Lindir
Usuario (Argentina)
Encabezando el Comité Central del Partido Comunista de China, en su tarea de organizar y dirigir a las masas explotadas y oprimidas de esa gran nación, llevando adelante la guerra liberadora y la revolución y la construcción socialistas, Mao Tsetung prestó particular atención tanto a la política y a la economía, como a la cultura, desarrollando también en este aspecto el marxismo-leninismo. Prueba de ello son sus Intervenciones en el Foro de Yenán sobre Arte y Literatura y otros trabajos sobre el estilo literario (Cuadernos 19-20, Mao: Arte y literatura I y II), el planteamiento programático que realiza en Sobre la nueva democracia (Cuaderno 24, Mao: La nueva cultura) y los trabajos que aquí presentamos de esa etapa de la revolución china y de la posterior etapa de la revolución y construcción socialista, a la cual también pertenece el Discurso ante la Conferencia Nacional del Partido Comunista de China sobre el trabajo de propaganda (Cuaderno 16, Mao: Que se abran cien flores, y Cuaderno 86, Mao: Sobre la propaganda). El frente único en el trabajo cultural (Nota al título 1) Todo nuestro trabajo tiene por objetivo derrocar al imperialismo japonés. Este, al igual que Hitler, se aproxima a su ruina. Sin embargo, debemos continuar nuestros esfuerzos, pues sólo así podremos aniquilarlo definitivamente. En nuestro trabajo, primero está la guerra, después, la producción, y luego, la cultura. Un ejército sin cultura es un ejército ignorante, y un ejército ignorante no puede vencer al enemigo. La cultura en las regiones liberadas tiene ya un aspecto progresista, pero tiene todavía un aspecto atrasado. En ellas ya existe una nueva cultura, una cultura del pueblo, pero aún se observan muchos vestigios feudales. Entre el millón y medio de habitantes de la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia, el analfabetismo afecta a más de un millón de personas, hay dos mil profesionales de la hechicería y la superstición sigue influyendo sobre las grandes masas. Todos éstos son enemigos dentro de la mente del pueblo. A menudo resulta más difícil luchar contra tales enemigos que contra el imperialismo japonés. Debemos decir a las masas que se levanten contra su propio analfabetismo, supersticiones y hábitos antihigiénicos. Para llevar a cabo esta lucha es indispensable un amplio frente único. Este frente debe ser especialmente amplio en un lugar como la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia, que tiene escasa población y malas comunicaciones, que parte de un nivel cultural muy bajo y que, por añadidura, se encuentra en guerra. Por eso, en la esfera de la instrucción pública, debe haber no solamente escuelas primarias y secundarias regulares, establecidas en las poblaciones importantes, sino también escuelas de aldea, no regulares y dispersas, grupos de lectura de periódicos y cursos de alfabetización. Debe haber escuelas de tipo moderno, y también hay que utilizar, a la vez que transformar, las escuelas de aldea de tipo antiguo. En la esfera del arte, no sólo debe representarse el drama moderno, sino también la ópera de Shensí y la danza yangko. No sólo hay que tener una nueva ópera de Shensí y una nueva danza yangko, sino también utilizar, a la vez que transformar gradualmente, las viejas compañías de ópera, así como los viejos grupos de yangko, que constituyen el 90 por ciento de los existentes. Esto es aún más necesario en la esfera de la medicina. En la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia se registra una mortalidad muy elevada, tanto entre la población como entre el ganado; mucha gente sigue creyendo en hechicerías. En tales circunstancias, es imposible resolver el problema apoyándose únicamente en la medicina moderna. Por supuesto, ésta es mejor que la medicina antigua, pero si los médicos modernos no se preocupan por los sufrimientos del pueblo, no forman personal médico para el pueblo, no se unen con los mil y tantos médicos y veterinarios de tipo antiguo de la Región Fronteriza y no los ayudan a progresar, en realidad estarán ayudando a los hechiceros y mostrándose indiferentes ante la elevada mortalidad de la población y del ganado. Hay dos principios para el frente único: el primero, unidad, y el segundo, crítica, educación y reeducación. En el frente único, es erróneo el capitulacionismo, pero también lo es el sectarismo con su exclusivismo y su desprecio hacia los demás. Nuestra tarea es unirnos con todos los intelectuales, artistas y médicos de tipo antiguo que puedan ser útiles, ayudarlos, influir sobre ellos y reeducarlos. Para reeducarlos, es preciso ante todo que nos unamos con ellos. Si actuamos de la manera debida, aceptarán de buen grado nuestra ayuda. La nuestra es una cultura del pueblo; los trabajadores de la cultura deben servir al pueblo con gran entusiasmo y devoción, vincularse con las masas y no aislarse de ellas. Para vincularse con las masas, deben actuar de acuerdo con sus necesidades y deseos. En todo trabajo que se realice para las masas, se requiere partir de sus necesidades y no del buen deseo de un individuo. Sucede con frecuencia que objetivamente las masas necesitan un cambio determinado, pero subjetivamente no tienen todavía conciencia de esa necesidad y no desean ni están decididas a realizarlo; en tales circunstancias, tenemos que esperar con paciencia. No se debe realizar el cambio hasta que, por efecto de nuestro trabajo, la mayor parte de las masas hayan adquirido conciencia de la necesidad de ese cambio y tengan el deseo y la decisión de hacerlo. De otro modo, nos aislaremos de las masas. Todo trabajo que requiera la participación de las masas resultará ser una mera formalidad y terminará en el fracaso si las masas no han adquirido conciencia de la necesidad de ese trabajo ni desean participar en él. El dicho “La prisa no conduce al éxito” no significa que no debamos darnos prisa, sino que debemos evitar la precipitación, la cual lleva inevitablemente al fracaso. Esto rige para cualquier clase de trabajo y, en particular, para el trabajo cultural y educacional orientado a la reeducación ideológica de las masas. He aquí dos principios: uno, las necesidades reales de las masas, y no necesidades imaginadas por nosotros, y el otro, los deseos de las masas y las decisiones que toman ellas mismas, y no las que tomemos nosotros en su lugar. 1/ Discurso del camarada Mao Tsetung en una conferencia de trabajadores de la cultura y la educación de la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia. 30 de octubre de 1944 Reclutar gran número de intelectuales (Nota al título 1) 1. En la larga y encarnizada guerra de liberación nacional y en la grandiosa lucha por forjar una nueva China, el Partido Comunista debe saber reclutar intelectuales, porque sólo de este modo estará en condiciones de organizar una gran fuerza para la Guerra de Resistencia, organizar a los millones y millones de campesinos, desarrollar el movimiento cultural revolucionario y extender el frente único revolucionario. Sin la participación de los intelectuales, es imposible la victoria de la revolución. 2. Durante los últimos tres años, nuestro Partido y nuestro ejército han hecho considerables esfuerzos para reclutar intelectuales, y han incorporado un gran número de intelectuales revolucionarios al Partido, al ejército, a los organismos gubernamentales y al trabajo en el movimiento cultural y en el movimiento de masas, ampliando así el frente único; éste es un gran éxito. Sin embargo, muchos de los cuadros del ejército no se dan cuenta todavía de la importancia de los intelectuales, y aún los miran con recelo e incluso tienden a rechazarlos. Muchas de nuestras escuelas de cuadros no se atreven todavía a enrolar jóvenes estudiantes en gran número. Muchas de las organizaciones locales de nuestro Partido todavía son reacias a admitir intelectuales. Todo esto se debe a que no comprenden la importancia de los intelectuales para la causa revolucionaria, ni la diferencia entre los intelectuales de los países coloniales y semicoloniales y los de los países capitalistas, ni la diferencia entre los intelectuales que sirven a la clase terrateniente y a la burguesía, y aquellos que sirven a la clase obrera y al campesinado, ni tampoco la gravedad de la situación en que los partidos políticos burgueses están contendiendo desesperadamente con nosotros por los intelectuales y en que los imperialistas japoneses también tratan por todos los medios de comprar y adormecer a los intelectuales chinos; en particular, se debe a que no comprenden la favorable condición de que nuestro Partido y nuestro ejército ya han formado una firme armazón de cuadros bien probados y están así capacitados para dirigir a los intelectuales. 3. Por lo tanto, desde ahora debe prestarse atención a lo siguiente: 1) Todas las organizaciones del Partido en las zonas de guerra y todas las unidades militares dirigidas por el Partido deben incorporar gran número de intelectuales a nuestro ejército, escuelas de cuadros y organismos gubernamentales. Hay que reclutar por diversos medios a cuantos intelectuales estén dispuestos a luchar contra el Japón y sean relativamente leales, trabajadores y capaces de soportar las privaciones, y darles educación política para que puedan templarse en la guerra y el trabajo y servir al ejército, al gobierno y a las masas; hay que admitir en el Partido, según cada caso concreto, a los que cumplan con los requisitos de militante. En cuanto a aquellos que no satisfagan esos requisitos o no deseen ingresar en el Partido, es preciso establecer buenas relaciones con ellos y guiarlos en el trabajo común. 2) Al aplicar la política de reclutar gran número de intelectuales, debe tenerse, por supuesto, el máximo cuidado para impedir la infiltración de elementos enviados por el enemigo y por los partidos políticos burgueses así como de elementos poco leales. A este respecto debemos ser muy estrictos. Los que ya se hayan infiltrado en el Partido, el ejército o los organismos gubernamentales, deben ser firme pero discriminadamente expulsados sobre la base de pruebas concluyentes. Sin embargo, no por ello hay que sospechar de los intelectuales relativamente leales; debemos mantener estricta vigilancia ante las acusaciones falsas contra gente inocente hechas por contrarrevolucionarios. 3) Es necesario asignar trabajos apropiados a todos los intelectuales relativamente leales y útiles, y darles a conciencia educación política y guía, de modo que en el largo curso de la lucha superen poco a poco sus deficiencias, se revolucionaricen, se identifiquen con las masas y se fundan con los viejos militantes y cuadros del Partido y con los militantes obreros y campesinos. 4) Es preciso realizar un efectivo trabajo de convencimiento con los cuadros que se oponen a la participación de los intelectuales en nuestro trabajo, en particular con los de las fuerzas regulares, para que comprendan la necesidad de reclutarlos. A la vez, hay que estimular eficazmente a nuestros cuadros obreros y campesinos a estudiar con mayor intensidad y a elevar su nivel cultural. Es necesario lograr que los cuadros obreros y campesinos adquieran cultura general y, al mismo tiempo, que los intelectuales se identifiquen con las masas obreras y campesinas. 5) Los principios arriba indicados también son básicamente aplicables en las zonas dominadas por el Kuomintang y en las ocupadas por el invasor japonés, pero, al admitir intelectuales en el Partido, debe prestarse más atención a su grado de lealtad, a fin de garantizar una mayor cohesión en las organizaciones del Partido en esas zonas. Es imprescindible establecer vínculos apropiados con los numerosos intelectuales no militantes del Partido que simpatizan con nosotros, e incorporarlos a la gran lucha de resistencia al Japón y por la democracia y al trabajo en el movimiento cultural y el frente único. 4. Todos los camaradas de nuestro Partido deben comprender que una política correcta con respecto a los intelectuales es una de las condiciones importantes para la victoria de la revolución. Es del todo inadmisible una repetición de la incorrecta actitud que frente a los intelectuales adoptaron las organizaciones del Partido de muchas localidades y unidades del ejército durante la Revolución Agraria; el proletariado no puede formar sus propios intelectuales sin la ayuda de los intelectuales existentes. El Comité Central espera que los comités del Partido en los diversos niveles y todos los militantes presten seria atención a este asunto. 1/ Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China, redactada por el camarada Mao Tsetung. 1° de diciembre de 1939 Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo (Nota al título 1) V. El problema de los intelectuales En nuestro país, las contradicciones en el seno del pueblo también tocan a los intelectuales. Los varios millones de intelectuales que antes trabajaban para la vieja sociedad han pasado a servir a la nueva sociedad. Y aquí surge el problema de cómo pueden adaptarse a las demandas de la nueva sociedad y cómo les ayudamos a lograrlo. Esta también es una contradicción en el seno del pueblo. La mayoría de nuestros intelectuales han alcanzado ya progresos evidentes durante los últimos siete años. Ellos se pronuncian por el sistema socialista. Muchos estudian el marxismo con empeño, y algunos se han hecho comunistas. El número de estos últimos, aunque pequeño en la actualidad, va creciendo poco a poco. Claro que existen intelectuales que aún miran escépticamente el socialismo o que no lo aprueban, pero ellos sólo representan una minoría. La gigantesca y ardua causa de la construcción socialista de China requiere que la mayor cantidad posible de intelectuales se ponga a su servicio. Debemos confiar en todos los intelectuales que de verdad estén dispuestos a servir a la causa del socialismo, mejorar de manera radical nuestras relaciones con ellos y ayudarles a resolver todos los problemas cuya solución sea necesaria, para que puedan poner en pleno juego su capacidad. Muchos de nuestros camaradas no saben unirse con los intelectuales, los tratan de un modo rígido, no respetan su trabajo y, en la labor científica y cultural, se inmiscuyen en asuntos en los cuales no deberían intervenir. Debemos superar todas estas fallas. Aunque las masas de intelectuales han hecho progresos, no deben por ello sentirse satisfechas de sí mismas. Para ponerse a la altura de las demandas de la nueva sociedad y unirse con los obreros y campesinos, deben proseguir su transformación, desprendiéndose poco a poco de su concepción burguesa del mundo y adquiriendo la proletaria, la concepción comunista. El cambio de concepción del mundo es un cambio radical y, hasta la fecha, no se puede decir que la mayoría de los intelectuales lo hayan logrado. Esperamos que éstos sigan avanzando y que, en el curso de su trabajo y estudio, vayan adquiriendo la concepción comunista del mundo, asimilando el marxismo-leninismo e identificándose con los obreros y campesinos. Esperamos que no se detengan a medio camino y que menos aún retrocedan, pues el retroceso no les ofrece futuro alguno. Como el sistema social de nuestro país ha cambiado y la base económica de la ideología burguesa ha sido liquidada en lo fundamental, no sólo es necesario sino también posible que gran número de intelectuales cambien su concepción del mundo. Pero el cambio radical de concepción del mundo exige largo tiempo, y por eso debemos hacer entre ellos un trabajo paciente, evitando toda precipitación. Existen, en efecto, gentes que siempre se negarán a aceptar ideológicamente el marxismo-leninismo y el comunismo. No debemos ser muy exigentes con ellas. Siempre y cuando se sometan a los requerimientos del Estado y realicen honestamente sus actividades, debemos darles la posibilidad de dedicarse a un trabajo adecuado. En los últimos tiempos, se ha debilitado la labor ideológica y política entre los intelectuales y jóvenes estudiantes, y han surgido ciertas desviaciones. A los ojos de algunos, ya es innecesario preocuparse de la política, del futuro de la patria o de los ideales de la humanidad, y el marxismo, que estuvo tan de moda, ya no lo está tanto. Para contrarrestar estas desviaciones, debemos intensificar nuestra labor ideológica y política. Tanto los intelectuales como los estudiantes deben estudiar con ahínco. A la par que estudian sus especialidades, tienen que progresar ideológica y políticamente, y para eso deben estudiar el marxismo y los problemas políticos y de actualidad. No tener una correcta concepción política equivale a no tener alma. La transformación ideológica realizada en el pasado fue necesaria y reportó resultados positivos. Pero hubo métodos que fueron un tanto bruscos, y se hirieron los sentimientos de algunas personas, lo cual no está bien. En adelante, hay que evitar esta deficiencia. Todos los departamentos y organizaciones deben responsabilizarse de la labor ideológica y política. Esto es válido para el Partido Comunista, la Liga de la Juventud, los departamentos gubernamentales encargados de esta labor y, con mayor razón, para los directores y profesores de los centros docentes. Nuestra política educacional debe estar orientada a lograr que todos aquellos que reciben educación se desarrollen moral, intelectual y físicamente y se conviertan en trabajadores que tengan conciencia socialista y sean cultos. Debemos promover el espíritu de laboriosidad y economía en la construcción del país. Es necesario hacer comprender a toda la juventud que nuestro país es todavía muy pobre, que esta situación no se podrá cambiar de raíz en un plazo breve y que sólo mediante sus esfuerzos mancomunados es como la joven generación y todo el pueblo podrán construir con sus propias manos un país próspero y poderoso en el curso de algunos decenios. La instauración del sistema socialista nos ha abierto el camino que conduce a la sociedad ideal del futuro, pero para que esta se haga realidad tenemos que trabajar arduamente. Algunos jóvenes creen que, una vez establecida la sociedad socialista todo debe ser perfecto y que ellos pueden gozar de una vida feliz que ya está dada, sin necesidad de trabajar por ella. Esta idea no corresponde a la realidad. 1/ Discurso pronunciado por el camarada Mao Tsetung en la XI Sesión (Ampliada) de la Conferencia Suprema de Estado. Fue publicado el 19 de junio de 1957 en Diario del Pueblo, después de que el autor revisó el texto trascrito de las actas y le hizo algunas adiciones. 27 de febrero de 1957, (Extracto)

