ArgentumDogo
Usuario (Argentina)
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En lo que va del año el Bitcoin se anota un ganancia del 260 %, siendo una de las inversiones más rentables que se recuerde. Les traigo 5 alternativas para invertir en Bitcoins. 1- Trading Bitcoin Esta es la opción más sencilla y utilizada por miles de traders alrededor del mundo. La estrategia es muy simple, se trata de comprar barato para luego vender más caro. Por ejemplo, la billetera Xapo te da la posibilidad de hacer compra / venta de Bitcoins cuanto veces quieras al día, y beneficiarte de las oscilaciones del precio. El riesgo de esta inversión es bajo, ya que siempre tienes el control del dinero en tu Wallet. 2- Préstamos Bitcoins A través de la plataforma de préstamos online Bitbond, puedes obtener un retorno de hasta el 13 % en Bitcoins. A las personas que se le presta dinero pasan por una evaluación crediticia, con el objetivo de minimizar el riesgo de impagos. El sistema ofrece la posibilidad de diversificar en varios préstamos para minimizar el riesgo. Esta es una inversión de riesgo medio, ya que nada es seguro en el mundo de los préstamos. Para más información puedes visitar el sitio oficial de Bitbond. 3- Bolsa / Forex Otra interesante alternativa es invertir en renta variable, más precisamente en la bolsa de valores y Forex. Puedes abrir una cuenta en algún broker online y comprar acciones de Wall Street, tradear divisas, metales y mucho más. El broker LiteForex te permite abrir una cuenta en Bitcoins desde US$ 10, y comenzar de forma inmediata a invertir en activos financieros. La principal ventaja es que las ganancias las puedes retirar en Bitcoins, conservando de esta manera la criptomoneda. Al tratarse de inversión en renta variable el riesgo que se asume es medio / alto. Para más información de como abrir una cuenta en el broker puedes visitar el sitio oficial de LiteForex. 4- Comprar Tokens Comprar otras criptomonedas con Bitcoins es una de las inversiones con mayor potencial, ya que se pueden obtener retornos muy alto. La compra / venta de Tokens se realiza a través de un Exchange. Una de las grandes ventajas es que se puede minimizar el riesgo de las inversiones en Tokens aplicando órdenes de Stop Loss, y maximizar los beneficios utilizando el Take Profit. Esta es un tipo de inversión de alto riesgo de alto riesgo, ya que si no tenemos experiencia en trading se puede perder mucho dinero. 5- Minería en la nube Esta es otra de las alternativas para invertir en Bitcoins y lograr altos rendimientos. Con una buena estrategia de Cloud Mining, puedes lograr al menos un 80 % anual. Para exprimir al máximo esta inversión es necesario que los precios de los Tokens se mantengan relativamente altos. Genesis Mining es una de las empresas de minería en la nube más respetada, y ofrece la posibilidad de minar múltiples criptomonedas, tales como Ethereum, Dash, Litecoin entre otras. La inversión es de alto riesgo, ya que está sujeta a que las criptomonedas mantengan su precio, entre otros factores externos [/align]

TenX es una nueva criptomoneda que tiene como objetivo facilitar una tarjeta prepaga, para hacer retiros en cajeros automáticos de todo el mundo, o bien realizar compras en tiendas. En este post analizamos si estamos ante una compra de oportunidad en TenX. TenX conecta sus activos a la blockchain para uso diario. La tarjeta de débito y la licencia bancaria de TenX nos permitirán ser un centro neurálgico, para que el ecosistema de la blockchain funcione en casos de usos del mundo real. La cartera TenX y la tarjeta TenX han sido probadas por figuras conocidas en la industria, con pagos en 50 países de todo el mundo. La cartera TenX iOS y WebApp estarán disponibles para el público a finales de julio. TenX soporta criptomonedas que corren en diferentes Blockchain, entre las que se destacan el Bitcoin, Ethereum y Dash. Usted es el titular de la clave DSS y tiene el control total de sus fondos. Puede ajustar su configuración de seguridad en cualquier momento con los contratos inteligentes. Desde límites de gastos diarios hasta el ajuste de ancho de banda. Lo que ves es exactamente lo que obtienes. Sin cargos complicados. Utilice los Tokens con la misma conveniencia que su moneda local, en cualquier parte del mundo. En síntesis, lo que ofrece TenX es la posibilidad de tener una tarjeta con múltiples criptomonedas para realizar compras en cualquier parte del mundo. TenX se negocia desde el 27 de junio con una cotización inicia del US$ 25, llegando alcanzar su máximo de US$ 86 el 06 de julio. En estos momentos se hunde hasta poco más de 1 dólar... La gran pregunta es: ¿Estalló una burbuja en TenX o estamos ante una compra de oportunidad? creemos que no estalló una burbuja, y estamos ante una compra de oportunidad asumiendo un riesgo relativamente bajo, comparado con el potencial que tiene el Token. TenX se puede comprar en el Exchange Bittrex bajo el símbolo PAY. En la actualidad circulan 104 millones de Tokens, y se prevé una emisión final entorno a los 205 millones.
La espada romana, el famoso "Gladius Hispaniensis", se inspira como su nombre indica en la espada corta hispana. En diversos momentos historicos fueron apareciendo diferentes modelos que se han catalogado por el nombre del lugar donde se encontraron los restos. El tipo "MAINZ" más antiguo, tenía una hoja de 50 a 55 cm. de largo por 6,25 a 7,5 cm. de ancho. Mantenía aún la forma de cintura de avispa, es decir, un estrechamiento hacia la mitad de la hoja, y tenía una punta larga. Una variante denominada "FULHAM" tenía también una punta larga pero solo medía 5 cm. de ancho y los lados eran rectos, aunque se ensanchaban ligeramente cerca de la empuñadura. El tipo "POMPEII", más reciente, tenía los lados paralelos y una punta corta, un ancho de 5 cm. y 45 a 55 cm. de largo. Las hojas eran de dos filos con una sección romboidal o lenticular, sin acanaladuras ni adornos. Algunas estában compuestas por una parte central de acero bajo en carbóno con filos de acero rico en carbono, otras tenían un alma de acero bajo en carbono rodeada de un exterior de acero rico en carbono y otra más estaban compuestas totalmente de acero bajo en carbono. El vástago era un extensión de la hoja, que se proyectaba a través de la empuñadura. La punta estaba remachada sobre una arandela o un clavo decorativo. Durante mucho tiempo se creyó que la espada tipo "MAINZ" era lo que los romanos llamaban "GLADIUS HISPANIENSIS", ya que era la copia de una espada española procedente de la época de las guerras Púnicas. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que el tipo "MAINZ" no fue usado en época tan temprana y que aparentemente no tiene una conexión directa con la espada española, y su parecido no es tan grande como se suponía. Un número creciente de hallazgos demuestran que el gladius hispaniensis medía de 60 a 68 cm. de largo sin incluir la empuñadura, y de 4 a 5,5 cm. de ancho. Algunas hojas se estrechan ligeramente en el centro mientras que otras tienen los lados paralelos. Las puntas varían de 10 a 25 cm. de largo y tienen los lomos redondeados. Desafortunadamente ninguna empuñadura ha sobrevivido, lo que indicaría que probablemente estaban hechas de madera. En el volumen 8 del "Journal of Roman Military Equipment Studies" se puede encontrar toda la información sobre el tema. Las espadas se llevaban en el lado derecho, colgando altas de un tahalí de cuero de 1,25 a 2,5 cm. de ancho. Los broches de tahalí que se pueden ver en algunas reconstrucciones modernas son en realidad adornos para harneses de caballos. La vaina tenía cuatro anillos para colgar, en la parte trasera el tahalí se dividía en dos y se cosía a ambos anillos, mientras que en la delantera solo se usa el anillo superior, tanto cosido como por medio de una hebilla. El tahalí podía estar teñido. Una forma más antigua de portar la espada, más común quizás en las de tipo "MAINZ", es colgarla del cinturón, aunque no sabemos con exactitus como se hacía. Implicaría el uso de cortas correas de cuero unidas a los anillos, ya sea formando un lazo o entrecruzándose. Al principio el gladus hispaniense tenía solo dos anillos en la parte trasera de la vaina. Se han hallado restos con pequeñas hebillas unidas a los anillos, lo que sugiere el uso de correas que lo unían al cinturón. Probablemente el uso de cuatro anillos se impuso a finales del siglo I antes de Cristo. Si se usan dos cinturones, uno de ellos es siempre para la espada y el otro para el puñal, el tahalí solo se puede usar con un cinturón. Sin embargo se puede usar un solo cinturón para llevar espada y puñal, sin tahalí. Mis Otros posts: Roma: La Guerra Cimbria. Una gesta Heroica: El Gran Asedio de Malta 1565 El Ejercito Espartano Morocho de la Cocha: Uno entre tantos Dogos Héroes La Gran Batalla de la Edad de Bronce: Valle de Tollense. La Epica Batalla de Cunaxa Una Batalla Decisiva: Las Navas de Tolosa 1212. La Batalla de Otumba 1520 Batalla de Arsuf: Ricardo "Corazón de León" Vs Saladino La II Cruzada (el sitio de Damasco) La Batalla de Bagradas: Roma Vs Cartago Nota: Espero que mi post sea de vuestro agrado, pido disculpas por adelantado si el contenido del post ofende a alguno de ustedes, saludos de un amigo Entrerriano!
Origen de los Gladiadores El Origen de los Gladiadores se remonta al siglo VI antes de nuestra era cuando los milicianos etruscos (oriundos de la zona norte de la actual Italia) luchaban entre sí para honrar a los difuntos de las clases influyentes de la sociedad. El término gladiador viene del latín gladius (espada), de ahí gladiator o portador de la espada. Con la llegada de las primeras repúblicas romanas, los gladiadores ya sólo eran hombres libres que luchaban a sueldo o esclavos y ladrones, que estaban obligados a luchar. En Hispania también se realizaban este tipo de ritos hacia el 206 a.C con un Cornelius Scipion (Africanus), gladiador que obtuvo una gran popularidad al enfrentarse con otros soldados. Anfiteatro de Capua arena del anfiteatro de Capua Anfiteatro Flavio "Coliseo Romano" Las Reglas del Combate Hasta tal punto llegaron a ser importantes los combates de gladiadores que se tuvieron que promulgar una leyes que regularan celebración, las llamadas Leges gladiatorae, estatutos por los que se debía regir dicho espectáculo. Los gladiadores que obtenían gran éxito recibían una gran aclamación; eran ensalzados por los poetas, su retrato aparecía en joyas y jarrones, las damas patricias les mimaban. También debe saberse que algunos emperadores realmente aparecían en el la arena, como Caligula y Commodus. Los combates de gladiadores tenían un desarrollo bien definido. Días antes de los juegos, el evento era anunciado por toda la ciudad donde se fueran a celebrar los juegos. La noche antes del combate se les daba una espléndida cena junto con las autoridades, amenizada con bailes y toda clase de placeres, era el único instante en que podían saltarse su exclusiva dieta, ya que podría ser esa la última noche de sus vidas. Cuentan las crónicas que en estas orgías los gladiadores eran muy deseados, al ser hombres muy grandes y musculosos, además de tratarse de héroes locales, similares en la actualidad a los jugadores de fútbol. a diferencia de la creencia popular falsamente difundida por Hollywood, el dedo pulgar llevado hacia la yugular (hacia arriba) indicaba que el gladiador vencido debía morir, el dedo pulgar en dirección hacia abajo, indicaba que la espada debía clavarse en la arena, perdonando así, la vida del vencido Tipos de Gladiadores Los gladiadores eran habitualmente esclavos, prisioneros de guerra o bien condenados por algún delito grave. Practicando la lucha se les daba la oportunidad de conseguir su libertad, la fama y, en muchos casos, una considerable posición económica. Tampoco faltaron personas que ingresaron en los Ludi (escuelas de entrenamiento y formación de gladiadores) con el único afán de divertirse y conseguir fama. Dentro de las leyes romanas había una que castigaba al reo a la condena llamada Ad gladium, es decir a luchar a muerte con la espada en la arena del circo. Todos los gladiadores eran entrenados en los Ludi, cuyos propietarios eran los Lanistae. Los distintos tipos de gladiadores se distinguían por sus vestimentas siendo los Equites y los Secutors los más idolatrados Llegaron a existir hasta diez tipos de gladiadores, que se distinguían por sus vestimentas y por las armas que portaban. Los Andabatae se les conocían por su casco sin aberturas para los ojos. Los Equites iban a caballo o en carroza (aurigas), por lo que solían luchar entre ellos. Los Hoplomacus portaban tiras de cuero en muchas partes del cuerpo (tobillos, muñecas, rodillas) y una especia de “slip” para proteger de la visión sus partes más íntimas. Luchaban con grandes escudos, casco con visera y cimeras. Los Mirmos provenían la mayoría de la Galia (actual Francia) y se caracterizaban por llegar en su casco un dibujo de un pez (en latín- Myrmo). Su indumentaria se basaba exclusivamente en un largo escudo rectangular y armas de procedencia gala. Los Reciarius no llevaban protección ni en la cara ni en la cabeza y tan solo portaban una túnica con un cinturón ancho de cuero, un tridente, un puñal y un red. Los Retiraii- portaban red, un largo tridente y un puñal y eran conocidos por no llevar casi nada encima. Solían luchar contra los Secutors. Los Secutors portaban espada, escudo, casco con visera y una espada. Tenían fama de ser muy valientes y de ganar en muchos encuentros gracias a su agilidad de sus movimientos. Los Samnita: eran conocidos por los grandes escudos ornamentados que llevaban en el pecho, sus cascos con crestas y aletas. Utilizaban una espada corta y recta, además de un pequeño escudo. Los Tracius debían su nombre a sus largas espadas. Portaban tridente o espada corta, escudo cuadrado pero no casco. Sus piernas estaban protegidas. Los Dimaqueros eran conocidos básicamente por el uso de dos espadas, una armadura poco provista, mangas de cuero o cota (en el periodo imperial) Mis Otros posts: Roma: La Guerra Cimbria. Una gesta Heroica: El Gran Asedio de Malta 1565 El Ejercito Espartano Morocho de la Cocha: Uno entre tantos Dogos Héroes La Gran Batalla de la Edad de Bronce: Valle de Tollense. La Epica Batalla de Cunaxa Una Batalla Decisiva: Las Navas de Tolosa 1212. La Batalla de Otumba 1520 Batalla de Arsuf: Ricardo "Corazón de León" Vs Saladino La II Cruzada (el sitio de Damasco) La Batalla de Bagradas: Roma Vs Cartago GLADIUS: La espada romana más mortífera Roma: La Invasión Goda del año 268 Roma: La Batalla de Adrianópolis, el inicio del fin Nota: Espero que mi post sea de vuestro agrado, pido disculpas por adelantado si el contenido del post ofende a alguno de ustedes, saludos de un amigo Entrerriano!

