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KaderMae

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Primer post: 1 feb 2017Último post: 7 feb 2017
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Simplificar la ortografía - Gabriel García Márquez
Simplificar la ortografía - Gabriel García Márquez
Apuntes Y MonografiasporAnónimo2/1/2017

Botella al mar para el dios de las palabras A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, ademas, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras. Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber como se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global. La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aun no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: ``Parece un faro''. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejo escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso? Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa. En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. Y que de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una? Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años. [ Declaraciones de García Márquez para La Jornada, México, 8 de abril de 1997] Entrevista concedida por García Márquez a Joaquín Estefanía Joaquín Estefanía El escritor Gabriel García Márquez considera «natural» la reacción de los gramáticos, lingüistas y académicos a su discurso de Zacatecas ( Botella al mar para el dios de las palabras , EL PAÍS del pasado martes 8 de abril): «Sería absurdo que los que guardan la virginidad de la lengua estuvieran contra sí mismos. Pero la mayoría parece haber hablado sin conocer el texto completo de mi discurso, sino sólo fragmentos más o menos desfigurados en despachos de agencias. En todo caso es increíble que a la hora de la verdad hasta los más liberales sean tan conservadores». Estos días hemos oído en muchas ocasiones que el escritor colombiano había pedido suprimir la gramática. Su discurso no lo dice. «Dije que la gramática debería simplificarse, y este verbo, según el Diccionario de la Academia, significa 'hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa'. Pasando por alto el hecho de que esa definición dice tres veces lo mismo, es muy distinto lo que dije que lo que dicen que dije. También dije que humanicemos las leyes de la gramática. Y humanizar, según el mismo diccionario, tiene dos acepciones. La primera: 'hacer a alguien o algo humano, familiar o afable'. La segunda, en pronominal: 'Ablandarse, desenojarse, hacerse benigno'. «¿Dónde está el pecado?», se pregunta. El siguiente punto de contestación a las palabras de García Márquez es el ortográfico. Parte del supuesto de que si a él le hiciesen un examen de gramática, le reprobarían «en toda línea». «Además, mi ortografía me la corrigen los correctores de pruebas. Si fuera un hombre de mala fe diría que ésta es una demostración más de que la gramática no sirve para nada. Sin embargo la justicia es otra: si cometo pocos errores gramaticales es porque he aprendido a escribir leyendo al derecho y al revés a los autores que inventaron la literatura española y a los que siguen inventándola porque aprendieron con aquellos. No hay otra manera de aprender a escribir». En toda la conversación, el Nobel de Literatura reivindica su papel de escritor y como tal, piensa «más en el sufrimiento de la gente que en la pureza del lenguaje». «Por eso dije y repito que debería jubilarse la ortografía. Me refiero, por supuesto, a la ortografía vigente, como una consecuencia inmediata de la humanización general de la gramática. No dije que se elimine la letra hache, sino las haches rupestres. Es decir, las que nos vienen de la edad de piedra. No muchas otras, que todavía tienen algún sentido, o alguna función importante, como en la conformación del sonido che, que por fortuna desapareció como letra independiente». Quizá el mayor escándalo se ha formado con sus propuestas respecto a las bes y las uves, y con los acentos. Sobre las primeras, dice: «No faltan los cursis de salón o de radio y televisión que pronuncian la be y la ve como labiales o labidentales, al igual que en las otras letras romances. Pero nunca dije que se eliminara una de las dos, sino que señalé el caso con la esperanza de que se busque algún remedio para otro de los más grandes tormentos de la escuela. Tampoco dije que se eliminara la ge o la jota. Juan Ramón Jiménez reemplazó la ge por la jota, cuando sonaba como tal, y no sirvió de nada. Lo que sugerí es más difícil de hacer pero más necesario: que se firme un tratado de límites entre las dos para que se sepa dónde va cada una». En cuanto los acentos, irónico, explica. «Creo que lo más conservador que he dicho en mi vida fue lo que dije sobre ellos: pongamos más uso de razón en los acentos escritos . Como están hoy, con perdón de los señores puristas, no tienen ninguna lógica. Y lo único que se está logrando con estas leyes marciales es que los estudiantes odien el idioma». García Márquez opina que los gramáticos y los escritores son oficios distintos. Su diferente dialéctica es la que ha generado el debate. «La raíz de esta falsa polémica es que somos los escritores, y no los gramáticos y lingüistas, quienes tenemos el oficio feliz de enfrentarnos y embarrarnos con el lenguaje todos los días de nuestras vidas. Somos los que sufrimos con sus camisas de fuerza y cinturones de castidad. A veces nos asfixiamos, y nos salimos por la tangente con algo que parece arbitrario, o apelamos a la sabiduría callejera». «Por ejemplo: he dicho en mi discurso que la palabra condoliente no existe. Existen el verbo condoler y el sustantivo doliente , que es el que recibe las condolencias . Pero los que las dan no tienen nombre. Yo lo resolví para mí en El General en su laberinto con una palabra sin inventar: condolientes . Se me ha reprochado también que en tres libros he usado la palabra átimo, que es italiana derivada del latín, pero que no pasó al castellano. Además, en mis últimos seis libros no he usado un sólo adverbio de modo terminado en mente, porque me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales». El escritor, que está de excelente humor, concluye la conversación de un modo muy expresivo. «El deber de los escritores no es conservar el lenguaje sino abrirle camino en la historia. Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilos todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio». Y reitera sus palabras de Zacatecas: «Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros».

