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Primer post: 12 jul 2009Último post: 23 jul 2009
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El comunismo
InfoporAnónimo7/23/2009

El comunismo En 1989 cayó el símbolo más importante del comunismo, el Muro de Berlín. Millones de personas conocen las atrocidades cometidas por los nazis, pero relativamente pocos han oído de los millones de encarcelados, torturados y asesinados por gobiernos comunistas. Lo que la gente reconoce es que el comunismo fue un desastre económico. Desde hace mucho tiempo, los economistas competentes saben que las economías dirigidas nunca funcionan, porque es imposible que unos planificadores logren recabar toda la información sobre la oferta y demanda que obtienen las economías libres, a través del mecanismo de los precios. Sin embargo, el comunismo avanzó, sostenido por la corrupción, la apatía y, sobre todo, el miedo. Es tentador pensar que las tragedias económicas del comunismo causaron su colapso, pero Cuba y Corea del Norte nos muestran que eso no es suficiente. El colapso del comunismo en Europa fue el resultado de una revolución moral, una insurrección forjada por el cristianismo y demandas de que los gobiernos respeten la dignidad de las personas. Las raíces de la insurrección fue la lucha por la libertad de la Iglesia Católica en Polonia y la proclamación de una visión del hombre muy diferente a la del marxismo. No sorprende que los fríos y grises personajes del Kremlin se asombraran que un polaco había sido escogido para ocupar la Silla de Pedro en el Vaticano. Fue un mensaje que le dio a la gente el valor de levantar sus cabezas, recordándoles que el Estado existe para ellos y no ellos para el Estado. El mensaje les dejaba claro que la libertad religiosa es una deuda del Estado para con ellos y que poseían lo que Juan Pablo II llamó "el derecho a la iniciativa económica". Por consiguiente, las estructuras comunistas --de tipo leninista, maoísta, latinoamericana o africana-- son absolutamente incompatibles con una auténtica libertad. Nadie expone su vida por mayor eficiencia o utilidad. Pero la gente sí expone la vida por amor y por la libertad. No existe testimonio más grande de esa disposición a rechazar el mal que los millones de cristianos que se congregaron a recibir al Papa Juan Pablo II, cuando visitó Polonia en 1979. Y ocho años más tarde, uno de aquellos individuos encarcelados por los comunistas se convirtió en presidente de Polonia --Lech Walesa--, el primer anticomunista en ocupar ese cargo desde la Segunda Guerra Mundial. Dos décadas más tarde, la libertad en Europa se encuentra nuevamente amenazada. La decadencia de la economía refleja la poca voluntad de muchos gobiernos europeos de tomar en serio la libertad económica. La libertad política también está bajo ataque del fundamentalismo secular que permite a los anteriores funcionarios comunistas ocupar cargos de comisionados en la Unión Europea. La Unión Europea está muy lejos convertirse en uno de los sistemas comunistas del pasado, pero las tendencias totalitarias permanecen vivas en Europa. Si algo nos enseña la muerte del comunismo es que la libertad fundamentada en la verdad vence consistentemente a sus oponentes porque la libertad auténtica engendra vida, mientras que el totalitarismo es el camino a la muerte.

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Perversa metáfora de la burka
InfoporAnónimo7/12/2009

La burka es una maldad intrínseca, propia de una misoginia patológica que convierte a la mujer en una sombra, cuya existencia sólo se sustenta por el hecho de la procreación. Ya lo descubrió Yasmina Reza en su observatorio literario del futuro presidente. Nicolas Sarkozy tiene muchos defectos, pero no posee uno fundamental: la falta de personalidad. O, lo que es lo mismo en política, la falta de autoridad. Muy al contrario, la presidencia de Sarkozy se ha ido significando por gozar del poder democrático, sin miedo a ejercerlo. A diferencia de algunos políticos timoratos, que cuando asumen el cargo se asustan de su significado, el presidente francés no tiene este tipo de complejos. Lo cual conlleva sus riesgos, pero también algunas notables ventajas. Porque si hay algo tan demoledor para la democracia como el autoritarismo es la falta de autoridad. Sarkozy, pues, tiene agallas para ejercer el poder, y tiene agallas para aguantar sus consecuencias, y ello lo convierte en un político en el centro de la diana. Es pronto para saber si fracasará en sus múltiples flancos, o será uno de los presidentes más importantes de la historia de Francia, pero algo es evidente: lidera los debates centrales de Europa. Y, sin duda, es uno de los pocos políticos que ejercen como líder del continente. Probablemente por ello, porque conoce su liderazgo, Sarkozy ha vuelto a atreverse con uno de los temas más sensibles del mundo actual: el lugar de la mujer en el islam. Y a diferencia de los gurús del multiculturalismo, que inundan los despachos europeos –y muy especialmente, los despachos españoles– de iniciativas paternalistas con el islam, Sarkozy deja claro lo fundamental: una cosa es la protección de la pluralidad de credos en una democracia, y otra muy distinta permitir la segregación de la mujer, con la excusa religiosa. La burka es una maldad intrínseca, propia de una misoginia patológica que convierte a la mujer en una sombra, cuya existencia sólo se sustenta por el hecho de la procreación. Esa túnica que tapa completamente a la mujer, y la somete a un apartheid físico, social y visual, es la metáfora más precisa de la esclavitud. ¿Qué tendrá que ver Dios con este machismo enfermo y malvado? Y, sin embargo, usan a Dios para justificar esa maldad. El uso de la burka en las sociedades democráticas es una burla a la democracia misma, y un reto a sus fundamentos. Porque detrás de la burka hay una ideología totalitaria que intenta imponer su razón, por encima de la razón democrática. Por supuesto, aunque nos vendan machaconamente el producto, no tiene nada que ver con la libertad individual. Al contrario, es la negación de toda libertad. En Francia lo saben, y deciden actuar. Aquí, en cambio, practicamos el buenismo paternalista, y hasta damos subvenciones a imanes integristas. ¿Mujeres con burka por el Raval? Nada, pura diversidad solidaria, happening multicultural. Es lo que tiene el pensamiento débil. Que es débil, y no es pensamiento.

