MUJERIEGO
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Era la madrugada del domingo 28 de octubre de 2007, no había mucho movimiento en la calle. Los bares y discotecas estaban cerrados porque ese mismo día se celebraban las elecciones presidenciales. El hotel donde el santiagueño Pablo Amín mató a su esposa, María Marta Arias, queda frente a un parque oscuro, lleno de los ruidos propios de una ciudad con una agitada vida nocturna, pero esa noche, la ciudad se apagó temprano por la veda electoral, y el silencio permitió que los empleados del hotel escucharan claramente el grito de un hombre, que luego fue identificado como Amín: “Mandame el ascensor”. El conserje y el recepcionista del hotel interpretaron al instante que la voz no vino desde la calle. Según declararon, era una voz gruesa. El recepcionista subió por las escaleras y en el descanso, entre el primer y el segundo piso, vio algo. Se quedó inmóvil, petrificado, con el espanto de quien observó aquello que no se puede contar, menos aún olvidar. Había un hombre desnudo -sus dos metros de alto y sus 120 kilos hacían aún más aterradora la escena para quien luego sería uno de los testigos principales de la causa-, sentado en la espalda de una mujer acostada en el suelo, también desnuda. Rubia y de piel muy blanca. La tomó de los cabellos y golpeó la cabeza contra el suelo, “desencajado” según dijo el testigo en su declaración. Lo hizo una y otra vez. La mujer no dijo nada; sólo sangraba. Las manchas rojas venían del piso de arriba; la arrastró por las escaleras. El recepcionista buscó una mirada de auxilio en el rostro de la mujer. Ella no lo pudo mirar, ya no tenía los ojos. Había dos agujeros negros donde deberían estar las esferas blancas con pupilas azules. Desangró por ahí su última mirada. Amín fijó su vista en el recepcionista y le gritó: “¡El ascensor que la maté; maté a mi mujer!”. El empleado del hotel salió a la calle a buscar el patrullero que habitualmente recorre la zona; el miedo fue más fuerte que la obligación, pero aún con sus manos temblorosas alcanzó a llamar a la policía. El domingo 28 de octubre, mientras los tucumanos votaban para elegir Presidente, el comentario de los ojos arrancados no faltó en ninguna de las mesas electorales. Los mismos policías que trabajaron en los comicios fueron los primeros comunicadores del horror antes que cualquier diario se enterase de los detalles. En una ciudad pequeña el infierno del hotel se hizo enorme. El día anterior había empezado con Amín invitando a pelear a un vendedor de la empresa Herbalife, quien horas antes había llegado con él a la capital tucumana. Ese mediodía había disertado en el Hotel del Jardín, en el corazón de la ciudad. Allí habló sobre la preparación de un licuado de Herbalife y notaron que transpiraba mucho: “No era el de siempre, se trababa al hablar, algo que no había pasado nunca cuando hablaba de los productos”, declaró luego Luís Bader, su amigo. Hacía calor, no cualquiera, sino el calor tucumano, húmedo y difícil de soportar, más aún para un hombre de una gran contextura física que se movía a los gritos de una punta a la otra y que quería pelearse con un vendedor de la misma empresa. Aquel mediodía, Amín desafió a Bader a pelear en un estacionamiento, por no haber nombrado a la madre de Pablo durante su exposición. La vereda oeste de 25 de Mayo al 500 fue el ring que sólo tuvo al gigante con las manos arriba, pidiendo por un ausente contendiente, hasta que llegó su mujer María Marta y lo tranquilizó. Bader no estuvo con Amín en la calle, ni el salón. La pareja se fue apurada, según los testigos. Buscaron su auto. Luego dejaron el vehículo en una estación de servicio, y según la declaración judicial de Amín, a partir de ese momento empezó a escuchar una voz interior femenina que decía que alguien lo quería matar: “Pablo, corré que te van a matar”. Huyeron subiendo y bajando de taxis y colectivos, pero terminaron a tres cuadras donde habían empezado: en la Catedral. El templo no era en ese momento un lugar de reflexión. Cientos de niños que esperaban el bautismo, impacientes y somnolientos, habían llenado de llantos la iglesia. Pablo entró apurado, quizás para callar esa supuesta voz asesina que lo perseguía; quizás para simular locura y tener testigos fieles. Junto con su esposa se colocó primeros en la fila. No respetó la cola. -¡Padre, bautícenos!-, pidió Amín. Y el párroco José Navarro le indicó que se corriera, que esperara al costado. -Padre, necesito que nos bautice… -, repitió y le hizo señas al fotógrafo que esperaba el turno de uno de sus clientes. El religioso, José Navarro (entonces vicario), sorprendido por aquella intromisión, le tocó el rostro y el fotógrafo Fabián Amante disparó su cámara en el momento justo. Luego, los buscó para venderles la imagen pero no los encontró. Esa foto la obtuvo luego el diario El Siglo gracias a un fotógrafo del diario que encontró a Amante en un laboratorio y le ofreció $50, tres días después. “Se que valía mucho más, pero bueno, agarré la primera oferta”, se lamentó Amante ante Pedro Noli, el único periodista que logró ubicarlo luego del crimen. Ahora que sabe fue la última foto con vida de la víctima del crimen más escalofriante que tuvo la provincia, se lamenta aún más. Antes de salir de la Catedral, Pablo Amín tomó un trago de agua bendita. “Tenía prisa y los ojos perdidos. Su mujer lloraba”, recordó el padre Navarro. Pablo y María Marta se separaron cuando salieron de la Catedral. Ella se asustó por el extraño comportamiento de su marido y fue a buscar a sus amigos. Él quedó sólo y, en la plaza Independencia, le pidió a un policía que lo arreste. Éste se sorprendió y llamó al móvil. Amín subió al patrullero tranquilo y entró a la comisaría pidiendo agua. Le dieron un vaso y después se tiró al piso, a tomar de la canilla. -Jefe, déjeme acá. Enciérreme-, le pidió Pablo al comisario Ibáñez. La noche ya había caído en Tucumán. Walter, el amigo de la pareja, se alojaba con su mujer en el hotel Catalinas Park. “Vení, quedate con nosotros, mañana nos vamos a Santiago”, le dijo Walter. Amín y su mujer se registraron en el hotel a las 0.17 del domingo, consta en la planilla de la recepción. En la comisaría no lo quisieron encerrar y lo mandaron a un hospital. Luego Pablo y María Marta fueron al