Tristàn Bernard, fuè un escritor, novelista, periodista y abogado francès, con un humor y caràcter singular. Son famosas algunas de sus citas y frases, que aunque fallece en Francia en 1947, son utilizadas hasta el dìa de hoy, hago menciòn de dos de ellas a manera de pròlogo:" El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada" ." Dos cosas me admiran:" La inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres".
Un dìa al descender de un tren en uno de sus viajes, toma un carruaje. Pero apenas se ha instalado en el interior del vehìculo el caballlo se encabrita, emprende veloz carrera, se para de golpe, levàntase en dos patas, lanza feroces coces y otra vez vuelve a correr; hasta que, despuès de mil cabriolas, el cochero logra apaciguarlo, finalizando el viaje sin otra novedad.
El famoso novelista que entre tanto ha sido espantosamente sacudido y trajinado en el interior del carruaje, hasta el punto de caer en el piso del mismo, desciende calmosamente; y antes de que el cochero le diga nada, le pregunta:
--- ¿ Son èsas todas las pruebas que sabe hacer su caballo?....
En otro de sus asiduos viajes Tristàn Bernard se encontraba en un tren, teniendo por compañero de asiento a un señor con cara de pocos amigos; y cuando en cierto momento el novelista toma en sus manos una de sus pipas, siente que aquèl le dice con sequedad:
--- Le ruego no fumar.
---Pero, señor ---alega Tristàn---, yo no fumo.
---¡ Oh, yo sè muy bien còmo suceden las cosas! Se toma la pipa, se la carga, y luego, como al descuido, se termina por encenderla. ¡ Pero le advierto que no fumarà!. Bernard calla, aparentando aceptar de buen grado el argumento de su compañero de viaje. En realidad, espera el momento del desquite. Este se le presenta cuando su vecino toma un diario y se dispone a disfrutar de la lectura.
---Le ruego no leer ---le dice.
---No veo que haya nada malo en ello ---replica el otro.
---¡Oh ---argumenta entonces Tristàn---, yo sè muy bien còmo suceden las cosas! Se toma el diario, se lo desdobla un poco, como al descuido, y luego se termina por extenderlo totalmente, arrinconàndolo a uno en el asiento.
Fte: Anecd. Universal Vol, 1 y 2 Ed. Sello.
Un dìa al descender de un tren en uno de sus viajes, toma un carruaje. Pero apenas se ha instalado en el interior del vehìculo el caballlo se encabrita, emprende veloz carrera, se para de golpe, levàntase en dos patas, lanza feroces coces y otra vez vuelve a correr; hasta que, despuès de mil cabriolas, el cochero logra apaciguarlo, finalizando el viaje sin otra novedad.
El famoso novelista que entre tanto ha sido espantosamente sacudido y trajinado en el interior del carruaje, hasta el punto de caer en el piso del mismo, desciende calmosamente; y antes de que el cochero le diga nada, le pregunta:
--- ¿ Son èsas todas las pruebas que sabe hacer su caballo?....
En otro de sus asiduos viajes Tristàn Bernard se encontraba en un tren, teniendo por compañero de asiento a un señor con cara de pocos amigos; y cuando en cierto momento el novelista toma en sus manos una de sus pipas, siente que aquèl le dice con sequedad:
--- Le ruego no fumar.
---Pero, señor ---alega Tristàn---, yo no fumo.
---¡ Oh, yo sè muy bien còmo suceden las cosas! Se toma la pipa, se la carga, y luego, como al descuido, se termina por encenderla. ¡ Pero le advierto que no fumarà!. Bernard calla, aparentando aceptar de buen grado el argumento de su compañero de viaje. En realidad, espera el momento del desquite. Este se le presenta cuando su vecino toma un diario y se dispone a disfrutar de la lectura.
---Le ruego no leer ---le dice.
---No veo que haya nada malo en ello ---replica el otro.
---¡Oh ---argumenta entonces Tristàn---, yo sè muy bien còmo suceden las cosas! Se toma el diario, se lo desdobla un poco, como al descuido, y luego se termina por extenderlo totalmente, arrinconàndolo a uno en el asiento.
Fte: Anecd. Universal Vol, 1 y 2 Ed. Sello.