JosefKlass
Usuario (Irán)
¿Evolución o Involución?: Hallazgos de científicos rusos cuestionan la teoría de Darwin Los científicos siguen rompiéndose la cabeza a cerca del origen y la evolución del Hombre y de la vida en nuestro planeta. Así, los investigadores rusos del Instituto de Ecología y Evolución de la Academia de Ciencias de Rusia expusieron sus versiones que ponen en duda la teoría de Charles Darwin Los científicos siguen rompiéndose la cabeza a cerca del origen y la evolución del Hombre y de la vida en nuestro planeta. Así, los investigadores rusos del Instituto de Ecología y Evolución de la Academia de Ciencias de Rusia expusieron sus versiones que ponen en duda la teoría de Charles Darwin, indicando que tanto los Homo Sapiens como los monos no tienen antepasados en la Tierra. Los monos provienen de los hombres La formación de los Homo Sapiens no se desarrolló, tal y como lo supuso Charles Darwin, debido a que el hombre no proviene de los monos. Según el informe científico, presentado por el investigador ruso Alexander Belov, el proceso de la evolución tenía un orden inverso, es decir, desde los humanos a los monos. En resumidas cuentas, estos animales pueden representar el producto de la involución humana. Ramas independientes En su informe Belov expone otra teoría, según la cual los monos y los Homo Sapiens son ramas biológicas independientes que no se vinculan entre sí. Esta conclusión se debe a un detallado estudio de múltiples muestras fósiles de mandíbulas, dientes, cráneos y otros huesos, llevado a cabo durante muchos años por un grupo de arqueólogos. Raíces no africanas Basándose en un cuidadoso estudio de los conjuntos de datos antiguos y las nuevas bases de datos masivas, el mapa de los asentamientos humanos en el territorio de la superficie de la Tierra ha variado completamente, y muestra que las poblaciones humanas provenientes de África genéticamente no pueden ser los antepasados del resto de personas en el planeta. Esa es la conclusión a la que ha llegado otro científico ruso, Andréi Tyunyáev, quien realizó el estudio en colaboración con el profesor Anatoli Klesov, de la prestigiosa Universidad de Harvard. Según la versión de los investigadores, dichas poblaciones representan simplemente una rama lateral que hace 130.000 años abandonó el territorio del actual Llanura Rusa y de Europa Occidental. Tyunyáev, por su parte, también llega a la misma conclusión de que a lo largo de los años en el marco de la evolución humana, el Homo Sapiens no hacía más que degradarse. Entonces… ¿quiénes somos? Sean cuales fueran los orígenes del Homo Sapiens, los investigadores están de acuerdo: todavía no se han encontrado a los antepasados biológicos de los seres humanos y de los monos en el planeta que confirmen la teoría de la evolución de Charles Darwin. Según ésta teoría en un informe presentado por uno de los científico, Alexander Belov, señalan que la formación del Homo Sapiens no se desarrollo de la forma como la describió Charles Darwin, debido a que el hombre no proviene de los monos, “el proceso de la evolución tenía un orden inverso, es decir, desde los humanos a los monos. En resumidas cuentas, estos animales pueden representar el producto de la involución humana.” De acuerdo a un detallado estudio de múltiples muestras fósiles de mandíbulas, dientes, cráneos y otros huesos que llevaron a cabo con un grupo de arqueólogos durante muchos años han llegado a la siguiente conclusión: “Los monos y los Homo Sapiens son ramas biológicas independientes que no se vinculan entre sí.” Andréi Tyunyáev, quien realizó un estudio en colaboración con el profesor Anatoli Klesov, de la prestigiosa Universidad de Harvard llegaron también a la siguiente conclusión basándose en un cuidadoso estudio de los conjuntos de datos antiguos y las nuevas bases de datos masivas, “el mapa de los asentamientos humanos en el territorio de la superficie de la Tierra ha variado completamente, y muestra que las poblaciones humanas provenientes de África genéticamente no pueden ser los antepasados del resto de personas en el planeta.” Según la versión de los investigadores, dichas poblaciones representan simplemente una rama lateral que hace 130.000 años abandonó el territorio del actual Llanura Rusa y de Europa Occidental. Tyunyáev, por su parte, también llega a la misma conclusión de que con el correr de los años en el marco de la evolución humana, el Homo Sapiens no hacía más que degradarse. Sean cuales fueran los orígenes del Homo Sapiens, los investigadores están de acuerdo: todavía no se han encontrado a los antepasados biológicos de los seres humanos y de los monos en el planeta que confirmen la teoría de la evolución de Charles Darwin.

Germany Must Persih!, es el título de un muy controvertido libro aparecido en julio de 1941, tengamos en cuenta esta fecha, que es el inicio de Barbarroja, su autor llamado Theodore Nathan Kaufman, es un Judío norteamericano, quien era presidente de una ignota Federación Estadounidense para la Paz, la publicación del libro corrió por cuenta de su autor, para ello fundó la Argyle Press, imprimiendo y distribuyendo su libro, que no estaba en venta en librerías, sino por medio de el correo estadounidense. La venta del libro en EEUU tuvo poca repercusión aunque, recibiendo críticas de algunos medios, pero elogios de otros, por ejemplo Times Magazine “Una idea sensacional”, Washington Post “Una teoría provocativa interesantemente presentada”, New York Times “Un plan para la paz permanente entre las naciones civilizadas” Philadelphia Récord “Francamente presenta el espantoso fondo del alma nazi(Alemana)”. Enterados del contenido del libro en Alemania, las reacciones no se hicieron esperar, Hitler y Goebbels se indignaron, dando a conocer al pueblo alemán el exabrupto de Kaufman, se imprimieron más de un millón de ejemplares, distribuyéndose en el frente, se lo leyó en las radios alemanas, también los diarios alemanes se hicieron eco como Die Frankfurter Zeitung, Münchester Neuesten Nachrichten, Der Stümer y Das Reich y Der Völkische Beobachter titulo el 24 de julio de 1941; “Descomunal programa judío de exterminio (Vernichtungs-Programm): Roosevelt exige la esterilización del pueblo alemán; el pueblo alemán quedará exterminado en el período de dos generaciones" Y el 14 de septiembre de 1941 el mismo diario titulaba; “Se despoblaran las ciudades de Alemania; asesor de Roosevelt exige destrucción de nuestra economía” Afiche de propaganda sobre el libro de Kaufman Para entender de qué hablaban los dirigentes alemanes, sería conveniente transcribir los párrafos más polémicos de dicho libro: Ahora no queda sino determinar el mejor método, la más práctica y expedita manera, con el cual deba ser arrasada la nación alemana. Y entiéndase bien, la masacre y la ejecución al por mayor debe ser descartada. Además de ser impracticable, cuando se la aplica a una población de unos 70 millones, tales métodos son inconsistentes con la obligación moral y prácticas éticas de la civilización. No queda entonces sino un sólo modo de desembarazar al mundo, para siempre, del germanismo- y esto es detener la fuente de la cual nacen esas almas incontinentes de guerra, impidiendo al pueblo alemán reproducirse para siempre en su especie. Este método moderno, conocido por la ciencia como Esterilización Eugenésica es a la vez práctica, humana y completa. La esterilización se ha convertido en un proverbio de la ciencia, como el mejor método para la raza humana de deshacerse de lo que le sienta mal: los degenerados, dementes, el criminal hereditario. La esterilización no debe ser confundida con la castración. Es una operación segura y simple, completamente inocua y sin dolor, que ni mutila ni priva del sexo al paciente. Sus efectos son, lo más a menudo, menos penosos