Agusmaiden92
Usuario (Argentina)
Representantes de distintos credos participaban del 75 aniversario de la Noche de los Cristales cuando irrumpieron decenas de personas rezando el rosario en voz alta. Al cabo de unos momentos de tensión, se retiraron entre abucheos y gritos de "nazis". Un inusual clima de tensión se vivió esta tarde en la catedral metropolitana cuando un grupo ultraconservador católico intentó este martes impedir, rezando el rosario en voz alta, la realización de un acto judeo-cristiano por la conmemoración de la Noche de los Cristales Rotos, considerada el inicio del Holocausto judío perpetrado por el nazismo. Integrado en su mayoría por jóvenes identificados con boinas rojas, el grupo cismático lefebvrista se instaló minutos después de las 19 en la nave central de la iglesia para impedir que se lleve adelante la ceremonia. Profirieron insultos y cantos hostiles, mientras repartían textos que consignaban "fuera adoradores de dioses falsos del templo santo, que precipitarán las almas al castigo eterno". En esos momentos, el colectivo se convirtió en blanco de reprobación y gritos de "nazis" por parte de los presentes, que fueron prevenidos por el sacerdote Fernando Giannetti de "no entrar en este acto de provocación". Al cabo de unos minutos se retiraron. Luego de unos minutos de tensión y de la presencia de efectivos de la Policía Federal, que no intervinieron, y mientras Giannetti rezaba la Oración de la Paz de San Francisco de Asís, volvió la calma al interior del templo y pudo iniciarse el acto litúrgico. "Queridos hermanos judíos, siéntanse en casa, porque los cristianos así lo queremos, a pesar de estos atisbos de intolerancia", dijo monseñor Mario Poli antes de iniciar formalmente el acto. "Su presencia aquí no desacraliza un templo de Dios. Hagamos en paz este encuentro que lo quiere el papa Francisco", agregó, en medio de aplausos, el arzobispo porteño. En diálogo con C5N, el titular de la DAIA, Julio Shlosser, calificó el hecho como "un espectáculo bochornoso". Advirtió, además, que se debe estar "atentos, porque hay grupos racistas". En la misma línea fue el análisis del subsecretario de Derechos Humanos del gobierno porteño y presidente del Museo del Holocausto, Claudio Avruj, quien señaló: "Sufrimos lo sucedido como un hecho muy grave, porque se profanó la casa de Dios. Como comunidad judía, esto se toma como un hecho claramente antisemita, intolerable e impensable para la Argentina de hoy, máxime teniendo las enseñanzas del papa Francisco".

Entrevista. David Toop, referente de la escena musical inglesa, compuso una historia de la escucha que acaba de ser traducida. Para no robarle espacio a David Toop, introducción relámpago: músico experimental y ensayista, publicó un libro que tuvo reciente edición local. Resonancia siniestra es imposible de resumir, pero digamos que es una historia personal de la escucha como acto y como concepto y los modos en que se plasmó en la literatura, el arte, el cine, la música. -Si te pidiesen que resumas la historia de la escucha en sus momentos decisivos o giros, ¿cuáles serían? -Cuando comencé a hablar de la historia de la escucha parecía casi una broma plantear un proyecto tan vasto e imposible para enfatizar la poca atención que se le ha prestado a esa historia en comparación con la historia de los objetos, los movimientos sociales, las guerras y demás. Para empezar a entender los momentos decisivos de esta historia sería necesario entender más acerca del modo en que la escucha ha cambiado a lo largo de los siglos o en diferentes contextos culturales. Una vez le pregunté a mi madre, no mucho antes de que muriese, si podía recordar sus primeras experiencias de escucha. Todas ellas estaban relacionadas con momentos claves de cambio. Ella recordó cuando, de pequeña, se quedaba en la casa de su abuela en el campo, durmiendo bajo el techo, un techo de paja lleno de ratones y otras criaturas pequeñas. Por supuesto, ese tipo de casa estaba desapareciendo en aquel entonces. Luego recordó la primera vez que oyó la radio, el teléfono, y el zumbido de los bombarderos alemanes Zeppelin sobre su