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Usuario (Argentina)

Primer post: 25 feb 2014Último post: 25 feb 2014
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La Leyenda de Jane the Killer
La Leyenda de Jane the Killer
ParanormalporAnónimo2/25/2014

Hola amigos en esta ocasion les contare la Leyenda de Jane the Killer ella era vecina de jeff, y le vigilaba de vez en cuando por la ventana ,hasta que un día que llegaba tarde a la escuela vio a randy y a su pandilla amenazando a jeff y a su hermano Liu ella sabia perfectamente que randy era un matón que hacia pagar a todos con una cantidad de dinero en efectivo o el bocadillo del desayuno a cambio de que no se ganaran una paliza luego miro unos segundos mas tardes y vio y vio como le robaba la billetera a Liu y empujaba a jeff contra el suelo entonces el se levanto y jane se dijo para si misma “quédate sentado no seas estúpido” entonces vio como jeff le rompió la muñeca a randy y como apuñalo a troy que se tiro al suelo gritando de dolor era preocupante ver la pelea de jeff parecía que se estaba divirtiendo demasiado y al ver la cara de Liu intuyo que jeff no hacia estas cosas normalmente luego se escucho las sirenas de un coche de policía y el padre de jane ,que era policía salio de su casa si se monto en el coche, cuando los padres de jane la llevaron a la escuela la dijeron claramente que no hablara con jeff a si que no lo volvió a ver hasta que termino la escuela cuando lo vio salir de ahí noto como que jeff estaba fingiendo ser feliz para que la gente no se diera cuenta del delito que había cometido, pero en realidad estaba mostrando una sonrisa un poco sádica era como la sonrisa de un loco pensó jane, al día siguiente, jane se asomo por la ventana y vio un coche de policía afuera de la casa de jeff, pensó que se llevarían a jeff por lo que había hecho pero se equivoco,en lugar de el arrestaron a Liu. luego vio llorando a jeff llorando por lo ocurrido, y desde ese momento la gente empezó a decir rumores sucios sobre Liu. días después el hijo de la vecina de al lado de la casa de jeff monto una fiesta de cumpleaños. y jane vio como jeff jugaba con los niños a las pistolitas hasta que aparecieron randy y sus amigos saltando la vaya a continuación randy se abalanzo sobre jeff tirándolo al suelo luego troy y jake sacaron unas pistolas entonces jane pensó que hivan a matarlo es cuando jane decidió llamar a la policía, luego escucho unos disparos y cuando volvió a mirar vio las llamas de un fuego y cogió un extintor y se dirigió al lugar pero cuando llego vio a jeff bajando las escaleras envuelto en llamas con grandes partes de piel rosa y chamuscada, entonces jane se desmayo,cuando jane se despertó estaba en el hospital y la enfermera le dijo que ya se podía ir a su casa, jane quiso preguntar como se encontraba jeff. pero la enfermera le dijo que no le podía permitir que lo viera aunque que tratase de su novia. ella le dijo con voz media temblorosa “e-el no es mi novio” entonces salio del cuarto y vio a los padres de jeff que le dieron las gracias por tratar de salvar a su hijo, y le dijeron que jeff estaba con vendas y que se las quitarían en unos dias y que cuando llegara el momento le avisarían, luego ella contó cuando jeff se peleo con randy y los padres de jeff le dijeron que si eso es cierto soltarían a Liu, días después los compañeros de clase de jane espesaron con los rumores de que ella estaba enamorada de jeff, entonces apareció Liu le dijo que le quitarían las vendas a jeff. a la mañana siguiente jane vio el coche de los padres de jeff aparcado fuera de su casa y se puso muy contenta pero cuando jeff salio del coche se le cambio la cara del susto… jeff tenia el pelo negro y largo hasta los hombros, su piel.. su piel era totalmente blanca y con una mirada sadica luego jeff miro a jane con una sonrisa…la misma sonrisa sicotica del día en que se peleo con randy, entonces jane entro a su casa y sus padres le preguntaron que pasaba en lo que jane respondió con un chillido y se desmayo cuando jane despertó ya había oscurecido y sus padres no estaban en casa y se levanto de la cama con un camisón blanco y bajo las escaleras, las luces de la cocina estaban prendidas.. había una nota arriba de la mesa que decía: “¿no vienes a cenar? tus amigos están aquí ” luego de leer esto jane se puso a temblar y vio por la ventana que las luces de la casa de jeff estaban encendidas y vio a jeff apoyado en la ventana de su casa con un cuchillo en la mano mirándola y con una sonrisa tallada hasta sus mejillas . jane, asustada tomo un cuchillo y salio de la casa y se dirijo a la casa de jeff.. tomo la manilla de la puerta pero no podía porque se puso a temblar entonces cerro los ojos y abrió la puerta..pero tenia miedo de abrirlos hasta que escucho a alguien diciendo: “lo has conseguido me alegro amiga mía” luego jane hecho un grito y volvió a desmayarse cuando despertó estaba en la mesa del comedor sentada en una de las sillas amarrada y su cuchillo había desaparecido cuando miro arriba vio a gente sentados arriba de la mesa, los padres de jeff Liu y los padres de jane todos estaban muertos luego jane enpeso a llorar sangre luego apareció jeff y le dijo “mira quien a despertado finalmente” ella trato de chillar pero jeff estaba detrás de ella acercándole cuchillo en la garganta “callate…CALLATE que a los amigos no se les debe chillar seguro que estas enfadada porque no te ves tan bella como yo pero no te preocupes haré que luzcas bella también” a si que le corto la cuerda con el cuchillo jane le escupio y lo miro fijamente luego jane le dijo: “vete a la mierda” “me pareces mas divertida de lo que pensaba los amigos se hacen favores entre ellos ¿no? te voy a hacer un favor” jeff salio y mientras tanto jane se puso a llorar por sus amigos y seres queridos que hace unas horas atrás estaban vivos luego jeff regreso “no llores” jane vio que sostenía una jarra de lejía y un vidon de gasolina y le virtio la lejía y la gasolina “descuida ya e llamado a los bomberos” le dijo jeff y le prendió fuego tan pronto que el fuego entro en contacto con jane ardió en inmensas llamas y jeff se largo diciendo “nos vemos querida amiga espero que hayas quedado hermosa como yo muajajajajaja” y se largo… cuando jane despertó estaba en el hospital y sentía que la cabeza le daba tumbos luego vino la enfermera y le dijo que lo sentía pero sus padres habían muerto en un incendio ,entonces jane comenzó a llorar pero la enfermera dijo que no llorara o si no su cuerpo no podría respirar luego jane se quedo dormida al despertar vio que ya no tenia vendas y de que habia varios ramos de flores luego la enfermera le dijo que descansara por 2 semanas.. jane le dijo “dame un espejo” al verse tiro el espejo del susto al ver su horrible rostro quemado luego le llego un paquete del mismo destinatario que el de las flores la enfermera salio de la habitación jane abrió el paquete y dentro había una mascara blanca con los ojos negros y una peluca color negra con risos junto con todas estas cosas había un ramo de rosas negras y un cuchillo de cocina afilado y en la mascara también había una nota “jane siento que no hayas quedado tan hermosa pero esto te servirá para cubrirte el rostro mientras te recuperas y dejaste tu cuchillo en mi casa pensé deborvertelo “ luego de leer esto jane salio del hospital se puso la peluca y se dirigió al cementerio vio las tumbas de sus padres y se puso a llorar por ultima vez luego se puso la mascara y tomo el cuchillo con furia. desde ese día jane juro venganza y que al ponerse el sol saldría en busca de jeff para encontrarlo y matarlo.

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La Leyenda de Jeff the Killer
La Leyenda de Jeff the Killer
ParanormalporAnónimo2/25/2014

Bueno aqui les cuento la leyenda de Jeff the Killer Extraído de un diario local: Siniestro asesino aún se encuentra prófugo. Después de semanas de asesinatos inexplicables, el desconocido asesino todavía ronda por éste lugar. Después de las pocas pruebas que se han encontrado, una joven afirma que sobrevivió a uno de los ataques del asesino y con valentía cuenta su historia. "Tuve un mal sueño y me desperté en medio de la noche", dice la joven: "Vi que por alguna razón la ventana estaba abierta, aunque recuerdo que la cerré antes de irme a la cama. Me levanté y la cerré una vez más. Después, simplemente me metí debajo de las sábanas, y traté de volver a dormir. Fue entonces cuando tuve una sensación extraña, como si alguien me estuviera observando. Miré hacia arriba, y casi salto de la cama. Ahí, en el pequeño rayo de luz que iluminaba de entre las cortinas, había un par de ojos. No eran unos ojos normales; eran unos ojos oscuros y siniestros, estaban bordeados de negro y, simplemente me aterrorizó. En ese momento vi su boca. Una sonrisa larga, tan horrenda que hizo que todos los pelos del cuerpo se me erizaran. La figura se quedó allí, mirándome. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, lo dijo. Una simple frase, pero dicho de una manera que sólo un loco podía hacerlo, me dijo: Ve a dormir.Se me escapó un grito, eso hizo que sacará un cuchillo. Su objetivo era mi corazón, saltó encima de mi cama pero yo me defendí. Le di una patada, el me golpeó, me sujetó y trató de tocarme. Fue entonces cuando mi padre entró, El hombre le encajó el cuchillo, que entró en el hombro de mi padre. El hombre probablemente habría acabado con él, si uno de los vecinos no hubiera alertado a la policía. "La policía se dirigió hacia el estacionamiento y corrió hacia la puerta. El hombre se volteó y corrió por el pasillo. Escuché un ruido, como si se hubiera roto un cristal. Cuando salí de mi cuarto, vi que la ventana que estaba apuntando hacia la parte posterior de mi casa se había roto. Miré únicamente para verlo desaparecer en la distancia. Te puedo asegurar una cosa, nunca olvidaré esa cara, aquellos ojos fríos y esa sonrisa psicótica, nunca saldrán de mi cabeza. " La policía todavía está en la búsqueda de este hombre. Si ve a alguien que encaja en la descripción de esta historia, por favor póngase en contacto con su departamento de policía local. "Bueno, ya sabes que es lo que hace Jeff, pero… ¿por qué lo hace? para saberlo, tendremos que retroceder un poco más en el pasado." Jeff "El Origen": Jeff y su familia acababan de mudarse a un nuevo vecindario. Su padre había conseguido un ascenso en el trabajo, y pensaron que sería mejor vivir en una de esas casas de "fantasía". Sin embargo, Jeff y su hermano Liu no podían quejarse. Mientras desempacaban uno de sus vecinos, pasó por allí. "Hola", ella dijo: "Soy Bárbara, vivo al otro lado de la calle, sólo quería presentarme a mí y a mi hijo", se da la vuelta y llama a su hijo. "Billy, estos son nuestros nuevos vecinos" Billy dijo hola y corrió de nuevo a jugar en su patio. “Bueno”, dijo la madre de Jeff, "Yo soy Margaret, este es mi marido Peter, y mis dos hijos, Jeff y Liu." Cada uno de ellos se presentó, y luego bárbara los invitó al cumpleaños de su hijo. Jeff y su hermano intentaron protestar, pero su madre le dijo a Bárbara que les encantaría. Cuando Bárbara por fin se fue Jeff le preguntó a su madre. “Mamá, ¿por qué nos invitan a una fiesta infantil? Por si no lo ha notado, ya no soy más un niño.” "Jeff", dice su madre: "Nos acabamos de mudar aquí, debemos demostrar que queremos pasar tiempo con nuestros vecinos, ahora vamos a esa fiesta y eso es definitivo". Jeff intenta protestar, pero se detiene, sabiendo que él no puede hacer nada. Siempre que su mamá dice algo, es definitivo. Jeff va a su cuarto y se deja caer sobre su cama. Él se acuesta allí mirando