La batalla de Arsuf fue un enfrentamiento militar librado en el contexto de la Tercera Cruzada el 7 de septiembre de 1191 entre las fuerzas cristianas de Ricardo Corazón de León y las musulmanas de Saladino, terminando en una decisiva victoria de las primeras. Tras su victoria en los Cuernos de Hattin el sultán Saladino conquisto la ciudad santa de Jerusalén, Tiberíades, Acre, Arsuf, Nazaret, Séforis, Cesarea, Haifa, Sidón, Beirut, Biblos, Torón y Gaza, solamente Tiro y Ascalón le resistieron pero quedaron cercadas por tierra. La respuesta a la conquista de Tierra Santa no se hizo esperar, el papa Urbano III hizo de inmediato el llamado a una nueva Cruzada. A su llamaron se sumaron Ricardo I de Inglaterra, Felipe Augusto de Francia, el conde Balduino IX de Flandes y el Sacro emperador Federico Barbarroja, aunque este último murió en el río Saleph en Anatolia en junio de 1190.2 El plan de los cruzados incluía la captura de las principales fortalezas costeras antes del avance hacia Jerusalén, después de capturar Acre el 12 de julio de 1191 tras dos años de asedio (durante el cual las continuas disputas entre los reyes Ricardo y Felipe llevaron a que este último volviera a su país abandonando la Cruzada) el monarca inglés se dirigió por la calzada romana que bordeaba la línea costera y que pasaba por Haifa y Arsuf a fin de no alejarse de su flota llena de suministros ya que el hostigamiento de las fuerzas musulmanas impedía el traslado seguro de estos por tierra. Consiente de este continuo acoso Ricardo formo a sus 24 divisiones (la mitad de infantería y la otra de caballería) organizadas en cinco cuerpos mayores para que estuvieran en orden de batalla durante toda la marcha. El calor y las escaramuzas hicieron a la marcha muy lenta, demorándose 19 días en avanzar cien kilómetros. Saladino planeo lanzo emboscar a la columna enemiga el 29 de agosto pero tras ver el orden de aquella formación decidió desistir de su idea pero finalmente ante el continuo avance de esta opto por emboscarla, eligiendo el bosque de Arsuf, cercano a la población homónima, como el lugar propicio. Su plan consistía los cruzados atrapados entre su ejército y el Mediterraneo. La Batalla El 7 de septiembre, tras un descanso en donde está actualmente Birket-el-Ramadan Ricardo reanudó la marcha habiendo ya detectado a los exploradores de Saladino. Consciente de la cercanía del enemigo reorganizo a sus fuerzas: En la vanguardia iban los templarios con los turcoples (arqueros montados). A continuación iban los bretones y los angevinos del rey; luego, los normandos y los ingleses. Los franceses, a las órdenes del duque de Borgoña, que cabalgaba al lado de Ricardo, estaban presentes junto a los Hospitalarios, que constituían la retaguardia. A Enrique, conde de Champagne, se le confió el flanco izquierdo del ejército para prevenir un ataque turco. Los musulmanes habían ubicado a sus arqueros sudaneses, beduinos y turcos (a pie o a caballo) en la vanguardia, oculta entre el bosque, a los que les seguían mamelucos, sirios y egipcios que lanzaron varios ataques masivos contra la columna cruzada, que sorprendentemente resistió los continuos asaltos y la interminable lluvia de proyectiles. Los caballeros cristianos empezaron a luchar a pie y la infantería formo un muro defensivo con sus escudos. Cuando la vanguardia llego a los muros de Arsuf finalmente Ricardo considero el momento oportuno de pasar a la ofensiva (aunque ya la retaguardia formada por los caballeros hospitalarios había iniciado sin autorización una carga). Ante la embestida de los cruzados armados con armaduras de metal, las ligeras tropas musulmanas que rompieron filas quedando atrapados por el bosque a sus espaldas. Finalmente tras horas de sangrienta lucha las fuerzas de Saladino pudieron retirarse del campo de batalla. Tras esta victoria Ricardo tomo Jaffa, convirtiéndola en su base principal de operación y inicio negociaciones con Saladino pero estas fracasaron. Pero finalmente los altos costes del conflicto convencieron a ambos bandos de empezar a negociar llegándose a firmar un tratado de paz en junio de 1192. Según el acuerdo, y a pesar de la victoria militar cristiana, los cruzados conservaron finalmente solo la franja costera entre Tiro y Jaffa, la garantía de que sus territorios no sufrirían ataque alguno por tres años y la libertad de sus peregrinos de visitar Jerusalén. Chipre fue dado como feudo a Guy de Lusignan, anterior rey de Jerusalén, ciudad que permaneció en poder islámico. Mis Otros posts: Nota: Espero que mi post sea de vuestro agrado, pido disculpas por adelantado si el contenido del post ofende a alguno de ustedes, saludos de un amigo Entrerriano!

Morocho de la Cocha De vez en cuando resuenan en nuestros oídos historias de amor, entrega y valentía que no encuentran parangón en ninguna actitud humana, el tipo de entrega y valentía que traspasan las especies y por un instante nos muestran un verdadero gesto de entrega y amor incondicional. Con todas las posibilidades en contra, sin importar las consecuencias. El Dogo Argentino parece estar programado biologicamente para ser una raza única, por el amor, la entrega y la lealtad, sinónimo de lo mejor de nuestra sociedad Argentina, pero sin ninguno de sus vicios, "un tipo" noble, amigo, "familiero" desinteresado, fuerte sin igual y de igual modo sin arrogancia, casi inconsciente de su fuerza y bravura. La diversa geografía Argentina (e Internacional) es testigo de su bravura y fiereza sin igual. Gladiador de montes y praderas, amigo y hermano en un mundo de tantos gestos vacíos e intereses ocultos. Aquí les presento a Morocho "un cachorro perfecto" dijo su entrenador, y como la vida no carece de ironía, ese carrocho perfecto termino salvando la vida de su dos hijas, su tesoro mas preciado, como dije anteriormente, un Dogo Héroe, dentro de una raza de Héroes.... Sin mas preámbulos aquí les presento el vídeo que muestra su gran hazaña (les pido por favor unos minutos de su tiempo para verlo) link: http://www.youtube.com/watch?v=7a_EYWuCn1c Algunas fotos de Morocho Para terminar me despido con un lindo poema al Dogo Argentino, Titulado "El Viejo Dogo" Acércase lamiéndome la mano y se tiende a mis pies pausadamente. Tiene sueño mi perro inteligente, mi viejo gladiador cordillerano. Se ha dormido pensando en un lejano paisaje cetreril porque es valiente, y sueña con un duelo a garra y diente en el mallín, el bosque o el pantano. Viejo dogo: descansa que ya es hora, mientras mi gratitud te condecora, y en el armiño de tu piel sin brumas grabándote corales y rubíes, con dagas de marfil los jabalíes y con tridentes de carey, los pumas!! Bueno amigos/as taringueros, este ha sido mi humilde (y primer post) espero que haya sido de vuestro agrado, por adelantado pido disculpas si alguien se siente ofendido por el contenido del post (por ejemplo alguien que no apruebe / este en contra de la cacería con perros) saludos de un amigo entrerriano! Nota: El texto es mio, el video lo robe de youtube, y muchas de las imagenes tambien son robadas del criadero de la Cocha
Turbaronse los grandes, los robustos Rindieronse temblando y desmayaron. (Fernando de Herrera, Canción en alabanza por la victoria de Don Juan de Austria); Basta un día, a veces una hora, para que ocurran grandes catástrofes si no está todo previsto. (Cicerón, Filípica II); Más puede quien más fuerza tiene. (Plauto, Cascarrabias); Eterno lamentar, lloroso verso, Lágrimas de dolor, oscuro luto Hagan al mundo fe de común daño. (Gutierre de Cetina, Sonetos) El encuentro con el destino: Adrianópolis 1. PROLEGÓMENOS A LA DEBACLE. Llegados a este punto debemos plantear la cuestión de las unidades y sus números. No es fácil dar un número exacto de los soldados que constituían los ejércitos de ambos contendientes. En cuanto a las fuerzas Romanas, disponemos de la inestimable ayuda de la Notitia Dignitatum que hace una relación completa de los diferentes cargos civiles y militares del imperio, pero se ha considerado por los historiadores que los datos de la parte occidental y de la parte oriental son de fines del siglo IV o principios del V d. C. Eso significa que refleja un estado de cosas posterior a la batalla de Adrianópolis. Así, el ejército presencial de oriente, acuartelado en Constantinopla, estaba dividido en dos: ambos formados por 12 unidades de caballería y 24 de infantería; el ejército de Tracia estaba compuesto de 7 unidades de caballería y 21 de infantería. No hay certeza sobre el grado de similitud que estas cifras tienen con la organización del ejército de oriente en el año 378. Muchas unidades citadas en la Notitia fueron reclutadas después de Adrianópolis y muchas otras eran limitáneas que pasaron a ser pseudocomitatenses. Faltaban tropas y Teodosio las obtuvo de todas partes, de donde pudo. Pocas unidades de las que intervinieron en la batalla desgraciadamente son citadas por las fuentes, de modo que no podemos saber cuánta diferencia había entre el ejército de Valente y el de la Notitia. No obstante, hay pistas en las fuentes que podemos seguir para poder al menos conformar una cierta idea sobre el ejército que luchó en Adrianópolis. Amiano dice que el Augusto Valente iba al mando de tropas diversas y que había muchos veteranos. Lo cual supone que llevaba consigo todas las tropas que pudo retirar del frente persa, muy probadas en la lucha contra Sapor, dejando el resto vigilando los movimientos del Persa, y además veteranos reenganchados para la campaña. Eso significa, según MacDowall, que la división del ejército acuartelado en Constantinopla en dos, como refiere la Notitia, bien pudo haber ocurrido en este momento preciso: un ejército de campaña y otro de reserva. Si fuera así, y teniendo en cuenta los datos de la Notitia, en teoría el número de soldados de Valente sería de unos 21.000. Pero como las unidades no habrían estado en su número completo (casi nunca lo estaban), podemos hablar de unos 15.000 a 20.000 soldados bajo el mando del Augusto. Las restantes unidades que ya estaban operando en Tracia es posible que estuvieran tan gastadas después de casi tres años de duros combates que no tomaran parte, salvo algunas de calidad, en la batalla. Una posible composición del ejército Romano en Adrianópolis pudiera ser: 1.500 escolares, 1.000 jinetes palatinos, 1.500 jinetes comitatenses, 5.000 legionarios palatinos y 6.000 auxiliares palatinos. A las cuales agregar, quizás, las tropas que habían estado pugnando de antes en Tracia. Siguiendo a MacDowall, las unidades que pudieron estar fueron: 1. En caballería: A) Escolares: Scutarii Prima (caballería pesada), Scutarii Secunda (caballería pesada) y Scutarii Sagitarii (arqueros montados); B) Vexilationes palatinas: Equites Promoti Seniores (caballería pesada) y Comites Sagitarii Iuniores (arqueros ligeros montados); C) Vexilationes Comitatenses: Equites Primi Scutarii (caballería pesada) y Equites Promoti Iuniores (caballería pesada); 2. Infantería: A) Legiones palatinas: Lanciarii Seniores (infantería pesada) y Martiarii Iuniores (infantería pesada); B) Auxilia palatina: Batavi Seniores (infantería pesada), Sagittarii Seniores Gallicani, Sagittarii Iuniores Gallicani y Tertii Sagittarii Valentis (las tres arqueros a pie). Los Cornutos (infantería pesada), vencidos en Dibalto, posiblemente también estuvieron en la batalla. Por su parte, John Fuller cifra en 60.000 los soldados Romanos que intervienen en Adrianópolis al mando de Valente (3) . La misma cantidad de soldados nos transmite Matthew Bunson en su Enciclopedia del imperio Romano. En cuanto al ejército Godo, pocos datos concretos hay sobre sus fuerzas. Se han ofrecido números bastante dispares. Así, Matthew Bunson en su citada obra habla de 100.000 bárbaros. Otros autores hablaban de 150.000 en total, o incluso 200.000, pero se considera poco probable, pues los exploradores Romanos lo habrían sabido y Valente no hubiera entablado batalla contra tamañas fuerzas. La cifra de 10.000 que se dio a Valente la considera Amiano errónea, de modo que tuvieron que ser bastantes más. Hay que considerar que Fritigerno mandaba tropas procedentes de diversas tribus: había Tervingos, Greutungos, Alanos, Hunos y otros grupos bárbaros. A los cuales hay que unir los mineros tracios, los desertores (los Godos de Suerido y Colias), los campesinos arruinados, los esclavos Godos y otras gentes de diferente origen descontentas con el Estado Romano. Es muy atrevido dar cifras o un número exacto de guerreros Godos, pero podríamos (con todas las reservas) decir que serían entre 12.000 y 20.000 hombres. Tal vez el límite máximo sería de 17.000 a 18.000 hombres, pues si hubieran sido tantos como los Romanos, quizás Valente no hubiera osado batalla. Siguiendo, una vez más, a MacDowall, la composición (meramente especulativa, ya que las fuentes Romanas no dan números) sería como sigue: 1. Tervingos: A) Comitiva de Fritigerno: unos 1.000 hombres (caballería pesada); B) Unidad de Suerido: 300-400 hombres (infantería pesada); C) Unidad de Colias: 300-400 hombres (infantería pesada); D) Lanceros: 6.000-8.000 hombres (infantería pesada); E) Arqueros a pie: 1.000-1.200 hombres. 2. Greutugos: A) Comitiva de Alateo: unos 500 hombres (caballería pesada); B) Comitiva de Safrax: unos 500 hombres (caballería pesada); C) Guerreros Greutungos: 2.000-3.000 hombres (caballería pesada); D) Guerreros Alanos: 1.000-2.000 hombres (arqueros montados); E) Guerreros Hunos: unos 500 hombres (arqueros montados); F) Arqueros Greutungos: 500-1.000 hombres. 