Carlos_Marlow
Usuario (República del Congo)
Antony Beevor, autor de «Stalingrado», una novela que causó gran impacto internacional, ha realizado una minuciosa investigación sobre otro episodio de la II Guerra Mundial: la caída de Berlín. Su nuevo libro sacude las conciencias con las revelaciones de barbaridades cometidas por soldados rusos Violadas por el ejército ruso ALLAN HALL El Reichstag, el Parlamento alemán, bombardeado por las tropas rusas durante la ocupación de Berlín, en la Segunda Guerra Mundial. El diario se descubrió entre las ruinas en llamas de Berlín, totalmente arrasada por el choque de dos ejércitos poderosos y desesperados.No había ningún nombre escrito en la portada, pero entre todas las historias de privaciones y luchas, una revelaba el infierno de una guerra que se acercaba a su apocalíptico final. La autora, una joven alemana, describía cómo había sido violada por los soldados del Ejército Rojo, que avanzaba ávido de tomar la ciudad y de vengarse de los alemanes. «Cierra los ojos, aprieta los dientes, no digas nada», garabateó la mujer, recordando cómo se había inducido al silencio para soportar la agresión. «Pero cuando la ropa interior cae rasgada y los dientes rechinan involuntariamente, la última prenda...Estoy paralizada. No siento asco, sino una completa frialdad.Es como si mi espalda estuviera helada. Estoy mareada, tengo frío en la nuca. Antes de marcharse extrae algo del bolsillo y lo lanza sobre la mesa sin decir palabra; aparta la silla y sale dando un portazo. Ha dejado un paquete de tabaco arrugado.Es la propina». Ha habido que esperar hasta ahora, 60 años después de que se produjera la violación de esta mujer anónima, para que se conozca la verdadera dimensión de la campaña de violaciones perpetrada por el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. El escritor británico Antony Beevor, ex oficial del Ejército cuya reconstrucción de la batalla de Stalingrado se convirtió en un éxito de ventas, está a punto de publicar un libro sobre la caída de Berlín. Al buscar entre archivos soviéticos, cuyo acceso había estado vedado a los historiadores hasta hace poco, Beevor descubrió una tormenta de venganzas que le dejó «totalmente consternado». Se cree que unos dos millones de mujeres fueron violadas, agredidas o asesinadas por los soldados del Ejército Rojo en su avance sobre Alemania, pero el libro de Beevor revelará horrores aún mayores. «Cuando el Ejército Rojo llegó a Berlín, los soldados ya consideraban a las mujeres una especie de botín carnal», afirma.«Creían que podían hacer lo que quisieran, ya que estaban liberando Europa». En algunos casos las mujeres de una calle entera fueron violadas: abuelas, embarazadas, incluso mujeres que se encontraban en su lecho de muerte. Según el representante del Vaticano en Berlín, en octubre de 1945, seis meses después del final de la guerra, miles de mujeres permanecieron semanas escondidas en los tejados para eludir los saqueos y registros de los escuadrones del Ejército Rojo quienes, cuando se emborrachaban, avivaban su apetito sexual. «Han violado a mujeres de entre 10 y 70 años, e incluso a algunas de hasta 75 años», aseguraba el representante del Vaticano. Beevor ha descubierto aspectos todavía más siniestros: los rusos violaron incluso a reclusas liberadas de los campos de concentración, mujeres esqueléticas, vestidas de harapos. «Esto echa por tierra la idea de que los soldados sólo utilizaron la violación como una forma de venganza contra los alemanes», afirma. Sus comentarios ya han provocado polémica. El embajador ruso en Londres ha acusado al escritor británico de «blasfemar» contra el pueblo ruso. «Es una injuria contra el pueblo que salvó al mundo del nazismo», ha declarado indignado esta semana Grigory Karasin. Pero para comprender los hechos de la caída de Berlín, es necesario conocer lo ocurrido antes. En su avance hacia Stalingrado, los alemanes abrieron una brecha de destrucción a lo largo de Rusia, una de las mayores infamias registradas en los anales de la guerra.El 30 de marzo de 1941, en un