hotel, saludaron en el bar, y los vieron subir en el ascensor tomados de la mano, hasta que se cerró la puerta. La única persona que sabe exactamente qué pasó de ahí en más es Pablo Amín. Según su declaración en la Justicia, llegaron los dos a la habitación 514; María Marta se quitó su pollera corta y su remera verde, dobló las prendas y las dejó sobre la silla. Pablo se sacó el pantalón oscuro y la camisa. Se acostaron desnudos, sin hablar, hasta que ella le dio la espalda en la cama. En ese momento se habría suscitado una discusión entre ambos, producto del reclamo de Pablo porque Marta no lo había ido a ver a la comisaría y por su demora en irlo a buscar cuando estaba en el hospital. El hombre, entonces, se enfureció. Montó sus 120 kilos sobre el pecho de María Marta y comenzó a ahorcarla con las dos manos. “Lo hice con toda mi fuerza, la maté”, declaró Amín ante el juez. Los huéspedes de las habitaciones cercanas no escucharon gritos. O por lo menos eso dijeron. El televisor y el aire acondicionado de la habitación 514 estaban encendidos, y Pablo Amín asfixiaba a su mujer sobre la cama. María Marta enmudeció. Entonces, Amín habría tomado un elemento cortante y con precisión de cirujano y presuntamente cortó el perímetro del globo ocular derecho, con cuidado de no dañarlo, lo tomó con los dedos y lo arrancó de las órbitas. Lo mismo habría con el izquierdo y después los acomodó sobre la cama, uno a la par del otro, como buscando una última mirada redentora en las pupilas azules. Quedaron así, hasta que los encontró la policía. De acuerdo con las investigaciones, luego introdujo la punta filosa en las partes íntimas de su mujer y giró la muñeca para un lado. Después para el otro, una y otra vez. Cortó un pedazo de carne de dos centímetros que quedó tirado sobre la alfombra. Después le hizo tajos en las mejillas, en las que quince minutos antes, cuando subían al ascensor, le había dado un beso. Amín apareció desnudo en el pasillo del quinto piso, con su mujer en el suelo. Se acercó al ascensor y apretó el botón. Luego fue a la habitación 513 y golpeó violentamente la puerta. Dejó manchas de sangre por todas partes. De ahí arrastró el cuerpo hasta la escalera. En el cuarto piso dejó un gran charco de sangre; volvió a tomarla de los cabellos y la arrastró hasta el descanso, entre el primer y el segundo piso, mientras pedía a gritos el ascensor. En ese momento llegó el recepcionista Sergio Núñez, quien se espantó cuando lo vio. Estupefacto, logró reaccionar como pudo y bajó en busca de un teléfono para llamar a la policía, que no demoró más de tres minutos en llegar a la escena del horrendo crimen. Cuando subieron los policías, seguía el cadáver de la mujer en el suelo, pero ahora Amín lo pateaba con bronca. “¡Tirate al piso!”, le ordenó a los gritos uno de los policías, quien luego declaró que Amín “no debía estar tan loco” porque apenas sacó el seguro del arma, “se quedó quieto”. En ese momento, el asesino fue detenido Las fotografías que tomó la policía de Criminalística son horrorosas. Muestran una mujer desnuda, tirada en el piso, con la bombacha rota, fuera de lugar, subida, cerca de los senos. Se ve un primer plano de la víctima: una macha de oscura nace donde deberían estar sus ojos. En el cuarto piso había una mancha más grande que las demás; además, había sangre en el botón del ascensor del quinto piso y en la puerta de la habitación 513. Y mucha más en el acceso a la habitación 514. La fotografía número 72 muestra a dos globos oculares, colocados uno a la par de otro sobre las impecables sábanas blancas. El arma con la que Amín le arrancó los ojos nunca apareció. Los investigadores creen que no la pudo haber tirado por el inodoro porque no hallaron sangre en el baño. Si la arrojó por la ventana, lo hizo desde la cama y la policía no la encontró donde podría haber caído. El abogado de la familia de la víctima, Dr. Mario Leiva Haro, sospecha que la podría haber entregado a los huépedes de la habitación 513, que eran amigos de Amín. Ellos dijeron que no escucharon nada. En los minutos en que estuvo en el hospital, luego de estar en la comisaría, Pablo hizo un escándalo al caerse y derribar un modular con elementos quirúrgicos. Según el letrado, ese dato sería clave en la investigación del crimen, pues el hombre habría robado de ahí un bisturí Lo que María Marta y su familia nunca imaginaron El día del asesinato, la pareja había llegado de La Banda, su ciudad natal. Ambos nacieron y se criaron ahí. Él, Pablo Antonio Amín, de 24 años. Exitoso vendedor y consumidor del polvo dietético Herbalife. Ganaba, según cuenta el expediente unos $7.000 mensuales. Robusto, gigante, manejaba un Citroën C3 con calcos de la firma que lo había hecho adelgazar 40 kilos en cuatro meses, en 2005. Pesaba, entonces, 160 kilos. Desde entonces, su vida giró en torno al producto adelgazante y tonificante. Ella, María Marta Arias, estudiante de tercer año de Ciencias Económicas, era callada y discreta. Pablo no había gustado a sus hermanos, “siempre pensé lo peor”, dijo Juan Manuel durante el juicio, pero nadie duda que “lo peor” que había imaginado no había sido esto. Se conocieron de chicos, cuando cursaban Inglés, y tres meses antes del crimen se habían casado, sólo por iglesia porque María Marta enferma con lupus no quería perder la obra social de su padre que era la que costeaba su tratamiento. Pablo, ¿seguro que estás bien?”