CeciliamariaLope
Usuario (Argentina)
Ona Saez debió levantar una campaña que fomentaba la delgadez y la sexualización de las niñas Hay una buena noticia y otra mala. Empecemos por la mala: algunas marcas de ropa siguen promoviendo estereotipos de delgadez extrema y sexualización de la infancia haciendo oídos sordos al cambio cultural que -desde hace algunos años- opera sobre la industria de la moda. La buena: los y las usuarias de redes sociales no son tan inocentes al respecto y evalúan el contenido de las campañas publicitarias. Tanto que, gracias a sus comentarios (muchos realizados por mamás de jóvenes y adolescentes) la marca Ona Saez bajó algunas de las fotos que había subido en las últimas horas -solo una de ellas quedó en la cuenta "onasaezkids"-. En ellas modelan jovencitas híper flacas, con huesos marcados y piernas muy delgadas, expresiones tristes, con pretensión de sensualidad. “¿Cómo pueden promover este estereotipo de belleza para las nenas?” A continuación, una catarata de mensajes similares. “¿A dónde está lo "kids" acá? Hasta la expresión de tristeza tiene. La niñez se disfruta jugando no vistiendo y modelando como personas adultas”. “¡Sigan eliminando los comentarios!” es otra de las denuncias. La sexualización de las niñas –las “fashionistas” y las que empiezan desde muy pequeñas modelando para marcas- tiene varias aristas complejas. Por un lado, el desarrollo natural de las etapas se ve alterado, comenzando la adolescencia prematuramente. La madurez que se gesta detrás de un look adulto y sexy no existe, es solo una imagen. Por otro, la proyección de sensualidad desemboca en una falta de seguridad en ellas, al ponerse en el lugar de “objetos” de consumo para la mirada masculina, socavando la autoestima y desacreditando los valores de inteligencia, sensibilidad, conocimiento, etc. Desde edades muy tempranas se vincula el éxito a la imágen y a la seducción, no importa cuánto te formes, sino que seas sexy. Ni hablar de que la anorexia y la bulimia no son cuestiones para tomar livianamente. ¿En qué momento los publicitarios tomarán consciencia de esto?

Facebook, Twitter e Instagram llegaron para mantenernos más comunicados que nunca pero generaron, a su vez, un altísimo grado de estrés y paranoia en muchas parejas. ¿Qué muestro y qué me guardo? ¿Dónde quedó la intimidad? ¿Cómo saber si es solo imaginación? Valeria Shapira nos da consejos y despeja dudas. Los latinoamericanos somos adictos a las redes: su uso es mayor en esta región que en otros lugares del mundo. El 54% de los habitantes de América Latina utiliza Facebook, el 14 % Instagram y un 13 % Twitter. La hiperconectividad atraviesa nuestro mapa relacional con consecuencias y derivaciones insospechadas. Según una encuesta del portal Match.com el 48 % de las personas cree que las redes sociales pueden arruinar una pareja, siendo mayor la proporción de hombres (65 %) que de mujeres (35 %) quienes piensan así. La intimidad pública (posteada) En un mundo en el que los individuos editorializan sus vidas online, en el que todo se comparte y se manifiesta, ¿qué pasa cuando ocultamos los movimientos en redes sociales? ¿Podemos herir sin querer a nuestra pareja? ¿Hasta dónde las sospechas son lícitas y hasta donde son una invasión del espacio ajeno? Estas son algunas acciones para evitar que la confianza se vea resentida: • Si creés que oculta información... hablá. Puede que no sea intencional y estés creando tu propia fantasía. No todas las personas tienen expertise tecnológico. Puede que tu pareja no esté escondiendo publicaciones de manera intencional sino que desconozca algunas cuestiones de configuración de su Facebook, por ejemplo. • Quizás haya razones que desconozcas. Cada ser es un universo, con su propia historia. Preguntále porqué ha decidido resguardar cierta información: puede que tenga razones que ni imaginás. Algunas personas evitan publicar ciertas fotografías o estados por el impacto que las mismas pueden tener en su imagen o en su entorno laboral. No es raro ver en muchas cuentas de Twitter la leyenda: “mis tweets son a título personal”. Otras prefieren no compartir su intimidad con personas no tan allegadas, para preservar sus espacios. • ¿Tenés celos? De acuerdo a un estudio de la página Stop Procrastinating entre miles de usuarios de Facebook, casi la mitad de los encuestados aseguró revisar el perfil de su pareja y monitorear sus movimientos. Al parecer, la red social es una usina de celos. No es una buena idea stalkear a nadie, menos aún a la propia pareja. Si sos celoso/a te vas a imaginar una historia detrás de cada “Me gusta”, un engaño en cada foto, una novela en cada mensaje. Relajáte e inviertí el tiempo que usas en hacer de detective en algo que te haga sentir bien. Establecé un “contrato” con él o con ella acerca del grado de alcance que tendrán las publicaciones. Si a uno de los dos le produce fastidio o enojo que todo sea demasiado exhibicionista y quiere preservar la intimidad, Facebook, Instagram, Twitter y la mayoría de las redes ofrece la posibilidad de una configuración privada para los posteos. • ¿No comparte nada acerca de la pareja? No lo tomes como algo personal. Hay hombres y mujeres que sienten vergüenza al compartir con terceros su vida sentimental. O simplemente temor a repetir alguna mala experiencia anterior. O de herir a alguien. Fíjate si su patrón comunicacional es escueto o si lo único que no publica son las actividades que comparte con vos. • ¿Creés que hay un tercero? Puede que lo haya… o puede que no. Ante todo, preguntáte cómo está la confianza en tu pareja. Si sos adicta a meterte en su perfil, con seguridad imaginarás situaciones y personajes de todo tipo. La mayoría de los usuarios de las redes se ven tentados de buscar a un ex aunque más no sea para saber qué fue de su vida. De ahí a contactarlo hay un largo trecho. ¡Evitá la paranoia! Por Valeria Schapira, periodista y escritora.