Hace 30 años, el 9 de septiembre de 1976, moría quien fue el máximo dirigente del Partido Comunista de China, que condujo "la revolución de nueva democracia que liberó del yugo imperialista y semifeudal e instauró luego la dictadura del proletariado en el país más poblado de la tierra. (…) Después de la revolución rusa de 1917, la victoria de la revolución china es el acontecimiento más importante en la historia del movimiento revolucionario del proletariado internacional. Mao Tsetung desarrolló el marxismo-leninismo en todos los planos: en la teoría revolucionaria, en la teoría de la guerra, en la teoría económica y en la filosofía. "Sistematizando la experiencia de la revolución china enriqueció el marxismo-leninismo con su aporte sobre la revolución en los países coloniales, semicoloniales y dependientes. En la lucha por avanzar hacia una sociedad sin explotadores ni explotados, Mao Tsetung formuló la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado e impulsó la Revolución Cultural Proletaria para impedir la restauración burguesa. Este es su principal aporte al desarrollo de la teoría marxista-leninista." (Programa del PCR de la Argentina, Décimo Congreso, julio de 2004). Los textos que aquí reproducimos corresponden a los inicios de este último proceso, incluidos en el tomo IX de la edición en inglés de Obras escogidas de Mao Tsetung, editada por Sramikavarga Publications, Hyderabad, India, 1994 (las notas son de la misma edición). Para una reseña de los hechos, etapas, características y contenidos, remitimos al libro de Otto Vargas: La revolución cultural proletaria china, Editorial Agora, Buenos Aires, 2005. Charla a los dirigentes del centro El presidente Mao dijo que el dazibao del "25 de Mayo", de Niej Yian-tzu , es un manifiesto chino de la Comuna de París, de los sesentas del siglo veinte, cuyo significado supera al de la Comuna de París. Somos incapaces de escribir esta clase de dazibaos. (Varios jóvenes pioneros hicieron algunos carteles de grandes caracteres acerca de sus padres en los que decían que éstos habían olvidado su pasado, y que no les hablaban sobre el pensamiento de Mao Tsetung pero que, en cambio, les preguntaban por sus notas en la escuela y los premiaban cuando éstas eran buenas). El presidente Mao le pidió al camarada Chen Po-ta que les pasara a esos pequeños amigos un mensaje: "Sus carteles están muy bien escritos". Y continuó: Quiero decirles a todos: ¡La juventud es el gran ejército de la Gran Revolución Cultural! Debe ser movilizada hasta el fondo. Después de mi regreso a Pekín me sentí muy descontento y desolado. Algunos colegios hasta habían cerrado sus puertas. Otros, suprimieron el movimiento estudiantil. ¿Quién suprimió el movimiento estudiantil? Solamente los señores de la guerra de Pei-yang. Para los comunistas, es contrario al marxismo temer al movimiento estudiantil. La gente habla diariamente acerca de la línea de las masas y de servir al pueblo, pero en vez de eso, siguen la línea burguesa y sirven a la burguesía. El Comité Central de la Liga Juvenil debería estar del lado del movimiento estudiantil. Pero en vez de eso, está por la supresión del mismo. ¿Quién se opone a la Revolución Cultural? Los estadounidenses, los imperialistas, los revisionistas soviéticos, los revisionistas japoneses y los reaccionarios. Utilizar la excusa de distinguir entre lo "interno" y lo "externo", es temerle a la revolución . Cubrir los carteles de grandes caracteres que han sido colocados, no puede permitirse. Este es un error básico de orientación. Deben cambiar inmediatamente su dirección y destruir todos los viejos convencionalismos. Creemos en las masas. Convertirse en maestros de las masas implica, primero, ser estudiantes de las masas. La gran Revolución Cultural es un evento que hizo temblar al cielo y a la tierra. ¿Podemos, nos atrevemos, a cruzar el paso hacia el socialismo? Este paso lleva a la destrucción definitiva de las clases y la reducción de las tres grandes diferencias. Oponerse especialmente al "autoritarismo" de la ideología burguesa, es destruirlo. Sin esta destrucción, el socialismo no podría ser establecido ni podríamos llevar a cabo primero, la lucha, segundo, la crítica y tercero, la transformación. Sentarse en oficinas a escuchar informes no está bien. La única manera es contar con las masas, confiar en ellas, luchar hasta el final. Debemos estar preparados por si la revolución se vuelca contra nosotros. El Partido y los dirigentes del gobierno y los camaradas responsables del Partido, deberían estar preparados para ello. Si quieren llevar la revolución hasta el final, deben tener disciplina y reformarse para seguir adelante. De otra manera, no podrán lograrlo. Hay algunos camaradas que luchan ferozmente contra otros, pero no pueden hacerlo contra ellos mismos. De este modo, jamás serán capaces de cruzar el paso. Depende de ustedes dirigir el fuego hacia sus cuerpos, de atizar el fuego hasta hacer que prenda. ¿Se atreven a hacerlo? Porque quemará sus propias cabezas. Los camaradas responden: "Estamos preparados. Si no, renunciaremos a nuestros trabajos. Vivimos como miembros del Partido Comunista y moriremos como tales. No lleva a nada vivir una vida de sofás y ventiladores eléctricos". El presidente Mao dijo: No funcionará establecer patrones rígidos para las masas. Cuando en la Universidad de Pekín se vio que los estudiantes se levantaban, se trató de establecer patrones. Eufemísticamente, llamaron a esto "volver al camino correcto". Lo cierto es que se estaban "yendo hacia el camino incorrecto". Había muchas escuelas que etiquetaban a los alumnos como contrarrevolucionarios. (El oficial de enlace Chang Yen salió y etiquetó a veintinueve personas como contrarrevolucionarias.) El presidente Mao dijo: De esta manera, colocan a las masas en la oposición. No deben temer a la gente mala. ¿Cuántos de ellos, después de todo, están allí? La gran mayoría de las masas estudiantiles son buenas. Alguien hizo la pregunta de los disturbios. ¿Qué hacemos en tales casos con respecto a la acción legal? El presidente Mao dijo: ¿A qué le temen? Cuando las personas malas están involucradas ustedes prueban que son malas. ¿Qué es lo que temen de las buenas personas? Deberían reemplazar la palabra "temer" por la de "atreverse". Deben demostrar de una vez por todas si el paso hacia el socialismo ha sido dado o no. Deben poner la política al mando, ir entre las masas y ser uno con ellas, y llevar adelante la Gran Revolución Cultural Proletaria aún mejor. 21 de julio de 1966 Discurso en una junta con los secretarios regionales y los miembros del grupo cultural revolucionario del Comité Central Ahora todos los secretarios regionales y miembros del Grupo Cultural Revolucionario están presentes. La tarea de esta reunión es tratar nuestros documentos y, en primer lugar, cambiar el método del envío de los equipos de trabajo para que los maestros revolucionarios y los estudiantes, así como algunas personas que se encuentran en la mitad del camino, puedan organizar grupos de la Revolución Cultural en las escuelas para dirigir la Gran Revolución Cultural. Solo ellos entienden de los asuntos de las escuelas. Los de los equipos de trabajo no entienden. Hay algunos equipos de trabajo que embrollan las cosas. El propósito de la Gran Revolución Cultural en las escuelas es seguir la lucha, la crítica y la transformación. Los grupos de trabajo obstruyeron el movimiento. ¿Podemos llevar a cabo la lucha y la transformación? Por ejemplo, Chien Po-tsan escribió muchos grandes libros, que sin embargo ustedes no han leído. ¿Cómo pueden luchar contra él y transformarlo? En lo concerniente a las escuelas, el caso se parece al de "Cuando el templo es pequeño, los dioses parecen grandes, cuando el estanque es poco profundo, las tortugas parecen abundantes". Por lo tanto, debemos contar con las fuerzas internas de las escuelas. Los equipos de trabajo no lo harán, yo no lo haré, ustedes no lo harán; tampoco los comités provenientes del partido lo harán. Si es la lucha y la transformación lo que quieren, deben confiar en las escuelas mismas, así como en las unidades. No es bueno depender de los grupos de trabajo. Me pregunto si los equipos de trabajo pueden ser convertidos en personal de enlace. Si se les convierte en consejeros, tendrán mucho más poder. Probablemente, podrían ser llamados observadores. Los equipos de trabajo obstruyen la revolución, pero hay entre ellos algunas excepciones. Si obstruyen la revolución, inevitablemente se volverán contrarrevolucionarios. La Universidad de Comunicaciones en Sian no permite a las personas telefonear ni deja que las personas sean enviadas al Centro. ¿Por qué temen que las personas vayan al Centro? Déjenlos venir y que asedien al Consejo de Estado. Debemos redactar documentos para que puedan telefonear o mandar delegados. ¿Tiene caso asustarse tanto? Cuando los periódicos en Sian y Nanking fueron sitiados por tres días, las personas responsables estaban muy temerosas de que sus almas abandonaran sus cuerpos. ¿Están ustedes igualmente asustados? Si no hacen la revolución, la revolución se irá contra ustedes. Algunos distritos no permiten que la gente sitie las oficinas de los periódicos, que vayan a los comités provinciales del partido o al Consejo de Estado. ¿Por qué están tan asustados? Cuando van al Consejo de Estado todo lo que ven son pequeños generales sin importancia, y así nada puede ser aclarado. ¿Por qué son las cosas así? Aunque ustedes no muestren su rostro yo mostraré el mío. La palabra "miedo" siempre viene por delante, miedo a la contrarrevolución, miedo a la gente que utiliza cuchillos y pistolas. ¿Podrá haber realmente tantos contrarrevolucionarios? En estos últimos días, Kang Sheng , Chen Po-ta y Chiang Ching se han inscrito en las escuelas para leer los dazibaos. ¿Cómo pueden arreglárselas sin el conocimiento preceptivo? Ninguno de ustedes se inscribe para hacer esta misma tarea porque están muy ocupados en asuntos rutinarios; pero deberían hacerlo aun cuando esto significara abandonar los asuntos rutinarios, con el objeto de conseguir el conocimiento preceptivo. En Nanking hicieron las cosas un poco mejor. No obstaculizaron a los estudiantes para que fueran al Centro. Kang Sheng interrumpió: "Nanking tuvo tres grandes debates. El primero fue sobre si el 'Diario Nueva China' era revolucionario o no; el segundo, sobre si el Comité Provincial del Partido en Kiangsu era revolucionario o no. El debate concluyó que este Comité era, después de todo, revolucionario. El tercer debate fue sobre si Kuang Ya-ming debería ser paseado por la calle llevando orejas de burro". El presidente Mao resumió: En las escuelas, la mayoría son revolucionarios, la minoría no. En cuanto a que si Kuang Ya-ming debería pasear por las calles con orejas de burro, la conclusión del debate naturalmente clarificará este punto. Los camaradas que están en esta reunión deben ir a la Universidad de Pekín y al Instituto de Radiodifusión a leer los carteles de grandes caracteres. Deben ir a los lugares donde están las dificultades mayores y observar. Ahora no irán porque tenemos que tratar los documentos. Cuando lean los carteles de los grandes caracteres podrán decir que están ahí para aprender, para apoyar su revolución; ustedes van allí para encender el fuego de la revolución, para apoyar a los maestros y estudiantes revolucionarios, no para oír hablar a los contrarrevolucionarios y a la derecha. Después de dos meses, no han obtenido aun ni el menor conocimiento preceptivo y siguen siendo unos burócratas. Si van a las escuelas, se verán rodeados de estudiantes y deben estarlo así y cuando empiecen a hablarles a unos cuantos, los rodearán a ustedes. En el Instituto de Radiodifusión cerca de cien personas fueron golpeadas. Hay algo bueno en nuestra época: los izquierdistas son golpeados por los derechistas y esto endureció a los primeros. Mandar a los equipos de trabajo por seis meses o un año, no funcionará: solo la gente de allí mismo podrá funcionar. Lo primero, es la lucha; lo segundo, la crítica; y lo tercero, la transformación. Lucha significa destrucción, y transformación, establecer algo nuevo. No funcionará cambiar las materias de enseñanza en el término de medio año. Lo que hay que hacer es suprimir, abandonar, condensar y simplificar. Las materias incorrectas o repetidas pueden reducirse a la mitad o a la tercera parte. Wang Yen-chung interrumpió: "Deberíamos suprimir dos terceras partes y estudiar las Citas del Presidente Mao". El presidente Mao continuó: Las materias políticas, las directivas centrales y los editoriales de los periódicos son guías para las masas; no deben ser vistos como dogmas. El problema sobre las golpizas no ha sido mencionado en nuestras circulares. Esto no funciona. Este es un asunto de nuestra dirección básica y de establecer las guías. Nuestra política general debe ser establecida rápidamente. Para llevar a cabo la transformación hay que confiar en los maestros y estudiantes revolucionarios y en los izquierdistas de las escuelas. No importa si los derechistas se unen a los comités de la revolución cultural en las escuelas; pueden ser útiles maestros del ejemplo negativo, pero los derechistas no deben estar concentrados. El Comité Municipal del Partido en Pekín no necesita tanta gente. Cuando hay demasiada gente alrededor se expiden órdenes y se hacen llamadas telefónicas. Debe hacerse un corte total de secretarios. Cuando yo trabajé en el Comité del Frente tuve un secretario llamado Siang Pei. Después durante nuestra retirada, no tuvimos más secretarios. Es suficiente con tener a alguien que reciba y despache documentos. Kang Sheng interrumpió: "El Presidente ha hablado acerca de cuatro cosas. Una es la reorganización del Comité Municipal del Partido en Pekín. Esto ha sido hecho. La segunda es la reorganización del Departamento de Propaganda del Comité Central, la cual también ha sido efectuada. La tercera, es la eliminación del Grupo de los cinco hombres de la Revolución Cultural, que también ha sido realizada. La cuarta, es la transformación de ciertos ministerios en departamentos, que no ha sido hecha". El presidente Mao responde: Está bien, en lo que respecta a los ministros, aquellos que pueden realizar su trabajo no necesitan ser cambiados. Pueden ser llamados ministros, jefes de departamento, jefes de agencia, jefes de oficina, pero aquellos que no hacen su trabajo, deben ser cambiados al Departamento de Metalurgia, al Departamento del Carbón. Alguien interrumpió: "La Universidad de Pekín ha realizado cuatro grandes debates. ¿Fue el incidente del 18 de junio un asunto contrarrevolucionario? Algunos dicen que sí porque estuvieron involucrados elementos criminales en él, pero algunos dicen que no, y que los equipos de trabajo cometieron errores. Cerca de cuarenta personas de la Escuela Media de la Universidad de Pekín propusieron despedir a la cabeza del equipo de trabajo: Chang Cheng-sien." El presidente Mao responde: Hay muchos grupos de trabajo que obstruyen el movimiento, entre éstos se incluye el de Chang Cheng-sien. Sin embargo, no debemos arrestar a la gente indiscriminadamente. ¿Qué es lo que constituye la actividad contrarrevolucionaria? Es simplemente el asesinato, el delito de incendio intencional y el esparcir veneno. A tales gentes se les puede arrestar. Pueden dejar a aquellos que escriben lemas reaccionarios, mientras preparan una confrontación con ellos. Pueden reconsiderar el asunto cuando ya hayan luchado contra ellos. 22 de julio de 1966 "Bombardead al cuartel general: mi primer dazibao" ¡El primer dazibao marxista-leninista de China y el artículo del comentarista sobre él en Renmin Ribao (Diario del Pueblo) están en efecto magníficamente escritos! Camaradas, por favor leedlos de nuevo. Pero en los últimos cincuenta días más o menos, algunos camaradas dirigentes desde el centro hasta los niveles locales han actuado en un sentido diametralmente opuesto. Adoptando el punto de vista reaccionario de la burguesía, han puesto en vigencia una dictadura burguesa y clausurado el movimiento surgente de la gran revolución cultural del proletariado. Han puesto los hechos patas arriba y cambiado blanco por negro, cercando y suprimiendo revolucionarios, sofocando opiniones diferentes de las suyas, imponiendo un terror blanco, y sintiéndose muy complacidos consigo mismo. Han insuflado la arrogancia de la burguesía y desinflado la moral del proletariado. ¡Qué venenosos! Viéndolo en relación con la desviación de derecha en 1962 y la errónea tendencia de 1964 que fue de "izquierda" en la forma pero de derecha en esencia, ¿no debería esto hacernos vigilantes? 5 de agosto de 1966
El tema de la educación, tanto primaria y secundaria como universitaria, su relación con la lucha de clases histórica y actual, y la superestructura al servicio de las clases dominantes, ha sido abordado por muchos marxistas revolucionarios, entre los que se destaca, en nuestro caso, Aníbal Ponce. De sus conferencias dictadas en 1934, en el Colegio Libre de Estudios Superiores, fundado por él mismo, hemos publicado en dos partes su charla inicial "Las luchas de clase y la educación", en los Cuadernos 83 y 84, incluyendo en este último lo que resultó su testamento sobre la Reforma Universitaria: "Condiciones para la universidad libre". Aquí reproducimos otra de sus clases sobre la relación entre las concepciones de la educación, las clases y el Estado dominante (el título es nuestro, hoy). Acompañamos esta entrega de un escrito de otro marxista latinoamericano sobre la reforma universitaria, el joven revolucionario Julio Antonio Mella, uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba, publicado en la revista Tren blindado, de México, en septiembre de 1928. Escrito que también resultó testamentario, pues Mella murió asesinado en 1929, a los 26 años de edad, por los secuaces del dictador cubano Machado. Julio Antonio Mella había nacido en La Habana el 25 de marzo de 1903. En 1923 fue presidente del Primer Congreso Nacional de Estudiantes. Ese mismo año funda la Universidad Popular "José Martí". En 1924 crea la Liga Anticlerical y en 1925, la sección cubana de la Liga Antimperialista de Las Américas. En 1926 es expulsado de la Universidad por sus acciones revolucionarias y de rebeldía, y tiene lugar su famosa huelga de hambre. Posteriormente se exilia en México. En ese país constituye la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC). En 1927 después de asistir al Congreso contra la Opresión Colonial en Bruselas, Bélgica, visita la Unión Soviética como delegado al IV Congreso Internacional Sindical Roja. El 10 de enero de 1929 es asesinado en México por matones a sueldo de la tiranía de Gerardo Machado. Aníbal Ponce: Educación, clases y Estado Frente a las dos concepciones de contenidos tan opuestos (la fascista y la socialista), que podríamos encarnar en los nombres de Gentile y Lunatcharsky, vimos en la clase anterior que otra corriente de la nueva educación se esforzaba en tomar una actitud intermedia. Entre el fascismo de la burguesía y el socialismo del proletariado, aspiraba a crear una educación que no tuviera que ver ni con uno ni con otro. ¿A qué clase social interpreta esa corriente? Es lo último que nos falta investigar. Cuando se escucha a los teóricos de la burguesía no puede haber muchas dudas respecto a lo que quieren; no las hay, y mucho menos, en las francas palabras del proletariado. Pero al ponernos en contacto con estos nuevos teóricos, cuyo nombre representativo podría ser lo mismo Spranger que Wyneken, todo se vuelve indeciso, confuso, vacilante. Se tiene por momentos la impresión de que sospechan algo de lo que en el mundo está ocurriendo, pero que prefieren mejor no saberlo del todo... Desarraigados de un sistema de convicciones, no están todavía instalados en otro. Se sienten por lo mismo como seres sin