a su techo cuando de pronto, tiene una extraña sensación. No es tanto un dolor pero… es una sensación extraña. Él lo ignora y lo confunde con sólo un sentimiento al azar. Al día siguiente, Jeff camina por las escaleras para desayunar y se prepara para la escuela. Mientras estaba sentado allí, comiendo su desayuno, una vez más tiene esa sensación. Esta vez fue más fuerte, le dio un dolor, como un leve tirón, pero una vez más, lo ignoró. Él y Liu terminaron su desayuno, se dirigieron hasta la parada de autobús. Se quedaron esperando el autobús y luego, de repente, un chico en una patineta salta sobre ellos, a sólo unos centímetros por encima de sus rodillas. Ambos saltan por la sorpresa. "¡Hey! ¿Qué diablos?" El chico se cayó y se volteó hacia ellos. Pateó la patineta y la cogió con sus manos. El chico parece estar cerca de doce, un año menor que Jeff. Lleva una camisa de Aeropostal y pantalones vaqueros azules algo rasgados. "Bien, bien, bien. Parece que tenemos un poco de carne nueva." De repente, aparecen otros dos chicos. Uno de ellos es súper delgado y el otro es enorme. "Bueno, ya que son nuevos aquí, me gustaría presentarnos, el de ahí es Keith y él es Troy. "Y yo" dice el chico, soy Randy. Ahora, para todos los niños en este barrio hay un pequeño precio para el pasaje, si es que me entienden. Liu se pone de pie, listo para golpear al chico, cuando sus dos amigos tiran un cuchillo hacia él. "Yo esperaba que fueran más cooperativos, pero parece que tenemos que hacerlo de la manera difícil." El chico se acerca a Liu, y toma la billetera de su bolsillo, Jeff tiene esa sensación de nuevo, ahora, es verdaderamente fuerte, una sensación de ardor, se pone de pie pero Liu le hace gestos para que vuelva a sentarse, Jeff lo ignora y se acerca a los chicos. "Escúchame bien pequeño punk, devuélvele la billetera a mi hermano o de otra forma…" Randy pone la billetera en su bolsillo y saca el cuchillo. "¿Ah sí? ¿Y qué vas a hacer?" dice Randy con una voz burlesca, mientras pasa el cuchillo frente la cara de Jeff, Jeff en un movimiento rápido toma la muñeca de Randy y se la rompe, Randy soltó un terrible grito y Jeff tomó el cuchillo de su mano. Troy y Keith se asustaron y trataron de huir, pero Jeff es demasiado rápido. Lanza a Randy al suelo y arremete contra Keith, lo apuñala en el brazo. Keith se quita el cuchillo y lo deja caer al piso, Keith cae al suelo gritando. Troy corre, pero Jeff logra alcanzarlo, no necesita ni siquiera el cuchillo. Él sólo le dio de golpes a Troy directamente en el estómago con toda su fuerza. A medida que cae, troy vomita todo. Liu no puede hacer nada sino mirar con asombro a Jeff. "Jeff, ¿cómo?", eso es todo lo que Liu dice. Ellos ven el autobús que viene y saben que serán culpados por todo el asunto. Así que empiezan a correr tan rápido como les es posible. Mientras corren, miran hacia atrás y logran ver al conductor del autobús corriendo hacia Randy y los otros. Cuando Jeff y Liu llegaron a la escuela, no se atrevieron a contar lo que pasó. Todo lo que hacen es sentarse y escuchar. Liu pensó que su hermano sólo había golpeado a unos cuantos chicos, pero Jeff sabía que era algo más. Era algo aterrador, la sensación de ser poderoso, la necesidad de, lastimar a alguien. No le gustaba cómo sonaba, pero no pudo evitar sentirse feliz. Sentía que esa extraña sensación desaparecía, y se mantuvo alejada durante todo el día. Cuando llegó a casa sus padres le preguntaron cómo fue su día, a lo que Jeff respondió con una voz un tanto desanimada: "Fue un día maravilloso." A la mañana siguiente, oyó que llamaban a su puerta. Caminó hacia abajo para encontrar a dos policías en la puerta y a su madre mirándolo con una mirada de enojo. "Jeff, estos oficiales me dicen que atacaste a tres niños, que no fue una pelea normal, y que fueron apuñalados." La mirada de Jeff cayó al suelo, mostrando a su madre que era cierto. Jeff le contestó rápidamente a su madre: "Mamá, fueron ellos los que nos atacaron a mí, y a Liu". "Hijo" dijo uno de los policías, "encontramos a tres chicos, dos apuñalados y uno tiene un moretón en el estómago, tenemos varios testigos que los vieron huyendo de la escena. Ahora, ¿qué nos dice eso?". Jeff sabía que era inútil. Él podía decir que él y Liu habían sido atacados por ellos, pero no había pruebas de que no fueron ellos quienes atacaron primero. No podría decir que no estaban huyendo, porque a decir verdad si lo hacían. Así que Jeff no podía defenderse a sí mismo o Liu. "Hijo, llama a tu hermano." Jeff no podía hacerlo, ya que fue él quien golpeó a todos los niños. "Señor... fui yo." Dijo Jeff, "yo fui quien atacó a los niños, Liu trató de detenerme, pero no pudo." El policía miró a su compañero y ambos se sorprendieron. "Bueno, chico, parece que te espera un año en prisión...” "¡Esperen!" gritó Liu. Todos se sorprendieron al verlo con un cuchillo. Los oficiales sacaron sus armas y apuntaron a Liu. "Esperen por favor, no disparen, Jeff es inocente yo hice todo, perdí el control, me golpearon un poco esos punks y me enojé. Tengo las marcas para probarlo." Él levantó su camisa para revelar heridas y moretones, como si hubiera estado en una lucha. "Hijo, sólo tienes que dejar el cuchillo", dijo el oficial. Liu levantó el cuchillo y lo dejó caer al suelo. Él levantó las manos y se acercó a los oficiales. "No, Liu fui yo, ¡Yo Lo hice!" decía Jeff con lágrimas corriendo por su rostro. "¿Eh?, pobre hermano, tratando de tomar la culpa de lo que hice" dijo Liu. La policía llevó a Liu a la patrulla. "¡Liu, diles que fui yo, diles, yo fui quien golpeó a los niños!" La madre de Jeff puso las manos sobre sus hombros. "Jeff, por favor, no tienes que mentir, sabemos que fue Liu, puedes detenerte." Jeff observa con impotencia cómo la patrulla se lleva a Liu en su interior. Unos minutos más tarde, el padre de Jeff se detiene en el camino de entrada, ve la cara de Jeff y sabe que algo anda mal. "Hijo, hijo, ¿qué sucede?" Jeff no puede responder. Sus cuerdas vocales están tensas por el llanto. En cambio, la madre de Jeff lleva a su padre en el interior, para romper el hielo con la mala noticia, Jeff se queda afuera y llora en el camino de entrada. Después de una hora Jeff vuelve a entrar a la casa, sólo para ver que sus padres están tristes y decepcionados. Él no puede mirarlos. Él sólo va a dormir, tratando de que todo el asunto desaparezca de su mente. Pasaron varios días, sin noticias sobre Liu. No hay amigos para pasar el rato. Nada más que tristeza y culpabilidad. Por lo menos hasta el sábado, cuando Jeff se despertó y vio a su madre con una cara feliz. "Jeff, hoy es el día" dice mientras abre las cortinas y la luz alumbra el cuarto de Jeff. "¿Qué, qué día es hoy?" pregunta Jeff semidormido. "Hoy es el cumpleaños de Billy" le responde su madre, Jeff se despierta rápidamente y le contesta: "Mamá, debes estar bromeando, ¿verdad? “Cómo puedes esperar que valla a una fiesta después de...” Hay una larga pausa. "Jeff, ambos sabemos lo que pasó. Creo que esta fiesta podría ser lo que ilumine los últimos días. Ahora, vístete." La madre de Jeff sale de la habitación y baja para prepararse. Jeff lucha por levantarse, realmente no tiene ánimos de hacerlo. Elige al azar una camisa y un par de pantalones vaqueros y baja por las escaleras. Él ve a su madre y padre vestidos muy formalmente, su madre con un vestido y su padre en un traje. Piensa, ¿por qué usan ropa elegante para la fiesta de un niño? "¿Hijo, es eso lo que vas a usar?" "Mejor ve y busca otra cosa" dice la madre de Jeff, evitando esa sensación de gritarle y lo oculta con una sonrisa. "Jeff, a esta fiesta tienes que ir bien vestido, si quieres causar una buena impresión." dice su padre. Jeff empieza a gruñir y vuelve a subir a su habitación. "¡No tengo nada de ropa elegante!" grita por las escaleras. "Sólo tienes que elegir algo." dice su madre. Mira a su alrededor pero no encuentra nada "elegante". En su armario encuentra un par de pantalones de vestir negros que tenía para las ocasiones especiales. Jeff no puede encontrar una camisa que convine. Mira a su alrededor, y sólo encuentra camisas a rayas y estampados. Ninguno de ellos va con pantalones de vestir. Finalmente se encuentra con una sudadera con capucha blanca, tendida en una silla y se la pone. Él baja por las escaleras para decirles a sus padres que está listo. "¿Eso es lo que llevarás ?" le preguntan sus padres. Su madre mira su reloj. "Oooh, no hay tiempo para cambiarse, vámonos de una vez" y cruzan la calle hacia la casa de Billy y Bárbara. Tocan a la puerta y sale Bárbara junto a sus padres, quienes los invitan pasar, mientras caminan dentro de la casa pueden apreciar que sólo hay adultos, ningún niño. "Los chicos están en el patio, Jeff… ¿qué te parece si vas a conocer a algunos de los niños?" dice Bárbara. Jeff camina fuera de un patio lleno de niños. Están corriendo en trajes de vaqueros y se disparan los unos a los otros con pistolas de plástico. Jeff únicamente se queda de pie mirándolos jugar, De repente un chico se le acerca y le entrega una pistola de juguete y un sombrero. "Hey, ¿no quieres jugar?" , dice. "Ah, no creo, eso es para niños, estoy demasiado viejo para estas cosas." El chico lo mira con una cara de cachorrito raro. "Porfa" dice el niño. "Está bien", dice Jeff. Se pone el sombrero y empieza a fingir disparar a los niños. Al principio piensa que es totalmente ridículo, pero luego comienza a sentir que es realmente divertido. Puede que no sea algo súper genial, pero es la primera vez que él ha hecho algo que tiene fuera de su mente a Liu. Así que juega con los niños por un rato, hasta que escucha un ruido. Es un extraño ruido como de ruedas. Luego, algo lo golpea. Cuando reacciona, ve a Randy, Troy, y Keith, todos saltan la valla en sus patinetas. Jeff deja caer el arma de juguete y se quita el sombrero. Randy mira a Jeff con un ardiente odio. "Hola Jeff, tenemos algunos asuntos pendientes." dice Randy. Jeff ve su nariz magullada por culpa del golpe del objeto que le lanzaron. "Creo que estamos a mano, después de todo los vencí a todos ustedes… ¡son una mierda!" le respondió Jeff. Randy tiene una mirada de enojo en su rostro. "Oh, no, no hay manera de que me ganaras, de todas formas te pateare el culo ahora. Randy se lanza sobre Jeff. Los dos caen al suelo. Randy golpea a Jeff en la nariz, y Jeff lo agarra por las orejas y le da de cabezazos. Jeff empuja a Randy lejos de él y ambos se ponen de pie. Los niños gritaban y corrían hacia sus padres quienes aún estaban dentro de la casa. Troy y Keith sacan pistolas de sus bolsillos y gritan: Será mejor que nadie nos interrumpa. Randy saca un cuchillo y apuñala a Jeff en su hombro. Jeff grita y cae de rodillas. Randy empieza a darle patadas en la cara. Después de tres patadas Jeff le agarra el pie y lo tuerce, Randy cae al suelo. Jeff se levanta y camina hacia la puerta de atrás, sin embargo Troy lo agarra. "¿Necesitas ayuda?" Troy le dice a Randy. Toma a Jeff por el cuello y lo lanza hacia el patio, cuando Jeff trata de ponerse de pie, recibe una patada por parte de Randy, el repite esto en varias ocasiones hasta que Jeff empieza a toser sangre. "Vamos Jeff, pelea conmigo!" toma a Jeff y lo lanza a la cocina. Randy ve una botella de vodka en la mesa y rompe el cristal sobre la cabeza de Jeff. "¡Pelea!" grita Randy, mientras lanza de nuevo a Jeff en la sala de estar. "Vamos Jeff, ¡mírame!" Jeff levanta la vista, con el rostro lleno de sangre. "¡Yo fui el que consiguió que tu hermano fuera a prisión, y ahora sólo vas a sentarte aquí y dejar que se pudra allí durante un año entero! ¡Deberías avergonzarte!! Jeff empieza a