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En distintos medios de comunicación están apareciendo muy a menudo distintos problemas que están existiendo en nuestras escuelas. Los episodios de violencia en los centros educativos atraen a la atención publica lo que provocan una «alarma social». La violencia en los medios escolares es un problema mundial. Afecta tanto al Norte como al Sur. En cuanto a sus causas, los investigadores están al menos seguros de una cosa: no hay un factor único, sino modelos complejos ligados, por ejemplo, a la situación familiar, a las condiciones socioeconómicas y al estilo pedagógico de los establecimientos. Pero la investigación sólo indica las tendencias. No construye ningún determinismo.
Normalmente estamos habituados a relacionar la inteligencia con la facultad de razonamiento lógico y el coeficiente intelectual que determina las habilidades para las ciencias exactas, la comprensión y capacidad de análisis reflexivo, el razonamiento espacial, la capacidad verbal y las destrezas mecánicas. El coeficiente emocional o la “Inteligencia Emocional” fue acuñado por Peter Salovey, de la Universidad de Yale, y John Mayer, de la Universidad de New Hampshire, en 1990, que lo describían como "una forma de inteligencia social que implica la habilidad para dirigir los propios sentimientos y emociones y los de los demás, saber discriminar entre ellos, y usar esta información para guiar el pensamiento y la propia acción". Pero fue a partir de 1995 con la publicación del libro de Daniel Goleman "La inteligencia emocional", cuando adquirió popularidad. Para Goleman, la inteligencia emocional es un conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de un individuo, sus reacciones, estados mentales, etc.. Es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones. link: http://www.youtube.com/watch?v=3ECNevqfCCY
Concepto de delincuencia juvenil y su distinción de otros conceptos afines : La cuestión sobre el concepto de delincuencia juvenil nos obliga, ante todo, a esclarecer dos conceptos: delincuencia y juvenil. Siempre se ha considerado que la delincuencia es un fenómeno específico y agudo de desviación e inadaptación. En este sentido, se ha dicho que «delincuencia es la conducta resultante del fracaso del individuo en adaptarse a las demandas de la sociedad en que vive», definición que realmente significa todo y nada, en cuanto cabe preguntarse si se refiere a todas las demandas o a unas cuantas, y a cuáles, y si realmente puede esperarse que toda persona, sea menor o adulta, se adapte sin más a las demandas de una sociedad determinada. Pese a que por influjo de la escuela clásica del Derecho penal y el positivismo psicobiológico, ha sido frecuente considerar el fenómeno de la delincuencia como una realidad exclusivamente individual; sin embargo, actualmente la mayoría de los criminólogos afirman que la delincuencia es un fenómeno estrechamente vinculado a cada tipo de sociedad y es un reflejo de las principales características de la misma, por lo que si se quiere comprender el fenómeno de la delincuencia resulta imprescindible conocer los fundamentos básicos de cada clase de sociedad, con sus funciones y disfunciones. Teniendo en cuenta lo que hemos expuesto, podemos citar a Herrero Herrero, quien define la delincuencia como el fenómeno social constituido por el conjunto de las infracciones, contra las normas fundamentales de convivencia, producidas en un tiempo y lugar determinados.
Ante cualquier caso de maltrato por parte del otro miembro de la pareja, debemos procurar que la persona entienda, comprenda bien todos los pros y los contras tanto de la decisión de denunciar la situación como los de consentir que esa situación perdure. Por supuesto, se debe de hacer hincapié en los pros de denunciar la situación. Lo que debemos de reiterar hasta dejar perfectamente claro que es ella la que decide, de forma racional y de acuerdo con su conciencia, si decide o no actuar. En caso de que decida denunciar, lo mejor es que esa decisión sea firma, razonada y justificada. Procurar que no denuncie y retire la denuncia constantemente, sino que hay que dar la suficiente seguridad a la mujer para que se consiga una firmeza en las decisiones, que traerá como consecuencia una mejor actuación y lograr unos objetivos más ambiciosos. Tras el boom que ha sufrido la violencia doméstica en los medios de comunicación, ha hecho que las administraciones se conciencien con la situación de este sector de la población y lleve a cabo medidas más severas y que se preserven en mayor grado la seguridad de las víctimas. Aunque cada día nos siguen sacudiendo nuevos casos de violencia doméstica en los medios de comunicación, y con fallos judiciales que dejan a las víctimas en situación de indefensión. Y aunque como ya hemos dicho, la situación ha mejorado notablemente, no es todo lo deseable para una sociedad en la que no se denuncian ni se tiene conocimiento de todos los casos de malos tratos que se suceden.