quicio y se forman sobre todo lo que observan, opiniones que bizquean. Saben, por ejemplo, que la historia cambia y que las sociedades se transforman, pero como les asusta admitir la lucha entre las clases se contentan a la sumo con la lucha entre las generaciones. Saben también que las religiones son formas subalternas hace rato superadas, pero como no se animan a conducir hasta el fin su pensamiento, se detienen en una religiosidad sin religión, que es como decir una humedad sin agua. Ambigua situación que los obliga a reconocer en el Universo la existencia de un irracional, de una finalidad o de un elan que es a la postre otras tantas maneras de volver aceptar un Dios de barbas blancas. Como no saben ni se atreven a dar respuesta franca a ninguna de las grandes cuestiones más urgentes, aseguran que la problematicidad está en el centro de todo lo que existe, y que la filosofía, después de haberse fatigado en los grandes sistemas, debe abrazarse ahora a las aporías. Si algún término de altísimo linaje puede revelar la recóndita angustia de esos teóricos, ahí está precisamente ese nombre que viene de Aristóteles. Aporía significa etimológicamente, sin camino. Plantear problemas abiertos en vez de problemas cerrados; indagar sin resolver, he ahí en el plano filosófico la consecuencia de esa otra incertidumbre más fundamental que reside en hallarse precisamente sin camino. Trágica situación, que aunque lleva nombre griego no disimula en lo más mínimo las raíces económicas de la clase social que allí se angustia. Porque entre la burguesía que marcha hacia la muerte y el proletariado que sabe con igual certidumbre que los destinos de la humanidad están entre sus manos, hay otra clase social de caracteres híbridos, de contornos ambiguos que nunca sabe a ciencia cierta lo que quiere. Tironeada de un lado por la burguesía, atraída del otro por el proletariado, la pequeña burguesía constituye una clase turbia, indecisa y vacilante. Aplastada por la gran burguesía, la pequeña no desaparece de acuerdo a una línea gradualmente descendente. Se mueve entre contradicciones y tiene por lo mismo una marcha en zigzag. La fuerza que la oprime es la producción en gran escala que periódicamente desaloja a los pequeños capitales: malos tiempos entonces que hacen del pequeño burgués un proletario. La fuerza que la eleva es la desvalorización periódica del gran capital motivada por el envejecimiento de las máquinas y de las técnicas: excelente época para la pequeña burguesía que levanta cabeza durante un corto tiempo hasta que el gran capital la obliga en breve a doblegarse. Burgués unas veces, proletario otras, el pequeño burgués vive perpetuamente sentado entre dos sillas: rechazado por la burguesía en la cual desearía entrar, atraído por el proletariado en el cual teme caer. Abierto a las innovaciones, pero deseoso de implantarlas dentro de la ponderación, el pequeño burgués no alcanza a comprender que la educación no es un fenómeno accidental dentro de una sociedad de clases, y que para renovarla de verdad se necesita nada menos que transformar desde la base el sistema económico que la sustenta. Tal perspectiva lo horroriza y no puede entrar en sus planes para nada, pero como no es sordo a las voces de su tiempo prefiere creer que dentro del capitalismo se llegará mediante retoques paulatinos a transformar la sociedad. Algunas conquistas aparentes le dan a veces una sombra de razón: en determinadas circunstancias, cierto es, la burguesía puede verse obligada a oportunas concesiones con el objeto de desarmar algunas amenazas. Pero esas retiradas prudentes que no comprometen jamás sus intereses vitales se transforman en instantáneas ofensivas cuantas veces se siente peligrar. Creer, por lo tanto, que con pequeños retoques en la educación se podría cambiar la sociedad es no solo una esperanza absurda, sino socialmente mucho peor: una utopía que resulta a la postre reaccionaria porque encalma o entibia las inquietudes y las rebeldías con la ilusión de que el día en que el Estado se autolimite, el día en que el Estado se desprenda graciosamente de la educación, ese día será el de la natividad del hombre nuevo. Al pretender para la escuela una región imposible por encima de las clases, la pequeña burguesía la entrega de hecho maniatada a las más oscuras fuerzas del pasado. Signos bien elocuentes están mostrando ya la tendencia que la empuja a la derecha. El discurso en que Kerschensteiner anunció la escuela del porvenir, ¿no fue pronunciado en la iglesia de San Pedro, en Zurich? La escuela activa de que tanto habla el bueno de Alfredo Ferrière, ¿no enseña también a ver en la gendarmería y el ejército los protectores y guardianes de la sociedad y la familia? Gaudig, el autor de La escuela al servicio de la personalidad en desarrollo, ¿no afirma que para que esa personalidad se realice es menester que la escuela esté de acuerdo con el Estado unificador y con la iglesia moralizadora? La patética señora Montessori, después de arrojar de su ciudad educativa a los gnomos y a las hadas porque las cosas de la fantasía ayudaban en muy poco a la mentalidad de sus discípulos, ¿no nos ha venido después con que lo fantástico de la religión, lejos de extraviar al niño le es más bien beneficioso? William Boyd, para quien los programas escolares deben plantearse siempre en términos del universo, ¿no nos había dicho siempre en la Quinta Conferencia de Eltimore, que ese universo dentro del cual puede el niño realizarse supone vivir en la cooperación como miembro del reino de Dios, en vivir para realidades invisibles? Sería un crimen contra el sagrado misterio del alma infantil -se dice- llevar hasta ella nuestras preocupaciones y nuestros odios. Y mientras hasta en el más escondido rincón de la sociedad capitalista todo está construido y calculado para servir a los intereses de la burguesía, el pedagogo pequeño burgués cree que pone a salvo el alma de los niños porque en las horas que pasa por la escuela se esfuerza en ocultarle ese mundo tras de una espesa cortina de humo. ¿No están sin embargo, los intereses de la burguesía en los textos que el niño estudia, en la moral que se le inculca, en la historia que se le enseña? La llamada neutralidad escolar solo tiene por objeto substraer al niño de la verdadera realidad social: la realidad de las luchas de clases y de la explotación capitalista; capciosa neutralidad escolar que durante mucho tiempo sirvió a la burguesía para disimular mejor sus fundamentos y defender así sus intereses. Para un niño que asiste a cualquiera de nuestras escuelas ¿cuál es, por ejemplo, la causa de la desocupación? Si reúne las mil explicaciones que ha recibido través de las fábulas lecturas libres, conversaciones de moral, etc., llegará a estas conclusiones. No tienen trabajo: 1º) los obreros que no quieren trabajar; 2°) los malos obreros; 3°) los que no conocen bien su oficio; 4°) los que están siempre descontentos con el patrón; 5º) los que se dan al alcoholismo... Cada lección de literatura, o de derecho, de sociología o de economía ¿no concurre a demostrar con insistencia infatigable que es necesario, absolutamente necesario, que subsista y se afiance la sociedad capitalista? Las horas que el niño pasa en la escuela significan, además un momento de su vida, y sería ridículo creer que ni en el mejor de los casos podrían contrarrestar la enseñanza infinitamente más tenaz y organizada de la calle, del hogar, del cine, de la radio, del teatro, de la prensa. Al plantear el problema de por qué los movimientos obreros, cuando no están nítidamente conducidos, se impregnan con la ideología de la burguesía, Lenin contestaba: Por la sencilla razón de que la ideología burguesa, por su origen, es mucho más antigua que la proletaria, porque está estructurada por múltiples costados, porque dispone de medios de difusión incomparablemente más numerosos. Lo que Lenin decía del movimiento obrero se puede superponer punto por punto al movimiento pedagógico. Respetar la libertad del niño dentro de la sociedad burguesa equivale ni más ni menos que a decir: renuncio a oponer la más mínima resistencia a las influencias sociales formidables y difusas con que la burguesía lo impregna en su provecho. Y no se venga después con que es posible luchar contra esas fuerzas quitando a los chicos los juguetes guerreros, corrigiendo este o aquel libro de historia, enviando cartitas amistosas a los niños del Japón o celebrando el día de la buena voluntad. Cuenta Frolich en sus Recuerdos que Pestalozzi se opuso durante muchos años a que su propio hijo ingresara en una escuela porque la naturaleza -decía- es la que todo lo hace. Un día, con gran asombro suyo, se encontró con que el chico sabía leer y escribir. Aunque su candor llegaba a lo fantástico, no se atrevió a acatar este milagro. Cuando pudo averiguar, descubrió que a escondidas suyas, su propia esposa lo había enseñado a leer... No de otro modo la burguesía gusta comportarse también con los maestros: mientras éstos creen que reciben en sus manos el alma virgen de los niños, la burguesía ya ha enseñado a escondidas a esos mismos niños, lo que ella quiere que sientan y que crean. A la burguesía le conviene fomentar en los maestros la ilusión desdichada de que son apóstoles o misioneros a quienes entrega sin condición la enseñanza de sus hijos. Todo educador puede considerarse como sacerdote, escribe Jorge Kerschensteiner y luego de analizar sus rasgos psicológicos más típicos, añade que es la candorosa infantilidad la virtud fundamental del educador. El verdadero educador -continúa después- debe tener además una fe viva en lo divino de los principios fundamentales de la conciencia. El sol de su fe en los valores eternos no le permite nunca desalentarse, sino esperar siempre. ¡Qué sentimiento, aparte del religioso, podrá ser más conveniente que éste para el educador que tantos contratiempos tiene que arrostrar! Conducir al hombre, como portador consciente de los valores eternos, a un sentido de la vida, equivale a erigirse en instrumento del Eterno para la realización de dichos valores. Un apóstol sufrido y candoroso que soporte tranquilo la miseria y el hambre, porque cuanto más hambre y miseria más diáfano será el apóstol, he ahí un ideal que la burguesía tiene particular interés en difundir. En directo contacto con las masas populares sería peligroso que el maestro llegara a comprender que también es un obrero como los otros, y como los otros, explotado y humillado. ¡Qué procedimiento más refinado, en cambio convertir su propia miserable situación en la virtud más excelsa de este venerable instrumento del Eterno! Pero que no se le ocurra al instrumento venerable del Eterno pronunciar la más mínima palabra que contraríe los intereses de los amos. La reacción más brutal caerá de inmediato sobre su cabeza, y si el candor que es su virtud no ha hecho de él irremediablemente un pobre diablo, comprenderá recién todo lo que había de falso y miserable en las adulaciones intencionadas de que había sido objeto. En una comedia titulada Las Báquides, Plauto representa a un joven libertino que quiere arrastrar a su maestro a casa de una de sus amantes. El maestro resiste y moraliza, pero cuando ha terminado de hablar, el discípulo se contenta con decirle: ¿Quién es aquí el esclavo, yo o tú?, y el maestro, que nada tiene que objetar, acompaña a su alumno murmurando. Crudas palabras de una rudeza sangrienta, pero que ni los maestros más insignes han dejado de sufrir; desde Aristóteles, que se las escuchó a Alejandro, y desde Fenelón que se las oyó al duque de Borgoña, hasta los maestros de nuestros días frente a sus ministros respectivos. Ochenta años después de que el ministro prusiano von Raurer afirmara que la preparación del magisterio no debía sobrepasar esencialmente el saber popular, un ministro socialista belga, Jules Destrée, en un llamamiento fechado en febrero de 1920, aseguraba que el interés de la escuela limita en los maestros el ejercicio de los derechos políticos. Y como si este texto no fuera suficientemente claro, el ministro liberal Vauthier, con fecha 7 de febrero de 1928, no solo recordaba y aprobaba las anteriores palabras de su colega socialista sino que agregaba este párrafo de lógica no muy impecable, pero de intención transparente: La sociedad moderna no conoce el delito de opinión y yo atentaría contra la conciencia humana negando a los funcionarios el derecho de adherirse en su fuero interno o de expresar en la vida privada su adhesión intelectual a concepciones sociales o a formas políticas que yo mismo rechazo. Pero el maestro que públicamente, por la palabra o por la prensa... proclame sus simpatías por doctrinas que sean la negación y la antítesis del orden moral y social que hemos adoptado... ése no podrá ser al mismo tiempo propagandista de sus convicciones y servidor del Estado: ése tendrá que elegir. ¡Adiós al sacerdote y el apóstol con su candor casi infantil! Si el instrumento del Eterno no se conduce, dentro de la escuela y fuera de ella, exactamente como la burguesía quiere, ya sabe a ciencia cierta lo que tiene que elegir. El Anti Sedition Bill, aprobado en junio de 1922 por el gobernador del Estado de Nueva York obliga a los profesores de cualquier categoría o escuela a obtener un certificado del comisario de Educación declarándole leal y obediente hacia el gobierno de aquel Estado y de los Estados Unidos, para lo cual es preciso que el profesor no haya preconizado en forma alguna ningún cambio en el gobierno de la nación. Al estudiar la educación en Roma vimos que Eumenes elogiaba el celo con el cual el emperador escogía los profesores como si se tratase de proveer de jefe a un escuadrón de caballería o a una cohorte pretoriana. A través de los siglos la comparación no ha perdido nada de su terrible exactitud. Mientras no desaparezca la sociedad dividida en clases, la escuela seguirá siendo un simple rodaje dentro de un sistema general de explotación, y el cuerpo de maestros y profesores, un regimiento que defiende como el otro los intereses del Estado. Más franco que todos sus predecesores, el tirano argentino Juan Manuel de Rosas dejó bien esclarecidas las relaciones efectivas del Estado con la Escuela. Cuando en 1842 la oposición contra la Tiranía recomenzó, el Señor Restaurador creyó ver en las escasas escuelas que había autorizado, focos sospechosos de agitación y rebeldía. Con un gesto digno de él, nombró desde entonces al jefe de Policía director de la enseñanza primaria... El jefe de Policía, director de la enseñanza primaria. El hecho vale la pena de que se nos quede prendido en el recuerdo. Julio Antonio Mella: El concepto socialista de la reforma universitaria Mucho se habla de "Reforma Universitaria". El malestar y la inquietud existentes entre los estudiantes hace que se oigan los balbuceos de un lenguaje revolucionario. En Tren Blindado y en pláticas públicas trataremos de desarrollar las bases sociales de este movimiento, sus antecedentes históricos, sus principios fundamentales y todo aquello que sea necesario para su mejor comprensión por la multitud estudiantil. Lo primero que necesitamos definir es el concepto real de la reforma universitaria. Hay mucha palabrería liberal y vacía sobre reforma universitaria, debido a que los elementos que en muchas partes tomaron parte en este movimiento lo eran de la burguesía liberal. Pero si la reforma va a acometerse con seriedad y con espíritu revolucionario no puede ser acometida más que con un espíritu socialista, el único espíritu revolucionario del momento. Las universidades, como otras tantas instituciones del régimen presente, están hechas para sostener y ayudar el dominio de la clase que está en el poder. Creer que los intelectuales, o las instituciones de enseñanza no tienen vinculación con la división sociológica en clases de toda sociedad es una ingenuidad de los miopes políticos. Nunca una clase ha sostenido una institución, ni mucho menos instituciones de educación, si no es para su beneficio. Es en las universidades, en todas las instituciones de enseñanza, donde se forja la cultura de la clase dominante, donde salen sus servidores en el amplio campo de la ciencia que ella monopoliza. Las universidades de los países capitalistas modernos crean abogados, ingenieros, técnicos de toda naturaleza, para servir los intereses económicos de la clase dominante: la burguesía capitalista. Si se considera que los médicos pueden ser una excepción se caería en un grave error. La inmensa mayoría de los médicos que se gradúan, ¿son para servir en instituciones de beneficencia colectiva o para formar en la burguesía profesional individualista y explotadora? Que muchos médicos no triunfen, por las mismas injusticias del régimen presente, no indica que la aspiración del gremio no sea ésta. Sentado esto, que no necesita ampliarse para cualquiera que posea una media cultura social, diremos que la reforma universitaria debe acometerse con el mismo concepto general de todas las reformas dentro de la organización económica y política actual. No hay ningún socialista honesto que suponga factible reformar toda esta vieja sociedad paulatinamente hasta sacar de ella una nueva y flamante como en las viejas utopías. La condición primera para reformar un régimen, lo ha demostrado siempre la historia, es la toma del poder por la clase portadora de esa reforma. Actualmente, la clase portadora de las reformas sociales es la clase proletaria. Todo debe ir convergente a esta finalidad. Pero el hecho de que la solución definitiva sea, en esto, como en otras mil cosas, la revolución social proletaria, no indica que se deba ser ajeno a las reformas en el sentido revolucionario de las palabras, ya que no son antagónicos estos conceptos. Un concepto socialista de la lucha por mejorar la Universidad es similar al concepto del proletariado en su acción por mejorar las condiciones de su vida y su medio. Cada avance no es una meta, sino un escalón, para seguir ascendiendo, o un arma más que se gana al enemigo para vencerlo en la "lucha final". Luchamos por una universidad más vinculada con las necesidades de los oprimidos, por una universidad más útil a la ciencia y no a las castas plutocráticas, por una universidad donde la moral y el carácter del estudiante no se moldee ni en el viejo principio del "magister dixit", ni en el individualista de las universidades republicanas de la América Latina o EEUU: Queremos una Universidad nueva que haga en el campo de la cultura lo que en el de la producción harán las fábricas del mañana sin accionistas parásitos ni capitalistas explotadores. Sabemos que no lo vamos a conseguir inmediatamente. Pero en la simple lucha por la obtención de ese ideal de la universidad del porvenir vamos a obtener un doble triunfo: agitar conciencias jóvenes ganando reductos en el frente educacional contra los enemigos del pueblo trabajador, y, probar, ante todos los revolucionarios sinceros, que la emancipación definitiva de la cultura y de sus instituciones no podrá hacerse sino conjuntamente con la emancipación de los esclavos de la producción moderna que son, también, los títeres inconscientes del teatro cómico de los regímenes políticos modernos.