. “Sí, sí. No te preocupés. Quiero ir a mi pieza. No pasa nada”. Pablo Antonio Amín, un santiagueño de 24 años domiciliado en la localidad de La Banda, mantuvo en los primeros minutos de ayer este diálogo con su amigo Walter. Después tomó el ascensor y subió hasta el quinto piso del Catalinas Park, ubicado en avenida Soldati 380. Junto con su esposa, María Marta Arias, de 23 años, ingresó en la habitación 514 y cerró la puerta. La pareja había llegado a Tucumán el sábado, y se hospedó en el hotel con otros dos matrimonios. Todos venían a un congreso de la empresa Herbalife, para la que trabajaban. Pablo mide casi dos metros y pesa más de 100 kilos, según dijeron los amigos. El joven les confesó ese día que hacía cuatro noches que no dormía. No se lo veía alterado, pero lo habían escuchado hablar en forma incongruente. El sábado a la tarde fue hasta la plaza Independencia acompañado por su esposa y de pronto comenzó a gritar que lo perseguían para matarlo. Quienes lo vieron aseguran que comenzó a correr sin rumbo fijo, pasando por delante de autos y motos, hasta que se detuvo junto a un policía, al que le pidió ayuda. María Marta Arias no entendía lo que estaba pasando. El agente llamó a la base y en una camioneta lo llevaron hasta la sede de la Patrulla Urbana. En el camino habría dado a entender que su problema era con Arias. “Ella ya no me quiere. Me quiere alejar de todos”, habría confesado. Desconfianza “No quiero hablar con mi esposa, no quiero hablar con mis amigos. No confío en nadie”, le dijo al comisario Luis Ibáñez. Finalmente accedió a que su amigo Walter estuviera con él. “Este no es un problema policial, sino médico”, advirtió el comisario, y le dijo a Amín que lo llevarían al Hospital Padilla. El hombre, luego de pensarlo unos momentos, accedió. En el nosocomio estuvo una hora; no le dieron ningún tratamiento, y finalmente recibió el alta médica. Las tres parejas fueron a comer a un bar cercano al hospital y luego regresaron al hotel. Amín rechazó la invitación a tomar café con sus amigos. Estos lo vieron subir al ascensor de la mano de su esposa. El horror estaba a punto de comenzar. El análisis de la escena del crimen permitió reconstruir gran parte de lo sucedido. Tanto Amín como Arias estaban desnudos, pero no es seguro que hayan mantenido relaciones sexuales. Amín, un experto en artes marciales, habría atacado a su esposa cuando estaba ya dormida; por de pronto, el hombre no presentaba lesiones defensivas. En el cuello de ella quedaron las marcas de los dedos de él. Así la mató. Nadie en el quinto piso escuchó nada. No hubo gritos ni peleas. Habían pasado pocos minutos de las 2. Amín utilizó un elemento filoso (un cuchillo, una trincheta o una hoja de afeitar) para sacarle los globos oculares; los puso sobre la cama. Con el mismo elemento le hizo varios cortes en la frente y después comenzó a golpear el cuerpo. Este presentaba grandes hematomas en el tórax, en la espalda, en los brazos y en las piernas. Pero además la joven había sufrido profundas heridas en la vagina y en el ano. La habitación quedó teñida de rojo. No se sabe qué hizo Amín con el arma. Después, tomó el cadáver de los cabellos y salió de la habitación. No lo vieron, pero el rastro de sangre les permitió a los investigadores saber qué había sucedido. Bajó por las escaleras hasta el 4º piso y tiró el cuerpo por el hueco hacia el tercero. Caminó hasta allí y siguió arrastrando de los pelos el cuerpo hasta llegar al primer piso. En ese momento lo descubrió uno de los empleados del hotel y llamó al policía Miguel Concha, que estaba de guardia afuera. Cuando el uniformado llegó al primer piso, se asustó: Amín pateaba el cadáver con violencia. Fueron necesarias cuatro personas para reducirlo. “No se preocupen, estoy en estado de emoción violenta”, les advirtió, como dando a entender que la Justicia no podría juzgarlo. Desde el piso, seguía lanzando patadas hacia donde estaba el cuerpo de su esposa. Su furia asesina era incontenible. “El Señor los va a perdonar” “Por favor, dénme agua; estoy deshidratado. Me tragué el anillo. Lo tengo en la garganta. Dénme agua, y el Señor los va a perdonar”. Los alaridos de Pablo Amín se escuchaban desde la calle. “Quiero H2O. Quiero agua. Tengan misericordia”, gritaba Amín, a pesar de que le habían administrado tres calmantes por vía intravenosa. Los agentes policiales estaban estupefactos. LOS DIAS DESPUES DEL ASESINATO El agresor está sedado y atado a una cama Su tamaño impresiona. Los enormes pies de Pablo Antonio Amín sobresalen de la camilla, en la que está rigurosamente maniatado y conectado a un suero. La mayor parte del tiempo se encuentra dormido. Cuando despierta, divaga. Habla de fútbol y de cables de computadoras, hasta que llega alguien de delantal celeste y vuelve a inyectarle tranquilizantes. Entonces, se duerme otra vez. Afuera del calabozo, custodiado por cuatro policías, deambulan otros pacientes del hospital Obarrio, donde fue internado el joven, después de que asesinó a su esposa María Marta Arias, en el hotel Catalinas Park. Todos hablan del horrible crimen. Amín llegó muy temprano al nosocomio, donde será atendido por psiquiatras para determinar si tiene alguna patología. Los profesionales aún no pudieron definir un diagnóstico del paciente, puesto que desde que ingresó y hasta hoy permanecerá sedado, según informó la directora del Obarrio, Nélida Romano. Sin visitas Hasta anoche, los familiares de Amín no habían llegado a verlo desde Santiago del Estero, donde vive. Por este motivo, los especialistas tampoco pudieron determinar aún si es que hay antecendentes de crisis semejantes en su historia. “Por la descripción de los hechos que hizo la Policía, estimamos que podría tratarse de un brote psicótico, que es una de las peores patologías de la psiquiatría. No obstante, mientras no entrevistemos a sus allegados y no hablemos con él, no podemos diagnosticar el caso”, especificó. “Además, estamos esperando los resultados de los análisis para saber si el joven ingirió alguna sustancia, que pueda haber agravado sus trastornos de conducta”, añadió. Romano detalló que los brotes psicóticos son difíciles de prevenir. “La persona se ve algo distinta días o momentos antes. Está rara, retraída o contesta mal. Pero, en general, no se ve la gravedad del caso. Después, de repente, viene el brote psicótico, en el que la persona pierde la noción de la realidad. Los hechos devastan el poder de la conciencia”, explicó. La psiquiatra comentó que en el hospital ya tuvieron pacientes que habían sufrido brotes psicóticos, como madres que incendiaron sus casas y mataron a sus hijos, por ejemplo. “No tienen conciencia en ese momento. Pierden la dimensión de todo lo que pasa. Ni siquiera reconocen a la persona a la que le están haciendo daño”, apuntó. Ayer al mediodía, Amín fue trasladado al Hospital Centro de Salud, donde se le realizaron algunos estudios médicos. “Sabemos que es una persona que sufre obesidad, por lo que pedimos que lo examinen. Padece edema bilateral (hinchazón de piernas) y tiene flebitis”, indicó Romano, aunque aclaró que esto no tiene nada que ver con los problemas psiquiátricos que, al parecer, padece el joven de 24 años. El médico de guardia