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Jordy Lemoine nació el 14 de enero de 1988 en Caen (Francia). Es hijo del productor discográfico Claude Lemoine y de la compositora Patricia Clerget. Cuando aún no había cumplido los 3 años, comenzó a actuar en algunas reuniones familiares y esto motivó a que su padre se decidiese a grabar un disco para él. Claude le hizo una prueba ante los ejecutivos de Columbia Records y estos quedaron tan sorprendidos que no dudaron en aceptar la financiación de su primer single. De este modo, en 1992 su progenitor logró con enorme paciencia que Jordy cantase una de sus canciones. Después de largas sesiones usando la mesa de mezclas, Claude logró dar uniformidad al conjunto, obteniendo como resultado el tema de música dance "Dur Dur D'Être Bébé". Esta canción fue un auténtico hit no sólo en Francia, sino también en numerosos países europeos y en Japón, logrando vender seis millones de copias. Además formó parte de numerosos discos de mezclas de música dance. Debido al éxito de esta primera propuesta, ese mismo año Jordy grabó su primer disco titulado "Pochette Surprise". La novedosa idea de convertirlo en bebé-cantante, resultó graciosa para el público y su popularidad subió como la espuma. Actuó en numerosos programas de televisión (muchos de los que vimos sus actuaciones españolas en directo, comprobamos que mientras interpretaba la canción en playback y realizaba una sencilla coreografía, el pobre crío estaba más perdido que El Fary cantando con AC/DC). De su álbum, se extrajo un segundo single titulado "Allison", una canción que giraba en torno a una supuesta novia de mismo nombre. También fue célebre al formar parte del libro Guinness de los récords como el cantante más joven del mundo. Como no podía ser de otra forma, en 1993 grabó un nuevo single titulado "It's Christmas, Cest Noel", otro tema dance cantado en francés pero con su estribillo en inglés, que formó parte de la banda sonora de la insufrible comedia norteamericana "Mira quien habla ahora" (1993), protagonizada por un por aquel entonces muy perdido John Travolta y Kirstie Alley. En 1994 salió al mercado su segundo álbum "Poiton magique", que aunque causó menor impacto que su primer trabajo, tuvo una buena acogida comercial. Su tercer y último disco fue "La Récréation" (1996) y resultó un fracaso estrepitoso. Por si fuera poco, a lo largo de ese año sus padres tuvieron la mala idea de crear una atracción turística infantil llamada "La Ferme de Jordy", que les reportó enormes pérdidas económicas. Tras este incidente, sus padres acabaron divorciándose y en sus años de adolescencia, Jordy logró emanciparse legalmente y abandonó el mundo del espectáculo para trasladarse a una granja cerca de Caen, donde estudió danza y música. En 2005 reapareció públicamente a través del reality show francés "La Ferme Célébrités", participando en la segunda temporada de este popular espacio. Ahi les dejo un video para los que no se acuerden de este fracaso link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=http://www.youtube.com/watch?v=7IiLZ0dvDWU
Josef era el mayor de los tres hijos de Karl Mengele y su esposa Walburga (fallecida en 1946), unos acaudalados industriales de la ciudad de Günzburg (Baviera). Sus hermanos pequeños eran Karl y Alois. Mengele estudió medicina y antropología en las universidades de Munich, Viena y Bonn. Josef Mengele creció en Günzburg en medio de un ambiente de clase alta alemana, por lo que adquirió hábitos de caballero que, sumado a su buena imagen, atraían al sexo opuesto y le abrían muchas puertas en la sociedad alemana. Su padre, Karl, era industrial y se hizo rico. Josef adoraba a su madre entrañablemente, a pesar de ser muy severa y estricta; sin embargo, mantenía cierta distancia con su padre. Una característica física distintiva de Mengele era un notorio espacio interdental entre los dientes superiores frontales. En 1933 su padre, quien era nazi acérrimo, ofreció su salón industrial a Hitler para que este pronunciara un discurso en Günzburg; por estos servicios, Karl Mengele recibió amplias facilidades económicas para hacer crecer su negocio. En Munich, Josef se doctoró en antropología en 1935 con una tesis doctoral acerca de las diferencias raciales en la estructura de la mandíbula inferior, bajo la supervisión del profesor Theodor Mollison. A continuación viajó a Frankfurt, donde trabajó como ayudante de Otmar von Verschuer en el Instituto de Biología Hereditaria e Higiene Racial de la Universidad de Frankfurt. En 1938 se doctoró en medicina con una tesis doctoral titulada Estudios de la fisura labial-mandibular-palatina en ciertas tribus. Josef Mengele, a partir de las convicciones de Otmar von Verschuer, se convirtió en un antisemita acérrimo, convencido plenamente de la superioridad de la raza aria y con un absoluto desprecio por el judío. La vocación médica de Mengele estaba orientada al estudio genético-racial, más que a la medicina curativa. Josef, quien pertenecía a las juventudes hitlerianas, se incorporó a las SA en el momento que éstas estaban a punto de desaparecer como grupo armado, y tuvo que renunciar. Intentó incorporarse a las SS pero no tuvo un éxito inicial; debió intentarlo tres años después. Se casó en 1938 con Irene, una hermosa y educada dama de religión luterana (a pesar de que Mengele era católico) y tuvo un hijo llamado Rolph. LA BODA DE IRENE Y JOSEF MENGELE En 1932, a la edad de 21 años, Mengele se afilió a la Stahlhelm, Bund der Frontsoldaten, asociación nazi que se incorporó a la Sturmabteilung (SA) en 1933 y que Mengele abandonó poco después alegando problemas de salud. Se afilió al partido nazi en 1937 y en 1938 entró en la Schutzstaffel (SS). Entre 1938 y 1939 sirvió durante seis meses en un regimiento de infantería ligera de tropas de montaña. En 1940 fue destinado a la reserva del cuerpo de médicos, comenzando un período de tres años en el que serviría en una unidad Waffen SS, la 5ª SS Panzergrenadier Division Wiking. En 1942, en Rostov, resultó herido en una pierna en el frente ruso y fue declarado no apto para el combate. Gracias a su comportamiento brillante frente al enemigo en el frente oriental, fue ascendido al rango de capitán. Fue reasignado entonces como Lagerarzt, médico de un campo de concentración (KZ). EL DOCTOR MENGELE EN SU CONSULTORIO DE AUSCHWITZ Descontando un breve período pasado en un hospital de Leipzig, donde cursó su internado, y su gira con la División Vikinga, Josef Mengele practicó muy poco la medicina en enfermos y heridos antes de llegar a Auschwitz. Las evidencias indican que allí no aumentó su experiencia clínica. Si Mengele hubiera estado interesado en el tratamiento de las enfermedades, Auschwitz le habría ofrecido una gran variedad de oportunidades. Para todo prisionero, la enfermedad implicaba un gran riesgo. Todo el que contrajera una dolencia grave o sufriera una herida que le dejara inválido se arriesgaba a la inmediata selección para una terapia de Zyklon B. Mengele fue enviado al campo de concentración de Auschwitz en sustitución de otro doctor que había caído enfermo. El 24 de mayo de 1943 se convirtió en el oficial médico del llamado campo gitano, una parte de Auschwitz-Birkenau. Consecuentemente, Mengele se convirtió en el oficial médico en jefe del principal campo de enfermería de Birkenau. Sin embargo, no fue el oficial médico en jefe de Auschwitz; por encima en la jerarquía se encontraba el médico de la fortificación, Eduard Wirt. Muchos hombres de las SS, en los KZ, utilizaban su posición para explotar sexualmente a las prisioneras, a pesar de las estrictas órdenes de Himmler sobre las relaciones con judíos. Fania Fenelon, la cantante que escribió Playing for time sobre sus experiencias con la Qrquesta de Auschwitz, solía obedecer ocasionalmente la orden de cantar para Mengele en su alojamiento. Poco antes de morir, Fenelon habló de sus encuentros con el médico; su entrevistador quedó con la clara impresión de que ella estaba hablando de un antiguo amante. Constantemente circulaban rumores sobre las relaciones de Mengele con mujeres del campamento. Una de las candidatas preferidas era la guardia Irma Grese, de veintiún años, que formaba parte de su comitiva. Grese, una rubia de ojos azules, a la que muchos consideraban hermosa, se había formado como enfermera bajo las órdenes del doctor Kad Gebhardt, médico personal de Himmler y cirujano ortopedista; abandonó ese trabajo por un empleo en una granja, pero acabó enrolándose en las SS. Grese causó en sus superiores una impresión lo bastante buena como para que se la pusiera al frente de treinta mil mujeres. Como Mengele, se enorgullecía mucho de su aspecto físico y se acicalaba durante horas antes de presentarse con lo mejor de las ropas confiscadas. En otras ocasiones le encantaba pavonearse por el patio con sus botas altas, su pistola en la cadera y un látigo en la mano, Al parecer, le gustaba azotar a las mujeres en los pechos, exhibiendo una veta sádica de origen sexual. Muchos estaban convencidos de que Grese era lesbiana, pero otros la asociaban íntimamente a Mengele. Capturada por los británicos cuando liberaron el campo, Grese fue condenada por crímenes de guerra y ahorcada en 1945. Fue durante su estancia de 21 meses en Auschwitz cuando el doctor Mengele alcanzó la fama, ganándose el apodo de "El Ángel de la Muerte". Cuando los vagones de tren repletos de prisioneros llegaban a Auschwitz II (Birkenau), con frecuencia Mengele esperaba en el andén junto a otros médicos para seleccionar a los más aptos para el trabajo y la experimentación, así como a quienes serían enviados inmediatamente a las cámaras de gas. En esta primera etapa, Mengele se paraba en una rampa frente a las filas e indicaba con un gesto de la mano quién moría y quién vivía: a la izquierda iban las mujeres jóvenes y hombres de evidente buen estado de salud; a la derecha iban los ancianos, niños, mujeres embarazadas e incapacitados. Los que quedaban en la fila de la derecha iban directamente a las cámaras de gas. Los supervivientes de este campo que conocieron a Mengele lo describían como un oficial impecablemente acicalado, muy apuesto y perfumado, de gestos aristocráticos y poseedor de una extraña mezcla de condescendencia y una ferocidad morbosa ante el poder de decidir quién vivía o moría. Muy pocas veces, Mengele demostró humanitarismo respecto de alguno de los condenados, e incluso mató personalmente a algunos cautivos por desobedecer las reglas. Se llegaron a conocer casos de perversión sexual practicada con las mujeres de la fila izquierda, azotando los pechos con un látigo o realizando defenestraciones que invalidaban a las muchachas que, tarde o temprano, terminarían en las cámaras de gas. El oficial del megáfono les explicaba que hombres y mujeres se separarían. Aquellos en condiciones de trabajar formarían una columna. Una segunda columna incluiría a los ancianos, los niños, las mujeres con hijos pequeños y todo aquel que fuera considerado demasiado débil para trabajar en pro del Tercer Reich. Esa segunda columna iría inmediatamente a las aldeas donde vivían los internos y organizarían las labores domésticas. Todo era parte de la complicada ficción que se mantenía en los KZ. Los que no eran considerados aptos para el trabajo iban directamente a las cámaras de gas, deteniéndose sólo para desvestirse. Ni siquiera se registraba su llegada a Auschwitz; los funcionarios del campamento desconocían sus nombres y sus lugares de origen. DIBUJO DE JOSEF MENGELE REALIZADO POR UN PRISIONERO Naturalmente, el sistema requería de un médico que juzgara quién estaba en condiciones de trabajar como esclavo y quién debía ir directamente a la muerte. El doctor Josef Mengele comenzó a desempeñar ese papel en mayo de 1943, casi inmediatamente después de su llegada. Los testigos declararon haberlo visto cumplir con esa función por lo menos setenta y cuatro veces. Es muy posible que haya estado junto a las vías en muchas ocasiones más, pero quienes allí lo vieron murieron. De cualquier modo, varios supervivientes ofrecen vívidos recuerdos de Mengele como seleccionador de los recién llegados. El día en que Miklos Nyiszli, patólogo húngaro, vio por primera vez la luz de Auschwitz, reparó en “un joven oficial de las SS, de impecable uniforme, con una escarapela de oro adornando su solapa y las botas bien lustradas”. Cuando Nathan Shapell bajó a tropezones del tren, en 1943, vio a “cientos de hombres de la Gestapo y de las SS que les esperaban. Nos recibió un hombre a quien pronto conocí como el doctor Mengele, el Carnicero. Al acercarse la columna a los oficiales, ésta se reducía a una fila india para pasar delante de ese monstruo inhumano, que estaba con otras personas en una pequeña plataforma situada encima de nosotros, levantando la mano con el pulgar extendido y moviéndola hacia delante y hacia atrás. Nos hacían desfilar como a un rebaño, golpeándonos para que nos moviéramos cada vez más de prisa. En ese momento no sabía lo que significaba el movimiento de su dedo, pero pronto fue obvio. Una fila, a la izquierda, era de hombres y mujeres jóvenes. Los de edad mediana, los enfermos, los ancianos y los niños iban hacia la derecha”. ESTAMPILLA POSTAL SOBRE AUSCHWITZ Durante toda la mañana, Gizelle Hersh formuló la misma pregunta a todas las personas. Una muchacha de quince años, asignada a la columna de trabajadores, preguntó si podía acompañar a sus padres en la de la derecha. Mengele, encogiéndose de hombros, la dejó ir hacia una rápida muerte. Mientras su propia familia se acercaba a la cabeza de la fila de inspección, Hersh trataba de descifrar el significado de las dos columnas. Había notado que todos los niños, como su hermana Katya, que tenía doce años, eran enviados a la derecha, “hacia la fábrica, con su gruesa humareda gris, que escupía continuamente hacia el cielo cubierto. También los