En distintos medios de comunicación están apareciendo muy a menudo distintos problemas que están existiendo en nuestras escuelas. Los episodios de violencia en los centros educativos atraen a la atención publica lo que provocan una «alarma social». La violencia en los medios escolares es un problema mundial. Afecta tanto al Norte como al Sur. En cuanto a sus causas, los investigadores están al menos seguros de una cosa: no hay un factor único, sino modelos complejos ligados, por ejemplo, a la situación familiar, a las condiciones socioeconómicas y al estilo pedagógico de los establecimientos. Pero la investigación sólo indica las tendencias. No construye ningún determinismo. En los centros se dan muchos conflictos, y de muchos tipos, y no tanta violencia como los medios de comunicación y la opinión pública podrían estar dando a entender. Moreno Ortega establece la siguiente jerarquía en cuanto a las preocupaciones que generan los comportamientos antisociales: - En los profesores preocupa y les afecta especialmente la disrupción. - En los padres: la indisciplina. - En la Administración educativa y a la opinión pública les afectan mucho los episodios de violencia física (sobre todo de alumno a profesor) y el vandalismo. - En los alumnos están más preocupados por los fenómenos invisibles de bullying, extorsión y acoso sexual. Los fenómenos de comportamientos antisocial en las escuelas tienen raíces muy profundas en la comunidad social a la que el centro educativo pertenece. Los episodios de violencia no deben considerarse simplemente como eventos aislados que ocurren espontáneamente. Las distintas manifestaciones de comportamiento antisocial en las escuelas ocurren con más frecuencia de lo que usualmente se piensa ya que la relación entre los agresores y las víctimas es necesariamente larga en el tiempo y muy estrecha en el espacio (conviven en el centro durante años y muchas horas al día. El comportamiento antisocial en los centros puede estar muy determinado por variables sociales y familiares ajenas a la escuela. Existen procesos relevantes para intentar explicar el comportamiento antisocial en los centros educativos. Todos ellos están bien documentados y disponen de un conjunto de evidencias empíricas. Sin embargo, todavía no existen estudios españoles acerca de cómo influyen, se relacionan o hasta causan la violencia escolar.
La intervención familiar se inicia a través de la consolidación de un programa que permite sistematizar las primeras actuaciones. Para llevar a cabo un proceso de cambio en las familias es muy importante elaborar previamente cuáles son los pasos que se van a seguir en la intervención, o lo que es lo mismo, el planeamiento o programación de la intervención. Entre las instituciones más significativas del entorno social de la familia y con las que necesariamente ha de compartir funciones, son la educativa y la sanitaria; no obstante y por diversos motivos, como por ejemplo, la satisfacción de necesidades esenciales a los más desfavorecidos, incluimos también los Servicios Sociales. En su conjunto, dichas instituciones, forman parte de la Política de Bienestar Social en nuestro país. Esta institución social hace referencia a un conjunto de personas que cooperan con el fin de conseguir unos objetivos propios, intercambiando acciones que estructuran tanto a las instituciones como a las personas. España dispone de un Sistema Público de Servicios Sociales dirigido a la cobertura de necesidades sociales y configurado por prestaciones y servicios de la Administración del Estado, la Administración de las Comunidades Autónomas (nivel regional) y las Corporaciones Locales (nivel municipal).
La formación del animador La formación de agentes socioculturales es de importancia, ya que cada vez está teniendo mayor demanda social y por tanto cada vez se exige más una formación específica para conseguir finalmente unos buenos resultados. Hay que destacar que si de por sí es importante formar a futuros animadores, tanto o más es importante la labor de formar para la animación. Mouliner define la Animación Sociocultural como un medio, un conjunto de técnicas y una pedagogía específica destinada a favorecer la comunicación, que se ejerce entre personas o entre un mensaje y unos receptores, es decir, establece a la Animación Sociocultural como un sistema de comunicación en la cual el animador es el comunicador. En definitiva lo que se pretende con la Animación Sociocultural es obtener unos resultados, es decir, obtener una finalidad. No hay que olvidar que en la formación de animadores cobra importancia el equipo de acción. En definitiva se pretende conseguir una mayor movilidad de los equipos y de los recursos que se tienen. Finalmente es preciso señalar que la animación es una función que puede aplicarse a muchos oficios, como bien señala Hurstel y por ello la formación y la experiencia son fundamentales para desarrollar modelos que demuestren su validez. LA ANIMACIÓN GERIÁTRICA De los programas dirigidos a las personas mayores, la propuesta que parece tener más adeptos es la que quiere organizar toda una red comunitaria de servicios, asistencia, cultura, etc., a través de animadores socioculturales y entroncada directamente con las características del lugar. El animador puede