que la vacunación y no más graves que una extracción dental. También, la operación es extremadamente rápida, requiriendo no más de 10 minutos para completarla. El paciente puede reemprender su trabajo inmediatamente después. Incluso, en el caso de la hembra, la operación, aunque más prolongada, es tan fácil como simple. Realizada miles de veces, ningún historial indica casos de complicación o muerte. Cuando uno se percata que medidas sanitarias, como la vacunación y los tratamientos de suero, son consideradas como un beneficio directo para la comunidad, ciertamente la esterilización del pueblo alemán no puede ser considerada sino como una gran medida, promovida por la humanidad, para inmunizarse a sí misma, para siempre, contra el virus del germanismo. La población de Alemania, excluyendo territorios conquistados y anexados, es aproximadamente de 70.000.000, casi igualmente dividido entre varones y hembras. Para alcanzar el proyecto de la extinción germánica sería necesario esterilizar a unos 48.000.0000-una cifra que excluye, a causa de la limitada capacidad para procrear, a machos de más de 60 años de edad y a hembras de más de 45 años. Con respecto a los varones, sometidos a esterilización, los grupos del ejercito, como unidades organizadas, serían los más fáciles y rápidos en tratar. Tomando 20.000 cirujanos, como cifra arbitraria y en la asunción de que cada uno de ellos conseguiría un mínimo de 25 operaciones diarias, no se tardaría más de un mes, a lo más, para completar su esterilización. Naturalmente cuantos más médicos disponibles, y muchos más de los 20.000 que mencionamos estarían disponibles, considerando todas las naciones involucradas, menos tiempo sería necesario. El finiquito de la población masculina podría ser despachado en tres meses. Considerando que la esterilización de las mujeres necesitaría algo más tiempo, se podría estimar que la entera población de hembras de Alemania podría ser esterilizada en un período de tres años o menos. La esterilización completa de ambos sexos, y no sólo uno, se considera necesaria en vista de la presente doctrina alemana de que una sola gota de genuina sangre alemana constituye a un alemán. Desde luego, después de la completa esterilización, cesará la tasa de nacimientos en Alemania. Con una tasa normal de defunciones del 2% anual, la vida alemana disminuiría en 1.500.000 vidas anualmente. Por consiguiente, en un lapso de tiempo de dos generaciones, que cuesta millones de vidas y siglos de esfuerzos inútiles, a saber, la eliminación del germanismo y sus portadores, habrá sido un hecho consumado. Porque en virtud de la pérdida de la auto perpetuación la voluntad alemana se habrá atrofiado y el poder germánico será reducido a uno sin importancia. Repasando el anterior caso de esterilización, encontramos que varios factores, resultantes de él, firmemente establecen su conveniencia. Primeramente, ningún dolor físico será impuesto a los habitantes de Alemania por su aplicación, un tratamiento decididamente más humano que el que ellos se habrán merecido. En realidad no es inconcebible que, después de la derrota alemana, los pueblos de Europa pudiesen exigir una venganza marcadamente menos humanitaria que la mera esterilización. Segundamente, la ejecución del plan no desorganizaría, en modo alguno, la población actual ni causaría ninguna sublevación masiva o dislocaciones repentinas. La consecuente gradual desaparición, de los alemanes de Europa, no dejará más efectos negativos a ese continente que, la que causó aquí, la gradual desaparición de los indios en el nuestro. Portada del libro de Kaufman Un detallado programa de la manera con la cual las ultrajadas víctimas, del ataque germánico, podrían hacer seguro, que Alemania no deje ningún vacío, podría ser propuesto hipotéticamente: Alemania ha perdido su guerra. Ella pide la paz. La imperiosa exigencia del pueblo vencedor: que Alemania debe perecer para siempre, hace obligatorio para los líderes seleccionar la esterilización masiva de los alemanes como el mejor medio de barrerlos permanentemente. Ellos proceden a: 1º. Inmediatamente a desarmar al ejército alemán y a tener todo el armamento suprimido del territorio alemán. 2º. Colocar todos los servicios, y las plantas de industrias pesadas, bajo fuerte custodia y reemplazar a los trabajadores alemanes por los de procedencia aliada. 3º. Segregar al ejército alemán en grupos, concentrarlos separadamente en zonas severamente restringidas y esterilizarlos sumariamente. 4º. Organizar la población civil, machos y hembras, en sectores territoriales y llevar a cabo su esterilización. 5º. Dividir el ejército alemán (después de que su esterilización haya sido completada) en batallones de trabajo, y distribuirlos en servicio de la reconstrucción de aquellas ciudades que ellos devastaron. 6º. Desmembrar a Alemania y repartir sus tierras. El mapa adjunto (al final del libro) da cierta idea del posible reajuste de territorio, que puede ser hecho, en relación con la extinción de Alemania. 7º. Restringir a todos los civiles alemanes el viajar, más allá de las demarcaciones establecidas, hasta que toda la esterilización haya sido completada. 8º. Compeler a la población alemana de los territorios repartidos a aprender el lenguaje de su área, y en un año cesar la publicación de todos los libros, periódicos y noticias en lenguaje alemán, así como restringir la emisión radiofónica del lenguaje alemán y suspender el apoyo de escuelas germano parlante. 9º. Hacer una excepción, a la severamente estricta compulsión de total esterilización, con la exceptuación de tal tratamiento sólo a aquellos alemanes cuyos parientes que, siendo ciudadanos de las diferentes naciones vencedoras, asuman la responsabilidad para su emigración y manutención así como la responsabilidad moral por sus actos. Fin del fragmento del libro. La motivación de T.Kaufman para escribir su libro no se puede encontrar en el supuesto plan de exterminio contra los judíos, pues las fechas no coinciden, julio del '41 no era fecha para reclamar la venganza, demasiado temprano ¿entonces cual fue el trasfondo de su argumento racista y criminal?, es difícil decirlo, si respondió a una iniciativa individual o representaba la opinión de la comunidad judía-americana, aparentemente no tenía conexión alguna con el gobierno de Roosevelt. Este fue el argumento de Goebbels, que Kaufman sería asesor de Roosevelt; que era colega cercano a Samuel Rosenman, hombre cercano al presidente norteamericano; que el mismo Roosevelt había inspirado las principales tesis del libro, todos los medios alemanes reproducían esta historia, pero parece que Kaufman no tenía ningún nexo con el gobierno, de cualquier manera veremos como la historia reaparecería pero en otro contexto, teniendo los temores de Goebbels un fondo de verdad. El 19 de agosto de 1941, Goebbels en una conversación con Hitler, presentó la idea de publicar fragmentos del libro de Kaufman, Hitler lo aprobó, se editarían cinco millones de folletos, al decir de Goebbels: ”Este folleto suprimirá de manera total y definitiva los últimos vestigios de una debilidad que todavía existe. Al leer este folleto, hasta el idiota más grande puede comprender lo que nos puede pasar si nos debilitamos” Wolfgang Diewerge, era director de la división radial del ministerio de propaganda, por encargo de Joseph Goebbels, comento el libro de Kaufman en los folletos antedichos, algunas de sus frases: “la comunidad judía del mundo que se encontraba en New York, en Moscú y en Londres, está de acuerdo en exigir el exterminio total del pueblo alemán” “¿Quienes deben morir, los alemanes o los judíos? Había “aproximadamente veinte millones de judíos en todo el mundo ¿Qué ocurría si, en lugar de ochenta millones de alemanes, se tratara (esterilizara) a