ancianos iban en esa dirección. Eso podía significar, por supuesto, que la gente enviada hacia la derecha no necesitaba trabajar”. Eso parecía tener sentido, pues se ajustaba a la promesa que Adolf Eichmann había hecho a los contingentes húngaros en el momento de partir. Pero Hersh estaba intrigada por el destino de las mujeres mayores de treinta y cinco años. Aunque muchas eran aptas para el trabajo, las enviaban hacia la derecha y la madre de Hersh tenía treinta y cinco años. Cuando aparecieron sus hermanas, les indicó por señas que no dieran muestras de conocerla. Agregó un par de años a la edad de cada una, para que hasta la menor figurara como de quince. Todas las muchachas y su hermano fueron encaminados hacia la izquierda. Entonces se presentaron sus padres. Gizelle Hersh restó un año a la edad de su madre, presentándola como de treinta y cuatro, y cinco a su padre, para anunciarlo como de cuarenta y nueve. Su madre le dijo: “Gizeka, papá y yo estamos juntos”. “La mujer quiere ir con su esposo”, dijo Hersh a Mengele. El dedo se movió ásperamente. Sus padres, de la mano, caminaron en dirección a la fila destinada a la fábrica. Ella jamás volvió a verlos. Mengele no usaba un gorro rígido formal, sino uno blando, con la insignia de la Cabeza de la Muerte. Llevaba una cruz al cuello y, en el cinturón, un lema: "La muerte con la bendición de Dios”. Un prisionero recordaba: “Mengele era un Doctor en Filosofía, un Doctor en Medicina, un hombre que disfrutaba con la música y la poesía, y su mejor arma eran sus modales. Lograba que la gente hiciera cualquier cosa con su actitud de persona decente. Te desarmaba totalmente. No se podía creer que estuviera mintiendo, pero mentía sin cesar. Actuaba sobre la base de que, si uno da los buenos días a un prisionero, está demostrando ser buena persona”. En un ambiente de violencia diaria, aplicada por soldados y guardias que no veían la utilidad de enmascarar su personalidad, la actitud de Mengele resultaba comprensiblemente efectiva. “Cuando uno veía a una persona con una cara fea, con unos ojos redondos y pequeños y de mirada dura, trataba de escapar a las barracas. Mengele, en comparación, parecía tan apuesto que, cuando lo veíamos, casi sentíamos el impulso de correr a la puerta para saludarlo”. Una prisionera coincide en que Mengele calculaba fríamente los efectos de sus modales. “Todo era parte de su diabólico método para hacemos confiar en él, una y otra vez. No sólo nos mataba, sino que nos torturaba psicológicamente. Yo era música, al igual que mi esposo. Nuestro hijo dio su primer concierto a los diez años. Para mí, la música era algo especial, casi sagrado. Mengele nos tenía de pie durante una selección, mientras la orquesta tocaba un alegre vals vienés. Y cuando la orquesta comenzaba a tocar piezas de Bach, sabíamos que era el momento en que se encendían los hornos crematorios. Eso te marca para siempre y no vuelves a soportar escuchar algo que fue para ti tan amado”. “A Mengele le encantaba presentarse ante nosotros, con su olor a jabón perfumado, tan elegante, tan apuesto, con aquella camisa de un bello color. Algunas muchachas me decían: ‘Me encantaría pasar la noche con Mengele’. Era otro modo de volvemos locas. Había que estar loca para oler el crematorio y considerar atractivo a ese individuo, para sentir ganas de pasar la noche con él. Conocía la actitud de las mujeres. Nos llamaba ‘sucias prostitutas’. Nosotras olíamos a orina, a heces y a hambre; él disfrutaba humillándonos, reduciéndonos a ínfimos animales”. Hasta los otros hombres de las SS temían a Mengele. Marc Berkowitz contaba cómo se comportaba el doctor Heinz Tilo ante la mera amenaza de Mengele: “Tilo trataba de copiar a Mengele. Creó un cortejo para sí y trataba de desarrollar proyectos de investigación como Mengele. Le tenía mucha envidia. Cierta vez, Mengele abandonó el campamento durante varios días y me dio instrucciones de que nadie tocara nada en su zoológico durante su ausencia. Tilo trató de hacer una selección entre nosotros y tenía intenciones de incluirme. Uno de los prisioneros dijo que había llegado el momento de rezar. Yo recobré el uso de la lengua y dije a Tilo que el doctor Mengele me había encargado de cuidar sus registros mientras él no estuviera. Tilo, al oír su nombre, olvidó la selección. El nombre de Mengele era un santo y seña para nosotros; una palabra sagrada”. DIBUJO DE MENGELE SUPERVISANDO UN CASTIGO Hacia octubre de 1943, los ejércitos de Benito Mussolini se habían rendido; incluso el dictador había huido a la seguridad del norte. Los soldados de las SS y el resto de la policía fascista gobernaban la ciudad de Roma. En una fiesta sabática de ese mes, una redada de judíos despachó a Auschwitz a unas mil personas. Hasta el comandante Hoess estaba junto a las vías para saludar al contingente italiano. Se decía que los romanos eran gente de gran fortuna, que vestían pieles y lucían joyas, y sus mujeres se ataviaban a la moda. Satisfecha la curiosidad por esos seres exóticos, los nazis se dedicaron a su tarea, vociferando órdenes a los recién llegados. Cuando resultó obvio que no comprendían las instrucciones, Mengele preguntó si alguien podía servir de intérprete. Un tal Wachsberger se ofreció como voluntario: “Me ordenó decir que las ancianas y las mujeres con hijos pequeños serían puestas en camiones para viajar hasta el campamento, que estaba a diez kilómetros de distancia. Los jóvenes permanecerían atrás y harían el viaje a pie. Si alguno de ellos se sentía cansado y no deseaba caminar tanto (Wachsberger recuerda que había unos cuatrocientos cincuenta jóvenes físicamente capaces en ese contingente) también podían viajar en los camiones. Unos trescientos eligieron viajar en camión. Y murieron por eso”. Durante la selección, Wachsberger observaba la conducta de Mengele: “Tenía modales elegantes y un porte tranquilo que casi siempre lindaba con la presunción y también con el extremo del encanto. Mientras distribuía a los prisioneros entre derecha e izquierda, silbaba un aria de Wagner. Yo quería ir en los camiones, porque mi esposa y mi hijo estaban entre los pasajeros, pero cuando iba a subir se me acercó Mengele y me bajó de un tirón, diciendo: ‘Tú te quedas con nosotros, porque te necesitamos como intérprete. Cuando llegues al campamento encontrarás a tu familia’. Sin embargo, llegamos al campamento tras sólo diez minutos de caminata. No había diez kilómetros de distancia”. DIBUJO DE MENGELE DURANTE LA SELECCION DE PRISIONERAS Con los cráneos afeitados, números tatuados en los brazos, bañados con una ducha fría y un rocío desinfectante que provocaba escozores, Wachsberger y sus compatriotas vieron la muerte rápida y violenta en su primera jornada en Auschwitz. Un prisionero fue fusilado por no avanzar con suficiente celeridad; otro que cayó al suelo, agotado, fue golpeado hasta morir en el mismo sitio. Otro, en su desesperación, se arrojó contra la cerca electrificada. “Los prisioneros judíos más antiguos decían: ‘Sus familias están en esos sitios donde brota el humo’. Nosotros no queríamos creerlo. Otros prisioneros dijeron que nuestras familias sólo habían ido a una zona e desinfección, para ser llevados después a los campamentos familiares. Nosotros deseábamos creer que habían ido a los campamentos familiares”. Mengele llamó a Wachsberger para charlar varias noches. “Quería saber qué había pasado en Italia tras la caída del fascismo. Se mostraba ansioso y lleno de curiosidad; le dije cuanto sabía. Cuanto más le contaba, más detalles pedía él. Bebía mucho vodka y, con frecuencia, estaba bastante ebrio”. Wachsberger interrogó a Mengele sobre los trescientos jóvenes competentes a los que había instado a coger el camino de las cámaras de gas. “Quien no es capaz de caminar diez kilómetros tras pasar cinco días en un tren, no puede hacer el trabajo que necesitamos aquí”, respondió el médico. Wachsberger llegó a la conclusión de que Mengele actuaba por cuenta propia, al menos en parte, sobrepasando los límites fijados por Himmler, quien deseaba una abundante mano de obra esclava. Por lo común, la cuota de supervivientes entre los pasajeros desembarcados iba del veinte al veinticinco por ciento, pero en algunos casos un ochenta o noventa por ciento iban directamente a la muerte. Los trenes, con su carga humana, llegaban tres o cuatro veces al día y durante la noche. Teóricamente, la tarea de la selección tenía que dividirse por igual entre los médicos del campamento. Sin embargo, Mengele cumplía esas funciones con mucha más frecuencia de la que le correspondía, probablemente con la bendición de otros médicos, a quienes la tarea no resultaría tan cómoda. “Infatigable”, es la palabra que utiliza un sobreviviente para describir la devoción de Mengele por esa selección. Insiste en que Mengele participaba en esas selecciones “siempre, día y noche”. Mengele, por su parte, se ponía violento cuando se interrumpía el proceso de selección. Alguna vez vio a un anciano que, a pesar de haber recibido la indicación de ir hacia la fila de la muerte, echó a andar hacia el otro grupo, donde estaba su hijo, calificado para trabajar. Furioso, Mengele cogió una gruesa cachiporra y la descargó contra el cráneo del viejo. El culpable, que ni siquiera había tenido conciencia de su débil intento de evitar la cámara de gas, cayó muerto. Tras golpear en la cabeza en repetidas ocasiones a una judía que intentaba escaparse, le gritó: "Quieres escapar, ¿no? No puedes escapar. Vas a arder como las otras. Vas a asarte, sucia judía”. Lo último que vieron otras prisioneras fue su silueta desnuda, desamparada, caminando rumbo a las cámaras de gas, con la cabeza convertida en una bola sangrienta por el ataque de Mengele. Poco después vieron al médico en el hospital, silbando mientras se lavaba las manos ensangrentadas con jabón perfumado. El ataque de Mengele no demostraba solamente su rápido enojo, sino también su dedicación al papel de seleccionador. Quien desafiara sus derechos se arriesgaba a su furia. Disfrutaba de ese trabajo por el poder de otorgar la vida y sentenciar a muerte que le daba. En octubre de 1943, siendo Yom Kippur, la más sagrada de las festividades judías, Mengele se dirigió en su motocicleta a un campo de fútbol que, en aquel momento, albergaba a dos mil niños varones. De pronto, Mengele subió a un estrado y contempló a su congregación. Preguntó a un muchachito de catorce años qué edad tenía. Aquel niño apenas formado, pero versado en las costumbres del campamento, contestó que tenía dieciocho. Mengele, enfurecido, gritó: "Ya te voy a enseñar”. Ordenó a uno de los guardias que buscara martillo, clavos y un trozo de madera. Luego le indicó al soldado que clavara la madera a cierta altura sobre uno de los postes de la portería. "Pasen por ahí abajo”, ordenó Mengele a los niños. Ellos comprendieron de inmediato: aquel cuya cabeza no llegara a la marca sería seleccionado. Algunos niños, frenéticos, se llenaron los zapatos de piedras para agregarse altura. Otros, asustados, vagaban en derredor, mientras Mengele aullaba sus órdenes. Cerca de un millar no alcanzaron la norma impuesta por Mengele. Se produjo un salvaje forcejeo cuando los soldados de las SS, acompañados por perros, reunieron a los petrificados niños. Mengele se reía, gozando de la escena. Su hilaridad parecía aumentar con los gritos de los niños que clamaban por sus madres. En aquella masacre de Yom Kippur, mil niños fueron seleccionados y pasados por la cámara de gas. La selección que Mengele hizo en Yom Kippur no fue caprichosa. Conocía la religión de sus cautivos. Sabía que, en el Día del Perdón, los judíos recitan una plegaria que habla de un rebaño que pasa bajo la vara del pastor, el Señor, que decide quién ha de vivir. Yom Kippur proporcionó a Mengele la ocasión de demostrar a los internos de Auschwitz que él era su Pastor, su Señor, el que controlaba la vara. NIÑOA AOBREVIVIENTES A LA MASACRE DE YON KIPUR Con frecuencia improvisaba durante sus selecciones, buscando modos diferentes de exhibir su poder. Una ayudante integró un grupo de mujeres obligadas a desfilar desnudas al aire libre ante el médico y su personal. A continuación, Mengele ordenó a aquellos espantapájaros costrosos que echaran a correr. Las que no pudieron reunir energías suficientes para partir al trote integraron la Columna de la Muerte. Mengele sólo quedó parcialmente satisfecho. Contempló pensativamente los granos, las llagas y los abscesos que cubrían los cuerpos de las supervivientes, provocados por los piojos y la dieta. Finalmente, las envió a la fila de la vida. El deliberado oscurantismo del médico realzaba los dramas de la selección. No siempre la columna derecha significaba la muerte y la izquierda la supervivencia. Muchas de las acciones de Mengele parecen haber sido guiadas por el capricho, pero se diría que nunca le preocuparon las consecuencias. Una prisionera recordaba la actitud de Mengele durante las selecciones, el modo en que se erguía, con los pulgares en el cinturón de la pistolera. “Recuerdo al doctor Koenig y, a su favor, debo decir que siempre se embriagaba profundamente antes, igual que el doctor Rohde. Mengele no. A él no le hacía falta. Lo hacía sobrio”. Otras prisioneras decían que era un hombre guapísimo. Resulta extraño, aunque tal vez comprensible, dadas las circunstancias, que muchos a los que Mengele otorgó la vida ante la muerte, nunca hayan podido resolver una sensación de ambivalencia con respecto al “Ángel de la Muerte”. Mengele se mostró particularmente duro con aquellas internas que quedaban embarazadas de los guardias. Madre e hija nacida o nonata iban a la cámara de gas. Muchas veces en los vagones en que se traía a los condenados quedaban cadáveres de madres con sus hijos aún vivos en los vagones, y Mengele ordenaba lanzar esas criaturas directamente al horno de la lavandería para que sirvieran de combustible. Más