José Fernández, quien lo recibió en el Centro de Salud y lo atendió en el hotel, luego del crimen, comentó: “el joven estaba fuera de sí, como desconectado; decía incoherencias y no se lo podía dominar”. “Clínicamente está bien, pero es evidente que es un paciente psiquiátrico”, recalcó. Deshidratado A Fernández le llamó la atención que Amín se encontrara deshidratado. “Puede haber sido por efecto de bebidas, o medicamentos que contengan diuréticos. Veremos de qué se trata en los resultados de los exámenes toxicológicos”, adelantó. Como es muy pesado y está sedado, no pudieron realizarle radiografías, entre otros estudios. Tampoco se le pudieron tomar muestras de orina para los análisis, aunque sí de sangre. Los médicos contaron que el paciente no muestra signos de haber participado en una pelea. PABLO AMIN SALE A DECLARAR link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=<object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/nj741fa1h_E&hl=es&fs=1&"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/nj741fa1h_E&hl=es&fs=1&" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object> EL JUICIO Retiraron a Amín de la sala por interrumpir el juicio a los gritos El santiagueño Pablo Amín, acusado de asesinar a su esposa María Marta Arias en la vecina provincia, se negó a declarar en el juicio que se inició este lunes en los tribunales de la capital tucumana. Respondió con incoherencias cuando el tribunal le preguntó sus datos personales. Fue retirado por orden del tribunal porque interrumpía la audiencia a los gritos. Pablo Amín se sentó en el banquillo de los acusados este lunes para responder sobre el homicidio de su esposa, ocurrido el esposa el 28 de octubre del 2007, en el hotel Catalinas Park de San Miguel de Tucumán. El acusado se negó a declarar diciendo: "Cierro mis labios" en medio de incoherencias y gritos. Pasado el mediodía, el tribunal decidió retirarlo de la sala ya que interrumpía constantemente la audiencia con gritos incoherentes. Su abogado Roberto Flores comentó a medios tucumanos que "cuando le preguntaban datos personales (Amín) dijo palabras incoherentes. Esto fue un crimen psicótico, es decir que no fue premeditado. Amín no pudo responder correctamente ni su edad", señaló. Por el contrario el defensor de la familia Arias Mario Leiva, repudió la actitud del acusado al afirmar que "la estrategia defensiva es la misma del comienzo. Es toda una sobreactuación del delincuente para demostrar lo indemostrable. Cuando los psiquiatras comiencen a hablar, tirarán por tierra toda la estrategia", dijo Leiva indignado. Pablo Antonio Amín comenzó a ser juzgado este lunes por el homicidio de su esposa María Marta Arias. El hombre, ya confesó el homicidio -perpetrado hace casi dos años- cuando declaró ante la fiscal Adriana Reinoso Cuello. Según lo manifestado por las partes, el debate girará en torno a si Amín es imputable o no, debido a su estado mental y la posibilidad que haya actuado bajo los efectos de un brote psicótico. Actualmente, Amín permanece detenido en el sector de máxima seguridad del penal de Villa Urquiza, en Tucumán. Al estar imputado de homicidio agravado, puede recibir una sentencia de prisión o reclusión perpetua. Sin embargo, el tribunal puede decidir -en caso de que determine su inimputabilidad- que el santiagueño sea internado en un hospital especializado. Los vocales Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Emilio Páez de la Torre serán quienes juzgarán a Amín. La querella sostiene que Amín premeditó el asesinato Mientras la defensa de Pablo Amín insiste en que su figura es inimputable, la querella afirma que se trata de un hombre “persona conciente” y asegura que ya tenía pensado matar a su esposa. “todo lo que hizo fue un circo para intentar justificar lo injustificable”, aseguraron. La abogados que componen la querella contra Pablo Amín, afirmaron que el santiagueño acusado de asesinar a su esposa María Marta Arias en un hotel tucumano, es “una persona conciente y capaz que comprendió todo lo que hacía”, oponiéndose así, a los argumentos de la defensa, que sostiene que la figura de Amín es inimputable debido a su salud mental. Mario Leiva, abogado querellante, afirmó que “ha quedado plenamente acreditado y probado, que estos supuestos estados de Amín en el Penal han sido inexistentes y que esas conductas eran típicas y comunes en el resto de los presos. Por otra parte, el testimonio de los policías y empleados del hotel que intervinieron la noche del hecho también han sido un punto importante para el descubrimiento de la verdad. Los policías manifiestan que Amín no obedecía sus órdenes, hasta que uno de ellos remontó su arma, momento en el que él desiste de su actitud y se entrega para que lo esposen. Este hecho, sumado a lo que dicen los guardiacárceles en referencia de que Amín se aprovecha de los policías de una contextura física menor a la de él, nos da la pauta que estamos ante una persona consciente y capaz, que comprendió lo que hacía en el momento del hecho y hasta el día de hoy”. “No es un enfermo inimputable, sino una persona fría, fabuladora y manipuladora que en todo momento acomodó su actuaciones para justificar lo que iba a hacer”, aseguró Leiva con respecto a Pablo Amín, agregando que consideran que cuando llegó de Santiago a Tucumán “ya tenía pensado matar a María Marta y todo lo que hizo fue un circo para intentar justificar lo injustificable”. Por su parte, Roberto Flores, abogado defensor de Amín, consideró que “ha quedado claro que, si bien el psicótico sabe distinguir entre el bien y el mal, no lo hace cuando tiene un delirio agudo como el que sufrió Pablo Amín” “Ese mandato, esas voces que escuchaba y le daban una orden, son las que provocaron la muerte de esta persona. Pablo Amín cometió un crimen pero no podría haber actuado de otra manera por el delirio que estaba sufriendo en ese momento”, aseguró el abogado. Declaraciones de los empleados y custodios del hotel Los empleados y custodios del hotel tucumano en el que Pablo Amín perpetró el asesinato, declararon durante la nueva jornada del proceso judicial, brindando pormenores de aquella fatídica noche. Los uniformados, coincidieron en afirmar que escucharon gritos y encontraron a Amín en el pasillo, sobre el cuerpo de su esposa, tomándola de los pelos y