EL PIRATA MÁS PELIGROSO DE LA HISTORIA
FUE UNA MUJER
FUE UNA MUJER
La piratería es cosa de hombres, dicen los machistas
O al menos a eso nos tenía acostumbrada la iconografía de los corsarios desde: La isla del tesoro hasta que Geena Davis se soltó la melena en otra isla, La de las Cabezas Cortadas.
Ni Morgan, ni Drake, ni Barbarroja. La medalla de oro de la piratería –por cantidad y calidad– la ostenta Ching Shih (1775-1844), una mujer china de armas tomar que también sería ramera, proxeneta, traficante de opio, legisladora, protofeminista…
Una hembra despiadada y exigente capaz de comer ratas con arroz, beber alcohol mezclado con pólvora, casarse con su hijastro, poner en jaque a un Imperio y hacerse de paso acreedora de una entrada en la imprescindible ‘Historia Universal de la Infamia’ de Borges. Al Capone, a su lado, un voluntario del Domund.
Mujeres piratas en la Historia hubo, y muchas, pero por encima de todas destacó la que fue EL más grande pirata de la Historia, sin distinción de sexos: la viuda Ching, una indómita china que a principios del siglo XIX aterrorizó los mares y las cosas de Oriente con una flota de 2.000 navíos y más de 80.000 hombres.
Ching Shih y sus filibusteros hubieran hecho puré a las flotas de piratas de leyenda como Morgan, Barbarroja o Kim Dotcom. Ching fue rescatada del burdel donde trabajaba por el pirata Cheng, quien moriría años después, heredando el imperio saqueador de su marido y no pocas de sus habilidades.
Una japonesa, Jun Ichikawa, interpretó a la viuda Ching en una película… ¡de Bud Spencer!
“Era una mujer sarmentosa, de ojos dormidos y sonrisa cariada. El pelo renegrido y aceitado tenía más resplandor que los ojos”.


Así describe Borges el mito de la viuda Ching en su Historia Universal de la infamia, donde le dedica un capítulo. También era sanguinaria y aplicaba con severidad su particular código de justicia, que podríamos definir como proto-feminista… o no: violar prisioneras constituía un crimen capital. El violador era decapitado y la violada -¡ay!- arrojada por la borda.
La enorme flota de Ching tuvo en jaque al mismísimo imperio del centro durante 13 largos años.
En 1809, el emperador organizó una expedición para someter a los piratas y puso al frente a su mejor marino, el almirante Kvo-Lang.
Tras varios días de feroz batalla en el mar de China, las tropas de Kvo-Lang sufrieron una humillante derrota.
Por su parte, “los cuarenta mil piratas victoriosos de la Viuda soberbia remontaron las bocas del Si-Kiang, multiplicando incendios y fiestas espantosas y huérfanos a babor y estribor”, relata Borges.
Pero un año después, y viendo que tarde o temprano acabaría siendo apresada por las fuerzas del Emperador, se acogió a una amnistía, cambió su nombre por el muy rebuscado “Brillo de la Verdadera Instrucción” y empezó su nueva vida en tierra, en un segmento de actividad colindante al de la piratería: regentando en Cantón el burdel más grande de Asia.
Y es que la viuda Ching se convirtió en toda una historia auténtica.
Las costas, los mares y los ríos de chinos pudieron descansar tranquilos tras la jubilación de la viuda Ching. Los labradores costeños “ofrecieron plegarias en las cumbres de las montañas y se regocijaron durante días cantando atrás de los biombos”, recuerda con alivio un cronista chino de la época.
TODO COMENTARIO
QUE NO TENGA QUE VER
CON EL TEMA DEL POST
SERA BORRADO
ESPECIALMENTE LOS POLÍTICOS
QUE NO TENGA QUE VER
CON EL TEMA DEL POST
SERA BORRADO
ESPECIALMENTE LOS POLÍTICOS