tarde cambió de actitud: permitió a las embarazadas dar a luz, y los bebes nacidos eran confiscados para ir a dar a una sala de experimentación en otro lugar del campo. En muchos casos, Mengele ordenó que a la madre parturienta se le vendase el pecho para que no amamantara a su bebé. Recopilaba datos sobre la muerte por inanición de los infantes. Prisionera con los pechos infectados Una prisionera recuerda: “La hora de la selección era un momento de vida o muerte. No había luz en el cielo. Eran las tres, las cuatro, las cinco de la mañana, o tal vez el anochecer y había que esperar para pasar lista. De pie, en fila, vestidas con harapos, descalzas. Eso podía durar una, dos o tres horas; fuera corno fuese, parecían años. Y allí estaba Mengele, elegantemente vestido, con una bella camisa azul, tan apuesto, tan garboso, sonriente, con olor a jabón fino o a agua de colonia. Hará personalmente la selección. Yo estoy embarazada. Estamos desnudas y debemos caminar, como gansos, frente al doctor Mengele. Unas cuantas jóvenes han decidido ponerme entre ellas para tratar de distraer la atención de Mengele. No llegamos a acercamos a él. ¿Es posible? ¡El doctor Mengele no repara en mí! ¿Podré vivir? Y la vida nueva se agita en mis entrañas”. Mengele explicaba a otros colegas su actitud: "Cuando nace un niño judío no sé qué hacer con él: no puedo dejar al bebé en libertad, pues no existen los judíos libres; no puedo permitirles que vivan en el campamento, pues no contamos con las facilidades que permitan su normal desarrollo; no sería humanitario enviarlo a los hornos sin permitir que la madre estuviera allí para presenciar su muerte. Por eso, envío juntos a la madre y a la criatura”. Los gemelos resultaban particularmente interesantes para Mengele. Dicho interés radicaba en las profundas influencias inculcadas por Otmar von Verschuer y Ferdinand Sauerbruch del Instituto Kaiser Wilhelm de Genética y Eugenesia, donde se embebió de los conceptos de herencia y raza pura, y el problema judío era el núcleo de las discusiones. Mengele, siguiendo los pasos de Von Verschuer, había desarrollado un fuerte interés por los gemelos como una fuente de información acerca de estos conceptos pseudocientíficos. Por lo tanto, cuando supo que Auschwitz era su destino, no pudo ocultar su satisfacción, pues el campo de concentración era para él un laboratorio lleno de ratas judías. EL CONSULTORIO DEL DR MENGELE A partir de 1943, los gemelos eran seleccionados y ubicados en barracones especiales. Cuando en la rampa de selección localizaba gemelos, para éstos constituía una esperanza de alargar la vida el pertenecer a esa condición. Los gemelos eran ubicados en un recinto especial y eran tratados algo mejor que los demás internos. Prácticamente todos los experimentos de Mengele carecían de valor científico, pero fueron financiados por el gobierno nazi. Incluyeron, por ejemplo, intentos de cambiar el color de los ojos mediante la inyección de sustancias químicas en los ojos de niños, amputaciones diversas y otras cirugías brutales y, al menos en una ocasión, un intento de crear siameses artificialmente mediante la unión de venas de hermanos gemelos (la operación fue un fracaso y el único resultado fue que las manos de los niños se infectaron gravemente). Las personas objeto de los experimentos de Mengele, en caso de sobrevivir al experimento, fueron casi siempre asesinados para su posterior disección. EL DOCTOR MENGELE EXAMINANDO UNOS GEMELOS RECIEN LLEGADOS A AUSCHWITZ Mengele extraía los ojos a sus víctimas mientras estaban vivas y concientes, y colocaba los globos oculares en una pared, como un muestrario de las variedades heterocromas que existían. Casi nunca utilizaba anestesia. Intentó también por la vía química cambiar el color de pelo de los internos mediante la aplicación de dolorosas inyecciones subcutáneas y en algunos casos realizó castraciones y experimentos en la médula espinal dejando paralizados a los intervenidos. También trató de cruzar mujeres con perros para que se embarazaran. MENGELE EN SUS DIAS DE MEDICO EN AUSCHWITZ-BIRKENAU Una prisionera francesa llamada Jeanette llegó al momento del parto en Auschwitz. Había sido un embarazo difícil, y la enfermera descubrió que Jeanette estaba embarazada de mellizos. Consideró mejor avisar a Mengele, quien acudió inmediatamente al iniciarse el parto. “¡Gemelos, gemelos!”, gritó. “¡Por fin van a nacer gemelos aquí!” Como muestra de aparente gratitud hacia la madre, hizo traer un cesto para los bebés, algunas batitas y colchas de verdad, indudablemente sacadas del botín de “Canadá”. La misma Jeanette recibió un lujo inusitado: una sábana blanca. Un día después del doble nacimiento, un par de soldados de las SS entró en el hospital, preguntando: “¿Dónde están los gemelos?” Recogieron a las criaturas y se marcharon, dejando a la madre enloquecida de miedo. Todas las noches volvían los bebés, cada vez un poco peor después de haber pasado el día con Mengele. A las dos semanas murió uno; su hermano le siguió poco después. A continuación, la misma Jeanette fue seleccionada; moriría poco después. A los niños gemelos que llegaban al KZ, el mismo Mengele los llevaba a su consultorio. Uno de ellos recordaría años después: “Mengele se lavó las manos con alcohol y se sentó en una silla. Con un dispositivo a pilas, comenzó lentamente a inscribirme un número. Era paciente y minucioso. ‘Eres un niño pequeño. Cuando crezcas, algún día podrás decir que el doctor Josef Mengele te puso personalmente el número. Serás famoso. No te lo rasques”. Mostraba un semblante benigno a la familia de los gemelos. Nadie se perturbó cuando propuso someter a los niños a algunas pruebas. Pensaron que sería algún tipo de estudio sobre su conducta. Los hermanos se encontraron tendidos en mesas contiguas, en el laboratorio. El chico sintió que se le hundía una aguja en la espalda. Le ardía todo el cuerpo; luchaba para no perder el sentido. También oyó a su hermana gimotear. “Lamento tener que hacer esto. El dolor pasará”, dijo Mengele; pero el dolor nunca pasó. Recibieron un número interminable de sondas e infusiones de sustancias que les atormentaban el cuerpo. Mengele extrajo de ellos una variedad de fluidos, los puso cabeza abajo durante horas enteras, los sumergió en un tanque de acero lleno de agua fría. Les dio dulces y después aplicó unas inyecciones horriblemente dolorosas. Como regla, la muerte de un mellizo requería el fallecimiento del otro. Mengele no resistía la oportunidad de semejante fenómeno, afirmando: “¿Dónde, en circunstancias normales, se pueden hallar hermanos gemelos que mueran en el mismo lugar y en el mismo instante? Los gemelos, como todo el mundo, se separan por las circunstancias variadas de la vida. Viven a buena distancia y casi nunca mueren simultáneamente. Uno puede morir a los diez años, el otro a los cincuenta. En tales condiciones, la disección comparativa es imposible”. El campamento de los gitanos proporcionaba a Mengele otro de sus artículos favoritos: enanos. Quedó extasiado al descubrir una familia de diez miembros que incluía a siete enanos. “¡Ahora tengo veinte años de material para estudiar!", fue su exclamación, citada con frecuencia. Una enfermera estaba presente cuando Mengele fue a echar una mirada más minuciosa a esos diminutos seres que habían logrado llevar consigo sus sillas pequeñas y una mesa. Las mujeres se habían empolvado en honor al visitante. Todas alabaron efusivamente al hombre, a quien consideraban su benefactor. “Qué hermoso es, qué amable. Suerte la nuestra de tenerlo como protector. Qué bondad la suya, venir a ver si nos hace falta algo”. Todos se pusieron firmes cuando Mengele entró con su cortejo. Una de las enanas se adelantó un paso y se arrodilló para abrazarse a sus relucientes botas. “¡Usted es tan bueno, tan encantador! Dios debería recompensarlo”. Mengele sacudió la bota, arrojándola al suelo, y se dirigió a la madre de varios enanos, que era de tamaño normal. “Dígame cómo vivía con su pigmeo”, le espetó. La anciana se ruborizó, pero cuando se le ordenó hablar, sólo mencionó la carrera de su esposo en el circo. “No me hable de eso; quiero saber cómo dormía con él”. Al serle negados los detalles íntimos, Mengele abandonó el sitio de mal humor. Pocos días después se llevó a un niño de tres años, hijo de una enana, a su sala de exámenes. Al caer la noche, el niño estaba muerto. Uno de los enanos, engañado por los guardias, se deslizó entre los alambres que separaban los distintos sectores. Un soldado de las SS lo mató de un disparo. El médico no aceptaba una negativa; de un modo u otro, obtuvo su satisfacción. Los enanos supervivientes sufrieron el dolor y las humillaciones de las pruebas de Mengele. Los dentistas les arrancaron dientes sanos, los ayudantes les extrajeron sangre semanalmente. Cuando les hacía transfusiones de sangre, usaba a propósito tipos sanguíneos no correspondientes. Invadieron los vientres de las mujeres con medicamentos, exponiendo sus cuerpos a repetidas sesiones de rayos X. Como insulto final y muestra de degradación, se les obligó a hacer su número desnudos ante un público formado por el personal de las SS. FAMILIA DE ENANOS ASESINADAS POR EL MEDICO En cooperación con otros médicos, Mengele intentó también buscar un método eficaz de esterilización masiva; muchas de las víctimas fueron mujeres a las que se les inyectaba diversas sustancias en los ovarios, sucumbiendo muchas de ellas o quedándose estériles en otros casos. También se les exponía a altas dosis de rayos X. En otras ocasiones, realizaba experimentos sumergiendo en agua helada a internos fuertes para observar sus reacciones ante la hipotermia. También cooperó con su contraparte de la aviación, el médico Sigmund Rascher de la Luftwaffe para algunos experimentos. Rascher fue el equivalente de Mengele en el campo de la experimentación con humanos, pero con fines militares. Ambos sometieron a varias personas a cambios de presión extremos en cámaras despresurizadas; estos individuos perecían en medio de terribles convulsiones por excesiva presión intracraneana. Muchos se jalaban el cabello, se sacaban los ojos a sí mismos o se arrancaban trozos de carne de la cara, en un vano intento de aliviar la presión. Hubo otros que capitalizaron las nuevas oportunidades para la investigación. El doctor Edmund Koenig, por ejemplo, se sintió impulsado a satisfacer su curiosidad sobre los efectos de las descargas eléctricas en los cerebros de jóvenes judíos de Auschwitz. Ernest Michel, prisionero del campamento en la primavera de 1943, había sido herido mientras trabajaba en el complejo de I.G. Farben. Como era estudiante de caligrafía, le habían asignado funciones de administrativo. Cierto día, él y un enfermero se presentaron para una misión especial, guiando a varias jóvenes desde los camiones a las barracas del hospital. Eran entre seis y ocho prisioneras, confusas, agitadas y temerosas con respecto a su futuro inmediato. Tan sólo hacía un día que habían llegado de Hungría. Michel habló con una de ellas, una hermosa adolescente que parecía dominarse a pesar de su aflicción. Michel y su compañero llevaron a las jóvenes a un cuarto del hospital. Allí estaba el célebre Josef Mengele, junto con Koenig. Una hora más tarde, Michel volvió en busca de las pacientes: “En la sala donde se llevaban a cabo los ‘servicios médicos’, una de las mujeres estaba todavía conectada a una máquina eléctrica, posiblemente para la experimentación con electrochoque. Ya nos habían dado órdenes de tener preparada una camilla para sacar a las mujeres. Dos de ellas estaban muertas; una de ellas era la muchacha húngara. Dos, obviamente, habían caído en coma. Las otras respiraban con irregularidad y dificultad. Ninguna estaba consciente. Noté que las vivas aún tenían los dientes apretados y que les habían puesto en la boca pedazos de papel”. Mengele también realizó experimentos con gitanos y judíos que tenían enfermedades hereditarias de enanismo, síndrome de Down, siameses y otras afecciones e incluso con mellizos, diseccionándolos vivos y sumergiendo luego sus cadáveres en una tina con un líquido que consumía las carnes, dejando libres los huesos. Los esqueletos eran enviados a Berlín como un macabro muestrario de la degeneración física de los judíos. En una ocasión, mientras hervía varios cadáveres en una tinaja para quitarle la carne a los huesos, varios prisioneros llegaron ante el recipiente, atraídos por el olor de la carne hervida, y se comieron trozos de los cadáveres para aliviar el hambre. Otra de sus líneas de investigación fue el virus etno-específico. Mengele llegó a tener una colección particular de condenados especialmente escogidos para servir en sus ensayos; el trato recibido era aún peor que el de los condenados a las cámaras de gas. El doctor Horst Schumann, principal figura en el programa de eutanasia, propuso bombardear a los hombres judíos y de otras razas con altas dosis de rayos X, lo cual aniquilaría la capacidad de producir esperma vivo. Viktor Brack, administrador en jefe de la cancillería de Hitler, lo patrocinaba. Brack advirtió a Himmler que una sola instalación de rayos X podía esterilizar entre ciento cincuenta y trescientas personas al día. Con veinte máquinas semejantes en un lugar, una línea de montaje podía eliminar la potencia reproductiva de tres mil a cuatro mil hombres al día. Los artefactos debían estar ocultos para que los rayos X atacaran silenciosamente al hombre mientras él completaba algunos documentos sentado en un escritorio. En la práctica, las máquinas provocaban quemaduras horribles. Los médicos internos que cubrían las guardias encargadas de atender a los especimenes de prueba vieron a víctimas con grotescas decoloraciones en los genitales. Josef Mengele participó en esas pruebas de rayos X, pero centró sus experimentos en las mujeres, usando a un grupo de monjas