2. ADRIANÓPOLIS. Al amanecer del día 9 de Agosto del 378 d. C., habiendo dejado el Augusto Valente el tesoro y a los consejeros en la ciudad así como los bagajes e impedimenta junto a las murallas con la debida protección, los Romanos partieron de su campamento en busca de los Godos que se hallaban situados al norte de su posición. El campamento de carros Godo estaría situado según estudios recientes en Muratçali (a 16 Km. de Adrianópolis), una elevación cuyos barrancos ofrecían buena protección por tres partes, fácil vista de los alrededores y suministro de agua y forraje (a 5 Km. del río Tundzha). Las tropas Romanas marcharon en columna, a cuyo frente estaba la caballería que había de formar el ala derecha al mando del magíster de caballería Víctor, a continuación la infantería a cuyo frente estaba Trajano magíster de infantes y también Saturnino y después, cerrando la marcha, en retaguardia la caballería que había de ocupar el flanco izquierdo. Una orden de marcha bastante convencional. Recorrieron esa distancia por un terreno difícil y abrupto, lo que ralentizaba la marcha, haciéndola más penosa. Además era un día muy caluroso, lo que hizo que los hombres estuvieran cansados incluso antes de llegar al campo de batalla. Llegaron hacia las dos de la tarde ante los Godos, tras unas siete horas agotadoras de marcha. Los bárbaros, más descansados, habían agrupado sus carros (unos 2.000-5.000 carromatos). Pudieron hacer esto o bien en un enorme círculo (Amiano habla de un círculo), ya en varios más pequeños, según apunta MacDowall, pues, arguye, dada el número enorme de carros, la línea única de los mismos habría tenido varios kilómetros de largo (unos 30), lo que considera poco probable a efectos de defensa. Considera más probable y tácticamente más acertado que hubiera dispuesto varios grupos de carretas, uno principal en el centro y luego varios grupos en los flancos para cubrir la formación Goda y, si hubiera peligro de ser envueltos por la caballería Romana, constituir un obstáculo a su avance, dando tiempo para enviar refuerzos que contraatacaran. Delante de los carromatos colocó a su infantería, apoyada en dicho muro de carros, que le serviría de referencia en medio de la polvorienta planicie. Contra lo que se opina no se colocaron detrás sino delante de los carros. La forma de combate consistía en dejar a las mujeres, hijos y ancianos en la redondez del carrago y los guerreros formar una línea delante de los carromatos. Sólo si las cosas se ponían mal se retirarían y utilizarían los carromatos como muro. Llamaron a la caballería Greutunga y Alana que estaba forrajeando. Es de suponer la angustia de Fritigerno viendo a los Romanos desplegarse delante de él y su caballería entretanto sin llegar. Demostró ser un buen general y como tal no se imaginaría la victoria contra los Romanos sin el apoyo de la caballería. Los Romanos, por su parte, comenzaron el despliegue. La caballería del ala derecha, que abría la columna de marcha, se situó frente a los Godos para proteger la evolución de la infantería, que venía inmediatamente después y que se constituiría en la clásica formación de dos líneas. La caballería del ala izquierda, que habría protegido la retaguardia en la marcha, cerrándola por tanto, como antes hemos indicado, estaba lógicamente más retrasada y trató de acelerar el paso para ocupar su puesto en el frente de combate. La infantería iba tomando posiciones poco a poco. Todo esto no se hizo con la mejor de las planificaciones, pues da la impresión de que el ejército no estaba siendo bien dirigido. De hecho, Zósimo escribe que el emperador lo conducía sin orden alguno. Mientras esto ocurría, Fritigerno, queriendo ganar tiempo para que llegara su caballería, mandó legados al campo Romano que trataran de la paz. Mientras se desarrollaban las negociaciones, Fritigerno, lleno de astucia, ordenó quemar los campos circundantes, para que los Romanos padecieran mayor calor aún. Era verano, se calcula en 38º la temperatura en esas planicies tracias, estaban agobiados por el peso de las armas y, además, a la par que los animales, padecían de hambre y sed. Todo ello evidenciaba una falta de previsión y de intendencia notables. Fritigerno, temeroso de lo que pudiera ocurrir, solicitó rehenes como garantía de las negociaciones. El tribuno Equicio, amigo del emperador Valente, a quien se propuso primero, se negó de plano, porque habiendo antes sido prisionero de los bárbaros se había escapado y no quería volver a estar entre bárbaros nunca más. Se ofreció como voluntariamente Richomeres conde de los Domésticos a ir como rehén, lo que fue aceptado por todos, que se veían así libres del peligro de que la elección recayera en otro. Ha sido planteada la razón por la que a esas alturas de la campaña el Augusto Valente aceptó las negociaciones, sobre todo porque al partir de Adrianópolis parecía muy decidido a entablar batalla. Se han argüido varias causas: que la posición sobre el terreno de los Godos fuera más fuerte; que el número de bárbaros fuera mayor de lo que esperara; que pretendía un arreglo pacífico para que todos esos Godos pasaran a ser soldados en el ejército y mano de obra en los campos, lo cual era muy necesitado por el imperio; que demoraba el tiempo esperando la tan anunciada venida del Augusto Graciano. Sea como fuere, suya no fue la decisión final, ya que, mientras que Richomeres se disponía a encaminarse al campamento godo, ciertos oficiales de caballería decidieron comenzar el combate por su cuenta. La batalla iba a empezar. En efecto, algunas unidades del ala derecha Romana, los escutarios y los arqueros al mando de Bacurio, oriundo de Hiberia, y de Casio, no se limitaron a vigilar protegiendo a su infantería para luego desplazarse al flanco derecho, sino que cargaron, por su iniciativa, contra el flanco derecho de los Godos. Lo que ocurrió no está claro. No se sabe con seguridad qué pensaron o qué pretendían cuando se extralimitaron en su misión. Es, por otra parte, difícil que atacaran a los carros. Más bien parece que estaban tentando puntos débiles en la formación goda y, en vez de conformarse con ello, detectaron algún punto débil y tentados por ello terminaron trabando combate en toda regla. Ferrill habla de “clásico error”. Y añade: el papel de las avanzadillas es mantener al enemigo a distancia con las armas de medio y largo alcance en el comienzo de la batalla. Pero las avanzadillas deben tener cuidado de no llegar a enfrentarse con el enemigo. No están entrenadas para luchar en formación o mantener una línea de batalla. Cuando dos fuerzas principales toman contacto, las avanzadillas deben volver a los lados de la retaguardia de su propio ejército. En líneas generales, no pueden defender su terreno y no se espera que lo hagan. Tal vez la soberbia de los Escutarios, que como escolares eran tropa de élite, dio lugar a tal indisciplina, olvidándose con ello que la más importante de las ciencias es la de ser mandados y mandar. En cualquier caso, este movimiento lo hicieron al margen del resto de las unidades del ala derecha, que se pusieron en su lugar en el frente de batalla (flanco derecho) bajo el mando del magíster de caballería Víctor, y cuando la infantería aún se estaba desplegando y la caballería del ala izquierda estaba alcanzando todavía su posición. Bacurio y Casio, tras breve lucha, fueron rechazados y trataron de reagrupar a sus tropas ecuestres, pero no pudieron hacerlo, pues en ese preciso instante regresaron Alateo y Safrax con la caballería bárbara, los cuales se arrojaron sobre ellos como un rayo que se precipita entre las montañas. Es de destacar que los Romanos no se percataron de la llegada de la caballería bárbara. Una explicación probable es que iniciaran el regreso en cuanto vieran el polvo que levantaba el ejército Romano al avanzar y que volvieran por el curso del río Tundhza, un afluente del río Hebro (actual Maritsa). Como era verano, su caudal sería escaso, quizás un palmo de profundidad, que permitió correr por su cauce sin levantar polvo que pusiera sobreaviso a los Romanos. A la vez que aparecían los jinetes bárbaros, Fritigerno, apercibido de su venida, lanzó a su infantería contra la Romana. Se arrojaron dardos y lanzas ambas partes primero, chocando después sus escudos y celebrándose entre ellas un combate con avances alternativos, como los vaivenes de las olas del mar. En este instante de derrota completa para la caballería de Bacurio y Casio, llegó por fin la caballería del ala izquierda, cuyo comportamiento, según se deduce de las fuentes, fue doble. Efectivamente, según parece, una parte de sus unidades cargó contra el flanco derecho de los Godos, ya que Amiano dice que en una ocasión, el flanco izquierdo había llegado incluso hasta las carretas de los bárbaros, y hubiera avanzado aún más si hubiera contado con ayuda. Pero, al ser abandonados por el resto de la caballería, se vieron acosados por una multitud de enemigos, rodeados y aniquilados. De este texto se colige que una parte se lanzó al ataque, venciendo a los Godos que perseguían desordenados a los jinetes del ala derecha de Bacurio, llegando en su victoria hasta los carros de los bárbaros, mientras que otra parte del ala izquierda, influida sin duda por la huida de Bacurio y Casio, huyeron sin luchar. La parte que luchó no tuvo apoyo del resto, que huyó, ni de la infantería, que ya trababa combate con los guerreros de Fritigerno. Vencida la caballería en el ala izquierda Romana, Alateo y Safrax atacaron el flanco abierto y desprotegido de la infantería Romana, que mantenía lucha mortal con los guerreros Tervingos. La caballería Romana del ala derecha, al mando de Víctor, al parecer, aguantó más tiempo, pero finalmente se vio sobrepasada, fue rota y huyó. Eso dio lugar a un nuevo Cannas: la infantería Romana abandonada totalmente por su caballería se encontraba rodeada y presionada por todos los flancos. La disciplina de los infantes, empero, era fuerte, de modo que mantuvieron al principio su posición. Con sus largas lanzas (que habían sustituido al viejo pilum) los legionarios Romanos pudieron contener las primeras cargas de la caballería bárbara a pie firme. Pero su situación ya era muy apurada. Los hombres estaban tan apiñados que no podían blandir sus espadas o mover los brazos. Estaban siendo abrumados por una mortal nube de dardos por parte de los arqueros bárbaros. Estaban, en suma, siendo apretados por la mortal pinza de los Godos. Así lucharon, no obstante, por cierto tiempo. Tuvo que ser para los Romanos enloquecedor el polvo, los gritos, la sed, el hambre, el calor, la sangre que hacía el suelo resbaladizo, la agonía de los camaradas que caían al lado y eran pisoteados, y la terrible incertidumbre, que les oprimiría el pecho, sobre el resultado de la batalla, la cual se les estaba escapando de entre las manos. En medio de un tumulto y de una confusión tan grandes, los infantes, exhaustos por el esfuerzo y los peligros, como ya no disponían ni de fuerzas ni de lucidez mental, dice Amiano, rotas las lanzas, desenvainaron sus espadas y atacaron a los Godos en un último y desesperado asalto. Con ello se demostraba la enorme profesionalidad de unos soldados, que, además de bien entrenados y equipados, eran veteranos. Los bárbaros peleaban con fiereza y se mantenían firmes, de modo que los Romanos se enfrentaban con tanta fuerza a los que se les echaban encima que algunos llegaron incluso a morir por las armas de sus propios camaradas. Estaban ya tan asediados por todas partes, que los Romanos apiñados morían ensartados accidentalmente en las armas de sus conmilitones. Esto ya no iba a durar mucho más. Estando el sol en su declive, pues ya atardecía, los infantes Romanos, agotados por el hambre, la sed, el peso de sus armas y el entumecimiento de su cuerpo por el grandísimo esfuerzo realizado, cedieron. Las líneas se vinieron abajo y cada uno buscó su salvación en la huida. Los Godos, llenos del furor propio de su raza, empezaron una persecución sin piedad de los fugitivos, a los que fueron matando o rematando según el estado de salud que cada cual tenía. Había soldados que todavía estaban incólumes, otros heridos de diversa consideración y otros, yacientes en el suelo con terribles heridas, rogaban lastimeramente el último golpe que pusiera fin al tormento de seguir viviendo. Miles de hombres y de animales quedaron en el sitio, saturando de sangre la tierra. La batalla de Adrianópolis, por Angus Mc. Bride, Osprey Editorial. El Augusto Valente buscó refugio entre las legiones palatinas de Lanciarios y Matiarios, las cuales, a pesar de la debacle que las rodeaba, se mantenían aún firmes en su lugar. Esto supone que su guardia personal también había huido. Viendo el desastre que ya se cernía en toda su crudeza, el general Trajano pidió al general Víctor que llamara a cuantas reservas quedaran, pues de lo contrario el emperador se vería sólo defendido por extranjeros, es decir, que todo estaría perdido. Víctor desde la derrotada ala derecha, trató de hacer un último esfuerzo y buscó raudo a los Bátavos, auxiliares palatinos, que estaban en retaguardia como reserva, para lanzar un contraataque. Pero se encontró con que habían también huido sin haber siquiera entrado en combate. Estos hombres, que se deshonraron para siempre ante la historia con