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La 2º guerra mundial anti-masonería
Apuntes Y MonografiasporAnónimo2/7/2017

GUSTAVO VIDAL MANZANARES Los primeros meses, los tanques nazis arrollaron Europa. Pocos dudaban de su triunfo. Sin embargo, un masón, Winston Churchill, iba a cruzarse en el camino de Hitler. Sin aquel Hijo de la Viuda hubiera sido concebible un Hitler septuagenario gobernando un gran Estado pangermánico extendido desde el océano atlántico hasta los Urales. La democracia seguramente sería hoy una “idea nociva” y miles de policías harían resonar sus botas brillantes en las calles. Cárceles, cunetas y cementerios rebosarían de “enemigos de la ley, el orden, la patria, los valores y la familia”. Pero el coraje de aquel masón legendario cambió la historia universal y gracias a este Hijo de la Luz aquella pesadilla no es ya una fuerza política relevante. Sir Winston Churchill se inició en la masonería el 24 de mayo de mayo de 1901 entre las columnas de la Logia Studholme de Londres. Político, periodista, orador, historiador, biógrafo, humorista, premio Nobel de literatura… aquel masón comandó Inglaterra durante Segunda Guerra Mundial desplegando un vigor desbordante. El día de la victoria recibió, en el Parlamento, la ovación más grande jamás tributada en aquel foro. Combatiente en diez guerras, trece veces ministro, presidente del Gobierno, más de ocho mil discursos parlamentarios, cientos de artículos y reportajes…convierten a este Hijo de la Viuda en uno de los hombres más grandes de la historia. Su mandil de maestro masón, donado poco antes de su muerte, puede contemplarse en el museo de la Gran Logia de Inglaterra en Londres. El otro masón que aplastó la cabeza inmunda del tarado nazi fue Franklin Delano Roosevelt. Nacido en Hudson en 1882, aquel Hijo de la Luz resultó elegido cuatro veces presidente de los EEUU. Recibió una nación en quiebra y la encumbró al puesto de primera potencia económica y militar. Las oportunas medidas de intervención económica proporcionaron a los norteamericanos niveles de bienestar e igualdad desconocidos. Con él, por primera vez, una mujer ocuparía un puesto de responsabilidad en un equipo presidencial. El gobierno de aquel francmasón se ocupó de lo que realmente importaba a los ciudadanos: sanidad, educación, desempleo, seguridad ciudadana, pensiones… obviamente, la caverna norteamericana babeó de rabia ante el bienestar de la mayoría. La entrada de la América de Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial asestó el golpe mortal a Hitler. En su discurso de 11 de diciembre de 1941 ante el Reichstag, el perturbado racista ya había arremetido contra el presidente de los EEUU, a quien definía como “ese niño rico y francmasón”. Efectivamente, Hitler siempre odió la masonería. Al igual que Stalin, Mussolini, Franco, y en general los intolerantes, fanáticos y perturbados. De cualquier manera es lógico que los fanáticos, intolerantes y perturbados, quienes desean el mal de la mayoría, odien el antídoto del fanatismo, la intolerancia y la irracionalidad que representa la masonería. Pero la gente sana, el ciudadano que desea vivir en el sosiego y el bienestar jamás deberá olvidar el legado y ejemplo de Winston Churchill y Franklin Delano Rooselvelt, los dos masones que frenaron a Hitler. En España al igual que en Alemania hubo un ataque abierto contra ellos. Los masones fueron a Franco lo que los judíos a Hitler El destino de los vencidos estuvo marcado por dos situaciones: la huida y el exilio o la permanencia y la represión Decía el escritor Francisco Umbral que los masones fueron para Franco lo que los judíos para Hitler y no es en absoluto desmesurada la afirmación si consideramos que de todos los sistemas totalitarios de la Europa del siglo XX que persiguieron a la masonería, Franco fue quien lo hizo con mayor ensañamiento y quien más lejos llegó en el acoso y métodos empleados con la masonería. Una obsesión atribuible, en gran medida, al hecho de haber pretendido iniciarse dos veces en la Orden y haber sido rechazado en ambas ocasiones, lo que acabó desatando toda una cruzada antimasónica. De manera que pasó, de pretender iniciarse en la Orden a la brutal represión durante la guerra civil y en la inmediata posguerra, dos momentos en los que la represión y la violencia se ejercieron de formas distintas. Desde los inicios de la sublevación y durante la