veinte millones de judíos según las propuestas de su camarada racial Kaufman? Entonces se aseguraría la paz. Para todo el mundo, el judío es el que causa problemas y el que destruye la paz” Adolf Hitler como reacción al escrito de Kaufman, aprobó la introducción de la estrella amarilla para los judíos, además de desterrarlos de los centros urbanos y deportarlos de Berlín. Goebbels: “Berlín debe convertirse en una ciudad sin judíos….Debemos enfrentar este problema sin sentimentalismo. Hay que imaginarse qué harían los judíos con nosotros si tuvieran el poder para saber qué debemos hacer ahora que tenemos el poder”. Como vemos Kaufman había logrado poner en guardia al Tercer Reich, sus amenazas fueron tomadas muy en serio, declaraciones de Adolf Eichmann dejan ver las huellas de lo antedicho: “Kaufman intentó causar el exterminio total de nuestro pueblo por medio de la esterilización total…. Si con este plan pretendía provocar, entonces puede decirse que los judíos lograron su objetivo. Es probable que, en nuestros círculos más selectos de líderes, el plan Kaufman sirviera como factor estimulante para (nuestros) propios planes de exterminio” Esto es de las memorias póstumas de Eichmann. Alemania según Kaufman Henry Morgenthau Jr. Nació en New York en 1891, fue nieto de inmigrantes germano-judíos, ejerció diversos cargos en el gobierno de su amigo Franklin Delano Roosevelt, hasta llegar a ser el secretario del tesoro Nro. 52 en enero de 1934, cargo que ocupó hasta 1945. Con este cargo congeló los bienes y capitales japoneses antes de la guerra, tomo medidas también contra los países del eje, llevó a cabo la ley de préstamos y arriendos, agilizó la gestión del departamento del tesoro para proveer de armas a Inglaterra Y Francia durante la guerra y tuvo bajo su control la economía norteamericana durante su participación en la guerra, pero lo que va a ocuparnos de Morgenthau será su célebre plan, que preveía el desmembramiento de Alemania y su conversión de ser una nación industrial a una pastoril: Nombre oficial: Plan del tesoro para el tratamiento de Alemania (Plan Morgenthau) Directiva 1067: Desarme inmediato y completo de Alemania. Eliminación de la educación alemana hasta que se diseñara un nuevo modelo. Control internacional de la economía alemana por veinte años. Desmantelamiento o destrucción de toda la industria alemana en el Ruhr incluyendo plantas de energía. Descentralización política con la creación de un sistema federal. Partición de Alemania en dos estados al norte y al sur, más una zona internacional en el Sarre y la cuenca del Ruhr, la costa norte y el canal de Kiel. Escisión de los territorios de Prusia Oriental y la Alta Silesia a Polonia, transferencia del Sarre y el borde de la región del Rin y el Mosa a Francia. Ninguna reparación proveniente de la producción, sino desmantelamiento y enajenación de los bienes alemanes en todo el mundo, transferencia de territorios y de mano de obra alemana obligatoria a los países vencedores. Castigo a los acusados por crímenes de guerra sin mediar investigación. Roosevelt y Churchill aprobaron en secreto este plan, el primer ministro británico no estaba muy convencido, pero una ayuda norteamericana en dinero fresco terminó por convencerlo. El New York Times y el Wall Street Journal tuvieron acceso Al plan, se armó un gran escándalo, tanto en el gabinete de Roosevelt como entre sus generales. Hitler y Goebbels enterados de los pormenores de la visión de Morgenthau, avisaron al pueblo alemán que esto significaba la muerte de cuarenta millones de habitantes, lo que hizo que la resistencia alemana se convirtiera en una feroz lucha por la supervivencia, debemos señalar que la exigencia de rendición incondicional de Roosevelt produjo el mismo efecto, resistencia hasta lo inhumano. Desmembramiento de Alemania a división de Alemania se tomó en la conferencia de Teherán en 1943, cuando se enteró Morgenthau, abrazó la idea de forma incondicional. Stalin propuso en medio de un brindis, el fusilamiento de 50.000 alemanes…o mejor quizás 100.000, Churchill se escandalizó, pero de cualquier manera llegaron a un acuerdo para dividir Alemania. Roosevelt mientras tanto no informaba al Departamento de Estado, de lo resuelto en Teherán, siendo que este organismo se ocupaba de los planes relativos a la Alemania de pos guerra. Roosevelt en Teherán propuso dividir Alemania de la siguiente manera: Cinco estados autónomos a saber: Prusia (reducida en su extensión) Hannover y el noroeste alemán Zona de Sajonia Hesse-Darmstadt, Hesse Kassel y la región meridional del Rin Baviera, Baden y Wurtemberg La región del canal de Kiel y Hamburgo, así como el Ruhr y el Sarre, quedarían bajo control de las Naciones Unidas. Henry Morgenthau,secretario del tesoro de EEUU La parte secreta del Plan Morgenthau Morgenthau se quejó a Roosevelt que Churchill estaba siendo demasiado blando con los alemanes, la reacción presidencial fue apoyar en forma furibunda la castración de los alemanes, que era la parte secreta del plan, cuestión que había sido criticada por la prensa inglesa al enterarse de los siniestros designios. Al respecto los diarios de Morgenthau son claros “debemos ser duros con Alemania, y me refiero al pueblo alemán, no solo a los nazis. O los tienes que castrar o… tratarlos (esterilizarlos)… de tal modo que no puedan seguir reproduciendo a personas que quieran continuar siendo como han sido en el pasado” Roosevelt y Morgenthau, esterilizar al pueblo alemán Roosevelt da marcha atrás El general George C. Marshall se quejó directamente a Morgenthau de que su plan solo servía para endurecer la resistencia de Alemania a su vez Eisenhower instaba a encontrar una solución a la voluntad alemana de resistir. Roosevelt sondeo a Churchill para hablar sobre la rendición incondicional. La respuesta de Churchill fue que eso sería “confesar nuestros errores” Y agregó que se mantendría firme en la rendición incondicional “que es donde usted me colocó”. Desde la fecha del pedido de rendición incondicional en Casablanca murieron 8.000.000 millones de personas entre soldados alemanes, rusos, civiles italianos y judíos. También Cordell Hull, secretario de estado, Henry Stimson, secretario de guerra, Harry Hopkins, mano derecha de Roosevelt, estaban en contra del plan Morgenthau, y finalmente Roosevelt confesó que lamentaba haber accedido a rubricar el plan, claro que esto fue después de todas las críticas recibidas, por esto dijo; “No me gusta hacer planes detallados para un país que no ocupamos todavía” El plan Morgenthau ¿se cumplió, si o no? Para cuando terminó la guerra, si bien Henry Morgenthau había perdido el favor del presidente Truman, varios ítems del plan subsistieron, el JSC-1067; se cambio un poco el concepto de estado pastoril exclusivamente al de tener un mínimo nivel industrial para Alemania, por ejemplo hasta 1949 no se construyeron nuevas locomotoras, la fabricación de automóviles se redujo al 10 % de la producción de antes de la guerra, la mayoría de las industrias trabajan a la mitad de su capacidad. En febrero de 1947 había 4.160.000 ex prisioneros, caratulados como DEF (desarmed enemy forces)), 3.000.000 en Rusia, 750.000 en Francia, 400.000 en Gran Bretaña y 10.000 en Bélgica. Todas las plantas de armamentos fueron desmanteladas, incluso las que podían ser reconvertidas para la industria civil, incluso fábricas de uso civil fueron transportadas a Francia y la URSS. Todo lo que no pudo ser desmantelado, fue volado o destruido, un ejemplo típico fueron los astilleros Blohm & Voss que fueron destruidos con explosivos en fecha tan tardía como 1949. Hubo un intento por parte de los propietarios y empleados de reactivarlo en 1948, terminando todos en cárceles británicas, recién en 1953 por intermedio del canciller Adenauer, quien