levantarse. "Oh, ¡por fin! Parece que ya quieres pelear! Jeff está a sus pies, con la sangre y el vodka en su rostro. Una vez más tiene esa extraña sensación, la que no había sentido durante un tiempo. "Por fin, ¡vamos arriba!" Randy dice mientras corre hacia Jeff. En ese momento algo sucede dentro de Jeff. Su mente se destruye, todo pensamiento racional se ha ido, todo lo que puede hacer es matar. Él agarra a Randy y lo tira hacia el suelo, se pone encima de él y lo golpea directamente en el corazón. El golpe hace que el corazón de Randy se pare. Randy empieza a jadear mientras intenta tomar aire. Jeff toma un martillo que se encontraba cerca, y golpe tras golpe, acaba con Randy, la sangre brota de su cuerpo, hasta que toma un último aliento, y muere. Todo el mundo está mirando a Jeff ahora. Los padres, los niños llorando, incluso Troy y Keith. A pesar de que se rompen fácilmente con su mirada, ellos deciden apuntar sus armas hacia Jeff. Jeff al ver los cañones apuntando en él, corre hacia las escaleras. Mientras corre, Troy y Keith abren fuego… cada disparo perdido. Jeff sube corriendo las escaleras. Oye a Troy y a Keith mientras lo persiguen. Al parecer ya dejaron escapar sus últimas rondas de balas. Jeff se mete en el baño. Toma el estante de la toalla y lo arranca de la pared. Troy y Keith entran al baño armados con cuchillos. Troy intenta apuñalar a Jeff, éste lo esquiva y lo golpea fuertemente en cara con el estante. Troy se queda todo tieso y ahora el único que queda es Keith. Él es más ágil que Troy, sin embargo mientras esquivaba los golpes de Jeff, Keith dejó caer el cuchillo, agarró por el cuello a Jeff y lo empujó contra la pared. Lo cual hizo que, un recipiente con lejía que estaba en el estante superior, callera sobre ellos. Se quemaron los dos y ambos comenzaron a gritar. Jeff se secó los ojos lo mejor que pudo. Tomó nuevamente el estante de la toalla, y con él golpeó a Keith en la cabeza. Mientras yacía allí, desangrándose, se le escapó una sonrisa siniestra. ¿Qué es tan gracioso?" preguntó Jeff. Keith sacó un encendedor y lo encendió. "Lo que es gracioso", dijo "¿Es que tú estás cubierto con la lejía y alcohol." Keith tiró el encendedor sobre Jeff. Tan pronto como la llama entró en contacto con él, las llamas encendieron el alcohol en el vodka. Mientras que el alcohol le quemaba, la lejía le blanqueó la piel. Jeff dejó escapar un grito terrible. Trató de extender el fuego, pero no sirvió de nada, el alcohol había hecho un infierno en él. Corrió por el pasillo, y cayó por las escaleras. Todo el mundo empezó a gritar al ver a Jeff, ahora un hombre en llamas, tirado en el suelo, casi muerto. Lo último que vio Jeff era a su madre y a los otros padres de familia tratando de apagar las llamas. Fue entonces cuando perdió el conocimiento. Cuando Jeff se despertó tenía un yeso envuelto alrededor de su rostro. No podía ver nada, pero sintió otro yeso en su hombro, y puntos en todo el cuerpo. Trató de levantarse, pero se dio cuenta de que había un tubo en su brazo, y cuando intentó levantarse se cayó, una enfermera se apresuró a ayudarlo. "No creo que pueda salir de la cama todavía." dijo al ponerlo de nuevo en su cama y volver a insertar el tubo. Jeff se sentó allí, sin visión ni idea de lo que su entorno era. Finalmente, después de unas horas, escuchó a su madre. "Cariño, ¿estás bien?" le preguntó. Jeff no podía responder, su rostro estaba cubierto, y él era incapaz de hablar. "Cariño, tengo una gran noticia. Después de que todos los testigos le dijeron a la policía lo que pasó en la fiesta, ellos decidieron dejar ir a Liu." Esto hizo que Jeff casi saltará de la cama, deteniéndose a mitad de camino, recordando el tubo que sale de su brazo. "Él va a estar aquí para mañana y luego los dos serán capaces de estar juntos de nuevo." Su madre lo abrazó y le dijo adiós. El siguiente par de semanas fueron aquellos en los que Jeff fue visitado por su familia. Entonces llegó el día en que sus vendas iban a ser removidas. Su familia estaba allí para verlo, esperaron hasta que fuera removido el último vendaje de la cubierta en su cara. "Vamos a esperar lo mejor", dijo el médico. Rápidamente tiró de la última venda, dejando expuesto el rostro de Jeff. La madre de Jeff dio gritos al ver su rostro. Jeff notó los rostros atemorizados de Liu y su padre "¿Qué? ¿Qué pasó con mi cara?" dijo Jeff. Salió corriendo de la cama y corrió hacia el baño. Se miró en el espejo y vio la causa de la angustia. Su rostro. Es... es horrible. Sus labios se quemaron, ahora parecen una sombra profunda de color rojo. La piel en su rostro se convirtió en un color blanco puro, y su pelo chamuscado cambió de marrón a negro. Poco a poco, puso su mano sobre su rostro. Se sentía como una especie de cuero. Volvió a mirar a su familia y luego de nuevo se miró en el espejo. "Jeff" dijo Liu, "No está tan mal ...." "¿No es tan malo?" dijo Jeff, "¡Es perfecto!" Su familia quedó completamente sorprendida. Jeff comenzó a reír incontrolablemente, sus padres notaron que sus manos temblaban. "Uh... Jeff, ¿estás bien?" "¿Estar bien? ¡Nunca me he sentido más feliz! Ja, Ja, Ja, Ja, Jaaaaaa, mírenme, este rostro combina a la perfección conmigo!" No podía parar de reír. Él se acarició el rostro, mientras se miraba en el espejo. ¿Por qué se comportaba así? Bueno, ustedes recordarán que cuando Jeff peleó con Randy algo en su mente, su cordura, se rompió. Ahora se quedó como una máquina de matar demente, sin embargo, sus padres no lo sabían. "Doctor" dijo la madre de Jeff, "¿Está bien mi hijo... bueno, ya sabe, en la cabeza?" "Oh sí, este comportamiento es típico de los pacientes que han tenido grandes cantidades de calmantes para el dolor. Si su comportamiento no cambia en unas pocas semanas, tráiganlo de vuelta aquí, y vamos a hacerle un examen psicológico." "Oh, gracias doctor." La madre de Jeff se acercó a él y le dijo: "Jeff, cariño, es hora de irse." Jeff mira hacia otro lado del espejo, su cara todavía forma una sonrisa loca. "Ay mamá, ja, ja, jaaaaaaaaaaaa!" su madre lo llevó por el hombro y lo llevó a tomar su ropa. "Esto es lo que traía", dijo la señora de la recepción. La madre de Jeff miró hacia abajo sólo para ver los pantalones de vestir negro y la sudadera blanca que llevaba a su hijo. Ahora estaban limpias de sangre. La madre de Jeff lo llevó a su habitación y le hizo poner su ropa. Luego se fueron, sin saber que ese sería su último día de vida. Más tarde esa noche, la madre de Jeff se despertó con un sonido que provino del cuarto de baño. Sonaba como si alguien estuviera llorando. Poco a poco se acercó a ver lo que era. Cuando ésta se asomó en el baño vio un espectáculo horrendo. Jeff había tomado un cuchillo y se había tallado una sonrisa en las mejillas. "Jeff, ¿qué estás haciendo?" preguntó a su madre. Jeff miró a su madre. “No podía seguir sonriendo mamá. Me dolió después de un tiempo, ahora, puedo sonreír para siempre”. La madre de Jeff notó sus ojos, rodeados de negro. "¡Jeff tus ojos!" Sus ojos estaban aparentemente sin parpados, no se cerraban. "No podía ver mi rostro, me cansé y mis ojos comenzaron a cerrarse, me quemé los párpados, ahora siempre podré ver... mi nuevo rostro" La madre de Jeff comenzó lentamente a retroceder, al ver que su hijo se estaba volviendo loco. “¿Qué pasa mamá? ¿Acaso no soy hermoso?” "Sí, hijo" su madre dijo "Sí lo eres, déjame ir a buscar a papá, para que pueda ver tu bello rostro." Ella corrió a la habitación y sacudió al padre de Jeff. "Mi amor, saca el arma que....." Se detuvo cuando vio a Jeff en la puerta, con un cuchillo. "Mami, me mintió." Eso es lo último que dijo Jeff, antes de correr hacia ellos sólo para eviscerarlos. Su hermano Liu se despertó sobresaltado por un ruido. No oyó nada más, por lo que sólo cerró los ojos y trató de volver a dormir. Cuando estaba en la frontera del sueño, tuvo la extraña sensación de que alguien lo estaba observando. Miró hacia arriba, antes de poder decir algo, la mano de Jeff cubrió su boca. Poco a poco levantó el cuchillo listo para acabar con Liu. Liu lucho constantemente para no ser presa de Jeff, pero fue en vano. "Shhhhhhh", dijo Jeff: "Sólo tienes que ir a dormir. Bueno Amigos eso es Todo Espero que te Alla Gustado

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La Verdad Sobre el Diablo
ParanormalporAnónimo2/25/2014

¿Exactamente quién es el diablo? La Biblia lo identifica como “el dios de este mundo”. ¿De dónde vino? ¿Lo creó Dios en la forma que es? ¿Es un ángel caído? ¡Aquí están las respuestas desde la Palabra de Dios! El diablo ha sido un tema de gran interés por miles de años. Él ha sido pintado como un fantasma, un monstruo de las pesadillas o un espíritu escalofriante. También como un hombre guapo y “diabólico” con un traje rojo, con cuernos y un trinche en la mano. Él ha sido representado como un nebuloso “ejemplo de todo lo malo”. O la causa de todo lo malo que hacen las personas. Muchos conocen la famosa expresión “el diablo me hizo hacer eso”. Aunque todas estas ideas son comunes, ¡todas están equivocadas! Aun cuando todas son combinadas, ¡presentan una mala representación de este gran espíritu caído! Muchos cristianos profesos hablan largos y escandalosos mensajes acerca “de ese diablo viejo y malo”. Los grupos más emocionales llevan a cabo juntas en tiendas temporales, campañas, concentraciones y cruzadas donde les dicen a las personas, “vamos derribar a ese diablo esta noche”. Grandes números de personas se van de estas juntas convencidas de que llevaron a cabo este propósito. ¡Ellos están equivocados! No han logrado nada más que una sensación temporal de auto satisfacción. Desafortunadamente, el diablo también se va de esas juntas sintiéndose mucho más satisfecho con lo que ha presenciado — ¡y ha causado! Muy pocos saben la verdad acerca de quién o qué es el diablo. Este folleto le quitará el misterio, la confusión, ignorancia, el mito, la superstición y la idea equivocada que encierran la verdad acerca de su identidad y origen. Fascinación creciente con el Diablo Raramente uno voltea a su alrededor sin que oiga y observe referencias sobre el diablo o demonios. Pause por un momento y piense que tan frecuentemente ocurre esto. Encienda la televisión. Vaya al cine. Visite una biblioteca. ¿Con cuanta frecuencia se habla o se escribe acerca del tema del diablo, demonios, ángeles o del mundo espiritual en general? Series completas de televisión son dedicadas a estos temas, con muchos mas apareciendo todo el tiempo. Las películas se han enfocado en el diablo por muchos años. Pero ahora aparecen frecuentemente — ¡y son más raras, extrañas, macabras, escalofriantes y más aterradoras de lo que habían sido anteriormente! Considere el fenómeno “Harry Potter”. Algunos autores escriben casi exclusivamente acerca del mundo espiritual, frecuentemente mezclando un falso entendimiento de profecía en el argumento — y legiones de fanáticos adquieren todos sus libros. ¡El Satanismo y la brujería son practicadas más abiertamente ahora que lo que se hacia antes! Millones gastan grandes cantidades de dinero en llamadas a líneas de psicoanalistas, astrólogos, adivinos con bolas de cristal, brujos, magos y toda clase de médiums, para poder saber lo que les tiene el futuro. El diablo vende — ¡y las personas están comprando como nunca antes lo hicieron! Confusión innecesaria El apóstol Pablo escribió: “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (I Cor. 14:33). Hay una gran confusión alrededor de la identidad del diablo. ¡Pero usted no necesita estar confundido! La Biblia es el fundamento de todo el conocimiento. Usted nos escuchará decir, “¡Sople el polvo de su