golpeando su cabeza contra el piso. “El cuerpo de la señora estaba en el piso, boca arriba, las manos en cruz. Amín estaba sentado en el abdomen, agarrándola del cuello y golpeando la cabeza contra el piso (...) le pregunté que había hecho y él me respondió maté a mi mujer. Le dije que se tire al piso y no obedeció, y cuando saqué la pistola y la remonté se tiró al piso y me pedía que no le dispare”, expresaron. Además, los custodios informaron que encontraron en la cama de la habitación donde se alojaba el matrimonio, los ojos de la víctima. Finalmente, uno de los médicos psiquiatras que analizaron la conducta de Amín, manifestaron ante el juez que su diagnóstico sería “una psicosis paranoica”, dejando entrever que no se encuentra enajenado (con pérdida de conciencia del mundo y de su yo). “Las veces que recibí al señor Amín, en un principio era una persona que estaba en su máxima cordura. Pero aparentemente, cuando se da cuenta que está hablando bien comenzaba a decir incoherencias, a fabular”, aseguró otro de los médicos. Aseguran que "Amín estaba bajo el influjo de voces que le decían qué hacer" Mientras golpeaba y asesinaba a su esposa, Pablo Antonio Amín seguía las órdenes de voces alojadas adentro de su cabeza. Eso es lo que sugirió el psicólogo Luis Seiffe, ex jefe del Instituto de Criminología del penal de Villa Urquiza, al declarar esta mañana en la tercera jornada del juicio oral que se le sigue al santiagueño. Ante los jueces Emilio Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Emilio Páez de la Torre, el experto manifestó que el 27 de octubre de 2007, cuando se produjo el crimen, Amín sufrió una psicosis paranoica. "Estaba bajo el influjo de unas voces que le decían lo que tenía que hacer", detalló. Seiffe fue más allá: señaló que la enfermedad mental diagnosticada al homicida no se modifica con el paso del tiempo. Consideró, empero, que el asesinato se podría haber evitado si se advertían las conductas extrañas que mostró antes de ultimar a María Marta Arias. "Creo que Amín no está simulando", afirmó. Interminables desvaríos Durante la instrucción, Amín le relató a la fiscala Adriana Reinoso Cuello lo que pasó el día del crimen. El 27 de octubre llegó a la provincia con su mujer para participar de un congreso de la firma Herbalife, para la que ambos trabajaban. Ese sábado, el hombre tuvo un comportamiento errático: subió y bajó compulsivamente de vehículos, tomó agua bendita de una jarra en la Catedral, pretendió que lo bautizaran, corrió entre los autos en inmediaciones de la plaza Independencia y luego se tiró sobre el capot de una camioneta de la Policía. Los agentes lo llevaron al Hospital Centro de Salud y desde allí, luego de ser examinado por un médico, regresó al hotel. A las 2 subió a la habitación 514 y se acostó junto a su mujer. Como él no quiso declarar, se leyó lo que le había dicho Amín a la fiscala. "Mientras estaba acostado me puse sobre ella y comencé a apretarle el cuello con las manos con todas mis fuerzas", relató en esa oportunidad. Luego, mientras Arias agonizaba, la cortó los párpados con un bisturí y después le arrancó los ojos con las manos. Tras esto sacó el cuerpo de la habitación y lo arrastró hasta el primer piso, donde lo descubrieron los empleados del hotel. El lunes pasado, durante los 20 minutos que duró la lectura de los hechos Amín, demostró que sabía de lo que se hablaba. Al menos dos veces se paró de su asiento y sin dejar de gesticular dijo "yo hice esto". Incluso cuando se describió el estrangulamiento, hizo el típico gesto con las manos como apretando un cuello. "¡Si señor!", casi gritó cuando remarcaron que no dejaba de patear el cuerpo exánime de su compañera. Continuamente les hablaba a sus abogados Roberto Flores y Martín Zottoli y refutaba por lo bajo la opinión de los fiscales Marta Jerez de Rivadeneira y Daniel Marranzino, y del representante de la querella, Mario Leiva Haro. Ayer, en la segunda jornada de las audiencias, Amín amenazó de muerte a un hermano de la víctima; balbuceó un sinfín de palabras (en inglés y en español) e interrumpió a abogados y testigos con sus interminables desvaríos. Luego de echarlo del recinto otra vez, tal como había sucedido el lunes, los miembros de la sala II de la Cámara Penal se abocaron a tratar de dilucidar qué harán con él. Se dieron cuenta que ni en el penal de Villa Urquiza ni en el Hospital Psiquiátrico Obarrio, dos posibles destinos del imputado, quieren (o pueden) hacerse cargo. En el Obarrio no tienen infraestructura para contenerlo, y en la cárcel no hay especialistas suficientes. Eduardo Núñez Campero, director del Instituto de Criminología del penal, y Nélida Romano, directora del nosocomio, difirieron en sus consideraciones acerca de la salud mental del imputado. Núñez Campero dijo que está loco, y Romano lo negó. Las integrantes de una junta médica afirmaron que Amín sufre trastornos de personalidad que no le impiden saber lo que está bien y lo que está mal. "Es consciente de sus actos", indicó la psicóloga Gabriela Serrano Amín pateó en la cara a un comisario cuando era trasladado a tribunales Pablo Antonio Amín protagonizó un nuevo escándalo en la segunda jornada del juicio oral en la que los jueces tratarán de determinar si está loco o no. Es imputado por el asesinato de su esposa María Marta Arias en 2007, en un hotel frente al parque 9 de Julio. Alrededor de las 8.30, cuando Amín era trasladado hacia la sala de los Tribunales y mientras subía por las escaleras hacia el primer piso, sorpresivamente giró y golpeó con su pie el rostro del comisario David Leiva, quien se encontraba unos escalones más abajo e integra la guardia de seis policías que lo acompañan en forma permanente. Rápidamente fue reducido, en medio de los gritos del imputado, quien vestía la misma ropa que ayer. Igual fue llevado a la sala, en donde continuaron escuchándose las declaraciones de diversos testigos que formaron parte de una junta médica. A poco de tomar asiento junto a sus abogados, Amín nuevamente comenzó a balbucear en voz alta frases poco claras, mientras tomaba el micrófono de manera repetida. Pese que fue llamado al orden en repetidas ocasiones, hizo caso omiso de los pedidos. Por esta razón, el tribunal ordenó que fuera llevado hacia una oficina contigua. La directora del hospital