polacas. Un método alterno para la esterilización era la castración quirúrgica. El interés asignado a la velocidad hacía que las operaciones para extirpar testículos fueran competencias cronometradas. Los nazis hallaron a varios médicos prisioneros dispuestos a cooperar. Wladislaw Dehring, el polaco que trabajaba bajo la dirección de Horst Schumann, blandió el bisturí por cuenta de sus captores. De hecho, Dehring se enorgullecía de su técnica veloz, demostrando que la castración se podía cumplir en diez minutos, utilizando anestesia local. También ahorraba tiempo al no esterilizar sus instrumentos ni lavarse las manos después de cada operación. Al principio, los hombres llevados a la sala de operaciones no se daban cuenta de lo que les esperaba. Más adelante, al propagarse la noticia, muchos se arrojaban contra la cerca electrificada antes de someterse a las cirugías. JOSEF MENGELE (AL CENTRO) CON OTROS OFICIALES DE AUSCHWITZ Un prisionero soviético que se escapó de un grupo designado para la castración, contó a Sim Kessel, un judío francés, que había sido llevado con otros diez o doce hombres a la “sección de biología experimental”, dirigida por Josef Mengele. El ruso oyó gritos atormentados de dolor y escapó saltando por una ventana. Sus compañeros habían sido emasculados sin anestesia. Mengele también hizo irradiar a algunas mujeres, dejándolas estériles. OIga Lengyel atendió a jóvenes que tenían grotescas quemaduras en la zona genital. Dehring también ayudaba a los hombres de las SS extirpando los ovarios dañados para su inspección con el microscopio. El médico civil Karl Clauberg, profesor de ginecología en Prusia Oriental y autor de varios libros y tratados científicos, no sólo tenía un laboratorio para la investigación, sino también una fuente de utilidades. Hizo un trato con la empresa farmacéutica I.G. Farben para probar sus fármacos en los internos de Auschwitz; a cambio la compañía le pagaba buenas sumas de dinero por cada proyecto. Clauberg tuvo la idea de que cierta sustancia, llamada caladium sequinum, podía esterilizar a ambos sexos; por lo tanto, acordó comprar ciento cincuenta mujeres a las SS. Los nazis entregaron a un grupo de judías traídas de Holanda; pocos minutos después de bajar del tren, rodeadas de guardias armados de látigos y de perros que mostraban los dientes, empezaron los experimentos. Algunas estaban embarazadas; algunas eran jóvenes; otras ya habían pasado la edad fértil. Ante los divertidos soldados de las SS, las candidatas fueron desvestidas a la fuerza; se les afeitó la cabeza y el vello púbico. “Se les untó el cuerpo con una crema grasienta antiparasitaria”, dijo la doctora Karel Sperber, médica interna. Los espectadores bromeaban mientras embadurnaban los órganos genitales con el ungüento. El equipo de Clauberg extirpó ovarios, inseminó artificialmente a algunas mujeres y luego retiró los órganos reproductivos; hasta trasplantó células cancerígenas en los úteros, antes de cortarlos un mes después para determinar los resultados. Clauberg y un colaborador, el doctor Kaufffman, satisfaciendo sus apetitos lascivos, encerraron a un hombre castrado, desnudo, en una habitación, con una mujer igualmente desvestida. Luego, los científicos espiaron por un vidrio, en aras de la ciencia y del conocimiento. EMPRESAS PRIVADAS EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS AL FINALIZAR LA GUERRA Mengele se incluyó en el grupo que buscaba un medio simple y químico de esterilización en masa. Entre aquellas con quienes practicaba estaba Magda Bass: “Fui elegida, con otras mujeres, para recibir inyecciones en la boca y los labios. Allí estaba Mengele, observándonos. Algunos días después, a la mayoría se le hinchó la cabeza. Todas ellas desaparecieron. Yo tuve suerte, pues a mí no se me hinchó. Poco después me llevaron al mismo lugar con más mujeres. En esa oportunidad recibimos inyecciones bajo el brazo. Mengele, de nuevo, nos observaba. Al noventa por ciento de las inyectadas, aproximadamente, se les hincharon las piernas y los pies. También ellas desaparecieron. Más adelante, cuando vine, por fin, a Estados Unidos, quise concebir un hijo, pero no pude. Los médicos de la Clínica Mayo me han dicho que tal vez haya quedado estéril por lo que me aplicaron”. VICTIMA DE EXPERIMENTOS El Sonderkommando Filip Müller estaba encargado de eliminar los restos de la investigación realizada por Mengele y sus colegas: “Algunos de los cadáveres eran horribles a la vista. Con frecuencia habían sido desmembrados o sometidos a disección. Muchos eran de hombres y mujeres jóvenes que tenían quemaduras extrañas y heridas infectadas en los testículos o en las partes inferiores del cuerpo, cuando no abscesos en el vientre y en los muslos. Otros tenían un tinte azul rosado o caras purpúreas, con la mandíbula apretada”. El empleo de cobayas humanos en tales experimentos se justificaba en aras del perfeccionamiento de la terapia o de la purificación de la raza. Se prometían métodos nuevos para tratar el cáncer de estómago, curas para dolencias de los órganos reproductivos y medicamentos para controlar las enfermedades contagiosas. Y los médicos de las SS no se mostraban tímidos en sus informes a los colegas. Según Leo Alexander, desde 1942, “esos experimentos llevados a cabo en los campos de concentración se presentaban públicamente en las reuniones médicas”. Sigmund Rascher llegó a usar la frase “experimentos humanos terminales”. No hubo protestas audibles entre los médicos reunidos al oír esa confesa corrupción del juramento hipocrático. En mayo de 1943, el doctor Ferdinand Sauerbruch, patrocinador de Mengele, escuchó una conferencia en la Academia Médica Militar, en la cual Karl Gebhardt y el doctor Fritz Fischer, su ayudante, disertaron sobre sus experimentos con gangrena gaseosa en prisioneros. Un oficial de la SS describió así a Mengele: “Estaba obsesionado por la creencia de que había sido elegido para descubrir la causa de los nacimientos múltiples y de muchas otras enfermedades y anormalidades, allí, entre aquellas paredes manchadas de sangre, donde permanecía sentado durante horas enteras, encorvado sobre sus microscopios. Era una imagen que deja muchas puertas abiertas”. EL PASAPORTE FALSO DE JOSEF MENGELE En 1944, Mengele deseaba un cambio: aunque estaba orgulloso de sus experimentos, pretendió ascender en el escalafón de las Waffen SS haciéndose evaluar por un inspector. El informe emitido por un coronel SS destacaba la personalidad, profesionalidad y celo del deber de Mengele, que lo ameritaban para un ascenso y un nuevo puesto. Sin embargo, por motivos desconocidos nunca se le reasignó desde Auschwitz-Birkenau. Mengele hizo en una ocasión cargar un vagón de tren con unos cajones que los internos notaron "demasiado pesados para su volumen". Los cajones iban dirigidos a Günzburg y algunos internos dedujeron correctamente que los cajones contenían lingotes de oro, provenientes de las extracciones dentales de las víctimas del campo. Éste fue uno de los primeros indicios de que Mengele había presentido el fin de la Alemania Nazi. LOS TITULARES SOBRE LA LIBERACION DE AUSCHWITZ El 26 de noviembre de 1944, Richard Baer, comandante de Auschwitz-Birkenau, recibió el extraño comunicado de desmantelar la instalación, decayendo el ritmo de exterminio del campo. La orden provenía directamente de Heinrich Himmler (quien después se suicidaría) y a muchos les causó sorpresa la situación. Veintitrés días atrás, Mengele se había parado en la rampa de selección y había enviado su última redada a las cámaras. Para él la orden no causó extrañeza, pues suponía que Alemania perdía la guerra. Mengele abandonó de forma encubierta el campo el 17 de enero de 1945; diez días después, los rusos llegaron a liberar a los pocos que quedaban. Josef Mengele abandonó Auschwitz y fue al campo de concentración de Gross-Rosen. En agosto de 1944 este campo fue cerrado. En abril de 1945 huyó hacia el oeste camuflado como un miembro de la infantería regular alemana con identidad falsa, pero fue capturado como prisionero de guerra, cerca de Nuremberg. Fue liberado por los aliados, que desconocían su identidad. Durante los juicios de Nuremberg nunca se mencionó a Josef Mengele como genocida. Se han trazado muchas conjeturas sobre la huida de Mengele, en una incluso se le atribuye la ayuda de una muchacha judía, quien estaba enamorada de él desde Auschwitz, para su escape. Escapa gracias a la Operación Paperclip. Tras esconderse algún tiempo en Günzburg y luego en Baviera, Mengele partió hacia América del Sur, concretamente hacia Paraguay en 1949, donde muchos otros oficiales nazis huidos y ayudados por la organización ilegal ODESSA habían llegado y encontrado refugio. Irene no siguió los pasos de su marido y terminaron separándose. Josef Mengele se divorció por correspondencia de su esposa Irene; la carta la llevaba su padre, Karl, quien lo visitó en Argentina. Como su nombre no estaba mencionado en la prensa y al parecer la cacería de nazis a él no lo alcanzaría, se juzgó libre de sospecha y audazmente volvió a tomar su nombre original, se inscribió como tal en la guía telefónica de Buenos Aires e incluso viajó a Suiza a visitar a su hijo Rolph en 1956, sin que nadie siquiera sospechara de él y su pasado. MUJERES NAZIS EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS En 1958 se casó en Argentina con Martha, la mujer de su hermano Karl, que había fallecido en 1949. Ella y su hijo se mudaron a Argentina para reunirse con Mengele, aunque ambos regresaron a Europa años después. Su familia en Alemania le respaldaba económicamente y prosperó en los cincuenta, primero montando una tienda de juguetes y después como socio de una empresa farmacéutica, la Fadro Farm. RETRATO DE JOSEF MENGELE EN ARGENTINA El acta de divorcio entre Irene y Josef Mengele fue encontrada por el cazador de nazis, el judío Simon Wiesenthal, y dio luces a la dirigencia judía de que Mengele estaba vivo y además en Argentina. Se enviaron los datos para ser corroborados por colaboradores en Argentina y se pidió la extradición por parte del gobierno de Bonn, la cual fue rechazada por el gobierno argentino, aduciendo que Mengele no vivía en dicha dirección. Mengele fue advertido de esta situación y se escapó de Buenos Aires. Una de las personas que advirtieron a Mengele era Hans-Ulrich Rudel, el célebre piloto, quien era cliente de la compañía de Mengele. A Rudel sus buenas relaciones con el gobierno de Paraguay le habían permitido tener amistad con el dictador Stroessner, presidente de esa nación, y así se permitió aceptar a Mengele en ese país. RETRATOS DE JOSEF MENGELE EN PARAGUAY Sin embargo, a partir de entonces Mengele vivió de manera modesta. Los socios de su compañía lo exoneraron de sus funciones y lo despidieron. A pesar de los esfuerzos internacionales en rastrearle, jamás fue detenido y vivió impunemente durante treinta y cinco años bajo diversas identidades falsas. La captura y secuestro ilegal de Adolf Eichmann, juzgado y ejecutado en Israel pese a ser ya un anciano, alimentó los miedos de Mengele y sus continuos movimientos. También la desacreditación pública de Kurt Waldheim, quien llegó a ser Secretario General de la Organización de Naciones Unidas. El Mossad persiguió a Mengele durante algún tiempo, pero los esfuerzos de Israel se dirigieron hacia la normalización de las relaciones con Paraguay y a la lucha contra enemigos más cercanos. Increíblemente, ni el Mossad ni Wiesenthal lograron ubicarlo a pesar de que su hijo Rolf pudo visitarlo un par de veces e intercambiar correspondencia. LETRERO DE "SE BUSCA" OFRECIENDO RECOMPENSA POR MENGELE. En 1959 vivió en Paraguay en forma muy modesta como inquilino de una familia alemana. Los costos de manutención eran pagados por la empresa Mengele en Alemania hasta 1960; sin embargo, debido a ciertos conflictos de faldas, de carácter y principalmente a la persecución que se ejercía sobre el ex nazi Klaus Barbie (conocido como “El Carnicero de Lyon”), los miedos alimentaron la paranoia persecutoria de Mengele. LA CACERIA DE KLAUS BARBIE Se trasladó a Brasil para vivir bajo el alero de otra familia de origen alemán, también subvencionada por la compañía Mengele, esta vez bajo el nombre de Pedro Gerhard. Luego se independizó y trasladó a una favela, viviendo en una modestísima cabaña. Cuando alguna persona muy cercana le interrogaba sobre su infausto pasado, solía decir que él se limitaba a seleccionar sólo a personas aptas para el trabajo y que no mató a nadie. RETRATOS DE JOSEF MENGELE EN BRASIL, BAJO SU IDENDITAD DE “PEDRO GERHARD” En 1979, su estado de salud estaba en franco deterioro y la familia alemana que lo asistía lo invitó a refrescarse en una playa de pendiente muy suave, Bertioga, y Mengele accedió. Cuando algunos miembros se introdujeron en la playa, Mengele les siguió hasta alcanzar una distancia de cien metros y escasa profundidad. Por motivos poco claros, Mengele se ahogó, a pesar de que uno de sus amigos llegó pronto a darle auxilio. Se especuló que había sido un calambre, un ataque cardíaco, mareo, hasta una probable muerte provocada. La versión oficial es que se golpeó con un madero mientras nadaba. Pero Mengele no sabía nadar. EL ESQUELETO DE JOSEF MENGELE Fue enterrado en un cementerio en Embu con un nombre falso, Wolfang Gerdhard, con la asistencia de su hijo Rolf. Ningún miembro más de su familia asistió. En 1985 se le realizó en Yad Vashem un juicio público en ausencia. Ese mismo año, sus restos fueron exhumados e identificados en medio de una mediática presión de Israel, Estados Unidos, Simon Wiesenthal y otros grupos antinazis. La identificación de los restos resultó satisfactoria para quienes lo buscaban. El defecto dental que poseía Mengele en los dientes superiores frontales fue comprobado, además de coincidir en edad y estatura. En 1992, los análisis de ADN confirmaron finalmente su identidad.