Biblia! Examínela cuidadosamente y vea la pura verdad que siempre ha estado en sus páginas. No crea algo solamente porque lo decimos, sino que en vez de eso, créalo si lo puede probar en su Biblia”. ¡La Biblia contiene las respuestas a todas las preguntas importantes de la vida! La pura verdad de su instrucción no es enseñada en las iglesias de este mundo. Desde la edad temprana en la “escuela de dominical”, la mayoría son enseñados a creer lo que asumen que está en la Palabra de Dios. Lo que dice del origen de Satanás el diablo le sorprenderá. Debemos permitirle a la Biblia que lo identifique por lo que él es. Pablo escribió: “EXAMINADLO todo; retened lo bueno” (I Tes. 5:21), y “…COMPROBéIS cuál sea la buena voluntad de Dios” (Rom. 12:2). Nosotros examinaremos los versículos que explican el origen de Satanás y quién es él. Para hacer esto, debemos dejar las ideas de los hombres y ¡solamente aceptar lo que puede ser probado en la Biblia! ¿De dónde vino Satanás? El diablo está vivo y es real. La Biblia lo llama, “el dios de este mundo” (II Cor. 4:4). Apocalipsis 12:9 declara que el “engaña al mundo entero”. Esto por seguro incluye la verdad acerca de su identidad. ¿Pero ha sido siempre el diablo? ¿Ha sido siempre el malo, asesino, mentiroso, destructivo príncipe de la oscuridad? ¿Fue el creado en esta forma? ¡No, no lo fue! Estas preguntas requieren explicaciones. Lo que usted va a estudiar lo ayudará a ver todo el panorama. La Biblia describe a Satanás en muchas escrituras. Este folleto primordialmente examina los versículos que explican el origen del diablo. (Nuestro más extenso folleto, Un mundo en cautividad, describe las muchas escrituras que enseñan cual es su papel, estrategias y artimañas. Lea este folleto complementario para que entienda la naturaleza completa de como trabaja el diablo). Dios originalmente creó tres arcángeles: Lucero (que se convirtió en Satanás), Miguel y Gabriel. Cada uno gobernaba a una tercera parte de cientos de millones de ángeles (Apo. 5:11). Lucero gobernó al mundo antes que Adán con su tercio. Él, junto con sus ángeles, se rebeló contra el gobierno de Dios. Hoy, él guía a estos ángeles caídos, o demonios, como el dios de este mundo. Génesis 1 Génesis 1:1 dice: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”. Esta escritura prepara la escena para nuestro estudio. El libro de Job describe el tiempo cuando Dios creó el mundo. Dios le hizo a Job una serie de preguntas: “¿Dónde estabas tu cuando Yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? …¿Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38:4-5, 7). Estas “estrellas” eran ángeles (Apo. 12:4) y son descritas como “hijos de Dios”. (Por supuesto, las estrellas literales no cantan). Note que dice “alababan todas” y “se regocijaban todos”. Todavía no habían demonios en el tiempo de la creación en Génesis 1:1. Esta escritura demuestra que la tierra fue creada en una condición bella y maravillosa. Había gran gozo y cantos. Ahora lea Génesis 1:2. Este versículo está mal interpretado y no refleja el significado del hebreo original. La versión Reina Valera de la Biblia dice: “Y la tierra estaba desordenada y vacía. Tres palabras claves hebreas están mal traducidas aquí, oscureciendo así, y escondiendo de hecho, el verdadero significado del versículo. La palabra traducida “estaba” es hayah. En Génesis 9:15 (de la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy - NBLH) esta palabra es traducida correctamente como “convertirán”, y en Génesis 19:26 como “se volvió”. Las palabras para “desordenada y vacía” son tohu y bohu. Al traducirlas correctamente, significan “caótico, en confusión, baldío y asolado”. En pocas palabras, una Tierra creada perfectamente (Gén. 1:1), “se volvió caótica y en confusión” (Gén 1:2). Tohu y bohu son traducidas de manera idéntica en Jeremías 4:23. Isaías 34:11, entre otros lugares, traduce esta frase como “destrucción y asolamiento”. Note Isaías 45:18, el cual clarifica de que manera Dios no creó la tierra: “Porque así dijo el Eterno, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano [tohu, que significa caótico o baldío], para que fuese habitada la creó”. Es claro que la tierra se volvió caótica después que Dios la creó — entre los eventos descritos en Génesis 1:1 y 1:2. Así, el versículo 2 describe la RE-creación de la tierra hace 6,000 años, y el versículo 1 describe la creación original del universo entero, la cual, de acuerdo con los científicos, ocurrió hace tantos como 17 mil millones de años. Salmos 104:30 declara que Dios “renueva la faz de la tierra”. Los siete días de la semana de la creación son cuando Dios renovó lo que se había convertido en una Tierra dañada, lastimada, inundada, en aquel entonces completamente cubierta con agua (Gén. 1:2). Pero Hechos 3:19-21 revela que solamente el Regreso de Cristo traerá la final “restitución [restauración] de todas las cosas”. Así que sabemos qué sucedió. Pero, ¿cómo sucedió? ¿Cómo fue que la superficie del planeta pasó de ser hermosa y perfecta en la creación, a ser caótica, en confusión, baldía y asolada? Puesto que Dios no es el autor de confusión (I Cor. 14:33), sabemos que Él no destruyó la tierra. Entonces, ¿quién o qué causó esto? Isaías 14 La Biblia revela muchos hechos importantes acerca de un tema si se leen todas las escrituras que pertenecen al tema. Con esto en mente, leamos acerca de Lucero después de que se hubiera convertido en Satanás. Isaías 14:12-15 cuenta una sobresaliente historia que contiene muchas pistas acerca de dónde estaba ubicado Lucero, qué hacía y qué le sucedió. Lea cuidadosamente, notando las frases claves que fueron enfatizadas: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol [el “sepulcro”], a los lados del abismo”. El ser llamado “Lucero” no podría ser un hombre. Las cosas que él hizo son imposibles de hacer para cualquier ser humano. Solamente el diablo podría “debilitar a todas las naciones”, y podría haber dicho que “ascendería al cielo”. Ciertamente ningún hombre tiene un trono que pudiera ser puesto junto a las “estrellas del cielo”. Dios vive en la parte norte de los cielos o a los “lados del norte”. Job arroja luz sobre el intento de Satanás por derrocar a Dios allí: “Él extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada” (Job 26:7). El “vacío” en el “norte” coincide con lo que los astrónomos han notado como una significativa y extraña falta de estrellas en esa región del espacio. Se hace evidente que Satanás atacó a Dios en esa dirección cuando buscó ascender desde su propio trono para tomar el trono de Dios en los “lados del norte”. ¡Esto es lo que la Biblia revela! Ezequiel 28 Ezequiel 28:12-17 hace un paralelo y refuerza a Isaías 14, y es igualmente importante de estudiar. Este relato describe a uno que algunos “eruditos” dicen era un “el rey de Tiro” humano. Una lectura cuidadosa muestra que eso es imposible — y ridículo. Este versículo habla de uno que era “el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura”, quien también había estado “en Edén, en el huerto de Dios”. Ningún humano ha sido perfecto alguna vez; y fue el diablo — la serpiente — quien engañó a Eva en el jardín. El versículo 13 declara: “en el día de tu creación”, y Satanás es un ser creado. El versículo 14 lo llama “querubín grande, protector”. (Éxodo 25:17-20 describe a los otros dos fieles “querubines que cubrían” el trono de Dios en el tabernáculo del Antiguo Testamento. Sus alas cubren el “propiciatorio”). Ningún rey terrenal encaja en esta descripción. La última parte de Ezequiel 28:14 dice que este “rey” estaba “en el santo monte de Dios” y “en medio de las piedras de fuego te paseabas”. ¡Esto describe el área alrededor del trono de Dios! El versículo 15 declara: “…se halló en ti maldad [anarquía]” y el versículo 16 se refiere a esto como “pecado”. El versículo 16 también describe a este querubín como habiendo sido “arrojado” del cielo. Dios también dijo que Él “destruiría” (del hebreo: expulsar) a Lucero del cielo. El versículo 17 revela que su corazón “se enalteció a causa de hermosura” y que su sabiduría fue “corrompida… a causa de su esplendor”. El versículo termina con Dios “arrojándolo por tierra”, donde los reyes de la tierra “lo miren”. Lucero era un ser brillante — un “ángel de luz”, como lo son “sus ministros” (II Cor. 11:13-15). La palabra Lucero quiere decir “portador de luz”. Este brillante y sabio, ser perfecto una vez trajo una gran luz a todos los que estaban a su alrededor. Pero se rebeló y pecó — y así convirtiéndose en el “príncipe de la oscuridad”. Su rebelión lo convirtió en un ser torcido y pervertido. Aunque con gran inteligencia, literalmente se ha convertido en un demente ángel caído ¡que ya no puede reconocer lo bueno de entre lo malo! La Bestia y el Falso Profeta Cierto entendimiento adicional acerca de algunas profecías importantes que no han ocurrido, son necesarias antes de continuar con lo que ocurrió con Satanás cuando el fue arrojado a la tierra. Dos individuos, conocidos como “la bestia y el falso profeta”, guiarán el último, gran sistema gubernamental religioso descrito en Apocalipsis 17 y 18, el cual Cristo destruye y reemplaza en Su regreso. Apocalipsis 16: 13-14 describe a demonios que tienen poder para “hacer milagros” por medio de este sistema. La bestia, como la encarnación de este sistema, será una gran figura dominante mundial. ¡Además, el falso profeta guiará al mundo a que adoren a la bestia como si fuera Dios! (Apo. 16:2; 19:20). Este engaño será tan prevaleciente (18:3) — tan completo — que ellos ciertamente engañarán a la humanidad para pelear contra Cristo en Su Segunda Venida (16:9, 13-16; 17:13-14). Ahora note en II Tesalonicenses 2:3-4 y 8. El versículo 3 se refiere a uno llamado “el hombre de pecado” y “el hijo de perdición; el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”. El falso profeta también profesa que él es Dios. Compare esto con Ezequiel 28:2 y la referencia al “príncipe de Tiro” — un hombre. Ezequiel escribió que este “príncipe” dice, “yo soy un Dios, en el trono de Dios estoy sentado”. II Tesalonicenses 2:8 describe a este “hombre de pecado” como “el inicuo” que “seria revelado” por lo que es cuando Cristo regrese y lo destruya junto con la bestia en el lago de fuego (Apo. 19:20). Isaías 14:4 se refiere al falso profeta como el “rey de Babilonia”. Este es el mismo hombre que es el “príncipe de Tiro”. Continuando en II Tesalonicenses 2, versículo 9 hace una sorprendente declaración acerca del falso profeta. Ahí dice que su “advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos”. El versículo 10 muestra que él puede engañar a todos los que no “aman la verdad”. El versículo 11 revela que Dios enviará un “poder engañoso” para todos los que voluntariamente creen sus mentiras. ¡Los líderes de este gran sistema falso estarán directamente poseídos por el diablo! Esto le dará al falso profeta tremendos poderes para engañar y hacer milagros. Satanás, quien siempre ha querido reemplazar a Dios, hablará por medio de este líder humano religioso y le declarará al mundo que él es, en realidad, DIOS. Esta advertencia de la Biblia es inequívoca. ¡Los milagros que hará engañarán a la mayoría de las personas! ¿Será usted engañado cuando estos eventos acurran? — como seguramente sucederán. (Lea nuestro folleto ¿Quién o qué es la Bestia de Apocalipsis? Para aprender acerca de este último líder mundial). Arrojado a la Tierra con todos sus ángeles Apocalipsis 12 habla de Satanás y sus demonios siendo “arrojados a esta tierra” (vs. 13). Verdaderamente, este capitulo es una inserción en el medio del libro de Apocalipsis. Esta es una breve sinopsis