discurso pronunciado ante 200 altos mandos del Ejército alemán, Hitler explicaba a grandes trazos que la Operación Barbarrosa, la ofensiva contra la Unión Soviética, sería totalmente distinta a las guerras anteriores. «Debemos olvidar la camaradería entre combatientes», decretó. «Los comunistas no son camaradas, ni antes ni después de la batalla. Esta es una guerra de aniquilación. Venceremos al enemigo, pero si no comprendemos esto tendremos que volver a luchar contra los comunistas dentro de 30 años». A las tres de la madrugada del 22 de junio de 1941 se desató la mayor ofensiva militar de la Historia. Tres millones de soldados cruzaron un frente de casi 1.600 kilómetros. Había comenzado el conflicto que, según Hitler, sería «una guerra sin normas».A finales de ese año, cuatro millones de rusos habían muerto en combate y otros 3,5 millones habían sido hechos prisioneros.El 97% moriría. En su avance, los alemanes hicieron desaparecer del mapa 7.000 aldeas rusas. Los hombres fueron asesinados por los Escuadrones de Acción de las SS; las mujeres a menudo eran violadas y enviadas a las fábricas alemanas a trabajar como esclavas o a campos de concentración o de exterminio. La mayoría de los niños eran ejecutados en cuanto llegaban a los campos de Treblinka, Sobibor, Belzec y, más tarde, Auschwitz-Birkenau. En el campo de batalla, los soldados del Ejército Rojo no podían recurrir a la rendición. «No entendíamos cuando sacaban la bandera blanca en Francia, sabe, eso de rendirse», declaró un miembro de la SS de Das Reich durante los juicios celebrados tras la guerra. «En Rusia, cuando la gente se rendía simplemente les pasábamos por encima con los tanques». En la gran Leningrado, los nazis organizaron un asedio que se extendió durante 900 días, se cobró 1,5 millones de vidas y obligó a algunos ciudadanos a practicar el canibalismo. Con razón los rusos sentían un odio profundo hacia «el invasor fascista». Y cuando la suerte de la batalla de Stalingrado cambió a favor del Ejército Rojo, que comenzó a avanzar, los rusos vivieron una verdadera pesadilla al pasar junto a casas destruidas, ciudades arrasadas y agujeros llenos de cadáveres. Esto avivó el afán de venganza, algo que Stalin fomentó de todas las formas posibles. Los soldados del Ejército Rojo eran hombres duros mongoles, cosacos, tártaros y siberianos , no eran rusos occidentalizados de Leningrado o Moscú, hombres más moderados por influencia de la educación, o por su participación en el socialismo utópico del partido. De todos modos, las violaciones no fueron hechos generalizados desde el principio. Cuando entraron en territorio alemán, lo primero que los soldados decían era «Ur», es decir, reloj de pulsera. El saqueo o la destrucción de las posesiones de una burguesía que despreciaban eran para ellos prácticas legítimas.Pero pronto comenzaron a decir «Frau, Komma». Y durante el final apocalíptico del Tercer Reich, las mujeres y los niños tuvieron que pagar por los pecados de las SS, la Gestapo y los «einsaizgruppen», o escuadrones de la muerte. TAMBIÉN MORIBUNDAS En la aldea de Dahlem, recuerda una mujer, «los rusos se colocaron en fila delante de un grupo de mujeres. Ni siquiera se daban cuenta de que algunas estaban agonizando, porque habían ingerido veneno o sufrían hemorragias internas. Los soldados les abrían la boca a la fuerza y las obligaban a tomar bebidas alcohólicas». Anna Seddig, una joven de Prusia oriental que intentaba escapar de la guerra encinta y con su hijo de un año, Siegfried, fue otra víctima de los rusos. «Una noche, cuando buscábamos un lugar para refugiarnos, nos topamos con un grupo de soldados. Nos iluminaron con una linterna. Uno me dijo: "Te vamos a llevar a un lugar donde podrás pasar la noche". Era un refugio antiaéreo. Ahí me violaron, uno tras otro. Era como si estuviera muerta, tenía calambres por todo el cuerpo. Sientes repugnancia, sólo sientes repugnancia. Éramos blancos legítimos para los rusos. No sé cuántos hombres había, 10, 15...». Muchos han intentado ocultar lo ocurrido. Cornelius Ryan, autor de The Last