“Las estacas cubrían toda Europa. El miedo todo lo justificaba”. Joan P. Covlianov Vladislav III nació en la ciudad rumana de Sighişoara (Transilvania), el 8 de noviembre de 1431 y murió en batalla el 14 de diciembre de 1476, en las cercanías de Bucarest. Era hijo del príncipe conocido como “Drakul”, que significa “Dragón”; de hecho, su escudo era el ouroboros: un dragón mordiéndose la cola, devorándose a sí mismo. EEL ESCUDO DEL DRAGON Fue incluido en la Orden del Dragón de manos de Segismundo de Luxemburgo, también rey de Alemania, Bohemia y Hungría, en 1428. Dado que en la mitología rumana no existían los dragones, por analogía fonética de "Drac" (dragón en húngaro) pasó a ser conocido como "Drakul", que en rumano significa “Demonio”. EL PRINCIPE DRAKUL La traumática infancia de Vlad fue determinante a la hora de formar su futuro como príncipe. Incluso cuando estaba prisionero o en el exilio, se dedicaba a torturar y mutilar pájaros y otros animales pequeños, como ratones y ardillas, y llegó a empalarlos vivos como diversión. Muchos le decían “Drăkulea”, que quiere decir “El Hijo de Drakul” o “El Hijo del Demonio”. Con los años, el nombre se convertiría, fonéticamente, en “Drácula”. A los trece años, en 1444, Vlad fue entregado por su padre a los turcos como rehén junto con su hermano Radu, como muestra de sumisión al Sultán y como garantía. Fue criado por el mismo Murat II (padre de Mehmet II, el cual lo tuvo como a un hermano) en ciudades como Adrianópolis, Egniojsor, Ened y Ninfamén, siendo el propósito evitar una nueva traición por parte del padre de Vlad. Cuando volvió del exilio, su padre, Drakul, había muerto apaleado, y a su hermano Mircea le quemaron los ojos con un hierro al rojo antes de enterrarlo vivo. Ambos hechos fueron ordenados por los Boyardos (la aristocracia local), a los cuales Vlad tuvo desde entonces odio eterno. Los turcos lo apoyaron hasta convertirlo en príncipe de Transilvania, pero sólo durante unos meses. Después se convirtió en el rey de Valaquia. Esto ocurrió en 1448, pero los húngaros lo expulsaron por órdenes de Johann Hunyadi, comandante en jefe de los nobles de Hungría, antiguo aliado de su padre. EL REINO DE VALAQUIA Durante ocho años, Vlad estuvo viajando por los lugares limítrofes de Valaquia buscando apoyo. Se sabe que en este tiempo contactó y trabó amistad con Esteban de Moldavia, quien le ayudaría en el futuro contra los turcos cuando se convirtió en comandante de la milicia de su país. Además aprendió varias tácticas político-militares. Cuando supo que los turcos habían sido rechazados por los húngaros, se lanzó al ataque para tomar el poder que ostentaba su padre. Junto con un contingente de Transilvania derrotó al comandante e hizo que lo ejecutaran en la plaza pública de Tirgoviste, justo donde había muerto su hermano. Una vez convertido en príncipe, en 1456, los reinos cristianos lo reconocieron como tal. LA REGION DOMINADA POR VLAD Un delegado papal en la corte húngara lo describió así: "No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra”. Vlad se hizo famoso por tres cosas: su increíble arrojo y valentía, su implacable sentido de la justicia y su extraordinaria crueldad, capaz de llamar la atención incluso en aquellos tiempos sangrientos. Al menos cien mil personas murieron empalados durante los siete años que duraron sus sucesivos reinados: enemigos, traidores, delincuentes de todo tipo y las familias de todos ellos, incluyendo a los bebés, y a elementos de su propia milicia que merecían ser castigados. Vlad fue despiadado y en las ciudades donde no lo aceptaban se realizaban ejecuciones por empalamiento de hombres, mujeres y niños, como en los casos de Kronstadt y Hermannstadt, ambas ciudades habitadas por colonos alemanes que no querían comerciar con él o que no querían pagarle tributo. Con ello inició su carrera de brutales masacres, entre las que se le atribuyen el exterminio de cien mil personas entre 1456 y 1462, hechos detallados en documentos y grabados de la época, que pusieron de manifiesto su gusto por la sangre y el empalamiento, por lo que se le comenzó a llamar Vlad Ţepeş o Tepes (se pronuncia tse'pesh), que en rumano significa “Vlad el Empalador”, nombre que pronto sustituyó al de “Drăkulea”. Una de sus acciones de empalamiento masivo fue en su venganza contra los boyardos, asesinos de su padre y de su hermano mayor. Vlad llevó a cabo esta venganza en la Pascua de 1459, invitando a los boyardos a una gran cena de Pascua, pidiéndoles a estos que se pusieran sus mejores galas. Cuando terminaron de cenar, Vlad mandó empalar a los más viejos, mientras que a los jóvenes los obligó a ir hasta T"rgoviste, hasta un castillo en ruinas que había en un monte cercano al río Arges. Los boyardos fueron a pie y muchos perecieron en el camino, pero los que llegaron aún con vida, fueron obligados a construir el castillo de Vlad en Transilvania. Sus preciosas ropas de gala quedaron convertidas en harapos mientras, obligados a construir el castillo, iban muriendo de cansancio y hambre a través de los meses, ante el deleite de Vlad. EL CASTILLO DE VLAD EL EMPALADOR A Vlad el Empalador le gustaba organizar empalamientos multitudinarios con formas geométricas. La más común era una serie de anillos concéntricos de empalados alrededor de las ciudades a las que iba a atacar. La altitud de la estaca indicaba el rango que la víctima había tenido en vida. Con frecuencia, Vlad dejaba los cadáveres pudriéndose durante meses. Un ejército turco que pretendía invadir Rumania se volvió atrás, aterrado, cuando encontró a varios miles de empalados descomponiéndose en lo alto de sus estacas, a ambas orillas del Danubio. Sus técnicas de empalamiento eran variadas. En la primera, se introducía una estaca afilada de 3.50 metros de largo por el ano del condenado, atravesándolo y destrozando los órganos internos; la estaca pasaba a través de la garganta y salía por la boca. Luego era izada y clavada en el suelo. Estos eran los que morían más rápido. La segunda consistía en clavar la estaca afilada en el piso, elevar a la víctima y meter la estaca afilada en la ingle, en los testículos o en la vagina, soltando luego al prisionero para que su propio peso lo clavara; estos prisioneros podían estar horas en agonía gritando, desangrándose lentamente, con la estaca desgarrándolos internamente con cada movimiento que hacían, hasta que finalmente morían. La tercera técnica era clavar una estaca afilada en el piso y luego atravesar al prisionero como si fuera un insecto, metiendo la estaca por la espalda para que saliera por el pecho o por el estómago; así sufría más y podía demorar tres días en morir. La última técnica consistía en empalarlos con estacas sin punta: esto causaba el sufrimiento más atroz y prolongaba la agonía a veces más de diez días. Otra de sus actuaciones en su reinado fue cuando la población se quejó de los continuos robos que sufrían por parte de ladrones y asaltadores en sus territorios, además de los pobres, que según Vlad no aportaban nada al país. Para erradicar esto propuso un gran festín en una gran casa de las afueras de las ciudades para pobres, ladrones, tullidos, leprosos, enfermos, pordioseros, en donde las grandes viandas y el vino estaban por doquier. Cuando ya todos estaban borrachos e indigestos, Vlad y su guardia se plantaron en la casa y preguntó a todos los allí reunidos si querían una vida sin privaciones ni preocupaciones y que todos los días se dieran festines como aquel, a lo que los mendigos y demás personas respondieron que sí y que había sido el mejor día de sus vidas. Vlad les sonrió y mandó a sus soldados que cerraran todas las puertas de la casa y prendieran fuego sobre ella. Nadie quedó con vida. Eliminó la pobreza acabando con los pobres. Estas atrocidades se fueron repitiendo con todos los mendigos en cada comarca de su principado. Llegaron a morir 3,600 indigentes y ladrones. El siguiente grupo improductivo con el que quiso acabar fue el de los gitanos. Vlad reunió a trescientos de una comarca, mandó que asaran vivos a los tres líderes para que los demás se los comieran o a cambio se alistaran en el ejército para luchar en el frente turco; si no querían, todos serían asados. Los gitanos optaron por ir a la guerra. Vlad Ţepeş luchó y descargó su brutalidad además contra cristianos y musulmanes, sin discriminar a nadie. Dependiendo lo que le convenía en cada momento, luchaba contra aquel que le hiciera pagar tributos. Ambos lo tenían por un maldito, quedándose él en una posición intermedia, obligando a musulmanes de su país a luchar contra los musulmanes turcos, y a los católicos a matar ortodoxos. El Día de San Bartolomé de 1459, Vlad hizo empalar a la mayoría de los sajones de Brasov, una región transilvana que se había rebelado contra él apoyando al pretendiente Dan II, junto con desleales húngaros y rumanos. A continuación organizó un festín en el centro de lo que denominó “El Bosque de los Empalados”. Este peculiar "Bosque" era un valle donde se habían talado todos los árboles para obtener estacas suficientes donde empalar a más de 23,000 prisioneros turcos, húngaros, rumanos, búlgaros y colonos alemanes, junto con sus familias. Hombres, mujeres y cientos de niños fueron empalados allí, repartidos por todo el valle. Los gritos de dolor de miles de personas se escuchaban; personas enloquecidas de dolor, muchas de ellas ubicadas frente a la tarima donde un verdugo descuartizaba lentamente a los cabecillas de la sublevación y a sus familias. La peculiar celebración duró hasta muy entrada la noche, cuando, para iluminarse, Vlad y su ejército prendieron fuego a la ciudad, ante los ojos de 30,000 agonizantes ciudadanos. EL BOSQUE DE LOS EMPALADOS Incluso a los que no mandó empalar los amontonó e hizo que sus soldados los mataran a sangre fría con espadas, picas y cuchillos. De este hecho dejó constancia escrita el propio Vlad, ya que mandó una carta el día 11 de enero de 1462 al rey de Hungría, Matías I Corvinus, en la que escribió que había empalado a más de 20,000 personas; luego afirmaba que sabía bien la cifra, ya que fueron cortando la cabeza a cada uno para facilitar el recuento. Además de la carta también envió al rey húngaro dos grandes sacos con orejas, narices y cabezas de sus víctimas. Poco después atacó a la ciudad de Tara Birsei, en donde también hubo varios empalamientos. Al año siguiente arrasó las ciudades de Amlas y Fagaras por rebelión, resultando la gran mayoría de sus habitantes empalados, quemados o muertos en combate. Estas ciudades tardaron varias generaciones en recuperar su población, quedando desiertas algunas poblaciones durante un siglo. Vlad Ţepeş, al firmar la paz con Transilvania, pidió que este principado no debería acoger a ningún enemigo y tenía que pagarle 15,000 florines. Vlad se vio atacado en 1460 por el anterior gobernante, Dan II, quien quería expulsarlo y recuperar el poder. Para ello se sirvió de un ejército transilvano de poco más de un millar de soldados, pero fue derrotado y capturado. Vlad obligó a Dan II a que asistiera a sus propios funerales y después cavara su tumba, antes de ejecutarlo sádicamente. A la muerte de Dan II hubo un nuevo pretendiente al principado que fue Vlad Caragarul, hermanastro de Vlad Ţepeş. Ese mismo año 10,000 hombres fueron empalados en Sibiu. En 1461 derrotó al comandante turco Hanza en una emboscada en la frontera con los turcos en las orillas del Danubio. Tras capturar al turco, le cortó los pies y las manos y lo dejó en la frontera, para que sus compatriotas lo recogieran. En 1461 Mehmed II, el conquistador de Constantinopla, volvió a la susodicha ciudad enfermo de violentos vómitos ante la visión del “Bosque de los Empalados”. Aunque el empalamiento era, evidentemente, la diversión favorita de Vlad Ţepeş, también gozaba con la aplicación de otros tormentos a quienes de un modo u otro le habían hecho enfurecer, normalmente en la intimidad de sus castillos. Entre los métodos de tortura favoritos del Príncipe de Valaquia se contaban también la amputación de miembros, narices y orejas; el vaciado de ojos con ganchos; el estrangulamiento; la muerte en la hoguera; la castración; el desollamiento; la exposición a los elementos o a fieras salvajes; la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales, especialmente de las mujeres. Muchas historias crueles ocurrieron durante su reinado. A unos mensajeros turcos les preguntó por qué eran tan irrespetuosos y no se sacaban el turbante ante su presencia. Los mensajeros respondieron que no acostumbraban a hacerlo. Vlad los devolvió a Estambul con los turbantes clavados a los cráneos, para que nunca se los sacasen. VLAD Y LOS MENSAJEROS TURCOS Otro día, un comerciante florentino se presentó en su castillo para denunciar que le habían robado una bolsa de monedas de oro. Vlad