les pidió a los altos Comisionados Aliados permiso para activar los astilleros. Entre tanto la gente empezó a morir de hambre en Alemania, había lugares que la alimentación era de 400 calorías, a veces llegaba a las 1.000 calorías, muchísimo menos que en los peores momentos del hambre holandesa durante la guerra, que fue de 1394 calorías. James Bacque calcula que por esta causa murieron 9.000.000 de alemanes entre 1945-1950, la producción industrial bajó un 75 %, la agrícola un 65 %, la debacle económica era total. El censo de 1946 respecto al de 1950 daba 5.700.000 personas menos, sin contar los refugiados del este, los muertos oficiales, los nacimientos. Hubo reacciones en Inglaterra y en EEUU los senadores Kenneth Wherry y Willian Langer protestaron contra “el brutal y loco plan de Morgenthau”. El 10 de julio de 1947 fue emitida la JCS 1779, donde se purgaron los elementos más importantes del plan Morgenthau, ya no era el Leiv motiv no hacer nada por la economía alemana, sino dejar que la misma se reactive. El poderoso secretario del tesoro, Morgenthau Respecto al alegato expuesto por Kaufman de que todo Alemán debe morir debido a que proviene de una nación de belicistas fanática y bárbara, debemos preguntarnos: ¿Es realmente Alemania tan belicista y despiadada como normalmente se la representa, por la media, la cultura popular, los historiadores o el propio judío Kaufman? En modo alguno, el capitán Russell Grenfell al servicio de la marina inglesa durante más de treinta años y autor de libros de estrategia como: Sea Power (1941), o The Main fleet to Singapore (1951), nos indica en su libro “Odio Incondicional” pág. 64, que desde 1815 a 1907 Inglaterra había participado en 10 guerras, Rusia en 7, Francia en 5, Austria en 3 y Alemania en otras 3. Otro autor, Ralph Franklin Keeling, en su obra Gruesome Harvest, pág.132, nos remite al escritor Pitirim Sorokin quién en su volumen III parte II página 352 señala que el porcentaje de años en guerra desde el siglo XII hasta 1925 de los principales países europeos fueron los siguientes: País % de años en guerra. España 67 Polonia 58 Inglaterra 56 Francia 50 Rusia 46 Holanda 44 Italia 36 Alemania 28 Creo que esto es lo suficientemente elocuente como para resaltar la tendenciosidad y la mala voluntad de Theodore N. Kaufman que buscaba apoyo moral en el ciudadano Americano para la aplicación de su elaborado plan de exterminio. Antes que Kaufman ya se habían anticipado otros autores Judíos con planes similares que implicaban el reemplazo de las poblaciones nativas de Europa por otras provenientes de Asia y África, el más célebre fue quizá el geopolítico Austro-Judío Coudenhove-Kalergi, cuyo plan de exterminio para Europa es expuesto por el autor Gerd Honsik en su libro Adiós, Europa .
La nota que sigue fue escrita por Pedro Varela en la revista Cedade número 137 de diciembre de 1985, página 3. Dicha nota se titulaba “40 años despues”. Se cumplen, en este año que acaba, cuatro aniversarios aparentemente dispares, pero que son eslabones de la misma cadena de hechos enfocados a conseguir algo bien concreto: Destruir el orden tradicional existente hasta 1945 e imponer un supergobierno mundial. El 13 de febrero de hace exactamente 40 años, oleadas de bombarderos terroristas norteamericanos y británicos, arrasaban la bella capital de Sajonia. Dresde fue destruída por el fuego y las bombas. Más de 300 mil mujeres, niños y ancianos ardieron como teas en su interior. Hasta la fecha, nadie ha encontrado una explicación que justifique dicho crimen. La guerra estaba ganada. No existia objetivo militar alguno en la zona. Era una ciudad abierta, donde corrían a refugiarse las masas de civiles que a raudales huían de la persecución soviética. Cientos de miles de ellos fueron a parar al infierno de Dresde, sin saber lo que les tenia preparado el mundo enemigo. Los historiadores confirman que los pilotos aliados atacaron a ras de tierra a las personas que huían de las llamas y el horror, tirados en las cunetas de los caminos. ¿Por qué?. La respuesta es estremecedora. También se cumplen en este año que finaliza, los 40 años del holocausto de Hiroshima. Las dos únicas ciudades católicas del Japón - Hiroshima y Nagasaki - fueron el objetivo escogido por Truman (Salomon Schippe). ¿Por qué?. Corrían los dias de agosto de 1945 y la guerra era solo cuestión de días, pero el presidente norteamericano ordenó dicho crimen masivo de la población civil, que en un principio fue pensado para la ya derrotada Alemania. Casi 80 mil civiles desaparecieron para siempre en un solo ataque. Los japoneses aún hoy no entienden por qué se lanzó la bomba atómica, aunque acabara con la guerra. Adolf Hitler poseía millones de toneladas de los más modernos y mortíferos neurogases y jamás los utilizó para evitar la desaparición de toda la raza aria. Los aliados quedaron espantados al descubrirlos bajo las montañas del Haarz. Pero no fueron usados. Necesitan los japoneses que alguien les explique por qué fue necesaria la bomba atómica. No lo comprenden. Se cumplen, ademas, 40 años del crímen de Nüremberg. Once dirigentes alemanes fueron asesinados en una parodia de juicio que pasará a la historia como algo vergonzoso. Los vencedores, por serlo, se arrogaron el derecho de matar al vencido. Once dirigentes Nacionasocialistas ejecutados por sus ideas, que no coincidían con las del vencedor. El juicio tuvo lugar precisamente en Nüremberg, escenario de las concentraciones populares masivas del Nacionalsocialismo, justamente la ciudad donde fueron proclamadas las Leyes Raciales. Seguramente por eso, Nüremberg sufrió uno de los más salvajes ataques terroristas aliados em abril de 1945. Alrededor de un millón de mujeres alemanas, niños, ancianos y otros civiles, murieron en el más terrible holocausto de todos los tiempos. Finalmente, se cumplen los 40 años de la creación de la ONU. Cumple su aniversario sumida en una crisis que arrastra desde su nacimiento. Un enorme aparato burocrático, que gasta - com más que dudosa eficacia - cientos de millones de dólares al año (806 millones en 1985). Anualmente se realizan más de 10.000 reuniones y conferencias internacionales carísimas, donde se elaboran unos 8.000 documentos oficiales de pobre o nula utilidad. El anhelo principal de la ONU, o el que dice serlo - la Paz -, apenas ha dejado de ser un sueño para convertirse en una pesadilla. Desde el fin de la Segunda Guerrra Mundial, que debía acabar con todas las guerras - al haber sido destruído el “mal” -, se han producido 151 guerras que la ONU no ha conseguido evitar y en cambio producido 151 guerras que la ONU no ha conseguido evitar y en cambio ha participado en más de una de esas guerras. Y todo este monstruo inútil y caro, no decide, a la hora de la verdad, absolutamente nada importante, a excepción de las campañas de desprestigio contra Sudáfrica, etc. Si la ONU condena a Israel por su política criminal y expansionista, los EEUU vetarán dicha censura. Si por el contrario es la URSS la censurada, entonces ésta misma, al contar con 3 derechos a veto, decidirá la línea a seguir. Ello resume, en definitivas cuentas, que como siempre el fuerte manda y el débil obedece con la sóla fe en que algún día las cosas cambien. Dresde, Hiroshima, Nüremberg y la ONU, son eslabones de la misma lucha, enfocados a culminar el mismo plan. En Nüremberg se eliminó a la capa dirigente alemana, anulando para siempre la independencia y la justicia de la “justicia”. En Dresde se acabó con los derechos humanos de la forma más brutal. En Hiroshima se levantó sobre los pueblos la “Espada de Damocles” de la energía nuclear, que debe mantenerlos obedientes y a raya. Y con la ONU se va consolidando un gobierno Mundial, sin naciones, sin moral, bajo el poder despótico de soberbios financieros.