su conducta, no comprendieron que es preferible morir luchando que salvarse huyendo, puesto que para un soldado es difícil encontrar un pretexto para salvarse pero fácil encontrar otro para morir. Dadas las circunstancias, Víctor huyó. También lo hicieron el conde de los Domésticos Richomeres y el general Saturnino. Por su parte, en la batalla cayeron Trajano magíster de la infantería, el general Sebastiano, Valeriano tribuno de los establos y Equicio encargado del palacio (quien se negó como vimos a ir como rehén), junto con otros 35 tribunos y dos tercios del ejército Romano. El emperador quedó así entregado a su destino, para la última escena de la tragedia. No se sabe de cierto cómo murió Valente. Dos son las historias que refiere Amiano sobre ello. Según una, murió al anochecer en los momentos finales de la batalla, en plena carnicería, atravesado por una flecha. Otra versión, sin embargo, dice que consiguió huir, herido por un dardo, en compañía de algunos soldados y se refugió en una granja o pequeña torre rural. Los Godos en su persecución de los fugitivos llegaron a ella y, sin saber quiénes había dentro, trataron de entrar, lo que les fue impedido a viva fuerza, recibiendo flechas. Airados por ello los bárbaros apilaron leña en torno a la edificación y prendieron fuego, con lo que todos los que estaban dentro murieron abrasados, el emperador de Roma incluido. Sea como fuere, su cuerpo nunca fue encontrado. Su cadáver, sin duda, quedó, anónimo, entre los cuerpos inermes de los miles de soldados del ejército Romano que en aquella ominosa planicie quedaron para siempre. La batalla de Adrianópolis había concluido. Mis Otros posts: Roma: La Guerra Cimbria. Una gesta Heroica: El Gran Asedio de Malta 1565 El Ejercito Espartano Morocho de la Cocha: Uno entre tantos Dogos Héroes La Gran Batalla de la Edad de Bronce: Valle de Tollense. La Epica Batalla de Cunaxa Una Batalla Decisiva: Las Navas de Tolosa 1212. La Batalla de Otumba 1520 Batalla de Arsuf: Ricardo "Corazón de León" Vs Saladino La II Cruzada (el sitio de Damasco) La Batalla de Bagradas: Roma Vs Cartago GLADIUS: La espada romana más mortífera Roma: La Invasión Goda del año 268 Nota: Espero que mi post sea de vuestro agrado, pido disculpas por adelantado si el contenido del post ofende a alguno de ustedes, saludos de un amigo Entrerriano!

Llanuras de Túnez, 255 a C. Cerca de las aguas del Bagradas, más de 35.000 hombres y un centenar de elefantes se batirán en lo que debería ser el jaque mate romano al enemigo cartaginés. Tras esta batalla lo único que se interpondría entre la sumisión de Cartago y el cónsul romano sería a lo sumo una muralla. No habían más ejércitos en Cartago, los pocos hombres que quedaban estaban listos para resistir un penoso asedio o sufrir la humillación de la derrota. Era el todo o nada. ANTECEDENTES: Nos encontramos en lo que se atisbaba como el fin de la 1ª Guerra Púnica, la primera de un total de tres que enfrentaron a las dos mayores potencias del Mediterráneo occidental. En este año, Cartago viene de sufrir una serie de derrotas navales que le han llevado a perder su hegemonía naval. La última de estas derrotas fue en Ecnomo (256 a.C.), donde el cónsul Atilio Régulo venció a una flota de 350 navíos y más de 150.000 hombres (Polibio 1.25.9/ 26.8) en lo que fue la mayor batalla naval del mundo antiguo. Tras este descalabro, las puertas al África quedaron abiertas para los romanos, algo que temían los cartagineses, ya que creían que sus dominios se rendirían sin apenas oponer resistencia, perdiendo así todo su imperio (Pol. 1.26.2). Tras la victoria en Ecnomo, los romanos repararon las embarcaciones y aseguraron la logística (Pol. 1.29.1), arribando posteriormente la flota de Atilio y L. Manlio a las costas africanas en varias tandas. Tuvo que esperar parte de la flotilla al resto en el promontorio de Hermaia (Pol. 1.29.2), desde donde partieron hacia la ciudad de Aspis1. Cuando desembarcaron tuvieron que tomar algunas fortificaciones antes de poder alcanzar el enclave púnico, el cual rodearon con un foso e iniciaron las operaciones para tomarla. Es curioso el hecho que esta ciudad actuó como su propio nombre indica, como un escudo, dando tiempo a los cartagineses a terminar los preparativos de la defensa de la ciudad, en los cuales debieron de participar también los marineros de la flota derrotada en Ecnomo2. No sabemos si Aspis cayó por asalto o por rendición, pero el alto número de esclavos obtenidos en las posteriores razzias (20.000 según Polibio 29.5-7), más los prisioneros de guerra romanos e italianos (Zonarás 8.12), puede que incluyan a los obtenidos en Aspis, así se entenderían mejor dichas cifras. Se hace mención de tren de asedio, en concreto catapultas, dentro de las fuerzas de Atilio, aunque está dentro de un curioso pasaje (Zonaras 8.13; Livio Per. 18; Orosio 4.8.10) en el cual una serpiente gigante de unos 120 pies ataca a los soldados romanos a orillas del río Bagradas. Tras la caída de Aspis, y ante la llegada del invierno (Lazenby 1996:98), los cónsules enviaron emisarios para saber como proceder. Mientras esperaban la respuesta se dedicaron a devastar y saquear las haciendas de los nobles cartagineses, obteniendo como beneficios los datos aportados a principio de este párrafo. Tras un breve periodo de tiempo, llegaron de Roma unos legados con la respuesta del senado al mensaje enviado por los dos cónsules. En él se ordenaba a L. Manlio volver a Roma con parte de la flota y los cautivos, dejando a su colega con 15.000 soldados, 500 de caballería y 40 buques (Pol. 29, 8-10). Con estas fuerzas Régulo tendría que someter a Cartago, lo cual no era una empresa muy difícil ya a estas alturas. BATALLA DE ADIS: Al igual que los sátrapas persas no querían ver quemadas sus posesiones según los planes de Memnon de Rodas antes de la Batalla del Gránico, los nobles cartagineses no tolerarían más ver sus campiñas saqueadas y quemadas impunemente, así que tomaron una fuerte resolución: acabar con las razzias de Régulo. Para ello eligieron dos comandantes para dirigir esta operación: a Bostar3 y a Asdrúbal, hijo de Hanno. También se hizo regresar de Sicilia a Amílcar con sus 5.000 mercenarios y 500 de caballería. Una vez reunidas las fuerzas mercenarias de Sicilia y las dispuestas en Cartago, pudo partir un ejército de suficientes proporciones como para intentar vencer a las fuerzas de Régulo. Unos pocos días después de estos nombramientos, Régulo comenzó de nuevo a tomar enclaves púnicos, muchos de ellos de escasa importancia, sin murallas siquiera, pero otros de cierta relevancia. Esta campaña le llevó hasta la importante ciudad de Adis, donde su tropa comenzó las labores de asedio. Fue allí donde se encontrarían los dos ejércitos. Acamparon las fuerzas púnicas en una colina cercana a la ciudad sitiada, esperando así obtener una posición ventajosa. Probablemente, y a pesar de la crítica de Polibio (1.30.8) y Diódoro (23.11) a la táctica cartaginesa, tal vez la toma de esta decisión haya sido debido a la falta de confianza en su tropa de infantería, posiblemente como resultado del desastroso desarrollo de la guerra y de una mentalidad derrotista. Tomando una posición dominante como una colina, con la pendiente a favor, obtendrían una cierta ventaja sobre el romano. Atilio, como general de cierta experiencia y capaz que era, no desaprovechó esta oportunidad, ya que si tenía cierto déficit en caballería, la posición abrupta tomada por el enemigo lo equilibraría. Al rayar el alba lanzó un ataque por dos direcciones con la primera legión y su alae. Los legionarios romanos se enfrentaron a los mercenarios, siendo derrotados por estos tras un breve combate, pero en el otro lado la infantería aliada desalojo a los elefantes y caballería, que poco pudieron hacer en dicho terreno. Tras perseguirlos brevemente, volvieron sobre sus pasos y atacaron la retaguardia mercenaria, uniéndose a su vez los de la primera legión que dejaron de huir y volvieron a la carga. Moneda Cartaginesa de la época de Anibal Barca La cantidad de bajas que nos reportan los clásicos son demasiado exageradas, 17.000 según Orosio (4.8.16) y 18.000 Eutropio (2.21.3), además de 5.000 soldados y 18 elefantes capturados. Pueden indicar estas cifras, un alto número de bajas en el bando cartaginés, lo que podría haber afectado en los acontecimientos posteriores, tanto a nivel diplomático, como en el escaso número de tropas en Bagradas, pero en todo caso son demasiado grandes como para tomarlas literalmente. Las consecuencias de esta derrota fueron desastrosas, no solo por ser uno de los pocos ejércitos disponibles por Cartago, sino porque sus aliados y súbditos se sublevaron. Parte del pueblo númida, ante la debilidad púnica, se sublevó e invadió tierras cartaginesas, lo que nos hace pensar que también los enclaves libios podrían haber hecho lo mismo y haberse aliado con el que parecía a todas luces el vencedor de esta guerra, Régulo. CONVERSACIONES DE PAZ: Tras la batalla de Adis, los dos bandos inician contactos diplomáticos para declarar los términos de la rendición de Cartago. Sobre este hecho existen dos versiones. La primera es la que mantienen Orosio (4.9.1), Diódoro de Sicilia (23.12), Livio (Per. 18) y Eutropio (2.21.4), según los cuales, el senado cartaginés envió a tres diplomáticos para discutir los términos de la rendición. Presidía dicha embajada Hanno, hijo de Amílcar. La otra es la de Polibio, que aunque suele ser más fiable, en este caso tenemos ciertas dudas sobre la validez de su relato. Según este autor (31.1), fue Régulo quien inició las conversaciones de paz y no Cartago, ya que el cónsul romano temía que ante una prolongación de la campaña, no fuera a quitarle su sucesor la gloria de concluir una de las mayores guerras de Roma. Pero disponemos de un texto de Dión Casio (11, fr. 43. 22-23) que registra las condiciones de Régulo: Retirarse de Sicilia y Sardinia. Liberar a los prisioneros de guerra romanos sin coste alguno y pagar por los suyos propios. Pagar los gastos de guerra ocasionados a los romanos y además un tributo anual. No podían ni hacer la guerra ni la paz sin el consentimiento romano. Solo podrían disponer de un buque de guerra, pero en caso de que los romanos lo requirieran, entregarles 50 trirremes (posiblemente se refiera a los quinquerremes, mucho más utilizados en aquella época). Estar en condición de inferioridad en otros aspectos. Como vemos, unas condiciones durísimas, aunque Lazenby (1996:102) duda de una de ellas, la entrega de Sardinia, pues la misma no fue ni requerida en el tratado del final de la guerra. Si Régulo hubiera deseado la paz debido a los motivos que expone Polibio, sin lugar a dudas no hubiera sido tan duro. De hecho, y a pesar de las lamentables condiciones en que estaba, Cartago rechazó dicha paz. Aunque también podríamos considerar todas estas conversaciones de paz como una simple treta cartaginesa para ganar tiempo (Dión Casio 11, fr. 43. 21), porque tiempo era lo que necesitaba Cartago para lo que se avecinaba. LA ÚLTIMA ESPERANZA, EL ESPARTANO XANTIPPOS: En 255 a.C. llegan a Cartago los famosos mercenarios de Grecia, la última esperanza púnica. Si las conversaciones de paz hubieran sido una treta para ganar tiempo, la verdad es que cumplieron perfectamente con su objetivo. Entre los estipendiarios se encontraba un oficial espartano llamado Xanthippos (Ξάνθιππος o Jántipo). No sabemos apenas sobre la figura de este militar, y lo poco que podemos deducir de Polibio (32.1) “Xanthippos, lacedemonio, educado a la manera de su país y bastante conocedor del arte de la guerra” es que puede que fuera lo que los espartanos conocían como mothax, un hombre de familia pobre sin el estatus de ciudadano, que había sido patrocinado por algún miembro rico espartano y criado junto a sus hijos, obteniendo así la ciudadanía (Lazenby 1996:102-103, 2004:217). También se ha especulado con la posibilidad de que hubiera estado en la defensa de Esparta frente a Pirro de Épiro (272 a.C.), y fuera allí donde aprendiera sobre el uso táctico de los elefantes (Nossov 2008:27; Lazenby 1996:103; Kistler 2007:99). Sobre la cantidad de mercenarios que llegaron desde Grecia, la verdad es que no disponemos de cifras exactas. Sin embargo, respecto a los hombres de Jántipo si que podemos llegar a deducir la cantidad de tropa a su cargo. A su regreso a Esparta, tras cumplir su contrato con los cartagineses, volvió con un grupo de hombres, su guardia personal, unos 100 hombres según Diódoro (23.16), aunque también asegura que otras fuentes indicaban que volvió solo o con 15 hombres, pero suponemos que le ha dado más credibilidad a la fuente que ha considerado más fiable, la de los 100 soldados. Llegados a este punto, hay que aclarar un aspecto. El que liderara un ejército en Bagradas no implica que fuera contratado como condottiero. Entonces, habría que diferenciarlo de personajes como Arquidamo III de Esparta, Cleónimo de Esparta u Onomarco4. Lo que podemos concluir de Diódoro y Polibio5 es que era un líder mercenario con una potente guardia personal que se emplearía al servicio de quien pudiera costeársela. Junto a él vendrían otros contingentes de tamaño variable. No tardó demasiado Jántipo en destacar entre los suyos. En cuanto conoció los pormenores de la última derrota en Adis, supo los motivos que les llevaron a tan desastroso resultado. Si habían sido derrotados no fue por la