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ChinoHM

Usuario (Argentina)

Primer post: 4 feb 2012Último post: 24 mar 2014
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Teoría musical básica ( para armónica ) 1
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/31/2012

Teoría musical básica ( para armónica ) 1 Hace un tiempo que estoy dando clases de armónica diatónica (comúnmente llamada blusera). Si bien no es necesario saber música para tocar ningún instrumento (el blues, por ejemplo, nació de los negros esclavos de Estados Unidos, con escasa educación) ni saber de música para empezar el estudio, si considero importante saber ciertas cuestiones mínimas, a medida que uno va avanzando en el aprendizaje, y desea, si se quiere llamar así, ser un poco más "profesional". El hecho de ser profesional, no significa necesariamente vivir de la música, sino ser consciente de lo que uno hace, y encarar el estudio del instrumento, en éste caso armónica de la mejor manera, y lo más serio posible. Es por eso que armé un apunte básico ( y esto lo remarco) pensado para los armoniquistas que recién empiezan. No es muy extenso, y no está dirigido a quienes ya tienen cierto conocimiento musical, sino que va dirigido a quienes desean tocar la armónica, o ya lo están haciendo, pero no saben aún, o no han llegado a ver en su aprendizaje, los conceptos básicos de música que en mi caso particular, creo necesarios saber para entender mejor, a qué nos referimos cuando hablamos de tocar en diferentes "posiciones", porqué tocamos con determinada armónica a la hora de improvisar, y demás cuestiones. Por una cuestión de practicidad, voy a dividir el apunte en varias partes, para que no se torne largo y aburrido. La primer parte va a tratar sobre la escala mayor, cómo se forma, y la ubicación de las notas en la armónica. Y sobre los tonos y semitonos. Conocimientos básicos Notas musicales Son 7: Do Re Mi Fa Sol La Si Y se ubican en el pentagrama de la siguiente manera: Generalmente los ejercicios y temas que uno ve en armónica no emplean partitura, sino tablatura, pero me parece interesante mostrar aunque sea cómo se ubican las notas en el pentagrama. Existen partituras de armónica, aunque son difíciles de conseguir, y generalmente también emplean la tablatura. La tablatura es más fácil de interpretar si uno no tiene conocimientos de lectura musical, pero la ventaja de la partitura es que nos permite tocar cualquier tema, sin haberlo escuchado antes, ya que nos da la duración exacta de cada nota, cosa que con la tablatura resulta imposible si no escuchamos el tema nunca. Más adelante voy a explicar el tema de las figuras musicales, y su duración, y voy a subir algunos ejercicios. En el llamado cifrado americano (en realidad es alemán, pero es más popular como cifrado americano) se identifica cada nota con una letra. Comenzando por la nota La. De este modo: La = A Si= B Do= C Re=D Mi=E Fa=F Sol=G En la armónica de C, las notas se ubican de la siguiente manera: Tono y semitono Semitono es la menor distancia existente entre 2 notas en el sistema de música occidental. (Se refiere con distancia a las alturas de las notas). Lo indicaremos con las letras ST mayúsculas. El tono equivale a 2 semitonos. Lo indicaremos con una letra T mayúscula Existen las llamadas alteraciones Alteraciones( Sostenido, bemol, becuadro) El sostenido aumenta la nota en un semitono. El bemol disminuye en un semitono la nota. El becuadro rompe alteraciones. Escala musical (definición de Wikipedia) Se llama escala musical a la sucesión de sonidos constitutivos de un sistema (tonalidad) que se suceden regularmente en sentido ascendente o descendente, y todos ellos con relación a un solo tono —la tónica— que da nombre a toda la escala. Para que se entienda un poco mejor dejo el audio de la escala mayor de C (más adelante explicada) Escala mayor de C ascendente (7 notas) http://soundcloud.com/hernan-imanol/escala-mayor-de-c-ascendente Escala mayor de C descendente http://soundcloud.com/hernan-imanol/escala-mayor-de-c-descendente Escala cromática Tiene todas las notas, con sus respectivos sostenidos y/o bemoles. C C#/Db D D#/Eb E----F F#/Gb G G#/Ab A A#/Bb B------C A continuación