Obarrio, Nélida Romano, el primer lugar en donde fue alojado el imputado, luego del horroroso crímen, expresó que "Mientras estuvo allí su comportamiento fue normal, con algunas crisis de ansiedad, pero nunca tuvimos problemas con él", manifestó a LA GACETA. Ante la consulta sobre el comportamiento actual del Amín, sostuvo: "me parece extraño porque entendía todo lo que se le indicaba. Es raro que ahora se comporte así porque esa conducta tampoco se ajusta a un perfil patológico". Y respecto de si la actitud actual del imputado sería una actuación, dijo: "podría ser". Ni en la cárcel ni en el hospital quieren a Amín Durante los 12 minutos que permaneció en la sala de audiencias del Palacio de Tribunales, Pablo Antonio Amín amenazó de muerte a un hermano de la mujer que asesinó hace dos años; balbuceó un sinfín de palabras (en inglés y en español) e interrumpió a abogados y testigos con sus interminables desvaríos. Luego de echarlo del recinto otra vez, tal como había sucedido el lunes, los miembros de la sala II de la Cámara Penal se abocaron a tratar de dilucidar qué harán con él. Ayer, se dieron cuenta que ni en el penal de Villa Urquiza ni en el Hospital Psiquiátrico Obarrio, dos posibles destinos del imputado, quieren (o pueden) hacerse cargo de Amín. El 27 de octubre de 2007, el hombre llegó desde Santiago del Estero junto a su esposa, María Marta Arias. Ese día, protagonizó incidentes en la Catedral y en la vía pública. Fue arrestado y llevado al Centro de Salud; un médico lo examinó y le dio el alta. Esa noche, Arias y Amín volvieron al hotel Catalinas Park, ubicado frente al parque 9 de Julio. Estaban acostados en su cama cuando el santiagueño se subió encima de su esposa, la ahorcó y la mutiló hasta matarla. Minutos después, personal del hotel encontró al hombre arrastrando el cuerpo de Arias por las escaleras, pateándolo y gritando. Ayer, durante la primera parte del debate, las integrantes de la junta médica que examinó al santiagueño concluyeron su explicación sobre el diagnóstico oficial. El lunes, durante la primera audiencia, las especialistas habían señalado que Amín sufre trastornos de personalidad, pero estos no le impiden saber lo que está bien y lo que está mal. "Durante las entrevistas, el paciente decía recordar el daño que había producido y sabía que no podía repararlo", dijo una de las psicólogas, Gabriela Serrano. Además, agregó: "las conductas que manifestaba no podían enmarcarse en un cuadro psicótico, pero sí en uno de personalidad antisocial". Luego, el tribunal les preguntó a las especialistas si un individuo con las características psicológicas de Amín puede estar en un penal. Ellas contestaron al unísono: "sí". Esta posibilidad fue rebatida por el psicólogo Eduardo Núñez Campero, director del Instituto de Criminología de Villa Urquiza. "Si tuviéramos un equipo tratante, sí; pero el tipo de tratamiento que necesita Amín requiere una energía y una frecuencia que hoy no podemos proporcionar. Somos cinco psicólogos y una psiquiatra (que está de licencia) para atender a cerca de 800 internos", aclaró Núñez Campero. El psicólogo entrevistó a Amín en seis o siete ocasiones, según dijo, y brindó dos posibles diagnósticos: psicosis paranoica o esquizofrenia paranoica. "La segunda es mucho más grave que la primera", aclaró. Sin embargo, cuando el representante de la querella, Mario Leiva, le preguntó si el acusado podía distinguir entre lo que estaba bien y lo que estaba mal, el psicólogo dijo que sí. Luego, Núñez Campero dio varios detalles sobre la personalidad de Amín. Según declaró, el santiagueño le contó de varios episodios violentos que había protagonizado a lo largo de su vida. Además, dijo que tiene una inteligencia "media-alta" y que existe la posibilidad de que esté simulando una enfermedad mental para que los jueces determinen su inimputabilidad. "Sin embargo -precisó-, eso no significa que no esté realmente enfermo y que esa patología esté presente. Un loco puede simular que está loco y, según mi opinión, Amín lo está". Ante la consulta de los defensores Roberto Flores y Martín Zottoli sobre si el imputado debía ser llevado a un neuropsiquiátrico, Núñez Campero respondió: "tiene que estar en un lugar donde sea tratado adecuadamente". La otra campana Nélida Romano, directora del Hospital Obarrio, aclaró que la institución a su cargo no está en condiciones de recibir a Amín. "Somos un hospital de puertas abiertas; no tenemos infraestructura suficiente para alojar personas presas o detenidas. Lo hacemos por orden de la Justicia", declaró. Además, la psiquiatra detalló que el Obarrio tiene 102 pacientes, de los cuales 12 tienen conflictos con la ley. "Hay por robo agravado, homicidio, abuso sexual", relató ante los jueces Emilio Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Emilio Páez de la Torre. "Pero en el hospital sólo hay un destacamento con un jefe policial y un agente. Luego, la Justicia puede disponer una custodia especial para el paciente", prosiguió. El 20 de diciembre de 2007, Romano le envió una nota a Fernando Avellaneda -entonces secretario ejecutivo del Siprosa, hoy viceministro de Salud de la Nación- expresando que no era recomendable que Amín esté en ese hospital. "Le comunicaba a mis superiores la situación, en especial con la cuestión de los procesados", añadió Romano. La respuesta no se hizo esperar: "los oficios que envía la Justicia son de cumplimiento obligatorio La psiquiatra de la cárcel dijo que Amín no está loco La quinta jornada del juicio oral que se le sigue a Pablo Antonio Amín por el crimen de su esposa María Marta Arias volvió a contar con la presencia del imputado. Sus defensores, Roberto Flores y Martín Zóttoli, le solicitaron a los jueces Emilio Herrera Molina, Emilio Páez de la Torre y Alberto Piedrabuena que le permitieran ingresar a la sala. Ayer, el tribunal había resuelto que el acusado de homicidio agravado esperara en una habitación contigua, a fin de que los testigos pudieran declarar tranquilos. Hoy revertieron la decisión. El santiagueño volvió a mostrar su comportamiento habitual. Al ingresar a la sala, saludó a los presentes con una frase en inglés: "good morning (buenos días)". Luego sonrió a los fotógrafos y camarógrafos, hizo muecas y gestos al público y balbuceó algunas palabras inteligibles. La primera en