Fulgor y muerte del movimiento feminista Olga Cristóbal Si el fracaso de un movimiento político que se postuló como liberador de las mujeres pudiera sintetizarse en una imagen, la imagen del fracaso del feminismo sería la de las jóvenes militares estadounidenses que torturaron y violaron a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib. Lynndie England y sus colegas mostraron que los postulados del feminismo de la igualdad –un programa político cuya máxima utopía es que las mujeres compartan en igualdad con los hombres el infierno capitalista– podían llevar hasta el lugar de quien ejecuta la tortura. Pero England también fue un mentís descarnado a cuatro décadas de esforzada construcción teórica del feminismo de la diferencia: ésa que supone que la mujer –no por razones biológicas sino por cómo se construyó su subjetividad bajo un sistema sexista– es radicalmente diferente del hombre –depredador, guerrero, violento, dominante– y representa el respeto a la vida, a la paz, a la preservación del planeta, la "ética del cuidado y de la compasión" (1). Una descripción esencialista que roza peligrosamente alguno de los atributos que se usaron para explicar su lugar subordinado a lo largo de la historia. No muchas acusaron recibo del golpe. Julieta Paredes (2) sostiene: "Con las luchas de las feministas en diferentes partes del planeta se han ido abriendo espacios donde las mujeres participan activamente en el manejo de sus vidas y la vida de sus pueblos. Toda lucha implica enfrentar los intentos de manipulación y cooptación por parte del sistema que se impugna (…) y una de estas armas ha sido la inclusión de la llamada ‘perspectiva de género’ que se aplica en todos los programas e instituciones de los gobiernos y Estados. Quiero aclarar que feminismo y enfoque de género son planteamientos políticos antagónicos. (...) Hoy se muestra la cara de esa igualdad, igualdad en los crímenes y las injusticias. Las torturas causadas a los iraquíes por parte de gringas y gringos, nos muestran claramente la llamada perspectiva de género a nivel mundial. ¡Jamás la perspectiva de género apuntó a denunciar y anular los privilegios!". Desde el sector de la igualdad, Barbara Ehrenreich (3) analiza el suceso en un texto que es casi una asunción de responsabilidades: "Aunque me opuse a la guerra del Golfo Pérsico de 1991, me sentía orgullosa de nuestras militares y encantada de que su presencia disgustara a los anfitriones árabes. Secretamente esperaba que la presencia de mujeres cambiaría, con el tiempo, el ejército, haciéndolo más respetuoso con otras gentes y culturas, que lo haría más capaz de mantener la paz de forma genuina. Eso es lo que pensaba. Pero ya no lo pienso. Un cierto tipo de feminismo, o quizá debería decir un cierto tipo de feminismo ingenuo murió en Abu Ghraib. Era un feminismo que veía a los hombres como los eternos autores de los delitos, a las mujeres como las eternas víctimas y la violencia sexual de los hombres contra las mujeres, como la raíz de toda injusticia. La violación ha sido utilizada repetidamente como un instrumento de guerra y para algunas feministas, empezaba a parecer como si la guerra fuese una extensión de la violación. Parecía haber al menos cierta evidencia de que el sadismo sexual masculino, estaba conectado con la trágica propensión de nuestra especie a la violencia. Esto era antes de que viéramos el sadismo sexual femenino en acción". No era la primera vez que las feministas de la igualdad se regocijaban de ver chicas en uniforme: "Me da mucha alegría saber que ahora en West Point se fabrican uniformes para embarazadas", dijo alguna vez Betty Friedan, máxima líder de la "segunda ola". ¿Cuál es el camino que llevó a pensar que la liberación femenina podía venir envasada en el uniforme de un ejército imperialista? El enfoque de género, que critica Paredes, asumido como propio hoy por la ONU, el Banco Mundial, el Parlamento Europeo, el Ministerio de Salud argentino: ¿es una traición, es el hijo idiota del feminismo o es una deriva inevitable, si se analizan las posiciones que sostuvieron desde su origen aún las más radicales? Un poco de historia El movimiento feminista renació en los países imperialistas a fines de los '60 –la llamada "segunda ola"– y convocó a miles de mujeres, que pelearon y obtuvieron en la calle –y no en el lobby parlamentario, aunque sus conquistas tuvieran obviamente una expresión legal– importantes derechos democráticos en el plano familiar, laboral y –lo más novedoso– sexual: disociación de sexo y procreación, derecho a la anticoncepción, más tarde el derecho al aborto, impugnación de la norma heterosexual y un largo etcétera. Su fe de bautismo fue el libro de Betty Friedan, La mística de la feminidad (1963), que denunciaba que "algo" estaba pasando entre las mujeres norteamericanas –"el problema que no tiene nombre"– quienes, a pesar de estar felizmente casadas, rodeadas de electrodomésticos, sin problemas económicos y con hijos sanos, experimentaban una asfixia interior intolerable. Friedan la achacó a no saberse definida sino a partir de las funciones que se ejercen: esposa, madre, ama de casa... Va de suyo que no se ocupó de las mujeres de Harlem, pero el malestar descripto tenía un sustrato objetivo: las mujeres que habían ingresado al mercado de trabajo durante la Segunda Guerra –bajo el slogan "We can do"–, habían sido regresadas al encierro doméstico cuando volvieron sus maridos del frente y reocuparon sus puestos de trabajo (4). Las feministas politizaron –"lo personal es político"– la sexualidad, la estructura familiar y la vida cotidiana, desmintiendo que "la biología es un destino" y cuestionando la maternidad como función social primordial de las mujeres. Denunciaron fenómenos hasta entonces naturalizados y silenciados como la violencia sexual y la violencia doméstica. Sólo en la década de los '70, el Congreso de los Estados Unidos aprobó 71 disposiciones relativas al "problema de la mujer". Muchos de estos temas habían sido trabajados desde Engels, pasando por Zetkin y Kollontai, entre otras, pero las feministas de la segunda ola lo ignoraban porque el Termidor stalinista había borrado de la memoria de la clase obrera y de sus organizaciones las posiciones bolcheviques en torno a la opresión de la mujer. Pero es justo reconocer que nadie como el feminismo –y particularmente el feminismo de la diferencia– desmenuzó hasta en sus ínfimos detalles las múltiples expresiones de la doble opresión y cuestionó todas las áreas del conocimiento humano, develando que la ciencia había considerado las características masculinas como universales. Y sólo el feminismo vio en la imposición de la norma heterosexual un elemento clave de la opresión femenina. El feminismo igualitarista francés –heredero de El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir– y el feminismo liberal estadounidense (Friedan) entendieron que la cuestión clave de la subordinación femenina era la desigualdad en la familia, en el acceso a la educación y el trabajo, en la representación política, en síntesis, la exclusión de las mujeres de la esfera pública, y propugnaron reformas legales que paulatinamente la revirtieran. Su meta fue y es la construcción de una "ciudadanía de las mujeres", lo que se obtendría mejorando progresivamente la democracia burguesa. Un intento de resucitar a Olimpe de Gouge (5) y su reivindicación de los derechos de la mujer, pero no en el fervor jacobino sino en la época de descomposición del capitalismo. La radicalización de las masas en plena guerra de Vietnam, el Mayo Francés, impulsaron una nueva tendencia, mujeres más jóvenes "que aspiraban a cambiar el sistema", tomando algunos elementos del marxismo. Este sector transpoló algunas categorías del marxismo al análisis de la opresión femenina. Las mujeres fueron consideradas el sexo oprimido y se señaló como culpable final de la opresión de la mujer no a los varones sino al capitalismo. "La liberación de la mujer no podía darse sin la liberación general de otros trabajadores oprimidos y explotados bajo el capitalismo. El capitalismo era concebido como responsable de la organización injusta del trabajo que oprime al obrero y oprime a la mujer con la doble jornada" (6). Esta corriente, en la que por primera vez tomaban la palabra mujeres negras y lesbianas, acusó al feminismo liberal de ser una corriente política de blancas, heterosexuales, profesionales, con autonomía económica, de pocos hijos, que no representaban sino sus intereses y más bien pretendían silenciar bajo el amplio manto del sisterhood –de la hermandad entre todas las mujeres– las diferencias de clase, etnia, opción sexual. Estos grupos, "identificados con la Nueva Izquierda se unieron a todas las causas que promovía: movimiento de protesta juvenil, defensa de los Derechos Civiles, pacifismo. Sin embargo, rápidamente consideraron que allí se reproducía bajo otros ropajes la opresión de la mujer, relegada eternamente de los lugares decisivos. Por otra parte, sus reivindicaciones siempre se veían supeditadas a los objetivos más importantes de la lucha global. En consecuencia, decidieron separarse y de esta decisión nació el Movimiento de Liberación de la Mujer" (7). Otro sector convergió en el feminismo de la diferencia, que considera que la opresión de las mujeres es transhistórica, anterior al capitalismo y que no terminaría con él, como parecían demostrarlo palpablemente los estados burocratizados. En 1971, Kate Millet, en Política sexual, define el patriarcado como "una institución en virtud de la cual una mitad de la población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad (los hombres)". Shulamit Firestone, autora de La dialéctica del sexo, sostiene que "el materialismo histórico es aquella concepción del curso histórico que busca la causa última y la gran fuerza motriz de los acontecimientos en la dialéctica del sexo: en la división de la sociedad en dos clases biológicas diferenciadas con fines reproductivos y en los conflictos de dichas clases entre sí; en las variaciones habidas en los sistemas de matrimonio, reproducción y educación de los hijos creadas por dichos conflictos; en el desarrollo combinado de otras clases físicamente diferenciadas (castas); y en la prístina división del trabajo basado en el sexo y que evolucionó hacia un sistema (económico-cultural) de clases". El feminismo radical puso en práctica los grupos de autoconciencia, donde cada participante exponía su experiencia personal de opresión de modo de sintetizarla colectivamente y analizarlas en clave política. Cada mujer hablaba por sí misma y nadie podía representarla: he aquí la semilla del horizontalismo. En Italia, Carla Lonzi (8) y La Librería de Mujeres y en Francia Luce Irigarai fueron, entre otras, sus teóricas más destacadas. Si bien al interior del ala radical hay infinidad de matices, y como se dijo, algunas se esforzaron por dar una base materialista a la opresión de la mujer, el "feminismo radical o de la diferencia" opina que "el patriarcado, un sistema de dominación sexual, se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la de clase y raza. El género expresa la construcción social de la feminidad y la casta sexual alude a la común experiencia de opresión vivida por todas las mujeres" (9). Esta opresión común –"sobre la que se levanta el resto de las dominaciones"– unirá a las mujeres por encima de los antagonismos de clase y sellará la división entre el movimiento feminista y la clase obrera. La revolución tendría un carácter cultural y devendría de un "cambio de los imaginarios", un cambio civilizatorio. "Tenemos que replantearnos lo que es hacer política desde y para las mujeres. Una verdadera otra política que nos dé valor y autoridad, en el sentido de autoría. No podemos ya seguir jugando al poder neutro, al Estado neutro, a la política neutra, porque sólo estaremos jugando al poder masculino, al Estado masculino, a la política masculina" (10). La hostilidad a los partidos de izquierda –"Trabajadores del mundo ¿quién lava vuestros calcetines?", se preguntaba un graffiti parisino de la época; "No hay nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda", pintan hoy las bolivianas– fue un rasgo que se profundizó con el tiempo. Esto determinaría fatalmente la trayectoria, la cooptación y el ocaso de las dos corrientes hegemónicas del movimiento feminista y el quiebre político o personal de muchas de sus dirigentes. Las hijas de las madres fundadoras Sobre esas bases teóricas y políticas se desenvolvió el movimiento feminista en estas cuatro décadas. En los países centrales, las alas más radicales terminaron dispersas, estranguladas por el triunfo de Reagan y el retroceso político de los años '80. El feminismo de la igualdad, por el contrario, transmutó de movimiento social a ONG y fue ganando lugares en los ministerios y dentro de todo en el aparato estatal, así como en la ONU, el FMI, el Banco Mundial y todos los organismos multilaterales –son las asesoras de la "perspectiva de género" de la que habla Paredes–, a costa no sólo de olvidar cualquier pretensión de jacobinismo sino de negociar hasta las más elementales banderas democráticas. Otro sector, el feminismo académico, se concentró en los llamados estudios de género que, si bien hizo y hace aportes vertebrales al análisis de la singularidad de la mujer como sujeto social, obvia –salvo contadas excepciones– una sola de sus identidades: la de clase. Nadie considera, empezando por ellas mismas, al feminismo académico como una corriente política o parte de un movimiento social, así que esta nota puede prescindir de él. Durante la década del '70 surgieron en América Latina pequeñísimos grupos feministas, reflejo de lo que ocurría en Europa y Estados Unidos (excepto quizás en México y Brasil). La mayoría se identificó con el Feminismo de la Diferencia y, hostiles a la izquierda, los partidos y la clase obrera "patriarcales", vegetaron marginados del alza de masas que signó la época. En algunos casos, su separatismo llegó a extremos profundamente reaccionarios (11). El feminismo chileno –liderado por Julieta Kirkwood y Margarita Pisano–, en cambio participó en las calles de la lucha antidictatorial, si bien desde una perspectiva absolutamente democratizante, bajo la consigna "democracia en el país y en la casa". Las "casas Sofía", situadas en las poblaciones, fueron auténticos centros de organización de la mujer explotada. Para la "apertura democrática", los grupos feministas están integrados por pequeño burguesas independientes próximas al movimiento de derechos humanos, mujeres organizadas en ONG o militantes de los partidos patronales (12). A pesar del protagonismo de las mujeres en las luchas de la época, "la agenda feminista" no incidió sobre ellas. Nunca logró la masividad que había tenido en los países centrales ni siquiera en México, Chile y Brasil. Los encuentros feministas de América Latina y el Caribe –convocados desde 1981 y financiados por la "cooperación internacional"– se convirtieron en la vidriera donde las financiadoras comenzarán su trabajo de cooptación, detectando las individuas y grupos más permeables a su influencia. En la Argentina, los grupos feministas apelaron en los inicios del alfonsinismo a la movilización callejera, los 8 de Marzo, en apoyo a la ley del divorcio, la patria potestad compartida. La Comisión por la Legalización del Aborto fue uno de los sectores más independientes y también hubo una importante denuncia de la violencia contra las mujeres, con la constitución del Tribunal Mabel Montoya, en homenaje a una joven que sufrió un intento de violación en una entrevista laboral y murió al arrojarse por la ventana (1983). La creación de la Subsecretaría de la Mujer, ocupada por la feminista radical (UCR) Zita Montes de Oca, fue entendida como un logro y aplaudida sin distingos por todos los sectores (13). Desde 1985, siguiendo lo convenido en el encuentro feminista de Bertioaga, se impulsan los encuentros de mujeres, que se hicieron en varios países pero sólo sobreviven en la Argentina. Los pequeños grupos que se distancian del gobierno son ásperamente criticados por aquellos totalmente adaptados. En 1997, Magui Bellotti y Martha Fontenla, de Atem (tal vez el único grupo consecuentemente autónomo de la Argentina), decían: "Todo análisis cuestionador de las democracias realmente existentes pretendía ser clausurado con la apelación a dos opciones aparentemente excluyentes: democracia o dictadura, recurso antidemocrático que suele ser usado por los gobiernos para paralizar y desacreditar toda crítica o movilización social por 'desestabilizadoras y conducentes al pasado de golpes militares y genocidios'. Pareciera que estas democracias constituyen un punto de llegada y que, a lo sumo, hay que perfeccionarlas un poco e incorporar a ellas en la 'perspectiva de género', es decir, incluir a algunas mujeres en el excluyente modelo patriarcal capitalista y neoliberal". El cuestionamiento del ala izquierda no superó empero el marco del centroizquierda: la denuncia a los planes de ajuste y el "neoliberalismo". En un contexto de pauperización, desempleo masivo producto de las privatizaciones, de resistencia a los planes de ajuste del FMI y hambruna, se orientaron jugosos recursos de la cooperación internacional como estrategia de desmovilización y control de acuerdo con la estrategia del Consenso de Washington de cooptación de los movimientos sociales. La cooptación del feminismo incluyó desde la imposición de la "agenda de trabajo" –por ese camino la legalidad del aborto transmutó en derechos reproductivos– hasta la forma de organización interna de las ONG (14). Un hito decisivo en la política de cooptación fue la IV Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing 1995), donde 35.000 mujeres de todo el mundo se reunieron bajo el paraguas de Naciones Unidas para discutir una plataforma común de "progreso, desarrollo e igualdad de oportunidades para las mujeres". En un principio la convocatoria fue aceptada masivamente, pero la designación por parte de las agencias imperialistas de "grupos focales" que digitaron la participación distanció a los sectores autónomos. "Para la IV Conferencia , los financiadores gubernamentales más importantes y más influyentes se dividieron de manera colonial al mundo: Usaid, la agencia de cooperación del gobierno norteamericano financió la participación de las mujeres de países latinoamericanos, mientras la agencia de cooperación francesa se hizo cargo de sus ex colonias en Africa, por citar dos ejemplos. (…) La Cepal dispuso cuáles categorías debían ser analizadas, tanto