Battle, donde narra la caída de Berlín, descubrió que tras publicarse el libro en 1966 algunos editores lo presionaron para que eliminara pasajes como el siguiente: «Mientras continuaba la batalla, se producía otra ofensiva salvaje. Era encarnizada, personal. Las hordas rusas que llegaban tras los disciplinados veteranos del frente exigían el derecho de los conquistadores: las mujeres de los conquistados». «Úrsula Roester dormía en el sótano de una casa de Zehlendorf junto con sus padres, sus hijas gemelas de seis años, y Bernard, su hijo de siete meses, cuando cuatro soldados rusos golpearon la puerta con la culata de sus fusiles». «Registraron el refugio. Un soldado ruso encontró un frasco de perfume francés. Lo destapó, lo olió y lo derramó sobre su uniforme. Otro encañonó a los padres e hijos de Úrsula y los encerró en el sótano. A continuación, los cuatro se turnaron para violarla». «Al día siguiente, a eso de las seis de la mañana, Úrsula estaba amamantando a su bebé cuando otros dos soldados rusos entraron en el sótano». «Intentó escapar por la puerta con su bebé en brazos. Pero estaba muy débil. Uno de los rusos le quitó el bebé y lo colocó en su cochecito. El otro la miró y sonrió. Ambos la violaron...». El legado de la campaña de violaciones del Ejército Rojo es imperecedero.Para los soldados vencidos de las divisiones nazis, así como para los industriales, los banqueros y los altos cargos del partido que se habían pavoneado durante el apogeo del régimen, la violación de sus mujeres era la máxima humillación. Hanna Gerlitz, esposa de un banquero de Berlín, fue violada por seis soldados rusos delante de su marido. «Cuando terminaron», recuerda, «dispararon sus fusiles al aire. Las otras personas que estaban en casa creían que me habían asesinado, hasta que les grité: "Estoy bien. Ya todo ha acabado"». Después tuve que consolar a mi esposo y ayudarlo a recobrar el valor. Lloraba como un niño». El viaje hasta este infernal crisol de crueldad ha resultado traumático para Beevor, y le ha hecho pensar: «He llegado a la conclusión de que ante la falta de disciplina militar un hombre armado, deshumanizado tras dos o tres años de guerra, se convierte en la mayoría de los casos en un violador en potencia». Mientras, Berlín sigue reconstruyéndose con su nueva imagen de ciudad europea y quienes sufrieron llegan al final de sus vidas.Las cicatrices de Alemania van desapareciendo. A los rusos les es más difícil olvidar. En cada punto de las estepas donde los alemanes borraron del mapa una aldea, ahora hay una campana.Aún tocan a la crueldad del hombre cuando el viento bate las tierras sobre las que los alemanes marcharon triunfalmente, las mismas por las que más tarde se replegaron en la ignominia.
Nos encontramos con Richard Morales "el Chengue" a las puertas de la ciudad de Las Piedras del Departamento de Canelones, ubicado al sur del Uruguay. Aguardaba nuestra llegada entre dos caminos empedrados regados parcialmente de balasto y cruzados por una vía ferroviaria agonizante flanqueada por yerbas altas. Su rostro jovial es inconfundible, sentado sobre el capó de un Ford mustang 71 sonríe su bienvenida mientras calibra nuestros pasos visitantes con su mirada soñadora. Finalmente, tras bajar de nuestro vehículo camina hacia nosotros y me estrecha a su pecho con un fuerte abrazo y siento que unos enormes labios húmedos rosan mi barbilla, me sorprendo porque era la primera vez que veía al ídolo oriental en toda mi vida y me recibía como a un familiar querido o como a su antigua amante. Desencanta el instante reconociendo: - Suarez siempre fue racista. Sentí cierta calidez en mi espíritu que alivió mi interior y una prodigiosa sensación de frescura en mi rostro como si me lo hubiese empapado con el agua helada y cristalina de una corriente que serpentea entre tierras vírgenes. El sólo había roto el hielo y desterrado mis preocupaciones sobre cómo abordar tan delicado tema. No contesté nada, esperé a llegar a su casa. Al punto de atravesar la avenida principal de la ciudad de Las Piedras, en el tránsito