de la historia de la Iglesia del Nuevo Testamento. El versículo 3 describe a Satanás como un “dragón” que “arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra” (vs. 4). Recuerde que estas “estrellas” eran la tercera parte de todos los ángeles bajo Lucero antes de que se rebelara. II Pedro 2:4 ofrece otra clave acerca de este “arrojamiento” de Satanás y los ángeles que “arrastró” junto con él. Note: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron [Satanás no fue el único ángel que pecó], sino que los arrojó al infierno”. (La palabra griega aquí es tartaros y quiere decir, “prisión” o “lugar de restricción” — se refiere a la tierra misma). Estos ángeles han sido “reservados al juicio”, y “los entregó a prisiones de oscuridad”. Esto demuestra que muchos otros espíritus caídos son entregados por Dios a esta prisión oscura para unirse con el “príncipe de la oscuridad”. Apocalipsis 12:7-9 describe, en mas detalle, cuando Satanás y sus demonios son arrojados a la tierra por última vez sin mas acceso al cielo. Los versículos 12-14 enseñan que la respuesta del diablo es gran ira y enojo. ¡Este tiempo tan terrible está por venir para todo el mundo! El destino de Satanás ¿Pero qué ocurrirá con el diablo después del Regreso de Cristo? ¿Le permitirán andar libre por la tierra, continuando con “engaños” (Apo. 12:9) y “debilitando” (Isa. 14:12) a las naciones? ¿Se le permitirá permanecer siendo el “dios de este mundo” (II Cor. 4:4) para siempre? ¿Cuál es su destino final? Apocalipsis 20 describe a Cristo estableciendo el Milenio con 1,000 años de gobierno (vs. 4) y trayendo el “último capitulo” en la historia de Satanás. Los versículos 1 y 2 dicen que un gran ángel lo ató por “mil años” y “lo arrojó al abismo”, donde es “encerrado”. Este ángel entonces “puso un sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo”. Pablo mencionó el tiempo cuando Satanás es atado, cuando dijo: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Rom. 16:20). Esta es la gran promesa de Dios para todos los verdaderos cristianos y toda la humanidad, porque Satanás ha perseguido a los que fueron antes y engañado a los últimos por miles de años. El apóstol Judas dijo que Satanás y sus demonios serán arrojados del universo hacia un lugar donde la Biblia explica que no hay luz. El versículo 13 describe a estos seres miserables como “estrellas errantes, para los cuales está reservado eternamente la oscuridad de las tinieblas”. El “príncipe de la oscuridad” y sus ángeles obtendrán lo que se merecen — lo que se buscaron para ellos mismos. Aquel que era conocido una vez como el “portador de luz” escogió la oscuridad. ¡Dios le dará a una oscuridad completa por el resto del tiempo! Su gran potencial Hebreos 2:5 describe a la tierra bajo “dominio de ángeles” ahora, pero dice claramente que estos ángeles no continuarán rigiendo “el mundo venidero”. Versículos adicionales en este capitulo explican lo que ocurrirá después de que los ángeles caídos que gobiernan a este mundo sean reemplazados: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?… Le hiciste un poco menor que [en el margen dice: inferior a] los ángeles, le coronaste de gloria y de honra… todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, Él nada dejó que no sea sujeto a él. Pero todavía no vemos todas las cosas le sean sujetas” (vs. 6-8). Hablando de Cristo, los versículos 9 y10 continúan, “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía a aquel … habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. ¿Pudo usted entender — comprender — lo que fue dicho? Estos versículos contienen la promesa de un sorprendente potencial disponible para usted y para mí. Los cristianos son llamados para heredar “todas las cosas” y ser “coronados con gloria y con honra”, ofrecidas a ellos por el llamamiento de Dios y el sacrificio de Cristo — “el autor de la salvación de ellos”. No hay equivocación de lo que quiere decir “todas las cosas”. “Nada” (vs. 8) será excluido de esta herencia. (Lea nuestros folletos ¿Cuál es su recompensa en la próxima vida?, ¿Qué es el reino de Dios? y ¿Qué es la salvación? Para aprender más acerca del maravilloso potencial que le esperan a todos los verdaderos santos de Dios). En Mateo 4:9, Satanás le ofreció a Cristo a regir sobre “todas las cosas” si Él se hubiera “postrado para adorarlo”. A los cristianos se les promete regir sobre “todas las cosas” — ¡pero solamente bajo la condición de que adoren al verdadero Dios! El diablo es revelado Herbert W. Armstrong concluyó su folleto ¿Creó Dios al DIABLO? con: “Dios puso al gran querubín, Lucero, a que llevara a cabo Su gobierno sobre la tierra, pero él rehusó llevar a cabo la voluntad de Dios, las ordenes de Dios, el gobierno de Dios. Él quería sustituirlo con el suyo. Así que él se descalificó así mismo. “Adán tuvo la oportunidad de suplantarlo. Pero fracaso en el examen para ver si podría conquistar, y obedecer a Dios. En vez de eso, obedeció al diablo, y el hombre se convirtió en propiedad del diablo, y toda la raza humana ha estado vendida al diablo desde entonces. “Jesucristo vino 4,000 años después y Él entró en el gran examen — el examen de la tentación en el Monte. Él rehusó obedecer al diablo. Él citó a las escrituras correctamente. Él obedeció a Dios. “Finalmente, Él se volvió al diablo, y le dio a Satanás una orden. Él dijo: ‘Vete de Mi, Satanás’. ¡Y el diablo obedeció! “Desde ese momento, el sucesor de Satanás ha estado calificado para tomar el gobierno de la tierra. Pero Jesús fue al cielo por 1,900 años. Él pronto vendrá otra vez, y cuando lo haga, el diablo será desplazado . Cristo gobernará la tierra, las leyes de Dios serán restauradas. ¡Orden y paz al fin llegarán! “Así que Dios NO creó un diablo. Él creó a un querubín, Lucero — perfecto en sus caminos, pero con libre albedrío. ¡Lucero se transformó así mismo en un diablo por rebelión contra el Gobierno de Dios!

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Terror y Misterio 666
ParanormalporAnónimo2/25/2014

"Los Moradores del Polvo (IV) -¿Jesucristo?- lo miré incrédulo- ¿El Hijo de Dios? ¿El que los romanos culparon y crucificaron? -Eso dijo Noli- respondió Diego, desviando la mirada, como avergonzado- Pero yo no le creí mucho. Me pareció un loco. Aunque en el video tenía barba y una corona de espinas, como el Jesús que está en la iglesia de la plaza. Pero ahora…- señaló a su alrededor, hacia la ciudad en llamas y los muertos que caminaban por las calles alborotadas- Ahora no sé qué creer. -Sigue contando, Diego, por favor. ¿Por qué crees que se puso en contacto contigo? -Dijo que yo era uno de los elegidos, y que había muchos chicos como yo en el mundo. Dijo que él y sus amigos (aunque no dijo “amigos”, dijo otra palabra más rara, que yo nunca había escuchado) estaban alertando a los chicos elegidos para que pudieran sobrevivir. Y fue ahí que me habló de las escaleras para llegar al techo de la escuela. Dijo que el Apocalipsis sería de mañana, y por lo tanto me encontraría en horario de escuela. Hasta mostró, en el video, un plano de la escuela y todo. “Encuentra esas escaleras y sube a la azotea”, me dijo Jes… Noli. “Antes de que anochezca, bajaré del cielo y te llevaré a un lugar a salvo, donde los hombres podrán comenzar otra vez”. Me habló también sobre los muertos, cómo se comportarían y qué querrían. Yo al principio me asusté mucho, y estuve a punto de mostrarte el video, pero Noli me dijo que no lo hiciera. “Mataremos a tu hermano si lo haces”, me dijo. Y yo... yo guardé el secreto… fue muy difícil… -me dirigió una mirada empañada en lágrimas y yo no pude hacer otra cosa que sentir admiración por ese niño de cinco años, casi seis, que había guardado en su pequeño corazón una información delirante y horrorosa durante tanto tiempo-. ¿Crees que sea verdad? Es decir, ¿crees que de verdad Noli es… Jesús? Lo tomé de Ia mano, negando al mismo tiempo con la cabeza. -No creo que Jesús, si es que existe, amenace a un chico de cinco años de esa forma- le expliqué-. De hecho, estoy seguro que ese Noli es un demente total. -Pero entonces, ¿cómo lo supo? ¿Cómo supo que sucedería esto? Abrí la boca para contestarle, pero entonces una enorme explosión nos sobresaltó. Provenía de un edificio cercano, y aunque miramos hacia el lugar tratando de ver lo que ocurría, la explosión nos resultó un completo misterio. Hicimos una pausa, a Ia espera de escuchar más detonaciones, pero no sucedió nada. El chico al que había mandado a hacer guardia dijo que desde su posición se veían algunas llamas salir por las ventanas, aunque yo le ordené que siguiera en su lugar y nos informara luego. EI chico, dudando, asintió y volvió a alejarse, y yo aproveché para retomar la conversación con mi hermano. -Preguntas si Noli es Jesús, y yo te digo que no- le dije-. Creo saber quién es. O al menos, qué se propone. Quizás seas muy chico para entender, pero trataré de explicártelo. -Hazlo igual. Explícalo. -¿Recuerdas... recuerdas la vez que el Alcalde enloqueció? Luego de pensar un rato, mi hermano asintió. El antiguo Alcalde del pueblo era vecino nuestro, y un día salió a la calle completamente desnudo y trató de matar a patadas al perro de su sobrino, que vivía a dos cuadras. Lo llevaron unos paramédicos y luego vino la policía, y al revisar su casa se encontraron con un arsenal de armas y drogas en el sótano, además de docenas de videos caseros con chicas de once o doce años teniendo sexo con adultos. -Bueno, si lo recuerdas, el Alcalde parecía un tipo muy respetable, ¿no? Y sin embargo estaba loco. Tenía poder y estaba loco, y creo que eso mismo sucede con Noli, aunque por supuesto, en una escala mucho mayor. Sinceramente, creo que pertenece a un grupo de lunáticos con mucho, pero mucho poder, un poder inimaginable, suficiente como para extinguir a Ia raza humana de un plumazo. Y debe creerse de verdad que es Jesucristo. Probablemente se trate de un fanático religioso, o algo así. Aunque gracias a él, paradójicamente, estamos vivos. -No hables con palabras raras, no las entiendo. -Quiero decir que si NoIi no te hubiese dicho lo de Ias escaleras, probablemente los muertos nos hubiesen atrapado. -¿Y eso de de que va a bajar del cielo a buscarme? ¿Qué crees que sea eso? -Tengo mis ideas, pero será mejor verlo con nuestros propios ojos. También tenía otras ideas, cosas que no me cuajaban en relación a las advertencias de Noli, pero opté por no decirle nada. El chico al que había mandado a vigilar regresó a los trompicones, y de inmediato nos pusimos alertas. -Hay un problema- dijo, con una voz curiosamente aflautada. -¿Y ahora qué? -Los muertos… los zombis… -¿Qué pasa con ellos? -Están trepando por las tuberías. * * * Nos incorporamos con rapidez y fuimos al lugar a ver, asomándonos cautamente por el borde de la azotea. Tal cual había dicho el niño, había al menos cuatro muertos que ascendían lentamente por un caño de desagüe; todos eran adultos y gemían y jadeaban por el esfuerzo. Uno de ellos, el que iba el primero, alzó la cabeza y nos vio, y eso al parecer le dio nuevos bríos, porque lanzó un espantoso alarido y comenzó a trepar con mayor velocidad. Su camisa blanca estaba manchada de rojo en la espalda. Había un hueco allí, como si alguien le hubiese hundido los dientes para arrancarle un trozo de carne y piel. Instintivamente retrocedimos, y yo miré desesperado en derredor, buscando algo para repeler el ataque. Había notado que la cañería estaba sujeta en forma endeble a la pared, mediante unas abrazaderas, y si conseguía introducir una barreta o un palo en el medio, para hacer palanca… Estaba pensando en esto cuando se escuchó un crujido, seguido de algunos gritos de odio o frustración- Volvimos a acercarnos: la cañería había cedido por el propio peso de los muertos, que ahora se retorcían como serpientes sobre la vereda. Los otros muertos los observaban y habían dejado un espacio, y en un momento uno de ellos, una mujer con el vestido desgarrado, hizo algo que me dejó parpadeando de la sorpresa: se acercó al tipo de la camisa ensangrentada, y lo ayudó a levantarse. -¿Vieron… vieron eso? -¿Qué cosa?