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Abenader-oficial

Usuario (Argentina)

Primer post: 6 jun 2014Último post: 8 jun 2014
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Mel Gibson vs los Evangelios
InfoporAnónimo6/6/2014

Uno de los más famosos biógrafos de Jesús, minucioso en su empleo de los textos bíblicos, y en el uso crítico de su vastísima cultura clásica general, fue el francés Ernest Renan (1823-1892). Es bien sabido que su Vida de Jesús (1863) despertó severas objeciones, por su rechazo a considerar los aspectos milagrosos como objeto del historiador. Sin embargo, su rigor científico en punto a las reconstrucciones, no merece mayores reparos en general. Escuchemos su versión de estos sucesos (París, Calmann-Lévy, 1925, pp 420/421, traducción nuestra del francés): “Pilato se creyó obligado a hacer alguna concesión; pero, hesitando aún de derramar la sangre para satisfacer a gente que detestaba, quiso tornar la cosa en comedia. Afectando reírse del título pomposo que le daban a Jesús, le hizo azotar (Mat., 27,26; Marc., 15,45; Juan, 19,1). La flagelación era la preliminar ordinaria del suplicio de la cruz (Josefo, La guerra de los judíos, 2,14,9; 5,11,1; 7,6,4; Tito Livio, 33,36; Quinto Curcio, 7,11,28). Puede ser que Pilato quisiera dejar creer que esta condena ya estaba pronunciada, esperando que bastaría la preliminar. Entonces tuvo lugar, según todas las versiones, una escena repulsiva. Los soldados pusieron sobre la espalda de Jesús un manto rojo, sobre su cabeza una corona formada de ramas espinosas, y un bastón en su mano. Así ataviado lo llevaron a la tribuna, de cara al pueblo. Los soldados desfilaban delante de él, lo abofeteaban cada cual a su turno, y decían, arrodillándose, salud, rey de los judíos (Mat. 27,27 y ss; Marc. 15,46 y ss; Luc. 23,11; Juan 19,2 y ss). Otros escupían sobre él y golpeaban su cabeza con el bastón”. Hasta allí, la versión evangélica. Pero Renan, conocedor de la civilización latina, se apresura a agregar: “Difícilmente se comprende que la gravedad romana se haya prestado a actos tan vergonzosos. Es verdad que Pilato, en calidad de procurador, no tenía más que tropas auxiliares bajo sus órdenes (ver Renier, Inscripciones romanas de Argelia, n° 5, fragmento B. La existencia de esbirros y de verdugos extranjeros en el ejército, sólo se muestra claramente más tarde. Sin embargo, ver Cicerón, Sobre Verro, II, varios pasajes, y las Epístolas al hermano Quinto, I,1,4). Los ciudadanos romanos, como eran los legionarios, no hubiesen descendido a tales indignidades”. O sea que los Evangelios de ninguna manera narran las atroces escenas que Mel Gibson pone al aire. Dos de ellos (Mateo y Marcos) dan a entender que se trató de la mera flagelación de rigor para debilitar al condenado a la cruz. Terrible y cruel, sin dudas, pero nada que ver con el cuadro del filme. Lucas y Juan la presentan como un escarmiento (en el primero de ellos, parecería ni siquiera haberse llevado a cabo finalmente). Pero sin ninguno de los caracteres sádicos y atroces de la película. E incluso respecto de las burlas de la soldadesca, en las que sí coinciden los cuatro textos, Renan se permite sus serias dudas, que yo comparto plenamente. Con tanta mayor razón, todo lleva a pensar que los legionarios cumplieron con la flagelación, porque era su triste deber militar, pero sin odio añadido (que difícilmente lo tuvieran). Tal vez burla, sorna para con ese pueblo tan extraño de profetas y ungidos, un Dios solo e invisible, y sacerdotes celosos, tan diferente de Roma y de Grecia. Pero una cosa son chanzas e insultos, aún duros y violentos, y otra, muy otra, la pintura gibsoniana. Nótese que Renan se hace cargo de la hipótesis, que desde época temprana plantearon los estudiosos, asombrados ante semejantes