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Viaje triunfal al infierno
InfoporAnónimo7/13/2009

Para ser creíble, la Iglesia tiene que detectar, denunciar, expulsar y personarse como acusación particular contra estos sacerdotes malvados que han abusado sexualmente de niños aprovechándose de la fe. Cualquier otra opción puede ser piadosa e incluso honesta, pero también es indolente, ineficaz e incívica. Y, lo que es peor, reduce al delincuente a la condición de simple pecador No tiene el magnetismo de su predecesor, no es un líder carismático, a la usanza de la cultura mediática actual; y, por no parecer, no parece que su mandato pueda marcar la historia del pontificado. Sin embargo, algo es cierto: Benedicto XVI es un hombre capaz de sobreponerse a sus carencias, con el tesón propio del carácter germánico. Si llegó a su pontificado con la pesada carga de su papel como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe - y, como tal, martillo implacable de la teología de la liberación-, pronto demostró que quería ser un Papa abierto al diálogo. Si auguraba un pontificado rigorista, sorprendió por algunas ideas avanzadas, en los límites que el término avanzado puede aplicarse a su ideario. Si parecía un ultracatólico irredento, demostró una mirada amplia de las otras religiones y avanzó en los caminos interreligiosos. Si era un conspicuo y relevante estudioso de la teología, pronto demostró que le preocupaban las cuestiones terrenales, tanto como las elucubraciones intelectuales. En definitiva, y con rigor, Joseph Ratzinger ha demostrado cualidades que no se le suponían y, lentamente, va conquistando un cierto carisma a la germana, en la línea homóloga al carisma de su compatriota Angela Merkel. Es decir, no es simpático, pero resulta cercano. No es flexible, pero no parece inflexible. Y siendo una personalidad adusta, cultiva el verbo y la palabra, con más garbo y asiduidad de lo que era previsible. En el caso de Benedicto XVI, esa personalidad sorprendente ha aflorado, con notable eficacia, en su viaje por Estados Unidos, y en ella radica parte del éxito conseguido. ¡Quién iba a imaginar que el hombre que calló sonoramente cuando era el prefecto de la Doctrina de la Fe, y se destaparon los escándalos de abusos sexuales a menores en la Iglesia católica, sería el hombre que pediría perdón, una y otra vez, hasta convertir su gesto de contrición en el principal mensaje de su viaje! Como Ratzinger, puso sordina al magno escándalo que salpicaba al catolicismo norteamericano. Como Benedicto XVI, le ha puesto luz y micrófonos, y ha espantado al diablo, no escondiéndolo, sino mostrando la naturaleza del monstruo. En perspectiva mediática, la estrategia ha sido brillante. En perspectiva moral, su sentida contrición, hecha desde la alta tribuna de su cargo, tiene un profundo calado. En perspectiva religiosa, llega tarde, pero llega, y ya sabemos que, si los caminos del Señor son inescrutables, los del Vaticano tienden a ser horrorosamente lentos. Tarde, pues, merece el aplauso, no en vano, nunca es tarde si se hace lo correcto. Sin embargo, ¿se ha hecho lo correcto? Personalmente creo que Benedicto XVI ha sido valiente. Pero sus disculpas me saben a poco, porque el tema que tratamos no es sólo un pecado, es, por encima de todo, un grave delito, cuyas consecuencias afectan de por vida a las víctimas. Si la Iglesia católica quiere ser realmente eficaz en la lucha contra la pederastia, no basta con tener un Papa que reza por los niños y pide perdón en los micrófonos de la CNN. Si, como líder espiritual, los rezos son pertinentes, como el gran líder social que también es, lo pertinente es denunciar policialmente, perseguir penalmente y expulsar a los verdugos, de su seno. Si Benedicto XVI sólo reza y se disculpa, está enviando un mensaje de impunidad legal a los abusadores y, sorprendentemente, está cultivando el relativismo moral que tanto denuesta en sus discursos. Para ser creíble, la Iglesia tiene que detectar, denunciar, expulsar y personarse como acusación particular contra estos sacerdotes malvados que han abusado sexualmente de niños aprovechándose de la fe. Cualquier otra opción puede ser piadosa e incluso honesta, pero también es indolente, ineficaz e incívica. Y, lo que es peor, reduce al delincuente a la condición de simple pecador. En el fondo, Dios convertido en escudo de protección del delito.

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