establecer planes concretos de desarrollo comunitario dirigidos a la Tercera Edad por varios motivos, pero, sobre todo, porque ese colectivo tiene mucho tiempo libre y seguramente ganas de utilizarlo constructivamente y, en segundo lugar, porque les permitirá seguir en contacto con las personas de su entorno comunitario, seguir siendo parte de la sociedad (Passanante, 1983). No olvida tampoco esta autora el apoyo y la orientación que deben prestar, en este sentido, los medios de comunicación social, fundamentalmente para poder hacer realidad un tipo de educación a distancia que en lugares concretos son tan necesarios. Diversos autores han puesto de manifiesto que la calidad de la «Tercera Edad» dependerá, en gran medida, de la preparación educativa para asumirla, así como para continuar en ella actividades que potencien el desarrollo de la personalidad (Moreno, 1988). Por tanto, parece que la finalidad general es doble: por una parte, propiciar la participación de las personas de edad en los diversos organismos e instituciones sociales, a fin de aumentar los procesos de democratización de la sociedad al evitar las exclusiones que impone la jubilación, y, por otra parte, acrecentar las posibilidades de desarrollo personal y cultural de los componentes de este colectivo (March y Orte, 1995). CONCEPCIÓN DEL TÉRMINO Animados por el espíritu del funcionalismo parsoniano (el viejo es un individuo improductivo y consumidor de recursos), aparecieron en España teorías legitimadoras que intentaban «solucionar el problema de las personas mayores». Afortunadamente, en la actualidad hay planteamientos que, desde posiciones críticas, ven a este colectivo de personas mayores como elemento importante para conseguir el desarrollo comunitario. Aunque, aún se confunde la Animación Socio-Cultural sobre la Tercera Edad y el Trabajo Social sobre este colectivo con la Asistencia Social, sin tener nada que ver. La Asistencia Social surge tras la Segunda Guerra Mundial con un carácter marcado de beneficiencia y atención a disminuidos y personas de la «Tercera Edad». Sin embargo, pronto se reconvirtió esta primera tarea hacia los servicios sociales, que ya no sólo trataban de asistir, sino de dar algo más: ayudar al desarrollo individual y colectivo, al autodesarrollo, intentando paliar las descompensaciones generadas por la rápida evolución de la sociedad. Lamentablemente, a lo máximo que se había llegado hasta hace pocos años en relación al trabajo social con la «Tercera Edad» era a la labor meramente asistencial, en el sentido dado originariamente a este término, desatendiendo la formación continua y la búsqueda del equilibrio presumiblemente perdido tras la jubilación. Así, uno de los autores que más ha estudiado estos temas, Ezequiel ANDER-EGG, comenzó aplicando el término Servicio Social como tecnología, pero matizaba que se situaba en el plano de la acción social, y no en el de la ciencia o investigación científica (Ander-Egg, 1967), resultado de su diferenciación entre los planos filosófico, científico y el de la praxis social. A este último pertenecería el Servicio Social, como lo estarían todas las técnicas sociales; aunque pocos años después criticaba estas posturas al considerar que estaban enmarcadas en los problemas típicos de los países desarrollados, en absoluto válidas para los países subdesarrollados. Por ello, proclamaba la vehiculización de unos Servicios Sociales directamente implicados en la problemática social general y en la politización de los mismos (Ander-Egg, 1970), postura que ha venido matizando hasta la actualidad (con la inserción de los programas de Servicios Sociales en el Desarrollo Comunitario). Lo que parece evidente es que los planteamientos que han primado en Servicios Sociales (y los que aún priman en algunos programas) son los que se dirigen hacia intervenciones tendentes a eliminar o paliar las situaciones de disfunción social, es decir, planteamientos funcionalistas; aunque ya a finales de los sesenta, algunos autores difundían la idea de un trabajador social que superase los anteriores esquemas y tuviese un papel destacado en la problematización de la realidad social, desmitificando los aspectos tópicos de la misma (Rodríguez, 1969). Quizá, por ello, se quiso refundir ambas tendencias en una nueva corriente del Servicio Social que lo consideraba como tecnología social, basado en los presupuestos de las Ciencias Sociales, pero orientado hacia la mejora comunitaria con la participación de los habitantes de la zona y el objetivo puesto en el bienestar social (Michaud, 1996). Podemos distinguir entre actuar-sobre y actuar-en. La Animación Sociocultural y los Servicios Sociales centrados en la primera acepción estarían dedicados a la animación y el trabajo social como profesión, con animadores y trabajadores sociales que actúan a nivel técnico sobre una población, con una programación dada de antemano, con la ayuda de voluntarios, de cara a una rentabilidad concreta de intereses no demasiado explícitos muchas veces, e intentando el desarrollo de parcelas concretas, tanto individuales como colectivas. Por el contrario, actuar-en implica un significado de dinámica social, con presencia de trabajo grupal en la resolución de problemas comunitarios, con programas emergentes de los