ONGs como gobiernos se aseguraron de que se tratara de mujeres dispuestas a escribir lo que mandaba Usaid", escribe Julieta Paredes (15). En Beijing, la lucha contra la doble opresión se convirtió en "planes para el desarrollo con perspectiva de género" y por una década, en sintonía con los acuerdo con el Vaticano; la palabra "aborto" desapareció de la agenda del feminismo institucional para ser sustituida por "derechos reproductivos" o "procreación responsable"; la "feminización de la pobreza" se debía combatir en microcréditos; la violencia contra la mujer devino "violencia intrafamiliar", etc. "Lograr la igualdad social entre los sexos constituye uno de los objetivos del desarrollo y de la cooperación al desarrollo", explicaba la economista Teresa Rendón (16). Marcela Lagarde, feminista mexicana y diputada del PRI, afirma: "Para la violencia contra las mujeres es un remedio prioritario la democracia, el desarrollo y el progreso, es decir, los principios de la modernidad" (17). Si hasta entonces había algunas feministas "políticas" en los gobiernos, a partir de Beijing el grueso del movimiento feminista latinoamericano adquiere las mismas características que ya tenía en de los países imperialistas y, convertido en una constelación de ONG, tendrá a sus dirigentes en los organismos internacionales, con la función de incluir la "perspectiva de género" en los planes de ajuste. La coordinadora para América Latina, la peruana Gina Vargas (18), se convirtió en asesora del Banco Mundial. Podemos decir sin vacilar que a partir de Beijing la corriente hegemónica del movimiento feminista se convierte en uno de las vías de imposición de la política imperialista y en la correa de transmisión de sus intereses dentro del movimiento de mujeres. Gina Vargas expresa con elocuencia ese programa: "Los procesos de globalización en lo económico, pero también en lo político y sociocultural, abrieron nuevos campos de actuación para los movimientos sociales y para los feminismos y nuevos terrenos para la lucha por derechos ciudadanos. Los dramáticos procesos de creciente exclusión –comunes a toda la región– enfrentaron a los feminismos a la posibilidad y la urgencia de ampliar sus luchas desde lo nacional-regional hacia –y desde– lo global (…) Un sector significativo de estas instituciones feministas estuvieron presentes "disputando" contenidos y perspectivas para las Cumbres y Conferencias mundiales. Estas feministas comenzaron así a ser actoras fundamentales en la construcción de espacios democráticos de las sociedades civiles regionales y globales. A lo largo de los '90 se fueron abriendo nuevos espacios, hubo una generalización del discurso de derechos y un énfasis en la construcción ciudadana tanto de las sociedades civiles y sus movimientos como desde los Estados". Un cuestionamiento sin perspectiva "Lo que quedó de Beijing –opina Ximena Bedregal (19)– fue la consolidación de un feminismo institucionalizado que terminó por poner su mirada y sus esfuerzos en los espacios y estructuras del poder patriarcal y que terminó por suavizar y adecuar su discurso, para hacerlo accesible a éstas. Que terminó por renunciar a su crítica radical de las lógicas y éticas de esta cultura y limitarse al concepto de género. Fue un proceso que terminó por romper nuestras viejas búsquedas de democracia interna para constituirse como otro movimiento cupular donde algunas mujeres, que han adquirido mucho poder, terminaron por representar a todas sin más consultas que algunos elegantes foros. Un feminismo que terminó por someterse a los mandatos de las agencias de cooperación internacional y a sus visiones primermundistas sobre lo que es bueno para nosotras y lo que deben ser nuestras democracias (destacado nuestro). Un movimiento que ya casi no existe como tal, sino como un conjunto de ONG (algunas verdaderos monopolios) sin contacto con las mujeres (…) Sin estructuras de base y sin trabajo sobre la subjetividad y sobre el preguntarse ¿qué es ser mujer? En vez de las mujeres, los interlocutores privilegiados y únicos son el poder, sus instituciones y sus representantes. Un feminismo al que le importan más las cuotas en partidos o instituciones, que ya no tienen ninguna capacidad de darle nuevos sentidos a la gente, que uno con capacidad de buscar nuevos sentidos de vida, nuevas formas de sociedad y de cultura (subrayado nuestro) donde las mujeres quepamos en todos los sentidos de la existencia y encontremos nuevas formas de leernos a nosotras mismas. Un feminismo con líderes a las que ya no les da vergüenza decir que renunciaron al deseo de cambiar el mundo y que prefieren, ahora, ser "reformistas, socialdemócratas y bien adecuadas". La indignación del feminismo autónomo refleja de un modo distorsionado la generalización del proceso de decepción en los regímenes democráticos y en sus instituciones pero es una decepción en el marco de la democracia burguesa y profundamente idealista. Hay que "cambiar el mundo" para encontrar el modo en que las "nuevas formas de sociedad y de cultura" entren en "nuestras democracias". En el VII Encuentro Feminista de Cartagena, Chile (1996) estalló la confrontación entre "institucionales" y "autónomas". El Encuentro, organizado por una comisión con mayoría autónoma, fue saboteado por parte del feminismo institucional –que intentó cambiar la sede– y las agencias financiadoras: recibió el 10% de los 460.000 dólares de aportes que había recibido el de El Salvador, dos años antes. En Cartagena, Pisano acusó: "se autoproclaman representantes de las mujeres y del movimiento feminista y se constituyen en las expertas de las políticas sobre las mujeres. Sostenemos que esas instituciones no son neutras, que pertenecen a un sistema y lo sostienen, y que el dinero pasa a ser entonces un instrumento político". Gina Vargas fue la vocera de las institucionales, en su descargo no desmiente sino que confirma las acusaciones: "Uno de los cambios significativos ha sido la modificación de una postura antiestatista hacia una postura ética negociadora en relación al Estado y a los espacios formales internacionales (…) la existencia en los '80 de un movimiento potente, visible, movilizado, ha dado paso a un movimiento más reflexivo, anclado en una utopía realista". Respecto del camino a Beijing, Vargas aclaró: "Sin detenernos acá en la discusión sobre el carácter imperialista de la Usaid, finalmente todas lo son en cierta forma, pero además consideramos que son adjetivos que nos dicen poco sobre el funcionamiento actual de un mundo globalizado". El escándalo fue tan grande que Vargas se comprometió a renunciar a la asesoría del Banco Mundial. Pero la denuncia furibunda de las autónomas –abucheadas por dos tercios del encuentro, las institucionales y un sector que centrea, "ni las unas ni las otras"– no identifica las causas objetivas ni de la situación política ni del proceso de cooptación: "Vemos a muchas feministas instalándose desde la perspectiva de género en un sistema que hoy sostienen 57 guerras en el planeta, reconociéndole la capacidad de resolver los problemas que él mismo provoca y necesita para sostenerse (…) El pacto entre los varones se asienta en la relación que ellos establecen con la mujer, construye la misoginia para explotar a las mujeres, para tener mano de obra gratuita, para que procreen a sus hijos, para que cuiden y mantengan su cultura. Mientras no hagamos política entre nosotras las mujeres (…) no seremos capaces de hacer política alternativa" (20). Las autónomas no dan un paso en dirección a la lucha antiimperialista y se mantienen en el exclusivo terreno del enfrentamiento sexo contra sexo. El idealismo del análisis esplende. ¿Qué es la "política alternativa"? El capitalismo patriarcal, ¿es una construcción del sistema de sexo-género o un modo de producción? Imperialismo, burguesía, proletariado son términos ausentes en los dos sectores. No sólo Vargas opina que el imperialismo "nos dice poco". Esta categoría también es ajena a las autónomas que, cuanto más, hablan de "neoliberalismo". La institución del patriarcado desplaza, en el plano teórico, el carácter central de la explotación en las relaciones sociales capitalistas hacia una de sus formas de opresión. No son pactos entre hombres, ni entre hombres y algunas mujeres los que determinan sus conductas, es el lugar que éstos ocupan en las relaciones de propiedad y de producción, su pertenencia de clase, su programa político. Cartagena fue la última irrupción colectiva del feminismo autónomo, hoy totalmente disgregado y reducido a algunas teóricas, con excepción de las Mujeres Creando bolivianas. La crisis del modelo "neoliberal" y el paso a los regímenes de centroizquierda en América latina, aggiornó las posturas de las institucionales, que llevaron la "perspectiva de género" al Foro Social Mundial y al Foro de San Pablo. Alda Facio, primera directora del Caucus de Mujeres por una Justicia de Género en la Corte Penal Internacional, advierte: "La incorporación del discurso de género en las instituciones de la oligarquía internacional como el BM, el BID y el FMI, ha permitido que puedan seguir con sus planes de ajuste estructural sin oposición del movimiento feminista porque lo están haciendo con perspectiva de género. Cinco años después de Beijing, las mujeres del mundo estamos más pobres, más violentadas y más marginadas de los espacios de poder real, y sin embargo decimos que hemos avanzado porque ahora estamos presentes en el discurso de los poderosos y la perspectiva de género en todas o casi todas sus políticas y proyectos". La lavada de cara no alcanza a disimular nada. Gina Vargas abunda en el mismo sentido: "Lo que no es bueno para las mujeres, no es bueno para la democracia, esta aseveración está sustentada en muchas y dolorosas experiencias de exclusión no sólo desde las políticas estatales sino desde las mismas sociedad civiles y sus diferentes actores, incluso los que levantaban propuestas alternativas frente a las democracias realmente existentes". Más próximas de lo que ellas mismas creen, las institucionales no están solas en su hostilidad a las "propuestas alternativas". Las autónomas tampoco ahorran, en nombre de los derechos de las mujeres, un macartismo militante. Todo su discurso se orienta hacia alejar a las mujeres de una perspectiva revolucionaria: "El patriarcado no ha podido crear una propuesta válida y llevadera. Todas sus utopías han fracasado, todas han pasado del breve momento revolucionario al largo momento de la injusticia, la jerarquía y el poder sobre otros (…) ni sus izquierdas tienen más propuesta que administrar el sistema neoliberal, haciendo –en el mejor de los casos– que el llamado derrame llegue un poquito más a los más desfavorecidos y siempre como dádiva, como caridad, como un regalo (21). Ni en el Argentinazo, ni en la revolución boliviana La percepción de la propia debacle es aguda: "Cuando en el reciente caos económico y político acaecido en Argentina las gentes se echaron a la calle con sus cacerolas y su ira justificada, también las feministas salieron, pero no tuvieron nada que decir. Ellas andaban ensimismadas con su propuesta de la ‘paridad’ en los diversos órganos de representación política, creyendo fervientemente en la audacia de su propuesta, pero se encontraron con que esas gentes gritaban furibundas: ‘¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!’. De pronto se habían quedado sin discurso. Eso me hizo pensar que, en la nueva era de la globalización neoliberal, el feminismo ha llegado a un umbral que no puede traspasar manteniendo sus anquilosadas posiciones, lo que supone una necesidad de nuevas formulaciones en su teoría y 'praxis'" (22). La Sendón de León se equivoca: las feministas no dejaron sus despachos en los gabinetes ministeriales ni sus asesorías –María José Lubertino, presidenta de la Comisión de igualdad de género del Ministerio de Trabajo; Mabel Bianco, directora Unidad Coordinadora Ejecutora de VIH/Sida y ETS y muchas otras– para "bajar" ni a la calle ni a las asambleas populares. Las pocas que lo hicieron o permanecieron en silencio como muestra de su horizontalismo cerril, que habla de su propia percepción como una élite, o reservaron su palabra para denunciar, en nombre del autonomismo y, otra vez, de la horizontalidad, el papel de los partidos y las organizaciones de izquierda. La hostilidad del ala izquierda del feminismo –si acaso esto existe– hacia el movimiento piquetero no cooptado, hacia las Asambleas Piqueteras Nacionales, hacia la intervención masiva de las piqueteras en los encuentros de mujeres –"traen el programa de sus partidos y no su propia voz", dicen– son expresión de una hostilidad de clase disfrazada tanto de igualitarismo como del programa de construcción de "otros imaginarios". Hasta el grupo más radical que conocemos –las Mujeres Creando–, que tienen cierta inserción entre las cocaleras, las deudoras de los microcréditos y de El Alto, han tenido una intervención antiobrera y centroizquierdista en la revolución boliviana. Son el motor de la Asamblea Feminista del El Alto y no dejan de alertar sobre el "uso" que hacen los compañeros de las luchadoras. "Compañera, hermana, estás marchando junto a los compañeros, junto a tus hermanos como una forma de visibilizar tu presencia, tu lucha consecuente con la causa y por la justicia. Pero los dirigentes, los caudillos no toman en cuenta nuestra participación. Para ellos no tenemos la voz propia, nos invisibilizan, solamente somos un tumulto de defensa para facilitar el paro o bloqueo" (23) La Asamblea Feminista del El Alto, si bien declara "no descansaremos hasta que la nacionalización de los hidrocarburos sea un hecho", también denuncia que "los líderes de los movimientos sociales están entretenidos en la búsqueda de protagonismos personales o grupales, típica manera patriarcal de ahogar las luchas sociales, no generan propuestas concretas y corremos el peligro de quedarnos en consignas, mientras el futuro se diluye entre nuestras manos". ¿Y cuál es la propuesta concreta de la Asamblea Feminista? "Acompañar al señor Rodríguez, presidente de la Corte Suprema, con un gabinete ministerial nombrado por el pueblo, de manera que se garantice la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente, cuya elección de constituyentes no debe estar manipulada por la ley de partidos políticos y agrupaciones ciudadanas, para así garantizar entre otras reivindicaciones la participación de un 50% de mujeres asamblearias" (24). El "señor" Rodríguez merece no sólo un trato más considerado, recibe además una confianza política que jamás se deposita en las organizaciones revolucionarias. La crónica de Ximena Bedregal en La Jornada de México es directamente derechista: "De verdad que Bolivia está al borde de un gran baño de sangre. Lo digo con el corazón partido, con el alma apretada. No entiendo cómo los viejos izquierdosos pueden estar felices con lo que pasa allá. ¡Tantas revoluciones vio el siglo XIX y el XX. ¿Cambió algo para mejor, alguna revolución significó una re-evolución del conjunto social? Ni hablemos de las mujeres, uso y usufructo de patriarcas ricos y pobres ¿podrá haber una revolución bolchevique en pleno fundamentalismo patriarcal, neoliberal y militarista? (25) Pacifismo proimperialista Las feministas institucionales llevaron su adaptación hasta todos los extremos, avalaron la invasión a los Balcanes en nombre de la democracia y avalaron la invasión a Afganistán en nombre de la defensa de las mujeres "bajo el yugo del Islam", defensa que ha sido más que contestada por las mujeres "bajo el yugo del Islam", que las han enviado a cajas destempladas a vincularse con las mujeres oprimidas de otras clases en sus propios países (26) La tradición pacifista del feminismo se ha extinguido en nombre de la extensión del régimen democrático, aunque venga en bombardeos de la Otan porque, como dice Amelia Valcárcel: "el feminismo, que es en origen un democratismo, depende para alcanzar sus objetivos del afianzamiento de las democracias. Aunque en situaciones extremas la participación activa de algunas mujeres en los conflictos civiles parezca hacer adelantar posiciones, lo cierto es que éstas sólo se consolidan en situaciones libres y estables. Bastantes mujeres han descubierto en su propia carne que el hecho de arriesgar su seguridad o sus vidas para derrocar una tiranía no las pone a salvo de padecer las consecuencias de su victoria si el régimen que tras ella se instala es otra tiranía (…) Sólo la democracia, y más cuanto más profunda y participativa sea, asegura el ejercicio de las libertades y el disfrute de los derechos adquiridos. Por imperfecta que pueda ser, siempre es mejor que una dictadura de cualquier tipo, social, religiosa, carismática. (…) Feminismo, democracia y desarrollo económico industrial funcionan en sinergia. El feminismo está comprometido con el fortalecimiento de las democracias y a su vez contribuye a fortalecerlas" (27). A confesión de partes… Muchas feministas de las más diversas orientaciones consideran ejemplar la lucha de las "Mujeres de negro" yugoslavas, israelíes28, colombianas (29)–, una organización de mujeres que "están en contra de todo el continuo de violencia, desde la violencia masculina contra las mujeres, hasta el militarismo y la guerra. Abogan por la paz, la justicia y la democracia multi-étnica, así como por la implementación de medios no violentos, negociados, para resolver las diferencias" (30). Si bien es imposible no simpatizar con las Mujeres de Negro por su valentía callejera para denunciar la masacre palestina, los paramilitares colombianos, la limpieza étnica de Milosevic o la barbarie de la Otan, su alternativa negociadora sólo representa una de las estrategias del bloque imperialista en estos conflictos. Porque la salida a la guerra de los Balcanes, a la causa palestina, a la invasión de Afganistán, a la guerra de Irak desde el feminismo siempre incluirá un llamado "al diálogo" entre las partes, la denuncia de "ambos sectores" por su actitud "patriarcal y militarista" y finalizará en el mismo punto: en el reconocimiento de Naciones Unidas como un organismo esta vez sí neutral y en el reclamo de que intervenga. A las más refinadas analistas de la opresión sexual femenina, todas las otras opresiones les pasan por un costado. En relación con la invasión de Bush a Irak, se pregunta Bedregal: "¿Cuántas intelectuales feministas siguen vendiendo la idea de que estamos a las puertas de verdaderas democracias de género sólo porque ya aceptan la perspectiva de género hasta el mismo puñado de belicistas halcones que se arrogan el poder total (y por supuesto, sus obedientes empleadillos nacionales) mientras llevan al planeta a un Estado policíaco, fascistamente bélico, lleno de guerras "preventivas" y a sus pocas y débiles instancias multilaterales a la bancarrota ética y política? Un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la guerra global. La pregunta que queda es ¿podrá el pensamiento y la acción crítica abrir caminos para que ésta se vaya al abismo de lo que quiso y no pudo?" La respuesta a la desolada pregunta es: Para un programa político que ignora la opresión nacional y la opresión de clase, y que ataca las luchas de liberación nacional y social como contrarias a los intereses de las mujeres; para un programa político que promueve el fortalecimiento de "las pocas y débiles instancias multilaterales" del capital y se empantana en un idealismo antisocialista, el único camino es la cooptación o el abismo. [1] Carol Gilligan, La moral y la teoría. Psicología del desarrollo femenino. Fondo de Cultura Económica. México. 