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Primer post: 23 jul 2014Último post: 10 ene 2015
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Terroristas islámicos, ¿títeres de occidente?
InfoporAnónimo1/10/2015

A continuación transcribimos un artículo de Tony Cartalucci, investigador en geopolítica y escritor, publicado originalmente en Global Research: Los terroristas se radicalizaron en Europa, viajaron a Siria, regresaron, fueron detenidos anteriormente por las agencias de seguridad occidentales contra el terrorismo y entraron a formar parte de las listas de vigilados por la agencia de inteligencia francesa así como otras occidentales. Sin embargo, “de alguna manera misteriosa” se las arreglaron para ejecutar un ataque perfectamente organizado en el corazón de Europa y en concreto en una de las grandes capitales mundiales. Siguiendo un patrón ya muy conocido y predecible, los tiradores involucrados en la matanza en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo este pasado Miércoles, 7 de enero, eran ciudadanos franceses, se radicalizaron en Europa y fueron “exportados” a Siria para combatir en la guerra sostenida secretamente por la OTAN contra el gobierno de Damasco, y posteriormente fueron traídos de vuelta a Francia, para llevar a cabo un ataque interno. Además, como ha sucedido en muchos otros ataques internos, los sospechosos habían sido largamente vigilados por los servicios de inteligencia occidentales, con al menos uno de los sospechosos habiendo sido arrestado anteriormente por cargos de terrorismo. “Los hermanos, de origen argelino, nacieron en París. Cherif fue condenado a tres años de prisión por cargos de terrorismo en mayo de 2008. Los dos hermanos regresaron de Siria este verano” No nos dejemos engañar. Estamos ante el típico esquema de operación dirigida por las agencias de inteligencia occidentales. Es un reflejo literal del tipo de operaciones de inteligencia de la OTAN durante la Guerra Fría, con redes similares de militantes radicalizados usados como mercenarios extranjeros así como provocadores domésticos. Hacia el final de la Guerra Fría, uno de estos grupos militantes era literalmente Al Qaeda, un frente mercenario armado, financiado y contratado Occidente hasta el día de hoy. Además, con toda probabilidad, los hermanos que participaron en el ataque en París habrían estado luchando en Siria con armas que les proporcionó el propio Gobierno francés. Así nos lo dijo el canal France 24 el año pasado en un artículo titulado, “Hollande confirma que Francia entregó armas a los rebeldes sirios”: “El Presidente François Hollande, dijo el jueves que Francia había entregado armas a los rebeldes que luchan contra el régimen sirio de Bashar al-Assad meses atrás” Desviar las culpas por el ataque hacia el “Islam radical” no es más que una patraña que oculta la verdad: estos terroristas fueron creados intencionadamente por Occidente, para luchar contra los enemigos de Occidente en el extranjero, y para intimidar y aterrorizar a la población dentro de los propios países occidentales, con el fin de justificar políticas de control sobre la población cada vez más restrictivas. Al igual que en cualquier ataque de falsa bandera diseñado por un gobierno con el fin de manipular la percepción pública y impulsar políticas restrictivas de las libertades injustificables, se han creado una serie de bulos con el fin de distraer al público de la verdadera naturaleza del ataque. En el reciente ataque en París, Francia, los bulos o leit motivs del engaño han sido “la libertad de expresión”, “la condena del Islam radical”, “la tolerancia” y “el extremismo”, todo aderezado con una campaña de propaganda perfectamente diseñada a modo publicitario a través del hashtag #jesuischarlie (“yo soy charlie”), que ha inundado las redes sociales utilizando un lema claro y recordable. Al más puro estilo “Ice Bucket Challenge”, o “Kony 2012″, campañas que recuerdan mucho a la que nos mostrban en la brillante película de Barry Levinson, “la cortina de humo” (Wag the Dog). La cuestión de fondo de la que se intenta alejar a la opinión pública es que Al Qaeda y otros grupos similares, no son creaciones del “extremismo islámico”, sino instrumentos al servicio de la política exterior occidental, que ha usado el “extremismo” como herramienta para adoctrinar a los miembros, pero que los utiliza por y con el único propósito de servir a una agenda totalmente occidental. Para debilitar a Irán, que es predominantemente chiíta, la Administración Bush decidió, por ejemplo, reconfigurar sus prioridades en Oriente Medio. En el Líbano, la Administración Bush cooperó con el gobierno de Arabia Saudita, que es sunita, en operaciones clandestinas que pretenden debilitar a Hezbolá, la organización chií respaldada por Irán. Los EE.UU. también han participado en operaciones clandestinas contra Irán y su aliado Siria. Un subproducto de estas actividades ha sido el refuerzo de esos grupos extremistas sunitas que propugnan una visión militante del Islam y son hostiles a Estados Unidos y simpatizantes de Al Qaeda. A día de hoy, los EE.UU., sus socios de la OTAN, incluida Turquía, y los socios regionales como Israel, Arabia Saudita y Qatar, arman, financian, acogen, forman y ayudan a perpetuar a estos “extremistas islámicos” dentro de Siria y ahora también en las fronteras de Irak. Occidente cierra la boca mentras las autocracias del Golfo Pérsico, sus aliadas, financian y gestionan una red global de mezquitas indispensables para generar este “extremismo islámico”. Y los servicios de inteligencia Occidentales, obviamente lo saben y colaboran en ello. La reciente