- preguntó el otro niño. -La mujer. Creo que ella… Mi hermano no me dejó terminar la frase. Su mano, sudada y al mismo tiempo fría, me apretó el antebrazo hasta hacerme doler. Observaba la muchedumbre de muertos allí abajo, y aunque seguí la dirección de su mirada, no pude distinguir el motivo de su conmoción. -Diego, ¿qué… -Noli dijo que esto también pasaría- murmuró sombríamente-. Los muertos… ellos vendrán por los suyos. -¿Vendrán a buscar a quién? ¿A quién, Diego? Mi hermano me miró. Era una mirada terriblemente vacía, no parecía la de un niño, sino la de un condenado a muerte. -A los suyos… Y nosotros… ella… Y señaló hacia la esquina que daba a la calle principal. Y yo de repente comprendí. Y, horrorizado, sacudí la cabeza, como negando lo inevitable. La idea era dolorosa y fatal al mismo tiempo, y durante un momento me negué a regresar la mirada hacia la calle. “La abuela no”, pensé aturdido. “Por favor, Dios, la abuela no. No podría resistirlo. Ella… que no sea ella. Por favor”. Pero por supuesto que miré. Y entonces, prácticamente sin fuerzas, caí de rodillas y comencé a gritar. * * * La tarde transcurrió con torturante lentitud. Refugiados del Sol bajo la sombra del gran tanque de agua, escuchábamos a los muertos de la escuela, a los muertos de la calle, y se seguían oyendo disparos, aunque con una frecuencia menor con el correr de Ias horas. La mordida en mi pierna era un dolor punzante y secretamente enloquecedor, que iba y venía en oleadas que me hacían rechinar los dientes. Sabía que se estaba infectando; si no recibía tratamiento médico en las próximas horas, mi cuerpo levantaría fiebre y todo iría en caída libre. Pero la idea no me inquietaba, al menos, no aún. Y yo no podía dejar de pensar en nuestra abuela. En su cuerpo bamboleante, cubierto con ese vestido de entrecasa que ya estaba desvaído de tanto uso, pero que ella se negaba rotundamente a dejar de utilizar. Nuestra abuela se abría paso entre los muertos y buscaba algo con la mirada, y cualquier desprevenido, en cualquier otra circunstancia, hubiese pensado que se trataba de una anciana que venía a recoger a sus nietos a la salida del colegio, de no haber sido por la sangre en su cuello, y la mejilla desgarrada que le ponía al descubierto gran parte de sus dientes postizos. Caminó a los tumbos hasta la entrada del edificio de la escuela, y luego, simplemente, se detuvo. Y miró hacia arriba. Hacia la azotea de la escuela. Fue como si nos hubiese olfateado. No sé quién gritó primero, si mi hermano o yo, pero lo cierto es que el cuerpo obeso de la abuela comenzó a saltar, al tiempo que extendía sus manos en forma de garra, como si quisiera llegar hasta nosotros… Su boca se entreabría y babeaba, babeaba como un crío, o como un retrasado mental… En eso, pensé entonces con terrible dolor, se había transformado nuestra abuela. La mujer que nos cocinaba y nos ponía el desayuno en la mochila antes de partir al colegio. La mujer que amasaba sus pastas los domingos, y que arrullaba a mi hermano cuando tenía sus pesadillas y no podía dormir. Su canto dulce, envolviéndonos en la calidez de la noche de verano, mientras el abuelo preparaba la mermelada casera que saborearíamos al día siguiente… Había sido demasiado. En ese momento quise morir. Creo que entré en un estado de histeria, porque cuando volví en mí, las sombras se habían alargado, y mi hermano hablaba con el otro chico en susurros, volteando de vez en cuando parar mirarme y señalando en derredor. -Estoy bien- traté de calmarlos-. Estoy mejor. Me incorporé para demostrarles que eso era cierto, aunque al principio me tambaleé un poco y estuve a punto de caer. La mordida. La maldita mordida. Sin dudas estaba poniéndose peor. Miré el reloj de mi muñeca: eran las dos y media de la tarde. Siguiendo mi sugerencia, bebimos todos del agua acumulada en el canalón; no quedaba mucha, aunque pensé que, debidamente racionada, podía durar un par de días. Miré indeciso el borde de la azotea; la abuela debía estar allí abajo, con la cara alzada en un gesto de odio y desesperación; pensé que no debía torturarme a mí mismo observándola, porque nada ganaría con ello. En cambio me acerqué, renqueando, al acceso que conducía al cuarto de debajo de la escuela: de inmediato retrocedí haciendo muecas de asco, porque el hedor que manaba de allí era insoportable. Los muertos se apretujaban en el cuartito y apenas podían moverse; creo que fue por eso que no trataron de trepar como los muertos de la calle. “Una a nuestro favor”, recuerdo que pensé. No sucedió nada de relevancia en las siguientes horas. Noté que mi hermano, con la llegada del atardecer, se ponía cada vez más nervioso y en un par de ocasiones lo pesqué mirando hacia el horizonte, como esperando que la misteriosa luz de Noli descendiera del cielo. El otro chico, mientras tanto, caminaba incesantemente a nuestro alrededor, recorriendo el perímetro de la azotea y parándose de vez en cuando para mirar hacia abajo; creo que se había tomado su rol de guardián muy en serio y comencé a sentir algo de pena por él. A eso de las cinco lo llamé y le dije que descansara un poco, pero él no hizo caso. Su mirada era vidriosa y por primera vez dudé de su cordura, o al menos de su salud mental. Volví a llamarlo, y él negó rotundamente con la cabeza, al tiempo que movía los labios con rapidez, como si estuviera increpándome por algo. Pero al rato me di cuenta del error: no estaba hablando con nadie, sólo con sí mismo. Estaba rezando. Comenzó a oscurecer. La luz comenzó a declinar y se tornó lechosa, casi opaca. Y con la disminución de la luz vino la horrible idea de pasar la noche en la azotea, rodeado por miles de cadáveres andantes, y me sentí más asustado que nunca. Noté que mi hermano y el otro chico sentían lo mismo, porque se acercaron a mí y me abrazaron. Yo les devolví el abrazo y comencé a temblar. Un poco por el miedo, otro poco por el dolor. Tal cual había temido, la herida había empeorado, y ahora comenzaba a sentir los primeros síntomas de una infección. Pasaron treinta o cuarenta minutos, y la ciudad se oscureció por completo, a excepción por el resplandor de los incendios esporádicos y las amarillentas luces de los edificios que contaban con generadores propios. La temperatura en la azotea descendió unos cinco o seis grados, y comenzamos a sentir frío por primera vez. Para ese entonces mis dientes castañeaban inconteniblemente y creía ver cosas en mi campo visual; la fiebre finalmente se había apoderado de mí. Vi a mis abuelos, sentados en sus mecedoras y hablándome de cosas que no comprendía; vi a Lidia, la profesora de matemáticas, con las tripas colgando como embutidos en una tienda de comestibles; también vi a Valeria, la chica que me había besado durante el juego de la botella, acercando sus labios sangrientos y besándome con un horrible sonido de succión. Sabía que no podría resistir mucho tiempo. Mi hermano me miraba preocupado y yo quise decirle que no tuviera miedo, que todo saldría bien, pero sencillamente no pude emitir palabra, tal vez porque sabía que se trataba de una gran y estúpida mentira. Probablemente moriría en las próximas horas, pero eso no era lo peor, lo peor vendría después, cuando mi cuerpo y mi consciencia despertaran de la oscuridad, y sintiera de inmediato el feroz e irreprimible deseo de matar y comer a mi hermano… -Diego… Antes de que eso sucediera, debía arrojarme al vacío. -Diego… Debía actuar pronto, o de lo contrario ya no tendría las fuerzas necesarias para hacerlo. Aunque algo andaba mal. No podía darme cuenta de qué, pero algo indudablemente estaba mal. -Diego… Y de repente me di cuenta. ¿Quién estaba pronunciando el nombre de mi hermano? Al principio había creído que era yo mismo, hablando inconsciente entre mis delirios, pero luego no estuve tan seguro. Miré a mi hermano; él no observaba en mi dirección, sino hacia la puerta que daba al cuarto de abajo, en el interior de la escuela. Sus ojos estaban desorbitados y los labios habían comenzado a temblarle. -Dieeegooo… Era una voz de mujer. Me incorporé con toda la rapidez posible, y de inmediato el mundo alrededor comenzó a darme vueltas. -De eso Noli no me dijo nada- dijo Diego, levantándose con lentitud-. No me dijo que los muertos… -Ven aquí, Diego… -Creo que es mi maestra- murmuró-. La señorita Nora. Ella… -Baja de inmediato, Diego… -Bajen- dijo otra voz, que parecía hablar con gran esfuerzo, como si tuviera algo entre los dientes-. Bajen… -Bajen…- dijeron más voces en la oscuridad, y nosotros volvimos a abrazarnos, mientras mi hermano sollozaba y se tapaba los oídos, como si ya no quisiera escuchar -. Bajen… -Vengan con nosotros… -Bajen… -O iremos a buscarlos… La noche recién empezaba. (Continuará...) Estábamos ingresando a la biblioteca cuando mi hermano volvió a retenerme por la manga de mi camisa. -Por ahí no- dijo, y señaló el cuarto del lado opuesto-. Es ahí. No le pregunté nada; no había tiempo para hacerlo. Los muertos estaban trepando por la barricada y muy pronto los tendríamos sobre nosotros. Me arrojé sobre la puerta que había indicado mi hermano e ingresamos al lugar. Era un sitio muy pequeño, un cuarto trastero más que otra cosa, abarrotado de infinidad de chucherías y cosas sin valor. Detrás de una estantería metálica, repleta de trofeos deportivos y manualidades de cerámica, vi una escalera que conducía a una puerta rectangular en el techo, cruzada por una falleba de hierro. Miré a mi hermano, interrogante. -¿Por aquí... -Noli me mostró este lugar. Dijo que podemos subir a la terraza- explicó. No tenía idea quién era Noli, pero supuse que debía tratarse de uno de sus compañeritos, tal vez un chico lo suficientemente intrépido como para explorar las penumbras del segundo piso. Rápidamente, sin pensarlo un segundo, subí las escaleras y retiré la traba: la puerta rectangular se abrió de un solo tirón, y la luz del día penetró a raudales en el sitio. Torné la mano de mi hermano y lo ayudé a subir; y luego hice lo mismo con los otros dos chicos que permanecían con nosotros. Estaba subiendo los últimos peldaños cuando sentí un dolor sorpresivo y agudísimo en la pierna, que me hizo gritar. A punto estuve de resbalarme y caer, y probablemente hubiese caído de no haber sido por los otros chicos, que me sostuvieron y me ayudaron a subir. Maldiciendo por el dolor, me di vuelta y miré hacia abajo: había alguien allí, en el cuarto que acabábamos de abandonar, gruñendo y tirando manotazos. Al principio no lo pude reconocer, pero luego observé su espalda y solté un gemido de consternación; tenía una mochila de Disney colgando de los hombros. Sólo que ahora la mochila estaba desgarrada y la cara de aquel chico había desaparecido; la había reemplazado una máscara de sangre y huesos. Sujeté la escalera y comencé a subirla. El niño de la mochila, que probablemente había quedado ciego, escuchó el ruido trató de aferrarse a los escalones de metal, pero perdió el equilibrio y cayó hacia atrás. Con ayuda de mi hermano y los otros dos chicos, terminamos de subir la escalerilla y la arrojamos sobre la terraza. Y entonces me dejé caer en el piso. -¿Estás bien?