Abducción [Relato de una experiencia propia y real] Tenía alrededor de 5 años. Estábamos en las vacaciones de invierno y mi madre me levantó temprano y me llevaba de la mano caminando por calles de la ciudad donde nunca antes había estado. Andaba con mi gorro de lana y mi bufanda. Veníamos de un barrio en progreso muy poco urbanizado y periférico, por lo que estar caminando por las calles pavimentadas resultaba una experiencia fantástica. El recorrer negocios con grandes aparadores y vitrinas donde recreaba mi vista y donde esperaba quedarme pegado mirando juguetes a ver si mi madre se motivaba y me compraba alguno. Visitamos algunas oficinas ya que mi madre tramitaba ciertos documentos que entonces no entendía y los administrativos la enviaban de un lugar a otro en busca de alguien que les timbrara y firmara esos papeles. Salimos del edificio de oficinas y caminamos en dirección a un lugar apartado dentro de la ciudad, y vi gente muy extraña, entre los que recuerdo un señor que tenía un brazo metido dentro del tórax, como explicar mejor… tenía el brazo hacía adentro, como un calcetín remendado al revés… era terrible. Es lo que vi y recuerdo claramente y que fue para bastante chocante, aún ahora el recordarlo. Entramos a ese lugar ultramoderno, que se veía pequeño por fuera pero el interior era inmenso. Había gente extraña que caminaba muy rápido de un lado para otro y había un olor que en principio me molestaba pero después me acostumbré. A mi madre la vi hablando con alguna de esas extrañas personas y luego me tomó de la mano y subimos unas escaleras y llegamos a una habitación muy bonita y moderna. Donde había un sofá con articulaciones, o sea que se podía transformar en cama ¡nunca había visto uno de ésos!, y mi cama era muy práctica ya que además tenia una mesita con rueditas justo para tomar desayuno sin necesidad de levantarse. Y ahí nos quedamos. Era fantástico. Mi madre salió algunos momentos y me dejó ahí solo, miré por la ventana largo rato, y después comencé a aburrirme. Mi madre volvió con algunas bolsas y sacó algunas galletas McKay y comimos. Luego llego otra persona extraña irrumpiendo en nuestra habitación, pero mi madre no se molestó. Me hicieron poner mi pijama de conejitos estampados y me dejaron acostado, lo que era extraño porque aun no llegaba la noche. Duré poco acostado y me levanté a pies pelado y recorrí cada rincón de la habitación. Luego me trajeron comida, recuerdo que era una ensalada de acelgas y de postre una gelatina roja que estaba deliciosa. A mi madre no le trajeron nada, pero ella ya lo sabía por eso que se había anticipado a ir por algo hace rato y en las bolsas tenía algo para ella. Las horas transcurrían y me comencé a impacientar... varias veces le pregunté a mamá cuándo nos iríamos. El lugar era bonito pero prefería mi casa. Ella sólo me dijo que teníamos que quedarnos y esperar. Me acosté y me quedé dormido... y recuerdo que mamá también se dormía sentada en un sillón cercano a mi cama. La puerta se abrió abruptamente y entró un tipo extraño y misterioso al que solo le vi los ojos, me levantó de la cama y vi que mi madre solo observaba... ¿Mamá, quién es? ¿A dónde me lleva?. El tipo me saco de la habitación en brazos y vi a mi madre que se quedaba en la puerta y no hacía nada... le dí una patada en la cara al tipo, pero éste no dijo nada... y seguí gritando ¡Mamá... sálvame! ¡Mamá me llevan! y grité con todas mis fuerzas. Perdí de vista a mi madre y el extraño hombre descendió por unas escaleras cargándome en sus brazos con destino desconocido... le pregunté a dónde me llevan y no me respondió... nadie me escuchaba, mi madre me había abandonado, y mi rostro se convirtió en un manantial de lágrimas, de impotencia y terror ante lo desconocido. Me recostaron en una cama muy estrecha y no me dejaron levantarme... insistí a gritos que quería que me dejaran ir... vi muchas luces circulares sobre mi que me encandilaban... estaba aterrorizado... y temblaba de susto. Extraños sujetos caminaban de un lado a otro y uno se me acercó... solo vi sus ojos.... era una mujer... me dijo con una sonrisa que no llorara, que pronto ya no estaría solo... ¿Qué me van a hacer? Le dije... Ella no tomó en cuenta mi pregunta y me dijo también algo que me agradó mucho que eran muy bonitos los conejitos estampados que saltaban en toda la extensión de la tela de mi pijama de franela. ¡Si, son bonitos! le contesté. Intenté sentarme en la cama, pero alguien que estaba detrás me tomo del hombro y me recostó nuevamente y me prohibió moverme. La mujer me dijo que luego vendría un amiguito que se llamaba igual que yo... Cristian… y así me tranquilicé... y comencé a escuchar los llantos de otro niño que tenía la misma edad que yo. Lo pusieron en una cama similar a mi lado a una distancia de un metro o un poco más. Ambos giramos la cabeza y nos miramos... él no paraba de llorar, y estaba igual como estuve yo, sin comprender nada, recuerdo gente que me recorría desatando mis botones, pero no me hacían nada y mirando las luces sobre mi, me dormí. Desperté muy cansado, apenas