1985 [2] “Torturas con enfoque de género”. Paredes es del Grupo Mujeres Creando, corriente autónoma de Bolivia. [3] “ Un útero no sustituye una conciencia”. Ehrenreich es un feminista de la igualdad” estadounidense. [4] La filósofa feminista española Amalia Valcárcel explica:.”Ahora" las "mujeres modernas", que eran ciudadanas y tenían formación, eran libres y competentes. Libres de elegir permanecer en su hogar y no salir a competir en un mercado laboral adusto. Competentes para llevar adelante la unidad doméstica mediante una planificación cuasi empresarial. El nuevo hogar tecnificado en el que los electrodomésticos libraban de algunas de las tareas más trabajosas y humillantes necesitaba a una ingeniera doméstica al frente. Una mujer que sabía que el éxito provenía de una correcta dirección de la empresa familiar. Cada ama de casa era una directora gerente de la que dependía el éxito completo de la familia nuclear. No tenía sentido salir a competir en el mercado por un puesto de cualificación media o baja cuando se podía ser su propia jefe”. [5] La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, aprobada en 16 de agosto 1789, en plena efervescencia revolucionaria en Francia, llevó a la francesa Olympe de Gouges a redactar la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, al considerar que la primera excluía a las mujeres. “La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”. Este enunciado, que encabeza el texto redactado por de Gouges en 1791, resume en gran medida las nacientes ideas y luchas de las mujeres durante la Revolución de 1789. Es una réplica al primer enunciado de la Carta de 1789, que consagra los principios de igualdad de todos los varones y sus derechos políticos. De Gouges, una destacada activista de la revolución, terminó en la guillotina. [6] Sheila Rowbotham, autora de Mujer, Resistencia y Revolución (1972) y La Conciencia de la Mujer en el Mundo de los Hombres (1973). Toma como antecedente a Flora Tristán. [7] Una mirada sobre los sucesivos feminismos. María Salas [8] Autora de “Escupamos sobre Hegel”, una denuncia del sexismo en Hegel, Freud y Marx y el conjunto de la filosofía occidental. [9] Ana de Miguel. “Neofeminismo: los años 60 y 70”. [10] Ximena Bedregal, feminista autónoma, dirigente del feminismo mexicano en los 80. Democracia Masculinista, democracia heterosexual compulsiva”, México. [11] La psicoanalista Nancy Caro Hollander cuenta una reunión de UFA (Unión feminista Argentina) el 22 de agosto de 1972, día de la masacre de Trelew. : “En el encuentro que tuvo lugar esa noche surgió un debate acerca de lo que debíamos hacer los grupos feministas, si alinearnos o no con las numerosas organizaciones que denunciaban públicamente las acciones represivas del Estado. Muchas de nosotras deseábamos hacer una declaración pública, denunciando los actos del gobierno militar, pero algunas de las mujeres argumentaron que eso no tenía nada que ver con nosotras como feministas, por que en los movimientos revolucionarios, el rol subordinado adjudicado a las mujeres reflejaba la opresión patriarcal tradicional de las mismas. De modo que: ¿por qué protestar por la suerte de esos hombres que solo reproducían actitudes y conductas patriarcales? [12] “ La política feminista en América latina se comenzó a desplegar tempranamente en las luchas contra las dictaduras, o gobiernos autoritarios, o gobiernos democráticos que no aparecían serlo y ante los cuales se desarrollo una actitud de profunda desconfianza. Quizás por ello los feminismos en su despliegue orientaban mucho más sus estrategias hacia perfilarse desde la sociedad civil antes que a interactuar y menos negociar con los estados y gobiernos.” Gina Vargas, Lima 2003. [13] La inclusión de feministas en los gobiernos democratizantes es una constante de la época. “Feministas bolivianas de algunas ONG se sintieron convocadas por el impulso modernizador del presidente Gonzalo Sánchez de Losada (1994-1997) y trabajaron bajo su administración, e incluso una feminista independiente de la coalición de los partidos en gobierno ocupó el primer mandato de la Sub-Secretaría de Género, al igual que otra profesional de una ONG de mujeres, también independiente del partido Liberal en Colombia fue la encargada de la Dirección Nacional de Equidad de las Mujeres creada por la administración Samper en 1996. El CONAMU (Consejo Nacional de la Mujer ) del Ecuador fundado en 1997 incorporó en su Consejo Directivo a tres "representantes" del movimiento de mujeres elegidas en sus bases, al igual que el ISDEMU (Instituto Salvadoreño de Desarrollo de la Mujer ), que invitó también a dos representantes de los grupos de mujeres a participar como miembros plenos en su Junta Directiva. En Chile, en función de los acuerdos partidarios de la Concertación , una socialista- generalmente feminista- ocupa la subdirección del SERNAM y en el Perú, el Consejo Consultivo del Ministerio de Promoción de la Mujer y Desarrollo Humano (PROMUDEH) está integrado por algunas feministas y representantes de agencias internacionales”. Los malestares del feminismo latinoamericano. Maruja Barriga. [14] La exigencia de incorporar profesionales a las ong cambió totalmente la composición de éstas. La Morada, en Chile, expulsó “democráticamente” a su fundadora, Pisano, por denunciar “el camino a Beijing”. [15] Las Mujeres Creando fueron apaleadas en La Paz por la policía, a pedido de sus adversarias, por denunciar la estafa del “camino a Beijing”. [16] Género, desarrollo y cooperación al desarrollo. [17] El Periódico, México, 4-8-04 [18] Miembro del colectivo Flora Tristán, con perdón de la nombrada. [19] ¿Qué quedó del proceso de Beijing? [20] Margarita Pisano [21] Bedregal. Democracia masculinista, democracia heterosexual compulsiva. [22] Sendón de León, Victoria, filósofa feminista española. Encuentro de Mujeres Filósofas octubre 2002, Barcelona. [23] Florentina Alegre, dirigente campesina. “Sólo somos un tumulto de defensa para facilita el paro”. [24] “La Asamblea feminista con el Pubelo. La Paz. 9-6-05 [25] Bedregal. “Bolivia al borde de un baño de sangres”. 8-6-05 [26] “Sobre la autonomía del feminismo árabe”. Fátima Mernissi. “Que algunas feministas occidentales vean a las mujeres árabes como esclavas serviles y obedientes, incapaces de tomar conciencia o de desarrollar ideas revolucionarlas propias que no sigan el dictado de las mujeres más liberadas del mundo (de Nueva York, París y Londres), a primera vista parece más difícil de entender que una postura similar en los patriarcas árabes (…) no me preocupa tanto el futuro de la solidaridad internacional de las mujeres como la capacidad del feminismo occidental de crear movimientos sociales populares para lograr un cambio estructural en las capitales mundiales de su propio imperio industrial. Una mujer que se considera feminista debería preguntarse si es capaz de compartir esto con las mujeres de otras clases sociales de su cultura. La solidaridad de las mujeres será global cuando se eliminen las barreras entre clases y culturas.” [27] Los desafíos del feminismo en el siglo XXI. Amelia Valcárcel y Rosalía Romero. [28] “Desde 1988 las Mujeres de Negro de Israel se manifiestan contra la ocupación militar israelí y construyen puentes de paz con las mujeres palestinas para poder finalmente vivir en paz en dos estados para dos pueblos”. [29] Colombia : Las mujeres de la Ruta Pacífica no creemos en el poder de las armas , no creemos en los guerreros. Hacemos un llamado para fortalecer la democracia, para no cerrarle el paso a las libertades y derechos civiles, para no permitir que en nombre de la lucha contra el “terrorismo” se persiga, se encarcele y se mate. Nuestra fuerza y rebeldía se ha traducido en voluntad política para desde nuestra autonomía frente a todos los actores armados, desde el dolor que compartimos con las mujeres desplazadas, las que tienen a sus familiares muertas-os, desaparecidas-os, secuestrada-os, asesinadas-os, retenidas-os, encarceladas-os, torturadas-os, exigir la Salida Política Negociada y los acuerdos humanitarios, desde el firme compromiso de contribuir a la desmilitarización de la vida civil y a la construcción de un país y una casa libre de violencias, opresiones y subordinaciones. [30] Nancy Caro Holander, op. cit.
Fulgor y muerte del movimiento feminista Olga Cristóbal Si el fracaso de un movimiento político que se postuló como liberador de las mujeres pudiera sintetizarse en una imagen, la imagen del fracaso del feminismo sería la de las jóvenes militares estadounidenses que torturaron y violaron a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib. Lynndie England y sus colegas mostraron que los postulados del feminismo de la igualdad –un programa político cuya máxima utopía es que las mujeres compartan en igualdad con los hombres el infierno capitalista– podían llevar hasta el lugar de quien ejecuta la tortura. Pero England también fue un mentís descarnado a cuatro décadas de esforzada construcción teórica del feminismo de la diferencia: ésa que supone que la mujer –no por razones biológicas sino por cómo se construyó su subjetividad bajo un sistema sexista– es radicalmente diferente del hombre –depredador, guerrero, violento, dominante– y representa el respeto a la vida, a la paz, a la preservación del planeta, la "ética del cuidado y de la compasión" (1). Una descripción esencialista que roza peligrosamente alguno de los atributos que se usaron para explicar su lugar subordinado a lo largo de la historia. No muchas acusaron recibo del golpe. Julieta Paredes (2) sostiene: "Con las luchas de las feministas en diferentes partes del planeta se han ido abriendo espacios donde las mujeres participan activamente en el manejo de sus vidas y la vida de sus pueblos. Toda lucha implica enfrentar los intentos de manipulación y cooptación por parte del sistema que se impugna (…) y una de estas armas ha sido la inclusión de la llamada ‘perspectiva de género’ que se aplica en todos los programas e instituciones de los gobiernos y Estados. Quiero aclarar que feminismo y enfoque de género son planteamientos políticos antagónicos. (...) Hoy se muestra la cara de esa igualdad, igualdad en los crímenes y las injusticias. Las torturas causadas a los iraquíes por parte de gringas y gringos, nos muestran claramente la llamada perspectiva de género a nivel mundial. ¡Jamás la perspectiva de género apuntó a denunciar y anular los privilegios!". Desde el sector de la igualdad, Barbara Ehrenreich (3) analiza el suceso en un texto que es casi una asunción de responsabilidades: "Aunque me opuse a la guerra del Golfo Pérsico de 1991, me sentía orgullosa de nuestras militares y encantada de que su presencia disgustara a los anfitriones árabes. Secretamente esperaba que la presencia de mujeres cambiaría, con el tiempo, el ejército, haciéndolo más respetuoso con otras gentes y culturas, que lo haría más capaz de mantener la paz de forma genuina. Eso es lo que pensaba. Pero ya no lo pienso. Un cierto tipo de feminismo, o quizá debería decir un cierto tipo de feminismo ingenuo murió en Abu Ghraib. Era un feminismo que veía a los hombres como los eternos autores de los delitos, a las mujeres como las eternas víctimas y la violencia sexual de los hombres contra las mujeres, como la raíz de toda injusticia. La violación ha sido utilizada repetidamente como un instrumento de guerra y para algunas feministas, empezaba a parecer como si la guerra fuese una extensión de la violación. Parecía haber al menos cierta evidencia de que el sadismo sexual masculino, estaba conectado con la trágica propensión de nuestra especie a la violencia. Esto era antes de que viéramos el sadismo sexual femenino en acción". No era la primera vez que las feministas de la igualdad se regocijaban de ver chicas en uniforme: "Me da mucha alegría saber que ahora en West Point se fabrican uniformes para embarazadas", dijo alguna vez Betty Friedan, máxima líder de la "segunda ola". ¿Cuál es el camino que llevó a pensar que la liberación femenina podía venir envasada en el uniforme de un ejército imperialista? El enfoque de género, que critica Paredes, asumido como propio hoy por la ONU, el Banco Mundial, el Parlamento Europeo, el Ministerio de Salud argentino: ¿es una traición, es el hijo idiota del feminismo o es una deriva inevitable, si se analizan las posiciones que sostuvieron desde su origen aún las más radicales? Un poco de historia El movimiento feminista renació en los países imperialistas a fines de los '60 –la llamada "segunda ola"– y convocó a miles de mujeres, que pelearon y obtuvieron en la calle –y no en el lobby parlamentario, aunque sus conquistas tuvieran obviamente una expresión legal– importantes derechos democráticos en el plano familiar, laboral y –lo más novedoso– sexual: disociación de sexo y procreación, derecho a la anticoncepción, más tarde el derecho al aborto, impugnación de la norma heterosexual y un largo etcétera. Su fe de bautismo fue el libro de Betty Friedan, La mística de la feminidad (1963), que denunciaba que "algo" estaba pasando entre las mujeres norteamericanas –"el problema que no tiene nombre"– quienes, a pesar de estar felizmente casadas, rodeadas de electrodomésticos, sin problemas económicos y con hijos sanos, experimentaban una asfixia interior intolerable. Friedan la achacó a no saberse definida sino a partir de las funciones que se ejercen: esposa, madre, ama de casa... Va de suyo que no se ocupó de las mujeres de Harlem, pero el malestar descripto tenía un sustrato objetivo: las mujeres que habían ingresado al mercado de trabajo durante la Segunda Guerra –bajo el slogan "We can do"–, habían sido regresadas al encierro doméstico cuando volvieron sus maridos del frente y reocuparon sus puestos de trabajo (4). Las feministas politizaron –"lo personal es político"– la sexualidad, la estructura familiar y la vida cotidiana, desmintiendo que "la biología es un destino" y cuestionando la maternidad como función social primordial de las mujeres. Denunciaron fenómenos hasta entonces naturalizados y silenciados como la violencia sexual y la violencia doméstica. Sólo en la década de los '70, el Congreso de los Estados Unidos aprobó 71 disposiciones relativas al "problema de la mujer". Muchos de estos temas habían sido trabajados desde Engels, pasando por Zetkin y Kollontai, entre otras, pero las feministas de la segunda ola lo ignoraban porque el Termidor stalinista había borrado de la memoria de la clase obrera y de sus organizaciones las posiciones bolcheviques en torno a la opresión de la mujer. Pero es justo reconocer que nadie como el feminismo –y particularmente el feminismo de la diferencia– desmenuzó hasta en sus ínfimos detalles las múltiples expresiones de la doble opresión y cuestionó todas las áreas del conocimiento humano, develando que la ciencia había considerado las características masculinas como universales. Y sólo el feminismo vio en la imposición de la norma heterosexual un elemento clave de la opresión femenina. El feminismo igualitarista francés –heredero de El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir– y el feminismo liberal estadounidense (Friedan) entendieron que la cuestión clave de la subordinación femenina era la desigualdad en la familia, en el acceso a la educación y el trabajo, en la representación política, en síntesis, la exclusión de las mujeres de la esfera pública, y propugnaron reformas legales que paulatinamente la revirtieran. Su meta fue y es la construcción de una "ciudadanía de las mujeres", lo que se obtendría mejorando progresivamente la democracia burguesa. Un intento de resucitar a Olimpe de Gouge (5) y su reivindicación de los derechos de la mujer, pero no en el fervor jacobino sino en la época de descomposición del capitalismo. La radicalización de las masas en plena guerra de Vietnam, el Mayo Francés, impulsaron una nueva tendencia, mujeres más jóvenes "que aspiraban a cambiar el sistema", tomando algunos elementos del marxismo. Este sector transpoló algunas categorías del marxismo al análisis de la opresión femenina. Las mujeres fueron consideradas el sexo oprimido y se señaló como culpable final de la opresión de la mujer no a los varones sino al capitalismo. "La liberación de la mujer no podía darse sin la liberación general de otros trabajadores oprimidos y explotados bajo el capitalismo. El capitalismo era concebido como responsable de la organización injusta del trabajo que oprime al obrero y oprime a la mujer con la doble jornada" (6). Esta corriente, en la que por primera vez tomaban la palabra mujeres negras y lesbianas, acusó al feminismo liberal de ser una corriente política de blancas, heterosexuales, profesionales, con autonomía económica, de pocos hijos, que no representaban sino sus intereses y más bien pretendían silenciar bajo el amplio manto del sisterhood –de la hermandad entre todas las mujeres– las diferencias de clase, etnia, opción sexual. Estos grupos, "identificados con la Nueva Izquierda se unieron a todas las causas que promovía: movimiento de protesta juvenil, defensa de los Derechos Civiles, pacifismo. Sin embargo, rápidamente consideraron que allí se reproducía bajo otros ropajes la opresión de la mujer, relegada eternamente de los lugares decisivos. Por otra parte, sus reivindicaciones siempre se veían supeditadas a los objetivos más importantes de la lucha global. En consecuencia, decidieron separarse y de esta decisión nació el Movimiento de Liberación de la Mujer" (7). Otro sector convergió en el feminismo de la diferencia, que considera que la opresión de las mujeres