propios destinatarios, basada en la intercomunicación, con objetivos de cambio social. Tanto el animador como el trabajador social serían catalizadores y dinamizadores, y la rentabilidad no sería buscada como objetivo prioritario (Mouliner, 1974). En resumen, desde esta última concepción, tendrían un triple trabajo: (Monera, 1986) - concienciación-estimulación para la detección de problemas comunitarios - puesta en relación para la intercomunicación grupal - puesta en acción de procesos de participación y creatividad Por todo ello, se afirma que la Animación sociocultural es, ante todo, un proyecto de intervención para motivar y estimular a un colectivo y que éste sea capaz de iniciar sus propios desarrollos socioculturales. Por tanto, debería ser definida por sus programas globales de intervención. Son importantes las técnicas y metodologías, pero siempre han de estar en función del programa global, ya que la Animación interviene desde grupos y hacia la comunidad, atendiendo, fundamentalmente, a las relaciones interpersonales y la participación (Lopez de Aguilera, 1988). Así, si algo parece estar claro en Animación Sociocultural, es que: 1. Se trata de actuaciones críticas, libres y transformadoras de la sociedad. 2. Debe generar procesos de participación en los colectivos y comunidades 3. Debe usar una metodología que estimule a ello, que implique y responsabilice a los ciudadanos, que lleve a la pluralidad cultural y social, teniendo en cuenta el propio proyecto de cada comunidad 4. Debe despertar la capacidad de análisis, organización, creación y expresión. Evidentemente, con estas premisas estamos ya hablando de una Animación Sociocultural dirigida a nuestros mayores, tanto a nivel comunitario como a nivel de residencias. Si una comunidad es entendida como la parte del tejido social que se sitúa entre los individuos (en este caso los ancianos) y la sociedad, creemos que el fin de cualquier comunidad es, precisamente, propiciar la comunicación y participación de todos sus miembros (Galve, 1991). Los animadores socioculturales tienen una importantísima labor en este trabajo en y con la Tercera Edad a nivel comunitario para: a) Analizar y estudiar el entorno mediante técnicas cualitativas. b) Planificación de proyectos, programas, actividades, etc., conjuntamente con los diversos grupos sociales. c) Utilizar cualquier recurso formativo, ya sea institucional o extrainstitucional, en el campo de la educación formal o no formal. d) Evaluar, incluyendo la autoevaluación del propio trabajo. Es interesante que también utilicemos las técnicas cualitativas para la evaluación grupal. De esta manera, parece que debemos desterrar ya la idea de que la Animación Sociocultural es un conjunto de técnicas sociales o tecnología social. Se impone un cambio de mentalidad en los animadores para que trabajen en la dirección apuntada anteriormente, relacionada con el Paradigma Crítico. La Animación Sociocultural es un trabajo desde y para la Cultura, pero entendida con mayúscula, en su más amplio significado, y no como conjunto de parcelas culturales. Sin embargo no podemos trabajar, pensar o repensar en Animación Sociocultural sobre lo abstracto, sino que nuestro trabajo comienza en algo mucho más cercano a todos: el territorio. La Animación Sociocultural busca cambiar la realidad existente para superarla. Si no se da el cambio social, el cambio de esa realidad, no hay Animación Sociocultural. Habrá otras muchas cosas, pero no Animación Sociocultural en su sentido más auténtico. Y esta es una posición de partida que no debemos olvidar para eliminar después los demonios de la justificación: «hago lo que puedo», «no es posible hacer otra cosa con esta realidad»... para eso está la Animación Sociocultural y los animadores, para romper esa barrera y caminar hacia el cambio social de los territorios y comunidades; pero el motor de ese cambio no son los animadores, sino la propia comunidad. La Animación Sociocultural, en este sentido, sería un instrumento para el cambio social. Que los trabajadores sociales y los animadores socioculturales desarrollen su labor conjuntamente en proyectos integrados comunitarios, no quiere decir que olvidemos la atención a sectores marginados concretos. Muy al contrario, a partir de la estructuración de esos programas conjuntos de desarrollo comunitario se puede vehiculizar la diversificación sectorial en programas específicos para la «Tercera Edad», menor marginado, drogodependientes, etc., aunque siempre teniendo como referencia la actuación global, todo en función de la dinamización general de la comunidad. Así, estaríamos de acuerdo con las características generales atribuidas actualmente a los Servicios Sociales por algunos autores: carácter polivalente, orientado al bienestar social, dirigidos a todos los ciudadanos de una comunidad, y no sólo a los marginados, posibilidad de desglose en programas sectoriales, enmarque territorial, función múltiple... (Ordinas y Thiebaut, 1988, Arenas, 1984, García, 1984). Las funciones no sólo estarían encaminadas a paliar o eliminar marginaciones o necesidades, sino que se ampliarían hacia áreas de investigación, planificación, prevención, programación, reinserción, promoción social, etc. link: https://www.youtube.com/watch?v=bJTfr30pSX4