conductas en legionarios del Principado temprano, de que las tropas de Jerusalén estuvieran compuestas de provinciales, no de romanos ni italianos. Es una posibilidad, como se ha visto, muy discutible. Pero lo cierto es que Mel Gibson la ha descartado de cuajo, porque pone a los legionarios, con uniforme de tales, hablando entre sí en latín, que no era el idioma de los sirios (que, en el mejor de los casos, hubieran empleado el griego). Es cierto, se dirá, que le inventa al oficial de confianza de Pilato el nombre semita de Abenader, como dando a entender que no es romano. Pero tan alambicada elucubración cae por la base, porque, en todo caso, ese Abenader resulta ser el único militar que se interpone en defensa del Cristo, y hace cesar su ordalía... ¿De dónde sacó Gibson esta escena, de lejos la más espeluznante (y taquillera) de su festival de terror? La respuesta la debo a mi querida amiga (y madrina de bautismo, además), la hermana franciscana seglar Silvia Tosti, que me llamó la atención sobre un libro llamado Jeschua, y subtitulado, nótese por favor, “Pensamientos sobre la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo”. Es decir, que se trata, como su autor lo confiesa sin tapujos, de “pensamientos”, no de un trabajo historiográfico, ni con pretensiones de ajustar reconstrucciones a los hechos tal cual fueron. Se trata de meras disquisiciones (“Bilder und Gedanken”, dice el original alemán, "imágenes y pensamientos". Sólo eso... Su autor es un tal Paul Spülbeck, de quien, debo admitirlo, desconozco más datos. En el buscador Google, el más potente del mundo (hasta yo estoy), con ese nombre sólo aparece un personal trainer, que no debe ser el mismo, calculo. El libro está datado en Buenos Aires, en 1996, pero sin mención de editorial (dice: “IMPRESO COMO MANUSCRITO”). Lleva el “puede imprimirse” de Monseñor Jorge Novak, obispo de Quilmes (Provincia de Buenos Aires), con fecha 31 de diciembre de 1996 (es decir que la edición ha de ser, por lo menos, de 1997). Me da mucha tristeza que un prelado consustanciado con la lucha por los derechos humanos, cristiano cabal, soldado de la confraternidad entre los hombres y los credos, haya otorgado su imprimatur a una obra donde se dicen cosas como ésta: “Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Esto debía significar: si el Nazareno es inocente, si se ha de derramar sangre inocente, entonces que Dios exija de nosotros esa sangre como venganza y castigo sobre nosotros y nuestros hijos. El Cielo ha escuchado la maldición del pueblo. La terrible automaldición se cumplió. Cuarenta años tuvo paciencia Dios con este pueblo enceguecido y dio tiempo para la conversión y la reparación. Los apóstoles obraron en nombre de Jesús grandes milagros y signos y con sus prédicas estimularon al pueblo judío a un cambio interior, pero sólo pocos volvieron en sí; sólo unos pocos abrazaron la fe en el Hijo de Dios. La gran masa del pueblo permaneció empedernida. Así llegó el año 70d.C. y un día cayó la orgullosa y magnífica ciudad con el Templo en escombros y cenizas, elevándose el sol rojo de sangre sobre las humeantes ruinas”, y sigue (pp 130 y ss.). Spülbeck relata entonces su versión, notablemente anti-histórica, de la Guerra Judaica (leer un poquito a Flavio Josefo no le hubiera hecho daño, pero él no cita fuentes...). Se lo nota indudablemente feliz, porque su dios (que no me parece ser el mismo mío) se ha vengado a muerte y fuego sobre esos pérfidos hebreos. Y concluye, en un verdadero clímax: “Nunca ha sido pronunciada una maldición tan terrible, y jamás una maldición se ha hecho realidad tan literalmente. Si aquellos que gritaron en aquella mañana junto al Lithóstrotos hubieran podido ver cuarenta años hacia adelante, se les hubiera helado la sangre en sus venas” (p 132).