subo el audio de la escala cromática tocada con armónica de C (12 notas) http://soundcloud.com/hernan-imanol/escala-cr-matica-arm-nica-de-c Entre E y F, sólo hay un semitono de distancia, lo mismo ocurre entre B y C, por eso no contamos ninguna nota intermedia. En el piano las podemos identificar con las teclas blancas, para las notas naturales, osea, sin alteraciones, y las negras para los sostenidos y bemoles. En la foto se muestra que podemos llamar a una misma nota de 2 maneras diferentes, y que su ubicación no varía en el teclado. En ciertos instrumentos, como el violín, se pueden llegar a notar diferencias de sonido entre ambas notas, pero en el piano, la guitarra, y en la armónica es la misma nota, se escribe de una u otra manera dependiendo el caso. Son los llamados Semitonos cromáticos y Semitonos diatónicos. Semitonos Cromáticos: Mantienen el nombre de la nota original. Se indican así STC Ejemplo: C-C# Semitonos Diatónicos: Varían el nombre de la nota. Se indica así STD Ejemplo: C-Db Ambos son semitonos ascendentes, pero se los escribe de formas diferentes, y son la misma nota al oído. Volviendo a la escala. De la escala cromática, podemos obtener la estructura de la Escala Mayor, contando a partir de la nota C (Do). Para eso nos sirve saber los semitonos, ya que dependiendo de la escala mayor que armemos, vamos a utilizar sostenidos, o bien bemoles, para nombrar a las notas. Esta estructura nos sirve para armar cualquier escala mayor que deseamos. Debemos tener en cuenta siempre, que la única de todas las escalas mayores que NO tiene alteraciones es la de C Mayor. Ejemplos de escala mayor de G. Para saber si armamos correctamente la escala, la nota inicial debe ser la misma que la final (en éste caso G), y cuando aparecen alteraciones, siempre se repite la misma alteración. No puede ocurrir que en una escala aparezcan sostenidos y bemoles Notamos que presenta 1 alteración, este caso F#. Todas las armónicas vienen con una afinación. Si es el caso de la armónica de C, trae la escala de C, considerando solo las notas sopladas y aspiradas ( hay muchas más que se consiguen con técnicas especiales, como el bending, y permiten obtener notas que no pertenecen a la escala, o que si pertenecen pero no se consiguen soplando y aspirando). Independientemente de la tonalidad, la escala mayor completa siempre está desde las celdillas 4 a la 7. En esa sola octava, la central se encuentran las 7 notas de la escala mayor. En el gráfico siguiente corresponde a la armónica de C. El siguiente gráfico corresponde a la armónica de G. Trae las notas de la escala mayor de G, por lo tanto, va a tener la escala completa de G. Para terminar voy a subir la escala armada de D Mayor y de A mayor, y la ubicación de sus notas en las respectivas armónicas. Escala y armónica de D Escala mayor de D, ascendente y descendente http://soundcloud.com/hernan-imanol/escala-mayor-de-d Escala y armónica de A Escala mayor de A, ascendente y descendente http://soundcloud.com/hernan-imanol/escala-mayor-de-a Por último, les dejo la tablatura si quieren practicar las escalas. Se indican con números, las aspiradas entre paréntesis, las sopladas simplemente el número. En el caso dela escala cromática usé bendings, más adelante explicaré bien qué es ésta técnica, pero para quienes ya lo manejen les dejo la tablatura. Tengan en cuenta la notación para cada bending: *= 1º bending (en las celdillas, 1, 4 y 6 sólo hay un bending aspirado) **=2º bending (en la celdilla 2 encontramos 2 bendings aspirados) ***=3º bending (en la celdilla 3 encontramos 3 bendings aspirados) Con éstas 4 armónicas, tenemos las tonalidades más comunes utilizadas en armónica diatónica. No subí los audios en armónica de G, porque la presté a un alumno para que practicara un tema, y como es una armónica que uso poco porque en lo personal no me agrada mucho sólo tengo una para grabar Si tienen dudas o no fui claro en alguna explicación, háganme saber, por favor. Está todo explicado en un lenguaje simple, creo que es la mejor forma de que se entienda. La idea es ir subiendo más partes del apunte, si la respuesta es buena. Si tienen sugerencias y críticas constructivas serán más que bien recibidas.