le dijo que volviera al día siguiente. Cuando el mercader retornó, los ladrones y todos los miembros de sus familias estaban empalados en el patio de castillo. Frente a ellos, Vlad le regresó la bolsa robada. Le pidió al comerciante que contara las monedas de la bolsa, para comprobar si faltaba alguna. El aterrorizado extranjero las contó cuidadosamente y musitó: “Sobra una”. Vlad le contestó: “Tu honradez te ha salvado. Si hubieras intentado quedártela, habrías acabado en la estaca más alta, junto con éstos”. En otra ocasión, unas caravanas de comerciantes alemanes no se detuvieron en Valaquia para comerciar con Vlad. Éste, al enterarse de la falta de respeto hacia él y su pueblo, mandó capturar las caravanas y asesinar a los seiscientos comerciantes que las componían, exceptuando a dos: a uno de ellos le sacó los ojos y a otro le cortó la lengua, y los hizo volver con las cabezas de los comerciantes muertos a Alemania. Un día, cuando Vlad paseaba con un monje junto al “Bosque de los Empalados”, éste le dijo en tono burlón que el hedor era insoportable. Vlad se enfureció; ordenó que empalaran al monje en el palo más alto que hubiera. Cuando el monje agonizaba entre alaridos de dolor, el príncipe le preguntó si allí arriba olía mejor. Cuando Vlad fue de visita a un pueblo de Valaquia, vio como dos monjes le pedían limosna. El príncipe les preguntó por qué pedían limosna si podían vivir sin penurias colaborando en cualquier iglesia y éstos le respondieron que mendigando podrían saber si iban a entrar o no en el reino de los cielos, a lo que Vlad sin más miramientos, les mandó empalar y les dijo que así sus dudas quedarían resueltas de inmediato. Vlad tuvo muchas amantes a lo largo de su vida, probablemente debido al hecho de que le duraban muy poco. Un día que Vlad estaba de mal humor, una de sus amantes le dijo para complacerlo que estaba embarazada de él. Vlad envió a una matrona para que la examinase y cuando ésta le dijo que no había tal embarazo, Vlad le rajó el vientre a su amante gritando que quería ver el fruto de sus entrañas. Castigó duramente el adulterio y no dudó en empalar a todas aquellas mujeres que fueran acusadas de ello. En una ocasión, Vlad se encontró con un hombre astroso trabajando en el campo. Al preguntarle si no estaba casado, éste le dijo que sí. Vlad hizo traer a la mujer y le preguntó qué hacía; la mujer le dijo que lavar, hacer el pan y coser. Señalando a las ropas de su marido, Vlad no le creyó y decidió empalarla a pesar de que el esposo afirmaba estar contento con ella. Luego obligó a otra mujer a casarse con este hombre, no sin antes amenazarla con el mismo destino si no cuidaba bien del campesino. También puso en una fuente de la plaza de Tirgoviste, la capital de Valaquia, una copa de oro macizo para que todo el mundo bebiera en ella, pero advirtiendo que aquel que la robara se sometería a la justicia del príncipe. Durante todos los años de su reinado, nadie osó robar la copa de oro. Tras su muerte, la copa de oro siguió durante un largo período en la fuente, debido al temor que había infundido Vlad en los habitantes. Vlad hizo y deshizo alianzas tanto con turcos como con húngaros siempre por los intereses de su patria, Valaquia. Durante todo su reinado se caracterizó como un auténtico patriota y siempre defendió los intereses de su pueblo, ya que tanto húngaros como turcos miraban a sus territorios como región a conquistar. Casi siempre contó con un ejército reducido y muchas veces utilizó las tácticas de la guerrilla. Usaba la técnica de “tierra quemada”, envenenaba los pozos de agua y mandaba enfermos de tuberculosis a los campamentos turcos. Capturado en una batalla, Vlad Ţepeş recuperó su libertad en 1473 y su trono el 11 de diciembre de 1476, gracias al apoyo real húngaro obtenido. Su última acción fue tres días después, cuando se lanzó a atacar a los turcos. Estos habían preparado otro gran ejército para conquistar Valaquia y poner en el poder a Basarab Laiota. Los turcos estaban apoyados otra vez por los nuevos nobles boyardos, quienes les dejaron vía libre para penetrar en Valaquia. Fue Basarab quien se lanzó contra Vlad en una emboscada en la que murió éste y la mayoría de su guardia personal de moldavos, de los que sólo quedaron diez soldados. Murió luchando con un ejército de tan sólo doscientos hombres contra un ejército de 120.000 turcos, algo que había hecho antes varias veces con éxito. Su cabeza fue entregada a los turcos, quienes la exhibieron como trofeo, colgada de una estaca en el centro de Estambul. Su tumba está en un pequeño convento del lago Snagov, cerca de Bucarest, donde hay inscripciones y diferentes retratos de él. Sus hechos fueron inmortalizados por el juglar alemán Michel Beheim, en su obra poética Von ainem wutrich der hies Trakle waida von der Walachei en 1463. LA TUMBA DE VLAD TEPES Justicia y sadismo, sangre y tortura, el “Bosque de los Empalados” y valentía sobrehumana. Los historiadores que defienden a Vlad el Empalador como un héroe nacional destacan que, en aquel tiempo y lugar, el ejercicio del terror total era la única manera de mantener a raya a las fuerzas abrumadoramente superiores que, desde un lado y otro, se disputaban las puertas de Europa y de Asia. Desde esta perspectiva, Vlad Ţepeş fue un hombre de su tiempo, con la moral de su tiempo e incluso dotado de un sentido de la justicia y el patriotismo poco usual para una época tan convulsa, quien hizo lo necesario para acobardar a los masivos ejércitos extranjeros y a los desestabilizadores del interior. PLACAS CONMEMORATIVAS SOBRE VLAD TEPES Siglos después de su muerte, en la literatura y el cine fue el modelo del género de terror y del vampirismo, ya que una leyenda tardía afirma que bebía la sangre de sus víctimas en copas mientras comía delante de los empalados. JUGUETES BASADOS EN VLAD TEPES Su sádica personalidad la tomó el escritor Bram Stoker como modelo para su novela Drácula, realizada en 1897, que poco o nada tiene que ver con el personaje histórico. PORTADA DE LA PRIMERA EDICION DE LA NOVELA DRACULA, DE BRAM STOCKER(1897) De esa obra se harían innumerables imitaciones, versiones fílmicas y teatrales, y reforzaría el mito del vampiro en el imaginario colectivo mundial. Pero el impacto del conde hematófago arrojó una sombra de ignorancia sobre el personaje histórico, mucho más temible que el transilvano literario. VLAD TEPES CONVERTIDO EN EL VAMPIRO CONDE DRACULA En 1976, el gobierno comunista del cruel dictador Nicolae Ceauşescu declaró a Vlad Ţepeş “Héroe de la Nación” al cumplirse el Quinto Centenario de su muerte. Era la recuperación de un pasado de gloria sangrienta, el revisionismo histórico al servicio del comunismo de ala dura. MONEDAS CONMEMORATIVAS: LA EFIGIE DE VLAD Y SU CASTILLO EN TRANSILVANIA A lo largo de los años, Vlad el Empalador ha inspirado pinturas (su rostro fue retomado por varios artistas para ubicarlo en situaciones que no tenían que ver con él), esculturas, canciones, juguetes, obras literarias, películas y canciones. ILUSTRACION HISTORIETA SOBRE VLAD EL EMPALADOR Su castillo es una atracción turística. Pero sobre todo su figura es, con mucho, una de las que producen más horror pese a los siglos transcurridos desde su muerte.
Hola a todos! Bueno queria hacer un post de a mi gusto una de las mejores novelas o miniserie que pueda haberse hecho, es una remake de la novela tambien Colombiana Sin Tetas no hay paraiso, (en Sin Senos las minas están mucho mejor y las historias estan mejor contadas). Esta telenovela es protagonizada por: Carmen Villalobos (Catalina), Maria Fernanda Yepes (Yesica, la diabla), Catherine Siachoque (Doña Hilda, mama de Cata), Fabian Rios (Albeiro el novio de Cata), Juan Diego Sanchez (Bayron, hermano de Catalina), Aylin Mujica (Lorena, una de las proxenetas que lleva mujeres a MExico), Gregorio Pernia (el Titi o Aurelio Jaramillo, un narco joven colombiano que esta enamorado de Catalina) Carolina Sepulveda (Ximena, amiga de cCatalina) Alejandra Pinzon (Paola, amiga de Cata) Carolina Betancur (Vanesa, amiga de Catalina) Danilo Santos (Cardona, un mafioso maaduro de Colombia) Guillermo Quintanilla (Martinez, mafioso feo capaz de cualquier cosa, estuvo asociado con Cardona pero a lo ultimo se une al Cartel de Juarez) Y ahi viene la historia la hago un poco corta. Catalina, una jovencita, está dispuesta a arriesgarlo todo con el fin de escapar de la pobreza en que vive y cumplir sus sueños, incluso si esto significa poner su vida y su integridad en peligro. Su madre Hilda, es una hermosa mujer de trabajo duro, para darles lo mejor a su hijos, gasta energía sin límites en sus esfuerzos para impulsar a sus hijos, Catalina y Byron, hacia el buen camino. A pesar de los esfuerzos de Hilda, la situación está llena de pobreza y necesidad. Catalina es una joven y bella mujer, pero no tan voluptuosa como sus amigas que prestan servicios sexuales a los hombres poderosos en el mundo del narcotráfico. Yésica \"La diabla\", la mejor amiga de Catalina, entró en ese mundo con su propio negocio: seleccionar y reclutar grupos de mujeres para las cuales los narcotraficantes pagan por adelantado para recibir servicios sexuales. Yesica induce a Catalina a ejercer la prostitución, convenciéndola de que esta es la única manera de salir de su pobreza. Una vez adentro, Catalina cae en manos de Lorena, el equivalente de Yessica en México, que junto con Martínez, un miembro importante del cártel de Juárez, convence a las mujeres jóvenes sin experiencia de Colombia a someterse a cirugía de senos como un medio para obtener una vida mejor en otro país. Lo que no saben es que en realidad se utiliza como \"mulas\", traficando cocaína en sus senos. Catalina, deslumbrada por el mundo de riquezas y una vida llena de lujos, decide no continuar su relación con su novio Albeiro, un joven de su barrio que tiene muy pocas ambiciones, pero que ella ama con todo su corazón. Ella decide buscar a alguien que pueda pagar su cirugía de implantes mamarios de silicona, ya que, según su creencia, esto proporcionará a su fama y la riqueza que anhela. ALGUNAS FOTELLIS... YESICA MUERTA YESICA Y DON MARCIAL CATALINA Y PELAMBRE CATA YESICA Y DON MARCIAL YESICA CATALINA A PUNTO DE SUICIDARSE YESICA CATA Y EL TITI CATA Y DON MARCIAL XIMENA Y PAOLA XIMENA YESICA CATALINA, VANESA Y PAOLA BALIN BAYRON CATALINA Y ALBEIRO CATA Y YESI DOÑA HILDA Bueno, nose si soy el unico engendro que la ve a la novela solo queria postear sobre esto jeje es lo unico que miro en la tele junto con Bendita TV Decisiones y el fulbo los fines de semana! Algun colombiano sabra de que estoy hablando jeje Adiossss Fuente http://es.wikipedia.org/wiki/Sin_senos_no_hay_para%C3%ADso http://msnlatino.telemundo.com/novelas/Sin_Senos_No_Hay_Paraiso/

Bella Poulsdatter nació en 1859 en Trondhjeim, Noruega. A los veinticuatro años decidió seguir los pasos de su hermana Anna, que vivía en Estados Unidos, y buscar una vida mejor embarcando hacia América. En Chicago conoció a su primer marido, Mads Sorenson, un hombre conservador, deseoso de formar una familia. No pudieron concebir hijos, de modo que decidieron adoptar a tres niñas: Jennie, Myrtle y Lucy. Los vecinos consideraban a los Sorenson una familia feliz. Belle era una mujer discreta y callada. Lo único llamativo fue que tuvieron la mala suerte de que su casa y su pequeño negocio se quemasen, quedando milagrosamente sus residentes a salvo. CAMINO A LA GRANJA DE BELLE La tienda, que sólo ocasionaba pérdidas, proporcionó una buena ganancia cuando se cobró el seguro. Gracias a una jarra de cerveza que Belle le ofreció a su esposo en su casa de Lake Michigan, su matrimonio duró poco. La cerveza contenía una dosis generosa de estricnina, y la viuda por voluntad propia hizo incinerar a Mads antes de que los investigadores de la compañía de seguros se enterasen de nada. El certificado de defunción determinó que el fallecimiento se había debido a un ataque al corazón. Belle cobró dos pólizas de seguro de vida, por la muerte de Mads, de casi $8.000 dólares, una enorme suma en aquellos tiempos. MYRTLE Y LUCY, LAS NIÑAS ADOPTADAS Belle se trasladó a La Porte, Indiana. Empleó el dinero del seguro en una granja. Se trataba de una casa de mala reputación que había caído en el abandono desde que su dueña, la prostituta Mattie Altie, falleciese. El edificio, de ladrillo rojo, tenía seis dormitorios y dos plantas de altura, con un huerto en un lado y un pantano y bosques por el otro. Los vecinos acogieron muy bien a aquella mujer que transformó el odiado negocio en un confortable hogar para ella y sus hijas. Al poco tiempo, Belle contrajo un nuevo matrimonio. Su marido, Peter Gunness, era alto y guapo. BELLE GUNNES En el invierno de 1902, Gunness dijo a Belle que sólo le quedaba una cosa: una póliza de seguro de 10.000 dólares, que