abría los ojos, y me encontraba en los brazos del mismo tipo que me sacó de la habitación pero esta vez me llevaba cargado por las escaleras con destino a la habitación donde esperaba mi madre. Descubrí un parche muy grande en mi mano izquierda con extrañas cintas adhesivas que eran nuevas para mi. Me acostaron y creo que me dormí otra vez. Cuando desperté recuerdo que en mi velador había un vaso de agua y una caja de medicamento que me era muy familiar y como apenas sabia reconocer algunas letras la formación de palabras se convertían en un ícono reconocible para mi a esa edad.... ¡supositorios!. Siempre los detesté. No recuerdo cuánto tiempo más nos quedamos pero ya no me importaba. Por fin estaba con mi madre. Arreglamos nuestros bolsos y salimos de la habitación, que a pesar de todo me gustaba. Salimos por los pasillos y bajamos por esas escaleras por donde en algún momento grité con todas las fuerzas. Me hubiera gustado volver a ver a ese ser que en la sala se fijó en los conejitos de mi pijama y también a ese amiguito que se llamaba igual que yo, pero con quién no intercambié ninguna palabra y a quienes nunca más volví a ver. Saliendo del edificio respiré nuevamente aire puro, el aire que yo conocía, el aire que me gustaba. Miré atrás y me nació un fuerte sentimiento muy natural de no tener que volver a entrar ahí, y lo vi alejarse de mi vista, tan ultramoderno, con ventanillas metalizadas y pilares que parecían los pies que le sostenían. Sólo le faltó despegar para completar esta pesadilla. Fuimos con mamá a tomarnos un helado. Llegamos a casa y me acosté junto a todos mis juguetes y muñecos. Ya muy tarde vi un rostro que me llenó de alegría, que se asomaba por las cortinas del cuarto y luego se escondía. Era mi padre que había vuelto del trabajo. Y fue mi momento más feliz en esta historia. Después con los años de investigación con respecto al tema, los antecedentes reunían centenares de pruebas con animales y humanos mutilados; recuerdo al tipo con el brazo hacia adentro, pero entonces mi comprensión era diferente y no podía asimilar que a alguien le fueran a amputar un miembro, e ingenuamente creí que el brazo estaba mtido hacia adentro. En estos oscuros hechos, quién sabe con qué propósitos para investigar a nuestra raza, en este proceso a mi me fueron extirpadas las amígdalas. DIBUJOS PROPIOS [ Y A P A ] Amígdalas y Adenoides 1. Amígdalas y Adenoides Las amígdalas y adenoides , son masas de tejido similares la de los nódulos linfáticos o "ganglios" que se encuentran en el cuello, ingle o axilas. Las amígdalas son dos masas que se encuentran detrás de la garganta. Las adenoides están en la parte superior de la garganta detrás de la nariz y en el techo de la boca (velo del paladar) y no son visibles a través de la boca sin instrumentos especiales. Las amígdalas y adenoides están cerca de la entrada de los pasajes de la respiración, donde pueden recibir los gérmenes provenientes del exterior que causan infecciones. Ellas "prueban" a las bacterias y los virus y pueden infectarse. Los científicos creen que funcionan como parte del sistema inmunológico del cuerpo filtrando los gérmenes que intentan invadir el cuerpo, y que ayudan a desarrollar anticuerpos para los gérmenes. Esto ocurre primariamente durante los primeros años de vida, tornándose menos importantes cuando transcurren los años. Los niños cuyas amígdalas y adenoides debieron ser extraídas no sufren de pérdidas en su resistencia. 2. ¿Qué afecta a las amígdalas y adenoides? Los problemas que más comunmente afectan a las amígdalas y adenoides son las infecciones recurrentes (de garganta u oídos) y el crecimiento significativo u obstrucciones que causan problemas de respiración y deglución. Abscesos alrededor de las amígdalas, amigdalitis crónicas, infecciones de las pequeñas cavidades dentro de las amígdalas que producen mal aliento, formaciones blanquecinas también pueden afectar a las amígdalas y adenoides, determinando que se inflamen y duelan. Los tumores son más raros, pero también pueden crecer en las amígdalas. 3. ¿Cuándo debo recurrir al doctor? Debe visitar al doctor cuando usted o su niño sufran de los síntomas más comunes de amígdalas y adenoides infectadas o que han crecido demasiado. 4. ¿Qué debo esperar del examen? Su médico le preguntará acerca de problemas en el oído, la nariz y la garganta y examinará su cabeza y cuello. Utilizará un pequeño espejo o un instrumento flexible con luz para observar estas áreas. Los cultivos para estreptococos son importantes para diagnosticar ciertas infecciones en la garganta, especialmente gargantas "estreptococcicas". Los rayos X son útiles a veces para establecer el tamaño y forma de las adenoides. Los exámenes de sangre pueden determinar problemas como Mononucleosis o afecciones de otra área del organismo. 