mala calidad de la tropa (algo que seguramente tendrían asumido), sino por la incompetencia del mando cartaginés, que en vez de marchar y pelear en llanuras, aprovechando su arma más potente, la caballería y los elefantes, los inutilizó batallando en terrenos poco propicios para estas tropas. Dicho análisis fue divulgado convenientemente por sus hombres en lo que parece una maniobra planeada por el propio Jántipo para promocionarse y digámoslo así, “mejorar su contrato”. La plebe empezó a aclamarle y fue llevado rápidamente ante los magistrados cartagineses, donde el mercenario expuso de nuevo brillantemente las causas de la derrota en Adis y la solución. Su discurso caló tanto entre los magistrados, que le otorgaron el mando de las tropas púnicas, aunque sólo para entrenarlos, no un mando absoluto como indican Polibio (32.5) y Zonarás (8.13). De hecho, hasta momentos antes de la batalla, Jántipo no ejerce mando alguno sobre la tropa (Pol. 33.5). Mucho se ha debatido sobre si Jántipo introdujo o no la falange macedonia en el sistema militar cartaginés, prevaleciendo más bien la opción negativa. Lo que si está claro es que si la introdujo, no cuajó6 y que solo fue utilizada bajo su mando en Bagradas. Lo más probable es que no fuera introducida, y que solo adiestrara a las tropas cartaginesas en las marchas, algo fundamental para la efectividad de la falange clásica. La cita en concreto de Polibio sobre el entrenamiento dado por Jántipo a la infantería púnica dice así: “Pero cuando sacó el ejército fuera de la ciudad, le puso en formación, y comenzó, dividido en trozos, a hacer evoluciones y a mandar según las reglas del arte, se reconoció en él tanta superioridad respecto de la impericia de los precedentes comandantes, que todos manifestaron a voces la impaciencia de batirse sin tardanza con los contrarios, en la firme seguridad de que no podía ocurrir cosa adversa bajo la conducta” (32.7). Los motivos para descartar dicha reforma en la infantería cartaginesa son varios: no disponía de un mando absoluto sobre la tropa como para llevar a cabo una completa modificación en el equipamiento (el armamento básico como eran la lanza y el escudo debían ser sustituidos), con el coste económico que ello supondría. Cartago se hubiera convertido en una factoría de armas al estilo de Siracusa, o como sucedió durante la campaña de Agesilao en oriente, de lo cual no nos ha quedado constancia; la baja capacidad de marcha de la infantería cartaginesa desaconsejaba la adaptación de una formación tan exigente en dicho aspecto como lo era la falange macedonia7, y encima el tiempo que estuvo entrenándolos fue demasiado corto como para reformar nada. Tenemos que tener en cuenta que no toda Grecia utilizaba el orden macedonio, es más, la mayoría de los mercenarios no formaban en falange, y si encima tenemos en cuenta que él se había adiestrado en Esparta, y que esta no llegó a utilizar ese tipo de formación hasta las reformas de Cleómenes III en el 228 a.C. (Plutarco, Cleom. 11.2), esto nos aleja todavía más de dicha posibilidad. Aunque se pueda esgrimir en contra de lo dicho, el que Jántipo se cuidó mucho de marchar en terreno liso debido al nuevo orden adoptado, las fuentes son bien claras al decirnos que se hizo debido a que se quería explotar al máximo la potencia de la caballería y elefantes. Tras un breve tiempo en el cual la tropa cartaginesa se entrenó duramente, los cartagineses volvieron a recobrar la moral perdida en las últimas batallas. Jántipo les había devuelto la fe, pues su profesionalidad había sido manifiesta y ante la seguridad que da servir bajo el mando de alguien que conoce el oficio de la guerra, poco temían ya a los romanos. Por tanto, los magistrados púnicos resolvieron salir al encuentro de las fuerzas de Régulo y expulsarle del África de una vez por todas. Para ello reunieron un ejército de 12.000 soldados de infantería, 4000 de caballería y cerca de 100 elefantes. Pero antes de seguir con el relato, veamos las características de cada sistema militar, algo fundamental para entender la batalla que iba a tener lugar. EJERCITOS ENFRENTADOS: Sistema militar cartaginés: A diferencia del romano, sobre el púnico apenas nos ha llegado información. El registro arqueológico es limitado, y los autores antiguos no nos dan demasiados detalles sobre él, siendo siempre fuentes foráneas a Cartago y casi siempre hostiles (Quesada, De Guerreros a soldados:132). A grandes rasgos los ejércitos cartagineses podrían ser considerados de tipo helenístico, no por influencia directa, sino por un propio desarrollo. El elefante si que fue adoptado probablemente tras el contacto con un ejército helenístico como el de Pirro en Sicilia (278-276 a.C.), pero el resto de componentes fue desarrollado a lo largo de sus guerras en Sicilia, en donde adoptaron la falange hoplítica. El ejército para las Guerras Púnicas era un ejército con variedad y especialización de tropas, tendencia a la profesionalización y empleo de mercenarios, importancia de la caballería y en especial de la caballería pesada, uso de infantería de uso mixto junto a la pesada y la ligera especialista mercenaria, empleo de armas exóticas, complejidad étnica de los ejércitos, profesionalización en los mandos, liderazgo carismático en el campo de batalla, logística compleja, complejidad de pagos, guarniciones permanentes con mercenarios, etc (Quesada, De Guerreros a Soldados:135). Los ejércitos cartagineses estaban dirigidos, y en esto eran únicos o casi únicos en el mundo antiguo, por generales en el sentido estricto de la palabra, no ejerciendo ninguna función política. Estos podían ser elegidos o por la Asamblea Popular o por el Senado Cartaginés y su mandato no tenía caducidad (Head 1982:33), lo que les permitía ir acumulando a lo largo de su carrera militar una experiencia, que salvo en contados casos, como el de Publio Cornelio Escisión “El Africano”, un cónsul romano nunca iba a poseer. También esta experiencia se puede extender a su estado mayor y oficiales, que eran por norma general cartagineses o libios punicizados (Quesada, De Guerreros a Soldados:134), incluidos los que dirigían a la tropa mercenaria8. Así es que se puede comprender como Aníbal fue capaz de lograr esas joyas militares (Trebia, Trasimeno, Cannas, etc.), las cuales no hubieran sido posibles sin un cuadro de oficiales competentes y experimentados que pudieran cumplir las terribles exigencias que se requirieron. Tras años sirviendo juntos, la compenetración sería absoluta. Pero el sistema cartaginés también tenía sus inconvenientes. Los generales designados junto con sus ejércitos eran tomados como empleados con un objetivo a cumplir, dejándoles bajo su propia iniciativa y no recibiendo apenas apoyos (Lazenby 1996:21). En esta 1ª Guerra Púnica encontramos un buen ejemplo en Amílcar Barca, el cual desde el 247 a.C. hasta el final de la contienda, no recibió apoyo alguno en Sicilia, a pesar de lo importante de su papel en la isla. Esta forma de entender la guerra suponía una clara desventaja frente al sistema romano, ya que en ciertas ocasiones, un apoyo de Cartago hubiera significado probablemente un cambio en el curso de la guerra. Efectivos cartagineses en Bagradas: 4.000 de caballería: si tenemos en cuenta que tan solo disponían de 12.000 infantes, esto nos da una relación caballería/infantería de 1/3, mucho mayor a la de cualquier ejército de tipo helenístico e incluso al del propio Aníbal en Cannas. Por tanto, era un ejército potentísimo en caballería, difícil de igualar por cualquier fuerza romana, siempre escasa en caballería, con una relación media de 1/7. Por desgracia no tenemos datos suficientes para poder desglosar esta cifra, pero si que podríamos estimar que fácilmente la mitad podría estar compuesta por númidas, otros 500 serían de la caballería mercenaria que peleó en Adis y el resto lo podemos repartir equitativamente entre jinetes cartagineses y libios. La caballería númida está considerada como una de las mejores caballerías ligeras de la antigüedad, estando presente en numerosos ejércitos y teniendo un papel brillante como hostigadores en numerosas batallas, Zama o Ruspina son buenos ejemplos. De hecho, el propio Livio la consideraba la mejor caballería de todo el África. A pesar de lo que podamos llegar a pensar, el tamaño de los caballos númidas era bastante pequeño, similar al de uno poni grande y de aspecto lanudo. Una de las cosas más peculiares de este pueblo norteafricano es que no empleaba tipo alguno de bocado, algo totalmente anormal. El control del animal se confiaba a un simple cordel circular dispuesto alrededor del cuello. Sobre su organización, lo poco que sabemos lo podemos deducir de Livio (25.17.3/ 27.26.8), según el cual, esta caballería operaba en turmae. Posiblemente se refiera a que operaban en pequeños escuadrones tribales de tamaño similar la turmae romana (Dale 2002:92). Respecto a su equipamiento (en la columna de trajano están bien detallados), no disponían de armadura alguna, solamente se protegían con un escudo circular convexo recubierto de piel. Como armamento principal portaban un haz de jabalinas y tal vez algún tipo de daga o cuchillo, pero solo en los miembros más ricos9. Como se puede suponer, era una caballería perfectamente adaptada al combate a distancia, donde se había demostrado siempre terriblemente eficaz. Su táctica era acercarse al enemigo a una distancia prudencial, lanzar unas andanadas de jabalinas y retirarse velozmente para evitar el combate cuerpo a cuerpo, donde estaban en una clara inferioridad. La caballería cartaginesa. Guiándonos por la única representación que se ha hallado, podemos decir que la caballería cartaginesa estaba pesadamente armada. Al fin y al cabo estaba formada por los miembros de la aristocracia de la opulenta ciudad, por lo que se podían permitir no solo un amplio equipamiento, sino también muy ornamentado. Este se componía de casco semiesférico con carrilleras, una coraza anatómica musculada, escudo convexo de unos 60 cm. de diámetro, una lanza de carga, espada y una capa. Una potente caballería tanto en las cargas, como después en el combate cuerpo a cuerpo. La caballería libia. Al igual que en el caso de la caballería cartaginesa, es la arqueología la que nos ha desvelado su equipamiento10. Aunque apareciera en la única representación disponible sin casco, puede que no fuera la norma general, pues suele ser el elemento más común en todo tipo de caballería pesada. Disponía de una coraza anatómica musculada y un escudo circular de tamaño similar al númida y al cartaginés. Iba armado con un par de jabalinas pesadas y con toda probabilidad una espada para el combate cuerpo a cuerpo, al que estaba perfectamente adaptado con su soberbia protección. Unos 100 elefantes. El elefante utilizado era una raza autóctona de la zona (Loxodonta africana cyclotis) de los bosques no muy lejanos de la ciudad, las laderas del Atlas y de las costas del actual Marruecos (Penrose 2004:67), siendo de un menor tamaño que el indio. Con un peso que rondaba los 2-4.5 t, una alzada de 2-2.5 m y una velocidad de hasta 16 km/h (Nossov 2008:5), la carga de estas moles era imparable. Por tanto el propio animal era el arma, que además de sus impresionantes cualidades físicas, causaba terror en la tropa, y no solo en la infantería, sino también en la propia caballería, donde el olor de estas bestias resultaba insoportable para los equinos que no estuvieran acostumbrados, la caballería númida por ejemplo no tenía ese problema. La efectividad de estas bestias sobre tropa no acostumbrada a ella era tal, que el propio Julio César en su campaña africana, antes de la batalla de Tapsos (46 a.C.), trajo elefantes procedentes del circo para quitarles a sus tropas el temor hacia estos animales y saber como combatirlos. El motivo de la fuerte inversión que hacía Cartago en los elefantes puede tener su origen11 en la guerra en Sicilia contra Pirro (278-276 a.C.), donde el rey epirota12 utilizó veinte ejemplares. La impresión que les causó debió de ser enorme, ya que Apiano nos cuenta que la ciudad púnica se dotó de unos establos con capacidad para 300 elefantes. Probablemente sea una exageración, pero las altas cifras13, que solían disponer los cartagineses dan algo de credibilidad a este dato. Teniendo en cuenta que el entrenamiento de un elefante de guerra podía demorarse durante varios años, no hay cabida para la improvisación, por tanto, las grandes cantidades desplegadas por los púnicos debían de estar disponibles con muchísima antelación, de ahí que tuvieran obligatoriamente unas reservas de consideración. Los elefantes eran conducidos por los mahouts, que aunque suelen ser representados vistiendo solo una capa y un gorro, el sentido común nos indica que esto no podía ser así. Si el mahout resultaba muerto, pues seguramente la mayoría de los proyectiles debían dirigirse hacia él, el elefante se volvería incontrolable, arremetiendo no solo contra el ejército enemigo, sino contra el suyo propio. Es por ello que su protección debió de ser muy esmerada, tal vez similar a la que tenía el rey Poros en la batalla del río Hidaspes, que como pudieron comprobar los macedonios de Alejandro Magno, se adaptaba perfectamente al cuerpo sin llegar a molestar. Aparte del mahout, se debate desde hace tiempo si llevaban alguien más de tripulación, ya que no se sabe si los cartagineses fueron capaces de adaptarles