tendría que cancelar. Lo había invertido todo en opciones de compra de terrenos junto a una vía férrea que no había llegado a construirse. Belle le ayudó a buscar la póliza y le acompañó a la puerta. Al volverse él para darle un beso de despedida, ella levantó una trituradora de carnicero y le golpeó con ella la cabeza. La hija de Belle, Jennie, oyó a su madre gritar. Corrió a su habitación, en el piso superior, y encontró a su padrastro gravemente herido. Su madre, llorando y gritando, le comentó que el gran triturador de carne de hierro se había caído en la cabeza de Peter. Murió antes de la salida del sol. La crédula policía aceptó su explicación de que Peter Gunness había resbalado sobre el hielo del camino de entrada a la casa y se había golpeado el cráneo contra el escalón de la puerta. Pero los aseguradores fueron más suspicaces y realizaron una investigación que duró cuatro meses, después de los cuales pudo Belle cobrar su segunda indemnización por viudez. JENNIE GUNNESS CUANDO ERA BEBE Emil Greening, hijo de un vecino, comenzó a interesarse por Jennie, quien se había convertido en una jovencita muy atractiva. De repente, la chica desapareció sin despedirse de él. Belle Gunness le dijo que se había ido a estudiar a la Universidad en San Francisco. Después apareció en la vida de Belle un hombre llamado Ray Lamphere. Era un carpintero de treinta años que Belle decidió contratar para que la ayudase en la granja en la primavera de 1907. Fue a vivir a la granja y pronto se convirtió en su amante. RAY LAMPHERE Lamphere presumía ante sus amigos de que la había seducido y mostraba con orgullo los regalos que ella le había dado: un reloj, un chaleco, un sombrero de castor y unas botas de cuero. Sin embargo, en la Navidad de 1907, Belle apareció en La Porte con un nuevo hombre que, como la mayoría de las anteriores parejas, parecía surgir de la nada. Todos los vecinos, y sobre todo Lamphere, se sorprendieron cuando se enteraron de que pensaban contraer matrimonio. JENNIE GUNNESS, LA HIJA DESAPARECIDA Los pobladores lo definían como “un gran sueco”. Se llamaba Andrew Hegelein, un hombre feliz, amable y simpático, que se detuvo en el banco de la ciudad para retirar la totalidad de sus fondos de otro banco en Dakota del Sur. Comentó a la cajera que él y Belle iban a casarse. ANDREW HEGELEIN Esa noche, Belle ordenó a Ray Lamphere que abandonase la granja. Lamphere se marchó lleno de ira. Una semana después, Hegelein había desaparecido. Belle lloró y se desahogó con sus vecinos diciéndoles que no sabía cuándo iba a aprender: “¿Qué hago mal para que todos estos hombres se aprovechen de mí?”. Lamphere se negó a volver y ayudarla en la granja. FICHA DE ARRESTO DE ANDREW HEGELEIN Para ayudarla con la cosecha de primavera, Belle contrató a Joe Maxson. Parece que Maxson no fue su amante. Cuando terminaba su trabajo, mucho después de la puesta del sol, Maxson disfrutaba de la acogedora sala de estar de Belle, leía el periódico y tocaba su violín. Con esta música entretenía a las niñas de la viuda. Fue una época tranquila en la vida de Belle, pero pronto el celoso amante Lamphere comenzó a amenazarla, lo que la obligó a denunciarlo. Fue detenido una y otra vez, pero Lamphere seguía acosándola a distancia. JOE MAXSON El 27 de abril de 1908, Belle visitó a un abogado para hacer su testamento. Le dijo al abogado que ella temía que Lamphere acabara con su vida y, en concreto, creía que una noche podría quemar su casa. Decidió dejar sus propiedades a sus hijas o, en caso de la muerte de estas, al orfanato Orphan’s Home. El abogado le indicó que ese no era el nombre oficial del orfanato y que necesitaba un día o dos para conseguir el verdadero nombre. Sin embargo, Belle le dijo con desesperación: “¡No hay tiempo para esperar!”. Con un suspiro, el abogado consintió hacer el testamento y colocó su nombre en la parte inferior del documento junto a la de Belle. El incendio comenzó esa noche, con la familia de Belle y ella misma supuestamente adentro de la propiedad. Tras el fuego, Ray Lamphere, que fue encontrado cerca de la granja, admitió que vio las llamaradas pero que no se había sentido obligado para advertir a nadie. Se convirtió en el principal sospechoso y fue detenido. BELLE GUNNESS POCO ANTES DEL INCENDIO Durante el juicio empezaron a surgir muchas preguntas: ¿Por qué tantos pretendientes de Belle habían llegado a la ciudad y habían desaparecido dejando atrás sus pertenencias personales? ¿Dónde estaba Jennie, la hija? ¿Por qué en el colegio al que se suponía que había asistido en San Francisco, no tenían constancia de ella? ¿Cómo no había aparecido para reclamar su herencia? Para encontrar las respuestas, se comenzó a excavar en los escombros quemados de la granja. Los resultados fueron sorprendentes y terribles. Apareció una caja torácica humana; un brazo esquelético; un esqueleto completo; varios relojes de hombre… El sheriff Al Smutzer intentó que no trascendieran estas noticias para que no se perturbase la paz y la tranquilidad de su ciudad, y contrató a Joe Maxson y Daniel Hutson para que cavasen con discreción. Sin embargo, todo el mundo estaba interesado en las excavaciones y resultaba imposible ocultar lo que estaba ocurriendo. LA GRANJA EN RUINAS En mayo, el hermano de Andrew Hegelein, el “gran sueco” de Dakota del Sur, se presentó en la oficina del juez. Este hombre, llamado Asle Hegelein, había sabido que Andrew llegó a La Porte en enero de 1908 a retirar sus ahorros del Banco de Dakota del Sur “con Belle a su lado”. Cuando leyó en los periódicos lo ocurrido con Belle Gunness, decidió que debía investigar qué había sucedido con su hermano. Explicó que su hermano Andrew contactó con Belle a través de la columna del periódico Skandinaven, donde las mujeres inmigrantes escribían para encontrar marido. BELLE GUNNESS CON SUS HIJAS En sus cartas, Belle se presentó como “una buena mujer noruega” que deseaba un fiel marido, amante y proveedor para ella y su familia. Su preocupación por la cuestión monetaria no ofrecía ninguna duda. Ella escribió en una de sus cartas que no enviase dinero en efectivo a través de un banco, sino que llevase sus fondos cosidos en el interior de su ropa interior y que no comentase a nadie nada, “ni siquiera a su pariente más próximo. Que esto sea un secreto entre nosotros dos y nadie más. Probablemente tendremos muchos más secretos, ¿no le parece?” ASLE HEGELEIN El sheriff Smutzer creyó que Asle exageraba. Sin embargo éste, enterado de que se estaba excavando en la granja y que habían aparecido relojes y otros objetos, quiso averiguar si alguno pertenecía a su hermano. Asle se presentó ante Joe Maxson y Daniel Hutson y se ofreció a ayudarlos a cavar. Fueron extrayendo botas, cajas de basura y otros objetos, pero llegó un momento en que el olor se hizo extremadamente nauseabundo. De repente vieron un brazo humano y después los restos de lo que había sido una vez un hombre. Asle dijo: “Ese es mi hermano”. El cuerpo se encontraba desmembrado: se habían cortado las piernas, los brazos, la cabeza… EL CADAVER DE ANDREW HEGELEIN Antes de que terminase el día se desenterraron otros cuatro cuerpos: dos hombres y dos mujeres. De las dos mujeres una era, obviamente, Jennie. La pobre chica no se fue a estudiar, como Belle había difundido, sino que fue asesinada por su propia madre. Los habitantes de La Porte no podían creer que la amable Belle Gunness, de la que todos se compadecían, fuese una fría asesina en serie. El sheriff Smutzer ya no podía ocultar la verdad y la tranquila ciudad se convirtió, de la noche a la mañana, en un lugar repleto de medios de comunicación y curiosos. LAS INVESTIGACIONES Pronto comenzó a asociarse con Belle Gunness la desaparición de hombres que habían contactado con ella. Por ejemplo, Ole Budsberg, que, acompañado de Belle, sacó del banco $1.800 dólares el 26 de abril de 1907. Después nadie volvió a verlo. Un vecino de Belle recordó que un tal Henry Gurholt trabajaba para Belle en la granja en la primavera de 1905 y que en agosto la viuda le pidió ayuda, porque Henry la había abandonado para ir con un comerciante de caballos. Los cuerpos de estos dos desaparecidos se encontraron en la granja y otros muchos más. Todos los cadáveres se encontraban desmembrados. Aparecieron también los zapatos de una mujer y un bolso. Resultó especialmente impresionante el descubrimiento de los restos mortales de un niño de corta edad. HENRY GURHOLT Comenzó a cuestionarse que los dos maridos de Belle muriesen de forma natural. Un médico llamado J.B. Miller, de Chicago, afirmó que Mads mostró todas las señales de envenenamiento por estricnina. Sin embargo, los superiores de Miller quisieron ahorrarle a la viuda un dolor innecesario, ya que era un caso perdido y, después de todo, se trataba de un hombre que estaba sometido a un tratamiento para una enfermedad del corazón. Sin embargo, el doctor Miller pensó que, en aquel momento, no se tuvo en cuenta las dos pólizas de seguros que beneficiaban a su mujer. También le resultó sospechoso que Belle Gunness, que se mostró muy llorosa y afligida, estuviera absolutamente en contra de realizar la autopsia a su marido. Tampoco se investigó la muerte de su segundo marido, Peter Gunness. A pesar de que resultaba inexplicable la forma en la que el triturador de carne se cayó sobre su cabeza, en la audiencia Belle representó su papel de mártir y todos le creyeron. El sheriff no estaba satisfecho y preguntó a la hija, Myrtle, acerca de cómo era la relación entre su madre y su padrastro. Sus respuestas indicaban que era más probable el asesinato que la muerte accidental. Sin embargo, ésta fue la que finalmente se sostuvo. Una vez más, Belle Gunness salía indemne de sus crímenes. LA TUMBA DE PETER GUNNESS Incluso la pequeña Myrtle, sólo una semana antes de que la familia muriese en el incendio, susurró a una compañera del colegio que su papá había muerto porque su mamá le había golpeado en la cabeza, y añadió: “No se lo digas a nadie”. Pero después del incendio en mayo de 1908, los secretos de Belle comenzaron a desvelarse. No obstante, había muchas cuestiones que no era fácil resolver. Entre ellas, si Belle verdaderamente estaba muerta. LA TUMBA DE JENNIE GUNNESS Ray Lamphere fue sin duda el chivo expiatorio del proceso. Había sido un amante celoso, que la intimidó y amenazó. Pero la defensa de Lamphere se basaba en que hasta que no se demostrara que la mujer sin cabeza era Belle, podía plantearse como algo creíble que esta mujer sin escrúpulos matara a sus hijas, dejase el cuerpo de otra en su lugar, cortándole la cabeza para que no pudiera identificarse, y escapara de allí. La cabeza nunca apareció. Sin embargo, el dentista de Belle Gunness, Ira Norton, ofreció una valiosa información. Dijo que si encontrasen entre los escombros la dentadura postiza de Belle él podía identificarla. Le había hecho, el otoño anterior, un juego de seis dientes de porcelana apoyados en oro. El domingo 12 de mayo, localizaron la dentadura de Belle. Se creyó que este hallazgo demostraba la muerte de la mujer aunque luego se dijo que ella pudo dejarla intencionadamente allí. El 22 de mayo, el jurado procesó a Ray Lamphere por incendio intencionado y asesinato en contra de la familia Gunness. LA DENTADURA DE BELLE Sin embargo, muchos creían que Belle seguía viva. Entre ellos se encontraba Joe Maxson, su último peón agrícola. Maxson le comentó a su hermana que estaba seguro de que la noche del incendio Belle entró en su dormitorio. La encontró de pie, al lado de su cama, mirándolo. Él se incorporó alarmado y ella le dijo: “Sólo quería ver si usted estaba dormido”. Ella salió silenciosamente de su cuarto pero, a pesar de estar casi dormido, le pareció ver un martillo oculto en los pliegues de su falda. Maxson escapó de la muerte por muy poco. RAY LAMPHERE, SUPUESTO ASESINO DE BELLE El abogado defensor de Ray Lamphere fue Wirt Worden; la acusación estuvo representada por Ralph Smith. Worden demostró que el sábado por la tarde, antes del incendio, Belle Gunness fue vista conduciendo su coche con una extraña mujer, no tan robusta como la viuda. La descripción de esta misteriosa mujer apoyaba el testimonio del forense, el doctor Gray, quien durante la autopsia estimó que la víctima decapitada había pesado, antes del encogimiento por el fuego, unos 36 kilos menos que Belle. EL JURADO En la versión de Worden, Belle se asustó cuando tuvo noticias del hermano de Hegelein, que iba a visitarla para preguntar por Andrew. Durante la tarde antes del asesinato, Belle compró una cantidad grande de queroseno y el contenedor que ella tenía fue encontrado en el sótano y no en el lugar habitual donde ella lo guardaba. CABEZA HUMANA ENCONTRADA EN LOS ESCOMBROS DEL INCENDIO DE LA GRANJA También el método empleado para acabar con la vida de sus tres hijas