Portada del libro "Alemania Debe Perecer!" escrito por Theodore Kaufman entre 1940 y 1941, en el que se detallan los pasos a seguir para el exterminio definitivo del pueblo Alemán luego que perdiera la guerra. El libro recibió ovaciones de parte de la diplomacia aliada, mientras en Alemania su lectura infundía el terror. El pueblo Alemán es fuerte en su capacidad de trabajo, fuerte en su sentido del deber y del sacrificio; fuerte en su franqueza. No oculta su pensamiento ni su manera de ser, y a estas fuerzas corresponde una debilidad: carece por completo del arte de la diplomacia. En gran parte la diplomacia es engaño, ocultamiento, ficción, apariencia. La falta de tacto diplomático ha sido uno de los factores determinantes de que Alemania haya perdido dos guerras decisivas, a pesar de tener fuerzas tan formidables para ganarlas. En cierta forma la enorme franqueza y sinceridad del régimen Nacional Socialista, que nada ocultaba, fue una de sus más grandes debilidades. Desde su nacimiento en 1920 esbozó su lucha contra el judaísmo político y contra la URSS (El Materialismo Marxista). Con muchos años de anticipación sus planes fueron conocidos por sus dos enemigos. Es muy antigua la idea de que la diplomacia tiene mucho de feminidad y de que se basa en la habilidad de ocultar lo que se piensa y de hacerle creer a los contrarios lo que se desea que crean para volverlos menos peligrosos. La diplomacia inglesa, por ejemplo, hacía creer al mundo en 1920 que iba a civilizar y a ennoblecer Irak, cuando en realidad sólo iba a extraer el petróleo de Mosul; en 1899 hacía creer que iba a redimir a los salvajes del Transvaal, pero en verdad fue a aniquilar a los "boers" para arrebatarles sus minas de Oro; hacía creer a Grecia que debería luchar contra Turquía, por el cristianismo, y lo que en realidad buscaba era debilitar la influencia turca sobre la zona petrolera de Mosul.La enumeración de triunfos similares es interminable. Fue precisamente esa diplomacia de inspiración Israelita la que le valió a Inglaterra el mote de la "Pérfida Albión", pues si el inglés tiene grandes facultades diplomáticas, el Judío lo supera con un enorme margen. El judío es el mejor diplomático del mundo; es ésta su más grande habilidad. Con razón Schopenhauer lo llamó el "maestro de la mentira". Y enc ntraste, el Alemán es el peor diplomático del mundo. Es ésta su más grande debilidad. «La diplomacia que no engaña no es diplomacia», Alemania no logró engañar jamás a sus enemigos, cosa que les dio opción a prevenirse con mucho tiempo y a mover sus grandes fuerzas de apoyo. No solamente carece el Alemán de habilidades diplomáticas, sino hasta de refinamiento de cortesía, y es que en gran dosis la cortesía es el ocultamiento de las íntimas opiniones o exageraciones del afecto hacia el prójimo. Es decir, en la cortesía interviene el engaño, si bien es cierto que se trata de un engaño que el beneficiario se hace la ilusión de disfrutar como algo auténtico. Schubart señala que precisamente la virtud de los franceses que más les granjea la simpatía del extranjero es la cortesía, o sea ese mínimo de respeto que se debe al prójimo. El alemán a cambio, no admite ni siquiera este mínimo. Y analizando el odio a los alemanes agrega que ciertamente la propaganda ha jugado un papel importante, pero que «es también un hecho que ha encontrado terreno propicio. Al Alemán no le preocupa que lo odien... Muchos llegan a mirar el odio anti-alemán con cierta satisfacción. Ven en él la confirmación indirecta de su propio valor. Otro grupo considera que lo malo del mundo odia en el alemán lo bueno del mundo. Un tercer grupo dice: no nos conocen; si nos conocieran, no nos odiarían... por su apego fanático a las cosas despoja de su natural belleza, alegría y plenitud de vida al mundo y lo transforma en una ergástula del deber... » Se ha culpado a los alemanes de ser brutales, pero en realidad no lo han sido más que cualquier otro pueblo que haya ido a la guerra. Por el contrario, su sentido de la disciplina los frena más eficazmente que a ningún otro..Ciertamente el alemán no coincide por completo con la imagen que de él se forman los demás pueblos. Pero les ofrece para la misma los principios. Les suministra los elementos del odio que se le tienen. Lo que la envidia y el cálculo político añaden con exageración ha de cargarse no ya en la cuenta del odiado, sino de los que odian. Y fue en esos puntos impopulares del carácter Alemán en donde la habilidad diplomática se apoyó para comenzar a mover pueblo tras pueblo contra Alemania, aun con perjuicio para los propios pueblos movilizados, como Polonia, Francia e Inglaterra. La falta de flexibilidad diplomática del Alemán ha sido observada por muchos. El mariscal italiano Badoglio dijo que el embajador Von Mackensen mostraba una expresión muy dura aun sin proponérselo y que hasta en los momentos en que creía decir una frase amable su tono resultaba seco. Y Dimitri Merejkovsky refiere que Napoleón estuvo a punto de ser asesinado cerca de Viena por un joven Alemán de 18 años llamado Friedrich Staps. Napoleón le prometió dejarlo libre si se retractaba de lo que había pretendido hacer, pero Staps respondió:«No quiero el perdón; lo que siento es no haber podido hacer lo que pensaba...Napoleón le ofreció perdonarlo, pero él le repuso que no por eso dejaría sus ideas. El joven fue ejecutado. Al llegar al lugar de la ejecución gritó: "¡Viva la libertad; viva Alemania!» Esa posesión tan completa de sí mismo, con absoluta indiferencia del medio ambiente, frecuentemente le ha granjeado al Alemán un odio irreflexivo. Guisa y Acevedo dice en «Hispanidad y Germanismo»: El alemán sabe vencerse a sí mismo. Tiene, no cabe duda, el arte inimitable de hacer de su propio yo lo que él quiera. Domina su cuerpo y su espíritu y nunca sabemos de lo que es capaz... Su práctica de la vida y el uso que hace de las cosas son actos de brutos... Acabar con Alemania esacabar con la barbarie. Y ese odio llevó a Guisa y Acevedo al extremo de afirmar, contra sus propias convicciones religiosas: «Rusia, con sus bolcheviques, es la que defiende con más fervor y con mayores sacrificios nuestra civilización... Que Alemania cuente con los mejores químicos, los mejores físicos, los mejores marinos, etc...prueba que es más bárbara y por lo mismo más temible y digna de odio». Foto de las ruinas de la ciudad de Dresde luego del "Carpet Bombing" aliado realizado entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, pocas semanas antes de la capitulación de la Alemania Nacional Socialista. Precisamente ese odio, carente de fundamentos racionales, pero poseedor de fuerzas destructivas, fue campo propicio para que la habilidad diplomática alineara a casi todo el mundo, más de 120 paises, en contra de Alemania. Como contrapartida, Alemania carecía de habilidades diplomáticas para neutralizar esa maniobra. Sólo tenía su franqueza, anunciada una y mil veces en sus propósitos de luchar contra el Materialismo Marxista y de afianzar su amistad con Occidente. Pero el melifluo engaño de un bando fue más eficaz para arrastrar pueblos al abismo que la áspera franqueza del otro para detenerlos en su insensata aventura. Así se consumó el absurdo de que los países Occidentales -sin saberlo- lucharan en contra de sus propios ideales y hasta de su propia existencia. Días después del llamado de paz que Hitler hizo el 6 de octubre de 1939, quedó patente que Inglaterra y Francia no querían ninguna fórmula de arreglo. Churchill dice que el Gabinete inglés tenía «la resolución inquebrantable de darle muerte o perecer en la demanda». Francia seguía sus pasos. Y Roosevelt, por su parte, vivía esos días bajo el temor de «que se llegase a una paz negociada», y a fin de evitarla inició su personal correspondencia con Churchill.