torres de combate o no. Tenemos constancia de que el rey númida Juba, hijo de Hiempsal, poseía en el 46 a.C. elefantes de guerra con torres (Bellum Alexandrinum, 30). Lucrecio y Juvenal también mencionan torres en los elefantes cartagineses (Nossov 2008:30-31), aunque la fiabilidad de estos dos autores es más bien escasa en este aspecto. Si los cartagineses siguieron el ejemplo de Pirro, entonces es probable que adaptaran torres a sus animales, pues se sabe que el epirota las utilizaba. Falange cartaginesa ciudadana: probablemente participaran en esta batalla unos 10.000. Le añadimos el apelativo de ciudadana para dejar bien claro que no era la infantería libia o libiofenicia, que en esta batalla no participó, tal vez debido que serían de una lealtad dudosa, sino la formada exclusivamente por los ciudadanos de Cartago. Aunque menos que los miembros de la caballería, estos infantes tenían una holgada situación económica que les permitiría equiparse con una panoplia completa de gran calidad. Sin embargo, eso no implicaba necesariamente un mejor comportamiento en batalla, de hecho nunca se destacaron en combate, pudiéndolos calificar más bien de mediocres (Diodoro 5.38.3; Goldsworthy 2000b:31), y como dejó en evidencia Jántipo, con una escasa preparación militar. Desde el desastre del Crimiso14 (339 a.C.) los ciudadanos cartagineses solo actuaban como oficiales en las expediciones que tenían lugar fuera del continente africano (Diodoro 16, 81, 4; Lazenby 1996:26; Peter Connoly 1998:148). Volviendo al equipamiento, este se correspondía al del hoplita, pues formaban en falange clásica. Hasta no hace mucho esto era lo único que se sabía, ya que las fuentes clásicas solo nos informaban de cómo combatían, no de su equipamiento, pero se descubrió no hace demasiado en Chemptou, Túnez, un friso con unos escudos y armaduras representados. En el se apreciaban una armadura de estilo helenístico, tal vez de cota de malla, y un escudo parecido al argivo, medía en torno a un metro de diámetro, cóncavo y con el borde reforzado, aunque en su parte central en vez de ser cóncava como el resto del escudo, es convexa (Duncan 1982:141; Connolly 1998:148). Del resto del equipamiento hemos de suponer que similar al del hoplita, es decir, lanza de acometida de unos 2.5 metros de largo, casco de bronce, y tal vez grebas, aunque por esta época el equipamiento era más ligero que el del período clásico. La falange clásica era un tipo de formación cerrada, en la cual sus miembros presentaban un muro de escudos continuo, solapándose casi como las escamas de un pez, protegiendo con la parte izquierda del aspis la derecha de su compañero de filas, y así sucesivamente. Los soldados de la primera fila y de la segunda tenían un papel activo durante la batalla, limitándose el resto a empujar con el escudo a sus compañeros de adelante, para que no cedieran terreno. Este era el funcionamiento básico de la falange clásica u hoplítica. Mercenarios griegos: entre 1.500 y 2.000 habrían luchado en el flanco derecho del ejército y otra cantidad similar o mayor junto a la caballería. Se emplearon dos tipos, unos pesados y otros ligeros. Los pesados habrían sido seguramente thureophoroi, un nuevo tipo de tropa intermedia entre la falange y los peltastas. Fue un tipo de unidad muy popular entre los ejércitos griegos más pequeños, como los contingentes mercenarios, pues se adaptaba mejor a sus requerimientos y tenían en ella a un tipo de tropa capaz de moverse más rápidamente y en mayor variedad de terrenos que la rígida falange macedonia (Sekunda 2007:341). Utilizaban el escudo oval (thureos) que habían adoptado de los galos cuando estos invadieron Grecia (281 a.C.), el cual les otorgaba mucha mayor protección que el anterior escudo, la pelta, pudiendo combatir como infantería de línea15 o como hostigadores. Su armamento consistiría en una lanza, un par de jabalinas y una espada, pudiendo ir protegidos con un casco de bronce, tal vez alguna greba y la mayoría vestiría a lo sumo un simple quitón o el exomis16, siendo la linothorax (armadura de lino formada por varias capas pegadas entre si) o la armadura metálica un elemento reservado a los oficiales y a los pocos soldados que pudieran costearse tan cara protección. Los mercenarios más ligeros que acompañaron a la caballería en Bagradas debieron de ser peltastas ligeros, no pesados como los anteriores. Eran reclutados entre los estados más pobres de la Grecia montañosa, como Etolia y Acarnania (Duncan 1982:98). Solo disponían de un pequeño escudo y un haz de jabalinas como armamento y su función era hostigar y marcharse aprovechando su ligereza a un sitio seguro, como podía ser tras la línea de su ejército o protegidos por la caballería como en Bagradas. Sistema militar romano: El ejército romano se distinguía claramente del cartaginés, ya que no seguía el esquema helenístico, sino uno endémico basado en levas ciudadanas. Aunque se tenga a los ejércitos milicianos como poco capaces, el romano no podía ser metido dentro de este grupo, ya que aunque sus mandos eran simples aristócratas, como en Cartago, en distintas fases de su cursus honorum político (aquí ya se diferencia de los cartagineses), su tropa era tenaz y con cierta experiencia, que en algunos casos, como en la de los oficiales de bajo rango, no tenía que envidiar a la de otros ejércitos más profesionales (Quesada, De guerreros a soldados:131). La unidad básica era la legión. Esta se dividía en tres líneas (triplex acies), siendo la primera la correspondiente a los hastati, seguidos los principes y atrás del todo los triari. Cada acies contaba con diez manípulos, compuesto cada uno de 120 soldados, menos los manípulos de los triari, de tan solo 60 soldados. Había también una cuarta línea, la de los velites, que estaban colocados delante de los hastati para iniciar las hostilidades. Aunque no formaban en manípulos, si que estaban divididos en grupos de 40 hombres, estando cada uno adscrito a cada manípulo de cada una de las clases antes mencionadas (Southern 2006:92). Además de infantería de línea y ligera, cada legión poseía un cuerpo de caballería de 300 efectivos, los equites. Se dividían estos a su vez en diez turmae de treinta jinetes, entre los cuales habían tres decuriones, cada uno al mando de su escuadrón de diez jinetes (Southern 2006:93). Es decir, que una legión en condiciones normales poseería unos 4.200 infantes y 300 de caballería. A cada legión se le unía una alae sociorum, es decir, otro contingente de tropas tan numerosa como una legión, pero con tres veces más de caballería. El armamento y organización podrían ser muy similares. Una de las particularidades de la legión era su sistema de relevos entre los diferentes manípulos de cada línea. No entraremos en profundidad en este controvertido tema, pero citaré a Livio (8.8.9-14), que nos detalla dicho sistema: “Los hastati comenzaban el combate los primeros. Si éstos no eran capaces de desorganizar al enemigo, retrocedían paso a paso y los recibían los príncipes en los espacios libres de sus filas. Entonces la lucha correspondía a los príncipes; los hastati iban detrás; los triarios mantenían su posición bajo las enseñas, la pierna izquierda extendida, sosteniendo el escudo sobre el hombro, las lanzas con la punta hacia arriba apoyadas en tierra, ofreciendo el aspecto de un ejército erizado de puntas rodeado de una empalizada. Si tampoco los príncipes obtenían en su lucha unos resultados suficientemente satisfactorios, iban retrocediendo poco a poco desde la primera fila hasta los triarios; de ahí que se haya hecho proverbial la expresión:” la cosa llegó hasta los triarios” cuando se está en dificultades. Los triarios se incorporaban y, después de recibir a príncipes y hastati por los espacios libres de sus filas, inmediatamente, cerradas éstas, cortaban, por así decir, los pasos y en una sola formación compacta, sin dejar ya tras de sin ninguna esperanza caían sobre el contrario; esto era de lo más temible para el enemigo, porque, al perseguir a quienes parecían vencidos, veía de repente surgir una nueva línea, con mayores efectivos” Quedan todavía muchos aspectos por limar y cosas que no encajan en dicha descripción, pero creo que aporta los suficiente como para entender el desarrollo de la batalla y el potencial del efectivo sistema manipular. Ejercito de Régulo: Las dimensiones del ejército romano no están para nada claras. Como ya indicamos antes, según Polibio (29.8-10), Regulo permaneció en África con 15.000 infantes y 500 de caballería, lo que se correspondería con dos legiones romanas más sus dos alae, pero algo debilitadas, sobre todo en caballería y tal vez por la dificultad de transportar los equinos en barco. Pero tenemos a otras tres fuentes, Orosio (4.9.3), Apiano y Eutropio (2.21.4) que nos dan un balance de fuerzas romanas en Bagradas de 30.000 ¿Cómo compaginar estas cifras? La primera posibilidad es que Polibio solo citara a las legiones romanas y no a las aliadas, algo poco probable. La segunda la podemos deducir de los datos que nos aportan Eutropio y Orosio. Tras la primera batalla campal en suelo africano, Atilio Régulo hace 5.000 prisioneros entre los estipendiarios cartagineses, los cuales, ante la visión de que su ciudad contratante estaba ya prácticamente sentenciada, podrían haber desertado al bando romano17. La tercera posibilidad es compatible con la segunda, y es que tras Adis, 74 ciudades se pasaron al bando romano ante la perspectiva de la rendición de Cartago (Eutropio 2.21). Estos enclaves libios podrían haber aportado contingentes de infantería a Régulo, y en mucha menor medida, de caballería. Aunque Philip Sabin (2009:175) se inclina por un contingente de 500 de caballería númida, descarto esta posibilidad, ya que las aportaciones de este pueblo eran siempre muy numerosas y una alianza le habría reportado un gran número. También la lejanía entre las fuerzas romanas y las tierras númidas era un obstáculo para cualquier alianza. Sin embargo, una alianza con ciertas ciudades libias, solo le habrían reportado un escaso número de jinetes que concuerda más con su gran déficit en caballería, aunque dispuso de la suficiente como para guarnecer los dos flancos. A continuación vamos a ver con mayor detenimiento cada tipo de unidad que hemos mencionado antes: Equites: estaba formada por los miembros más ricos, aquellos que se podían permitir el lujo de mantener un caballo. El único dato algo fiable que tenemos sobre esta caballería es el que nos aporta Polibio (también se podrían añadir las conclusiones sacadas por su comportamiento en batalla) para la Segunda Guerra Púnica. Iban armados como la caballería griega según el de Megalópolis, por lo tanto irían equipados de manera similar a la caballería cartaginesa, es decir, con un casco, una coraza, un escudo circular, lanza de acometida y espada. Velites: eran los soldados más jóvenes y pobres de la legión, y los peor equipados. Eran básicamente hostigadores con cierta capacidad de lucha cuerpo a cuerpo, pero no eran en ningún caso infantería de línea. Iniciaban el combate lanzando una andanada de jabalinas y se retiraban entre los espacios libres de los manípulos. Aparte del haz de jabalinas (hasta velitaris), algunos disponían de espada, pero la mayoría llevaría una simple daga (Goldsworthy 2003:29). Como elementos de protección llevaban un escudo circular de unos 60 cm. de diámetro (parmae) y algunos un casco de bronce, probablemente el sencillo montefortino sin carrilleras de protección facial. También llevaban una piel de lobo u otros animales en la cabeza para que los oficiales los distinguieran cuando realizaran algún hecho heroico. Hastati: formaban el primer acies, por tanto eran los primeros en entrar en combate cuerpo a cuerpo. Su armamento ofensivo era muy considerable, disponiendo de dos pila y una espada (gladius), pero no la hispana, que todavía no se había adoptado. Se protegían con un casco de bronce tipo montefortino, el scutum (un escudo oval, curvo, muy pesado y de unos 120 cm x 60 cm, de madera con los bordes reforzados con bronce), una greba en la pierna más expuesta, la izquierda, y como coraza lo más usual era una pequeña placa de bronce, ya fuera rectangular o circular, ya que la cota de malla era muy cara. Eran hastati los soldados que tenían unos veinte años de edad. Princeps: eran mayores en edad que los hastati, siendo su equipamiento prácticamente igual al de los anteriores, pero tal vez dispusieran de más elementos de protección, obtenidos en otras campañas tras despojar a los enemigos de sus armas. Triaii: eran los soldados más veteranos y experimentados, por lo tanto había un número limitado de ellos. Su forma de combatir y equipamiento eran un residuo del ejército hoplítico romano. Como protección disponían del scutum, un casco de bronce, siendo muy común en ellos el etrusco-corintio, dos grebas y la cota de malla entre aquellos que disponían de más de 10.000 dracmas. Iban armados con una espada y una lanza hoplítica de unos 2 metros y medio. Su cometido a diferencia de las otras tropas era presentar un muro de escudos para proteger la retirada ordenada del resto del ejército, sirviendo como último recurso. Infantería libia: como ya hemos indicado antes, probablemente participaron en esta batalla varios miles, tal vez algo menos de 10.000. DISPOSICIÓN DE LOS EJÉRCITOS: Polibio es la principal fuente es el desarrollo de la