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La primera autopista de la Historia.
La primera autopista de la Historia.
Ciencia EducacionporAnónimo6/8/2014

Algunos historiadores consideran que la Vía Apia es la primera autopista de la historia, es la calzada romana más conocida y mejor conservada del mundo. La Vía Apia De 540 km de longitud y aproximadamente 8m de ancho estaba calculada para el paso simultáneo de dos carros viajando en sentido contrario. La calzada estaba realizada a base de piedra basáltica de forma poligonal y estaba flanqueada a ambos lados por una acera de aproximadamente un metro de ancho. A lo largo de sus márgenes se encontraban multitud de sepulcros, tumbas y otros monumentos funerarios, debido a la existencia de una ley que prohibía los enterramientos dentro de la ciudad, así como cementerios paganos y los primeros cementerios paleocristianos donde los primeros cristianos celebraban la Eucaristía. Considerada la primera y más importante calzada romana, fue construida en el 312 a.C. siendo censor Apio Claudio Caeco, como vía de comunicación entre Roma y Capua. Debido a la gran confluencia de personas se sucedían las “stationes” o lugares para el cambio de caballos y las “mansiones” que podemos asemejar a nuestro concepto de posada. Tras la caída del imperio la Vía Apia cayó en desuso, siendo restaurada mucho después por orden del Papa Pío VI. Napoleón y Mussolini también supieron apreciar la grandeza de la obra y apostaron por su conservación. La calzada parte de la Puerta de San Sebastián y actualmente la Vía Apia se encuentra cerrada al tráfico.

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Carras y le destrucción del ejército de Craso.
Ciencia EducacionporAnónimo6/8/2014

8 de mayo de 2014 Batalla de Carras A mediados del siglo I a.C., Roma está dominada por lo que se conoce como primer triunvirato, protagonizado por Julio César, Pompeyo y Craso, siendo este último, según muchos historiadores, el hombre más rico del momento. Su personalidad, codiciosa y ávida, le empuja a llevar a cabo una campaña que pronto se convertiría en el mayor error que pudo cometer. En el año 54 a.C., sin consentimiento del Senado Romano, invade el Imperio Parto, situado entre el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, rompiendo un tratado de paz que Roma mantenía con ellos y con un ejército de 40.000 hombres, bien pagados y fieles a él hasta el final. Craso tomó varias ciudades fronterizas sin resistencia. Los partos, indignados por la traición de éste le exigieron una retirada, a lo cual Craso se negó. En el año 53 a.C. el rey Orodes III de Partia envió un ejército de 10.000 jinetes a encontrarse con Craso, con la única intención de retrasarle mientras esperaba la llegada del grueso de su ejército, emprendido en otra campaña militar. Ambos ejércitos se encontraron cerca de Carras, entre los ríos Tigris y Éufrates. Craso formó a sus hombres en un cuadrado, para neutralizar posibles cargas laterales y por la retaguardia de la caballería parta. Los partos, intentaron intimidar a los romanos en dos ocasiones, con redobles de tambores, para hacer creer que eran más de los que pensaban y reflejando el sol en sus brillantes armaduras, pero esto no frenó el avance del ejército de Craso. Ante la inutilidad de aquello, los partos comenzaron la ofensiva. Los arqueros a caballo rodearon al ejército romano, y hostigaron a su infantería. Los arcos compuestos usados por los jinetes, atravesaban escudos y armaduras romanas, provocando heridas a los legionarios, normalmente no mortales, pero que empezaban a desmoralizar a éstos. Craso La impotencia se propagaba entre las líneas romanas, las cuales comenzaron a romper su formación e intentaban cargar contra las jinetes, quienes se retiraban, dejándoles a merced de una rápida carga de catafractos, que terminaba con los soldados que salían de la formación. Craso en un principio esperaba resistir hasta que a los jinetes se les acabasen las flechas, pero los partos contaban con un millar de camellos cargados de munición, teniendo de estas más que suficientes. Ante esto, Craso envió a su caballería, liderada por su hijo, a cargar contra los jinetes arqueros, pero éstos terminaron siendo masacrados y el hijo de Craso, Publio, caído en batalla. El ejército romano se retiró a la próxima ciudad de Carras, dejando 4.000 heridos y muertos tras ellos. Al día siguiente, los partos enviaron un mensajero a los romanos, ofreciéndoles una tregua si se retiraban. Craso no quería reunirse con ellos, pero el miedo infundido en sus tropas amenazaba con un motín si no lo hacía, por lo que tuvo que aceptar. Durante la negociación, ésta se volvió violenta, resultando Craso muerto en ella, obligándole los partos a beber oro fundido como símbolo de su avaricia. Las tropas romanas intentaron huir de Carras, siendo víctimas de una nueva trampa en la que resultaron rodeados y asesinados o capturados. De los 40.000 hombres con los que contaba el ejército romano, 20.000 fueron muertos y 10.000 capturados. Las bajas del ejército parto fueron mínimas. La muerte de Craso pondría fin al primer triunvirato en Roma, situación que comenzaría a desestabilizar el poder político y considerándose este hecho como el comienzo de la futura guerra civil entre César y Pompeyo. Esta batalla también empezaría a despertar el interés en Europa en la seda, producto con el cual los partos tejían sus estandartes, interés que terminaría por consolidar la Ruta de la Seda, una de las rutas comerciales más prósperas de la historia.