crisis del secuestro con rehenes en la cafetería de Sidney es un buen ejemplo de ello. Recordemos que el secuestro fue presuntamente perpetrado por Man Haron Monis, un disidente iraní al que se le concedió asilo en Australia y que aparecia regularmente en los medios de comunicación para hacer propaganda anti-iraní. Este caso expone una vasta red de radicalización y reclutamiento en Sidney, que se utiliza para organizar el apoyo y enviar combatientes a la guerra de siria contra el gobierno de Assad, enemigo de Occidente. (Man Haron Monis) La red incluye a muchos individuos notorios, bien conocidos por los organismos policiales y de inteligencia australianos, y muchos de los cuales habían viajado a Siria, habían tomado parte en la lucha formando parte de organizaciones terroristas bien conocidas, y se les permitió regresar y continuar con sus actividades políticas en Australia. Un ejemplo de ello lo encontramos en el artículo del Daily Mail, titulado “¿Por qué la policía le pide a un ex sospechoso de terrorismo una bandera de ISIS?”, que afirma lo siguiente: “La policía antiterrorista ha contactado con Zaky Mallah un hombre de Sidney, que en su día fue acusado por actividades terroristas y le han pedido si podía darles una bandera de ISIS” (presuntamente porque el secuestrador del café la había solicitado a las autoridades durante el secuestro, a pesar de que Monis era Shiita y ISIS es sunnita) “Zaky Mallah, ofreció a la policía antiterrorista la bandera que cuelga en la pared de su apartamento, una bandera del Frente Islámico, un grupo mucho más moderado, pero según mallah, “no se mostraron interesados: querían una bandera del Estado Islámico” El artículo también sostiene que: “Hace dos años, Mallah viajó a Siria y vivió con los rebeldes de la FSA en su lucha contra el presidente Bashar el Assad. Después de regresar a casa, animó a los jóvenes a ir a Siria y participar en la yihad para experimentar la lucha por la libertad en contra de El Assad” No deja de ser curioso que las autoridades conozcan y tengan perfectamente controlados a aquellos que pueden tener una bandera del Estado Islámico y soliciten su ayuda… Al igual que en Australia, Francia, aparentemente también tiene vigilados y controlados a un nutrido grupo de ex terroristas que habían viajado a luchar a Siria y que habían vuelto a Francia a proseguir con sus actividades. Algunos de estos terroristas son confidentes y colaboradores de las agencias de seguridad y forman claramente parte de la propia comunidad de inteligencia que no solo los vigila, sino que los mantiene. Estas redes han permitido reclutar a miles de combatientes para luchar en la guerra encubierta de la OTAN en Siria. La BBC informa de ello en un artículo titulado, “La crisis del Estado Islámico: 3000 yihadistas europeos se unen a la lucha”: “El número de europeos que se han convertido en combatientes islamistas en Siria e Irak se ha elevado a más de 3000, según afirma el jefe antiterrorista de la UE. Gilles de Kerchove también advirtió que los ataques aéreos occidentales aumentarían el riesgo de ataques de represalia en Europa” ¿Cómo alguien puede creer que tal cantidad de terroristas emigren al extranjero para luchar junto a los terroristas sin la colaboración necesaria por omisión, de los servicios de inteligencia Occidentales? Es evidente que, al igual que se armó intencionadamente a Al Qaeda en Siria, los servicios de inteligencia occidentales han abierto las compuertas para permitir que los terroristas europeos se unan a esa guerra que tanto interesa a la OTAN y han permitido, además, que vuelvan a reingresar en los países occidentales sin ningún problema. OPERACIÓN GLADIO CON ESTEROIDES Estas redes son un reflejo claro de la política de la OTAN iniciada durante la Guerra Fría, en la que se crearon ejércitos secretos y grupos terroristas controlados por la OTAN y la CIA, como fue la ya célebre Operación Gladio, una red terrorista encubierta consistente en milicias de ultraderecha, elementos del crimen organizado, agentes provocadores y unidades militares secretas que permaneció en Francia, Bélgica, Dinamarca, Países Bajos, Noruega, Alemania y Suiza y que fue diseñada para presentar a los grupos políticos de izquierda de Europa como terroristas ante la opinión pública y arrastrar a la población asustada para que votara por gobiernos autoritarios. Para llevar a cabo este objetivo, los operativos Gladio realizaron una serie de mortíferos ataques terroristas que fueron atribuidos a los izquierdistas y marxistas. Muchos de los militantes y extremistas utilizados en esas operaciones por la OTAN, fueron liquidados a la finalización de los muchos ataques de falsa bandera que se perpetraron a costa de cientos de vidas de inocentes ciudadanos europeos. Del mismo modo, hoy en día, muchos de los hombres armados involucrados en los ataques terroristas domésticos controlados por las mismas agencias de inteligencia, acaban muriendo. Mientras que las operaciones de OTAN y la CIA durante la Guerra Fría estaban destinadas a actos de terrorismo contra el propio pueblo, las redes actuales se utilizan para llevar a cabo tanto guerras en el extranjero, como ataques terroristas en el propio país. La naturaleza expansiva de estas redes y la amenaza que representan para la paz y la estabilidad mundial debería estar en el centro del debate acerca del ataque de París, dejando a jun lado las presuntas creencias religiosas de los atacantes que, al igual que sus homólogos de la Guerra Fría, no son más que chivos expiatorios y peones en medio de un juego mucho más grande e insidioso. Tony Cartalucci, investigador en geopolítica y escritor.

