Después de Schoklender, asoma el “Plan B”
El Caldero jun 6, 2011
Por: Daniel Salmoral
Si por ella fuera, permanecería para siempre en Europa.
De poder, se quedaría en la Bienal de Arte en Venecia; luego pasaría a Florencia; de allí pasearía por París con su hija y al final se daría una vuelta por España y Portugal, en lo que sería la gira oficial de un presidente argentino más larga de la historia.
Esta posibilidad no suena exagerada si tenemos en cuenta los numerosos problemas que aguardan el regreso de la presidenta Cristina Fernández, luego de su visita al viejo continente adónde partió para atender asuntos de Estado pactados de antemano, pero también para alejarse de la hoguera en la que, poco a poco, se va convirtiendo el “Caso Schoklender”, y que amenaza devorarse a buena parte de su gabinete y también de su Gobierno.
La Presidenta, cuando hace una semana se embarcaba rumbo a Mexico, tenía la esperanza que el problema con los dineros públicos que maneja la Fundación de Las Madres de Plaza de Mayo siguiera dentro del “closet” como hasta ahora, y que no terminara convirtiéndose en el “Talón de Aquiles” de su gobierno que gusta se lo defina como “progre”, pero que se encuentra absolutamente desbordado por hechos de corrupción que tienen como principales sospechados e imputados, a importantes y cercanos miembros de su circulo íntimo.
Crsitina, quien en su gira tenía una oreja puesta en lo que le decían sus anfitriones europeos y la otra en el celular que le contaba como iban las cosas en su país, terminó apabullada por la información que le transmitían sus funcionarios y que daba cuenta que el tema Schoklender crecía como una bola de nieve y en su caída comenzaba a arrastrar a nombres de funcionarios de ingreso diario a su despacho.
Por lo que comentan periodistas y medios afines al kirchnerismo, la mayor preocupación de Cristina, desde un principio, fue Hebe de Bonafini, a quién pidió expresamente dejar a salvo del escándalo, cosa que a medida que transcurren las horas y avanza la investigación, parece una tarea de imposible concreción.

Norberto Oyarbide, el juez que por “sorteo” quedó a cargo de la causa, se limitó a decir hasta ahora que la situación del principal sospechoso es “delicada”, y ordenó una serie de procedimientos que terminaron complicando a fiuncionarios públicos como Julio De Vido, Guillermo Moreno, Julio López y Abel Fatala, solamente hasta ahora.
Este alboroto, y es lógico que así sea, tiene a mal traer a la Presidenta quien había prometido que al regreso de su viaje, anunciaría finalmente su decisión de ser, o no, candidata a la reelección.
Según el artículo del periodista Juan C. Fernández, publicado el pasado 3 de junio en el portal de noticias, “NCN” (Noticias del Congreso Nacional), la carta que tiene celosamente guardada el kirchnerismo y que se conocería como el “Plan B”, cuya autoría intelectual se le atribuye al secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zanini, diría que Cristina “no será finalmente candidata y quien asumirá esa responsabilidad será Daniel Scioli, siendo a su vez, Sergio Massa, el intendente de Tigre, quien vaya por la gobernación bonaerense”.
Según el colega de “NCN”, la decisión de Cristina se basaría en razones familiares y de salúd por lo que no habría marcha atrás a pesar de los numerosos actos y expresiones que desde diferentes ámbitos se han realizado y realizan, para que acepte una nueva candidatura cosa que, según esta fuente, no ocurrirá.
Si es cierto que la Presidenta dudaba sobre su nueva incursión electoral, el “Caso Schoklender” debe haberle “ayudado” a decidir.
Por estas horas y desde distintos sectores, se levantan voces reclamando a la Justicia sobre todo, pero al Gobierno Nacional también, el total esclarecimiento del tema, a la vez que comieza a aparecer un hastío ante la permisividad que mostraron las dos administraciones kirchneristas con fondos que eran de todos los argentinos y que un personaje siempre sospechado como Schoklender, pero enredado entre las polleras de Las Madres, manejó con total discrecionalidad y sin rendir cuentas a nadie.
Desde sectores que no se podrían identificar como golpistas, de derecha o en contra de la defensa de los derechos humanos, se pide saber que pasó con los dineros públicos y comienzan a ver que esa laxitud en los controles por parte de los funcionarios de Cristina, está más cerca de la complicidad que de la negligencia.
“A la Agrupación que forman Schoklender y varios funcionarios K le dicen Aloe Vera, porque cuanto más la investigan, más propiedades le encuentran”, es la broma que se escucha con más asiduidad por estos días.
Entre tanto, otra porción de la sociedad, a quien la figura de Hebe nunca le cayó bien, piden directamente la renuncia de la histórica titular de Las Madres de Plaza de Mayo, porque entienden que esta sería la única forma en que el sagrado pañuelo “no se manche”.
Frente a ello, habrá que estar atentos para saber, en las horas por venir, como avanza esta investigación y que camino elige al final Cristina, respecto de su candidatura.
La oposición en tanto, no deja de hacer papelones.
Ricardo Alfonsín lo elige de vice al “monetista” (de Raúl Moneta) Javier González Fraga y lo lleva como candidato a gobernador en la provincia del Buenos Aires, al peronista Francisco de Narváez. Hay quienes dicen que en cualquier momento llega el ex ministro menemista, Domingo Cavallo y entonces el suicidio masivo de radicales estará garantizado.
Alberto Rodriguez Saá, por su parte, hizo un acuerdo electoral con Raúl Castells del “MIJD” (¿?) y un tal “Partido Verde” que sólo él y su hermano, “El Adolfo”, conocen.
Eduardo Duhalde, mientras, asegura que lo apoyará en segunda vuelta a su hijo “adoptivo” Ricardito, y entonces aparece la pregunta: ¿para qué se presentará entonces en primera vuelta si ya sabe que perderá?.
Si bien el horizonte político aparece ahora difuso, todo puede complicarse aún más cuando se sepa que vaya a hacer Cristina, al final, con su candidatura presidencial.
Si dice que sí, las chances de ganar en primera vuelta están, aunque ya hay quienes dicen que su romance con la clase media terminó después de este “affaire” con la Fundación de Las Madres.
Si dice que no y hay que recurrir al “Plan B”, por ahora oculto, el panorama puede complicarse.
Muchos kirchneristas, de sólo imaginarse esta última opción, creen desde una visión totalmente fatalista por cierto, que entonces para ellos y para buena parte de los argentinos, habrá llegado el momento, ya vencidos, de batirse en retirada.
Por:
Daniel Salmoral
Periodista Salteño
Para:
Salta, 6 de Junio de 2011