cabeza durante la Primera Guerra Mundial. Quizás ésa es la clave para encontrar estos momentos determinantes: preguntarles a los más ancianos. Ellos recuerdan el cambio. -Simon Reynolds escribió: “Todos somos David Toop Now”. Lo que dice el eslogan es que cualquier chico con Internet puede tener acceso a la clase de diversidad abrumadora de experiencia de escucha que a vos te llevó una vida. ¿Qué opinás de ese fenómeno? -Esa descripción de Simon fue muy halagadora pero no siempre coincidí con sus conclusiones. Es cierto que me llevó años acumular mi experiencia, pero muchas experiencias de escucha formativas ocurrieron rápidamente, en mi adolescencia y a los veinte y pocos, a menudo a través de la radio o de las bibliotecas. Además, no se limitaba a la escucha. Yo acumulaba libros sobre los mundos de los sonidos que me intrigaban y desarrollé un conocimiento más contextualizado acerca de todos estos sonidos y formas musicales. Si hubiese podido encontrar los sonidos reales con más facilidad, lo habría hecho, pero lo que cuenta es lo que hacés con esas experiencias de escucha. ¿Se vuelven significativas? ¿Se interconectan o son sólo momentos de sensaciones aisladas? Todo lo que está disponible en cualquier momento siempre estará envuelto o será presentado de una manera particular, ya se trate de la tecnología del prensado de vinilos, la impresión, o alguna forma de acceso online. Eso tiene que ser descifrado. También, uno tiene que aprender a saber dónde mirar. -¿Cómo fue que te adentraste en la literatura para encontrar esos textos que mencionás en el libro? -Cuando era muy joven, leí libros que me hicieron pensar acerca del sonido: Edgar Allan Poe, por ejemplo, O William Burroughs y Thomas Hardy. Uno no juntaría a esos tres escritores en una misma oración normalmente, pero cada uno de ellos me enseñó algo importante sobre la escucha. Me hicieron tomar conciencia de que los escritores suelen ser oyentes finos, aunque sólo sea porque la escritura imaginativa recurre a todos los sentidos. Así, se podría decir que eso instala un hábito de lectura en busca del sonido. -También anduviste buscando por las galerías de arte. -Fui estudiante de arte desde 1967 hasta 1970, y pensaba que sería un artista. En cambio, me volqué a la música, pero las galerías fueron una parte importante de mi educación. Lo que descubrí algunos años más tarde fue que mi interés extremo en el sonido, la música y la escucha durante 40 años había sido perjudicial para mi capacidad de mirar. Parte del proceso de escritura de Resonancia siniestra residió en volver a cultivar ese compromiso con el arte visual y abordar el interrogante de por qué el arte visual se valora tanto y el arte sonoro, no tanto. Al hacerlo, me encontré con una pintura llamada The Listening Housewife, de Nicholas Maes, un alumno de Rembrandt en el siglo XXVII. Fue emocionante porque claramente representaba un momento de escucha. Para mí inauguró una nueva manera de pensar las artes visuales como una especie de grabación de audio antes de que existiesen esos registros de audio. Me parece divertido, bastante raro en verdad, recorrer un museo “escuchando” las obras, pero es lo que vengo haciendo. -Con The Flying Lizards grabaste unos covers muy extraños que tuvieron un fuerte impacto en los charts. ¿Cómo se puede pensar el éxito comercial de una propuesta a priori no accesible al gran público? -Ese fue un gran momento para ser experimental y capaz de lograr un gran éxito con ello. Siempre aparece la pregunta de cómo llegar a más cantidad de público sin comprometer tu visión y sin perderte por completo. Lo tengo presente en todo lo que hago; a veces es grandioso tocar para un público reducido pero increíblemente conocedor en un club pequeño, y a veces es necesario encontrar una manera de llegar a personas que normalmente no tendrían interés en lo que hacés. Trabajé como periodista musical por más de 12 años. Eso me enseñó mucho sobre cómo escribir para públicos no especializados y armar una historia que atraiga a un lector que no es particularmente consciente del acto de la escucha hacia el sonido o música experimental.