El padre de Winston Churchill, Lord Randolph Churchill (a la derecha), posando en casa de uno de sus mejores amigos, Nathan Meyer Rothschild (izquierda), Primer Barón de Rothschild Cualquier persona bien informada a estas alturas sabe que Winston Churchill, por encima de la leyenda que lo ha consagrado como un campeón de la libertad y un adalid de la democracia frente a la barbarie totalitaria, fue un fanático imperialista, un racista compulsivo y un belicista empedernido. No es ningún secreto, aunque los productos de divulgación masiva lo suelen ocultar, que Churchill consideraba la democracia como un privilegio destinado a los pueblos de raza blanca, que sentía un orgullo totalmente acrítico por el Imperio Británico y que, según se desprende de los relatos de todos sus biógrafos y de muchas de sus propias palabras y gestos, amaba la guerra y disfrutaba con ella y en ella. También es conocido por todos aquellos que van más allá de los tópicos destinados al consumo de masas, que Churchill simpatizaba con los judíos y apoyaba las aspiraciones sionistas. Sin embargo, casi nadie realmente sabe hasta qué punto la relación de este pendenciero político inglés con judíos y sionistas fue algo más que un mero asunto de simpatía. Lord Randolph Churchill, el padre de Winston, un prominente masón que había sido miembro de la Cámara de los Comunes y presidente de la misma, Secretario de Estado para la India y Chancellor of the Exchequer (algo así como ministro de hacienda), tenía entre algunas de sus amistades más valiosas a prominentes judíos, como Nathaniel Rothschild, la cabeza visible de la rama británica de esta famosa familia de banqueros, o los también banqueros Sir Ernest Cassel o el Barón Maurice de Hirsch. Winston Churchill “heredó” estas amistades, las cultivó con mimo y las amplió. Lord Randolph Churchill falleció joven en 1895 cuando contaba 45 años y su vástago tenía 20 recién cumplidos. Los acaudalados “filántropos” judíos amigos del difunto Lord, tomarían bajo su protección a Winston casi como si se tratase de padrinos que cuidan de un ahijado huérfano y económicamente desvalido. Naturalmente, detrás de esta solícita actitud se escondía algo más que un noble sentimiento. Lord Randolph Churchill era, sin lugar a dudas, entre los políticos más influyentes el que mantenía las más numerosas y más altas conexiones con la judería británica. No en vano, hacia 1886 se encontraba en la cima de su carrera política y muchos lo veían como primer Ministro. Sin embargo, el rápido deterioro de su salud a causa de la sífilis frustró cualquier expectativa. Y los acaudalados amigos de Lord Churchill decidirían apostar por su hijo de cara al futuro. El joven Winston Churchill fue un pésimo estudiante. Incapaz, como parecía, de estudiar una carrera universitaria, decidió - de acuerdo con los “consejos” de su padre - ingresar en el Ejército. Lo hizo como oficial de caballería, arma que requería una nota mucho más baja que la que se exigía en infantería. Ingresó como segundo teniente en el 4º Regimiento de Húsares de la Reina y, como muchos otros jóvenes patricios victorianos sirvió en las colonias, en la India y en el Sudán más tarde, en el 21º de Lanceros. Churchill pronto se acostumbró a un estilo de vida tan excesivo como su personalidad. La paga de segundo teniente no le llegaba desde luego para mantener este nivel. Cuando partió para la India, buscó la forma de conseguir unos ingresos adicionales y pensó en escribir como corresponsal para algún prestigioso diario británico, algo que consiguió gracias al viejo amigo de su padre, Lord Rothschild. También fue este “ilustre” banquero quien, al regreso de Churchill de la India, en el transcurso de una cena de “notables” en su lujosa residencia de Londres, presentó a su joven invitado al Primer Lord del Tesoro, Arthur J. Balfour, que en breve se convertiría en Primer Ministro del Reino Unido. En gran medida fue gracias a sus amigos judíos que la agenda de contactos de Churchill se incrementase rápidamente con nombres a los que difícilmente podía acceder alguien de su edad. Otro amigo de su padre, el banquero Sir Ernest Cassel, se ofreció a llevar personalmente y sin cobrar por ello, las finanzas del joven Churchill, invirtiendo oportunamente los ingresos que éste percibía como corresponsal de prensa. Cuando el joven Winston se embarcó con destino a una nueva aventura colonial en la Guerra de los Boers, sus “padrinos”, Rothschild y Cassel le dieron 150 y 100 libras respectivamente, el equivalente a los ingresos anuales de una familia de clase media de la época, según el biógrafo judío de Churchill, Martin Gilbert. Y cuando poco después contrajo matrimonio con Clementine Hozier, Cassel regaló a la pareja 500 libras, es decir, unas 25 mil libras de hoy o lo que es lo mismo, más de 30 mil euros. Llegados a este punto, más de uno podría pensar que lo expuesto no son más que anécdotas intrascendentes que sólo reflejan una amistad sincera de algunos magnates judíos hacia la familia Churchill. Enseguida veremos que no es así. En 1900 comenzó la carrera política de Winston Churchill en el Partido Conservador, al que había pertenecido su padre, cuando fue elegido miembro del Parlamento por el distrito electoral de Oldham después de un intento fallido el año anterior. Entremedias había vivido una electrizante aventura en la Guerra de los Boers, al evadirse de un campo de prisioneros, atravesar gran parte de territorio enemigo sin ser descubierto y regresar a Gran Bretaña convertido por la prensa en un héroe popular. Tres años más tarde en la Cámara de los Comunes surgió un agrio debate político. El Partido Conservador se adhirió casi en bloque a las medidas proteccionistas que propuso Joseph Chamberlain. Sin embargo, Churchill, se opuso frontalmente a esta política que pretendía subir los aranceles a la importación de productos extranjeros y de forma vehemente defendió el libre comercio. Churchill consiguió, en los debates que suscitó esta propuesta, un protagonismo notable para un miembro del Parlamento tan joven e inexperto como era él. Pero midió mal sus fuerzas. En 1903 la dirección del Partido Conservador de Oldham decidió retirarle la confianza. En 1904 la ruptura con los Tories se oficializó cundo Churchill se pasó a las filas del Partido Liberal. Aún quedaban dos años para las próximas elecciones pero pocos vieron con buenos ojos esta traición a su partido y a sus electores. Muchos pensaron que la carrera política del ambicioso Winston había acabado casi antes de comenzar… Pero entonces, sus amigos judíos acudieron raudos al rescate. Por esas fechas, el debate proteccionista también comenzaba a alcanzar a la inmigración. El nuevo gobierno Liberal quería sacar adelante el Alliens Bill, que no era otra cosa que una legislación que restringía notablemente la entrada de inmigrantes en el Reino Unido. Para los judíos británicos, en las circunstancias del momento, torpedear el Alliens Bill se había convertido en una prioridad. Entre los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, en la Rusia de los Romanov, los judíos no pasaban por su mejor momento. Muchos