batalla, ya que el relato de Apiano es poco fiable18. Según el de Megalópolis, ambos ejércitos se estuvieron observando de cerca durante algunos días, llamándole la atención a Régulo el que los púnicos osaran marchar y acampar en llanura, y no en colinas, es decir, no buscando una posición claramente ventajosa. Algo había cambiado y ya no se mostraban tan inseguros de sus posibilidades, es más parecían buscar el enfrentamiento directo… y así fue. Jántipo fue el primero en sacar el ejército fuera del campamento y formarlo para la batalla. Situó en primera línea, y como si fuera un ariete para destrozar la línea romana, a los elefantes. Seguían a las bestias la infantería de línea cartaginesa, guarnecida totalmente por los elefantes. En el ala de honor, el del lado derecho, colocó a los mercenarios griegos, la tropa más capaz con que contaban los púnicos, y protegiendo de paso la parte más vulnerable de la falange cartaginesa, la descubierta por el escudo. Posiblemente no posicionó elefantes delante de su tropa, ya que a diferencia de la cartaginesa, confiaría en su profesionalidad. Concentró de esta manera todos los elefantes donde allí se requirieron, delante de la leva púnica. Los motivos que nos llevan a pensar esto son varios. Según la narración de Polibio, durante la batalla los legionarios romanos son capaces de evitar a los elefantes y cargar contra los mercenarios, lo que no hubiera sido posible con los elefantes enfrente, para ello tendrían que haber abandonado imprudentemente la línea de su ejército y maniobrar, algo un tanto difícil para un cuerpo numeroso (como mínimo 2.000) y menos en una acción improvisada. También hay un detalle que apoya esta posibilidad. Siguiendo al mismo autor, uno de las causas de dicha repentina carga fue el profundo desprecio que sentían los legionarios hacia la tropa a sueldo. Con una línea continua de elefantes, hubiera sido bastante difícil divisar lo que hubiera tras estos. Siguiendo con la disposición de las tropas, al frente de cada ala distribuyó a la caballería junto con la infantería ligera mercenaria. Así quedaron fijadas las fuerzas cartaginesas, a la espera de otra derrota o tal vez con la suerte de su lado, una inesperada victoria. Tras observar la disposición del enemigo, Régulo formó su tropa teniendo en cuenta el enorme peligro que representaban los elefantes. Para ello dispuso a los legionarios en lo que Polibio describe como “manípulos profundos”, ¿pero que significa esto? Lazenby (1996:104) sugiere que formaron con seis manípulos en profundidad en lugar de los tres habituales y sin huecos entre los manípulos. Goldsworthy (2000a:177) descarta una formación demasiado profunda, ya que ocupaban el mismo ancho de línea que los cartagineses. Pero solo sería de este modo si obviamos la posibilidad de tropas africanas aliadas en el bando romano. No hay motivos para dudar del relato de Polibio, así que podemos aceptar perfectamente el que las legiones formaran en manípulos profundos, seguramente como sugiere Lazenby, con seis manípulos de profundidad. Respecto a la infantería libia, no sabemos como formaron, pero tal vez siguiera Régulo el despliegue que realizara Decio en la batalla de Ásculum (¿pudiera ser una norma romana hasta que las alae romanizaron su equipamiento y modo de pelear?) e intercalara a los libios entre cada legión y alae. La caballería libia fue repartida la mitad a cada flanco apoyando a los equites romanos. BATALLA: La iniciativa del combate la tuvo Jántipo, que ordenó a los mahouts cargar contra la línea romana, que esperaba la arremetida de las bestias entrechocando sus armas contra los escudos, como era costumbre en ellos antes del combate. Una formación de casi 100 elefantes cargando con toda su furia, el ruido del barritar de las bestias y sus pisadas enmudecería a la de las armas y gritos romanos. El choque fue terrible, y a pesar de la formación abierta de los velites, estos no pudieron hacer nada, siendo atropellados y lanzados por los aires como muñecos, otros fueron aplastados y los que tuvieron más suerte pudieron huir entre los huecos de los manípulos. Fue una carnicería total, amontonándose las víctimas y embarrando el suelo con la sangre, volviéndose a su vez resbaloso para bestias y soldados. A su vez, en los flancos, la caballería cartaginesa derrotó con suma facilidad a la romana y libia, pues se encontraba esta en clara inferioridad numérica. Pero para evitar que tras la huída se reagruparan y volvieran al ataque, los persiguieron durante cierto tiempo, llevando en esto la delantera la caballería númida, muy ligera y veloz, alcanzándolos a casi todos. Mientras tanto, la caballería pesada apoyaba a la númida por si había un revés, explicándose así el que no apareciera en la batalla, lo que nos indica una vez más la profesionalidad de Jántipo. Los legionarios del ala izquierda romana no se quedaron en sus puestos para recibir la carga de los elefantes, que en aunque no estaban enfrente de ellos, si que podían recibir el ataque de algunos si después de cargar contra su ejército y estando en mitad de su profunda formación, se dirigieran contra ellos. Por ello cargaron directamente contra los mercenarios, a los cuales, como dije antes, despreciaban profundamente19. La enorme profundidad de la formación romana superaba completamente a la mercenaria, lo cual no solo beneficiaba a estos porque podían aportar más tropas frescas y asumir más bajas, sino porque el empuje era mayor y la línea enemiga tarde o temprano retrocedería resquebrajándose. Mientras los legionarios luchaban con superioridad en el ala izquierda, en el centro los hastati recibieron con estupor a los elefantes, que ya habían echo huir a los velites entre los huecos de los manípulos. No les fue mejor a los del primer acies con los elefantes, pero cuando parecía que se habían librado ya de ellos, pasando los elefantes al segundo acies, al de los princeps, apareció la falange cartaginesa en perfecto orden. La lucha sería desigual, los hastati estaban en estado de shock tras el paso de las bestias, su formación carecía del orden necesario para combatir, y encima habían sufrio bastantes bajas… sería un paseo para la milicia púnica. Pero no todo eran amarguras para el bando romano. El ala mercenaria griega había sufrido lo indecible y peleado bravamente, dando tiempo a la caballería y a los elefantes a desempeñar su importantísimo papel (Griffith 1933:213), pero la mayor profundidad de los legionarios se impuso, rompiendo la formación enemiga. El alto índice de bajas en la tropa mercenaria atestigua la dureza e intensidad de la lucha, ya que por norma general, las persecuciones de infantería contra infantería no suelen causar muchas bajas, de ahí los bajos índices de perdidas en el bando derrotado en las antiguas batallas de tipo hoplítico. Llegados a este punto, la situación estaba indecisa. Con los mercenarios derrotados, Jántipo había perdido la protección de la parte derecha de su ejército, recordemos que es la que no posee la protección del escudo. El centro romano había aguantado la carga de los elefantes y no había huido, sino que aguantó estoicamente, gracias a la formación profunda que había adoptado Régulo. La caballería cartaginesa no parecía volver y era un elemento clave en su táctica, por lo que si fallaba, todo podía irse al garete ¿sería esta la enésima derrota cartaginesa y la sumisión de Cartago? No quedaría mucho para averiguarse. Lejos ya de campo de batalla se encontraban los legionarios persiguiendo a los mercenarios, por lo que no supusieron peligro alguno para Jántipo. Mientras tanto, la infantería cartaginesa hacía retroceder a los hastati, que en condiciones normales se hubiesen replegado tras los princeps. Pero estos estaban totalmente desorganizados por culpa de la carga de los elefantes, por lo que ni les podían ni relevar, ni apoyar casi con los pila, gastados probablemente con las bestias. Los triari eran los únicos que estaban en condiciones de apoyar a sus compañeros, pero cuando menos se lo esperaban, recibieron la carga de los 2.000 jinetes de Cartago que habían regresado por fin. De esta manera tan magistral, Jántipo había desarticulado el sistema de relevos romano, eso que marcaba la diferencia entre la legión y cualquier tropa del mundo conocido, y que tantos triunfos les daría. Pero ese día del 255 a.C. un general espartano evitó que los romanos se anotaran otra victoria más en su exitosa historia. Con la infantería pesada cartaginesa en frente, los peltastas y númidas en los flancos hostigándoles continuamente, los elefantes, algunos todavía entre los manípulos romanos haciendo de las suyas y la caballería pesada en la retaguardia destrozando cualquier resistencia a base de cargas, los romanos se encontraron totalmente rodeados, siendo reducidos a un espacio cada vez más pequeño a costa de ceder terreno al enemigo que avanzaba inexorablemente, no pudiendo hacer uso de sus armas apenas. Fue una auténtica sangría, siendo masacrados casi todos los legionarios y aliados libios, sobreviviendo tan solo 500 soldados que permanecieron en torno a Régulo. BAJAS: El índice de muertos considerando las cifras más bajas del ejército romano, fue de un 84%. Dicho así, tal vez no diga demasiado a los menos versados, pero para ver la verdadera dimensión de esta carnicería, comparémosla con la magistral batalla de Cannas, una de las más sangrientas de Roma. Los peores datos, los que nos aporta Polibio (70.000 bajas), nos da un porcentaje de muertos del 81%, mientras que los de Livio se alejan hasta un 58%. De las fuerzas de Régulo solo sobrevivieron los 2.000 del ala izquierda que consiguieron llegar al cuartel general de Adis y los 500 que se quedaron en torno a Régulo, que fueron hechos prisioneros. Un desastre total. De las fuerzas de Jántipo solo perecieron 800 mercenarios del ala derecha, del resto del ejército no se nos han reportado bajas, y probablemente así haya sido, o por lo menos habrían sido despreciables. CONSECUENCIAS: No es muy difícil deducir que fueron nefastas para la campaña romana en África y para el curso de la guerra. Destruída la fuerza expedicionaria de Régulo, los romanos se limitaron a salvar los papeles intentando rescatar a los supervivientes de Bagradas. Los 2.000 legionarios que derrotaron a los mercenarios llegaron a Adis, donde se refugiaron y aguantaron un asedio cartaginés infructuoso. Posteriormente una potentísima flota romana los rescata para llevarlos de vuelta a Roma, pero en el camino de vuelta sufre un temporal a la altura de Camarina que la barre casi por completo. De los 364 navíos, tan solo 80 llegan a su destino (Polibio 37.2). Este trágico suceso unido a la derrota en Bagradas llevaron a Cartago no solo a recuperar su soberanía en el norte de África, sino que arma un potente ejército de al mando de Asdrúbal marcha a Sicilia, sino a armar un potente ejército, que al mando de Asdrúbal, devuelve la situación de la guerra muy favorable. No concluiremos la batalla sin hablar sobre el final de los dos generales. Régulo fue desdichado hasta a la hora de poder saber que le ocurrió. Solo sabemos claramente que fue apresado, a partir de aquí se entra en la leyenda. Según esta, se le permitió volver a Roma para conseguir la paz, haciendo la promesa de volver cuando cumpliera con su labor. A la vuelta fue asesinado cruelmente. El final de Jántipo no hace justicia con su papel en Bagradas. Tuvo problemas con la aristocracia cartaginesa, ya que despertó tremendas envidias. Como hemos visto anteriormente, numerosos aristócratas hacían carrera militar como generales, por lo que es fácil de entender que vieran un peligro en Jántipo. Aunque habían expulsado al romano del África, la tropa cartaginesa no olvidaría que todo había sido gracias al espartano. Ya les demostró lo incompetentes que eran los generales púnicos durante los entrenamientos y en la batalla, de hecho se le otorgó el mando por petición expresa de la infantería ciudadana cartaginesa, y es que ya no se fiaban de sus compatriotas, que salvo cosechar derrotas, otra cosa no habían sido capaces de hacer. Con un rival así, ¿quien iba a llevarse la gloria en Cartago? Nadie. Así que en contra de los intereses de la ciudad y a favor de los suyos, expulsaron con sus envidias a Jántipo. Se nos relata un intento de asesinato en Zonaras (8.13), lo cual podría haber sido posible teniendo en cuenta la situación de incomodidad que había creado entre la clase dirigente púnica. Pero el destino no se portó tan mal con el en otras tierras bastante lejanas. En Hieron. In Daniel. 11,7-9 aparece un Jántipo como gobernador de una provincia recién ganada por Ptolomeo III de Egipto en el 245 a.C. Tal vez sea el Jántipo de nuestra historia y acabara sus días en tierras ptolemaicas, donde supieron aprovechar su talento, pero eso es algo que seguramente nunca sabremos. Mis Otros posts: Roma: La Guerra Cimbria. Una gesta Heroica: El Gran Asedio de Malta 1565 El Ejercito Espartano Morocho de la Cocha: Uno entre tantos Dogos Héroes La Gran Batalla de la Edad de Bronce: Valle de Tollense. La Epica Batalla de Cunaxa Una Batalla Decisiva: Las Navas de Tolosa 1212. La Batalla de Otumba 1520 Batalla de Arsuf: Ricardo "Corazón de León" Vs Saladino La II Cruzada (el sitio de Damasco) Nota: Espero que mi post sea de vuestro agrado, pido disculpas por adelantado si el contenido del post ofende a alguno de ustedes, saludos de un amigo Entrerriano!