guerra, en la denominada zona nacional se produjo dentro del ámbito de la represión generalizada que afectó a todos los partidos políticos republicanos y de izquierda una brutal espiral antimasónica. Los primeros meses que siguieron al alzamiento de julio de 1936 se allanaron y se saquearon las logias españolas, se incautaron sus bienes y se confiscó documentación, ello sirvió para poder ir, pueblo por pueblo casa por casa, deteniendo masones y sin juicio previo y sin más razón que el hecho de ser masón, proceder a la ejecución despiadada de los miembros de la orden, se les daba el paseíllo, y en las tapias de cárceles y cementerios, se les fusilaba sin más. Así pues desde el golpe militar de 1936 se precipita una vertiginosa cuenta atrás contra los masones que desde el primer momento, se convirtieron en uno de los principales enemigos en todas las zonas controladas por el bando rebelde. El 15 de septiembre de 1936 se publicó el primer decreto contra la masonería, obviamente en esa fecha, muchos masones españoles habían sido ya fusilados. A lo largo de la guerra, el franquismohabía ido creando una serie de organizaciones destinadas a la recogida y clasificación de toda la documentación masónica. En abril de 1937 se creaba la Oficina de Investigación y Propaganda Anticomunista y en Mayo se organizó la Delegación Nacional de Asuntos Especiales que se refundieron en junio en el Servicio de Recuperación de Documentos y es que, el régimen no parecía haber tenido suficiente Una vez finalizada la guerra y proclamada la victoria de los sublevados había que purgar, hasta erradicar por completo todo lo que los vencedores tenían como causa del desvío de la nación. En palabras de Franco, había que enderezar la nación torcida de manera que, el uso continuado de la violencia sería un elemento más una herramienta en la batalla entre el bien y el mal, entre la ciudad de dios y los sin dios, esto es, la anti-España. Una anti-España, en gran medida, vertebrada entorno a la tríada masonería-judaísmo-comunismo, que debía ser sometida y ante todo, reeducada para servir a la nueva España, la de los vencedores. En base a ello se dará paso a una curiosa legislación antimasónica, reflejo de la obsesión de Franco por este asunto. Como apunta Santos Juliá, la guerra civil española había terminado con un vencedor que exterminó al perdedor. Se partió de la retórica de las dos Españas para construir sobre sus cenizas el mito de la única España, la verdadera, la auténtica, y en la lucha a muerte contra la otra España, la anti España, se enfrentaban la tradición católica integrista del siglo XIX, que consideraba antinacional lo que no era católico, era la España evangelizadora la del, martillo de herejes, la luz de Trento y la espada de Roma. Se hacía por tanto urgente y esencial contrarrestar el modo de pensar lacerante para los católicos españoles expresadas en las voces judeomasónicas. En base a ello y ya en los momentos de la posguerra se inicia una represión mucho más metódica y sistematizada y en 1940 se promulga la conocida Ley sobre la represión de la masonería y el comunismo que, como muy bien afirma V. Sampedro, se convirtió en la máxima expresión de la arbitrariedad jurídica al servicio de la represión ideológica y política. Ya desde su primer artículo la ley es suficientemente ilustrativa del extraordinario alcance punitivo que se otorgaba a su aplicación y en su artículo 12 establece la creación y composición de un Tribunal Especial para la Represión de La Masonería y el Comunismo, TERMC, las penas iban desde la incautación de bienes hasta la reclusión mayor. Los masones, aparte de las sanciones económicas, quedaban automáticamente separados de cualquier empleo o cargo de carácter público (de por vida). Se establecieron penas de veinte a treinta años de prisión para los grados superiores, y de doce a veinte para los cooperadores. Fue suprimido el 8 de febrero de 1964, después de que gran parte de sus funciones fueran transferidas al Tribunal de Orden Público en 1963. La 2° guerra mundial anti-masonería La vinculación de las Naciones Unidas a los países vencedores de la 2º Guerra Mundial y a la Masonería, es una interesante pista a seguir que nos llevará a una sorprendente visión del conflicto. Si analizamos el bando de los perdedores, los países del eje Alemania, Italia y Japón, llama la atención que todos eran furiosos antimasones. También