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Mi representación de "El lobo estepario" de Herma
ArteporAnónimo2/4/2012

Un dibujo que hice, representando el personaje de una novela con la que me identifiqué mucho. La calidad de mi scáner no es la mejor, por eso algunos colores y detalles no se ven tal cual, e incluso se aprecian mejor en las fotos certificadas. El poema en el cual me inspiré, aunque mi dibujo no le hace honor ni por lejos. Yo voy, lobo estepario, trotando por el mundo de nieve cubierto del abedul sale un cuervo volando y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto. Me enamora una corza ligera en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso con mis dientes y zarpas de fiera destrozara su cuepo sabroso. Y volviera mi afán a mi amada, en sus muslos mordiendo la carne blanquísima y saciando mi sed en su sangre por mí derramada, para aullar luego solo en la noche tristísima. Una liebre bastara también a mi anhelo, dulce sabe su carne en la noche callada y oscura. ¡Ay! ¿Por qué me abandona el letal desconsuelo? de la vida la parte más noble y más pura? Vetas grises adquiera mi rabo peludo; voy perdiendo la vista, me atacan las fiebres; hace tiempo que estoy sin hogar y viudo y que troto y que sueño con corzas y liebres. Que mi triste destino me ahuyenta y espanta. Oigo al aire soplar en la noche de invierno, hundo en nieve mi ardiente garganta, y así voy llevando mi mísera alma al infierno. Las fotos certificadas. Espero que les haya gustado el post. Cualquier crítica, mientras sea constructiva y sin ofender, será bien recibida.

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El gigante de los recuerdos dolorosos
ArteporAnónimo3/24/2014

Un escrito propio. El título es en verdad "Un día en mi vida acompañado por el gigante de los recuerdos dolorosos" sólo que lo acorté en el título del post para que se pudiese ver entero. Hace un tiempo empecé a salir con una chica como nunca antes conocí yo, y que me dejó varias marcas, pero se terminó todo hace unos días, y así me descargo un poco hoy. Un día en mi vida acompañado por el gigante de los recuerdos dolorosos Me siento un náufrago tendido en la arena, en una noche fría y sin abrigo en un mundo hostil y extraño. Doy vueltas y vueltas, en la cama tratando de hallar comodidad, tratando de abrazar algo que no existe. Mi sueño se entrecorta, y ya es muy tarde; el despertador suena y me arrastra por completo fuera del mundo onírico. Abro pesadamente un ojo, el mismo con el que ayer sentí dolor sólo de mirar las figuras cotidianas. Y lo veo sentado ahí, esperando con ansias a que yo despierte. Es un gigante que me atormenta desde el primer al último rayo de luz de día. Se yergue imponente y me ataca con su maso pesado, que tiene la dureza de todas las derrotas y empieza a destruir mi mente con imágenes que golpean como rayos en la oscuridad. Ya es su costumbre ser mi verdugo diario. No conozco su motivación, si lo hace por disfrute, o está simplemente en su naturaleza castigarme con ideas y pensamientos, de todo lo que dejé atrás. Me levanto macilento, siento mi espalda partida, y mis piernas se hunden en la cerámica fría del piso. El Sol asoma tímidamente en la ventana y cierro la cortina para refugiarme de su luz. Es extraño, pero ya me acostumbré al gigante. Sus golpes no provocan dolor físico. Son pequeñas tormentas de risas y de llantos. Es temprano, y me espera todo un día por delante. Imagino que en muchos lados hay gente despertando con pensamientos rotos y sensaciones semejantes a las que hoy padezco. Quién sabe el motivo exacto de todos sus pesares. Pero me compadezco de ellos. Bajo las escaleras hasta el baño. Lavo mi cara una y otra vez, deseando que el agua arrase con éste, mi rostro carente de expresiones optimistas. Hago un esfuerzo por recordar la última vez que vi mi propia sonrisa en el espejo ¿Realmente fue hace tanto? ¿Cuántas canciones tristes pasaron desde ese día? Mi aliento se desangra con gusto a cenizas a través de mi garganta. Otra noche de falsa auto-convicción quedó atrás. Si bien es verano, qué frías se sienten las mañanas. Y qué frías se sienten mis manos. No comprendo mucho, porqué hace un tiempo atrás el aire a mí alrededor era tan puro como si la felicidad habitara en la cima de una montaña, y hoy en este abismo mi espíritu está tan viciado de dolor. El gigante camina detrás de mí, clavando pequeñas tachuelas en mi