es transhistórica, anterior al capitalismo y que no terminaría con él, como parecían demostrarlo palpablemente los estados burocratizados. En 1971, Kate Millet, en Política sexual, define el patriarcado como "una institución en virtud de la cual una mitad de la población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad (los hombres)". Shulamit Firestone, autora de La dialéctica del sexo, sostiene que "el materialismo histórico es aquella concepción del curso histórico que busca la causa última y la gran fuerza motriz de los acontecimientos en la dialéctica del sexo: en la división de la sociedad en dos clases biológicas diferenciadas con fines reproductivos y en los conflictos de dichas clases entre sí; en las variaciones habidas en los sistemas de matrimonio, reproducción y educación de los hijos creadas por dichos conflictos; en el desarrollo combinado de otras clases físicamente diferenciadas (castas); y en la prístina división del trabajo basado en el sexo y que evolucionó hacia un sistema (económico-cultural) de clases". El feminismo radical puso en práctica los grupos de autoconciencia, donde cada participante exponía su experiencia personal de opresión de modo de sintetizarla colectivamente y analizarlas en clave política. Cada mujer hablaba por sí misma y nadie podía representarla: he aquí la semilla del horizontalismo. En Italia, Carla Lonzi (8) y La Librería de Mujeres y en Francia Luce Irigarai fueron, entre otras, sus teóricas más destacadas. Si bien al interior del ala radical hay infinidad de matices, y como se dijo, algunas se esforzaron por dar una base materialista a la opresión de la mujer, el "feminismo radical o de la diferencia" opina que "el patriarcado, un sistema de dominación sexual, se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la de clase y raza. El género expresa la construcción social de la feminidad y la casta sexual alude a la común experiencia de opresión vivida por todas las mujeres" (9). Esta opresión común –"sobre la que se levanta el resto de las dominaciones"– unirá a las mujeres por encima de los antagonismos de clase y sellará la división entre el movimiento feminista y la clase obrera. La revolución tendría un carácter cultural y devendría de un "cambio de los imaginarios", un cambio civilizatorio. "Tenemos que replantearnos lo que es hacer política desde y para las mujeres. Una verdadera otra política que nos dé valor y autoridad, en el sentido de autoría. No podemos ya seguir jugando al poder neutro, al Estado neutro, a la política neutra, porque sólo estaremos jugando al poder masculino, al Estado masculino, a la política masculina" (10). La hostilidad a los partidos de izquierda –"Trabajadores del mundo ¿quién lava vuestros calcetines?", se preguntaba un graffiti parisino de la época; "No hay nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda", pintan hoy las bolivianas– fue un rasgo que se profundizó con el tiempo. Esto determinaría fatalmente la trayectoria, la cooptación y el ocaso de las dos corrientes hegemónicas del movimiento feminista y el quiebre político o personal de muchas de sus dirigentes. Las hijas de las madres fundadoras Sobre esas bases teóricas y políticas se desenvolvió el movimiento feminista en estas cuatro décadas. En los países centrales, las alas más radicales terminaron dispersas, estranguladas por el triunfo de Reagan y el retroceso político de los años '80. El feminismo de la igualdad, por el contrario, transmutó de movimiento social a ONG y fue ganando lugares en los ministerios y dentro de todo en el aparato estatal, así como en la ONU, el FMI, el Banco Mundial y todos los organismos multilaterales –son las asesoras de la "perspectiva de género" de la que habla Paredes–, a costa no sólo de olvidar cualquier pretensión de jacobinismo sino de negociar hasta las más elementales banderas democráticas. Otro sector, el feminismo académico, se concentró en los llamados estudios de género que, si bien hizo y hace aportes vertebrales al análisis de la singularidad de la mujer como sujeto social, obvia –salvo contadas excepciones– una sola de sus identidades: la de clase. Nadie considera, empezando por ellas mismas, al feminismo académico como una corriente política o parte de un movimiento social, así que esta nota puede prescindir de él. Durante la década del '70 surgieron en América Latina pequeñísimos grupos feministas, reflejo de lo que ocurría en Europa y Estados Unidos (excepto quizás en México y Brasil). La mayoría se identificó con el Feminismo de la Diferencia y, hostiles a la izquierda, los partidos y la clase obrera "patriarcales", vegetaron marginados del alza de masas que signó la época. En algunos casos, su separatismo llegó a extremos profundamente reaccionarios (11). El feminismo chileno –liderado por Julieta Kirkwood y Margarita Pisano–, en cambio participó en las calles de la lucha antidictatorial, si bien desde una perspectiva absolutamente democratizante, bajo la consigna "democracia en el país y en la casa". Las "casas Sofía", situadas en las poblaciones, fueron auténticos centros de organización de la mujer explotada. Para la "apertura democrática", los grupos feministas están integrados por pequeño burguesas independientes próximas al movimiento de derechos humanos, mujeres organizadas en ONG o militantes de los partidos patronales (12). A pesar del protagonismo de las mujeres en las luchas de la época, "la agenda feminista" no incidió sobre ellas. Nunca logró la masividad que había tenido en los países centrales ni siquiera en México, Chile y Brasil. Los encuentros feministas de América Latina y el Caribe –convocados desde 1981 y financiados por la "cooperación internacional"– se convirtieron en la vidriera donde las financiadoras comenzarán su trabajo de cooptación, detectando las individuas y grupos más permeables a su influencia. En la Argentina, los grupos feministas apelaron en los inicios del alfonsinismo a la movilización callejera, los 8 de Marzo, en apoyo a la ley del divorcio, la patria potestad compartida. La Comisión por la Legalización del Aborto fue uno de los sectores más independientes y también hubo una importante denuncia de la violencia contra las mujeres, con la constitución del Tribunal Mabel Montoya, en homenaje a una joven que sufrió un intento de violación en una entrevista laboral y murió al arrojarse por la ventana (1983). La creación de la Subsecretaría de la Mujer, ocupada por la feminista radical (UCR) Zita Montes de Oca, fue entendida como un logro y aplaudida sin distingos por todos los sectores (13). Desde 1985, siguiendo lo convenido en el encuentro feminista de Bertioaga, se impulsan los encuentros de mujeres, que se hicieron en varios países pero sólo sobreviven en la Argentina. Los pequeños grupos que se distancian del gobierno son ásperamente criticados por aquellos totalmente adaptados. En 1997, Magui Bellotti y Martha Fontenla, de Atem (tal vez el único grupo consecuentemente autónomo de la Argentina), decían: "Todo análisis cuestionador de las democracias realmente existentes pretendía ser clausurado con la apelación a dos opciones aparentemente excluyentes: democracia o dictadura, recurso antidemocrático que suele ser usado por los gobiernos para paralizar y desacreditar toda crítica o movilización social por 'desestabilizadoras y conducentes al pasado de golpes militares y genocidios'. Pareciera que estas democracias constituyen un punto de llegada y que, a lo sumo, hay que perfeccionarlas un poco e incorporar a ellas en la 'perspectiva de género', es decir, incluir a algunas mujeres en el excluyente modelo patriarcal capitalista y neoliberal". El cuestionamiento del ala izquierda no superó empero el marco del centroizquierda: la denuncia a los planes de ajuste y el "neoliberalismo". En un contexto de pauperización, desempleo masivo producto de las privatizaciones, de resistencia a los planes de ajuste del FMI y hambruna, se orientaron jugosos recursos de la cooperación internacional como estrategia de desmovilización y control de acuerdo con la estrategia del Consenso de Washington de cooptación de los movimientos sociales. La cooptación del feminismo incluyó desde la imposición de la "agenda de trabajo" –por ese camino la legalidad del aborto transmutó en derechos reproductivos– hasta la forma de organización interna de las ONG (14). Un hito decisivo en la política de cooptación fue la IV Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing 1995), donde 35.000 mujeres de todo el mundo se reunieron bajo el paraguas de Naciones Unidas para discutir una plataforma común de "progreso, desarrollo e igualdad de oportunidades para las mujeres". En un principio la convocatoria fue aceptada masivamente, pero la designación por parte de las agencias imperialistas de "grupos focales" que digitaron la participación distanció a los sectores autónomos. "Para la IV Conferencia , los financiadores gubernamentales más importantes y más influyentes se dividieron de manera colonial al mundo: Usaid, la agencia de cooperación del gobierno norteamericano financió la participación de las mujeres de países latinoamericanos, mientras la agencia de cooperación francesa se hizo cargo de sus ex colonias en Africa, por citar dos ejemplos. (…) La Cepal dispuso cuáles categorías debían ser analizadas, tanto ONGs como gobiernos se aseguraron de que se tratara de mujeres dispuestas a escribir lo que mandaba Usaid", escribe Julieta Paredes (15). En Beijing, la lucha contra la doble opresión se convirtió en "planes para el desarrollo con perspectiva de género" y por una década, en sintonía con los acuerdo con el Vaticano; la palabra "aborto" desapareció de la agenda del feminismo institucional para ser sustituida por "derechos reproductivos" o "procreación responsable"; la "feminización de la pobreza" se debía combatir en microcréditos; la violencia contra la mujer devino "violencia intrafamiliar", etc. "Lograr la igualdad social entre los sexos constituye uno de los objetivos del desarrollo y de la cooperación al desarrollo", explicaba la economista Teresa Rendón (16). Marcela Lagarde, feminista mexicana y diputada del PRI, afirma: "Para la violencia contra las mujeres es un remedio prioritario la democracia, el desarrollo y el progreso, es decir, los principios de la modernidad" (17). Si hasta entonces había algunas feministas "políticas" en los gobiernos, a partir de Beijing el grueso del movimiento feminista latinoamericano adquiere las mismas características que ya tenía en de los países imperialistas y, convertido en una constelación de ONG, tendrá a sus dirigentes en los organismos internacionales, con la función de incluir la "perspectiva de género" en los planes de ajuste. La coordinadora para América Latina, la peruana Gina Vargas (18), se convirtió en asesora del Banco Mundial. Podemos decir sin vacilar que a partir de Beijing la corriente hegemónica del movimiento feminista se convierte en uno de las vías de imposición de la política imperialista y en la correa de transmisión de sus intereses dentro del movimiento de mujeres. Gina Vargas expresa con elocuencia ese programa: "Los procesos de globalización en lo económico, pero también en lo político y sociocultural, abrieron nuevos campos de actuación para los movimientos sociales y para los feminismos y nuevos terrenos para la lucha por derechos ciudadanos. Los dramáticos procesos de creciente exclusión –comunes a toda la región– enfrentaron a los feminismos a la posibilidad y la urgencia de ampliar sus luchas desde lo nacional-regional hacia –y desde– lo global (…) Un sector significativo de estas instituciones feministas estuvieron presentes "disputando" contenidos y perspectivas para las Cumbres y Conferencias mundiales. Estas feministas comenzaron así a ser actoras fundamentales en la construcción de espacios democráticos de las sociedades civiles regionales y globales. A lo largo de los '90 se fueron abriendo nuevos espacios, hubo una generalización del discurso de derechos y un énfasis en la construcción ciudadana tanto de las sociedades civiles y sus movimientos como desde los Estados". Un cuestionamiento sin perspectiva "Lo que quedó de Beijing –opina Ximena Bedregal (19)– fue la consolidación de un feminismo institucionalizado que terminó por poner su mirada y sus esfuerzos en los espacios y estructuras del poder patriarcal y que terminó por suavizar y adecuar su discurso, para hacerlo accesible a éstas. Que terminó por renunciar a su crítica radical de las lógicas y éticas de esta cultura y limitarse al concepto de género. Fue un proceso que terminó por romper nuestras viejas búsquedas de democracia interna para constituirse como otro movimiento cupular donde algunas mujeres, que han adquirido mucho poder, terminaron por representar a todas sin más consultas que algunos elegantes foros. Un feminismo que terminó por someterse a los mandatos de las agencias de cooperación internacional y a sus visiones primermundistas sobre lo que es bueno para nosotras y lo que deben ser nuestras democracias (destacado nuestro). Un movimiento que ya casi no existe como tal, sino como un conjunto de ONG (algunas verdaderos monopolios) sin contacto con las mujeres (…) Sin estructuras de base y sin trabajo sobre la subjetividad y sobre el preguntarse ¿qué es ser mujer? En vez de las mujeres, los interlocutores privilegiados y únicos son el poder, sus instituciones y sus representantes. Un feminismo al que le importan más las cuotas en partidos o instituciones, que ya no tienen ninguna capacidad de darle nuevos sentidos a la gente, que uno con capacidad de buscar nuevos sentidos de vida, nuevas formas de sociedad y de cultura (subrayado nuestro) donde las mujeres quepamos en todos los sentidos de la existencia y encontremos nuevas formas de leernos a nosotras mismas. Un feminismo con líderes a las que ya no les da vergüenza decir que renunciaron al deseo de cambiar el mundo y que prefieren, ahora, ser "reformistas, socialdemócratas y bien adecuadas". La indignación del feminismo autónomo refleja de un modo distorsionado la generalización del proceso de decepción en los regímenes democráticos y en sus instituciones pero es una decepción en el marco de la democracia burguesa y profundamente idealista. Hay que "cambiar el mundo" para encontrar el modo en que las "nuevas formas de sociedad y de cultura" entren en "nuestras democracias". En el VII Encuentro Feminista de Cartagena, Chile (1996) estalló la confrontación entre "institucionales" y "autónomas". El Encuentro, organizado por una comisión con mayoría autónoma, fue saboteado por parte del feminismo institucional –que intentó cambiar la sede– y las agencias financiadoras: recibió el 10% de los 460.000 dólares de aportes que había recibido el de El Salvador, dos años antes. En Cartagena, Pisano acusó: "se autoproclaman representantes de las mujeres y del movimiento feminista y se constituyen en las expertas de las políticas sobre las mujeres. Sostenemos que esas instituciones no son neutras, que pertenecen a un sistema y lo sostienen, y que el dinero pasa a ser entonces un instrumento político". Gina Vargas fue la vocera de las institucionales, en su descargo no desmiente sino que confirma las acusaciones: "Uno de los cambios significativos ha sido la modificación de una postura antiestatista hacia una postura ética negociadora en relación al Estado y a los espacios formales internacionales (…) la existencia en los '80 de un movimiento potente, visible, movilizado, ha dado paso a un movimiento más reflexivo, anclado en una utopía realista". Respecto del camino a Beijing, Vargas aclaró: "Sin detenernos acá en la discusión sobre el carácter imperialista de la Usaid, finalmente todas lo son en cierta forma, pero además consideramos que son adjetivos que nos dicen poco sobre el funcionamiento actual de un mundo globalizado". El escándalo fue tan grande que Vargas se comprometió a renunciar a la asesoría del Banco Mundial. Pero la denuncia furibunda de las autónomas –abucheadas por dos tercios del encuentro, las institucionales y un sector que centrea, "ni las unas ni las otras"– no identifica las causas objetivas ni de la situación política ni del proceso de cooptación: "Vemos a muchas feministas instalándose desde la perspectiva de género en un sistema que hoy sostienen 57 guerras en el planeta, reconociéndole la capacidad de resolver los problemas que él mismo provoca y necesita para sostenerse (…) El pacto entre los varones se asienta en la relación que ellos establecen con la mujer, construye la misoginia para explotar a las mujeres, para tener mano de obra gratuita, para que procreen a sus hijos, para que cuiden y mantengan su cultura. Mientras no hagamos política entre nosotras las mujeres (…) no seremos capaces de hacer política alternativa" (20). Las autónomas no dan un paso en dirección a la lucha antiimperialista y se mantienen en el exclusivo terreno del enfrentamiento sexo contra sexo. El idealismo del análisis esplende. ¿Qué es la "política alternativa"? El capitalismo patriarcal, ¿es una construcción del sistema de sexo-género o un modo de producción? Imperialismo, burguesía, proletariado son términos ausentes en los dos sectores. No sólo Vargas opina que el imperialismo "nos dice poco". Esta categoría también es ajena a las autónomas que, cuanto más, hablan de "neoliberalismo". La institución del patriarcado desplaza, en el plano teórico, el carácter central de la explotación en las relaciones sociales capitalistas hacia una de sus formas de opresión. No son pactos entre hombres, ni entre hombres y algunas mujeres los que determinan sus conductas, es el lugar que éstos ocupan en las relaciones de propiedad y de producción, su pertenencia de clase, su programa político. Cartagena fue la última irrupción colectiva del feminismo autónomo, hoy totalmente disgregado y reducido a algunas teóricas, con excepción de las Mujeres Creando bolivianas. La crisis del modelo "neoliberal" y el paso a los regímenes de centroizquierda en América latina, aggiornó las posturas de las institucionales, que llevaron la "perspectiva de género" al Foro Social Mundial y al Foro de San Pablo. Alda Facio, primera directora del Caucus de Mujeres por una Justicia de Género en la Corte Penal Internacional, advierte: "La incorporación del discurso de género en las instituciones de la oligarquía internacional como el BM, el BID y el FMI, ha permitido que puedan seguir con sus planes de ajuste estructural sin oposición del movimiento feminista porque lo están haciendo con perspectiva de género. Cinco años después de Beijing, las mujeres del mundo estamos más pobres, más violentadas y más marginadas de los espacios de poder real, y sin embargo decimos que hemos avanzado porque ahora estamos presentes en el discurso de los poderosos y la perspectiva de género en todas o casi todas sus políticas y proyectos". La lavada de cara no alcanza a disimular nada. Gina Vargas abunda en el mismo sentido: "Lo que no es bueno para las mujeres, no es bueno para la democracia, esta aseveración está sustentada en muchas y dolorosas experiencias de exclusión no sólo desde las políticas estatales sino desde las mismas sociedad civiles y sus diferentes actores, incluso los que levantaban propuestas alternativas frente a las democracias realmente existentes". Más próximas de lo que ellas mismas creen, las institucionales no están solas en su hostilidad a las "propuestas alternativas". Las autónomas tampoco ahorran, en nombre de los derechos de las mujeres, un macartismo militante. Todo su discurso se orienta hacia alejar a las mujeres de una perspectiva revolucionaria: "El patriarcado no ha podido crear una propuesta válida y llevadera. Todas sus utopías han fracasado, todas han pasado del breve momento revolucionario al largo momento de la injusticia, la jerarquía y el poder sobre otros (…) ni sus izquierdas tienen más propuesta que administrar el sistema neoliberal, haciendo –en el mejor de los casos– que el llamado derrame llegue un poquito más a los más desfavorecidos y siempre como dádiva, como caridad, como un regalo (21). Ni en el Argentinazo, ni en la revolución boliviana La percepción de la propia debacle es aguda: "Cuando en el reciente caos económico y político acaecido en Argentina las gentes se echaron a la calle con sus cacerolas y su ira justificada, también las feministas salieron, pero no tuvieron nada que decir. Ellas andaban ensimismadas con su propuesta de la ‘paridad’ en los diversos órganos de representación política, creyendo fervientemente en la audacia de su propuesta, pero se encontraron con que esas gentes gritaban furibundas: ‘¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!’