España, su país amigo aunque no participara en la guerra, salvo por la División Azul. Es decir, que la 2º GM fue en realidad una guerra entre dos grandes grupos de poder de alcance mundial, entre países masones y países antimasones. Fue un terrible conflicto entre la Masonería y su grupo rival, articulado entorno a la Orden de Malta, que arrastró a la muerte a 60 millones de personas. Si Churcill (Gran Bretaña), Truman y Roosevelt (EEUU) eran masones, sus rivales Franco, Mussolini y Goering -el eje antimasónico- posan con la Cruz de Malta, símbolo de la SOM, Soberana Orden de Malta. Franco, Mussolini y Goering con la Cruz de Malta en su pecho Como los jesuitas (el tercer grupo de poder detrás de las cortinas), los masones han sido prohibidos a lo largo de la historia en muchos países. Son cosas de la soterrada lucha de poder que siempre han mantenido los capataces de los amos, los que recibieron el poder delegado del OO. Origen de la Oscuridad en el planeta, los antiguos dioses sumerio anunnakis. Holanda prohibió las logias en 1735, Suecia en 1738, Suiza en 1740, España, Portugal, Italia lo intentaron después de 1738, Austria en 1795, Rusia en 1822, etc En la 2º Guerra Mundial, Francisco Franco se alineó con el "Eje" de Hitler/Mussolini aunque se mantuvo al margen de la contienda, devastada como estaba por su propia guerra recién terminada. España aunque hubiera querido no estaba en condiciones de devolver la inestimable ayuda militar que recibió de Hitler y de Mussolini sin cuya aviación no hubiera vencido en el golpe de estado y la guerra civil posterior. Franco persiguió y exterminó con crueldad a todos los masones que no huyeron. En los primeros meses de guerra, los masones eran fusilados, torturados y asesinados por escuadrones de la muerte. El dictador odiaba a muerte a los masones -la conspiración judeo-masónica en su imaginario- y proclamó una ley que castigaba la pertenencia a la masonería como delito de rebelión, con 12 años de cárcel. Ya antes otro dictador español, Primo de Rivera, havía ordenado la abolición de la sociedad en 1928. Tribunal para la Represión de la Masonería cerado para los crimenes de rebelión de masones y comunistas Mientras en Italia, Benito Mussolini abolió la masonería en 1925 y Alemania lo hizo lo propio un poco más tarde, en 1934. Adolf Hitler confiscó todas sus propiedades y les persiguió con saña inimaginable, como a todos los grupos que le eran rivales desde cualquier punto de vista. Judíos por linaje y por grupo de poder, gitanos por linaje, masones por grupo de poder, comunistas y excombatientes españoles por ideología, etc. Para el nazismo, los masones eran los culpables de la derrota en la 1º GM. La historia recuerda a los judíos como las únicas víctimas de Hitler, sobre todo por el rédito que el Sionismo ha sabido sacar al sufrimiento de los millones de víctimas del holocausto. Señores revisionistas, es posible que no fueran los 6 millones "oficiales" pero estariamos hablando de lo mismo si fueran sólo una milésima parte de esa cifra. Oficialmente Japón entró en guerra con China por su expansionismo imperialista, como Alemania, aunque no es menos cierto que sobre todo entró en guerra contra la masonería china (la Tiandihui, la sociedad con nombre: "Cielo y Tierra" ), personificada en Chiang Kai-shek, sucesor del masón Sun Yat-sen, primer presidente -y padre- de la República de China. Fué una guerra ignorada por los medios occidentales (una vieja costumbre...) pero eso no quita que fuera una de las razones principales del alcance mundial del conflicto, sobre todo de la participación de los EEUU, principal valedor del general Chiang Kai-shek a quién prestó ayuda militar y económica. Franklin Delano Roosevelt, de la logia masónica "George Washington", se autopropuso para una trampa como la sufrida en Pearl Harbor. La masonería salió vencedora del pulso echado por sus rivales, y consideró oportuno crear un nuevo organismo de control mundial para que la situación no se les volviera a escapar de las manos y asegurar su supremacía en el futuro. Los nuevos aspirantes a "dueño del mundo" desecharon un organismo ya existente, la Sociedad de Naciones, para crear su propio nuevo gobierno global- NWO, New World Order- que nacería en San Francisco, tierra de masones. (No las pude poner normalmente) Fuentes: www.diariomasonico.com y otras.

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