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El comienzo de una nueva era (Parte 1)
OfftopicporAnónimo7/23/2014

Capítulo 1: La batalla por el planeta de Limnie. Por aquel entonces yo no era más que un simple soldado de clase baja destinado en Limnie. Un planeta de mierda por el cuál Thenen batallaba. Yo no sabía cuáles eran los motivos por los que una nación tan poderosa podría interesarse en una roca de mala muerte, mis oficiales no hacían más que repetir: – “Es un planeta clave a nivel estratégico, es primordial asegurarlo antes de que las tropas de Sscun lo hagan.”– “No hay nada más que aclarar con respecto a esto.” – No dejaban formular pregunta alguna y la verdad, es que nadie necesitaba conocer los verdaderos intereses que suscitaban una guerra tan terrible como la que se llevó a cabo. Thenen era la gran república del sistema solar. “Todo se decide democráticamente y la mayor prioridad de todas es la de servir al pueblo.”Falacias que día a día se escuchaban en los medios de comunicación y en todos los planetas que formaban parte de la república. Lo más vergonzoso de todo, es que, tras iniciar un nuevo conflicto contra la nación de Sscun, tenían que implementar la propaganda, para que todos apoyaran de una u otra manera al “valeroso” ejército que luchaba por la “libertad” de la república de Thenen. Ahora que pienso en ello, no puedo evitar reírme. En primer lugar, no tenía dinero, no era más que un pobre diablo que vagabundeaba por las calles de Lemkhast, en Nahmya. El ejército fue mi salvación. No tenía un lugar en el que dormir, no tenía familiares a los que acudir en busca de ayuda y lo único que tenía en mi poder, era mi propio cuerpo, nada más. Con la idea de poder encontrar algo mejor entre las tropas de la república decidí alistarme. Era bastante ignorante, pero por suerte, no era estúpido y sabía lo que seguramente me podría llegar a ocurrir en caso de no prepararme y no tomarme adecuadamente el trabajo. Una semana después de presentarme como voluntario en el ejército, decidieron asignarme el rango más bajo que cualquier clase de soldado podría tener, el de primera línea o también llamado “escudo de carne” Y no era para menos, si nos llamaban escudos de carne no era porque les gustara ni por ninguna clase de burla. Era porque para eso estábamos, para detener momentáneamente el avance de las tropas enemigas mientras los soldados de clases más elevadas se podía organizar o reagrupar. Puede sonar coherente, pero se aleja mucho de la realidad. La mayoría de las armas estaban anticuadas comparadas con las del resto del ejército. Los vehículos y aeronaves utilizados se encontraban en un estado muy precario y por si fuera poco, la mayoría de las tropas estaban formadas por gente como yo, pero con aún menos experiencia y entrenamiento o por prisioneros a los que una vez acabado su servicio militar se les devolvería su libertad. El mes y medio de prácticas y entrenamiento que llevé a cabo en la escuela militar en el planeta de Aesov apenas me sirvió para aprender las tácticas básicas en combate, pero al parecer, el simple hecho de asistir a la academia militar me otorgaba el derecho de comandar un pelotón de soldados. Pero no era ni mucho menos un honor, ¿De qué me servía liderar a un grupo de personas inútiles y psicológicamente inestables? Muchos de ellos no sabían disparar y los que habían aprendido a hacerlo, no era por haber acudido a una escuela militar precisamente... Realmente no entiendo cómo llegué a aceptar acabar destinado Limnie. Quizás fue debido al poco tiempo que tuve para pensar en ello, o a la suma de dinero que se me proporcionaría después de acabar aquella misión, pero lo único que hice fue aceptarla y prepararme para partir hacia aquel planeta, que hasta entonces, era para mí una incógnita. Eran las cuatro de la madrugada del 42 del octavo mes del año. Me encontraba en una nave junto al regimiento que al día siguiente dirigiría en batalla. Poco a poco nos acercábamos más y más hacia aquel desolado planeta en el cuál tendríamos que combatir y la tensión en la gran sala de la nave de notaba