Un músico y científico ha transformado en una fascinante melodía los datos que recopilan las sondas Voyager durante su viaje hacia otras estrellas. Las sondas Voyager-1 y 2 llevan a bordo muestras de música terrícola como mensaje a otras civilizaciones. Ahora, además, gracias al físico y compositor Domenico Vicinanza, las sondas pueden estar orgullosas de tener su propia composición. Cada uno de los aparatos, lanzados en 1977, tiene detectores de rayos cósmicos que cada hora miden la cantidad de protones que pasan por las sondas. En los 37 años de viaje de las Voyager se ha generado una gran cantidad de mediciones. Vicinanza asoció las cifras de estas mediciones a distintas notas musicales, de manera que las cifras más altas corresponden a las notas agudas. link: https://player.soundcloud.com/player.swf?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/129837735&color=ff5500&auto_play=false&hide_related=false&show_artwork=true El resultado, que se puede escuchar aquí, es una pieza que a muchos quizá les gustará más que algunas composiciones de la música académica contemporánea. En este fragmento la Voyager-1 'toca el piano', mientras que la Voyager-2 la acompaña con instrumentos de viento. Cuando las notas coinciden significa que las dos sondas hicieron mediciones idénticas a pesar de encontrarse a billones de kilómetros de distancia la una de la otra. Vicinanza compuso su obra para divertirse, como él mismo admite, pero señala que analizar los datos convertidos en música puede ayudar a los científicos a comprender detalles que de otra forma se les podrían escapar.
Una cervecería del estado de Wisconsin, EE.UU., está probando aviones no tripulados para entregar cerveza a clientes que residen en regiones lejanas, informan medios locales. La empresa Lakemaid Beer ya ha realizado algunas pruebas y publicó sus resultados en YouTube, mostrando cómo los drones pueden alcanzar zonas lejanas, incluso barcos pesqueros en medio del hielo. Aunque la legislación estadounidense restringe actualmente el uso comercial de aviones no tripulados por pequeñas empresas, en 2015 la Administración Federal de Aviación puede emitir nuevas regulaciones.
Un ex ministro noruego lo propuso porque al revelar el espionaje de EE.UU. estimuló un “debate público" sobre la confianza en los gobiernos, que es "un requisito fundamental para la paz". Perseguido. Snowden permanece en Moscú, con un permiso de asilo temporal que vence a mediados de año Un ex ministro noruego propuso este miércoles al ex analista de inteligencia estadounidense Edward Snowden para el premio Nobel de la Paz, en una carta remitida al Comité Nobel noruego. "Ha contribuido a revelar el nivel extremo de vigilancia por parte de naciones contra otras naciones y ciudadanos", dijo el ex ministro socialista Baard Vegar Solhjell al explicar su iniciativa a la agencia Afp. "Snowden ha contribuido a que la gente sepa lo que ha ocurrido y a estimular un debate público" sobre la confianza en los gobiernos, que es "un requisito fundamental para la paz". En una carta al Comité Nobel noruego, Solhjell y su compañero de partido Snorre Valen señalan que no necesariamente aprueban o respaldan todas las revelaciones de Snowden, pero lo elogian por poner al descubierto "la naturaleza y la capacidad tecnológica de la vigilancia moderna". "El nivel de sofisticación y de profundidad de la vigilancia a la que fueron sometidos ciudadanos en todo el mundo son temas que nos han dejado atónitos y que han provocado un debate", escribieron en su carta. Agregaron que las acciones de Snowden han "conducido a la reintroducción de confianza y transparencia como un principio destacado de las políticas mundiales de seguridad". Documentos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos filtrados por Snowden en 2013 revelaron una vigilancia generalizada de individuos e instituciones en Estados Unidos y otros lugares del mundo. El plazo máximo para presentar candidaturas para el Nobel de la Paz 2014 finaliza el 1 de febrero. Entre las personas que pueden presentar candidaturas figuran políticos y abogados en todo el mundo, así como profesores universitarios de algunas disciplinas.