trifurcado de una rotonda siento un chirrido agudo de llantas que frenan intentando amortiguar el envión de un Ford mustang modelo 71, era el "Chengue", se había llevado puesto un pibe que era un prodigio de ser humano, uno de esos "mimos acróbatas" que hinchan las pelotas en los semáforos, el chengue en lugar de bajarse a ver como estaba vociferó indignado mirando hacia el accidentado - Vagos de mierda, consíganse un laburo digno, atorrantes! Mientras el chico intentaba reincorporarse, pero la cintura como si estuviese recubierta su composición ósea de plomo, se lo impedía Chengue: - Encima, si matas un loco de estos lo tenes que pagar como bueno Finalmente llegamos a su finca, el dueño de casa esquivó la puerta principal para conducirnos por un pasillo adyacente bastante angosto en el que nos recibió un inquieto mastín ingles con aspecto degradante. Llegamos al patio donde nos arropó un dulce y empíreo aroma a jazmines complementado con la acidez atmosférica de una emanación que parecía brotar de carne en descomposición... todo cobró sentido cuando descubrí tripas de carnero rodeadas de moscas colgadas sobre un clavo que uno podía suponer que había oficiado como sostén de una maseta en el pasado. -- Sientensen Nos arrimamos a dos sillas antiguas de estilo rural y asientos confeccionados en mimbre. Me propuse llevar el control de la entrevista desde un principio, había quedado algo agradecido, es cierto, pero perturbado por la forma en que se me anticipo como si fuera un defensor dormido, en la entrada de la ciudad. Al principio me sentí agradecido, pero en el camino lo maldije y me maldije a mi mismo por ser tan pelotudo. Debía reparar esa falta poniéndolo en su lugar, que sintiera quién era el entrevistador y quien el entrevistado descargando sobre el con todo su peso mi distinguida experiencia profesional -- Escuchame "Chengue", que es eso de que Suarez siempre fue racista? Alguna vez te dijo negro de mierda o que onda? pregunté con rencor, tono autoritario (casi prepotente) y el ceño fruncido. -- No porque de haber sido así, lo hubiese puesto a marcar las áreas de las canchas de Basket del gimnasio del Parque Central con las paletas, pero al enano de O.J lo verdugueaba si -- Qué le decía? -- Mirá, se que hay cosas que deberían quedar entre los jugadores que integramos aquel plantel, es una cuestión de códigos viste? los que yo siempre respeté, pero éste es un caso especial, ha tomado una gran repercusión pública y yo en cierta forma también me veo obligado a respaldar a "my brother" Evra (en ese instante me pareció tener a Snoop Dog frente a mi) debemos defendernos entre "hermanos" you know? --Te entiendo Chengue, te puedo decir Chengue? --Prefiero que me llamen Roberto Perfumo, pero podes llamarme como quieras -- Contame que sucedía con OJ Morales. Chengue: -- Todos sabíamos que Luisito amaba el té (por eso ante copiosas ofertas de España, eligió Inglaterra, incluso enfrentándose a las recomendaciones de su representante), en todo sitio, era lo que aceptaba, salvo ante una rara excepción, en casa de OJ siempre pedía café. Ésto tenía una explicación, el tronco genealógico de OJ se encuentra en Costa de Marfil, donde existen los más grandes cultivos de café africano y donde los trabajadores laburan y viven en condiciones infrahumanas. El bueno de OJ siempre preguntaba -- A qué sabe el café? -- A esclavitud... (sonrisita maliciosa mientras lo sorbía y degustaba...) Respondía cada vez el dientudo hijo de puta. Cuando se chupaba proponía cambiar el nombre de su equipo de aquel entonces a Nazionada y por supuesto "dar por culo" a todos los morochos de la institución. "Un pibe difícil", comenta el ex Osasuna moviendo la cabeza y mirando al vacío mientras descascara un pistacho. -- Qué opinas de la situación en Siria? -- Compleja, intereses encontrados, por un lado las reservas petrolíferas internacionales en control de EEUU que se agotan y la necesidad de apoderarse de nuevas fuentes de consumo apremia en el país del norte, y por otro, Rusia no querrá que desmonten sus únicas bases militares en el