declarar fue la psiquiatra del penal de Villa Urquiza, María Carina Cejas Córdoba, quien aseguró que Amín puede ser alojado allí. Consultada por el juez Páez de la Torre sobre si el imputado "estaba loco", la profesional le respondió con un seguro "no". "Mi hermana era buena y él la manipulaba" Ayer, declaron Juan Manuel y Claudio Aria, los hermanos de la víctima. "El siempre fue una persona violenta", coincidieron, y dieron dos hipótesis sobre qué motivó al joven a asesinar y a mutilar a su esposa hace casi dos años en un cuarto de hotel. El primero en sentarse frente al estrado fue Claudio, de 30 años. Recordó que su hermana conoció a Amín cuando eran niños, en un instituto privado de inglés. "Años después, él se acercó a ella para ofrecerle los productos que vendía, que eran de Herbalife. Mi hermana tenía lupus (una enfermedad crónica), y él le dijo que con eso se curaría. Aprovechó eso para acercársele", relató. "Lamentablemente -prosiguió-, María Marta era una persona influenciable, muy ingenua. Para ella, todo el mundo era bueno". A los cuatro meses de noviazgo, se casaron por Iglesia. "A los tres días de convivencia, él ya no dejaba que la veamos y la manipulaba. Ella no contaba nada. Estaba muy cambiada. Había dejado de verse con sus amigas y de estudiar... Creo que tenía miedo de que ese tipo nos haga algo a nosotros o a mis padres. No tengo dudas de que la tenía amenazada psicológicamente", agregó. Luego, añadió que Amín siempre fue un hombre agresivo. "Cuando tenía 10 años, tengo entendido que mató a otro chico de un balazo jugando con un arma de su padre. No sé en qué habrá quedado eso, pero ya de grande golpeó a su madre, andaba fuerte en auto y le tiraba la bronca a medio mundo", dijo. Cuando terminó de declarar, antes de levantarse, miró fijo al tribunal e imploró: "espero que se haga justicia por la muerte de mi hermana. No pido nada más". Después habló Juan Manuel, quien recordó cómo se enteró del brutal crimen. "Mi familia llegó en un auto. Yo no entendía qué pasaba, porque todos estaban llorando. Hasta que uno de mis hermanos se bajó y me dijo: ’el gordo puto mató a Marta; no sé qué le hizo, pero la mató’"... Además, dijo que Amín obligó a la víctima a dejar su tratamiento contra el lupus. "Le descubrieron la enfermedad en 2004. Yo la llevé casi muerta a Córdoba. Pero él le prohibió hacer el tratamiento. Durante las conferencias que daba, le gustaba exhibirla como un conejillo de indias, porque lo único que le dejaba tomar era el producto que vendía. Lo peor es que ese producto tenía un alto contenido de sodio, y eso para una persona con lupus es terrible", declaró con lágrimas en los ojos. Aclaró también que siempre se opuso a la relación entre ellos. "La primera vez que lo vi en casa le dije a mi mamá: ’¿qué hace este tarado internacional acá?’", indicó. Juan Manuel asegura que quizás Amín mató a su hermana porque ella se negó a seguir consumiendo ese producto. La otra teoría del hombre es que el santiagueño actuó de esa forma presa de un ataque de celos. "Creo que el también sospechaba que le era infiel. El no sabía la persona que tenía al lado", finalizó. fuente:diario El Liberal, Diario La Gaceta, www.diariopanorama.com ESPERO LE HALLA GUSTADO LA INFO A MEDIDA QUE VAYAN PASANDO LOS DIAS DEL JUICIO VOY A IR AGRAGANDOLE INFORMACION GRACIAS POR COMENTAR
Registrate y eliminá la publicidad! SANTIAGO DEL ESTERO Se trata de Fabián "Ovejita" Nicolossi, quien había perpetrado diferentes ilícitos en perjuicio de entidades financieras. Huyó de la unidad penitenciaria disfrazado de mujer, aprovechando el día de visitas. Intensos operativos policiales para dar con su paradero. El recluso Fabián “Ovejita” Nicolossi, escapó del Penal de Varones disfrazado de mujer, aprovechando una confusión durante el día de visitas en la unidad penitenciaria. Nicolossi se encontraba preso tras intentar robar una entidad financiera en la localidad de Los Juríes y ser partícipe del robo millonario a la madre del abogado Víctor Daniel Nazar. Actualmente, un amplio operativo policial que incluye el corte de rutas, se ha desplegado en la provincia, para dar con el paradero del delincuente prófugo, según informó a DiarioPanorama.com una alta fuente judicial. Según trascendió, alrededor de las 18 horas, los guardias se dieron cuenta de la ausencia de "ovejita" cuando pasaron lista. Inmediatamente, todo el personal que estaba en la guardia de visitas, fue relevado, y será llevado a tribunales para prestar declaración ante el juez de turno, Gustavo Herrera, quien habilitó su despacho. No se descarta que algunos pudieran ser imputados. Nicolossi habría utlizado para escapar, una peluca negra. El delincuente salió del lugar por la puerta de visitas. Luego, habría montado una moto Kawasaki en la que continuó su huída. FUENTE: www.diariopanorama.com
Registrate y eliminá la publicidad! El Departamento Banda está ubicado en el Centro-Oeste provincial, limitando al Norte con el Departamento Jiménez, al Sur con Robles y Capital, al Este con Figueroa, al Oeste con los Departamentos de Río Hondo, Capital y Jiménez. Históricamente el Licenciado Basualdo forma parte en la historia éste departamento por haber sido en El Polear, Localidad del mencionado departamento, la fundación real de Santiago del Estero, efectuada por Nuñez de Prado en 1.552, como Ciudad del Barco del Nuevo Maestrazgo (Barco III), y por ser su espacio geográfico uno de los más importantes asentamiento de las poblaciones precoloniales y ceramistas. Culturas Mercedes, Sunchituyoj y Averías. El Departamento Banda consta de una superficie de 3.597 km2, un 2,6 % del total provincial, siendo por superficie el 14º departamento dentro de las 27 jurisdicciones en que se divide políticamente la provincia. Según el censo del año 2001, en el Departamento Banda vivían 128.387 habitantes, el 15,95 % del total provincial. Con respecto al censo de 1.991 se observa un ascenso en el peso poblacional prelativo (que en tal censo ascendía al 12,96 %). La cabecera departamental es la Ciudad de La Banda, distante a 8 km. de la ciudad capital, a la cual se llega cruzando los puentes sobre el Río Dulce. Esta localidad tiene 95.178 habitantes, un 74% del total del departamento. Otras poblaciones importantes de Banda son Clodomira, Estación Simbolar. Banda es un Departamento