroma de los bosques de eucaliptos iba y venía, perfumando todo Con su frescor. Durante su primer día en aquel lugar, Mario recorrió varios Senderos, se paseo por el pueblo, y hasta se dio un chapuzón en un arroyuelo. Cuando llegó la noche y la oscuridad, a Mario le resultó algo inquietante el Silencio que dominó el paisaje. Las últimas luces del pueblo se apagaron temprano; El pueblo mismo pareció desaparecer en la oscuridad, y a no ser por el ladrido de Algún perro, no había sonidos que indicaran que estaba allí. Mario se acostó temprano. Despertó durante la madrugada, al escuchar unos Pasos rondando por la habitación. En la oscuridad de la habitación, distinguió la figura de un hombre que caminaba de un lado para el otro, llegaba asta un extremo, giraba, y volvía a caminar. - !Todo el pueblo está contra mi¡, están todos locos, ¿porqué a mi? - dijo Repentinamente el hombre que caminaba por la habitación. Mario, desde la cama, lo observaba aterrado y confundido. De repente se oyeron Unos golpes fuertes acompañados por el griterío de una muchedumbre. - !Ya están aquí, quieren entrar a la casa¡, !ah, pero a mi no me van a agarrar vivo, a mi no¡ - volvió a hablar el hombre, y, seguidamente, subió a una silla, Rodeó su cuello con una cuerda que colgaba del techo y saltó. El hombre quedó colgando, meciéndose, después de unos segundos desapareció, Los ruidos de la muchedumbre cesaron, todo volvió a estar en silencio. Cuando la claridad del día comenzaba a ingresar por la ventana, Mario, después De pensar mucho, estaba por convencerse de que todo aquello solo había sido Un mal sueño, una pesadilla; pero al mirar hacia el techo, vio, en una viga, un Trozo de cuerda, en el mismo lugar en donde el hombre se había ahorcado.

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