mediterraneo, lo que además por supuesto representaría una amenaza a su soberanía y al libre flujo de transporte por sus rutas comerciales, esto Medvedev lo sabe. -- Crees que éste conflicto pueda ser el detonante de una tercera guerra mundial? -- No, probablemente el caso Suarez Hacemos un intervalo en la entrevista porque le traen a Richard un plato de churros con un sachets de mostaza. Derrama su contenido sobre el lomo grasoso que luego espolvorea con picadillos de ajo. --"Se quejaba permanentemente de las capuchas de las camperas de nuestros equipos deportivos - agrega el ex artillero - , pero sólo de las que eran blancas, un día se puso a juntar firmas para presionar a Umbro, las quería más puntiagudas..." "Aún asi, yo no entendía, se poco de Historia, no me culpes por eso, si me preguntas cuantos baldes de arena y cemento son necesarios para proporcionar la mezcla del revoque de una pared, en eso soy erudito, fui peón de albañil hasta los veintiseis, pero para describir la indumentaria de grupos racistas, no soy tu hombre." El mastin ingles imprevistamente nos interrumpe incrustando su hocico en la entrepierna del Chengue con la velocidad y exterioridad implacable de un torpedo o un tiburón que surca las profundidades del océano, el Chengue pese a ser de color oscuro se sonroja y le asesta un certero golpe en el hocico haciendo vibrar sus mofletes. Pese a la incómoda situación, quizá por nervios, quizá por ansiedad, espeté desubicadamente -- Epa Chengue... no sabía que el "Mastin Ingles" era como las chanchas... -- No se a que se refiere, replico en un tono lúgubre que parecía haber prorrumpido atravesando cual palillo de una brocheta las capas trasgeneracionales del sufrimiento negro, desde su primer ascendente hasta el último, finalmente transmitiendo la carga sombría de su mensaje a través del canal modulador de una laringe intransigente... Su mirada jovial y soñadora comunmente contrastante con sus pómulos hundidos de aspecto cadavérico, ésta vez llameaba a través de unos ojos inyectados en sangre... Creí que me cagaba encima -- Siiiii hombre, el mito de la chancha que se empoma el campesino y ésta lo manda al frente poniéndole el culo en el tobul cuando está con visitas Dijo el pelotudo a querosene de mi camarógrafo. Creí que era el final, que nos ahorcaría con las tripas de ternero que colgaban sobre el clavo, que tendríamos el mismo trágico destino que ese pobre animalito que probablemente había liquidado y desmembrado con sus propias manos. Se incorporó y caminó hacia nosotros, creí tener al mismísimo gigante de Rodas frente a mis ojos pero con aspecto mas severo, y por supuesto, más oscuro..., alzó su brazo derecho, el resplandor de sus anillos de oro que en ese instante se me hicieron más grandes que las proporciones de mi inminente ataúd, me obligaron a cerrar con violencia uno de mis párpados (ya no recuerdo cual) en su rauda caída transversal en inevitable dirección hacia mi rostro, pensé en Excalibur y su inclemencia, no creí que el brazo del Chengue fuese menos potente y filoso. Mi ojo parcialmente cerrado se mantuvo en esa forma, y su compañero se cerró para ir acostumbrándose al descanso eterno, pero un frío contacto sobre mi barbilla que parecía estar invadida por incomprensibles y fugaces normas lúdicas conjuró mi estado de petrificación.... eran los dedos del Chengue, su sonrisa era macabra y sus glándulas lagrimales expulsaban el líquido más concupiscente que yo antes haya visto. -- Mi esposa, trabaja cada temporada en Punta del Este de doméstica, no la veo desde hace un mes y hasta Marzo no aparece, esa es la explicación del comportamiento del mastin ingles, esa es la explicación de que los haya citado a hablar de un tipo que nunca fue mi compañero JAJAJAJAJA Me despierto sobresaltado, estoy todo transpirado, me pregunto: que onda? no puede ser que sude tanto, como si me hubiese garchado un negro!!! Está hecho con todo respeto, con la única intención de hacer reir o en el más pretencioso de los deseos, reflexionar. Desde ya que condeno todo tipo de actos o discursos racistas.