Los gatos.

Los gatos.



Jorge Luis Borges

A un gato
                                                                            Borges


No son más silenciosos los espejos 
ni más furtiva el alba aventurera; 
eres, bajo la luna, esa pantera 
que nos es dado divisar de lejos. 
Por obra indescifrable de un decreto 
divino, te buscamos vanamente; 
más rcortázaremoto que el Ganges y el poniente, gatos

tuya es la soledad, tuyo el secreto. 
Tu lomo condesciende a la morosa 
caricia de mi mano. Has admitido, 
desde esa eternidad que ya es olvido, 
el amor de la mano recelosa. 
En otro tiempo estás. Eres el dueño 
de un ámbito cerrado como un sueño.








cocteau











Cómo se pasa al lado 

Los descubrimientos importantes se hacen en las circunstancias y los 
lugares más insólitos. La manzana de Newton, mire si no es cosa de pasmarse. A 
mí me ocurrió que en mitad de una reunión de negocios pensé sin saber por qué 
en los gatos —que no tenían nada que ver con el orden del día— y descubrí 
bruscamente que los gatos son teléfonos. Así nomás, como siempre las cosas 
geniales. 
Desde luego un descubrimiento parecido suscita una cierta sorpresa, 
puesto que nadie está habituado a que los teléfonos vayan y vengan y sobre 
todo que beban leche y adoren el pescado. Lleva su tiempo comprender que se 
trata de teléfonos especiales, como los walkie-talkies que no tienen cables, y 
además que también nosotros somos especiales en el sentido de que hasta ahora 
no habíamos comprendido que los gatos eran teléfonos y por lo tanto no se nos 
había ocurrido utilizarlos. 
Dado que esta negligencia remonta a la más alta antigüedad, poco 
puede esperarse de las comunicaciones que logremos establecer a partir de mi 
descubrimiento, pues resulta evidente la falta de un código que nos permita 
comprender los mensajes, su procedencia y la índole de quienes nos los envían. 
No se trata, como ya se habrá advertido, de descolgar un tubo inexistente para 
discar un número que nada tiene que ver con nuestras cifras, y mucho menos 
comprender lo que desde el otro lado puedan estar diciéndonos con algún 
motivo igualmente confuso. Que el teléfono funciona, todo gato lo prueba con 
una honradez mal retribuida por parte de los abonados bípedos; nadie negará 
que su teléfono negro, blanco, barcino o angora llega a cada momento con un 
aire decidido, se detiene a los pies del abonado y produce un mensaje que 
nuestra literatura primaria y patética translitera estúpidamente en forma de miau 
y otros fonemas parecidos. Verbos sedosos, afelpados adjetivos, oraciones simples 
y compuestas pero siempre jabonosas y glicerinadas forman un discurso que en 
algunos casos se relaciona con el hambre, en cuya oportunidad el teléfono no es 
nada más que un gato, pero otras veces se expresa con absoluta prescindencia 
de su persona, lo que prueba que un gato es un teléfono. 
Torpes y pretenciosos, hemos dejado pasar milenios sin responder a las 
llamadas, sin preguntarnos de dónde venían, quiénes estaban del otro lado de 
esa línea que una cola trémula se hartó de mostrarnos en cualquier casa del 
mundo. ¿De qué me sirve y nos sirve mi descubrimiento? Todo gato es un teléfono 
pero todo hombre es un pobre hombre. Vaya a saber lo que siguen diciéndonos, 
los caminos que nos muestran; por mi parte sólo he sido capaz de discar en mi 
teléfono ordinario el número de la universidad para la cual trabajo, y anunciar 
casi avergonzadamente mi descubrimiento. Parece inútil mencionar el silencio de 
tapioca congelada con que lo han recibido los sabios que contestan a ese tipo 
de llamadas. 

Un Tal Lucas – Julio Cortázar





Los gatos.EL GATO Y EL PÁJARO
Un pueblo escucha desolado
el canto de un pájaro herido.
Es el único pájaro del pueblo
y es el único gato del pueblo
que lo ha devorado a medias.
Y el pájaro cesa de cantar
el gato cesa de ronronear
y de relamerse el hocico.
Y el pueblo le hace al pájaro
maravillosos funerales.
Y el gato que está invitado
marcha detrás del pequeño ataúd de paja
donde el pájaro muerto está estirado
llevado por una niñita
que no deja de llorar.
Si hubiera sabido que eso te daba tanta pena,
le dice el gato,
me lo hubiera comido del todo
y después te hubiera contado
que lo había visto volarse
volarse hasta el fin del mundo
allá donde es tan lejos
que nunca se vuelve.
Tu hubieras tenido menos pena
Simplemente tristeza y aflicción
Nunca hay que hacer las cosas a medias.
JACQUES PREVERT







“Prefiero Los Gatos A Los Perros, Porque No Hay Gatos Policía”



      
Jean CocteauBorges 
                                                              
cortázargatos
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