La Batalla tuvo lugar el 8 de julio de 1520 en los llanos de Otumba, México; enfrentándose fuerzas españolas comandadas por Hernán Cortés y mexicas encabezadas por Cuiacoatl. La victoria de los españoles, fue decisiva para la conquista de México por el Imperio Español La batalla de Otumba fue la última oportunidad del imperio azteca para terminar con los hombres de Hernán Cortés. Los mexicas fracasaron en el asedio al palacio de Axayácatl y en la Noche Triste. 500 españoles cansados, desnutridos, malheridos y sin cañones, se enfrentaban al ejército de la Triple Alianza, Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán. Probablemente unos 40.000 combatientes. Antecedentes Históricos de la Batalla de Otumba Tras la Noche Triste del 30 de junio de 1520, donde Hernán Cortés perdió más de la mitad de sus hombres, éste inició la huída con los restos de su ejército en dirección a la ciudad aliada de Tenochtitlán. Cortés, emprendió el camino a Tlaxcala con menos de 500 hombres, durante el camino fueron constantemente hostigado por bandas de mexicas. El nuevo emperador azteca, Cuitláhuac, decidió aniquilar a los españoles, antes de que llegaran a la tierra de sus aliados los tlaxcaltecas. Un impresionante ejército de unos 40.000 guerreros mexicas, compuesto por tepanecas, tenochcas, xochimilcos, les alcanzó en los llanos de Otumba, a mediados de julio donde les cortó el paso. Los aztecas confiaban en tomar muchos prisioneros españoles para ofrecérselos en sacrificio a sus dioses. Al frente del ejército azteca, estaba el sumo sacerdote y primer ministro, el Ciuacoatl, la persona más poderosa tras el emperador. Los indios estaba seguros de sus victoria, ya que sus dioses les habían ayudado pocos días antes derrotando a Cortés; y ahora les volverían a ayudar para derrotar definitivamente al odiado invasor. Los exploradores informaron a Cortés del enorme ejército que les cortaba el paso. Cortés se convenció que no había alternativa, había que combatir para vencer o morir. Comienza la Batalla de Otumba Las tropas españolas formaron para el combate y verificaron la enorme diferencia de fuerzas que había entre los dos ejércitos. Observó Cortés que había alguna vacilación entre sus soldados, entonces levantó su formidable voz antes sus soldados y les profetizó la victoria: “Amigos llegó el momento de vencer ó morir. Castellanos, fuera toda debilidad, fijad vuestra confianza en Dios Todopoderoso y avanzad hacia el enemigo como valientes” . Fue tan elocuente su discurso que no le dejaron acabar .Sus capitanes mostraron tanta confianza como audacia, los soldados respondieron con vivas aclamaciones y todos invocaron a Jesucristo, a la Virgen María y a Santiago. Entonces comenzó una batalla de las más épicas de la historia de España. Los aztecas rodearon a los españoles, que resistieron inicialmente, recurriendo a las pocas ballestas y arcabuces que les quedaban, las mujeres también luchaban en primera línea. Con lo que les quedaba de la caballería, al grito de ¡Santiago Cierra España!, los 16 jinetes galoparon contra el enemigo, los soldados les siguieron y en un instante quedaron confundidos y luchando cuerpo a cuerpo mexicas y españoles. Los tlascaltecas, indios aliados de los españoles, se batieron con igual encarnizamiento durante cuatro horas continuadas. A golpe de espada van diezmando el ejército enemigo, mientras sus poderosas armaduras y rodelas les protegen de las mazas y lanzas aztecas. Los caballos, viejos veteranos en batallas cuerpo a cuerpo, coceaban y mordían a los indios. Los jinetes se movían continuamente para evitar ofrecer un blanco fijo. Después de un tiempo, los caballos se reagrupaban y volvía a atacar. La infantería española, mantenía bien la posición cerrada, aguantando las terribles embestidas de la mole azteca, utilizando sus picas, espadas y bien protegidos por sus corazas y rodelas. Las cargas se iban sucediendo, con dificultades, pero la infantería aguantaba. Además de los caballos, picas y espadas de los españoles, un problema adicional que tenía los indios aztecas, era la necesidad de conseguir prisioneros para ofrecerlos a sus dioses en los sacrificios humanos y por lo tanto trataban de evitar matar soldados españoles innecesariamente. Los españoles rompieron varias veces las masas enemigas en las cuales hicieron en pocas horas horrible carnicería pero, los indios reemplazaban en el acto las bajas de los muertos con nuevas tropas y volvían a cargar con el mismo entusiasmo e igual valor. El número de soldados enemigos parecía infinito y los españoles, lógicamente terminarían por ceder. En ese momento Juan de Alvarado identificó, en la cima de un pequeño mogote, al más alto y adornado guerrero azteca, al que identificaron como posible comandante en jefe de los guerreros aztecas. En realidad se trataba del ciuacoatl, sumo sacerdote y primer ministro, la persona más poderosa tras el emperador. Cuatro indios de los más corpulentos sostenían al ciuacoatl en una especie de palanquín y desde allí daba órdenes a sus guerreros que obedecían con la mayor disciplina. En su mano derecha sostenía el estandarte real, una especie de red de oro macizo pendiente de una pica, rematado con plumas de diversos colores y en el centro había cincelados algunos jeroglíficos. Cortés identificó la única oportunidad para lograr la victoria y salvarse. Recordó haber oído decir a los tlaxcaltecas que el conservar o perder el estandarte real decidía sus victorias o las de sus enemigos. A partir de aquel instante todos sus esfuerzos se dirigieron a apoderarse de aquel trofeo de guerra. Confiaba en el éxito por el pavor que infundían los caballos en los tlaxcaltecas, llamó a sus capitanes, Gonzalo de Sandoval, Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid y Alonso Dávila les comunicó el proyecto que había concebido y todos se aprestaron a ayudarle en aquella arriesgada empresa. Hernán Cortés les ordenó lo que debían hacer y un momento después 5 jinetes embistieron a media rienda por la parte menos defendida que conducía al centro donde estaba el ciuacoatl. Se cumplieron las previsiones de Cortés, retirándose los indios al ver aproximarse los caballos y antes de que se repusieran de su sorpresa, los cinco jinetes llegaron sin detenerse a la posición donde se encontraba el ciuacoatl. Una vez allí Hernán Cortés le dio tan terrible lanzazo que al primer envite le sacó fuera del palanquín cayendo en tierra y sufriendo una mortal herida. Juan de Salamanca que se hallaba cerca de lugar donde murió el caudillo azteca, tomó el estandarte y se lo entregó a Hernán Cortes; quien montado en su caballo, izó el estandarte azteca agitándolo para que fuera vista como señal de victoria de los españoles. Los aztecas al ver el estandarte de su imperio en poder del enemigo y muerto el ciuacoatl, se atemorizaron, rompieron filas y huyeron en desbandada, siendo perseguidos por la caballería española y aliados tlaxcalas, quedando el llano de Otumba cubierto por más de 5.000 cadáveres aztecas. Quién hubiera creído, cuatro hora antes, que un puñado de 500 aventureros pudieran haber puesto en fuga a un formidable ejército de 40.000 guerreros indios. De esta manera terminó la célebre batalla de Otumba del 8 de julio de 1520, una de las páginas más brillantes de la historia de la conquista del Nuevo Mundo y el hecho más gloriosos de la vida de Hernán Cortes. Los españoles pasaron la noche en un templo azteca cercano al campo de batalla en el que cantaron a coro un solemne Tedeum en acción de gracias por su haber salvado la vida. A la mañana siguiente Hernán Cortés organizó con sus capitanes sus fuerzas para proseguir su marcha, todo había terminado y Cortes ya podía continuar su camino a Tlaxcala . Había transcurrido un año desde que entraron en Tenochtitlan y un año y medio desde que desembarcaron, el ánimo de Cortés debería estar temeroso y anhelante por llegar a tierras tlaxcalteca y conocer su futuro, y ver el apoyo con el que podían contar. Consecuencia de la Batalla de Otumba Esta singular victoria puso en manos de Hernán Cortés casi todo el imperio azteca. Los pocos indios que escaparon de la batalla de Otumba aterrorizaron a los azteca con las explicaciones y descripciones de los ocurrido, quedaron intimidados por el valor por los españoles en la batalla de Otumba. Hernán Cortés prosiguió libremente su camino a Tlaxcala y algunas otras provincias. El emperador Cuitláhuac propuso a los tlaxcaltecas la paz a cambio de entregar a Cortes y sus hombres, pero estos rechazaron el ofrecimiento y acordaron una nueva alianza con los españoles para reconquistar Tenochtitlan. El 10 de mayo de 1521, Olid y Alvarado inician el asedio a Tenochtitlan, el objetivo es dejar sin agua potable a los mexica. Los mexica, que estaban custodiando el caño, ofrecieron resistencia pero no lograron impedir el control del caño de agua por las tropas españolas. El 30 de junio de 1521 Cortes atacaba la capital con su ejército reforzado con 80.000 tlaxcaltecas y con más soldados españoles procedentes de expediciones enviadas a Veracruz. Los españoles entraron a sangre y fuego en la ciudad arrasándolo todo a su paso. Finalmente, el 13 de agosto de 1521, Cuauhtémoc, sucesor de Cuitláhuac, que había muerto de viruela, salía de Tenochtitlan para negociar la rendición, siendo detenido en Tlatelolco, mientras la ciudad caía en sus manos. Los conquistadores y demás aliados mataron a más de 40.000 mexicas. Hernán Cortes había logrado su objetivo. Mis Otros posts: Roma: La Guerra Cimbria. Una gesta Heroica: El Gran Asedio de Malta 1565 El Ejercito Espartano Morocho de la Cocha: Uno entre tantos Dogos Héroes La Gran Batalla de la Edad de Bronce: Valle de Tollense. La Epica Batalla de Cunaxa Una Batalla Decisiva: Las Navas de Tolosa 1212. Nota: Espero que mi post sea de vuestro agrado, pido disculpas por adelantado si el contenido del post ofende a alguno de ustedes, saludos de un amigo Entrerriano!