. De pronto se habían quedado sin discurso. Eso me hizo pensar que, en la nueva era de la globalización neoliberal, el feminismo ha llegado a un umbral que no puede traspasar manteniendo sus anquilosadas posiciones, lo que supone una necesidad de nuevas formulaciones en su teoría y 'praxis'" (22). La Sendón de León se equivoca: las feministas no dejaron sus despachos en los gabinetes ministeriales ni sus asesorías –María José Lubertino, presidenta de la Comisión de igualdad de género del Ministerio de Trabajo; Mabel Bianco, directora Unidad Coordinadora Ejecutora de VIH/Sida y ETS y muchas otras– para "bajar" ni a la calle ni a las asambleas populares. Las pocas que lo hicieron o permanecieron en silencio como muestra de su horizontalismo cerril, que habla de su propia percepción como una élite, o reservaron su palabra para denunciar, en nombre del autonomismo y, otra vez, de la horizontalidad, el papel de los partidos y las organizaciones de izquierda. La hostilidad del ala izquierda del feminismo –si acaso esto existe– hacia el movimiento piquetero no cooptado, hacia las Asambleas Piqueteras Nacionales, hacia la intervención masiva de las piqueteras en los encuentros de mujeres –"traen el programa de sus partidos y no su propia voz", dicen– son expresión de una hostilidad de clase disfrazada tanto de igualitarismo como del programa de construcción de "otros imaginarios". Hasta el grupo más radical que conocemos –las Mujeres Creando–, que tienen cierta inserción entre las cocaleras, las deudoras de los microcréditos y de El Alto, han tenido una intervención antiobrera y centroizquierdista en la revolución boliviana. Son el motor de la Asamblea Feminista del El Alto y no dejan de alertar sobre el "uso" que hacen los compañeros de las luchadoras. "Compañera, hermana, estás marchando junto a los compañeros, junto a tus hermanos como una forma de visibilizar tu presencia, tu lucha consecuente con la causa y por la justicia. Pero los dirigentes, los caudillos no toman en cuenta nuestra participación. Para ellos no tenemos la voz propia, nos invisibilizan, solamente somos un tumulto de defensa para facilitar el paro o bloqueo" (23) La Asamblea Feminista del El Alto, si bien declara "no descansaremos hasta que la nacionalización de los hidrocarburos sea un hecho", también denuncia que "los líderes de los movimientos sociales están entretenidos en la búsqueda de protagonismos personales o grupales, típica manera patriarcal de ahogar las luchas sociales, no generan propuestas concretas y corremos el peligro de quedarnos en consignas, mientras el futuro se diluye entre nuestras manos". ¿Y cuál es la propuesta concreta de la Asamblea Feminista? "Acompañar al señor Rodríguez, presidente de la Corte Suprema, con un gabinete ministerial nombrado por el pueblo, de manera que se garantice la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente, cuya elección de constituyentes no debe estar manipulada por la ley de partidos políticos y agrupaciones ciudadanas, para así garantizar entre otras reivindicaciones la participación de un 50% de mujeres asamblearias" (24). El "señor" Rodríguez merece no sólo un trato más considerado, recibe además una confianza política que jamás se deposita en las organizaciones revolucionarias. La crónica de Ximena Bedregal en La Jornada de México es directamente derechista: "De verdad que Bolivia está al borde de un gran baño de sangre. Lo digo con el corazón partido, con el alma apretada. No entiendo cómo los viejos izquierdosos pueden estar felices con lo que pasa allá. ¡Tantas revoluciones vio el siglo XIX y el XX. ¿Cambió algo para mejor, alguna revolución significó una re-evolución del conjunto social? Ni hablemos de las mujeres, uso y usufructo de patriarcas ricos y pobres ¿podrá haber una revolución bolchevique en pleno fundamentalismo patriarcal, neoliberal y militarista? (25) Pacifismo proimperialista Las feministas institucionales llevaron su adaptación hasta todos los extremos, avalaron la invasión a los Balcanes en nombre de la democracia y avalaron la invasión a Afganistán en nombre de la defensa de las mujeres "bajo el yugo del Islam", defensa que ha sido más que contestada por las mujeres "bajo el yugo del Islam", que las han enviado a cajas destempladas a vincularse con las mujeres oprimidas de otras clases en sus propios países (26) La tradición pacifista del feminismo se ha extinguido en nombre de la extensión del régimen democrático, aunque venga en bombardeos de la Otan porque, como dice Amelia Valcárcel: "el feminismo, que es en origen un democratismo, depende para alcanzar sus objetivos del afianzamiento de las democracias. Aunque en situaciones extremas la participación activa de algunas mujeres en los conflictos civiles parezca hacer adelantar posiciones, lo cierto es que éstas sólo se consolidan en situaciones libres y estables. Bastantes mujeres han descubierto en su propia carne que el hecho de arriesgar su seguridad o sus vidas para derrocar una tiranía no las pone a salvo de padecer las consecuencias de su victoria si el régimen que tras ella se instala es otra tiranía (…) Sólo la democracia, y más cuanto más profunda y participativa sea, asegura el ejercicio de las libertades y el disfrute de los derechos adquiridos. Por imperfecta que pueda ser, siempre es mejor que una dictadura de cualquier tipo, social, religiosa, carismática. (…) Feminismo, democracia y desarrollo económico industrial funcionan en sinergia. El feminismo está comprometido con el fortalecimiento de las democracias y a su vez contribuye a fortalecerlas" (27). A confesión de partes… Muchas feministas de las más diversas orientaciones consideran ejemplar la lucha de las "Mujeres de negro" yugoslavas, israelíes28, colombianas (29)–, una organización de mujeres que "están en contra de todo el continuo de violencia, desde la violencia masculina contra las mujeres, hasta el militarismo y la guerra. Abogan por la paz, la justicia y la democracia multi-étnica, así como por la implementación de medios no violentos, negociados, para resolver las diferencias" (30). Si bien es imposible no simpatizar con las Mujeres de Negro por su valentía callejera para denunciar la masacre palestina, los paramilitares colombianos, la limpieza étnica de Milosevic o la barbarie de la Otan, su alternativa negociadora sólo representa una de las estrategias del bloque imperialista en estos conflictos. Porque la salida a la guerra de los Balcanes, a la causa palestina, a la invasión de Afganistán, a la guerra de Irak desde el feminismo siempre incluirá un llamado "al diálogo" entre las partes, la denuncia de "ambos sectores" por su actitud "patriarcal y militarista" y finalizará en el mismo punto: en el reconocimiento de Naciones Unidas como un organismo esta vez sí neutral y en el reclamo de que intervenga. A las más refinadas analistas de la opresión sexual femenina, todas las otras opresiones les pasan por un costado. En relación con la invasión de Bush a Irak, se pregunta Bedregal: "¿Cuántas intelectuales feministas siguen vendiendo la idea de que estamos a las puertas de verdaderas democracias de género sólo porque ya aceptan la perspectiva de género hasta el mismo puñado de belicistas halcones que se arrogan el poder total (y por supuesto, sus obedientes empleadillos nacionales) mientras llevan al planeta a un Estado policíaco, fascistamente bélico, lleno de guerras "preventivas" y a sus pocas y débiles instancias multilaterales a la bancarrota ética y política? Un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la guerra global. La pregunta que queda es ¿podrá el pensamiento y la acción crítica abrir caminos para que ésta se vaya al abismo de lo que quiso y no pudo?" La respuesta a la desolada pregunta es: Para un programa político que ignora la opresión nacional y la opresión de clase, y que ataca las luchas de liberación nacional y social como contrarias a los intereses de las mujeres; para un programa político que promueve el fortalecimiento de "las pocas y débiles instancias multilaterales" del capital y se empantana en un idealismo antisocialista, el único camino es la cooptación o el abismo. [1] Carol Gilligan, La moral y la teoría. Psicología del desarrollo femenino. Fondo de Cultura Económica. México. 1985 [2] “Torturas con enfoque de género”. Paredes es del Grupo Mujeres Creando, corriente autónoma de Bolivia. [3] “ Un útero no sustituye una conciencia”. Ehrenreich es un feminista de la igualdad” estadounidense. [4] La filósofa feminista española Amalia Valcárcel explica:.”Ahora" las "mujeres modernas", que eran ciudadanas y tenían formación, eran libres y competentes. Libres de elegir permanecer en su hogar y no salir a competir en un mercado laboral adusto. Competentes para llevar adelante la unidad doméstica mediante una planificación cuasi empresarial. El nuevo hogar tecnificado en el que los electrodomésticos libraban de algunas de las tareas más trabajosas y humillantes necesitaba a una ingeniera doméstica al frente. Una mujer que sabía que el éxito provenía de una correcta dirección de la empresa familiar. Cada ama de casa era una directora gerente de la que dependía el éxito completo de la familia nuclear. No tenía sentido salir a competir en el mercado por un puesto de cualificación media o baja cuando se podía ser su propia jefe”. [5] La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, aprobada en 16 de agosto 1789, en plena efervescencia revolucionaria en Francia, llevó a la francesa Olympe de Gouges a redactar la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, al considerar que la primera excluía a las mujeres. “La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”. Este enunciado, que encabeza el texto redactado por de Gouges en 1791, resume en gran medida las nacientes ideas y luchas de las mujeres durante la Revolución de 1789. Es una réplica al primer enunciado de la Carta de 1789, que consagra los principios de igualdad de todos los varones y sus derechos políticos. De Gouges, una destacada activista de la revolución, terminó en la guillotina. [6] Sheila Rowbotham, autora de Mujer, Resistencia y Revolución (1972) y La Conciencia de la Mujer en el Mundo de los Hombres (1973). Toma como antecedente a Flora Tristán. [7] Una mirada sobre los sucesivos feminismos. María Salas [8] Autora de “Escupamos sobre Hegel”, una denuncia del sexismo en Hegel, Freud y Marx y el conjunto de la filosofía occidental. [9] Ana de Miguel. “Neofeminismo: los años 60 y 70”. [10] Ximena Bedregal, feminista autónoma, dirigente del feminismo mexicano en los 80. Democracia Masculinista, democracia heterosexual compulsiva”, México. [11] La psicoanalista Nancy Caro Hollander cuenta una reunión de UFA (Unión feminista Argentina) el 22 de agosto de 1972, día de la masacre de Trelew. : “En el encuentro que tuvo lugar esa noche surgió un debate acerca de lo que debíamos hacer los grupos feministas, si alinearnos o no con las numerosas organizaciones que denunciaban públicamente las acciones represivas del Estado. Muchas de nosotras deseábamos hacer una declaración pública, denunciando los actos del gobierno militar, pero algunas de las mujeres argumentaron que eso no tenía nada que ver con nosotras como feministas, por que en los movimientos revolucionarios, el rol subordinado adjudicado a las mujeres reflejaba la opresión patriarcal tradicional de las mismas. De modo que: ¿por qué protestar por la suerte de esos hombres que solo reproducían actitudes y conductas patriarcales? [12] “ La política feminista en América latina se comenzó a desplegar tempranamente en las luchas contra las dictaduras, o gobiernos autoritarios, o gobiernos democráticos que no aparecían serlo y ante los cuales se desarrollo una actitud de profunda desconfianza. Quizás por ello los feminismos en su despliegue orientaban mucho más sus estrategias hacia perfilarse desde la sociedad civil antes que a interactuar y menos negociar con los estados y gobiernos.” Gina Vargas, Lima 2003. [13] La inclusión de feministas en los gobiernos democratizantes es una constante de la época. “Feministas bolivianas de algunas ONG se sintieron convocadas por el impulso modernizador del presidente Gonzalo Sánchez de Losada (1994-1997) y trabajaron bajo su administración, e incluso una feminista independiente de la coalición de los partidos en gobierno ocupó el primer mandato de la Sub-Secretaría de Género, al igual que otra profesional de una ONG de mujeres, también independiente del partido Liberal en Colombia fue la encargada de la Dirección Nacional de Equidad de las Mujeres creada por la administración Samper en 1996. El CONAMU (Consejo Nacional de la Mujer ) del Ecuador fundado en 1997 incorporó en su Consejo Directivo a tres "representantes" del movimiento de mujeres elegidas en sus bases, al igual que el ISDEMU (Instituto Salvadoreño de Desarrollo de la Mujer ), que invitó también a dos representantes de los grupos de mujeres a participar como miembros plenos en su Junta Directiva. En Chile, en función de los acuerdos partidarios de la Concertación , una socialista- generalmente feminista- ocupa la subdirección del SERNAM y en el Perú, el Consejo Consultivo del Ministerio de Promoción de la Mujer y Desarrollo Humano (PROMUDEH) está integrado por algunas feministas y representantes de agencias internacionales”. Los malestares del feminismo latinoamericano. Maruja Barriga. [14] La exigencia de incorporar profesionales a las ong cambió totalmente la composición de éstas. La Morada, en Chile, expulsó “democráticamente” a su fundadora, Pisano, por denunciar “el camino a Beijing”. [15] Las Mujeres Creando fueron apaleadas en La Paz por la policía, a pedido de sus adversarias, por denunciar la estafa del “camino a Beijing”. [16] Género, desarrollo y cooperación al desarrollo. [17] El Periódico, México, 4-8-04 [18] Miembro del colectivo Flora Tristán, con perdón de la nombrada. [19] ¿Qué quedó del proceso de Beijing? [20] Margarita Pisano [21] Bedregal. Democracia masculinista, democracia heterosexual compulsiva. [22] Sendón de León, Victoria, filósofa feminista española. Encuentro de Mujeres Filósofas octubre 2002, Barcelona. [23] Florentina Alegre, dirigente campesina. “Sólo somos un tumulto de defensa para facilita el paro”. [24] “La Asamblea feminista con el Pubelo. La Paz. 9-6-05 [25] Bedregal. “Bolivia al borde de un baño de sangres”. 8-6-05 [26] “Sobre la autonomía del feminismo árabe”. Fátima Mernissi. “Que algunas feministas occidentales vean a las mujeres árabes como esclavas serviles y obedientes, incapaces de tomar conciencia o de desarrollar ideas revolucionarlas propias que no sigan el dictado de las mujeres más liberadas del mundo (de Nueva York, París y Londres), a primera vista parece más difícil de entender que una postura similar en los patriarcas árabes (…) no me preocupa tanto el futuro de la solidaridad internacional de las mujeres como la capacidad del feminismo occidental de crear movimientos sociales populares para lograr un cambio estructural en las capitales mundiales de su propio imperio industrial. Una mujer que se considera feminista debería preguntarse si es capaz de compartir esto con las mujeres de otras clases sociales de su cultura. La solidaridad de las mujeres será global cuando se eliminen las barreras entre clases y culturas.” [27] Los desafíos del feminismo en el siglo XXI. Amelia Valcárcel y Rosalía Romero. [28] “Desde 1988 las Mujeres de Negro de Israel se manifiestan contra la ocupación militar israelí y construyen puentes de paz con las mujeres palestinas para poder finalmente vivir en paz en dos estados para dos pueblos”. [29] Colombia : Las mujeres de la Ruta Pacífica no creemos en el poder de las armas , no creemos en los guerreros. Hacemos un llamado para fortalecer la democracia, para no cerrarle el paso a las libertades y derechos civiles, para no permitir que en nombre de la lucha contra el “terrorismo” se persiga, se encarcele y se mate. Nuestra fuerza y rebeldía se ha traducido en voluntad política para desde nuestra autonomía frente a todos los actores armados, desde el dolor que compartimos con las mujeres desplazadas, las que tienen a sus familiares muertas-os, desaparecidas-os, secuestrada-os, asesinadas-os, retenidas-os, encarceladas-os, torturadas-os, exigir la Salida Política Negociada y los acuerdos humanitarios, desde el firme compromiso de contribuir a la desmilitarización de la vida civil y a la construcción de un país y una casa libre de violencias, opresiones y subordinaciones. [30] Nancy Caro Holander, op. cit.