- me preguntaron los chicos. Pero no, no estaba bien. El mundo me daba vueltas y sentía ganas de vomitar. Con esfuerzo abrí los ojos y lo primero que vi fue la carita de mi hermano, fruncida en un gesto de preocupación. Entonces supe que no podía permitirme un momento de debilidad, aquellos chicos me necesitaban. Me incorporé como pude y luego me examiné la herida. El niño de la mochila de Disney me había mordido en los tobillos, en la parte expuesta entre el zapato y la pernera del pantalón. Era una herida muy fea y profunda, y supe que tendría que hacer un torniquete para no seguir perdiendo sangre. Me saqué una media y la enrollé con fuerza alrededor de la pantorrilla, y luego me acerqué renqueando a un charco de agua acumulado en un canalón y limpié un poco la herida. La operatoria no debió haberme llevado más de dos minutos, y en ese lapso de tiempo comenzamos a escuchar golpeteos en el cuarto de abajo. Eran los muertos. No podrían subir porque habíamos quitado la escalera, pero si en realidad eran tan inteligentes como yo sospechaba, tarde o temprano descubrirían la forma de hacerlo. Me agaché y bebí un poco de agua del canalón. Estaba turbia pero parecía buena. La lengua en mi boca se había transformado en algo seco y rasposo. La herida en mi pantorrilla ardía en un fuego que subía por toda la pierna, aunque intuía que aquello no había hecho más que comenzar. -Te vas a convertir en uno- me dijo de repente uno de los chicos, observando mi tobillo. Hice un esfuerzo y levanté la mirada. -¿Qué cosa? -En un zombi. Es lo que pasa en las películas. Cuando te muerden, te contagian el virus. -Puede ser- dije, y de inmediato miré a mi hermano, que volvía a mostrar su rostro triste y preocupado-. Pero no fue eso lo que le pasó a la profesora Lidia. -¿La maestra de matemáticas? Asentí. -Ella simplemente… se desplomó- expliqué. Sentía que el mundo me daba vueltas, pero de alguna manera hablar me hacía sentir un poco más fuerte-Fue al ver a los primeros muertos en la calle. Creo que quedó muy impresionada y debió tener un paro cardíaco, o algo así. Pero luego, sin que ningún muerto la mordiera, revivió y mató a la directora Barrios. -¿De verdad?- dijo el chico, impresionado-. Tal vez no estaba muerta, entonces. -Si no lo estaba, ¿por qué entonces mordió a la directora? El chico se encogió de hombros, como si el tema ya no le interesara. Pasaron algunos minutos. Abajo, en el cuarto trastero, los muertos aullaban y golpeteaban las paredes y rompían cosas. Pensé que me volvería loco si debía escucharlos durante mucho más tiempo, aunque aparentemente no teníamos alternativa. La terraza de la escuela era amplia y había muchos sitios donde esconderse, pero estaba aislada del resto de los edificios. Lo único que quedaba era esperar. Cuando creí reunir las suficientes fuerzas, me acerqué renqueando a la abertura de la puerta cuadrangular y, cuidadosamente, miré a través de ella. Allí abajo, en el estrecho recinto, debía haber cincuenta o más muertos, todos ellos apretujándose y golpeándose entre sí. Algunos de ellos me vieron y entonces alzaron las cabezas y comenzaron a rugir, pero fueron la minoría. Me alejé del lugar y me acerqué al extremo norte de la terraza, para mirar hacia la calle. Me detuve cerca del borde y por un momento pensé que caería. Vi una sombra detrás de mí y luego escuché la voz de mi hermano que decía: -Están por todos lados. Un rápido vistazo alrededor me hizo estar de acuerdo con él. Había muertos por doquier. Pululaban en las calles y en los espacios abiertos, caminando o corriendo hacia algún lugar. Las esquinas estaban bloqueadas por los coches, y había por lo menos cinco o seis focos de incendio en unos diez kilómetros a la redonda. Se escuchaban disparos e incluso explosiones. Vi a una mujer, en un edificio cercano, refugiándose en el balcón de un décimo piso; sus cabellos y su vestido blanco ondeaban frenéticamente en el viento. Al cabo de un rato, la puerta balcón se rompió y emergieron de allí unas manos que trataron de aferrarla, pero la mujer retrocedió y subió a horcajadas sobre la barandilla. Y luego, simplemente, se arrojó al vacío. La caída debió durar unos dos o tres segundos, pero en mi mente fue mucho más, de hecho en las noches más oscuras aún puedo seguir contemplando la trayectoria vertical de su cuerpo, que golpeaba contra los otros balcones y se iba descalabrando en el camino. Cuando finalmente cayó hizo un horrible ruido, algo así como un “plaf” húmedo y carnoso, y sus piernas quedaron en una posición de gimnasta, con los talones apoyados en la espalda. Al cabo de unos minutos, aquellas piernas imposiblemente dobladas comenzaron a moverse, y la mujer alzó la cabeza y empezó a arrastrarse por la vereda, dejando un rastro de sangre tras de sí. Puse una mano sobre el hombro de Diego. -Vamos- le dije-. No es bueno ver esto- y luego agregué algo que, en consideración de las circunstancias, sonó verdaderamente estúpido:-Tendrás pesadillas. -Noli dijo que pasaría todo esto- dijo mi hermano. Tenía los ojos vidriosos, como si fuesen dos horribles y hundidas canicas. -¿Ah, sí? ¿Y quién es Noli? -Mi amigo. Fue por eso que me mostró la escalera del segundo piso: dijo que la necesitaríamos más adelante. Lo miré con mayor interés. No sabía si creerle o no, aunque sabía que mi hermano no era muy propenso a las mentiras. -¿Y qué más te dijo Noli? Mi hermano se rascó la cabeza y luego miró hacia el cielo. -Me explicó cómo sería todo. Y no se equivocó. Dijo que nuestros abuelos morirían, pero luego regresarían de la muerte. Y lo mismo con toda la gente del mundo- bajó la vista y observó mi herida-. ¿Te duele? -Un poco- mentí. En realidad me sentía al borde del desmayo, pero el asunto de Noli me interesaba mucho más y me obligaba a ignorar el dolor-. Escucha, quisiera que me cuentes sobre ese tal Noli. -No debes preocuparte por lo que dijo el otro chico. No te contagiarás por la mordedura de un muerto. -¿No? ¿Eso también te lo dijo... -Noli, sí, me lo dijo él. Dijo que solamente las personas muertas entrarían en ese… ese… Buscó la palabra en su mente, y yo lo ayudé a encontrarla: -¿Estado? -Tal vez- dijo, encogiéndose de hombros-. Y también dijo que ellos nos odian. -¿Los muertos? Asintió y luego una lágrima, única y brillante bajo la luz del Sol, corrió por sus mejillas. -Nos odian a nosotros, porque estamos vivos. Y quieren que seamos... como ellos. Nos odian, ¿entiendes? No pararán hasta matarnos a todos… Lo abracé. Su cuerpo pequeño temblaba y parecía muy frío. Él lloró durante unos minutos, y yo también lloré, empapando sus hombros y el cuello de su uniforme. La tensión y el miedo de aquel día quedaron expuestos con nuestro llanto de hermanos, aunque no era un llanto liberador o de alivio: sabíamos que la pesadilla recién comenzaba. Le besé la frente y le juré que haría lo posible para que no le sucediera nada malo; que tomaría el rol de nuestros abuelos y lo protegería. Él limpió sus lágrimas y asintió, tal vez intuyendo que mi promesa era sincera, pero que podía caer en un abismo sin red en cualquier momento. Pensé en preguntarle más sobre el tal Noli, pero luego concluí que no era el momento adecuado para hacerlo. Y entonces un ruido de bocinazos nos sobresaltó. Regresamos al borde de la terraza y miramos. Una camioneta de doble tracción se abría paso por las calles, a un paso casi de hombre, seguida por unos veinte o treinta muertos, que trataban de romper los vidrios e ingresar. De inmediato uno de los chicos que permanecía con nosotros, el que me había augurado un destino de zombi, comenzó a saltar y a gritar: -¡Es mi papá! ¡Viene a rescatarme! ¡Sabía que vendría por mí! Comenzó a hacer señas y aspavientos con sus manos; por sus mejillas resbalaban lágrimas de alivio y alegría. La camioneta se detuvo y lanzó un renovado concierto de bocinazos. Los muertos rodeaban el vehículo y yo no podía imaginarme cómo el padre de chico se las arreglaría para llegar hasta nosotros y rescatarnos. Estaba pensando en eso cuando uno de los muertos, un gordo de pijamas destrozados, recogió una piedra y la arrojó sobre el parabrisas, astillándolo. De inmediato la camioneta trató de retroceder, pero quedó atascada entre dos coches en la calle. Hubo más piedrazos y finalmente los vidrios de los laterales cedieron. El chico a nuestro lado gritó, mientras los muertos se metían en la cabina de la camioneta y los vidrios del parabrisas quedaban salpicados en sangre. -¡Papá!- gritó el chico, e hizo ademán de saltar a la calle. Yo me arrojé sobre él y lo sujeté de la camisa, pero no fui lo suficientemente rápido: el chico perdió el equilibrio y cayó de espaldas sobre la vereda. Aún estaba vivo cuando los muertos corrieron hacia él; en cuestión de segundos lo destrozaron. Los bocinazos de la camioneta se interrumpieron segundos después, y ya no volvimos a escuchar más nada, excepto el griterío excitado de los muertos en el cuarto trastero. Yo me senté sobre una tubería que zigzagueaba sobre el techo, y me llevé ambas manos a la cara. -No llores- dijo mi hermano, acercándose y sentándose a mi lado. -No estoy llorando. Al menos, no por ese chico. Ni siquiera sabía su nombre, ¿entiendes?- le dije. Comprendí, quizás tardíamente, que mis palabras eran duras y terribles, pero mi hermano pareció aceptarlas con naturalidad. Había algo en todos nosotros que lentamente se iba apagando, cerrándose al horror, como cuando veías esas películas con mucha sangre y muerte y al final te daba lo mismo si el protagonista moría o no. Aparté las manos de mi cara y lo miré-. Quiero que me digas algo, hermanito. Quiero que me hables de Noli. Es importante que lo hagas. ¿Dónde lo conociste? ¿Por qué sabía tantas cosas sobre el futuro? Y sobre todo: ¿dónde está ahora? Mi hermano miró indeciso al otro chico, el que quedaba además de nosotros. Sin dudas quería hablar, pero no delante de un extraño. Así que alejé al otro muchacho con un pretexto cualquiera (le dije que fuera a mirar sí venía algún otro vehículo), y recién entonces mi hermano se relajó un poco. -No quiero que otros escuchen. -Lo sé- dije, algo impaciente. Sabía que no contábamos con mucho tiempo-. Ahora dime todo lo que sepas de ese Noli, y si de alguna forma nos puede ayudar. ¿Quién diablos es? -Noli...- dijo mi hermano, de repente pensativo-. Lo conocí en Internet, hace dos meses. Me envió un video por Facebook. Él sabía lo que iba a pasar porque, bueno, fue él quien empezó todo. -¿Noli? -Sí. Dijo que nos preparásemos, porque el Apocalipsis ya estaba listo… y que él iba a empezarlo en cualquier momento. -¿Te dijo quién era? -No, pero sí me habló de su nombre- su voz ahora era un susurro, y tuve que inclinarme hacia él para escuchar sus palabras-. Dijo que podía llamarlo Noli, aunque en realidad tenía cientos de nombres más. Aunque la mayoría de la gente lo conocía por uno solo, pero al principio no le creí. -¿Por qué? -Porque ese nombre... - mi hermano me miró, como disculpándose de antemano por alguna tontería que diría a continuación-. Ese nombre era el de Jesucristo… (Continuará...) Terror y Misterio 666 -¿Estás bien?