mente. Preparo el desayuno, que sé que dejaré a medias, prendo el televisor, sintonizo el noticiero, pero no presto atención a las noticias. Sólo quiero sentir que no estoy solo, aunque más no sea escuchando una voz a través de un aparato. Ahora recuerdo y pienso. En verdad siempre fui un hombre solitario. Pero hay una leve diferencia entre un hombre solitario, y un hombre que está solo. Uno puede ser un solitario por elección, o lo pueden llevar a tal situación una serie de eventos de la más variada naturaleza, pero rara vez uno elige quedarse solo. En la mesa del comedor se acumulan los libros de música sin leer, las boletas sin pagar y las tazas aún con borra de café de noches anteriores. En un rincón, apoyada en una silla de madera, la guitarra insonora desde hace días se sigue llenando de polvo. Una extraña sensación corre por mí cuando la observo, la sensación de haber abandonado una parte esencial de mi ser, y de tener que pedirle disculpas por tal abandono la próxima vez que decida tocarla. Pero esta sensación colisiona con otra muy distinta y se vuelve polvo rápidamente. La sensación de querer resguardarme en el interior de una piedra, o como un caracol, arrastrar mi propio refugio del mundo para ocultarme en él cuando desee hacerlo. El teléfono suena una, dos, tres veces, pero siempre es una voz equivocada la que habla del otro lado del tubo. Entre el resumen deportivo, y las noticias acerca de robos y asesinatos, el conductor del noticiero anuncia la hora exacta. Es tiempo de partir a cumplir con mis obligaciones laborales, así que me termino de vestir deprisa, dejo el café a medio terminar sobre la mesa, y cargo mi morral de cuerina negro con todas mis cosas. Salgo al patio y el Sol es tan claro que lastima mis ojos cansinos. Arrastro los pies cual niño que va de mala gana a la Iglesia un domingo hasta el viejo portón de calle. Paso completamente estéril al aroma del jardín que otrora inflamara mis pulmones, rejuveneciendo mi pecho. Su aroma pertenece a un mundo lejano, claro y puro, y lleno de vida. Yo, en cambio, atravieso ese mundo como un barco derruido atraviesa el río, sin prestar atención al maravilloso paisaje que me rodea. El gigante va atornillando ideas retorcidas en mi cabeza, pensamientos quebrados, rostros difusos. Algunos alegres, otros tristes. Pero todos fueron alguna vez reales. Cruzo la calle hasta la parada del colectivo. Por suerte no tengo que esperar mucho, puedo divisar la bestia humeante y grasienta a unas cuadras. Le hago la seña habitual, y se detiene ante mí, abriendo su puerta chirriante. Tengo un nudo tan grande en la garganta que tengo que repetir dos veces mi destino ya que la primera vez el chofer no logra interpretar mi ronco balbuceo para marcar en la máquina el monto correspondiente a abonar. Me acomodo en uno de los últimos asientos, pegado a la ventana y saco del morral un estuche, el cual contiene mi antifaz. Los RayBan cumplen la función de proteger mis ojos del Sol casi tan bien como su otra función primordial que es la de ocultar mi ceño y mis párpados cristalizados. El gigante se sienta detrás de mí, y por algún tiempo logro olvidarlo, hasta que el paisaje familiar del recorrido se torna aburrido, y dejo de prestarle atención. Miro sin ver por el vidrio los autos que rebasan a gran velocidad. Puedo ver los rostros de algunos conductores y sus acompañantes. Algunos parecen tan apacibles. En otros rostros me reconozco a mí mismo con el semblante gris. Todos los rostros son tan iguales. Todos los rostros son tan distintos. Voy acercándome a mi destino. Me pongo de pie y me aseguro de no olvidar nada en el asiento. Miro por sobre el hombro, mientras toco el timbre para anunciar mi parada. Puedo ver al gigante. Sólo yo puedo verlo, pero está ahí. Quizás haya más gigantes, que yo no pueda ver, y que acompañan a otros pasajeros. Antes de entrar al trabajo debo guardar los lentes y tratar de vestir lo más elegantemente posible el otro antifaz, el del tipo que no tiene preocupaciones, el que no cae, y el que deja sus problemas colgados en el perchero de la recepción para el trato diario con la gente. Saludo a todos mis compañeros y dibujo una sonrisa lo mejor posible “Tenés cara de cansado” “¿Dormiste mal?” “¿Hay algún problema?” (¡Sí, por dentro siento cómo mis sueños se van rompiendo como copas de cristal al caer desde la mesa, cómo todo aquello en lo que confié, creí y amé, se está quebrando