de ellos se habían alineado abiertamente con los movimientos socialistas y anarquistas que utilizaban un terrorismo salvaje e indiscriminado para derrocar a la monarquía zarista. El activismo violento de estos grupos en los que los judíos estaban desorbitadamente sobrerrepresentados salpicó a las comunidades judías de las zonas de asentamiento. Es cierto que muchos judíos que no tenían nada que ver con el movimiento revolucionario pagaron por culpas ajenas y también es cierto que en los principales ataques contra los judíos en la Ucrania, la Bielorrusia y la Polonia que entonces formaban parte de Rusia, fueron los campesinos pobres más que las autoridades zaristas quienes alentaron y encabezaron los pogromos. El gobierno ruso, harto de los problemas que generaban los judíos bolchevizados y de los disturbios que provocaban, vio con muy buenos ojos su salida del país. Entre finales del siglo XIX y principios del XX se produjo una nueva “diáspora” de judíos rusos. Más de dos millones salieron de Rusia, casi todos con destino a los Estados Unidos. No obstante, el Reino Unido era también para los judíos emigrados de Rusia un destino tentador. En 1880 había en Gran Bretaña unos 45 mil judíos, pero en 1904, el momento del Alliens Bill, ya había más de 150 mil, y muchos más llamando a la puerta. Evidentemente, los acaudalados judíos británicos, igual que hicieron en esas fechas sus correligionarios de los Estados Unidos, hicieron todo cuanto estuvo a su alcance para evitar que se limitasen los cupos de inmigración. No pensaban en los inmigrantes en general, por supuesto, pero tampoco podían decir abiertamente que se permitiese entrar a los inmigrantes judíos y se cerrase la puerta a los demás. En este particular momento, Churchill, expulsado del Partido Conservador, si no quería quedar fuera de la carrera política que tanto le gustaba, necesitaba un escaño, es decir una circunscripción electoral con posibilidades de éxito. El viejo amigo de su padre, Lord Rothschlid, tenía una propuesta para el joven Winston, difícil de rechazar. Debería liderar en el Parlamento la oposición al Alliens Bill. Es decir, debía encabezar una enérgica oposición contra un proyecto de ley, siendo un diputado del mismo partido que lo proponía y que además acababa de ingresar en él. A cambio, en las elecciones de 1906 le invitaban a presentarse por el distrito electoral del Noroeste de Manchester, una circunscripción en la que más del treinta por ciento de los electores eran judíos. Con este porcentaje asegurado, cualquier candidato podía ganar el escaño, pues le bastaba con arañar unos cuantos votos más de “gentiles” para obtener la mayoría. Y los judíos solían votar en bloque por el candidato al que los jefes de sus comunidades apoyaban. La hemeroteca demuestra que nada de lo que digo es fruto de teorías “conspiranoicas”. En 1904 el diario The Sun acusó a Churchill de oponerse al Alliens Bill siguiendo órdenes directas de Lord Rothschild. Pero la fuente del sensacionalista The Sun no era sospechosa de antisemitismo. Unos días antes, el Jewish Chronicle - que sigue siendo en la actualidad uno de los diarios judíos en lengua inglesa más influyentes - había publicado que Nathan Laski, el líder de la comunidad judía de Manchester y miembro del Partido Liberal, por recomendación de Lord Rothschild, había mantenido un encuentro con Winston Churchill, con el que Rothschild ya había hablado del Alliens Bill. Obviamente, lo que ocurrió fue que Churchill, con la carta de recomendación del antiguo amigo de su padre, se presentó a pedir la candidatura Liberal por el distrito “judío” del Noroeste de Manchester a Nathan Laski, a cambio de su firme compromiso para oponerse al Alliens Bill en el Gran Comité, una comisión del Parlamento a la que se había remitido el proyecto y a la cual Churchill pertenecía junto a otros tres miembros del Partido Liberal. Churchill cumplió su parte del compromiso, y la firme oposición que él lideró en el Gran Comité al Alliens Bill, hizo que el gobierno abandonase el proyecto. En Diciembre de 1905, cumpliendo sus compromisos y asegurándose el voto del Noroeste de Manchester en la elecciones venideras, Churchill lideró una gran manifestación pública en esta ciudad, organizada por la influyente y próspera comunidad hebrea, en protesta contra el pogromo de Kishinev, ciudad moldava que en aquella época pertenecía a la Rusia zarista, y en la que una explosión de ira popular había acabado con la vida de 19 judíos. Nada impidió a Churchill condenar la barbarie antisemita de la Rusia zarista. Ni tan siquiera el hecho de que él acababa de ser nombrado Subsecretario de Estado para las Colonias, uno de los puestos más importantes en el Imperio Británico, que sojuzgaba y asesinaba sin miramientos cualquier conato de rebelión de negros, árabes, hindúes o chinos y que, como hijo de una norteamericana, sentía una gran simpatía por los Estados Unidos de América, en los que en ese mismo año, 1905, habían sido linchados 57 negros. Pero, los judíos de Manchester eran ricos y votaban y en cambio ni los hindúes, ni los árabes del Imperio Británico ni los negros del Sur de los Estados Unidos podían hacerlo. En consecuencia, para un demócrata convencido como era Churchill, no importaban. Mientras Churchill condenaba con vehemencia la violencia antisemita y acusaba al gobierno ruso de instigarla, entre las personalidades que seguían el discurso desde el palco se encontraba un judío nacido en Rusia y afincado en Inglaterra, firmemente comprometido con la causa sionista, Chaim Weizmann. A partir de este momento, como señala Martin Gilbert, entre estos dos líderes políticos “dio comienzo una estrecha colaboración en la evolución de las necesidades y las políticas del sionismo.” Winston Churchill dedicó sus vacaciones del verano de 1905 a viajar por Europa con todo el lujo que acostumbraba. Curiosamente sus tres amables y obsequiosos anfitriones fueron tres acaudalados judíos: Sir Ernest Cassel, en su fastuosa villa de los Alpes Suizos, el Barón de Forest, en su castillo de Moravia y Lionel Rothschild en Italia. En Enero de 1908 la Federación Sionista Inglesa se dirigió a Churchill para pedirle que les enviara un mensaje de adhesión con motivo de la celebración de su conferencia anual. El 30 de Enero les envió el siguiente mensaje: “Soy totalmente solidario con las tradicionales e históricas aspiraciones de los judíos. La restauración a ellos de un centro de auténtica identidad racial y política sería un formidable evento en la historia de la humanidad.” En 1914 estallaba la Primera Guerra Mundial, que habría de tener consecuencias decisivas para la causa sionista. Churchill había sido nombrado Primer Lord del Almirantazgo (Ministro de Marina) en 1911. En aquellos años se hizo evidente que los grandes barcos de guerra debían sustituir sus sistemas de propulsión alimentados por carbón por los modernos motores de explosión a base de petróleo. Para la política británica su Armada había sido siempre un prioridad, por cuanto era la garante de la seguridad del Imperio y de las rutas marítimas que lo unían. En este momento, Churchill toma