- pregunté a mi hermano al llegar al segundo piso. Mi hermano asintió con la cabeza. Tenía cinco años, pero noté que la vieja costumbre de chuparse el dedo acababa de regresar. Se llamaba Diego y decía no tener ningún recuerdo de nuestros desafortunados padres. Lo abracé y le pregunté si estaba bien, y él como toda respuesta siguió chupándose el dedo. “Estaremos bien”, le dije, esperando que mi tonta frase contuviese algún atisbo de verdad. Abajo, en planta baja, los gritos eran estridentes y había ruidos de sillas y muebles que se rompían. Escuchamos unos pasos que subían por las escaleras, y de inmediato nos aprestamos a correr, pero eran unos chicos de tercero o cuarto, todos ellos con sus guardapolvos ensangrentados. Uno de ellos tropezó y yo lo ayudé a levantarse. -Vienen hacia aquí- dijo, mirándome con ojos desorbitados. Su pelo largo y rubio le caía hasta los hombros, y tenía una mancha de sangre en sus mejillas-. Debemos cerrar la puerta, antes de que sea demasiado tarde. Supe que se refería a la puerta enrejada de las escaleras. La dirección había ordenado colocarla el año anterior, para evitar que los alumnos más pequeños bajasen y tuviesen algún accidente con los escalones. Ahora el segundo piso, debido a un interminable plan de refacciones, estaba en desuso y había polvo y escombros por doquier. Le señalé el ojal de hierro de la puerta, que estaba vacío. -No hay candado. Si cerramos la puerta, pero no la aseguramos con el candado, los muertos ingresarán igual. El chico rubio me miró con expresión escéptica. -¿Cómo sabes que están muertos? -Lo sé- me encogí de hombros-. No hay que ser un genio para saberlo. -¿Dices acaso que son muertos vivos? ¿Zombis? -No sé qué diablos son- reconocí-. Vi que un tipo con una bata de hospital atacaba a una mujer. Y luego la mujer comenzó a atacar a los que pasaban. Y la profesora Lidia… En ese momento un estruendo de vidrios rotos ahogó mis palabras. Nos removimos inquietos y el chico rubio me dirigió una mirada aterrada. -¿Qué hacemos? Dudé un instante, y luego miré a los chicos que me rodeaban. Yo era el mayor, y los demás, incluido mi hermano, me observaban anhelantes, como esperando que asumiera el rol de líder. Yo no era líder, nunca en mi vida lo había sido, pero supe que no había otra opción. Rápidamente señalé hacia los salones abandonados, tratando con desesperación de no defraudar la voluntad del grupo. -Ayúdenme a traer los bancos. Cerraremos la puerta y haremos una barricada. Eso quizás los detenga durante un tiempo. Nadie me cuestionó la orden. De inmediato nos pusimos manos a la obra. Mientras, escuchábamos los gemidos y los gritos de los alumnos que habían quedado en planta baja, y eso nos alentaba a trabajar más rápido. Por las escaleras aparecieron dos chicos más, de la edad de mi hermano, que apenas podían hablar y lloraban clamando por sus padres. Uno de ellos aún conservaba su mochila, estampada en dibujos de Disney. En total éramos siete alumnos, aunque sólo cuatro de nosotros podíamos trabajar, porque los demás eran muy pequeños y estaban demasiado asustados. Estábamos colocando el primer banco tras la puerta enrejada cuando el primer muerto apareció, arrastrándose por las escaleras. Era un torso sin piernas, con la cabeza destrozada, pero no obstante pude distinguir en sus lastimosos restos al chico de la bicicleta que había sido arrollado por un camión. Lo que quedaba de ese pobre muchacho era un manojo de huesos con carne colgante; aun así, se las arreglaba para avanzar, trepando escalón por escalón. Había perdido la mitad de su cara, y un único ojo, sangriento y sin párpados, nos miraba con una fijeza y lucidez aterradoras. Era la primera vez que veía uno de ellos tan cerca, y me di cuenta de inmediato que poseían un resto de inteligencia, que ni siquiera la muerte había conseguido apagar. Creo que eso fue lo más horrible de todo: el hecho de intuir que, detrás de ese cuerpo patético y deshecho, había rastros de una dolorosa consciencia humana.Y si había consciencia, también existía lo demás: dolor, sufrimiento, pena... y también enojo. Sobre todo enojo. -Ahí vienen- dijo el “Rubio”, echando una mirada escaleras abajo. Y al ver al chico que se arrastraba, su rostro se transfiguró-. Oh, mierda, qué carajo es eso. -No perdamos tiempo mirando- grité-. Debemos seguir con el trabajo. Vamos, todavía tenemos tiempo… Continuamos armando la improvisada trinchera. Íbamos y veníamos trayendo bancos y pupitres, que sacábamos del aula más cercana. Nuestra actividad era frenética y parecíamos hormigas yendo y viniendo por un camino invisible. Cuando el chico de la bicicleta finalmente logró llegar al final de las escaleras, unos diez o quince minutos después, lo esperaba una respetable barricada formada por bancos, sillas y hasta pizarras, de unos dos metros de alto. Nosotros jadeábamos en busca de aire, y de repente, al ver al chico, dejamos de movernos; había algo de fascinante en sus movimientos lentos y trabajosos, que podíamos ver a través de las patas enmarañadas de los pupitres. Estiró el brazo, el único que le quedaba, y se aferró a uno de los barrotes de las escaleras. Y luego comenzó a trepar. Trataba de llegar al picaporte, lo que confirmaba mi sospecha de que había inteligencia y astucia en ese cadáver destrozado. En un momento sus manos resbalaron y su cuerpo cayó sobre las rejas y un trozo de su cerebro se le desprendió, casi como si fuese mantequilla derretida. Sentí que mi hermano me sujetaba de una mano, y el chico de la mochila de Disney de otra. Les dije algo, tal vez una estupidez como que no tuviesen miedo, aunque es más probable que sólo me hubiese salido un graznido ininteligible. El niño muerto, mientras tanto, había vuelto a la carga. Comenzó a trepar otra vez, y cuando estaba llegando a mitad de camino sus manos ensangrentadas volvieron a resbalar. Lo hizo una y otra vez, siempre con nulos resultados. Mientras tanto, nosotros le observábamos, incapaz de hacer otra cosa. No sé cuánto tiempo estuvimos allí, contemplando esa aterradora escena, que era a la vez horriblemente hipnótica y cargada de un cierto grado de sadismo. Cuando finalmente el niño muerto comprendió que jamás podría llegar al picaporte, sucedió algo espantoso: su lengua, parcialmente comida, asomó entre los dientes quebrados y una especie de oscuro lamento surgió de sus destrozadas cuerdas vocales. Era un graznido desconsolado y triste, como el de un animal atrapado en una dolorosa trampa. Su cuerpo, mejor dicho, su torso, se sacudía como víctima de unos sollozos desgarradores, aunque dudaba que aquella cosa pudiese llorar. Mi hermano me tiró de la manga y en un susurro me dijo: “Está sufriendo. Todos ellos lo hacen. Sufren mucho”. Creo que en ese momento estuve a punto de derrumbarme. Pensé en nuestros abuelos, en la casita pequeña pero acogedora donde vivíamos. Mi abuela tenía una colección de ángeles de yeso en el living: pensé que si los muertos habían entrado, debían haber armado un desastre y ahora los ángeles debían estar hecho trizas sobre el suelo. Pero luego comenzaron a llegar más muertos a través de las escaleras, y el miedo regresó a mi cuerpo y me puso en alerta. Éstos, a diferencia del chico de la bicicleta, parecían conservar buena parte de su cuerpo, y me di cuenta de que la barricada se pondría a prueba por primera vez. Recuerdo que eran cuatro, tres alumnos y un adulto. Reconocí entre los alumnos a Valeria Marquez, que me había besado en el altillo de la casa de Benja Iriarte durante un juego de la botella. Vi que aquellos labios, que otrora habían besado con dulzura los míos, ahora habían sido arrancados por algún mordisco, y sus dientes perfectamente blancos (aunque ahora ribeteados por el color de la sangre) se encontraban al descubierto, como los de un perro rabioso. El adulto era un hombre corpulento, al que jamás en mi vida había visto, y se abalanzó sobre las rejas con una ferocidad que me heló la sangre. Los otros tres hicieron lo mismo, pisoteando en el paso al chico de la bicicleta, que se seguía arrastrando ciegamente, aunque había dejado de gritar. Las rejas se sacudieron y los goznes chirriaron, aunque aguantaron la primera embestida. Entonces vi que la mano de Valeria, adornada con unas pulseras de plástico fluorescente, se posaba sobre el picaporte y lo accionaba. Se escuchó un clic audible, que resonó con forma de eco en los pasillos vacíos del segundo piso. Al mismo tiempo sentí pisadas detrás de mí: cuando giré la cabeza, vi al “Rubio" y uno de sus amigos correr hacia las profundidades del ala oeste, que permanecía en sombras y sin luz eléctrica debido a las reparaciones. Los chicos que quedábamos retrocedimos un paso y nos preparamos para la huida. Sentía las piernas demasiado flojas para correr, y suponía que los otros debían pensar lo mismo. La próxima embestida de los zombis no sería contra las rejas, que ya habían sido abiertas, sino contra la pila de bancos y sillas que habíamos puesto detrás. El segundo ataque no se hizo esperar. Con un agravante: habían aparecido más muertos. Ahora eran más de diez y colmaban la parte superior de las escaleras. Entre ellos estaba la profesora Lidia, que había muerto de un paro cardíaco y luego se había devorado a la directora. Atacaron en forma desordenada, arrojándose sobre la barricada de a uno o a lo sumo de a dos, y creo que eso contribuyó a que no lograran derribarla. La improvisada estructura pareció sacudirse, y una de las sillas que habíamos puesto en lo alto cayó y el respaldo de madera se partió en dos. Retrocedimos otros pasos. Mi hermano y el chico de la mochila me apretaban la mano tan fuerte que había comenzado a sentir dolor, aunque de alguna forma eso me resultaba extrañamente reconfortante. Volví a mirar hacia atrás, calculando los siguientes movimientos. Era evidente que la barricada los detendría un rato, pero no sería para siempre. Podíamos seguir al “Rubio” o internarnos en el otro pasillo, el del ala norte que conducía a la biblioteca. Ninguno de los dos caminos tenía salida, y no alcanzaba a distinguir diferencias entre uno y otro. Cualquiera de los dos corredores parecía conducir al mismo destino: la muerte. Pero algo debía haber. “Piensa, mierda”, me dije, aunque claro que no era tan fácil hacerlo con esos muertos a escasos metros de nosotros, separados únicamente por una endeble barricada, que seguían atacando sin cesar. “Piensa por tu hermano. Él confía en ti. Debes hacer algo, maldición”. Pero no se me ocurría nada. Y ya no podíamos seguir demorándonos. Los muertos seguían llegando y ahora abarrotaban las escaleras en su totalidad. La barricada seguía resistiendo, pero a cada golpe parecía desmoronarse y retroceder un centímetro más. Estaba pensando en ir tras los pasos del “Rubio” cuando mi hermano señaló hacia delante y gritó: debajo de uno de los pupitres de la barricada, sacudiéndose y temblando, había aparecido una mano. Los dedos habían perdido la piel y se veían los huesos y los cartílagos. El niño de la mochila de Disney se soltó de mí y corrió en dirección al ala oeste, pero cuando quise seguirlo, mi hermano me tironeó en la otra dirección. -¿Qué haces?- le grité. -Por ahí no- dijo, y señaló hacia el pasillo que llevaba a la biblioteca-. Vamos por ahí. Ese es el camino. -¿Cómo lo sabes? -Vamos por ahí- insistió. Sus ojos me dirigían una mirada suplicante. Habíamos quedado cuatro chicos, y todos volvían a mirarme a mí. No lo pensé mucho: sujeté a mi hermano del brazo y corrimos en dirección a la biblioteca. Pero antes, no pude evitar echar una mirada hacia atrás: la mano debajo del pupitre había logrado avanzar, y ahora se veía la cabeza, que parecía sacudirse como si quisiera espantarse unas moscas imaginarias. Cuando la cabeza se alzó, como olfateando algo, vi sin sorpresa que era el chico de la bicicleta: su cara había quedado completamente destrozada por los pisoteos, pero sin embargo reconocí aquel ojo único y decidido, que nunca perdería la astucia ni sus ansias de sangre. Ni siquiera con la muerte. Ni siquiera con la maldita muerte. Corrimos hacia la biblioteca. Estábamos ingresando al lugar cuando escuchamos el estruendo: la barricada había sucumbido, y los muertos venían por nosotros. Bueno eso es Todo Espero que te alla Gustado.

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