JoaquinPerezzuvi
Usuario (Argentina)

Tarde o temprano (Bien tarde diría esta vez) empieza la época del buen clima. De ir caminando a todos lados, de disfrutar los atardeceres en el balcón/patio/jardín y de aprovechar las hermosas terrazas de la noche porteña, que nada tienen que envidiarle a algunos rooftops de nueva york. Los estilos son muchos: tiki, hippie, folk, glam y hasta bodegones que han incorporado esta fabulosa idea de abrir las terrazas. La onda siempre es más relajada, el vientito te pega en la cara y según la zona que elijas para salir, la vista maravillosa que te toque de la ciudad. Yo aconsejo llevar llevar algún abrigo de más, porque bien arriba el viento sopla más fuerte. Y, para no sesgar su elección, no les voy a recomendar ninguno… Google y a dejarse llevar por la intuición. Tardó pero llegó, a disfrutar la temporada primavera verano y los planes que con ella trae…
Me encanta cuando las grandes cosas que se dejaron de lado, son reflotadas por aquellos que saben valorar la calidad de las cosas. Así sucede hoy en día con los discos de pasta, que fueron avasallados en su momento por la tecnología en principio de los Cassette, después de los CDs y más tarde por los simples archivos mp3. Pero el sonido nunca volvió a ser el mismo, es por eso, que hoy en día son ya muchas las bandas que han decidido re-explorar el mundo de los discos de pasta y, hasta en algunos casos, sólo lanzan sus discos en este formato. Es increíble, porque la calidad del sonido es totalmente distinta y el contacto de la púa sobre el disco es inigualable. Esta tendencia, se extendió al mundo del diseño y podemos encontrar tocadiscos que se convierten en piezas únicas de decoración y ambientación de tu casa. Las cosas buenas, vuelven.
Estuve de visita en la ciudad que nunca duerme (ni te deja dormir). Ir a Ny es uno de esos viajes que no podés cansarte de hacer. Cada vez que visito la gran manzana, no solo me siento como en casa, sino que me vuelvo a sorprender. No existe la chance de hacer dos veces el mismo viaje en semejante ciudad. Es esos destinos que va bien a cualquier edad, en cualquier alojamiento y en todas las épocas del año. Realmente es de esas ciudades que no hay que dejar de visitar. Esta vez, aproveche un viaje de trabajo para dar una vuelta por la ciudad de mis amores. No tenía muchos días, asique más allá del paso obligado por algunos de los puntos turísticos más reconocidos, aproveché para conocer el nuevo WTC y su maravillosa vista de la ciudad. Recuerdo que la última vez estuve haciendo algunos cursos de arte y de cocina que encontré por ahí, pero esta vez me dediqué a perderme. Un viaje por zonas bohemias-chic, rodeado de arte. Empecé por la zona vieja de Williamsburg y caminé hasta cruzar el puente de Brooklyn. Un recorrido largo que tuvo su descanso merecido en ‘The Station’ un restaurante escondido por las callecitas de Williamsburg, ya en el límite con Brooklyn. Me comí una hamburguesa, me tomé unas mimosas que invitaba la carta y seguí. De los pocos días que estuve, este fue en el que más conocí lo que no conocía. Me sorprendí de la diversidad entre lo ortodoxo y lo cool, conviviendo en un solo barrio y me enamoré, por sobre todas las cosas (aparte de las meseras de The Station) del arte callejero. Acabo de llegar y no veo la hora de volver. Quién me acompaña la próxima?

Hace tiempo que tengo ganas de ponerme un Restaurante. Inspirado en los distintos viajes que hice, y fascinado con el estilo de los últimos Restó que conocí recorriendo Chelsea y el Meat Packing, tomé la decisión de empezar a especializarme y estudiar a fondo las distintas opciones para poder traer a Buenos Aires un pedacito de esas experiencias inolvidables a nivel estético y culinario que considero que todos debemos vivir alguna vez. Con los pies en la tierra, sé que no es una tarea fácil. Ya bien lo decían en el Reality de Donald Trump, que ponerse un restaurante es comparable con llevar adelante una empresa. Yo estoy dispuesto, porque me interesa. Sé que todo esto implica capacitarse, recorrer, conocer, probar y, principalmente, definir un estilo para lograr diferenciarse. Si bien no hay que pensar los proyectos desde lo negativo, conocer algunas de las contra, nos puede hacer ampliar nuestra visión. Analizando un poco, pienso que la gran cantidad de competencia que hay hoy en día, es uno de ellos. Es por eso que previamente marcaba el tan importante punto de definir un estilo para lograr diferenciarse. Estoy muy interesado, como amante del vino, en proponer una carta que recomiende el vino que mejor marida con cada uno de mis platos. Para esto, es fundamental poder ofrecer vino en copa, algo que hoy es mucho más posible con la oferta de Wine Dispenser con distintos tipos de uvas y variedades. Desarrollar un espacio con un marcado diferencial, estilo propio y personalidad es mi difícil objetivo, el que estoy dispuesto a alcanzar. Ya les voy a ir contando un poco más.