contacto con la realidad emergente de la geoestrategia del petróleo. Y comienza también a interesarse por el petróleo como negocio. En 1915, con el frente occidental bloqueado, Churchill diseña una gigantesca operación anfibia contra los turcos en los Dardanelos. La ofensiva aliada fracasó después de casi un año de durísimos combates y 250 mil bajas, y el desastre le costó el puesto de Primer lord del Almirantazgo a Churchill. En 1917 la guerra se complicaba para los aliados francobritánicos. La caída del Zar Nicolás II en marzo y la formación de un gobierno provisional de centroizquierda bajo la presión constante de los bolcheviques amenazaban con provocar un colapso en Rusia que desembocase en su salida de la guerra. Si esto ocurría, los alemanes, liberados de la lucha en dos frentes, podrían enviar al frente occidental numerosos refuerzos contra británicos y franceses. El 2 de Noviembre el gobierno británico hizo pública una declaración que tendría consecuencias de enorme trascendencia. El secretario del Foreign Office, Lord Balfour, envió una carta a Lord Rothschild expresando el apoyo del gobierno británico al establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina. ¿Qué movió al gabinete de Lloyd George a dar este paso? La necesidad de ganar al judaísmo mundial para la causa aliada. Por una parte los británicos sabían que entre los revolucionarios rusos los judíos, enemigos jurados del zar, ocupaban un lugar destacado por número e influencia en los principales órganos de poder. Y por otra, sabían que los aún más poderosos judíos de los Estados Unidos, por este motivo, simpatizaban con la causa revolucionaria rusa. El compromiso del Gobierno de Su Majestad con la causa sionista buscaba la contrapartida del compromiso de los judíos con la causa aliada. No debemos olvidar que cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, a diferencia de lo que ocurrió con la Segunda, en la que los judíos americanos fueron los más activos partidarios de la intervención desde el primer momento, el judaísmo en 1914 no mostró ningún entusiasmo por la causa de la Triple Entente, por la única razón de que uno de sus integrantes era la odiada Rusia zarista. Los judíos de América no querían que el presidente Wilson metiese a los Estados Unidos en una guerra en el mismo bando que la Rusia autocrática del antisemita Nicolás II. En cualquier caso Estados Unidos hacía caja con la guerra otorgando enormes créditos a Francia y Gran Bretaña, dinero que éstas empleaban en comprar a empresas americanas armamento, munición, vehículos, combustible y equipos de todo tipo. Pero había un problema, si perdían la guerra sus clientes, el negocio irremisiblemente se vendría al traste, porque Gran Bretaña y Francia, derrotadas y arruinadas, no podrían devolver los créditos y además dejarían muchos y muy grandes impagos a sus proveedores americanos. Y en 1917, tercer año de la guerra, esta posibilidad adquiría por momentos visos de convertirse en un hecho. La caída del Zar resultó determinante para la entrada en guerra de los Estados Unidos. Apenas tres semanas después de la abdicación de Nicolás II, el Congreso, a petición del presidente Wilson, declaró la guerra al Reich alemán. No es en absoluto temerario afirmar que el inicio de la revolución en Rusia allanó el camino para que los americanos diesen este paso. Los grandes medios de comunicación de los Estados Unidos, en gran medida en manos de capital judío, se volvieron mucho más belicistas y la opinión pública, como consecuencia de ello, también. En definitiva, la caída del Zar eliminó el principal escollo para la intervención americana. Pero, la caída del Zar generó a la vez un problema para los aliados. Si bien el gobierno provisional declaró que Rusia que no se retiraría de la guerra y respetaría sus compromisos con la Triple Entente, los elementos más radicales, principalmente los bolcheviques, no dejaban de hacer campaña a favor de firmar un armisticio con Alemania para poner fin a una guerra que consideraban imperialista y ajena a los intereses de clase del proletariado. Martin Gilbert lo reconoce con absoluta sinceridad: “El Gabinete de Guerra confiaba en que, estimulados por la promesa de un hogar nacional judío en Palestina, los judíos rusos empujarían a Rusia - por entonces sacudida por la revolución - a permanecer en la guerra, y que la judería americana estimularía la aceleración de la participación militar de los Estados Unidos- que aunque acababan de entrar en la guerra aún no habían entrado en combate. Para asegurar estos resultados, Weizmann accedió a acudir primero a los Estados Unidos y después a Rusia, con el propósito de liderar la campaña para despertar a los elementos belicistas entre las masas judías en ambos países.” “La Declaración Balfour había sido proclamada demasiado tarde para afectar el triunfo bolchevique. Sin embargo sí fue útil para movilizar a los judíos de América, especialmente a aquellos que eran originarios de Rusia…” Resulta pues evidente qué fue lo que motivó a los británicos a hacer esta polémica declaración. Ese mismo año Churchill fue nombrado Ministro de Municiones, un cargo de enorme relevancia en el contexto de una guerra de la envergadura de la que se estaba librando. Es en este período cuando entabló una especial relación, que habría de adquirir una trascendencia de gran alcance en el futuro, con su homólogo norteamericano, Bernard Baruch, que además de ser el presidente de la Oficina de Industrias de Guerra, era un consejero de máxima confianza del presidente Wilson y sobre el que ejercía una influencia decisiva. Baruch era uno de los judíos más ricos y poderosos de los Estados Unidos y era un especulador financiero en toda regla, tal vez el más prestigioso de Wall Street. La relación entre Churchill y él enseguida trascendería la política. La guerra acabó en Noviembre de 1918. En el nuevo gabinete surgido de las elecciones de Diciembre Churchill fue nombrado Secretario de Estado de Guerra y Secretario de Estado del Aire. Aunque el armisticio había puesto fin a las hostilidades en el oeste, en la Europa oriental los conflictos se sucedían y se solapaban. El más grave de ellos fue la Guerra Civil Rusa, que siguió al triunfo de la revolución. Y este conflicto atrajo de forma especial la atención de Churchill como flamante Secretario de Estado de Guerra. Esta lucha sin cuartel entre los rusos rojos y los rusos blancos resultó complicada de digerir para los anglosajones. Por un lado, los bolcheviques habían traicionado a los aliados abandonando la guerra en 1917 firmando con los alemanes el Tratado de Brest-Litovsk. Pero, por otro lado, entre los máximos dirigentes de la Rusia roja había una desproporcionada cantidad de judíos. Si a ello añadimos que casi todos los generales que lideraban los ejércitos blancos y la mayoría de los soldados que integraban estas fuerzas, eran tan anticomunistas como antisemitas, la posición de británicos y anglosajones resultaba delicada, por la enorme influencia del elemento judío en el Reino Unido y más aún en los Estados Unidos. Jorge Álvarez, Licenciado en Derecho. Oviedo, España.