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Se positivo con estos consejos.
Salud BienestarporAnónimo6/6/2014

El sexo oral, todo un tema. A ellos les encanta hacerlo y que se lo hagan. A nosotras, un poco menos. Ellos lo hacen porque les gusta, nosotras lo hacemos… ¡Porque está en el combo! Aprendé a disfrutar haciéndolo, convertite en una reina de la fellatio y sorprendelo. Hacerlo bien tiene dos secretos El primero es el entusiasmo: si a vos te gusta practicarle sexo oral, seguro que sos buena haciéndolo. La mayoría de nosotras lo hace bien “de vez en cuando”, cuando somos “gauchitas”, pero si sacaran eso del “combo”, no lo extrañaríamos. El segundo es algo más “técnico”: la respiración. Hay que inhalar y exhalar por la nariz, de esa manera evitamos atragantarnos y que nos den arcadas. Es la misma respiración que practicamos en las clases de canto, pilates o yoga. Versión de lujo: a veces se la merecen En su cumpleaños, en un aniversario… Siempre vas a encontrar motivos tanto o más válidos que éstos para darle ese “regalito” a tu hombre. La de lujo se caracteriza por ser una actividad única, un regalo, no es recíproca, ni es un preliminar para una penetración posterior. Paso a paso y en detalle * Limpieza. Para tener ganas, la higiene es fundamental y necesaria. La solución es simple: así como seguramente vos estás bañada, perfumada y producida, pedile lo mismo a él. * La posición ideal. Lo ideal es que los dos estén cómodos. Podés sentarte en una silla baja, en el borde de la cama o arrodillarte en el piso sobre un almohadón. En la cama, es casi imposible que estemos cómodas: nos molesta el brazo, el cuello, la cintura, el pelo, la cadenita del cuello… Pero, además, sólo si estamos cómodas podemos usar la boca y ambas manos con precisión. Una vez que te acomodaste, lo primero que él tiene que entender es que a la mayoría no nos gusta que nos agarren la cabeza y nos empujen. En esta “versión de luxe” mandás vos, así que pedile que se quede bien quietito y que haga lo que vos le indiques. * Las manos. Acompañan, mejoran las sensaciones y multiplican el placer. Si están húmedas, ¡mucho mejor! El secreto está en hacer movimientos envolventes hacia arriba y hacia abajo. Una de las manos sostiene el miembro viril y la otra puede desplazarse pegada a la boca. * Zona perineal. Es la zona que está entre los testículos y el ano. Lo ideal es acariciarlos ahí con presión, moviendo las yemas de los dedos en círculos y hacia delante y hacia atrás. No lo hagas suave, apenas rozando, porque les da cosquillas y se pierde el erotismo. Cuidado con las uñas si las tenés largas. * Los testículos. Aprovechá para acariciarlos. Si querés dar un paso más, preguntale: a algunos hombres les encanta y a otros les desagrada. * La succión. Es muy importante porque provoca sensaciones muy intensas. Podés mantenerla en todo momento o sólo al retirar la cabeza. * Los dientes. A menos que a tu pareja le guste, evitá morderlo. Es de lo que más se quejan. * Sexo oral de exhibición. Igual que en las películas, es bien hot y muy estimulante. La posición no importa tanto, lo que importa es que mientras que lo hacés lo mires a los ojos. La mirada tiene una importancia sugestiva y hace la diferencia. * La eyaculación. Charlen entre los dos y elijan la manera que le dé más placer a los dos. Tips - Pasá la lengua por tus labios antes de comenzar a practicarle sexo oral para humedecerlos y no lastimarlo a él. - Miralo a los ojos exagerando el movimiento de tu lengua al hacerlo… ¡Le va a encantar! - Si tomaste vino, tu boca estará seca. Tomá un poco de agua o masticá un chicle antes de empezar. - El sexo oral debe ir creciendo en intensidad, no en velocidad. ¿Te animás a ponerlo en práctica? Una idea… ¡Después podés pedirle una devolución de favores! Paola Kullock es autora del libro "Sexo, ¡ponele ganas!", de Ed. Aguilar, de donde se extrajo esta columna.

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