como una rama frágil azotada por un huracán, cómo todas mis fuerzas escurren como la lluvia por las alcantarillas!) “Estoy bien, debe ser porque dormí poco, me entusiasmé viendo una película hasta tarde”. Se van acortando las excusas para todos los días. Mañana seguramente me entusiasmaré escuchando música hasta tarde, o leyendo algún libro nuevo hasta tarde, o hablando con un viejo amigo hasta tarde. El día transcurre con normalidad. Teléfonos que suenan inclementes, gente entrando y saliendo de la oficina. Mares de gente entrando y saliendo de la oficina. Una pausa, salir afuera a tomar aire. Otro mar. Otra pausa, salir a fuera a envenenarse con un cigarrillo. Otro mar. El gigante se desvanece un poco. Está guardando energías para cuando termine de cargar los últimos datos al sistema, para cuando cuelgue el teléfono por última vez, y las puertas de la oficina se cierren detrás de mí hasta la mañana siguiente, y para cuando mi mente se desocupe para volver a llenarla de vidrios rotos, de recuerdos que ahora, ahora me causan dolor e intriga ¿Cómo es posible que ciertos momentos hermosos, una vez convertidos en recuerdos, se transformen en martirios? ¿Cómo es posible que el gigante sepa elegirlos uno a uno, de forma tan estratégicamente perfecta? Se cierra la última carpeta, se guarda la última planilla. Afuera el cielo dejó de ser celeste y es azul oscuro. Las luces artificiales reemplazaron hace unas horas a las naturales. Más bestias grasientas pasan, abarrotadas de gente que retorna a sus hogares. En unos pocos minutos me uniré a ellos. Finaliza el trabajo, emprendo el viaje de vuelta a casa. “Hasta mañana, buen viaje” “Que descanses”. Descuelgo del perchero los problemas, los cargo de nuevo sobre mis hombros, como un saco pesado de plomo. Los RayBan son obsoletos a esta hora, pero no importa; el cansancio disfraza bien los sentimientos. Esta vez el gigante y yo vamos parados, lo cual no impide que él vaya martillando mi cerebro todo el viaje. De nuevo en casa, cena rápida. El televisor de nuevo prendido. Ducha, café a medio terminar recalentado. La guitarra más empolvada. Los libros de música sin leer, las boletas sin pagar. Subo las escaleras, deshago la cama y me acuesto. El gigante se sienta, deja su maso a un costado. Lo miro detenidamente. Es tan familiar, y tan desconocido. Puede tomar el rostro y la forma de muchas personas. Puede cambiar el paisaje que nos envuelve. Y ya no me encuentro en mi habitación, ni en la sala o el comedor, estoy caminando por calles y veredas distantes, de lugares que amé, y que ahora odio. Voy rodeado de gente o completamente solo. Y a veces ocurren ambas situaciones al mismo tiempo. A veces copia el rostro de personas sinceras. Otras veces el de falsos personajes. Puede ser por igual un niño inocente, y el ser más grotesco. Y por momentos me parece que es ambos al mismo tiempo. A veces quisiera hablarle. Preguntarle ¿Por qué a mí? Preguntarle quién lo trajo. Qué lo animó a cruzarse en mi camino. Saber por qué revuelve mis recuerdos. Pedirle que se detenga ¿No ve acaso que son como navajas rebotando en el interior de mi cabeza? ¿No ve que estoy quebrado? ¿Por qué a veces me sonríe con el rostro más hermoso, y otras veces con el mismo rostro me apuñala sin vacilar? Y sin remordimientos se divierte abriendo una y otra vez la misma herida. Abro el cajón de la mesa de luz, saco una fotografía que alguna vez estuvo sobre el escritorio, y hoy me duele ver. La miro dos segundos y me ahogo durante una eternidad. Ese breve instante me siento un perro callejero persiguiendo un auto muy veloz en el que viaja toda mi ilusión. Es más factible y probable que muera aplastado, antes de que logre alcanzarla alguna vez. El gigante se levanta y da un último golpe. Mis ojos intermitentes se van cerrando. Guardo la foto, y apago el velador. Y comienzo a entrar al mundo onírico nuevamente, el caparazón del caracol donde puedo refugiarme, poner mi mente en blanco unas horas y que el tiempo transcurra deprisa, y descansar. En los sueños el gigante no existe, y yo puedo palpar, y besar el rostro de la fotografía, y abrazar su cuerpo cálido, que es real, y no un reflejo de la soledad, una almohada inerte y fría. Desearía que todos los días al sonar el reloj, yo despertase de la realidad, y mi vida comenzase otra vez en uno de mis sueños, pero nunca jamás va a ser así.

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