La Bienal de Arte Joven de Buenos Aires exhibe sus finalistas con epicentro en la Ciudad Cultural Konex y en otras ocho sedes. "Los Efímeros" de Lucía Feijoó. Fotografía. Una de las obras seleccionadas para la bienal. Desde mañana y hasta el domingo podrán verse, con epicentro en la Ciudad Cultural Konex pero también en otras ocho sedes, las obras finalistas de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. Se trata del trabajo de unos 700 artistas que alcanzaron la última etapa de un certamen que, en esta edición, convocó trabajos de cuatro disciplinas: artes visuales, artes audiovisuales, música y artes escénicas. Podrán verse unas 135 obras producidas por artistas de entre 18 y 32 años. De esas 135 obras, 16 fueron producidas durante los últimos tres meses y financiadas por la Bienal, ya que no sólo participaron jóvenes con obras terminadas, sino también aquellos que presentaron proyectos a desarrollar. En total, se expondrá el trabajo de 51 artistas visuales; 33 bandas y solistas se presentarán en vivo en las distintas sedes de la Bienal; habrá 20 cortometrajes y 3 series producidas para la web, y 21 obras de teatro y danza, siete de las cuales se estrenarán de forma simultánea el miércoles 13. Todas las actividades, que se desarrollarán también en el Centro Cultural Borges y en siete salas de teatro independiente del circuito del Abasto, tendrán entrada gratuita. Para asistir, hay que hacer una reserva a través de www.buenosaires.gob.ar/labienal, donde también puede consultarse la programación completa del evento. En Konex, se podrá ver la muestra fotográfica “Bienales en diálogo (1989-2013)”, curada por el artista Marcos López. Incluirá imágenes tomadas en 1989 por el propio López, por Res y por Adriana Miranda, durante la primera Bienal de Arte Joven celebrada en Buenos Aires, que dialogarán con las que el artista Nicolás Colledani tomó durante esta edición del evento.

John Heartfield (9 de junio de 1891 - 26 de abril de 1968) fue artista alemán del período dadaísta, especializado en el fotomontaje. Su nombre real era Helmut Herzfeld. Vivió una infancia poco común (fue abandonado por sus padres) y mostró desde muy pronto un raro talento artístico. Durante la Primera Guerra Mundial, se vio obligado a alistarse en el ejército (aunque luego lo abandonó, fingiendo una depresión nerviosa). Fue en este momento cuando, a modo de protesta, cambió su nombre por el de John Heartfield. Al finalizar la guerra, Heartfield se unió al grupo Dadá, así como al Partido Comunista. A partir de este momento, el trabajo del artista alemán tendría una gran carga de denuncia política (fue muy crítico con la República de Weimar, al igual que su amigo Bertolt Brecht). Cada vez más implicado en el terreno del fotomontaje, trabajó en revistas ilustradas. Durante 1930 y 1931, viajó por la Unión Soviética. Cuando el régimen de Hitler se estableció en Alemania, Heartfield huyó a Checoslovaquia. Fue durante el período de la Segunda Guerra Mundial cuando su trabajo resultó más productivo y más representativo de su personalidad como artista. La mayoría del arte de Heartfield es una crítica satírica al Tercer Reich, y en particular a la figura de Adolf Hitler (una de sus obras más conocidas es "Adolf, el superhombre, traga oro y vomita basura". Asimismo, condenó el antisemitismo y la sociedad industrial capitalista. ("El capitalismo les está robando su última pieza de pan", "La conquista de las máquinas". No volvió a su país natal hasta 1948 (a Leipzig, en la República Democrática Alemana). Desempeñó trabajos de profesor universitario y fundó su propia editorial. Para entonces, ya estaba gravemente enfermo. Fue durante la década de los cincuenta, y en Alemania del Este, cuando su obra fue realmente reconocida por el público. Heartfield continuó en activo durante varios años, viajando regularmente a China (donde rodaría su primera película, una obra autobiográfica), y comisariando algunas exposiciones propias. Su mano aparece en la portada del primer disco de la banda System of a Down. Cabe destacar que su obra influyó, en gran medida, al famoso fotomontador Josep Renau. Obras