y de la mujer decapitada era el que Belle solía emplear. Se encontraron restos de estricnina en los estómagos de al menos tres de los cuerpos quemados en el fuego. Worden demostró que Belle no sólo tenía un motivo para asesinar, sino que siguió su método acostumbrado. Por otra parte, no había ninguna indicación de que Belle tuviera un carácter suicida. DESCENDIENTES DE LAS VICTIMAS DE BELLE LEVANTAN UN MONUMENTO A LOS ASESINADOS Ray Lamphere fue condenado a $5.000 dólares de multa y a 21 años de prisión en la cárcel estatal de Michigan. Pero su permanencia allí fue breve. Contrajo tuberculosis y murió un año más tarde, el 30 de diciembre de 1909. Falleció ictérico, débil y obsesionado con Belle Gunness. Harry Myers, su compañero de celda, comentó que Ray repetía el nombre de Belle a diario y que estaba seguro de que había escapado. Le dijo que ella tenía una cicatriz grande sobre su muslo izquierdo, pero que aquel cadáver quemado no la tenía. Además afirmó que conocía a Belle y que sabía que no había muerto. MARCA DE CERVEZA EN HONOR A BELLE GUNNESS Belle se convirtió en una leyenda durante décadas y muchos afirmaron haberla visto en diferentes ciudades como San Francisco, Chicago, Nueva York o Los Ángeles. Un testigo dijo que, una hora antes del incendio, había visto pasar a la viuda por delante de su finca con un carro y un tiro de caballos. Al día siguiente se informó que misteriosos actos vandálicos se habían cometido en uno de los cementerios locales: las lápidas de las tumbas de un adulto y de tres niñas habían sido removidas. ESTELA DE PIEDRA EN MEMORIA A LAS VICTIMAS DE BELLE GUNNESS En 1931 una anciana, conocida como Esther Carlson, fue detenida en Los Ángeles por envenenar a un hombre para conseguir su dinero. Dos personas que conocían a Belle Gunness sostuvieron que se trataba sin duda de ella, pero existieron dudas acerca de la veracidad de esas identificaciones. Esther Carlson murió esperando que se celebrase el juicio. SUPUESTA FOTO DE BELLE GUNNESS ANCIANA El nombre de Belle Gunness, “La Viuda Negra de La Porte”, quedó convertido en una leyenda. Se levantó un museo en su honor y hasta principios del siglo XXI, algunos investigadores seguían encontrando restos humanos en la zona que alguna vez ocupó su granja… EL MUSEO DE BELLE GUNNESS Fuente http://cmcorpkillers.blogspot.com/
Emma y Lizbeth Borden eran dos hermanas residentes en Massachussets. A Lizbeth siempre la habían dicho "Lizzie", pese a ser ya una mujer adulta. Lizzie tenía cuarenta años cuando su vida cambió drásticamente. Solteronas, su padre las había presionado siempre. LIZZIE BORDEN A LOS 19 AÑOS RECAMARA DE LIZZIE BORDEN EN LA CASA PATERNA Tras la muerte de la madre de ambas, el padre, Andrew Borden, contrajo matrimonio con una mujer llamada Abby Durfree, que no era del agrado de las hermanas, por lo que evitaban incluso sentarse a la mesa con ella; y cuanto más tiempo pasaba, más desprecio sentían hacia aquella mujer. ANDREW BORDEN, EL PADRE OPRESOR ABBY DUFREE, LA MADRASTRA DE LAS HERMANAS BORDEN La tragedia comenzó la mañana del 4 de agosto de 1892. En el cuarto de estar de una casa vieja y triste de Fall River, Massaachusetts, Lizzie encontró a su padre, el banquero Andrew Borden, con la cabeza convertida en “una pulpa irreconocible”. Estaba tumbado en el sofá empapado en sangre, donde debía de estar dormitando cuando le golpeó el asesino. Eran alrededor de las 11 de la mañana cuando los gritos de Lizzie interrumpieron la tranquilidad de la casa. Lizzie le mostró a la sirvienta el cuerpo sin vida de su padre. El cuerpo yacía en el salón con once hachazos en el cráneo. EL CADAVER DE ANDREW BORDEN EN LA SALA DE SU CASA LA AUTOPSIA A ANDREW BORDEN bp2.blogger.com/_neT8fdNk1Ls/R_Jr-wyPe2I/AAAAAAAABtA/DIKeY6lmxcE/s320/Andrew+Borden+(005).JPG En el horror de aquel descubrimiento, pasaría una hora antes de que Lizzie se enterase de que otros horrores la esperaban. Suponía que su joven madrastra, Abby, había salido de casa para asistir a una amiga enferma. Pero no había salido. Yacía en el suelo de un cuarto de invitados del piso superior, con el cráneo hecho una masa de sangre y huesos astillados. Se encontraba cerca de la cama, sin vida, con el cuerpo frío (señal de que había muerto antes que el padre). Le habían dado 21 hachazos en el cráneo. EL CADAVER DE ABBY DUFREE EN SU RECAMARA LA AUTOPSIA A ABBY DURFREE Indefectiblemente, la red empezó a estrecharse alrededor de Lizzie Borden. Dijo a la policía que estaba en el granero-trastero buscando unos plomos para la caña de pescar cuando se habían producido los crímenes. Bridget Sullivan, doncella de los Borden, estaba durmiendo en el piso de arriba, amodorrada por el calor. BIDGET SULLIVAN, LA DONCELLA Emma Borden, hermana mayor de Lizzie, estaba fuera de la población. Y John V. Morse, un tío que estaba invitado en la casa, había salido para hacer visitas de negocios LAS VICTIMAS Si se excluía a Bridget, de quien “respondía” Lizzie, sólo quedaba ésta como sospechosa. EMMA BORDEN, HERMANA DE LIZZIE En el sótano del piso la policía encontró un hacha y una azada, esta última cubierta por ceniza de carbón recién aplicada. Pero el hacha parecía estar limpia. EL HACHA UTILIZADA POR LIZZIE BORDEN Dos días después del asesinato se celebraron los funerales de las dos víctimas, quedando solamente sus cabezas en manos de los forenses para continuar la investigación. LAS TUMBAS DE LOS BORDEN El doble asesinato conmocionó a la pequeña y próspera ciudad de Falls Rivers, Massachusetts, y en la prensa se publicó un anuncio de Emma y Lizzie ofreciendo 5.000 dólares a quien proporcionase información sobre el asesino. LOS TITULARES DE LA EPOCA EN EL CASO Las sospechas de la policía recaían gravemente sobre Lizzie, y fue detenida el 11 de agosto aunque se declaró no culpable EL ARRESTO DE LIZZIE BORDEN, LAS ESPOSAS QUE SE UTILIZARON Y SU FIRMA EN EL REGISTRO DE INGRESO A LA CARCEL El juicio contra Lizzie Borden se celebró en 1893 y al principio las pruebas se acumularon. No había existido cariño entre las hijas Borden y su madrastra que, según se decía, insistía a su marido para que las dejase sin un penique. Tampoco habían dado las chicas muchas muestras de afecto a su padre, cuya tacañería y tiranía eran proverbiales en Fall River. LA SALA DEL TRIBUNAL Y EL JURADO Se sugirió que Lizzie había asesinado a sus padres durante un ataque epiléptico y que no recordaba el crimen. Pero no se había descubierto el arma homicida, no había manchas de sangre en la ropa y las pruebas eran circunstanciales. EL JUICIO DE LIZZIE BORDEN EN LAS IMAGENES ORIGINALES DE LA EPOCA El 25 de agosto, tras la audiencia preliminar, el juez la dejó en libertad sin fianza hasta su presentación al Gran Jurado en noviembre. Tras la detención, la prensa la pintó como una heroína y mártir. Todos creían en su inocencia. LA ACUSACION Un año después, en el juicio, el público la saludó y vitoreó. Se había convertido en un ídolo. De todos lados le llegaban felicitaciones, y era la estrella de las portadas de los periódicos. Hasta la Iglesia estaba a su favor. El juicio fue el mayor acontecimiento de los medios de comunicación de la época. Se creó un enorme movimiento no sólo por los periódicos, sino también por las organizaciones religiosas, grupos femeninos, etc. Todas las pruebas apuntaban hacia Lizzie, y veintiún miembros del jurado votaron a favor de acusarla de asesinato, pero el Tribunal estuvo presionado por el pueblo, que la consideraba inocente. Pero ella era la única persona que había podido matar a sus padres. Tras salvarse de la pena de muerte, aprovechó los 250.000 dólares de la propiedad de su padre para comprar otra gran mansión en la que pasaría sus 34 años restantes. LA VIEJA CASA DE LOS BORDEN Lizzie tenía tres motivos: por un lado el dinero del padre, un hombre de mal carácter, estricto y avaro (tan estricto y sumamente protector, que las puertas interiores de la casa siempre estaban cerradas con pestillo y el señor Borden tenía a Lizzie como una niña pequeña: a sus cuarenta años, le estaba prohibido salir de casa para hablar con extraños). Por otro el rechazo hacia su madrastra, una mujer hipocondríaca muy posesiva y que no había acabado de encajar en aquel hogar. LA LETRA DE LIZZIE BORDEN EN UN DOCUMENTO ORIGINAL Lizzie Borden consideraba el amor de su padre hacia su madrastra como una amenaza directa para la futura herencia de la riqueza familiar en perjuicio de su hermana y ella misma. Al matar a su padre y a su madrastra, despejaba el camino de la herencia, que de este modo no tendrían que compartir con un elemento "extraño" de la familia. Si en verdad los asesinó, seguramente fue por conservar lo que consideraba sus bienes y derechos. Pero había un tercer motivo, mucho más poderoso y que tenía nombre de mujer: Nancy O'Neill, la hermosa jovencita de quien Lizzie estaba profundamente enamorada y que se convirtió en su amante secreta durante muchos años. Una versión asegura que el padre descubrió los amoríos lésbicos de su hija y que Lizzie lo asesinó para impedir que la separase de su joven novia. La muerte de su madrastra fue la consecuencia lógica de ese plan. NANCY O{ NEILL LA JOVEN AMANTE DE LIZZIE Lizzie no prestó testimonio ante el juez, quien tampoco aceptó el testimonio de un vendedor que afirmó el doble intento de Lizzie por comprarle ácido prúsico, pues la acusada alegó que lo utilizaba como antipolillas. La defensa se aferró a la ausencia de sangre en sus ropas, sin darse cuenta que la mujer pudo haber cambiado de ropas entre que los mató y "descubrió" los cadáveres. Tampoco tuvieron en cuenta el testimonio de la criada afirmando que el domingo posterior a los crímenes, Lizzie estuvo quemando un vestido nuevo que estaba manchado "con pintura", "para ordenar un poco el guardarropa", según ella misma. Una versión que circuló después, afirmaba que Lizzie se había desnudado por completo para cometer los asesinatos y poder después lavarse la sangre. No era cierto que en el momento de los hechos, Lizzie estuviese en los establos, pues el calor que solía hacer allí dentro no se soportaba muchos minutos, ni tampoco había polvo de pisadas en los tablones. Los periódicos informaron, poco antes del juicio, que se había hallado otro cadáver en Falls River, muerto de manera idéntica a los otros dos. NOTAS PERIODISTICAS SOBRE EL CASO A pesar de todo eso, Lizzie Borden fue absuelta. En Massachusetts todavía reinaban prejuicios contra la ejecución de mujeres, desde que se había ahorcado, años antes, a una joven que resultó estar embarazada de cinco meses. EL VEREDICTO Cuando el portavoz del jurado pronunció el veredicto de "no culpable", el público de la sala comenzó a aplaudir y a felicitar a la mujer, quién rompió a llorar pidiendo que se le llevara a casa... LIZZIE BORDEN TRAS SER ABSUELTA Una copla cruel fue, sin embargo, acuñada por el pueblo. Esa copla decía así: "Lizzie Borden took an axe And gave her mother forty whacks. And when she saw what she had done, She gave her father forty-one". “Lizzie Borden cogió un hacha y le dio cuarenta hachazos a su madre. Cuando vio lo que había hecho, le dio cuarenta y uno a su padre”. CARICATURA SOBRE EL CRIMEN, EL CULPABLE ES UNA VACA DEL ESTABLO Se sospechó de tres personas que habían acusado a Lizzie pero, por razones ignoradas, la policía no abrió nuevamente la causa. Años después, en una popular película para la televisión, Elizabeth Montgomery encarnó a Lizzie como una cruel asesina que mata a hachazos a sus padres, después de haberse desnudado para no mancharse de sangre el vestido. Pero años después eran muchos los que creían que Lizzie era víctima de unos agentes incompetentes que dejaron que el verdadero asesino se les escapase de las manos. Aunque Hollywood puso a Lizzie la etiqueta de homicida y persistieron los rumores de que era una cruel asesina, la verdad es que la solterona de treinta y dos años fue absuelta por el jurado y vivió una vejez tranquila de mujer amable y protectora de los animales. Lizzie vivió con su hermana hasta 1923, año en que se separaron. Pasaron años, pero la vieja copla siguió amargando la vida de Lizzie Borden y los museos de figuras de cera continuaban presentándola como una desalmada parricida. Sus familiares y amigos la abandonaron. En sus últimos días, no hubo ya visitantes en la mansión Fall River. MUÑECAS QUE REPRESENTAN A LIZZIE BORDEN HISTORIETA SOBRE LIZZIE BORDEN Lizzie Borden murió dejando una fortuna para obras de beneficencia. Hasta su muerte en 1937, fue humillada en una de las coplas más crueles de la historia. Muchos historiadores del crimen trabajan todavía por limpiar el nombre de Lizzie Borden, tenida durante mucho tiempo por la diabólica asesina del hacha, que “dio cuarenta hachazos a su madre... y cuarenta y uno a su padre”. BIBLIOGRAFIA Fuente http://cmcorpkillers.blogspot.com