dedicado principalmente a la producción de algodón, batata, trigo, cebolla, tomate, zapallo, maíz, sandía, melón, papa, y en lo que respecta a la ganadería se destaca la cría de ganado bovinos, lanares, caprinos, porcinos y yeguarizos. Además cuenta con yacimientos minerales como ser, sal común, arenas, ripios, arcillas. La población ocupada del departamento es de 25.987 personas, un 3,31 % de la población total. Según datos del último censo, el que sigue es el perfil ocupacional del departamento: Total de Empleados Empleo Público Empleo Privado Cuenta Propia Patrón y Trab. Familiar Nº % Nº % Nº % Nº % Nº % Banda 25.987 100 7.446 28,65 9.415 36,22 6.747 25,96 2.150 8,27 Sgo. del Estero 186.446 100 49.398 26,5 67.522 36,5 50.345 27,0 19.181 10,3 En el Departamento de Banda se encuentran los Municipios de Segunda categoría de la ciudad de Clodomira y el de Primera de la ciudad de La Banda y las Comisiones Municipales de Los Quiroga y Simbolar según el siguiente esquema: Población %Departamento %Provincia Municipios La Banda 1º CPN RUIZ Héctor 95.174 74,13 % 11,831 % Clodomira 2º HERRERA José 9.043 7,04 % 1,124 % Comisiones municipales Los Quirogas JIMENEZ Abel E. SUAREZ Magali 1.109 0,86 0,13 Simbolar ALDERETE Omar E. IÑIGUEZ Segundo D. 1.960 1,53 % 0,244 % Antaje 177 0,14 % 0,022 % Ardiles 174 0,14 % 0,022 % Cañada Escobar 219 0,17 % 0,027 % Chaupi Pozo 374 0,29 % 0,046 % La Aurora 631 0,49 % 0,078 % La Dársena 537 0,42 % Esta es la primera locomotora que llego a la ciudad La banda de noche Las aguas danzantes que tenemos El conocidisimo puente carretero que inspiro a tantos musicos Monumentos de escultores que diseñaron para el cumpleaños numero 96 La hermosa plaza belgrano El verdon (mmm si hablara) La fiesta de los carabajal ( si abre tomaoooo) Festival de la Salamanca El extraordinario club ciclista olimpico (Este año volvimos a la A) El glorioso central argentino (aguante los albos) Este es otro equipo de la banda creo que se llama sarmiento Bueno espero que les guste y no duden en venir a la banda que la verdad es muy linda su gente es muy calidad y nos gusta mucho la chacarera,el vino y el asao gracias. Quiero agradecer tambien a ChuloXeneize que sin la ayuda de el no hubiera podido realizar este trabajo gracias <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Los fanáticos de las pick-up y especialmente de la Chevrolet S10 tienen algo qué mirar aquí con el casi imperceptible restyling que le han hecho. Estas fotos son del modelo Executive y se puede ver una nueva parrilla, más recta, con el logo al centro y una continuación en la defensa hecha en plástico color negro que la hace ver más agresiva; esta toma de aire termina en un detalle de aluminio. Las ópticas son las mismas, al igual que los faros antiniebla. La “toma de aire” sobre el cofre es más grande, ya que se lanza hacia el frente; la mayor novedad tiene lugar en el techo con la leyenda Chevrolet al frente en plástico negro, similar a otras pick-ups japonesas. Los estribos son de un tamaño más generoso y con apariencia de aluminio. En el interior casi no hay cambios, lo más “profundo” pasa por el color de fondo en el tablero que mezcla azules y rojos. Chevrolet aún no confirmó cuándo presentará la nueva S10 en Latinoamérica, específicamente en Argentina y Brasil donde, por si hace falta remarcarlo, es la pick up más vendida desde hace doce años. Diseño La cuarta generación de la S10 resalta sus características con un diseño más robusto y musculoso, una toma de aire en el capó más grande, una parrilla renovada, nuevos paragolpes y faros traseros, entre otros cambios. En el interior se encuentran nuevos relojes en el tablero y telas en los tapizados, pero con la misma comodidad de siempre que caracterizó a este modelo. Las versiones DLX y LTD cuentan, además, con nuevos diseño de llantas de aluminio, como destacados. Motor Probado y aprobado por miles de usuarios que la exigen todos los días en sus trabajos, el motor de la Chevrolet S10 es uno de sus aspectos más destacados. Su 4 cilindros MWM Turbo Diesel de 2.8 litros y 140 cv con inyección directa de combustible le confiere gran potencia, un consumo reducido y una durabilidad pocas veces vista. Confort Aire acondicionado; dirección hidráulica; equipo de sonido con cd; alarma de luces encendidas; columna de dirección con regulación en altura y apoya brazos delantero central con portaobjetos son algunos de los elementos de confort que se incluyen de serie en la Chevrolet S10. Las versiones DLX y LTD también incorporan alzacristales eléctricos delanteros; espejos retrovisores exteriores eléctricos; cobertor de caja de carga; luneta corrediza; barras para portaequipajes en el techo; y caja de transferencia con accionamiento electrónico, entre otros diferenciales. Seguridad En materia de seguridad, Chevrolet S10 Cabina Doble cuenta con sistema de frenos hidráulico con doble circuito en paralelo con sistema antibloqueo ABS en las cuatro ruedas; sistema de diferencial autoblocante Trac-Lock; barras protectoras laterales en las puertas; y cinturones de seguridad y apoyacabezas en todas las plazas. Las versiones DLX y LTD incorporan, además, doble airbag y luces antinieblas delanteras. Para mi la mejor chata en el mercado argentino espero les guste
Registrate y eliminá la publicidad! INGREDIENTES: 1 Cabrito chico de 4,500 kg 0,500 grs de cebolla 0,250 grs de pimiento rojo 1 cabeza de ajo vinagre 15 cucharadas aceite 5 cucharadad sal y pimienta PREPARACION: Trozar el cabrito en varias partes cuando mas chicas mejor para que sea mas sabroso, picar la cebolla, el pimiento y el ajo bien chiquitos, colocarlos en un bols con el vinagre y el aceite para que vaya tomando el saborcito de la verdura. Dejar pasar 30 minutos, salar y colocar pimienta a gusto una vez salado poner el adobe de verdura arriba del cabrito dejar que se adobe bien en la heladera maso menos 5 horas( si lo comen al mediodia prepararlo el dia anterior si no al revez) mandarlo al horno caliente 1 hora y media maso menos y comerlo con un vinito tinto y acompañarlo con papas y batatas al horno AQUI LES HAGO VER COMO QUEDO se me quemo un poquito la asadera y buee uno hace lo que puede Y ESTA ES LA OTRA AQUI VIENE LA YAPA O SEA EL POSTRE FRUTILLA CON CREMA Listo espero les halla gustado ahora me voy a comer porque ya esta