en cada resquicio. Todos estaban nerviosos. Para muchos era su primera misión y para otros no, pero aún así, sabiendo lo que ocurriría, se sentían igual de mal que el resto de sus compañeros. Mientras llegábamos al lugar de aterrizaje de nuestra nave, uno de los cincuenta soldados que más tarde comandaría me habló. No debía tener más de diecinueve años. –Buen día para morir. ¿No? – Estaba muy nervioso y la expresión de su cara lo delataba. Le miré comprendiendo la situación en la que nos encontraríamos y le repliqué con calma. – No te preocupes. Puede que nos intenten mandar a una muerte segura, pero no dejaré que nadie salga sin vida de esta roca de mala muerte. Un soldado que se encontraba a mi izquierda me miró de arriba a abajo y con una voz quebrada comentó: – Es fácil decirlo, pero veremos que es lo que sucede una vez que hayamos llegado. – Me tendió la mano en señal de saludo. – Mi nombre es Lek. – Observó sin prisa la insignia que llevaba en mi chaleco militar. – Debes de ser el jefe del pelotón. ¿Me equivoco? –Sí. Lo soy. – Le confirmé tras examinarlo de soslayo. A diferencia del joven que se sentaba a mi lado. Lek tendría cerca de veinticinco años. – Me llamo Aller. – La débil voz del chico que estaba sentado a mi derecha se volvió un poco más firme, intentando esconder el temor que tenía. – Me alegro de conocer el nombre de al menos dos de los soldados del pelotón. – Me rasqué el pelo. – No me han dicho ni un solo nombre. Solo me han indicado que comande a un grupo de soldados. – Suspiré y miré el techo de la nave. – Vaya mierda de lugar. El joven soldado se removió en su asiento mientras que el mayor asintió lentamente antes de prestar atención en algún punto de la nave. Veinte minutos después de haber finalizado la corta conversación entre los tres. La nave ya se acercaba hacia su destino. No creáis que el lugar estaba desolado, destrozado por la guerra y demás. La mitad del planeta se encontraba en posesión de la república, mientras que la otra parte la dominaba la nación militarista Sscun. Tengo que decir que el lugar en el que aterrizó la nave era muy parecido a una pequeña ciudad de cualquier planeta. Es más. Si los soldados no hubieran llevado sus uniformes en todo momento, se les habría confundido con simples ciudadanos. Miré a través de la gruesa ventana que se situaba detrás de mi y pude ver que el aterrizaje era inminente. –¡Pelotón! – Alcé la voz lo más que pude y mi semblante cambió totalmente. – En unos momentos aterrizaremos. – Observé a los pasajeros que me examinaban detenidamente, con cierto aire de respeto y a la vez de recelo. – Preparad vuestro equipaje. Coged vuestras armas y mentalizaros sobre lo que ocurrirá mañana. – ¿Mañana? – Preguntó un joven de apenas dieciséis años. – Así es. – Clavé una seria mirada en sus ojos. – El día de hoy nos limitaremos a observar el lugar en el que se realizará el combate, plantear la estrategia y descansar. – Mientras hablaba, pude notar que el aterrizaje se estaba efectuando. – Bien. ¡En marcha! No di tiempo a que pudieran comentar nada más. Cogí mi maleta con las pertenencias que se me habían asignado en el ejército y me llevé la cinta de mi arma al hombro. A continuación, como si de un robot se tratara, con movimientos mecánicos, me dirigí hacia la puerta de la nave. Sin mucha delicadeza la abrí. – ¡No os quedéis mirándome! ¡Vamos! – Mi tono de voz era autoritario, pero no se denotaba enfado en él. Lo que buscaba conseguir con ello era ganarme el respeto y confianza del resto de compañeros del batallón para que pudieran pensar en que realmente alguien con conocimientos avanzados sobre la guerra les estuviera guiando. Para ningún soldado tiene gracia el saber que tu superior no tiene más que un entrenamiento de tan solo un mes y medio, al menos el aparentar ser profesional les levantaría la moral. No pensarían en ningún momento en que estaban siendo comandados por un zoquete sin capacitación, al menos, esa era la impresión que intentaba causar en el gran grupo, y hasta el momento, lo había conseguido.

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