5. ¿Cómo se tratan las enfermedades de amígdalas y adenoides? Las infecciones bacterianas de las amígdalas, especialmente aquellas causadas por estreptococos, son tratadas primero con antibióticos. A veces, se recomienda la extracción de las amígdalas o adenoides. Las dos principales razones para remover las amígdalas y/o adenoides son (1) infecciones recurrentes a pesar de la terapia con antibióticos y (2) dificultad para respirar debido al crecimiento de las amígdalas o adenoides. Las obstrucciones de la respiración producen ronquidos y perturbaciones en el sueño que se traducen en somnolencia durante el día en adultos y problemas de comportamiento en niños (hiperactividad, etc.). Además la respiración crónica a través de la boca debido al agrandamiento de las amígdalas y adenoides causa malformaciones de la cara y una alineación inadecuada de los dientes. Las infecciones crónicas pueden afectar otras áreas como las Trompas de Eustaquio - el pasaje de aire entre la parte de atrás de la nariz y el interior del oído. Esto puede llevar a frecuentes infecciones del oído y pérdidas de la audición. Estudios recientes indican que la Adenoidectomía es un tratamiento beneficioso para algunos niños con dolor de oídos crónico acompañado por acumulación de líquidos en el oído medio (otitis media con efusión). La posibilidad de padecer cáncer o un tumor puede ser otra razón para extraer las amígdalas y adenoides en los adultos. En algunos pacientes, especialmente aquellos con Mononucleosis infecciosa, un agrandamiento severo puede obstruir los pasajes aéreos. Para esos pacientes, los tratamientos con esteroides (cortisona, por ejemplo) pueden estar indicados. 6. La amigdalitis y sus síntomas La amigdalitis es una infección de una o de las dos amígdalas. Otros signos o síntomas son: Amígdalas más rojizas que de costumbre. Una cubierta roja o blanca en las amígdalas. Un ligero cambio de voz debido a la inflamación. Dolor de garganta. Dificultad o dolor al tragar. Nódulos linfáticos (ganglios) inflamados en el cuello. Fiebre. Mal aliento. 7. Adenoides agrandadas y sus síntomas Si sus amígdalas o las de su hijo están agrandadas, puede resultarle dificultoso respirar por la nariz. Otros signos de crecimiento constante son: Respiración a través de la boca en vez de a través de la nariz la mayor parte del tiempo. Sonidos nasales "bloqueados" cuando la persona habla. Respiración ruidosa durante el día. Infecciones recurrentes del oído. Ronquidos durante la noche. La respiración se detiene por unos segundos en la noche mientras se ronca o se respira fuerte (apnea nocturna). 8. Cirugía 8.1. Su hijo Hable con su hijo acerca de sus sentimientos, tranquilícelo y apóyelo durante el proceso. Enfatice la idea de que el procedimiento lo hará más sano. Esté con su hijo el mayor tiempo posible antes y después de la cirugía. Dígale que tendrá dolor de garganta después de la cirugía. Explíquele a su hijo que la operación no extrae ninguna parte importante de su cuerpo, que no se verá diferente en el futuro. Si su hijo tiene un amigo que ha sido operado, puede resultar útil que hable de eso con su amigo. 8.2. Niños y adultos Al menos dos semanas antes de cualquier cirugía el paciente debe evitar las aspirinas o cualquier medicamento que las contenga. El cirujano debe ser informado si: el paciente o su familia han tenido algún problema con anestesia, si el paciente está tomando alguna medicación, si tiene anemia, problemas sanguíneos, está embarazada, tiene inconvenientes con las transfusiones de sangre o algún otro dato que considere importante. Probablemente se le requerirá un examen de sangre antes de la cirugía. Generalmente, no puede ingerir nada por la boca (chicles, enjuagues bucales, pastillas para la garganta, pasta dental, agua) 8 horas antes de la operación. Cualquier cosa en el estómago puede ser vomitada cuando se aplica la anestesia, y esto puede ser peligroso. Probablemente cuando el paciente llega al hospital o centro quirúrgico, el anestesiólogo o el staff de enfermeras se reunirán con el paciente y su familia para revisar sus antecedentes . El paciente será llevado a la sala de operaciones y anestesiado, si es un niño a veces en compañía de alguno de sus padres. Usualmente se proporcionan fluidos intravenosos durante y después de la operación. Después de la operación, el paciente será llevado a su habitación donde permanecerá hasta que se recupere y sea dado de alta. Cada paciente es especial, y por lo tanto el tiempo de recuperación varía de un individuo a otro: algunos son dados de alta entre las dos y diez horas, otros deben permanecer en el hospital durante la noche y unos pocos selectos casos necesitan cuidados especiales. Su especialista en Otorrinolaringología le informará sobre los cuidados pre y postoperatorios y contestará cualquier pregunta que tenga. 8.3. Después de la cirugía Pueden surgir varios síntomas postoperatorios que incluyen problemas para tragar, vómitos, fiebre, dolor de garganta, y dolor de oídos. Ocasionalmente se producen sangrados después de la cirugía, si esto ocurre, su cirujano debe ser informado inmediatamente. Cualquier duda o consulta debe ser charlada abiertamente con su médico, quien está ahí para ayudarlo. Espero les haya gustado, comenten!!!
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